Capítulo IX
Abre tu corazón
Llevaba ya un rato en completo silencio. Donde todo lo que se escuchaba en la habitación, era la respiración pausada y tranquila de Kagome. Que se encontraba tendida sobre su cama, cubierta a medias por las mantas. InuYasha permanecía sentado en el piso, aún con el libro que la muchacha le entregara, en las manos. Lo había vuelto a abrir hacía unos minutos, pero su atención no estaba dirigida a los conjuros que se encontraran en él. InuYasha recorría con los ojos y con la memoria, la hermosa caligrafía que había impresa en él. Aquella era una de las tantas cualidades que amaba de Kikyo.
You only see what your eyes want to see
Tu sólo ves lo que tus ojos quieren ver.
How can life be what you want it to be
¿Cómo puede la vida ser lo que tu quieras que sea?
You're frozen when your heart's not open
Estás congelado Cuando tu corazón no está abierto.
La imagen de la mujer, con largos cabellos oscuros, tan lisos y sedosos, en el que apenas un lazo podia sostenerse. Bajo la luz del sol, eran radiantes y bellos. Bajo la luz de la luna, un hechizo que no podías evitar. Sus ojos, eran dos lágrimas que se extendían hacia los costados de su rostro, logrando que su mirada se convirtiera en una súplica melancolica, de la que se enamoró. Sus labios, casi siempre silenciosos, evitando extender los secretos de su alma, que sus manos en caricias que parecían baños de pétalos sobre sus mejillas, le relataban.
You're so consumed with how much you get
Te consume tanto tanto como tienes.
You waste your time with hate and regret
Pierdes el tiempo en odio y remordimiento.
You're broken when your heart's not open
Estás roto cuando tu corazón no está abierto.
Se giró para observar, bajo la escasa luz que iluminaba el cuarto, el rostro pálido de la chica, que dormida, ignoraba las emociones que un ser, como él, era capaz de experimentar. Se levantó, sus pasos fueron suaves, no quería depertar aún a Kagome. Después de la conversación de horas antes, necesitaba convencerla del viaje que debían hacer. Había que encontrar la perla. La razón de sus desgracias.
Entre abrió la ventana, lo suficiente para que el aire de la mañana que se avecinaba, le llenara los pulmones. Recordaba la frescura que proporcionaban aquellas horas. La recordaba, envuelto en la piel pálida, y el cabello abierto en extensos mechones que acariciaban su pecho, cuando ella, su amada, descansaba subre su cuerpo desnudo, después de pertenecerle.
- Sabes que debemos hacerlo – le había dicho Kikyo, mientras él le acariciaba la espalda. Aún tenía los ojos cerrados, sus pestañas negras resaltaban sobre sus pómulos claros. El, desnudo, de medio lado, apoyando la cabeza en su mano, cuyo brazo formaba un ángulo sobre el lecho que los había albergado esa noche, después de días interminables de separación.
- Lo sé… - le respondía, con toa la suavidad que su voz enamorada podía intensionar. Acariciándola incluso con el pensamiento.
Mmm... If I could melt your heart
Hummmmm, si yo pudiera fundir tu corazón
Mmm.. We'd never be apart
Hummmmm, nunca nos separaríamos.
Mmm... Give yourself to me
Hummmmm, entrégate a ti mismo, a mí
Mmm... You hold the key
Hummmmm, tu tienes la llave.
- Si no fuera necesario, no te lo pediría. – le dijo, abriendo los ojos, pero sin mirarlo aún. Se incorporó hasta quedar sentada frente a él. Su propia desnudez, no la cohibía en absoluto, sus largos cabellos cayeron por sus costados, y parte del pecho, disimulando sus pequeños senos, tan blancos, como el resto de su piel, coronados apenas por dos aréolas rosa que habían intensificado su color, a causa de los besos furiosos que InuYasha les regalara momentos antes.
- Lo sé…- le volvió a responder, mientras que una de sus manos viajaba hasta la forma pequeña de uno de sus senos, rodenado con sus dedos su forma, acariciando con deleite. Creía en ella, confiaba, nada podía hacerle cambiar de idea. Ella podía pedirle lo que quisiera, y él se lo daría.
Now there's no point in placing the blame
Ahora que no tiene sentido buscar al culpable
And you should know I'd suffer the same
Y tu deberías saber que yo sufro lo mismo:
If I lose you, my heart would be broken
Si te pierdo Mi corazón será destrozado.
