El siguiente capitulo contiene escenas rikolinas para mayores de 15 años o gente que ya no tiene una mente inocente.
Proceda a leer con precaucion.
Ya entrada la noche, Kuroko se fue a dormir, dejando a Kise solo con Aomine.
Estaban sentados en la rama más cercana a la ventana, cubiertos por las hojas y las flores que caían, señal de que se acercaba el otoño. Kise estaba recostado sobre el tronco mientras que Aomine lo veía con ojos llenos de lujuria, relamiéndose los labios mientras pensaba en lo que podría hacerle al cupido. En sus adentros, Kise maldecía haber hecho esa apuesta, si Hyuga-senpai supiera lo que estaba a punto de ocurrir, lo más seguro es que lo mandaría al cielo por ser tan inmaduro, además de cambiarlo por otro cupido más capaz para hacerse cargo del caso de Kuroko.
"Espero que termine pronto" era lo único que podía pedir, pues sabía muy bien que alguien como Aomine no dejaría su dignidad intacta, y tampoco estaba seguro de que mantendría su promesa de no quitarle su virginidad, porque desde el primer día, supo perfectamente que le quedarían secuelas por este primer trabajo nada más verlo.
- Bien, Kise – Aomine lo miraba directamente a los ojos, y hablaba con voz profunda pero clara – Ya que perdiste en nuestro juego, vas a tener que hace lo que yo diga.
- Solo por 5 minutos – Kise alzó la mano frente a él con los dedos abiertos, mostrándole el tiempo que estaría bajo sus órdenes.
- Fueran 5 minutos, 5 horas o 5 míseros segundos, eres mío y harás absolutamente "todo" lo que yo diga. Ahora cállate, quiero disfrutar esto.
De mala gana, Kise se mantuvo callado tal como él le ordeno. Sentía como el íncubo recorría su cuerpo con la mirada, probablemente pensando en muchas obscenidades para hacerle. De solo pensar que haría algo vergonzoso frente a él le daba pena mirarlo a la cara.
Una vez que Aomine tenía listo el castigo de Kise, se acomodó más cerca de él hasta acortar casi por completo la distancia que separaba ambos rostros.
- Mastúrbate frente a mí.
Al escuchar la orden, Kise casi se cae del árbol. ¿Acaso el sexo era lo único que pasaba por su cabeza?
- ¿Estás loco? ¡Te dije que nada de quitarme mi virginidad!
- Tranquilízate cupido, técnicamente seguirás siendo virgen. No es como si yo fuera a penetrarte o algo así.
- ¡Pero hacer algo así es completamente…!
- Ahórrate el discurso y empieza Kise, no me hagas quitarte la ropa y tocarte yo mismo. Sabes que no me controlaré.
A regañadientes, Kise comenzó a quitarse la ropa. Dejó al descubierto su pecho y parte de su estómago, de ninguna manera iba a quitarse la parte de abajo, eso era demasiado para él.
- Empieza por tocarte el pecho tal como yo hice la primera noche, y baja lentamente hasta llegar a tu estómago – Al ver su mirada desafiante, Aomine sonrió de forma socarrona. Estaba disfrutando el espectáculo mucho antes de haber empezado – Estoy seguro de que lo recuerdas muy bien.
Y lo recordaba, por supuesto que lo recordaba. Jamás olvidaría la noche que se llevó la peor impresión del íncubo, fue precisamente por eso que no podía quererlo.
Primero acarició lentamente su pecho con ambas manos. Agarró uno de sus pezones y jugueteó con él mientras que con el otro se pellizcaba. Sentía pequeños espasmos al tocarse de esa forma, con la respiración de Aomine tan cerca de su cuello, casi besando su piel. Siguió el recorrido de una mano hasta llegar al estómago, pasando lentamente por el ombligo y terminando en su pelvis. Su boca amenazaba con dejar salir sonidos extraños, a sabiendas que eran por el calor que empezaba a recorrer su cuerpo.
Aomine, al ver como los ojos del cupido se oscurecían por el placer, apoyó ambas manos el tronco, dejando la cabeza entre ambas. Se acercó a su oído y susurró.
