¿Qué estás haciendo?

Sus manos estaban unidas en un lazo aparentemente irrompible. Unos pequeños dedos blancos contrastando con unos tostados por el sol. No tenían ningún tipo de preocupación, más que la de mantener sus manos juntas mientras corrían alegremente por una enorme playa, y las olas salpicaban sus pequeños pies. Sus caras infantiles rebosaban de alegría bajo la brisa veraniega y sus ojos brillaban de una forma especial. Reían de manera estridente sin ningún motivo. Tal vez el simple hecho de que el viento y la arena les hiciesen cosquillas en los pies o el estar juntos los hacía estar tan contentos.

De repente el cielo azul se empezó a oscurecer. Nubes grises cargadas de helada lluvia amenazaban con tragarse la tierra. Dejaron de correr y de sonreír y miraron a su alrededor asustados. El más pequeño de los dos abrazó con fuerza a su amigo. El mayor, que tenía la piel más pálida correspondió al abrazo con igual fuerza, y aún más cuando vio una sombra oscura con ojos del más brillante bermellón acercarse a ellos por la espalda del pequeño.

¡No te acerques! –chilló con miedo.

El pequeño rubio que se aferraba a él con cada vez más fuerza empezó a gritar, diciendo que no lo soltase. Cuando abrió los ojos su cara se volvió aún más aterrada por aquello que tenía delante. Un espectro negro que se acercaba lentamente hacia ellos.

¡NO! –gritó asustado–. ¡No te acerques!

Los dos pequeños gritaban sin cesar, rehusando soltarse, cuando sintieron que algo frío les rodeaba la cintura a cada uno. Las sombras tiraron de ellos con una fuerza sobrenatural, logrando sin mucha dificultad separarlos. Los chiquillos pataleaban y gritaban en vano. La primera sombra empezó a tragarse al mayor de los muchachos, haciéndolo desaparecer en su negrura.

¡NOOOOOO! –gritó Naruto sobresaltado, dando un brinco en la cama. Estaba empapado en sudor y le dolía la cabeza, como si alguien le hubiese golpeado con un martillo.– Mierda... –susurró masajeándose las sienes. Tenía resaca.

Hacía mucho que no tenía pesadillas, y cuando las tenía no lo recordaba o sólo lo hacía a medias. Era raro que tuviese una pesadilla en un día como aquel. Recapacitó un poco para ver qué era lo que recordaba y por qué había gritado de aquella manera. Podía ver perfectamente unos ojos rojos, llenos de maldad, sombras negras, una playa, alguien... ¿Quién era? Por más que intentara recordar con quién estaba no era capaz. No recordaba ni su voz, ni su cara, ni mucho menos su nombre.

Se levantó de la cama sin darle mayor importancia y fue al baño. Al salir cayó en la cuenta de que no había nadie en su piso, excepto él. Entró en la cocina y no tardó en divisar sobre la mesa unas llaves, un fajo de billetes y debajo un papel con algo escrito. Sacó el papel de debajo de las llaves y leyó:

"Naruto, como ya habrás visto te he dejado unas llaves sobre la mesa. Son las llaves de mi piso. Lo he puesto a tu nombre así que podrás irte a vivir allí cuando quieras y no tendrás que pagar más el alquiler. Por el trabajo no te preocupes, he conseguido que te cojan en la gasolinera, así que no te olvides de ir esta tarde, a las siete, si no quieres buscar trabajo por tu propio pie.

He puesto la electricidad e irán a poner en marcha la caldera hoy, en casa, así que ve allí sobre las cinco de la tarde. También he limpiado un poco, así que no tendrás que hacerlo tú. En cuanto al dinero, es para que te compres algo de comida hasta que te den la paga.

Me he ido de la ciudad y no sé si volveré. Diles a los demás que no se preocupen, y tampoco te preocupes tú, estaré bien y, si puedo, volveré. Lo siento, pero no he tenido más remedio que hacerlo. A estas horas ya estaré lejos, no te puedo decir dónde, pero no me busques, sólo empeorarás las cosas. Ya no me tienes que aguantar, así que haz lo que te dé la gana. Líate con Sakura y llévate bien con Sai, pero no te olvides del todo de mí porque aunque te haya puteado de esta manera sé que no te lo mereces, y de verdad lo siento.

Te acuerdas que te dije que te quería, ¿verdad? Pues era, y sigue siendo, cierto. Nunca habría imaginado que podría llegar a querer a alguien, y menos en tan poco tiempo, y menos que fuera un tío y encima nazi, pero supongo que eres especial. Espero que lo que tú dijiste también fuera de verdad, pero aunque no me lo puedas decir yo pensaré que una vez sí me quisiste, aunque ahora posiblemente me odies, y con razón.

Pórtate bien y no hagas demasiadas tonterías. Lo siento mucho, Naruto.

Sasuke Uchiha."

–Je... jaja... –Naruto empezó a reír de una forma estridente y sádica que resonó por toda la casa–. ¿De verdad crees que me preocuparía por ti? Jaja... ¿En serio piensas eso? Jajaja... –siguió riendo el rubio. Pero no podía mentirse a sí mismo. Su risa no era de verdad y sí se preocupaba por Sasuke. Pronto sus carcajadas se convirtieron en llanto y tiró la carta al suelo, dejándose caer él mismo sobre el frío piso.– Idiota... Eres un completo gilipollas... –sollozaba desolado–. ¡SASUKE! –gritó subiendo la cabeza hacia el techo.

