CAPITULO OCHO:

CAPITULO NUEVE: Perdidos

Hero/Heroine (Boys likes Girls)

It's too late baby, there's no turning around
I got my hands in my pocket and my head in a cloud
This is how I do
When I think about you
I never thought that you could break me apart
I keep a sinister smile and a hole in my heart
You want to get inside
Then you can get in line
But not this time

Cause you caught me off guard
Now I'm running and screaming

I feel like a hero and you are my heroine

I won't try to philosophize
I'll just take a deep breath then I'll look in your eyes
This is how I feel
And it's so surreal
I got a closet filled up to the brim
With the ghosts of my past and their skeletons
And I don't know why
You'd even try
But I won't lie

You caught me off guard
Now I'm running and screaming

I feel like a hero and you are my heroine
Do you know that your love is the sweetest sin?

And I feel a weakness coming on
It never felt so good to be so wrong
Had my heart on lockdown
And then you turned me around
And I'm feeling like a newborn child
Every time I get a chance to see you smile
It's not complicated
I was so jaded

And you caught me off guard
Now I'm running and screaming

I feel like a hero and you are my heroine
Do you know that your love is the sweetest sin?

(I feel like a hero and you are my heroine)
And I feel a weakness coming on
It never felt so good to be so wrong
Had my heart on lockdown
And then you turned me around
(Do you know that your love is the sweetest sin?)
And I'm feeling like a newborn child
Every time I get a chance to see you smile
It's not complicated
I was so jaded

(I feel like a hero and you are my heroine)
And I feel a weakness coming on
It never felt so good to be so wrong
Had my heart on lockdown
And then you turned me around
(Do you know that your love is the sweetest sin?)
And I'm feeling like a newborn child
Every time I get a chance to see you smile
It's not complicated
I was so jaded

GDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGD

El contacto de la brisa helada contra su piel arrebolada por la humillación y la furia, le produjeron un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza.

Ginny se subió un poco más el cuello de su abrigada chaqueta y se sentó en uno de los bancos de ese jardín casi de ensueño que ella misma había creado. Se sentía sola, asustada por emociones demasiado fuertes como para ser explicadas. El frío jamás había calado tan hondo en su cuerpo, en su corazón.

Cuando Pansy abrió la puerta, ella levantó la cabeza, alerta. Pero Pansy le dedicó una sonrisa y se acercó, no dejándose intimidar por la expresión de la cara de la pelirroja.

"Bonito" comentó mientras se sentaba.

Ginny la observó mientras Pansy recorría con sus ojos oscuros el pequeño jardín.

"Lo es" contestó ella luego de lo que a Pansy le pareció una eternidad.

"Debes hablar con él"

Los ojos de Ginny centellearon.

"No. No se puede hablar con él, Parkinson. Es un Malfoy. No sé en que estaba pensando cuando creí que él podría haber cambiado. No sé que se me cruzó por la cabeza cuando acepté vivir en este lugar."

Pansy sonrió.

"No tuviste opción."

Ginny asintió y cerró los ojos.

"No, no la tuve. Pero tendría que haberme esforzado más, tendría que haber buscado una solución. Es lo que siempre hago."

Pansy la observó con atención.

"Hay cosas que no tienen solución, Weasley, y es tan simple como eso."

Ginny se mantuvo en silencio unos segundos.

"No puedo estar cerca de él. Nos repelemos, y ni siquiera este maldito encantamiento puede evitar eso."

"No, pero sí puede evitar que se separen."

"Pensaré en algo."

"No hay nada en que pensar. Deben mantenerse juntos, aprender a llevarse bien y darse cuenta de una vez que las personas que eran en Hogwarts se desvanecieron hace tiempo."

Ginny abrió la boca para replicar.

"Sé lo que vas a decir, Weasley. Y no, Draco no es el mismo de entonces. La vida lo ha cambiado, como ha hecho con todos. Quizás deberías dejar ir al Draco que guardas en la memoria y comenzar a fijarte en el Draco de ahora."

"No tengo ni fuerzas ni ganas. Es como luchar incansablemente contra una corriente que sabes te terminará arrastrando sin que puedas hacer nada por evitarlo. Hay demasiada historia que dejar atrás y yo…no sé si alguna vez será posible."

Pansy suspiró, contrariada.