- Muy bien, ahora quiero que toques tu miembro y lo masajees suavemente como quieras. No te contengas.
Al escuchar eso, Kise tuvo deseos de golpearlo. No en sueños haría algo así. Pero la voz de Aomine tenía algo que le impedía desobedecer. La mano que antes estaba en la pelvis bajó un poco más hasta llegar a la zona de su miembro. Dudó por un instante si era capaz de hacerlo, tenía miedo de lo que el íncubo estaba haciendo con su mente y cuerpo. Él no era así, jamás pensó que fuera así. La mano de Aomine agarró la suya y la puso sobre su masculinidad despierta, mientras lo miraba a los ojos y le daba un beso en la frente.
- Vamos, inténtalo. No tengas miedo.
Como si no fuera la primera vez, Kise agarró su miembro y lo encerró en su mano, moviéndola de arriba abajo con lentitud, saboreando cada caricia que se daba con el aliento de Aomine sobre su pecho, repartiendo pequeños besos sobre su piel. Jugueteó con su glande y rozó con la yema de sus dedos la punta, liberando líquido pre seminal. Cerraba su boca con fuerza, cuidando que de sus labios no saliera ni un suspiro. Al notarlo, Aomine tomó su barbilla y lo obligó a mirarlo a la cara.
- Puede que al principio estuvieras renuente a hacerlo, pero veo que ahora sabes que te gusta.
Kise no respondió, no tenía fuerzas para hacerlo ni razón suficiente para al menos intentarlo. Lo único en lo que pensaba era en las nuevas sensaciones que su cuerpo estaba sintiendo. El sentimiento que recorría su piel como un fuego abrasador lo tenía extasiado, en las nubes. Si este era uno de los pecados que Adán y Eva habían cometido estando en el paraíso, lo más probable era que él hubiera hecho lo mismo.
Su mirada nublada por el placer, su boca jadeante y su respiración entrecortada eran un festín para los ojos. Aomine quería tomarlo, quería agarrar aquel ser tan inocente que estaba frente a él y romperlo, quebrarlo en lo más profundo de su ser y mancharlo con toda la maldad que su corazón tenía. Estaba deseoso de tenerlo bajo su cuerpo, estremeciéndose por sus embestidas y rogando por más mientras gritaba su nombre y dejaba marcas en su piel. Nunca antes había sentido tantas ganas de tatuar su nombre en tan blanca piel y quebrar su alma hasta hacerlo incapaz de vivir sin él. Pero no podía hacerlo, porque por más que sus deseos lo incitaran a hacerle todo tipo de cosas, su raciocinio le decía que no debía romper su promesa de no tomarlo esa noche. Solo se limitó a tomar sus labios en un beso demandante y feroz, producto del sentimiento que en ese instante estaba aflorando en su interior. Su mano bajó entre las ropas que aún cubrían la parte baja de Kise hasta llegar al espacio entre sus nalgas, justo en la entrada.
- ¿Qué…? – Kise sintió como un dedo entraba ahí, causándole un leve dolor – Aomine… No…
- Cállate…. Como si pudiera parar ahora….
El dedo índice de Aomine se abría paso en su interior. Luego el dedo medio le hizo compañía, y al estar más aflojado, entró el tercer dedo. Estaban ahondando tan profundo que llegaron a tocar un punto dulce que Kise desconocía que existía, dejando salir un grito de placer por la sorpresa.
Aomine, sorprendido por el hallazgo, sonrió con malicia y volvió a tocar ese punto, esta vez con intenciones de liberar la boca de Kise.
- ¿Acaso encontré el punto del cupido? – Aomine miraba a Kise a los ojos mientras decía aquello, causando un sonrojo intenso en Kise.
- Para…. Por favor….
- ¿Por qué? Parece que lo disfrutas.
Kise, asustado por la sensación repentina que causaban los dedos de Aomine en su interior, soltó su miembro y su pecho, y lo abrazó por el cuello. Los temblores lo invadían así como un calor extraño cerca de su estómago que amenazaba con quemarlo si no lo dejaba salir.
- Por favor…. Haz que pare…. Daiki….
Al escuchar su nombre, el íncubo sintió como su propio miembro le dolía de lo duro que estaba. Él también sentía ese calor en su zona baja, señal pura de que estaba a punto de venirse.
