RENUNCIA: LOS PERSONAJES SON S. MEYER LA HISTORIA QUE ESTAS LEYENDO ES MÍA.
GRACIAS A MI BETA LAURI QUE ES GENIAL!
BPOV
-"yo tampoco…de hecho es la primera vez que lo hago" Sonrió, sus ojos volvieron a cambiar de color. Era extraño, tampoco me importo.
Salimos del cine tomados de mano, la noche estaba muy fría.
-"¿Te gustaría caminar?" – me preguntó.
No quería negarme pero ya bastantes riesgos había corrido en el cine además tenía mucho frío.
-"Yo bueno… tengo frío".
Su rostro decayó. No supe porque,¿acaso el no sentía el aire helado calándole los huesos?.
-"¿quieres regresar?".
Asentí. -"Te invito un té en mi casa ¿que dices?, no tendrás que colarte por la ventana o tirar la puerta abajo esta vez." Sonrío de lado.
-"Ok"
Era sensual sin proponérselo, todavía tenía dudas de él, me seguía preguntando por que sus ojos cambiaban de color, su piel era fría y dura, porque era tan sigiloso y agudo, a veces tenía la sensación de que era muy maduro para su edad.
Se comportaba como un caballero de los libros de Jane Austen, pero todo el cúmulo de incógnitas que giraban a su alrededor eran anuladas por el sentimiento de necesidad que tenía de él.
Lo quería cerca, a mi lado, todo el tiempo que me fuera posible. Haría lo que fuera por él, lo dejaría todo…
Me sentía egoísta, lo estaba arriesgando para ahorrarme el sufrimiento y la pena de no tenerlo, me estaba volviendo descuidada y dependiente, tampoco me importó.
El viaje a mi casa fue tranquilo el me tomó de la mano mientras manejaba, yo apoyé mi cabeza en su hombro y suspiré, era agradable.
Cuando llegamos, al aparcar, noté que las luces de la casa de la señora Stanley se encendieron. Me quedé dura en el asiento.
-"la señora Stanley, nos espía, me pone de los nervios, estoy harta de ella y sus cotilleos"- Esa mujer tenía suerte de que Forks fuera un lugar pequeño, si no me la hubiese cargado sin más.
-"Isabela tranquila, la noche es muy cerrada no me verá, te aseguro que no sabe de quien es el auto, es la primera vez que lo uso en Forks"
-"¿Estas seguro?"Dudé.
-"tanto como si pudiera leer su mente" Largó una carcajada que no entendí. Había algo raro en sus ojos, no mentía.
-"de ser así sabrías todos los chismes del pueblo"- se encogió de hombros y sonrío afable.
-"bajemos"
Bajo del auto, abrió mi puerta y me ayudó a bajar, sonreía para si mismo. No me extrañó, él era peculiar.
Entramos a la casa, no sabía bien que hacer, ciertamente no estaba lista para tener relaciones con él, no porque no lo deseara de esa manera, simplemente no estaba lista aún.
Mi corazón latía rápido, estaba nerviosa.
Recorrió la sala con la vista, estaba inquieto, le indiqué con la mano el sillón para que me esperase mientras yo iba a la cocina a preparar té para los dos. Cuando regresé a la sala, estaba analizando mi violín.
-"¿También eres luthier?" Se sorprendió. Dejo el instrumento en el estuche, levantó la vista y sus ojos me traspasaron. Su mirada era intensa y cálida.
-"Tu violín es casi tan exquisito, único e invaluable como tú" Me quedé pasmada ante semejante comentario. El era mi perdición.
-"me preguntaba si te gustaría que tocáramos juntos, como un dúo" Su pregunta me tomó con la guardia baja. Dudé, sería interesante.
Estaba intrigada nunca lo había oído tocar el piano. Le entregué su taza y nos sentamos en el sillón. Tomo el té y sus facciones se contrajeron hastiadas, mis habilidades culinarias no iban a mejorar nunca.
-"Me atrae la idea, pero está el problema del lugar" Me miró como si le estuviera diciendo una tontería.