...

–¡Hola! –saludaba alegremente entrando con energía por la puerta de la casa okupa.

–¡Naruto, cállate la jodida boca, que tengo resaca! –dijo Ino entre dientes, mirando al rubio con los ojos entornados. Después volvió la vista hacia su libro de medicina y siguió intentando entender lo que allí ponía, aunque le resultó prácticamente imposible.

–¿Están Sakura o Kakashi? –preguntó el chico.

–Sakura está estudiando en su habitación y Kakashi se ha ido a tomar por culo, ¿por qué? –preguntó con el ceño fruncido.

–No, nada, sólo quería hablar con ellos un rato –contestó el rubio despreocupadamente–. ¿Y Sai?

–Duemiendo.

–Vale –musitó Naruto con una sonrisita malévola en la cara. Dejó a la chica sola y subió las escaleras de dos en dos, pensando en si contarle o no al chico lo que había ocurrido.– ¡SAI! –gritó entrando en su habitación y dando un portazo.

–¿Qué pasa? –preguntó el moreno con sueño, sentándose torpemente en su cama, intentando apartar el revoltijo de sábanas–. Hooola... –saludó bostezando.

–¿Qué haces, Sai?

–¿No es obvio? Estaba durmiendo. ¿Tienes idea de a qué hora me trajo Ino a casa?

–¿A las seis?

–Ocho. Estoy acabado, tío. ¿Tienes un cigarro o algo? –le preguntó cerrando los ojos, intentado volver a dormir, pero sin tumbarse.

–No fumo –negó Naruto.

–Vale... ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es?

–Son más de las tres de la tarde.

–¿Sí? ¿Tan tarde? –preguntó el moreno abriendo los ojos, extrañado.

–Sí. ¿Te apetece dar una vuelta?

–Voy a ducharme. ¿Me esperas abajo?

–¡Vale! –Naruto bajó de nuevo al salón y se encontró con Sakura, explicándole algo a Ino–. Hola, Sakura –la saludó sonriendo.

La chica lo miró de arriba abajo y frunció el ceño al ver lo contento que estaba.

–¿Qué te pasa a ti hoy, que estás tan feliz?

–Nada, ¿qué va a pasarme?

–No me lo digas. Has estado toda la noche follando con Sasuke. Si es que parecéis conejos, coño.

–No es eso –dijo el rubio reduciendo su sonrisa.

–¿Entonces?

–Nada, ¿no puedo estar alegre?

–No. ¿Qué coño pasa? –dijo encarándolo.

–No pasa nada, en serio.

–Si tú lo dices... –murmuró la chica sin dejar de mirarlo como una mujer de clase alta mira a un vagabundo.

–¿Puedo hablar contigo a solas? –preguntó Naruto en voz baja dejando de sonreír totalmente.

–Ya decía... ¿Te ha bajado la regla?

–Es en serio –susurró el chico arrugando el entrecejo.

–Vale, pues suéltalo.

–Pero...

–Vamos, Naruto, ¿somos amigos o no? Además, cuantas más para ayudar con tu problema, mejor –intervino Ino sonriendo con falsedad.

–Yo no he dicho que tenga un problema –replicó el rubio.

–¿Alguna enfermedad de transmisión sexual? –insistió la rubia.

–¡Tomáoslo en serio! –dijo Naruto alterándose.

–Bueno, vale. Siéntate –le dijo Sakura indicándole el sofá en el que estaba su amiga.

Naruto obedeció y se sentó, cabizbajo. Comenzó a mover un pie, nervioso, pero no dijo nada hasta pasados unos segundos.

–Mirad... –Levantó la vista.– Es Sasuke. Se... se ha ido –dijo con mucha tristeza–. Me ha dejado una carta. No ha dicho dónde ha ido, sólo que no lo busque, que está lejos. Está aquí –dijo sacando el papel del bolsillo trasero de sus vaqueros y enseñándoselo a las dos jóvenes. Ino se lo arrebató de las manos y Sakura se sentó junto a ella para poder leer.

–Tú... –dijo Ino al terminar de leer–. ¿Qué diablos...?

–¿Qué pasa? –preguntó alguien desde las escaleras.

–Mierda... –dijo Sakura tapándose la boca.

–¡Eh! ¿A qué vienen esas caras tan largas? –pregonó Sai fingiendo preocupación.

–Sasuke se ha ido... –susurró Naruto.

–No jodas... Mierda... sabía que pasaría.

–¡Sai! –exclamó Ino. El aludido la miró sin comprender. Sus ojos estaban vidriosos y parecía a punto de llorar, igual que Sakura.

–Lo siento –dijo Naruto en voz baja, sin mirar a ninguna de las chicas.

–No es culpa tuya –dijo Sakura intentando contener las lágrimas que ya habían comenzado a resbalar por su cara.

–... Sí. ¡Sí lo es! –exclamó la rubia comenzando a sollozar–. ¡Todo es por tu jodida culpa! ¡Todo! –le echó en cara a Naruto–. ¡Se ha ido por tu culpa! ¡Y no va a volver! ¡A saber dónde está...!

Enterró la cabeza entre sus manos y siguió sollozando. Naruto la miró triste. También parecía a punto de llorar.

–Ino... no digas tonterías... –murmuró Sakura.

–¡Es su culpa, no lo defiendas!

