Buenas e insomnes noches (véase a una chica con pelos de loca y unas ojeras que le llegan hasta el suelo, pero sin una pizca de sueño).

Como siempre, gracias a CallMeStrange, Ariadna Simonds, Mery Vedder, AnnaGreen, Testudine Black, laina.1994, Julietaa, damcastillo y ANYABLACK por los reviews del capítulo anterior.

Y en respuesta a ANYABLACK (¿Se te rompieron las mayúsculas o algo? LOL): Ay, Teddy y Vic... Ay, ay, ay... ay. No diré más (en realidad no he dicho nada... tengo futuro como política).


Sabor a droga

Sin ti, sería silencio.
Sin ti, se muere mi voz.
Sin ti, tiritan de frío
los sueños de cada canción.

Mägo de Oz-Sin ti, sería silencio

Ya son más de las ocho de la tarde.

Y James está a punto de matar a Elijah.

No está con él; de hecho, ese es el principal motivo por el que tiene instintos homicidas hacia la misma persona a la que generalmente intenta apartar del mundo para tenerla sólo para él. Y ya lleva cuatro horas de retraso.

James le da una patada a la cómoda del pasillo, enfadado. No es justo. Bueno, quizá en parte sí. Él dejó tirado a Elijah hace unas semanas, cuando se quedó cuidando de Louis mientras su primo estaba drogado; es lógico que él quiera vengarse de alguna forma. Pero por otro lado, Elijah no es muy amigo de las revanchas, y además nunca ha llegado ni un minuto tarde a sus citas con él.

La puerta del dormitorio de Louis se abre y su primo asoma la cabeza por ella. Tiene bastante mal aspecto, está pálido y demacrado. James lo compadece un poco; supone que debe de estar pasándolo mal resistiendo las ganas de meterse más heroína en el cuerpo. Aunque, por otro lado, el hecho de que esté así es la prueba de que no la está tocando, algo que hace que se sienta orgulloso de Louisie.

-James, me duele la cabeza-anuncia con fastidio-. ¿Se puede saber a qué narices le has pegado?

-A la cómoda-responde él-. Es que Elijah debería haber llegado hace unas cuatro horas, está empezando a preocuparme.

-A lo mejor se ha ido con otro-sugiere su primo. Parece que la idea no le desagrada mucho, porque su rostro cansado esboza una sonrisa. James responde con un gruñido.

-Igual le ha surgido algo, ¿no?-pregunta, deseando una respuesta afirmativa por parte de su primo. Sin embargo, Louis se encoge de hombros.

-Puede. Creo que voy a dormir-declara, entrando de nuevo en su cuarto-. No des más patadas a nada, por favor-le pide antes de cerrar la puerta.

James suspira. Se dice que ya ha esperado bastante: si Elijah no acude a su cita, lo buscará él. De modo que sale del piso con mucho cuidado para no molestar a Louis y se esfuma con un estampido.

Se aparece frente a la casa donde vive Elijah con su madre y con Thomas. Se pregunta entonces si el padre de su novio habrá hablado con él o algo así, y se estremece. Ese hombre no le gusta ni un pelo, aunque le haya asegurado a Elijah que no tiene nada de qué preocuparse; tenía que tranquilizarlo para que durmiera. Pocas cosas le gustan menos que verlo asustado.

Llama a la puerta. Mientras se muerde las uñas, escucha unos pasos apresurados en el interior de la casa. Unos segundos más tarde, se encuentra cara a cara con la madre de Elijah.

-Hola, James-lo saluda amablemente, aunque, como siempre, sin sonreír-. Pasa, pasa-James la sigue hasta el salón sin comentar nada y se sienta en el sofá, observándola expectante mientras se pregunta cómo exponer lo que ha venido a decir-. ¿Querías algo? Elijah se ha ido hace un buen rato, pero…

-¿Elijah no está aquí?-inquiere James-. ¿Dónde ha ido?

-Pues…-Emilia Barrow se muerde el labio-. No lo sé, ha salido hace ya bastante rato; de hecho, no lo he visto desde esta mañana. La verdad es que pensaba que estaría contigo, porque últimamente no suele salir con nadie más…

James suspira. En ese momento se oye el timbre de la casa. Emilia sale al recibidor a abrir la puerta. Unos segundos más tarde, ella y Thomas entran en el salón.