-"Mi casa sería el lugar, no hay manera que mueva mi piano de su sitio, tú en cambio puedes llevar el violín al lugar que quieras" Me quedé pasmada. Su casa con su familia, sus padres. Negué con la cabeza.
-"No, no lo haré" dije cortante y di unos sorbitos a mi taza.
-"¿a que le temes?"Indagó
-"¿es broma? tus padres y hermanos estarán allí, moriría de vergüenza, además está el detalle que doy clases en el Instituto donde tus hermanos y tu concurren…" Reía divertido.
Me llegué a plantear si era yo la que estaba equivocada, pero no, aún en los tiempos que corren que un alumno y su profesora tengan una cita, o lo que fuera que sea lo que estábamos haciendo, era razón suficiente para ser despedida o me quitaran el titulo, podría conseguir uno nuevo, pero sería dificultoso obtener otro puesto en la preparatoria con ese antecedente. Era un lujo que no podía darme.
Mientras pensaba en la manera de reafirmar mi negativa di un sorbo grande a mi té antes de que se enfríe.
-"Todos ellos saben de mis intenciones contigo" me atoré con la infusión y comencé a toser, me sentí sofocada, hundida en el mar de la vergüenza. Pasé saliva sonoramente.
¡Rayos!
-"además no deberías preocuparte somos extremadamente discretos y casi no socializamos". Eso era verdad. De todos los comentarios que había escuchado de la familia Cullen, todos confluían en que eran extremadamente reservados.
-"Hay algo que tal vez no sepas de mi familia…"
-"¿Hay más?" Me preparé para una confesión sobre adicciones o desordenes alimenticios, rivalidades fraternales, problemas legales con las adopciones. Sonrió, se aclaró la garganta.
-"¿sabes? Mis hermanos están juntos…" me quedé boquiabierta. No era lo que esperaba, no podía salir del asombro.
-"¿juntos?,"Inquirí ceñuda. Mientras terminaba mi té.
-"Bueno… mmm… verás, Jasper y Alice son pareja así como Emmet y Rosalie. Llevan juntos casi el mismo tiempo." Me volví a atorar con el té, esta vez él muy delicadamente golpeó mi espalda. Ciertamente esta familia era muy diferente.
-"continúa" le insté, mientras me secaba las lagrimas producidas por el atragantamiento.
-"Jasper y Rosalie son mellizos, hijos de una hermana de mi madre, mis padres los acogieron al morir los suyos, Emmet, Alice y yo no tenemos relación de sangre entre nosotros"
-"¿porque todos tiene los ojos del mismo color?"Mi pregunta lo desconcertó.
-"coincidencia por la dieta que llevamos" Era verdad sus ojos no se alteraron.
-"¿Qué dicen tus padres de estas dos relaciones?"Sonrío divertido.
-"Ellos solo quieren nuestra felicidad"
Me armé de valor, sopesé la idea. Ya había roto un par de reglas, una más no haría mucha diferencia.
-"Acepto" - Su cara se iluminó.
Me acomodé en el sillón a su lado, él me acunó suavemente en sus brazos. Apoyé mi cabeza en su pecho buscando el sonido de su corazón, latía tan lento y acompasado que no lo escuchaba, como si no hubiese uno.
Me extraño no sentir los huesos de su tórax, su pecho se sentía duro como una estatua, perfectamente tallado en los lugares justos. Para entonces había dejado de preguntarme porque su fisiología era tan peculiar, tan diferente.
Me gustaba sentirlo cerca, era reconfortante, eso era lo que realmente me importaba, él y yo. Con esa idea me quedé dormida…
Sentía la cara fría, su olor en mi nariz y la cadencia de una respiración bajo mi cuerpo. Se había quedado.
Abrí los ojos de golpe, mi corazón se aceleró…
-"¿Qué haces aquí?"- su rostro se descompuso.
-"Pensé que era bienvenido" me dijo con tono monocorde.
-"No, por supuesto que lo eres…pero tus padres…deben estar preocupados…yo …bueno…" Las palabras me salían a borbotones .No sabía que decir, estaba muy nerviosa. El rompió en carcajadas.