–¡Ino! –exclamó Sai mirándola visiblemente enfadado–. ¡Que ese gilipollas se haya ido no significa que sea culpa de Naruto! ¡La culpa es sólo suya!

–¿Ahora estás de su parte?

–No estoy de parte de nadie, sólo digo que Naruto no tiene la culpa de que Sasuke sea tan imbécil y no sepa apreciar lo que tiene.

–¡HO HABLES ASÍ DE ÉL! ¡TÚ NO LO CONOCES COMO YO! –le gritó la chica furiosa–. ¡TÚ NO SABES NADA SOBRE ÉL, SAI! ¡ABSOLUTAMENTE NADA!

–No me grites, Ino, te oigo perfectamente.

–¡TE GRITARÉ LO QUE ME DÉ LA GANA! ¡A LO MEJOR TAMBIÉN ES CULPA TUYA!

–¡Vale ya! ¡No es culpa de nadie más que suya! ¡Acéptalo! Sasuke es gilipollas y se ha ido por su propio pie, nadie le ha obligado, menos aún Naruto.

–Y SIGUES ESTANDO DE SU PARTE... ¡ES CULPA SUYA! ¿ES QUE NO LO COMPRENDES?

El moreno negó con la cabeza y miró al rubio, que a su vez miraba a Ino asustado.

–Vámonos, Naruto.

–¿TE VAS A IR? ¿POR LAS BUENAS? ¿ASÍ, SIN MÁS?

- Exacto. Cuando te tranquilices y pienses un poco en lo que estás diciendo, volveré. Hasta entonces ni se te pase por la cabeza llamarme.

–Desde luego que no lo haré. ¡Hemos terminado! –exclamó furiosa, aún llorando, y salió corriendo hacia su habitación.

–Mierda... Vámonos, Naruto.

–Va... vale.

Salieron a la calle sin despedirse de Sakura y comenzaron a andar hacia el parque más cercano. No hablaron durante un buen rato.

–Perdónala –dijo Sai al rubio–. No se por qué hace eso. Cuando se enfada dice cosas que realmente no piensa, y no lo entiendo.

–Será porque tú nunca te enfadas –susurró Naruto–. Cuando las personas se enfadan dicen cosas que no piensan... Pero a lo mejor Ino tiene razón.

–No la tiene. Verás, Ino quiere a Sasuke como a un hermano, aunque últimamente se habían distanciado bastante, y eso la ha fastidiado mucho. Supongo que por eso te echó la culpa. Las personas siempre echan la culpa a los demás por todo lo que pasa a su alrededor pero nunca a sí mismas.

–Ya, pero tampoco Ino tiene la culpa de que Sasuke se haya ido.

–No estoy diciendo eso. Lo que trato de decir es que Ino cree que la culpa de que Sasuke se haya distanciado de ella es suya, por eso te la echa a ti. No lo entiendo pero se que es así. Desde que conozco a Ino, ella siempre ha actuado así.

–Supongo que es cierto... Tú la conoces mejor que yo –dijo el rubio sentándose en el banco más cercano–. Pero... ¿Y si es mi culpa?

–No lo es. Tú no le has hecho nada a Sasuke para que se vaya. Él es la persona a la que menos entiendo de todas las que conozco, pero se que cuando hace una cosa, la hace por algo, o eso es lo que me ha demostrado la mayoría de las veces.

–Cuando me llevó a la okupa no lo hizo por algo.

–Por eso he dicho "la mayoría de las veces". Él en realidad nunca me ha caído bien, por eso nunca me he tomado la molestia de intentar conocerlo más a fondo, y si te soy sincero no me importa que se haya ido –le dijo asintiendo levemente con la cabeza.

–A veces pienso que no tienes sentimientos –rió Naruto con amargura.

–A veces yo también lo pienso –le dió la razón con una sonrisa–, pero Ino dice que sí los tengo, lo que pasa es que me cuesta mostrarlos, y dice que por eso le recuerdo a Sasuke, aunque a mí no me gusta que me diga eso.

El rubio se quedó callado, con la cabeza agachada. Sai tenía razón, la culpa no era suya, y por alguna razón eso no le aliviaba en absoluto, más bien todo lo contrario. ¿Por qué se había ido Sasuke, entonces? ¿Qué había pasado? ¿Y por qué no se lo había contado? ¿No confiaba en él? Todos sus pensamientos se disiparon cuando Sai le pasó un brazo por lo hombros y le dijo al oído, amistosamente:

–Vamos, te invito a beber algo, los dos lo necesitamos.

–Vale.

Dos meses más tarde.

–¿Los Ángeles? Udon(1), ¿estás seguro?

Sí. Tengo contactos allí, y dicen estar seguros de haberlo visto, con un hombre mayor que él.

–¿Orochimaru?

No. No saben quien es. Dicen que era blanco y gordo, y que tenía el pelo rojo, ¿te suena?

–No –contestó Kakashi–. Pero gracias por la información. En cuanto tengas alguna otra novedad, llámame.

Vale, saluda a Moegi de mi parte. Adiós.

El peliplateado colgó el teléfono y salió de la cocina buscando a Naruto y Sakura para darles la noticia.

–Vamos Sakura... Dímelooo... –suplicaba Naruto persiguiendo a la pelirrosa por todo el salón.

–No seas plasta, no te lo diré.

–¿Por qué no? ¿Es que quieres que me maten en una pelea? –preguntó Naruto en su mejor papel de víctima.

–No seas exagerado.

–¡Eh! –les llamó Kakashi.

