Stephanie Meyer es la creadora de los hermosos personajes, yo solo los he tomado prestado.
Summary: ¿Qué haces cuando tu vida perfecta se cae? Bella Swan tenía todo lo que quería pero al dejarla de la peor manera por su novio, todo cambia. Bella dejará de ser la niña dócil y linda que era.
Noveno capítulo.- Kate Denali
Edward's POV
Ni bien la vi, las ganas de ahorcarla volvieron. La detestaba con toda el alma, pero había algo que ella debía devolverme.
-Kate, que gusto de verte- le dije bajo sarcasmo. Ella hizo una mueca con su rostro.
-Querido, siempre es un placer verte… amorcito- tal vez los lentes oscuros que llevaba no dejaba que le viera el alma, pero no era necesario, la conocía demasiado bien.
-Mi vida, deja de odiarme, no va desaparecer todo lo vivido- había sido un estúpido al fijarme en un mujer tan fría y calculadora.
-Eres demasiado cruel- se sacó los lentes lentamente.
La mirada que me dio, me hizo recordar todo.
-Kate Denali, mucho gusto- me ofreció su mano tímidamente, la tomé sin dudarlo. Era hermosa de pies a cabeza. Tenía un vestido simple con una chaqueta negra a juego que la hacía ver como una groupie de rock.
-Edward Cullen- observó mi coche. Lo había chocado con su motocicleta.
-Discúlpame, el auto me pasó por delante, no vi el tuyo- su voz no era escandalosa, era suave… demasiado suave.
-No te preocupes, no ha sido nada- era mentira, había volado mi farol izquierdo y un pedazo de la ventana trasera.
-Dame el número de tu aseguradora, hablaré con ellos, para ver cuánto costará mi descuido- me sonrió por primera vez, tenía la sonrisa perfecta.
-En verdad, yo puedo arreglarlo, no te preocupes- no pareció muy convencida.
-Déjame recompensártelo de alguna forma, por favor- me suplicó.
-Invítame a cenar- sonrió avergonzada agachando la cabeza, eso hizo que su cabellera rubia se moviera hacia adelante.
-¿De verdad no deseas que pague los gastos?- negué varias veces.
-Bueno, entonces te invito a cenar, ¿puedes mañana?- asentí, iba a tener que cancelar mi noche de maratón de los Backyardigans pero iba a valer la pena.
-Tu elige el restaurante, mañana nos encontramos acá, 8 en punto, ¿te parece?-
-Me parece bien- no sé qué vio en mí, pero rió ligeramente.
De ahí todo fue cuesta arriba. Salimos millones de veces. Kate Denali era maravillosa, había crecido en Bélgica con sus primas y tíos ya que sus padres fallecieron cuando era pequeña; no hablaba mucho de su familia pero supuse que era por el dolor que le causaba. Llevaba viviendo en Londres poco tiempo por eso no conocía las calles.
Pasaron varias semanas, ella conoció a Alice y a Ella. No tenía demasiado tiempo disponible porque trabajaba en diferentes cosas pero eso no evitaba que diversas noches en la semana durmiéramos juntos en su pequeño departamento.
Reíamos demasiadas veces al día, la llamaba y conversábamos durante el almuerzo e inclusive una a las quinientas comíamos juntos.
La amaba, lo sentía. Fueron cuatro meses maravillosos, ella había hecho mi regreso a Londres, perfecto.
Hasta que un día decidí que no la quería ver una vez al día o conversar dos horas sino la quería tener conmigo para siempre. Esa rubia de ojos azules me había cautivado.
Un sábado saliendo de una obra de teatro que fuimos a ver, ella propuso ir a comer postres en un lugar que a ambos nos encantaba.
-¿Quieres que ordene por ti mientras vas al baño, Ed?- me preguntó, asentí. Necesitaba refrescarme, se lo iba a proponer ahí mismo, sería espontáneo. El anillo lo había sacado del lugar de donde lo guardaba.