Retiró su mirada de la ventana, y su recuerdo se esfumó. Había recorrido pasajes como ese, durante mucho tiempo. Ahora enfocaba sus ojos oscuros y severos, en la mujer que dormía a escasos metros de él. La pálidez de su rostro le recordaba increíblemente a su amada. Su cabello oscuro, emulaba en color al de "ella". Sin embargo, no tenía la misma determinación, no había en esta muchachita el mismo talante. No habría otra como ella, nunca otra como Kikyo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Kagome caminaba en dirección a su trabajo. Dos pasos más atrás, iba InuYasha, decidido a que ella abandonara su rutina, y todo lo que componía su vida, para irse a un sitio que no conocía, en busca de una perla de la que no había escuchado hablar jamás.
"Maldito día en que cayó hacía esa cripta" - pensó
- Suerte para mí… - lo escuchó murmurar tras su espalda, y no pudo evitar la sorpresa, se giró y lo miró. Él seguía caminando con la misma actitud de inexpresividad y desinteres.
- ¿Me estas leyendo el pensamiento! – preguntó, elevando levemente la voz, mientras él pasaba a su lado, adelantándola, no podía creerlo.
- No he sido yo. – le respondió con tranquilidad – tú los dejas salir.
- Qué yo… - avanzó unos pasos, para igualar el caminar de él que ya la iba dejando atrás. ¿quién conducía este tránsito, se preguntó igualmente. – ¿qué yo los dejo salir? – insistió.
InuYasha sopló por la nariz, en un gesto que evidenciaba su cansancio. Sabía que ella era una bruja, la ruptura del sello era evidencia suficiente para él, y además estaba lo del libro. Aunque eso no respondía el resto de las dudas que tenía. Pero el poco conocimiento de magia que Kagome poseía, lo llevaba a dudar, si realmente podría ayudarlo. Se detuvo y la miró. Ella se soprendió y se detuvo tan de improviso como él. Lo vió entreabrir los labios para decir algo, pero inmediatamente sus ojos se pasearon por las personas que transitaban por la calle. Sintió el calor de su mano posarse en su brazo, y llevarla un poco más cerca de la pared. Kagome presumió que alejándola un poco de las personas. Notó como se inclinaba hacía ella, posando su boca muy cerca de su oído. Tanto que a Kagome se le erizó el leve vello de la espalda al escucharlo.
- Si no aprendes a proteger tus pensamientos, estos salen de ti, y permites que cualquier mente mínimamente elevada los pueda percibir. ¿Comprendes? – le dijo casi en un susurro.
Kagome no estaba segura de comprender lo que él le estaba diciendo, pero si era completamente conciente de la aceleración de su corazón, producto de la cercanía de InuYasha. El que se enderezó nuevamente mirándola a los ojos. Kagome pensó que su mirada era fuerte, tanto, que no le permitía adivinar nada que él no quisiera que ella supiera, sin embargo presentía que había una cálidez dentro de él. Que le inquietaba llegar a conocer. Entonces el ceño de él se endureció un poco más.
- No te equivoques conmigo – le dijo él. Y Kagome se sorprendió. Mordió su labio, y continuó con su camino.
No podía dejar que él leyera sus pensamientos. Si había algo que hacer, ella debía aprenderlo.
"Maldito libro, por qué no estaba en un idioma al que ella tuviera acceso"
InuYasha tras de ella, solo sonrió.
Se detuvo en la entrada de la tienda en la que trabajaba. Tenía que tomar una decisión, pero no sabía cual sería la mejor. Habían dos caminos, el seguro, que se componía de continuar con la vida que llevaba, en la que dedicaba su tiempo libre a la música, su día, casi al completo, estaba en la tienda que ahora estaba frente a ella, consumiendo todas sus energías, por un pago mínimo. Una habitación que alquilaba por unas pocas monedas, dónde no se sentía parte de nada ni de nadie. O el incierto. Donde se iría en busca de una joya que no estaba segura si existía, en la compañía de un hombre, que no estaba muy segura de lo que era, hacía una vida que no estaba, para nada segura, de a donde la llevaría.
Se giró y miró a InuYasha, que estaba de pie junto a ella, esperando pacientemente, al parecer, su decisión. Quiso reir, sus pensamientos eran tan confusos, que seguro mantenía en la incertidumbre incluso al "seguro" InuYasha.