–¿Qué? –preguntó Naruto.

–Tengo noticias.

–¿Qué? ¿Lo han encontrado? –preguntó Sakura acerándose a él rápidamente.

–Parece ser que lo han visto en Los Ángeles.

–¿Los Ángeles? –preguntó Naruto con la boca abierta–. Pero si eso está... ¡muy lejos!

–¿Y qué es lo que dice la carta? –cuestionó la chica con cara de pocos amigos.

–¿Pero tan lejos?

En esos momentos Temari y Shikamaru entraron a la casa, los dos con mala cara.

–¡Temari! –exclamó Naruto–. ¡Eh! ¡Han encontrado a Sasuke!

–No cantes victoria todavía, bobo –le advirtió la chica.

–¿Por? ¿Qué os ha pasado? ¿Pelea de pareja? –le preguntó en un susurro a Shikamaru.

–Repite eso y te quedas sin cabeza –gruñó Temari.

–No estamos saliendo, Naruto. Lo que pasa es...

–Cállate –le ordenó Temari.

Sasuke agarraba el brazo torcido de Orochimaru con una facilidad sorprendente, impidiéndole moverse, y mucho menos escapar. Le tenía inmovilizado en el suelo como si fuera un pequeño animalillo.

–Vaya... Qué rápido has alcanzado mi nivel, Sasuke... –murmuraba el hombre dejando de oponer resistencia.

–No te equivoques. Ahora soy mejor que tú.

–Puede...

Sasuke soltó a su maestro, porque eso era lo que Orochimaru había sido para él en aquellos últimos dos meses. Se puso de pie y se cruzó de brazos.

–¿Para qué quieres saber todo esto, Sasuke? Con una pistola bastará para matar a Itachi.

–Lo mataré con mis propias manos. ¿No tienes nada más que enseñarme?

–Mañana más. Lo mejor será que descanses, Sasuke –le dijo Orochimaru sonriendo mientas se levantaba del suelo.

El menor lo miró con el ceño fruncido y salió de la sala de entrenamiendo para dirigirse a su dormitorio. Entró y cerró la puerta con llave. Se agachó frente a la cama y sacó de debajo un trozo de tela blanca que cubría algo. Quitó la tela y se quedó mirando su pistola. Una pistola sencilla y discreta. Aquella noche, cuando Orochimaru y su perrito estuviesen durmiendo se largaría y mataría a su hermano. No pensaba hacerlo con la pistola, pero si las cosas se ponían feas la necesitaría.

Se duchó y se metió en la cama repasando su plan, que era sencillo: ir a casa de Itachi, llamar a la puerta y matarle. Claro que Itachi no se dejaría pero estaba seguro de poder vencerle.

...

DRIIING, DRIIING.

Sasuke esperó a que alguien abriera la puerta. Al entrar había visto las cámaras que había repartidas por toda la escalera, y sabía que su hermano estaba al tanto de su presencia.

La puerta comenzó a abrirse poco a poco, hasta que de un tirón Itachi abrió y Sasuke sintió la pistola de su hermano tocar su frente. Itachi no tenía ninguna expresión en la cara, pero Sasuke enseguida mostró una sonrisa arrogante, agarró el brazo del mayor y se lo retorció hasta que éste no tuvo más remedio que soltar la pistola, y sintió como Sasuke colocaba la suya en su sien. Itachi también sonrió y con un movimiento rápido se colocó detrás de su hermano menor, le quitó la pistola y se la puso en la nuca.

–Ni hola, ni nada. Vaya educación, hermanito –se burló Itachi. Le quitó la pistola de la cabeza y vació el cargador, después se la volvió a dar.– Pasa –lo invitó mostrándole la casa.

Sasuke entró sonriendo con prepotencia. Aquello era más de lo que esperaba por parte de Itachi, pero aunque se adentrara en territorio enemigo sería más fácil y discreto matarle allí.

–Y dime... ¿Te trae por aquí otro asunto que no sea el intentar matarme? –le preguntó entrando detrás de Sasuke.

El apartamento de Itachi era grande, con pardes rojas, sofás de cuero negro y sillones estilo años '80, blancos por fuera y con los cojines de dentro rojo pasión; en el cetro de la estancia había una mesa de cristal baja; en una esquina un bar lleno de bebidas alcohólicas de todos los colores y sabores; en una pared había dos puertas blancas, en otra una gran ventana, y en otra un cuadro enorme de estilo abstracto en el que predominaban los colores oscuros. El suelo era de madera brillante.

–Bonito piso.

–Gracias.

–La verdad es que sólo he venido para matarte –dijo Sasuke tranquilamente, sentándose en uno de los caros sofás–. Ponme un Four Roses.

Itachi se acercó al bar e hizo lo que Sasuke le pedía. Se echó un poco de whisky en otro vaso, encendió un cigarro y se acercó a su hermano, le tendió el vaso y se sentó en el sofá de enfrente.

–Itachi-san... –pronunció una voz un tanto chillona e infantil desde el lado de la habitación en el que se encontraban las dos puertas blancas. Los dos hombres miraron hacia esa dirección y pudieron ver a una preciosa muchacha de rasgos asiáticos, vestida con un corsé y un tanga de color rosa pálido con encajes. El pelo largo y negro le caía suelto por los hombros, y ponía cara inocente.

–Ahora no –dijo el mayor de los hermanos con voz seria.

La muchacha posó sus ojos en Sasuke y sonrió con travesura.