Cuando regresé, me sonrió.
-Te he pedido un soufflé de lúcuma, están de temporada, sé que te va a encantar- la tomé de las manos y entrelacé nuestros dedos.
-Te amo- no era la primera vez que se lo decía. Ella se acercó a mi oído y me susurró –Yo también, eres lo mejor que me podía haber pasado- ese tipo de cosas me hacían amarla aún más.
-Kate Denali, ¿quieres pasar tu vida conmigo?- no me había arrodillado, simplemente se lo susurré. Su respiración se detuvo por un momento, pude sentirlo por la cercanía.
Sujetó mis dedos aún más fuertes. Por unos segundos dudé de que me fuera a decir que sí pero cuando posó su mirada en la mía, no tuve ninguna duda.
-Definitivamente- era el hombre más feliz de toda la tierra. Me casaría con ella. La amaría siempre.
Todavía no se lo había dicho a Alice porque ambos acordamos que pasaríamos por lo menos un par de días en nuestra propia burbuja.
Un día después, en la oficina me llegó una llamada.
-¿Estoy hablando con Edward Cullen?- era la voz de una mujer.
-Sí, ¿con quién tengo el gusto?- le pregunté tratando de sonar amable.
-Mi nombre es- hizo una pausa- Carmen Denali-.
-¿Es la tía de Kate?, mucho gusto en hablar con usted- comenté emocionado. Era el primer familiar de Kate a quien conocía.
-Efectivamente, señor Cullen, necesito hablar con usted, es urgente. Mire estaré en la ciudad solo por una noche- no entendía que pasaba en realidad.
-¿Podemos invitarla a comer señora? Kate estaría encantada, ella los extraña muchísimo- la mujer rió.
-Mire, lo espero en el restaurante que está al frente de su oficina, dentro de dos horas. Sea puntual, por favor- sin permitirme decir algo más, colgó.
Las dos horas de espera se me hicieron un siglo entero. No comprendía porque está mujer tenía tanta urgencia de hablar conmigo. Kate hablaba poco de ellos pero casi siempre hablaba con sus primas. Conocía de Irina y de Tanya, era como hermanas para ella.
¿Qué pasaba acá? Cuando revisé mi reloj faltaban dos minutos para la cita.
Bajé por el ascensor y llegué al restaurante.
Ya me esperaba ahí, se notaba que era refinada. Era una mujer mayor con una gabardina larga negra y con guantes.
-Siéntese- no sonreía, en realidad parecía preocupada de que alguien la viera.
-Señor Cullen, yo soy la tía de Kate- asentí.
-Ella necesita obtener la visa británica y lo está usando- negué. Demasiada información para una sola oración.
-Llevo dos años rastreándola como un miserable animal. No es huérfana, mi hermana está hospitalizada por problemas del corazón y mi cuñado es un hombre mayor que no se puede dar el lujo de tener más molestias por culpa de la niña que les tocó como hija. Ni bien usted firme el papel se va a condenar solo-
¿Qué mierda hablaba esta mujer? No era posible que hablara de Kate, esa arpía que describía no era mi prometida.
-Mire- sacó del bolso un sobre manila. Lo abrí con miedo. Eran certificados de nacimiento, de centros psiquiátricos de los que había escapado, fotos de ella en diferentes sitios.
-Su visa expira en tres meses más, le apuesto que le hablado de casarse en una ceremonia simple, con sus primas de testigo y su familia- asentí. Ella decía que era mejor así, no gastaríamos mucho y podríamos darnos el lujo de comprar un piso para ambos.
-Ella está enferma, totalmente enferma. Usted es el cuarto al que tengo que espantar, siempre que estoy a punto de atraparla y obligarla a entrar al centro de salud mental, se me escapa- esta mujer hablaba de cosas que no sabía, que no imaginaba si quiera.
-¡Usted está loca!- exclamé. Ella me miró furiosa.