-"ellos saben que pasé la noche aquí"-
Tragué grueso.
-"¿Qué?" Estaba roja, me levanté del sillón de un salto y comencé a pasar las manos por mi cabello.
-"Cálmate Isabela, de hecho están más tranquilos ahora que saben que estoy dentro de la casa" Me detuve en seco y lo mire sin entender.
-"ellos saben de tus actividades de acechador" - sus risas llenaron la sala.
-"¡claro que si!, en mi casa suelo usar la puerta para salir ¿sabes? Entrar por las ventanas a hurtadillas es un hábito nuevo".
Ya no tenia dudas acerca de la manera en que el doctor y su esposa afrontaban que uno de sus hijos pasara las noches acechando a una profesora o la forma que sobrellevaban las relaciones de sus hijos. Esto era demasiado, su familia había puesto mi capacidad de asombro al tope.
Me resigné a esperar lo inesperado de estas particulares personas.
Su historia parecía fabricada, pero era muy compleja para recordarla completa, yo lo sabía, mentía a diario para sobrevivir.
Miré mi reloj eran las 7.3 de la mañana tenia años de no dormir tantas horas, para ser exactos desde que entré al negocio familiar.
Miré por la ventana y la señora Stanley estaba regando las plantas ¡en Forks! que llueve casi a diario! esta mujer estaba en mi lista, era tan obvia haría mi trabajo por placer con ella, me estaba enfermando.
Removí las ideas de mi mente, pero no podía negar que sería interesante, aunque más no sea para darle un buen susto.
-"la señora Stanley esta regando" Inquirí con la ceja levantada.
-"si bueno tu visitante la tiene intrigada" me dijo como quien no quiere la cosa.
-"Edward, ¿no vas a clases hoy?" Se recostó en el sofá, cruzo sus piernas, las colgó en el apoyabrazos y me miraba atentamente.
-"sí, de hecho debo ir a dejar mi auto en casa. Estoy esperando que la señora Stanley salga a hacer las compras, pero parece demasiado interesada en conocer al propietario del auto negro aparcado fuera, ¿acaso tú sabes quien visita a la profesora Swan? Ella muere por saberlo"- Su sonrisa era pícara como cuando un niño hace una travesura. Era el descaro personificado.
-"¿Entonces, que haremos?"Le dije. Seguía riendo como si nada.
-"Tú irás a dar clases y yo hago novillos hasta que pueda escapar de tu vecina acechadora" - Asentí.
-"Siéntete como en tu casa" Con eso subí las escaleras, cambié mi ropa y tomé los libros para las clases. No tenía idea de que dar, improvisaría. Cuando estuve lista bajé las escaleras, él seguía en el sofá.
-"ella es insistente ¿verdad?" - Pregunté mirando por la ventana.
-"¡No sabes hasta que punto!, tu visitante sería una buena charla para la fila del supermercado o la peluquería, todavía no lo decidió." - Su seguridad me dejó perpleja. Solo asentí, me había resignado a no tratar de analizar sus palabras puesto que no me interesaba estudiarlo más, él era mío y para mí. Lo demás eran insignificancias.
-"Suerte entonces. Nos vemos luego"
-"No me perdería tu clase por nada." - En un rápido movimiento acortó la distancia entre nosotros y me besó suavemente, por momentos parecía que tenía miedo de lastimarme con solo tocarme, como si eso fuera posible.
Sus movimientos eran suaves, contenidos. Sus labios eran dulces y frescos. El sabor de su lengua era sensacional, se movía con la mía buscando su propio tiempo.
Lentamente se fue separando, sus ojos otra vez estaban negros como la noche, aunque su rostro no se veía tan mal como en el cine. Mi cabeza daba vueltas y el corazón se me iba a salir del pecho por lo fuerte que martillaba contra las costillas.
Me abrazó tiernamente y besó el tope de mi frente. Hundí mi cara en su pecho, para llevarme su olor conmigo. Me dolía dejarlo. Era infantil y lo sabía.