–Puede apuntarse...

–He dicho que ahora no. Métete en esa habitación y ni se te ocurra salir. Ni a ti, ni a ninguna de las otras.

La chica obedeció con mala cara y cerró la puerta tras de sí.

–Qué bien te lo montas –le dijo Sasuke.

–Tú no, ¿verdad? Supongo que ha sido duro dejar a Naruto.

De repente la cara de Sasuke cambió completamente. Miró a su hermano con odio.

–¿Qué sabes tú de Naruto?

–Todo.

–¿Qué es todo?

–Sasuke, no puedes ni ir a cagar sin que yo no lo sepa –susurró Itachi inclinándose hacia su hermano, como si le estuviese contando un importante secreto.

–¿Me has estado vigilando?

–Bingo –dijo bebiendo un poco de wisky.

–Hijo de puta –escupió Sasuke.

–Es lo que tiene –dijo su hermano sonriendo. En ese momento el móvil de Itachi comenzó a sonar.– ¿Me disculpas? ¿Diga? Ajá... Claro. Sí, mañana empezaré. No... Sí, estoy seguro. Llama a Deidara y díselo. Adiós –se despidió colgando–. Bien. ¿Algo más? –preguntó a Sasuke.

–¿Por qué me has vigilado?

–¿No es obvio? Porque me pones cachondo perdido –susurró sonriendo con malicia. Sasuke levantó una ceja.–¿Crees que iba a dejarme matar?

–No, pero parece que no te importa mucho, por lo que veo.

–Verás, te he dejado entrar para intentar hacer un trato contigo. Te daré a elegir, tal y como lo hizo Orochimaru.

Sauske se lo pensó durante un instante pero después le preguntó de qué se trataba, al fin y al cabo ya no lo podían apartar del lado de nadie, ya no importaba.

–Orochimaru nos está jodiendo a mi y a los míos –comenzó Itachi–. Y como es lógico, debemos deshacernos de él. La verdad es que no sé cómo coño se te ha podido ocurrir irte con ese gilipollas. Te podría haber dado mucho por culo, conmigo ya lo intentó –dijo pensativo. Sasuke le miró con la boca levemente abierta.– En fin, a mi no me dan por culo, pero a ti por lo que parece no te desagrada del todo, ¿no? –sonrió con picardía.

–¿Qué coño me estás contando?

–Que Orochimaru es un pedófilo, proxeneta, que se folla a todo ser vivo que pase por sus asquerosas manos. ¿De verdad te tragaste eso de que dejaría en paz a Naruto a cambio de que tú le ayudaras con sus mierdas? Qué inocente eres. Orochimaru puede hacer cualquier cosa solo, no necesita ni tu ayuda ni la de nadie. Su problema es que se encaprichó contigo en esa pelea en la que conociste a Naruto.

Sasuke le miró con la cara desencajada.

–¿Me estás diciendo... que ese gilipollas también me ha estado vigilando?

–Bingo de nuevo. A veces me sorprende tu inteligencia, hermanito –ironizó.

–Me cago en sus...

–Si me ayudas –prosiguió Itachi–, Orochimaru morirá y podrás volver con Naruto y todos los demás. Ahora a ti te toca elegir. Intentas matarme y la palmas o me ayudas, volvemos a ser los mejores hermanitos del mundo y vuelves con tus colegas.

–Mataste a nuestros padres –le dijo Sasuke mirándolo serio.

–Vamos, y sigues con esas. Los maté por tu bien, aunque no te lo creas, y por el mío, claro. Te puedo asegurar que habrías acabado peor si ellos siguiesen vivos. Te habrían convertido en un zombi. También lo intentaron conmigo, pero como no lo conseguían empezaron a prestarte atención a ti. ¿Y qué hace un buen hermano mayor en casos como esos? Pues salvar a su dulce e inocente hermanito. Lógicamente –se dio la razón a sí mismo.

–Pero aún así. Era mi vida, tú no tenías derecho... No tienes derecho a matar, ni siquiera ahora.

–¿Y tú venías aquí con el propósito de matarme?

–Es diferente. Lo mío sería hacer justicia.

–No es diferente. Mira, enano, no sabes lo que es matar. No digas que es diferente porque por mucha gente que hayas apalizado, tú nunca has matado. No sabes lo que es eso. ¿Alguna vez te has parado a pensar en lo que es quitarle la vida a alguien? –preguntó Itachi.

–Sí, he pensado en bailar sobre tu tumba con una botella de ron en la mano después de haberte estrangulado.

–No, no lo has hecho. Por lo menos no lo has pensado seriamente –continuó al ver que Sasuke iba a replicar–. Quitar la vida a alguien es algo horrible, de lo peor que una persona puede hacer. Es ver como la sangre de alguien que ya no vive corre por tus manos, ¿sabes lo que es eso? No tienes ni idea.

–¿Entonces tú por qué matas?

–Porque yo estoy loco y me encanta la sangre de gente a la que he matado –bromeó–. Yo soy como un Dios, y no me toques los huevos, tú eres buena persona, no como yo, joder –le dijo como dando por zanjado el tema–. ¿Me vas a ayudar?

–Supongo... –susurró aún dudando.

–Bien. Ahora te vas a ir y no le dirás nada a Orochimaru sobre esto, aunque posiblemente ya lo sepa, entonces tendrás que decirle que estoy muerto, y yo haré que parezca que he muerto... Joder, qué humillación. No vengas más aquí, nos veremos cuando yo lo diga, ¿entendido? –preguntó mirando a su hermano con cara intimidante. Sasuke asintió con una ceja levantada.– Vale, después planearemos como matar a ese subnormal. Me vas a ser más útil de lo que pensaba...