-Hola, James-lo saluda él, sonriendo. A diferencia de Emilia, Thomas sí sonríe mucho-. ¿Qué haces aquí?

-Ha venido a buscar a Elijah-responde Emilia por James-. Pero es obvio que él no está aquí. ¿Tú sabes dónde ha ido?

-Esta mañana me ha estado ayudando en la tienda-responde Thomas-, pero se ha ido a las dos o así, porque había quedado con James y tenía que ponerse decente, según palabras textuales-explica.

-¿Sí? Pues yo no lo he visto-murmura el joven.

Los tres se miran. Entonces Emilia se muerde el labio y se dirige a su marido:

-¿Tú no habías quedado para hablar con John?

-Ésa es otra, el muy idiota…

-¡Thomas!

-… El muy idiota-repite con firmeza Thomas, dejando bien claro lo que opina del ex marido de su esposa-no se ha presentado.

-Bueno, no saquemos conclusiones precipitadas-dice Emilia, aunque sus ojos brillan con preocupación, y también con algo de sospecha-. James, ¿a ti se te ocurre algún lugar donde pueda haber ido?

James se muerde el labio.

-Le gusta ir a pasear a las calles de tiendas que hay alrededor de Piccadilly Gardens-comenta-. Y también ver libros muggles en Arndale's.

-Bien, vamos a buscarlo-propone Thomas.

James se pregunta qué bicho le habrá picado a Elijah para desaparecer sin dejar rastro. Sólo espera que no se llame John Anderson.


Pese a que había decidido quedarse en casa para resistir la tentación, porque está llegando a un punto en que la angustia es tal que cree que va a volverse loco, unos minutos después de que James se vaya a cantarle las cuarenta a Elijah Anderson, Louis decide salir un poco. Está convencido de que no va a acercarse al grupo, sólo quiere… quiere… despejarse.

(En el fondo, sabe que Louis su cuerpo le está dando una pobre excusa para lograr lo que quiere)

Se muerde el labio mientras se viste con lo primero que encuentra. Sale del piso y echa a andar, siguiendo un camino que, aunque pretenda seguir engañando a su conciencia, lo está llevando derechito y sin torcerse hacia esa oscura plaza de Manchester sin nombre y llena de droga y decadencia.

Ve al grupo en el banco. Todos están más o menos igual: Leanne, con su edad contradictoria; el Agujas, jugando con una jeringuilla, y Manoslargas e Inés, mirando al suelo. Afortunadamente para su integridad física (porque Louis está lejos de olvidar que en gran parte fue su culpa que él estuviera al borde de la muerte), Gendry brilla por su ausencia. Louis se acerca con vacilación, y carraspea un poco cuando está a unos metros de ellos.

Inmediatamente, todos lo miran. Entonces el rubio se percata de que Leanne está llorando.

Es la primera vez que la ve llorar. Tiene una curiosa belleza cuando las lágrimas bajan por su cara, porque los sollozos le devuelven parte del rubor que la heroína le ha quitado. Sus ojos, saltones en su rostro cerúleo, brillan llenos de dolor, y está abrazada a sí misma, hipando temblorosa.

Louis se siente tentado de preguntar qué le ha pasado para estar así, porque está claro que debe de haber sido algo muy gordo (porque Leanne es fuerte), pero es Inés la que se lo dice:

-Ha perdido al bebé-explica en voz baja.

-Sé que dije que no lo quería-solloza Leanne-, pero no tengo dinero para abortar, y además, ya lo había aceptado-suelta un violento hipido-. Había prometido a mi hermano que dejaría de pincharme, trabajaría y haría que el bebé estuviera orgulloso de su madre, que no… no evitaría hablar de mí como hacen todos. Pero… pero…

Inés se acerca a ella y la abraza con fuerza. Ni Louis, ni Manoslargas ni el Agujas saben qué hacer. Manoslargas simplemente le da torpes palmaditas en la espalda, con la confusión y la tristeza pintadas en el rostro. El Agujas juega con su jeringuilla como si fuera el objeto más interesante del Universo, intentando así que el dolor de Leanne no lo alcance.