Cuando me recuperé del impacto que el beso provocó en mi. Tome mi anorak y salí de la casa. Me despedí desde la puerta con la mano, él estaba otra vez en el sillón completamente resignado a la espera.
Al salir, sentí los ojos de la señora Stanley en mi nuca, me di vuelta para que sepa que la había notado, ella bajo la vista.
-"Buenos días" La presioné. Solo asintió con la cabeza. Espero que disfrutes la decepción. Pensé para mí.
Las primeras clases fueron lentas había decidido que la tarea sería la misma para todos puesto que no tenía muchas ganas de pensar. Debían elegir una canción de un autor latino y pasarla al inglés. La tarea sería revisada y corregida en clase.
Fue una desgracia quise golpear mi cabeza contra la pared por haber escogido esa tarea, las canciones eran horribles y las traducciones lastimosas.
Me preparé mentalmente para la última clase, era la que asistía Edward.
Llegué al salón traté de comportarme natural, el ocupaba su lugar de siempre. Firmé los registros de asistencias y encomendé la tarea, en ningún momento levanté la vista, sentía sus ojos fijos en mi.
La clase trascurrió sin sobresaltos me animé a mirarlo unas veces pero se lo veía concentrado. Fué el primero en terminar. Se levantó del pupitre y dejó su trabajo sobre mi escritorio, sin mirarme, volvió a sentarse y sonreía para si mismo.
Muy disimuladamente tomé el trabajo y comencé a leerlo. Mientras recibía poco a poco todos los demás.
PROHIBIDO NUESTRO AMOR
Qué hablen te lo juro me importa poco si me puedo ver en tus ojos en tu mirada.
Por qué te amo y se bien que no será en vano, por qué te amo mi vida pongo en tus manos.
Prohibido nuestro amor, y qué?
Los dos sabemos el por qué
Los sueños qué vivimos pueden más qué lo qué digan todos los demás
Prohibido esta pasión y qué?
Los van a lapidar y qué?
Peor es no saber tener por un amor en carne viva el corazón.
Prohibido nuestro amor y qué?
Los dos sabemos el porqué
Los sueños qué vivimos pueden más qué lo qué digan todos los demás
Prohibida esta pasión y qué?
Los van a lapidar y qué?
Peor es no saber tener por un amor en carne viva el corazón
Qué hablen te lo juro me importa poco si me puedo ver en tus ojos;
En tu mirada
Por qué te amo y se bien qué no será en vano
Por qué te amo mi vida pongo en tus manos
Prohibido este amor y qué?
Los dos sabemos el por qué
los sueños que vivimos pueden más
qué lo qué digan todos los demás
Prohibida esta pasión y qué?
Los van a lapidar y qué?
Peor es no saber tener por un amor en carne viva al corazón
Estaba sin aliento, levanté la vista y sus ojos me quemaban. Por primera vez en mi vida me sentí querida, estaba feliz, nunca supe de que iba el sentimiento de felicidad pero estaba segura que se parecía mucho a lo que estaba experimentando.
Tenía que calmarme me iba a poner en evidencia frente al salón.
Tomé aire deje su trabajo entre mis libros para que nadie más lo vea. Me distraje corrigiendo todos los otros desastres, eso me tranquilizó.
La clase llego a su fin, recogí mis cosas y salí sin mirar atrás, pasé por la sala de profesores a dejar el registro y el justificante de los días que me retiré y el que no asistí a trabajar, el profesor de matemáticas que recordé como George se acercó.
-"Profesora Swan". Volví mi vista hacia él
-"Si?, George ¿verdad?" Asintió.
-"Solo quería preguntarle si su amigo la había encontrado". Me paralicé, todos mis sentidos se pusieron alertas. La profesora de español dejo paso a la asesina entrenada.
-"No, ¿dejó algún recado?" Negó con la cabeza.
-"solo quería saber donde vivía, pero nosotros no teníamos idea, además es norma del instituto no dar información de los profesores"
-"Seguro un amigo de Seattle" Mentí, me lancé necesitaba datos.