-Usted no ha tenido que vivir las angustias que yo me he visto obligada a, agradezca jovencito, tome sus cosas y continúe viviendo con su hermana y su sobrina; así estará mejor-
-Iré al departamento, ella vendrá y negará todo- me miró con lástima.
-¿Crees que la encontrarás ahí?- preguntó sonriéndome falsamente –Ya debe saber que he llegado, hijo hazme caso. Tengo un hijo de tu edad, por favor, sé de lo que te estoy hablando- me levanté sin si quiera despedirme.
Saqué mi auto del estacionamiento y manejé hacia su departamento.
Entré y la escuché llorar. Corrió hacia a mí para abrazarme.
Estaba helada, levantó su mirada hacia mí.
-No le creas, Edward yo te amo, no le creas- me lo decía con tal desesperación que me hacía dudar. Luego estudié su mirada, los ojos los tenía rojos, la nariz también… incluso podía ver polvillo blanco por los orificios de su nariz.
Estaba consumiendo.
La alejé de mí. Corrí hacia la habitación que compartíamos, tomé mis cosas y salí. La encontré tirada en el mueble. Ahora lloraba.
-Edward, amor. Ellos me odian, yo hui porque necesitaba hacerlo- dijo un par de cosas más pero que no tenían coherencia.
Abrí la puerta y me fui sin mirar atrás.
-Dame el anillo que te di- No era el costo del anillo, sino el valor que tenía para mí. Había sido el anillo que mi padre le había dado a mi mamá como compromiso. Años atrás mi papá me lo había dado en un cumpleaños diciendo que algún día se lo daría a la mujer de mi vida. Definitivamente Kate Denali no era esa mujer.
-Dulzura, lo tengo en mi pent-house, honestamente- dijo levantando la palma de su mano pero su sonrisa hipócrita la delataba.
-No sé qué demonios habrá sido de tu vida desde que nos separamos, pero si en algún momento sentiste aprecio por mí, por favor devuélvemelo, tú más que nadie sabes lo que significaba- su mirada se llenó de culpabilidad. Había ganado.
-Mañana nos vemos acá, ¿te parece a las 6?- era un maldito déja vu.
-Ok, te espero- volví a cruzar la calle esperando ver a Bella pero ya no estaba. Había sido demasiado rudo con ella.
Llegué a la casa un poco más temprano de lo usual porque el trabajo que tenía pendiente se había cancelado.
-Edward, hola- me dijo Alice antes de darme un fuerte abrazo.
-Alice, muero de hambre. Dime por favor que has cocinado algo decente- me miró con una de sus sonrisas.
-Ya mandé a pedir- me dijo guiñándome el ojo. Bueno, tal vez era para mejor.
-¿Has visto mis acuarelas?- me preguntó regresando a la sala. Levantó varios cojines, abrió los cajones.
-No, me acuerdo que las tenías ante de ayer, fíjate en el cuarto de Ella- le dije como última opción. Ella había sacado el lado artístico de Alice.
Regresó con las acuarelas en la mano.
-Ya le he dicho que me pida permiso, no tengo problema alguno en compartirlas con ella- dijo dándome una sonrisa. –Voy a estar arriba pintando, no te olvides que hoy vas por Ella- reí. Yo siempre iba por Ella.
Empecé a trazar un par de plano que tenía pendiente. Hice un presupuesto muy a la ligera de mi siguiente proyecto. Cuando revisé la hora, era tiempo de ir por la bebé.
Conducir en Londres era un alivio para mi estrés. Mientras que en Holanda era todo un fastidio y en Estados Unidos era una total desgracia; Londres parecía haber sido hecho a mi medida.
Cuando vi el letrero de bienvenida al colegio respiré de alivio, el trayecto era demasiado largo.
Estacioné el auto y esperé un rato. Ella sabía que debía salir y venir directo al estacionamiento. Pasaron varios minutos y al ver que no tenía intención de venir tuve que bajar.
La entrada del colegio siempre estaba repleta de padres de familia. Odiaba estar entre tanta persona.