- Ni tú ni yo tenemos dinero¿cómo viajaríamos? – le preguntó a InuYasha. Posando sus ojos marrones, a la luz del día, sobre los oscuros de él. Que parecían haberse suavizado muy levemente.
- Caminaríamos – le respondió InuYasha, manteniéndole la mirada. Ella hizo una mueca de inquietud. Sus cejas se juntaron un poco, su mandíbula se tensó.
- Son quinientos o seiscientos kilometros desde aquí. – advirtió ella, pensando en lo que significaría caminar todo eso.
- Puedo ayudarte – le dijo, sin aclararle en que consistiría esa ayuda. Kagome por un momento pensó que ya había visto en él algunas habilidades inexplicables, y que podrían haber otras.
- ¿Qué comeríamos? – insistió ella, en otro punto que le parecía conflictivo.
- Sé cazar – afirmó él con cierta altivez. Elevando la cabeza unos centimetros, delineando una sonrisa torcida y agudizando la mirada en ella. Kagome no pudo evitar pensar, en lo atractivo que se veía. Pestañeo rápidamente al comprender que aquel pensamiento había podido salir de ella, como él le anunciara antes. La línea que formaba la sonrisa de él, se marcó un poco más.
- ¿Dónde dormiremos? – continuó preguntando, sin saber si en realidad aquello tenía la menor importancia.
- ¿Vendrás?...- interrogó él, sin responder su última pregunta.
Kagome, se quedó en silencio por un momento. Analizando al hombre que tenía delante. Sabía que lanzarse de esa forma, al vacío que significaba la aventura que él le estaba proponiendo, era una locura. Sin embargo, lo ansiaba. Sentía como su corazón latía vertiginoso en su pecho. Como la sangre avanzaba en una carrera hormigueante por sus venas. Como su razón le gritaba que se olvidara de la idea. Pero había algo más fuerte que las cadenas que la aferraban a la "realidad", que le pedía que fuera valiente, que le diera una oportunidad a un destino que parecía equivocado, pero que podía ser el correcto para ella. Entre abrió los labios y dejó entrar el aire que le secaba la boca. Las personas circulaban a su alrededor, pero ella ya no distingía ni sus rostros, ni los colores de sus ropas. Ni siquiera los sonidos de los automóviles, que en otras ocasiones le parecían atronantes, eran capaces de evadirla de la presencia de InuYasha. Dejó que su lengua humedeciera sus labios, lentamente, como si estuviera saboreando las palabras que saldrían de su boca. Quizás él ya las había adivinado. Pero no le importó en ese momento, quería disfrutar de su decisión. Por que por reversado que pareciera, por primera vez, se sentía segura de lo que iba a hacer.
- Sí… iré.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Se encontraban en el cruce de varias carreteras. Kagome estaba sentada sobre una piedra, con algunas hojas desprendidas de un directorio telefónico, que componían el su guía. InuYasha de pie junto a ella, con el ceño fruncido. Intentando que el sonido de los vehículos que pasaban a escasos metros de ellos, no le molestara demasiado. La sobra de un árbol bajo, y quizás demasiado pequeño, para cubrirlos a los dos, era el cobijo que había encontrado Kagome, a este inusual día de calor, al menos para esta estación del año precisamente.
El bolso que ella usaba regularmente. Amenazaba más que nunca, con reventar sus costuras. Hasta los bolsillos externos dejaban asomar unas velas que Kagome había introducido en ellos a último momento, intentando prevenir, alguna de las muchas necesidades que presumía iban a tener. InuYasha vestía con las ropas que Kagome le facilitara, y como único accesorio, colgando del hombro, una manta enrollada y atada con una cuerda algo rústica.
Kagome observó a InuYasha, que miraba de un lado a otro, primero el sol, luego el horizonte, el lugar por donde debería esconderse cuando anocheciera. Estaba muy serio, sus facciones endurecidas. El rostro alzado. Los brazos cruzados sobre el pecho. Ella comparó aquella mirada temible, con la que le había dado a Urasue, cuando los descubrió bajando del cuarto de Kagome, dispuestos a marcharse.
- Te he dicho, chiquilla, que no puedes recibir visitantes – le advertía con la voz arrastrada la anciana, mientras que avanzaba apoyada en su bastón, hacia Kagome.
- Ha sido solo un momento… - intentó responder, pero la mujer, con sus ojos fijos en ella, arrugó el ceño y agregó.
- ¿Dónde vas con ese bolso?... ¿piensas marcharte? – la voz de la mujer era emitida en un tono muy bajo, pero profundo, marcando cada sílaba como si la estuviera condenando por algo.