- Muy bien cupido idiota, tú lo pediste.
Aomine agarró su miembro y empezó a frotarlo junto con el de Kise, quien movía su cadera en busca de una mayor fricción con su mano y los dedos que entraban y salían con ímpetu de su entrada. El íncubo repartía besos en el cuello de Kise mientras este soltaba aún más gemidos ahogados y arañaba su espalda. El calor se hacía cada vez más intenso sin razón, no sabía lo que era o lo que estaba pasando, lo único que sabía era que aquel calor lo había sentido también la primera vez que el íncubo lo tocó, aquella noche donde por primera vez probó el pecado sin quererlo, y ahora lo estaba haciendo de nuevo, la única diferencia era que ahora lo deseaba. El íncubo lo había hecho desearlo y ahora no quería parar.
- Daiki…. Ya no puedo…
- ¿Ya vas a venirte….? Yo también…. Hazlo conmigo….
Un par de movimientos más fueron suficientes para que ambos se liberaran en la mano del íncubo. Kise se dejó caer sobre el tronco con Aomine encima de él, el semen cubría sus estómagos y ambos se sentían desfallecer con la respiración entrecortada. El sudor se combinaba con el semen, dando una sensación de viscosidad que mataba un poco el momento. Aomine, al ver que el cupido se sentía incómodo con aquello, hizo aparecer un par de pañuelos desechables y limpió sus cuerpos, sin dejar rastro alguno del acto carnal salvo por las marcas y chupetones que hizo sin conciencia. Acomodó las ropas de Kise y lo abrazó por la espalda como si fuera lo más normal del mundo, dejando al cupido un poco confundido. ¿Desde cuándo un íncubo era así de amable?
- Y dime, ¿te gusto tu primera probada del pecado? – Aomine le susurró la pregunta en la oreja, esperando fastidiarlo un poco.
- Eso no te importa Eromine – Kise se sonrojó ante la pregunta. Le había gustado, no lo negaba, pero tampoco lo iba a admitir. Estaría condenado si lo hacía.
- Vamos, mi orgullo de demonio del placer carnal estará en juego si no lo disfrutaste. Aunque…. – Aomine miró su mano donde antes estaba el rastro de semen de Kise, que había cubierto por completo la palma y se había combinado con el suyo propio – Tu impresionante corrida fue suficiente prueba.
- ¿Entonces por qué me preguntas?
- Simplemente quiero fastidiarte un poco. Es charla de almohada, algunas parejas lo hacen después del acto.
- Tú y yo no somos pareja idiota.
- Pero tampoco somos completos desconocidos.
Al decir esto, Aomine se rió un poco antes de cerrar sus ojos en un intento de dormir un poco para disfrutar de los sueños eróticos que seguro Kuroko había tenido con Kagami. Sabía de buena fe que un humano vigilado por un incubo podía a llegar a sentir en carne propia cuando este tenía relaciones sexuales, y si todo cuadraba, lo más seguro era que combinando sus sensaciones con las de Kise, Kuroko mañana despertaría con los calzoncillos húmedos. Tal vez el cupido que estaba descansando en sus brazos con un puchero en su rostro no lo supiera, y cuando se enterara pegaría un grito al cielo. La sola imagen en su cabeza le daba risa, tanto que volvió a reír.
- ¿De qué tanto te ríes? ¿No ves que intento dormir?
- Nada importante, ahora solo duérmete idiota, seguro te dejé exhausto después de tanto ejercicio repentino.
- ¡Buenas noches! – Kise se cubrió los oídos y se negó a mirarlo a la cara. Estaba demasiado cansado como para liberarse de su agarre por lo que optó por girarse y darle la espalda. – Y para que lo sepas, esto solo ocurrirá por esta vez. A la siguiente ves yo ganaré ¿entendiste?
- Lo que tú digas Kise, lo que tú digas.
Aomine, al ver que el cupido se iba a dormir con un puchero en su rostro, decidió calmarlo un poco con un beso en su mejilla y unas palabras de despedida en su oído.
- Buenas noches Kise.