"Por Merlín, Weasley, sea malo o bueno, lo deseas más que a nada. ¿Es que no lo entiendes? La tensión sexual entre ustedes dos es sumamente palpable, aunque los dos lo nieguen con todas sus fuerzas. Los héroes no existen, al menos no los de los cuentos. No hay personas perfectas. En lo que a mí concierne, un héroe es aquél que al menos lo intenta. Y ustedes dos son unos cobardes."

"¿Cómo puedes decir eso? ¿Draco Malfoy y yo? No es deseo lo que hay entre nosotros, sino simplemente…bueno, no sé lo que hay, pero te aseguro que no siento nada, nada de nada por Malfoy."

"Mientes, y lo peor de todo es que eres una patética mentirosa."

Pansy la observó con una sonrisita socarrona.

"Oh, de acuerdo. Es atractivo, y hasta interesante en las pocas ocasiones en que se olvida de su armadura de hielo. Pero..."

Ginny se quedó helada. Allí, silencioso como una sombra y contra la puerta, se encontraba Draco, observándola con fijeza.

La pelirroja lo miró, aterrorizada. Draco dio un paso dubitativo hacia ella, pero la muchacha, aprovechando su movimiento, pasó como una exhalación por su lado y se perdió en el interior de la casa.

Pansy observaba a su viejo amigo con una mezcla de burla y compasión.

"Esta vez te has esforzado. Y la has embarrado hasta el fondo"

Draco hizo su usual mueca y se sentó a su lado, pensativo.

"Ella no es ninguna víctima en esta cuestión."

"Debes hablar con ella"

"No, no tengo porque hacerlo."

Pansy lo observó con el ceño fruncido.

"Tú sientes lo mismo que ella."

"No."

"Por supuesto que sí. Algo ha cambiado entre ustedes dos, lo quieran o no. Por favor, no me hagas repetir lo mismo que le acabo de decir a ella. Fue un largo y buen discurso, no me salen seguido. Debería haberlo grabado."

Draco suspiró.

"De acuerdo, algo ha cambiado. Pero no confundas deseo con...con algo más. No se trata de eso."

"No, pero lo que tanto les atemoriza es el conocimiento de que ese sentimiento puede surgir y cambiarlos a los dos para siempre."

Draco observó a su amiga con fijeza, pero no contestó.

Ginny había entrado de golpe a su vida como una brisa de aire fresco. Cuando sonreía lo iluminaba todo y él no podía evitar sentir calor en el alma. ¿Cuándo había sido la última vez que algo o alguien lo había llevado a ese extremo? ¿Cuándo había comenzado a disfrutar de su presencia y a necesitar su risa?

No estaba hecho para las mujeres. Habían demasiado rincones oscuros en su alma, en su pasado y en su historia como para compartirlos con alguien más. Simplemente no era una opción. Entregarse a esas nuevas sensaciones que Ginny le despertaba, conllevaba un riesgo porque él no sabía si podría evitar lo que podría suceder después.

Podía tenerla si quería. ¿Pero que haría si ese deseo no se extinguía solo allí?

"¿Qué piensas hacer?"

Draco se mantuvo callado.

"Será mejor que entremos. Está comenzando a nevar."

Pansy rodó los ojos pero no insistió.

Apenas entraron, el reconfortante calor que inundaba la casa los envolvió. Blaise se encontraba solo en la mesa, mordisqueando un pedazo de pan sin mucho interés.

Aunque Draco suponía que Ginny se habría encerrado en su habitación, no pudo evitar que un estremecimiento recorriera su piel. Un mal presentimiento se presentó con fuerza y sin ningún tipo de aviso.

"¿Dónde está Ginny?" preguntó.

Blaise frunció el ceño.

"Pensé que estaba con ustedes."

Pansy abrió los ojos con miedo.

"Entró hace unos minutos."

"Pues no entró por aquí. Ni siquiera la escuché, yo..."

Draco no le dio tiempo a terminar. Subió las escaleras en dos zancadas y abrió la puerta de Ginny de un tirón, con Pansy pegado a sus talones.

Los ojos de Draco, fríos y duros, recorrieron la estancia.

"Por Merlín, se ha ido" dijo Pansy en un susurro.

Draco siguió observando la habitación vacía, con la furia dibujada en su rostro.

Entonces, Pansy le dio una bofetada.

"No es momento para que tu orgullo aflore, Draco. ¡La maldición! ¡Ginny se ha ido! ¡Si no la encuentras rápido ambos...! ¡Draco, muévete!

GDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGD

Ginny corrió y corrió.

Lo poco de razonable que había en ella había desaparecido al ver a Draco allí, escuchando todas sus palabras. Ya no podía seguir con eso. Debía volver a casa.

Oh, como deseaba estar en casa.

DGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDG

Elara salió de su habitación sintiéndose una prófuga.

Intentó acoplarse a las paredes y se fue casi arrastrando contra ellas hasta que por fin consiguió salir al exterior de la mansión por una de las puertas de servicio. Si no aspiraba aire puro, moriría, tan simple como eso. Si se encontraba con Malfoy pondría alguna estúpida excusa, pero prefería no encontrárselo por nada del mundo.

Su vestido color oro casi chilló de indignación cuando ella echó a correr hacia uno de los establos, buscando refugio. La corrida devolvió el color a sus mejillas y logró arrancarle la primera sonrisa en semanas. No había nada tan fascinante como escapar de Malfoy en sus propias narices.

Corrió entre fuentes abandonadas y vestigios de floridos canteros con la risa atragantada y hasta se permitió girar sobre sí misma antes de entrar al primer establo que se encontró a su paso.

Desde la ventana de su estudio, Ian la observó y estuvo a punto de sonreír también.

El heredero Malfoy rodó los ojos ante la alegría que experimentaba su esposa solo por correr por el campo. No temió que ella huyera: si lo hacía, simplemente iría a buscarla y la traería de regreso, o quizás su padre le ahorraría el trabajo. Volvió a su trabajo pero no pudo sacarse de la cabeza su sonrisa.

Ella, absorta en sus propias sensaciones, no se percató de su presencia. Sus ojos se perdieron en el muelle ahora restaurado, y sintió enormes deseos de dirigirse hacia allí. Quizás alguien la viera desde la casa, pero en ese momento no le importaba demasiado. Quería probar si realmente no era una prisionera como su marido le había asegurado incontables veces.

Pero antes de que pudiera moverse, escuchó ruidos a su espalda. Se dio vuelta sobresaltada, y ante la visión que se presentó ante sus ojos, sonrió. Se adentró más en el establo con una sonrisa radiante.

DGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGD

La Madriguera.

Draco salió de la casa sin pensárselo dos veces. Cuando la encontrara, por Merlín que la estrangularía. Pero antes de ese importante triunfo, debía alcanzarla. No sabía que tan rápido huiría una pelirroja histérica e irracional. Supuso que lo averiguaría o, literalmente, moriría en el intento.

Helado hasta las huesos, y con los pies ya completamente mojados, Draco maldijo entre dientes.

DGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGD

Los suaves golpes en la puerta lo sorprendieron.

Ian levantó la vista y observó la puerta, furibundo, como si esta fuera su enemigo mortal.

Los sirvientes sabían que cuando se hallaba en su estudio, nadie podía molestarlo. Estaba decidido a ignorar los golpes, que se habían vuelto bastante insistentes, cuando recordó a su esposa corriendo sola por los jardines. ¿Y si...?

Con voz fría y autoritaria murmuró un "adelante" impregnado de mal humor.

Elara atravesó la puerta un poco asustada y su marido la quedó observando, sorprendido. Se puso en pie pero se quedó detrás del escritorio.

Ella llevaba ese día un vestido del color del oro fundido que se amoldaba a su cuerpo pequeño y delgado con una naturalidad que a él le resultó exasperante. El cabello le caía en cascada por al espalda hasta la cintura, decorado simplemente con una redecilla bordada con perlas. Ian notó que el bajo del vestido estaba sucio, pero a pesar de todo, el color de sus mejillas y todo lo demás le resultó deslumbrador.

Quería que ella fuera suya.

Ese reconocimiento lo hizo sentir estúpido e incómodo. ¿Cómo tener a una criatura así de libre cuando justamente eso era lo que la hacía a sus ojos tan atractiva? Elara estaba siempre cerca, pero a la vez siempre lejos.

Mientras él la sometía a escrutinio, ella observó la habitación en un rápido vistazo. Era varonil, con paredes de nogal, un fuerte escritorio y libros y más libros hasta el techo. Un sillón de aspecto mullido y cómodo estaba ubicado directamente frente a la estufa a leña, ahora apagada debido al buen clima.

Elara lo miró directamente a los ojos, sorprendida de que él la hubiera estado observando con tanta atención.

"Debo pedirte algo."

Ian asintió.