- Solo me ausentaré unos días – Intentaba nuevamente explicarse. Sus dedos jugaban con la correa que sostenía su bolso. Tragó saliva con dificultad. No estaba muy segura, por que esta mujer la hacía sentirse tan desválida.
InuYasha observaba la situación. La mujer avanzaba hacía ellos, ignorándolo casi del todo, y podía percibir la forma en que Kagome se alteraba, a cada paso que daba la anciana. Los latidos de su corazón eran cada vez más fuertes. Sus pensamientos de temor le llegaban a él, y aunque la mujer vieja que tenían en frente, avanzando con sus pies casi a rastras, no lograba leerlos, sí presentía el temoren la muchacha. Y ese mismo temor estaba alimentando el enojo y la fortaleza de la anciana.
- Ella retornará dentro de unos días – Sentenció InuYasha. Urasue no lo miró, ni incluso en ese momento.
-¿Quién pagará tu habitación? – continuó preguntando Urasue, mientras que extendía su mano libre hacia la que mantenía el estuche del violín – Me quedaré con esto.- agregó, tomando la manilla de la maleta del violín, tirando de ella con claras intenciones de arrebatársela a su dueña. Kagome tiró instintivamente en dirección contraria.
Una tercera mano entró en el conflicto. La de InuYasha que apoyando el movimiento de Kagome, tomó a la muchacha de la muñeca y tiró con ella, arrebatándole del todo, el estuche a Urasue, que solo entonces lo miró, con los ojos empequeñecidos por el enojo, con la intención de intimidarlo a él, tal como hacía con la muchacha. Kagome pudo notar, como la expresión de la anciana, cambiaba, del enojo, a la sumisión. Mientras que InuYasha, sin despegar la mirada de ella, le hablaba lentamente.
- Ella volverá dentro de unos días…- la anciana asentía levemente. – y encontrará todo en su sitio – la mujer continuaba moviendo suavemente la cabeza, en un gesto afirmativo - ¿entendido? – preguntó finalmente, manteniendo aquel tono lento y firme.
´
- Entendido – repitió la mujer.
Kagome se quedó casi tan embobada, observando como la anciana obedecía sin reclamo alguno. Luego, el calor de la mano de InuYasha que apoyada en su espalda la empujaba hacia la puerta.
Desde entonces, habían pasado ya un par de horas. Kagome se habia empeñado en que él la siguiera, por que:
- ¿Quién ha vívido en este presente? – le había argumentado.
Y de alguna manera InuYasha se había sentido en la obligación de darle cierto credito, ya que después de todo era conciente de que estaba arrastrándola a una aventura, en la que ella se vería enfrentada a más realidades de las que él era capaz de confesar ahora.
Luego de inspeccionar el lugar, todo lo que su vista le permitía. InuYasha se detuvo en ella. Ceñuda como se encontraba. Cubierta con la escasa sombra que le brindaba un árbol cercano. Sentada sobre una roca, atenta a las hojas que sostenía sobre su falda y trazando líneas con un lápiz cuya punta amenazaba con hacer un agujero en el oscuro papel, cada vez que ella la apoyaba. La escuchó expulsar el aire con fuerza, y pasarse el dorso de la mano que sostenía el lápiz por la frente, su ceño se cerró aún más. Y solo entonces él habló.
- ¿Hacía donde debemos de ir? – preguntó InuYasha. Con determinación. Agome alzó la mirada hacía él, cerrando un poco los ojos, como si la luz la dañara.
- Hacia el norte. – Indicó con el lápiz apuntando hacía su derecha. InuYasha se quedó mirando la dirección que ella indicaba. Y separando sus brazos que hasta entonces estuvieran cruzados ante su pecho.
- Hacia el norte – dijo, indicando hacía su izquierda. Lo que venía a ser el sitio contraro a que Kagome señalizara. Ella miró el brazo extendido de él y cayó en su error. Dobló las hojas que tuviera sobre su falda y las metió lo mejor que pudo en el bolsillo de su bolso. Se puso de pie.
- Bien… vamos – dijo casí como un anuncio.