Kise, al estar más tranquilo, se dejó llevar poco a poco por el sueño hasta quedar casi dormido, con un último pensamiento en su mente.
"No lo odie, pero tampoco permitiré que pase de nuevo"
A la mañana siguiente, el cupido y el incubo despertaron en la misma posición en la que durmieron la noche anterior. El primero en abrir los ojos fue Kise, seguido de un bostezo de Aomine que recién se dignaba a soltarlo.
- Bueno días Kise – Aomine se divertía al ver como el cupido evitaba mirarlo a la cara, completamente sonrojado al ver las marcas de besos y recordar lo que hicieron la noche anterior.
- Bueno días…
Kise se apresuró a ver si Kuroko ya se había levantado. Se sintió aliviado al ver que recién se despertaba, aunque lo desconcertó ver como corría al baño con un par de calzoncillos.
- ¿Qué pasa? – Aomine rodeo el cuello de Kise con un brazo por detrás, y para su sorpresa este no lo apartó como siempre.
Kuroko se fue al baño con sus calzoncillos y los pantalones del pijama. Me pareció extraño.
Aomine tuvo que cubrirse la boca para no soltar una risotada. Kise era demasiado ingenuo para su propio bien.
- ¿Tú sabes por qué Aomine? – Al dedicarle una mirada desconfiada, Aomine desvió la mirada como si no hubiera hecho nada malo.
- Te lo explicaré en otro momento. Por ahora solo debes sabes que es algo normal en jóvenes como él.
- ¿Seguro?
- Sí. Puedes preguntarle a Hyuga sobre eso si no confías en mí.
Kise lo pensó por un momento. Ahora sentía que el corazón de Kuroko solo estaba avergonzado, no se sentía mal ni nada que debiera preocuparlo. Por ahora, creería en la palabra del íncubo y lo dejaría pasar, solo por ahora.
- Mejor empecemos con el trabajo del día.
Por el resto de la mañana, ambos siguieron a Kuroko como todos los días. Aomine trató de hacer perecer a Kuroko un poco más atractivo para Kagami con sus jugarretas como todos los días, y Kise lo evitaba para que todo se desarrollara de forma más natural por órdenes del cielo, como todos los días. Pero por alguna razón, ese día era diferente de todos los demás, y no fue hasta que Hyuga hizo un comentario que ambas criaturas se dieron cuenta.
- ¿No están demasiado pegados el día de hoy?
Aomine no paró de abrazar a Kise por la espalda en todo el día, y Kise ni se molestó en apartarlo porque no se sentía tan incómodo con él estando así de cerca.
- ¿Te parece? Yo creo que ahora se llevan mucho mejor que antes – Kiyoshi se acercó por detrás de Hyuga y lo abrazó, imitando a Aomine.
- Y eso es lo raro – Hyuga lo apartó en estampando una mano en su nariz y empujándolo – No te me pegues.
- Vamos, ambos están haciendo su trabajo. Déjalos ser.
Hyuga no quería dejar a Kise teniendo así al incubo, pero Kiyoshi tenía razón, ambos estaban haciendo su trabajo como si nada y era lo que importaba.
"Solo por si acaso, se lo informaré a Kasamatsu"
A lo lejos, Satsuki buscaba con la mirada la preparatoria Teiko. Según palabras de Imayoshi, Aomine debía estar ahí junto al cupido que le impedía volver al inframundo. Sabía que su misión consistía en traerlo de vuelta, pero todo lo que podía pensar era en el chico tan lindo que su amigo de la infancia estaba cuidando en la tierra. Sacó la foto y recorrió con el dedo las facciones del chico: piel pálida, nariz pequeña, una boca que parecía ser suave, y lo mejor de todo, tenía los bellos ojos celestes que tanto le gustan en los humanos; ¡era su chico ideal y Aomine se lo estaba ocultando!
"¡No puedo esperar para verlo yo misma!"
¿Les gusto el triste intento de Hard? Yo no escribo mucho de esto y honestamente no me siento muy satisfecha, porque se que pude haberlo hecho mejor (quería hacerle mas cosas a Kise pero mejor me contuve :V)
Ya casi llega la parte en donde Satsuki pone todo de cabeza, esperenlo con ansias :D