-"seguro fuese Michael, era rubio y bajito ¿verdad?"Negó.
-"Era alto, de cabello negro y llevaba gafas oscuras" La confirmación de todos mis miedos había llegado, me habían encontrado tendría que correr…
-"Esta bien, seguro dará conmigo Forks es un lugar pequeño".Sonreí amargamente. La realidad de mis propias palabras, hacía eco en mi mente.
Me despedí de George, con un beso en la mejilla que lo sorprendió, mientras me hacía con las llaves de su auto sin que lo nótase.
Salí al estacionamiento, contaba con que el no conociera mi aspecto, pero para estas alturas no lo sabía.
Me subí al auto de George y comencé la carrera el Audi estaba listo para salir solo tendría que buscar el violín y la laptop, no los iba a dejar.
Dejar a Edward era demasiado ya, no quería dejar nada más. Pensar en él me haría flaquear pero su seguridad estaba primero no lo arrastraría conmigo a una vida como la que llevaba antes de conocerlo, él tenía un futuro brillante, era joven, se olvidaría de mi, aunque yo no podía asegurar que en algún momento me olvidaría de él.
Cuando estaba próxima a llegar a la casa aparque el auto al costado de la carretera y tiré las llaves dentro. Me metí por el bosque lindero a la propiedad.
Agradecía a Charly por el lugar que había escogido, me fuí por detrás de la casa destapé el auto y saqué de adentro de mi maletín unas gafas especiales con censores de calor me las puse, mientras me acercaba a la casa.
No había nadie dentro, me metí por la puerta de atrás y pegué mi cuerpo al piso. Si mi perseguidor contaba con la misma tecnología no serviría de mucho. Como pude tomé el violín, la laptop y salí pitando de allí.
Me subí al auto y aceleré tenía que dejar pistas debía sacar a mi seguidor del pueblo. Me detuve, cargué combustible y pagué con la tarjeta de crédito eso bastaría, lo seguiría haciendo hasta la frontera con Canadá.
No sabía bien que iba a hacer solo quería a mi perseguidor lejos de él, protegerlo se había convertido en mi prioridad, se lo debía. Mi egoísmo lo había puesto en riesgo, era algo irreversible pero podía tratar de contener los daños colaterales.
Solo me quedaba confiar en que habían enviado alguien acorde a mis cualidades, aunque hasta un chapucero o un principiante, podría seguir las pistas que había dejado.
Resignada a dejar atrás toda esperanza de volver a verlo, me concentre en mis planes…nada.
No lograba pensar con claridad ¡cuanto me había afectado!, su imagen se repetía en mi mente sin cesar. Detuve el auto a la vera de la carretera y lloré, hasta que sentí los ojos secos. No me arrepentía de lo que había vivido con él, pero me perseguía la idea de que tal vez hubiese arriesgado su vida, no me lo perdonaría.
Me sequé las lágrimas, sorbí mi nariz, arranque el motor del auto y puse música a todo volumen cuando los vidrios del auto comenzaron a vibrar al ritmo de AC DC y conforme el camino pasaba bajo los neumáticos, me tranquilicé, puesto que no podía formular planes no quería ningún pensamiento en mi mente. La música estridente atontaba mis sentidos, pero el auto era ágil y rápido.
Llegue a la frontera con Canadá, estaba cansada era de noche no iba a quedarme en ningún lugar. Aparqué afuera de un hotel de segunda decidida a tomar un descanso...
El ruido de un motor me despertó, volví mi vista, la noche y la nieve no me dejaban ver, tomé mis binoculares infrarrojos y lo vi. El paso firme, un caminar desgarbado, un gorro de béisbol un arma con silenciador asomaba bajo una fea chaqueta, era él venía por mi.
Le di arranque al motor, no respondió ¡mierda!, eso llamo su atención se volvió hacia mi auto. Tomé mi arma y me preparé para enfrentarlo…
Gracias por las alertas, review y comentarios que son el combustible del motor de esta historia. Dejen un review y reciben un adelanto del próximo capítulo. Que se publicará el sábado 19 de marzo.