–¿Te vas a callar ya? –preguntó Sasuke con el ceño fruncido.

–¿Por qué?

–Porque hablas demasiado. Joder, te recordaba más callado, qué puto coñazo eres.

–No me hables así, enano de mierda.

–Te hablo como me da la puta gana, y no soy un enano –replicó Sasuke.

–Claro que lo eres.

–Sí, sí, lo que tú digas – musitó el menor cruzándose de brazos, mosqueado.

–Vale, pues nada más.

–Eso. Que te jodan –le dijo Sasuke comenzando a andar hacia la puerta.

–Ahora que me lo recuerdas... ¿Te quieres montar una orgía conmigo y todas esas tías buenas que tengo en la habitación? No sabes el morbazo que me daría... jujuju –rió con malicia el mayor.

–Eh... Casi que no –murmuró Sasuke con la cara desencajada.

–¡Qué soso! Si Naruto no se va a enterar.

–No es por Naruto. Es que no me hace mucha ilusión montarme una orgía con mi hermano. Conociéndote, la cosa acabará en incesto homosexual, sadomasoquismo, bondage(2) y quién sabe qué mierdas más. Paso –dijo abriendo la puerta, dispuesto a salir.

–Bueno, bueno, que tampoco me hace a mi ilusión follar contigo, sólo verte, pero bueno... –musitó cruzándose de brazos mientras negaba con la cabeza.

Sasuke salió de la estancia y cerró de un portazo, sin decir nada más.

–Vamos Gaara, levanta el culo.

–Cállate, y lárgate de una vez. ¿Es que no vas a parar de darme el coñazo en tu puta vida?

–Tenemos que ir a un sitio.

–¿Adónde? –preguntó sin interés, cambiando de canal con el mando de la televisión–. ¿Por qué coño las personas no tienen mando? –susurró para sí mismo.

–Me tienes que ayudar con una cosa.

–¿Y por qué yo?

–Porque llevas dos meses sin salir de casa.

–¿Que llevo dos meses sin salir? –preguntó apagando la televisión y mirándola como si lo que la chica había dicho fuese la cosa más extraña del mundo.

–Estar en comisaría, las peleas callejeras y bajar a comprar alcohol no cuentan –contestó Temari cruzándose de brazos–. Vamos.

Gaara se levantó del sofá y se puso las botas y una chaqueta sucia, no sin antes despotricar y quejarse. Cuando salieron del portal la chica comenzó a andar hacia la izquierda y su hermano la siguió sin decir palabra.

Era verdad que no había salido en dos meses de casa más que para pegarse con algunas personas, acabar detenido por atraco a mano armada una vez y para comprar cerveza, pero ya no había razón alguna para salir. No se llevaba bien con ninguna de las personas a las que conocía, y nadie se molestaba en buscarlo por esa misma razón, a menos que tuviesen un problema y necesitasen su ayuda. Ahí contribuía y, si había que pegarse con cualquiera, se hacía, que por algo eran camaradas. Pero aparte de eso ya no había ninguna razón.

La única persona con la que se llevaba bien de su pandilla había sido Naruto, pero él ya no pertenecía al grupo y mucho menos a su vida. Muchos lo buscaban para zurrarle por traición e incluso se rumoreaba que se había ido de la ciudad, pero el pelirrojo sabía perfectamente que estaba con los anarquistas. Temari le hablaba bastante de Naruto, incluso le había contado que Sasuke Uchiha se había largado de la ciudad y había dejado a todos sus colegas.

Temari se había hecho muy amiga de uno de los anarquistas. Un hippie, para rematarlo. Gaara odiaba a ese tipo, y pensaba que si alguna vez le veía el pelo no lo contaría. Decía que era un greñas apestoso. Le molestaba mucho que Temari anduviera con ese tipo, ya que pensaba que no paraban de hablar de él.

Los dos meses que había pasado encerrado en casa se había vuelto muy paraoico. Creía que conspiraban contra él, que lo vigilaban y que todo el mundo estaba en su contra, incluido sus hermanos, y sobre todo Temari, que planeaba hacerle algo, junto con ese hippie. Hasta ahí había llegado su paranoia.

–¿Gaara? –lo llamó Temari–. ¡Gaara!

–¿Qué coño quieres? –le preguntó arrastrando las palabras. Su hermana se paró en seco.

–No me estás escuchando.

–Claro que sí.

–¿Ah, sí? ¿Y de qué estaba hablando? –preguntó cruzándose de brazos.

–Pues de alguna tontería de las tuyas.

–Oye, ¿qué te pasa últimamente, que estás con la cabeza en las nubes todo el día?

–Nada.

–Claro... Ya hemos llegado... –murmuró la chica con el ceño fruncido ladeando la cabeza y mirando hacia la izquierda.

Estaban al lado de un edificio alto, frente a un portal. Gaara había estado tan metido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de la zona en la que se encontraban. Temari se sacó unas llaves de un bolsillo y fue hacia la puerta, la abrió y la mantuvo así hasta que Gaara entró.

Subieron un buen tramo de escaleras y la chica se paró delante de una puerta de madera, bastante vieja. Extendió la mano y metió la llave en la cerradura. Abrió la puerta y la volvió a mantener abierta hasta que su hermano entró. Gaara miró extrañado el piso para después preguntar en voz baja:

–¿Dónde estamos?