InuYasha la miró y el gesto en su rostro, pasó de la total seriedad, a una sonrisa suave. A Kagome le pareció ver que sus ojos oscuros se iluminaban levemente, y algo parecido a unas líneas de expresión se marcaron junto a ellos. Pensó que al verlo reir abiertamente, aquella líneas seguramente se profundizarían, dándole un aspecto muy seductor. Se ruborizó al pensar en que él pudiera adivinar esa idea y de inmediato intento sostenerla dentro de sñi, como si fuera un tesoro preciado que no estaba dispuesta a compartir.
Love is a bird; she needs to fly
El amor es un pájaro que necesita volar.
Let all the hurt inside of you die
Deja que todas tus heridas interiores mueran.
You're frozen when your heart's not open
Estás congelado Cuando tu corazón no está abierto.
InuYasha se dio la vuelta y quedando de espaldas a ella. Le habló.
- Sube – la invitó, mientras que se inclinaba para darle acceso a ella, a su espalda. Kagome se quedó un momento perpleja, sin estar demasiado segura de lo que él le decía. Pero su voz volvió a escucharse, esta vez con insistencia. – sube.
- Sí…- dijo ella sin más, no demasiado convencida aún.
Miró a ambos lados de la carretera, y aunque pasaban automóviles, intentó no sentirse perturbada, se cruzó el bolso por el cuerpo, y recogiéndose un poco la falda, se acomodó sobre la espalda que él le ofrecía. Un pequeño gritillo, se le escapó, cuando sintió las manos de InuYasha, sosteniéndola desde la parte alta de sus muslos. Le subió el calor a las mejillas, dada la intimidad de aquella situación. Pero el aire que le bañó el rostro, casi de inmediato, la hizo olvidar la sensación de incomodidad.
Atrás quedaba el letrero que indicaba el cruce de las carreteras. Granollers, 11 Kilómetros. Su punto de partida. El lugar donde había vívido hasta ahora, y del que partía. El estaba corriendo con ella sobre su espalda, llevaba una velocidad considerable. Kagome llegó a pensar en que más, de la que un humano cualquiera podría conseguir, aún sin llevar peso extra, como lo hacía ahora él. Los arbustos pasaban por su lado, mientras que él iba haciéndose un camino entre ellos. Todavía habían muchas urbanizaciones alrededr, y ella no estaba muy segura de si alguien los vería correr a esa velocidad. Pero de momento era lo que menos le importaba. Se sentía atada al destino de este hombre. Y sin embargo libre.
- ¡Siiiii!...- la escuchó gritar tras su espalda. Y su corazón latió con fuerza ante la alegría que él mismo experimentaba por la de ella. Su mandibula se tensó entonces. El ya no podía volver a caer en la garras de una mujer. Su alma debía ser de hielo.
- Hielo… - murmuró.
You only see what your eyes want to see
Tu sólo ves lo que tus ojos quieren ver.
How can life be what you want it to be
¿Cómo puede la vida ser lo que tu quieras que sea?
You're frozen when your heart's not open
Estás congelado cuando tu corazón no está abierto.
If I could melt your heart
Si yo pudiera fundir tu corazón
Continuará…
Muchas gracias por esperarme unos días… lamento atrasarme.
Me gusta mucho como esta quedando la historia. La personalidad que van mostrando nuestros personajes. Espero que hayan podido digerir aquel pequeño recuerdo de nuestro Inu, con su antigua amada. Tranquilos, que en esta historia la mujer esta no vive y revive a diestra y siniestra. Aquí es un mero recuerdo. Aunque a veces tango la sensación de que los recuerdos son peores que nada, puchas que dañan a veces.
La canción, "Frozen", de Madonna. (sé de una a la que le va a gustar…jejej )No suelo escuchar mucha música de ella, digamos que no me inspira a la hora de escribir, pero esta canción tenía su cosa. Y bueno, ahí esta. Ya vamos haciendo la banda sonora de "Amado Inmortal"…jejej… se me hace gracioso.
Besitos a todos… muchas gracias a quienes me han dejado mensajitos, creo que voy algo atrasada escribiendo las respuestas. Pufff… perdón,… que más puedo decir, los días deberían tener más horas, o yo tengo muchas cosas que hacer. Una de dos.
Agradezco infinitamente su compañía. Me siento muy feliz cuando leo sus mensajes y lo mucho que les va gustando la historia. Alguna vez, una persona "dark vaider", como lo nombre alguna vez. Me dijo que perdía mi tiempo escribiendo, por que nadie me iba a pagar por hacerlo. El cariño que he recibido de ustedes, siempre ha sido una paga que ha llenado y rebozado mis arcas.
Besitos… y siempre en amor.
Anyara