Louis se muerde el labio. Siente que debe decir algo, pero no sabe el qué. En ese momento, el mono se ha ido a otra parte, lo ha expulsado la tristeza que le ha causado la noticia del aborto de Leanne.

-Bueno-dice entonces el Agujas, cuando considera que ya no puede evadirse más de la pena ajena-. Manoslargas, ¿tienes algo para distraernos?

Él saca una bolsita llena de algo blanco del bolsillo.

-Invito yo-decide-. ¿Quieres, niño pijo?-invita a Louis.

El joven aprieta los puños, mientras la tentación regresa elevada a su máximo exponente. Sabe que como lo haga mandará al traste todo lo conseguido en una semana de esfuerzo y sufrimiento, pero por otra parte… esta vez es menos que las otras, va a compartirlo con el resto. No puede ser… muy malo, ¿no? No va a pasarle nada, no va a acabar en el hospital como la otra vez… además, esta vez también van a pincharse los demás, así que no cree que la droga esté adulterada ni nada por el estilo…

-Vale.

Diez minutos más tarde, ninguno de los cinco sabe exactamente dónde o con quién está. Louis siente que todo el malestar que lo ha invadido durante la semana se va, aunque lo sustituye una intensa sensación de culpa. No puede ni siquiera intentar convencerse de que no se va a repetir; sabe que no va a cumplirlo. Y se siente miserable por ello, y también porque es consciente de que ya no va a intentarlo por ese motivo.

Es inútil, piensa. No importa cuánto lo intente, basta que lo pruebe un poco para que caiga de nuevo. No servirá para nada.

Tras varios minutos, cuando la heroína deja de remover cada célula de su cuerpo y se apacigua un poco, Louis se despide del resto. Leanne ya no llora, tiene la mirada perdida, quizá imaginándose cómo hubiera sido la vida que ha perdido. Manoslargas y el Agujas tienen las cabezas apoyadas en el hombro del otro, con la vista fija en el infinito. Por su parte, Inés está observando el cielo con una sonrisa tonta en el rostro propia de una chiquilla enamorada. Sólo que Inés, con sus quince años y sus padres que no saben cómo es en realidad, está demasiado lejos de ser una niña.

No le apetece aparecerse. Sabe que eso le marea cuando está drogado. De modo que echa a andar de vuelta al piso, pensando en todo lo que le ha pasado últimamente. La sobredosis, Leanne, el intento de dejarlo, el fracaso. La heroína corriendo por sus venas de nuevo. Julia Jordan.

A ella no le gustaría, reflexiona. Por algún extraño motivo, ese argumento es el único que Louis no logra rebatir por muchas razones que dé. Cuando se trata de ella, su conciencia habla más alto que su adicción, obligándolo a oírlo aunque no le guste lo que tiene que escuchar. Le grita que ella le salvó la vida una vez, y no tiene por qué volver a hacerlo, que le prometió que lo dejaría, que ella se quedó con él… que últimamente lo apoya incluso cuando sueña con la muerte de Noah.

-Louis.

Pese a que echa de menos hablar con ella, Louis no desea oírla. Ni verla. Y, sobre todo, detesta que ella lo vea en ese estado. Pero ya no hay nada que hacer, piensa cuando escucha su voz preocupada. Ella ya lo ha encontrado. Como la vez anterior, cuando ni él mismo sabía quién era. Cuando lo salvó de su propia estupidez.

La mira.

-Hola-se pregunta si le pasará desapercibido el hecho de que se tambalea un poco al caminar. Al ver la mirada que le dirige la muchacha, deduce que probablemente no.

-Lo has estado haciendo de nuevo-lo acusa.

-No.

Julia arquea las cejas.

-Ya, y yo me chupo el dedo-suspira-. Louis, me dijiste que ibas a dejarlo.

-Y lo estoy dejando-replica él a la defensiva-. Esta vez sólo…

-¿Sólo qué? ¿Sólo qué, Louis?-lo interrumpe la joven-. Esa mierda te está matando y tú eres demasiado idiota como para dejarlo, y no lo suficientemente sensato como para pedir ayuda, cuando sabes que la necesitas. Tú solo no puedes superarlo-se muerde el labio-. Necesitas que alguien te eche una mano, y te niegas a entenderlo.