–¡Temari! ¡Estoy en la cocina! –chilló una voz conocida desde alguna habitación.

–Vamos –le dijo la chica a su hermano comenzando a andar por el pasillo.

Gaara no se movió. Tardó unos segundos en reaccionar y darse cuenta de quién era la voz, y cuando lo hizo se puso a gritar con cara de psicópata.

–Maldita zorra... ¿POR QUÉ COÑO ME HAS TRAÍDO AQUÍ?

–¿Qué pasa aquí? –preguntó Naruto saliendo de la cocina con dos huevos en la mano, los cuales se le cayeron al suelo, manchándolo, al ver quien se encontraba en el pasillo, delante de la puerta.– Gaara... Temari... ¿Qué significa esto? –preguntó confuso a la chica, la cual se cruzó de brazos y se apoyó en la pared.

–Quiero que hagáis las paces.

–Y una mierda –dijo el pelirrojo girando sobre sí mismo, dispuesto a salir de aquel lugar.

Naruto tardó un momento en reaccionar pero cuando lo hizo miró a Gaara con un odio profundo, como no había mirado nunca a nadie y le dijo.

–Jamás haría las paces con un gilipollas, intolerante y MAL AMIGO –dijo, casi gritando, las palabras "mal amigo".

–Joder... –susupiró Temari–. Vamos a ver... ¿SOIS GILIPOLLAS O QUÉ? O sea que me preocupo por vosotros durante tanto tiempo, aguanto a un puto vago que se supone que es listo y me puede ayudar para que al final me diga algo que ya había pensado desde el principio, hago que os veáis... ¿Y TODO PARA QUÉ? Para que me mandéis a la mierda como unos imbéciles que sois. ¿Es que no os dais cuenta o qué? ¿No podéis dejar de lado vuestras jodidas diferencias? Lleváis años siendo amigos y lo tiráis todo a la basura porque uno de vosotros sea maricón...

–¡Eh! ¡No soy maricón!

–O bisexual, me da igual lo que seas, como si eres striper. El caso es: Gaara, ¿no puedes aceptar que el mundo está lleno de gays y lesbianas? ¿No puedes darte cuenta de que ya es algo "normal", dentro de lo que cabe? Yo lo he asumido, y mírame, no me he muerto. Naruto, ¿no puedes dejar de ser tan cabezota y ayudarme un poco? –preguntó perdiendo más los nervios con cada palabra que decía.

–Bah...

–Vámonos –dijo Gaara con voz de ultratumba.

–No.

–¿Cómo que no? –preguntó volviendo la cabeza hacia su hermana y mirándola con expresión asesina.

–Como que no. No me voy a ninguna parte contigo.

–¿Me vas a abandonar? –volvió a preguntar el chico con una sonrisa macabra, volviéndose del todo hacia su hermana.

–Ya lo he hecho –contestó esta sacando el móvil del bolsillo. Marcó unos números y se lo llevó a la oreja.– Kankuro...

¿Eres Temari?

–Sí. Escucha. ¿Podrías traerme algo de ropa a casa de Naruto?

¿Es que os vais de vacaciones, o qué?

–No, me voy de casa.

¿QUÉ? –gritó el chico al otro lado de la línea–. No... No te puedes ir. No me puedes dejar a mí con él.

–Vamos, no te morirás. ¿Puedes hacer lo que te he pedido, por favor?

Claro... Estaré allí en media hora o así, ¿vale?

–Sí, gracias –colgó–. Naruto, no te importa que me quede unos días, ¿verdad?

–¿Estás de broma? –preguntó el rubio ilusionado–. ¡Por fin alguien con quien hablar en casa! ¡Claro que te puedes quedar! ¡El tiempo que quieras!

–Bien... Pues que os lo paséis de puta madre –dijo Gaara con una invisible ceja alzada, con un tono de voz que parecía querer decir "ojalá os atropelle un coche", y después salió dando un portazo.

Una semana más tarde.

–¿OS QUERÉIS CALLAR TODOS DE UNA PUTA VEZ? ¿TENÉIS IDEA DE A QUÉ HORA HE VUELTO DE TRABAJAR HOY? ¡A LAS 6 DE LA MAÑANA! ¡FUERA DE AQUÍ TODO EL MUNDO! ¡YA!

De repente toda la casa quedó en silencio y las personas que había en el salón se quedaron mirando a Naruto, que parecía recién salido del manicomio y temblaba por contener la ira que sentía.

–Naruto, no me hables así –le dijo Sakura frunciendo el entrcejo.

–¡CÁLLATE! ¡CALLAOS TODOS! ¡Y LARGAOS DE AQUÍ ANTES DE QUE EL PUTO EDIFICO SALGA VOLANDO EN MIL PEDAZOS! –gritó señalando la puerta de entrada del piso.

Poco a poco la gente se fue levantando, recogieron su ropa y se fueron murmurando cosas como: "qué mala leche", "vaya humor de perros" o "a este ni hablarle por la mañana".