-Buenas tardes. Ella- le dije a quién sabía yo era su profesora de segundo grado. La señorita entró para llamarla, cuando Ella salió supe que algo andaba mal.
-¿Qué te pasó?- le pregunté cargándola. Tenía sus ojitos rojos.
-Me jalaron mis trenzas muy fuerte tío- iba a destrozar a quien le hubiera hecho eso. La profesora se acercó a mí con cara de preocupación.
-Señor Cullen, he hablado ya con los papás del niño, él ya le pidió disculpas- No es por nada pero la profesora no me caía en gracia y menos cuando hablaba porque habría demasiado la boca.
-¿Por qué le hizo eso?- Bien le dije yo a Alice que la ingresáramos a un colegio privado de niñas.
-Son cosas de niños, él está pasando por varios cambios radicales en su vida, y tiene esta cólera adentro señor Cullen- asentí. Lo entendía porque Ella había pasado eso, le costó bastante aceptar que su papá no sería siempre parte de su vida.
-Que no se vuelva a repetir por favor- tomé la mochila pequeña de Ella y salí con ella en brazos.
La bebé anduvo en silencio todo el rato hasta llegar a casa. Cuando entró, corrió directamente hacia su cuarto. Quería subir tras de ella pero sabía que no conseguiría nada.
Alice tendría que solucionar esto. Ella siempre sabe qué hacer en esos momentos, era como un instinto que empezó a desarrollarse ni bien la bebé estuvo en sus brazos por primera vez.
Mamá era concertista, mi papá arquitecto; nunca supe como lo hicieron funcionar pero eran increíblemente buenos en eso. Pero yo nunca sentí a mi madre tan cerca, ella no era la típica madre americana, en realidad era demasiado liberal y muy aventurera. Mi padre era un poco más como yo pero no paraba con nosotros. Naturalmente éramos solo Alice y yo.
Los extrañaba pero estaban contentos viviendo su vida sin miedos.
Yo debía hacerme cargo de Alice y de Ella, se lo había prometido a Jasper cuando se fue por primera vez. Alice tenía muchos miedos con respecto al trabajo de Jasper, si ambos compartíamos un mismo miedo era el de una puerta sonando a la mitad de la noche y que al otro lado una persona en traje nos dijera que Jasper había fallecido. Era un miedo constante y me dolía tan solo pensar en él.
Alice y Ella lo eran todo para mí, significaban la familia que siempre quise, significaban una estabilidad que nunca tuve y aunque a Alice le costaba, ambos sabíamos que esto era lo correcto para Ella.
-No va a salir en toda la maldita tarde, te apuesto que está dibujando- dijo Alice interrumpiendo mis pensamientos.
Asentí, iba a agregar algo pero mi teléfono sonó.
-Hola dulzura, cambié de opinión, aquí tengo el anillo, en mi mano literalmente. ¿Puedes venir ahorita donde quedamos?- Alice estaba concentrada en desembolsar la comida que había llegado así que no pudo ver mi rostro.
-Claro, te veo allá en media hora- colgué el teléfono, inmediatamente busqué mi billetera.
-Hey, ¿no almorzarás con nosotras?- negué. –Tengo algo pendiente, vengo en un par de horas- no le di más explicación y ni la miré a los ojos porque sabía que me descubriría.
Manejé como loco, cuando llegué la encontré parada en donde habíamos acordado. Llevaba puesto el mismo vestido del día en que nos conocimos, no traía la moto pero si el bolso y hasta el maquillaje.
Abrió su mano derecha dejando ver el anillo, lo tomé antes de que se arrepintiera.
-Lo siento Edward, en verdad lo hago. Vas a encontrar a alguien que te haga feliz- por algunos segundos la Kate real apareció pero la falsa la cubrió rápidamente.
Sonrió hipócritamente antes de darse la media vuelta e irse.
Ahí cerraba yo un capítulo más de mi vida.
Gracias por el apoyo chicas :)