"Puedes sentarte si quieres" indicó él señalando la silla frente a la suya.

"No, gracias. No me quedaré más de un minuto."

"De acuerdo. Pide lo que hallas venido a pedir."

"Necesito una caja."

Ian la miró, sin entender.

"Debe ser una caja grande, de madera, de esas en las que traen a la mansión los vegetales. Vi afuera algunas, pero supuse que debería pedirte permiso. En realidad, pensé en tomarlas o pedírselas a un empleado, pero imaginé que vendrían a comunicártelo así que..."

"Nadie aquí te está espiando."

"¿Ah, no?" preguntó ella acercándose apenas un paso y con el rostro tenso. "Perdóname si desconfío, pero..."

"Ah, si, olvidaba que todo lo tienes que comprobar por propia experiencia. Si mal no recuerdo, también desconfiaste cuando te dije que no eras aquí una prisionera y que podías salir cuánto quisieras siempre y cuando no te alejaras demasiado."

"No poder alejarse es justamente una afrenta a mi supuesta libertad."

Ian frunció el entrecejo.

"Piensa como gustes. Esta no es la bonita casa donde creciste, los bosques no se han recorrido y podría ser peligroso. No se sabe que criaturas allí habitan o que clase de gente vive del otro lado, por lo que..."

"Si a mí me comiera un oso desaforado a ti poco te importaría, así que no pretendamos lo contrario."

Su carácter estuvo a punto de emerger con fuerza. Pero no podía perder el control, así que simplemente hizo una reverencia tensa:

"Ya te dije que puedes pensar lo que quieras, querida esposa. Ahora, si solo eso querías, debo seguir trabajando."

Elara salió de la habitación con la cabeza en alto pero se aseguró de pegar un buen portazo al irse.

DGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDG

Su capa negra se enganchó en una rama.

Draco la soltó de un tirón y salió al claro que tantas veces había cruzado para perderse en la espesura de un frondoso bosque y observar a Ginny en las cálidas tardes en que ella salía a leer.

Y entonces la vio.

Ginny estaba parada de espaldas a él, a unos cuántos metros de distancia.

Draco ni se preguntó que hacía allí o porque se había detenido. Simplemente corrió hacia ella como si la vida se le fuera en ello, tratando de no pensar en la furia y la sensación de alivio que lo embargaron de súbito y a la vez.

"¿Qué demonios...?"

Ella no se movió.

"¡Por Merlín, Draco, no te acerques!"

La rabia lo invadió y pensó seriamente en arrastrarla a la fuerza hasta la casa. Fue entonces cuando entendió.

Ella no le estaba pidiendo que se alejara, que la dejara sola. Lo estaba protegiendo.

Ginny se encontraba parada sobre el delgado hielo que cubría una laguna. La fina capa que la sostenía había empezado a resquebrajarse bajo su frágil peso y ese ruido penetró en la cabeza del rubio.

"No te acerques" dijo ella con la voz quebrada "Ya pensaré en algo."

"¿Realmente piensas que te voy a dejar ahí? ¿Tan basura crees que soy?"

Ginny sintió el enojo en su voz.

"No. No quise decir eso, ni darlo a entender. Simplemente...Por favor, vete."

"Me iré...pero contigo cuando logre sacarte de ahí" dijo él, mirando a su alrededor en busca de algo con qué ayudarla.

Ginny resopló. Se sentía avergonzada y furiosa. Lo único que cruzaba en ese momento por su cabeza era que él debía irse lo antes posible. Si ella caía, el iría tras ella. Reconocer ese hecho, saberlo con fuerza en su interior, hizo que más lágrimas afloraran a sus ojos.

Las palabras de Pansy resonaron en su aturdido cerebro. Conocer al Draco de ahora, olvidar al que había sido. ¿En que se había convertido ese hombre al que había odiado?

"No es momento de hacerse el héroe. Puedo perfectamente..."

"¿Quieres cerrar esa boca endiablada al menos un maldito minuto? Date vuelta."

"No...si lo hago, el hielo se romperá."

"Confía en mí, pelirroja. Por una vez, confía en mí. No dejaré que nada te pase, ¿de acuerdo?"

Sintió la firmeza en su voz. Ginny comenzó a darse vuelta de a poco. Antes de que el mundo se abriera bajo sus pies, alcanzó a verlo por un instante. Parado en la orilla, con el pelo revuelto y los músculos tensos mientras estiraba una rama para que ella la sostuviera. Sus ojos, tormentosos como el mismísimo cielo que se cernía sobre ellos, la observaban con una mezcla de temor y concentración.