Cuando Temari fue a vivir con Naruto, este ni sabía lo que le esperaba. Cuatro días después Kankuro también apareció en la puerta del rubio, rogándole que lo dejara quedarse, porque no podía aguantar más "al maldito loco de la colina". Naruto aceptó encantado, pero al día siguiente también vino Ino, llorando, diciendo que había tenido una fuerte pelea con Sai, y detrás de ella Sakura, que dijo que se quedaría unos días, hasta que Ino se calmara. Y como no, no podía faltar Shikamaru, que se apuntaba a la fiesta, aunque realmente era el que menos molestaba, ya que se pasaba el día tirado en el sofá, viendo la televisión y diciendo que el único lugar en el que uno podía estar tranquilo era el piso de Naruto. Y, cómo no, también habían hecho copias de las llaves para cada uno de los "inquilinos" así que cada cual entraba y salía como y cuando le daba la gana.

Naruto volvió al dormitorio y se tiró en la cama. Por fin podía descansar un poco, o eso pensaba. Cerró los ojos pero enseguida se dio cuenta de que ya no iba a poder dormir. Frunció el entrecejo y se revolvió entre las sábanas. Nada. Volvió a revolverse hasta quedar mirando el techo, y entonces dijo lo que le rondaba por la cabeza siempre que no podía dormir:

–Sasuke... ¿qué estás haciendo?

–Bien, repasemos el plan.

–Ya hemos repasado el plan un millón de veces, Itachi –suspiró Sasuke, cansado ya de todo lo que tuviese que ver con Orochimaru, armas, mafia, pistolas, chimes electrónicos y ruido.

–Vale, vale, traquilízate, gatito-miau-miau.

–¡ARGHHH! ¡No me llames así y cierra la puta bocaza!

–¿Por qué? Vamos, no seas infantil.

–¿Yo... infantil? –preguntó el joven temblando de rabia–. ¡INFANTIL TU PUTA MADRE, Y NO ME LLAMES... gatito-miau-miau! –dijo en voz muy baja, sonrojándose mucho.

–¡Qué cucooo! –dijo Itachi pellizcándole una de las sonrosadas mejillas.

–¡BUAHHH!

Sasuke saltó sobre Itachi y le propinó un fuerte puñetazo en una mejilla. De nuevo sentía esas ansias de matarle, de acabar con su existencia, sólo que ya no era por haber destrozado su vida, sino porque ahora le crispaba los nervios. Intentó darle más puñetazos, pero el mayor los esquivaba con una facilidad sorprendente.

Sólo llevaba una semana con su hermano y ya sentía que no quería volver a verlo en, por lo menos, 5 años. Itachi hizo unos movimientos bruscos y rápidos e inmovilizó a Sasuke, subiendo una rodilla a su espalda.

–Relájate...

–¡Suéltame!

–Oye, oye, estás tenso. Para que una misión salga bien tienes que estar relajado y llevar el control de las cosas. Tú no tienes control ni sobre ti mismo, ¿cómo quieres tener control sobre la misión? –preguntó Itachi soltándolo mientras se levantaba del suelo y encendía un cigarro.

–Déjame en paz –murmuró Sasuke–. ¿Qué hora es?

–Las doce y media pasadas.

–¿Qué? No me jodas que llevo aquí cinco putas horas...

–Pues sí. Qué rapido han pasado, ahora que lo pienso...

– Me largo.

–Ten ciudado –le dijo Itachi.

–¿Por quién me tomas? –preguntó el menor comenzando andar hacia la puerta.

–Por mi hermanito pequeño.

–Vete a la mierda.

–Vale, pero ten cuidado de que no te pille Orochimaru, porque ya falta poco para matarle.

–Vale.

–Por cierto... –le dijo antes de que Sasuke abriese la–. Parece que Orochimaru está buscando a Naruto.

–¿Qué? –preguntó el chico, incrédulo, volviéndose hacia su hermano.

–No se lo que pretende todavía, por eso hay que eliminarlo lo antes posible. No hagas tonterías, ¿me oyes?

Sauske asintió vagamente y salió por la puerta sin despedirse. Miró disimuladamente el bolsillo interior de su chaqueta, observando la pistola que le había robado a su hermano. Le parecía increíble que no se hubiese dado cuenta de que la había cogido, y más que nada sólo lo había hecho para ver si Itachi se daba cuenta, pero ahora que se había enterado de lo que estaba haciendo su "maestro", su cabeza pensó un plan sencillo y rápido para acabar con él.

Se puso la capucha antes de salir a la calle, y cuando por fin la brisa de la noche le daba en la cara sonrió con maldad. Levantó un poco la vista y buscó con la mirada una cabina telefónica. Anduvo varios metros más hasta que vio una y, rápidamente, se encaminó hacia ella.

...

Itachi observó la pantalla del monitor de la que hacía apenas 20 segundos había desaparecido Sasuke. Acercó su silla a un micrófono en el lado opuesto al que se encontraba, pulsó un botón rojo y dijo:

–Seguidle.

Naruto salió del portal bostezando. No había podido dormir apenas y tenía que ir a hablar con Kakashi. Caminó por la calle sin fijarse por donde andaba, hasta que llegó a uno de los parques por los que tenía que pasar para llegar a la okupa. Se encaminó hacia una fuente al lado de los columpios, se agachó y le dio al botón para que el agua comenzase a caer. La observó durante un instante y después bebió dos tragos, se levantó metió las manos en los bolsillos y reanudó su marcha, pero no le dio tiempo a salir del parque cuando alguien salió a su encuentro.

1.Udón es el amigo de Moegi y Konohamaru.

2.Bondage: Viene del inglés, de bind (atar), y es la práctica erótica en la que una persona ata a otra, en mayor o menor proporción.