Luego, ya no vio nada más.

GDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGD

Elara adoptó a los gatitos y los mimó como si fueran sus pequeños retoños por una semana entera.

Luego de acondicionar la caja de madera que le había pedido al insufrible de su marido (con un viejo vestido que detestaba pero que su madre la había obligado a llevar a menudo), subió una noche a los gatitos escondidos entre sus ropas y los metió a su habitación.

Sin embargo, alimentarlos constituyó una tarea más difícil. Todos en la mansión se hicieron a la idea de que su nueva ama adoraba tomar leche tibia a cualquier hora del día. Los maullidos fueron una pesadilla los primeros días, y sus manos quedaron arañadas debido a las fuertes uñas de Ursula, como había llamado a la madre de los cuatro gatitos, que también vivía en su habitación y se creía dueña de la alfombra.

Sabía que en algún momento debería devolverlos al establo donde los había encontrado. No obstante, la tarde en que subió a su habitación luego de una caminata por los extensos terrenos de su marido y no los encontró, entró en pánico.

Cuando salió de su habitación hecha un torbellino de furia, casi tira a la pobre empleada que subía por las escaleras.

"¿Dónde está el señor Malfoy?" inquirió tratando de contenerse.

"A...Afuera, señora. Se dirigió hace unos minutos al muelle. El..."

Pero Elara no esperó a que acabara. Abandonó la mansión como una exhalación y salió al exterior con el pelo revuelto y las mejillas completamente arreboladas. Tenía que haber sido Malfoy. El era, después de todo, la raíz de todos sus males.

Ian se encontraba parado en el muelle, con las manos cruzadas a la espalda. La brillante luz del atardecer arrancaba destellos plateados a su pelo y la suave brisa jugueteaba con ellos a su antojo. Su postura era impresionante: con la espalda recta y la cabeza alzada hacia el horizonte, se veía no obstante en un estado de completa paz.

Elara se quitó esos pensamientos de la cabeza y se acercó a grandes zancadas. Sus pasos retumbaron sobre el muelle, logrando que él se diera vuelta y fijara en ella su atención. A ella se le cortó la respiración al ver su aspecto misterioso y oscuro, y aunque alarmas de peligro resonaron en su cabeza, no les hizo caso.

"¿Qué hiciste con ellos?" exigió cruzándose de brazos con rabia.

"¿Con quiénes?"

Ella se acercó y lo golpeó con un dedo en el pecho, malhumorada.

"Sabes perfectamente de quiénes te estoy hablando. Mis gatos. ¿Qué hiciste con mis gatos?"

"Primero que nada, baja ese dedo. Segundo, si quieres respuestas intenta ser más cortés, de lo contrario, no conseguirás nada de mí. Hace tiempo que las mujeres histéricas dejaron de causarme efecto."

Ella lo miró con los ojos centelleantes.

"Cretino arrogante. No tenías ningún derecho a entrar a mi habitación, ninguno en absoluto. Juro que..."

La paciencia de Malfoy se estaba extinguiendo a pasos acrecentados.

"No entré a tu habitación. Aunque los dos sabemos que tengo todo el derecho de hacerlo si así lo deseara."

Ella se quedó con la boca abierta por la sorpresa.

"Eres un repugnante gusano. Quiero a mis gatitos, y Ursula ya se había acostumbrado a mí y hasta me dejaba acariciarla de vez en cuando. Devuélvelos ya mismo o te juro que te arrepentirás."

Los ojos de Ian se entrecerraron. Con un rápido movimiento, la tomó de los antebrazos y la levantó un par de centímetros para que sus ojos quedaran a la altura de los suyos.

"No me amenaces, Weasley. No tuve nada que ver con la desaparición de tus gatos, de hecho, recién me estoy enterando. Soy alérgico, así que seguramente alguien se cercioró de que no siguieran dentro de la casa. Pero no fue orden mía."

"¡Bájame de inmediato! ¡No te creo ni una sola palabra!" dijo ella, golpeándolo débilmente con los puños. "Te odio, te odio más que a nada".

Los ojos de él se oscurecieron cuando la soltó.

"Vete de aquí, Weasley."

Elara quedó observando su furioso perfil durante un instante.

"Dijiste que podía tomar lo que quisiera."

"Y dije la verdad, siempre y cuando eso no ponga en riesgo mi salud. Y el pelo de gato definitivamente lo hace. No puedes tener todo lo que quieras, Weasley." Ian la miró directamente a los ojos. "Creo que te he dado más libertad de la que nadie te ha dado nunca. No te he exigido nada, ni siquiera que cumplas con el mínimo requisito de calentar mi cama ni tampoco he buscado a nadie que cumpla por ti la tarea, así que..."

"¿Calentar tu cama? ¿Crees que pasaré a formar parte de tus conquistas? Antes muerta. Y si quieres meter a alguien en tu cama, hazlo, tienes toda mi bendición. Pero tendré la misma libertad."

Los ojos de Ian volvieron a entrecerrarse. Esta vez, cuando la tomó por los brazos lo hizo con mucha más fuerza, sobresaltándola.

"Quién te toque terminará en el fondo de este lago."

"¿Y a ti que te importa?"

"Me importa porque eres mía."

Las mejillas de ella se encendieron y su boca se puso tensa. Los ojos de él, muy cerca de los suyos, estaban rabiosos.

"No soy un objeto de tu propiedad."

"No un objeto, pero eres de mi propiedad al fin y al cabo. Y no me obligues a demostrártelo."

"Te detesto."

Entonces la mirada de Ian se posó en su boca. Ella tembló al notarlo y se removió entre sus brazos con timidez.

Ian recordaba perfectamente la primera ocasión en que la había besado. Entonces ella era casi una niña, aunque ya se notaba la mujer en que se transformaría. Aquella vez la había besado para castigarla, para molestarla. Esa vez, no obstante, mientras miraba sus labios y notaba su cuerpo contra el suyo, sintió un deseo casi salvaje correr por su cuerpo. Quiso tenerla, y se preguntó si alguna vez ella querría besarlo, si lo desearía como él había comenzado a desearla. Si alguna vez sería suya en cuerpo y alma.

Recordó que debía ser paciente, pero cuando los ojos de ella se abrieron al notar la tensión de ese cuerpo masculino, se sintió perdido.

"Te aseguro que yo también. Pero eso no impide que te desee de todas formas. Ya ves lo irónico del asunto."

Los ojos de ella se abrieron con sorpresa y él notó como su cuerpo se tensaba.

"Pues yo no. Jamás seré tuya. Me das asco, no quiero que me toques, no quiero tenerte cerca y daría lo que fuera por irme de aquí."

El sonrió; una simple mueca que hizo que ella sintiera un poco de temor.

"No puedes irte. Y en cuánto a todo lo demás que dijiste, como ya te mencioné, no puedes tener el mundo a tus pies, princesa, ni todo lo que quieres. Simplemente no es así como funciona. Así que discúlpame si ignoro tus patéticos comentarios y paso a preocuparme por mis necesidades por una vez en la vida."

Ella volvió a removerse en sus brazos, indefensa.

"No lo hagas."

Ian sonrió y rozó sus labios con los suyos. Elara se quedó inmóvil, aturdida ante contacto y demasiado consciente de su cuerpo apoyado contra el cuerpo de él. Ella negó con la cabeza, confusa.

El la miró solo un momento.

"También tú me deseas. Me odias, pero me deseas. Ahora estoy lo suficientemente cerca como para darme cuenta."

"No. No. Déjame ir. No sabes de lo que estás hablando."

"Oh, pero sí que lo sé mi adorable esposa, sí que lo sé. Es justamente lo mismo que siento yo. Y aunque lo niegues, esa impotencia y este calor que surge cuando te toco no se irán a ninguna parte."

Y entonces la besó.

Ante su contacto, la mente de Elara se nubló. Su boca era dura, casi cruel, pero aún así se sintió suave cuando se apoyó contra la de ella casi con desesperación. Y ella se sintió perdida, perdida cuando él pidió acceso y ella no pudo menos que otorgárselo. Porque las sensaciones eran demasiado fuertes, demasiado reales. Y por Dios, ella se sentía demasiado viva en sus brazos.

Sus manos cobraron vida propia cuando apoyó una de ellas en la nuca de él, rozando su pelo. Ian la acercó más a él y ya no hubo vuelta atrás para ninguno de los dos.

DGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDGDG

Después de casi un año sin actualizar...jeje. Perdón por la eterna demora.

Se aceptan reviews, tomatazos y todo lo demás.

Saludos,

Dayah