Louis se da cuenta entonces que sus ojos castaños están llorosos. Algo que no le gusta, en cualquier caso. Sabe que él tiene la culpa, y eso hace que se sienta mal. Da unos pasos vacilantes hacia ella. Por un momento, recuerda el sueño recurrente que lo acosa casi todas las noches y teme que Julia haga como Noah y retroceda, y él la pierda para siempre a ella también.

Sin embargo, la muchacha se queda quieta, observándolo con desafío.

-Julia, no llores.

-No estoy llorando-miente ella, mordiéndose el labio para reprimir un puchero-. Yo sólo estoy… estoy…-entonces una lágrima escapa de su ojo izquierdo y baja por su mejilla hasta quedar colgando de su barbilla-. Estoy llorando-admite finalmente.

-Por mi culpa.

-No-Julia respira hondo y parpadea para evitar que más lágrimas escapen de sus ojos-. Es por mí. Soy idiota-al ver que Louis la mira inquisitivamente, aclara-: No soy ni tu madre, ni tu hermana, ni tu amiga… apenas nos conocemos, puedo contar con los dedos las veces que hemos hablado… y aquí estoy echándote sermones, como si fueras a escucharlos.

Louis quiere decirle que aunque no sea ni su madre ni su hermana ni su amiga, sí tiene derecho a echarle la bronca y sermonearle por estar matándose él solo, y que aunque hayan hablado pocas veces a él le agrada conversar con ella, pero las palabras se congelan en su garganta, quizá por el recuerdo de Noah. No puede traicionarla de esa manera, no a Noah.

-Sí te escucho-le asegura-. Lo que pasa es que yo también soy idiota. Tienes razón en todo lo que dices, pero… no puedo.

Julia sacude la cabeza.

-Sí puedes, Louis. Todo el mundo puede hacer lo que se proponga. Con tiempo y esfuerzo, puedes conseguirlo.

-Me he esforzado-le asegura Louis-. Y no sirve para nada, porque he acabado igual que al principio, pero con la sensación de haber perdido una semana vomitando y tirándome del pelo. No funciona.

-Funcionará.

Y entonces Julia hace algo que él nunca se hubiera esperado. De un paso elimina el espacio que los separaba y junta sus labios, frescos y con sabor a menta, con los de él, resecos y con heridas después de habérselos mordido para tratar de controlar la ansiedad.

Y Louis no se aparta, pese a que una voz curiosamente parecida a la de Noah le reprocha su comportamiento y le asegura que nunca le perdonará lo que le está haciendo, la promesa que está traicionando con ese simple beso. Louis intenta decirle que no, que él no quiere traicionar a nadie, sólo seguir besando a Julia, pero Noah no atiende a razones. Le habla de tratos y de no saber mantener su palabra, y le da dolorosos golpecitos en las heridas que Louis tiene en los brazos de tanto pincharse, con lo que hace que las lágrimas bajen por sus mejillas.

Pero, aunque ese beso le duele, no quiere que se termine. No, porque, por primera vez desde el accidente que le quitó a Noah, se siente completamente vivo.


Como Vic supone que Teddy merece una explicación, cuando se tranquiliza un poco y logra disimular el rastro de lágrimas de sus mejillas se presenta en casa de Andrómeda.

-Está en su dormitorio-responde la anciana-. ¿Os habéis peleado, vosotros dos?

-No-miente Victoire. Sube hasta la habitación de Teddy y golpea la puerta tres veces-. ¿Se puede?

-Adelante-la joven entra en el dormitorio. Encuentra a Teddy sentado en su cama y observándola-. ¿Qué haces aquí? Creía que lo habías dicho todo.

Victoire suspira.

-Estaba cabreada-admite-. Pero no dije nada que fuera mentira-añade.

-O sea-resume Teddy con voz apagada-que hemos terminado.

Victoire asiente.

-No es por esa chica-le asegura-. Es porque ya no quieres estar conmigo. O al menos, da esa impresión-Teddy abre la boca, pero parece cambiar de idea y vuelve a cerrarla-. Supongo que será lo mejor, ¿no?

-Supongo-coincide Teddy en voz baja, mirando al suelo-. Vic.

-¿Qué?

-Podríamos estar… como antes-sugiere-. Éramos amigos, podemos seguir siéndolo.

Vic se encoge de hombros. La idea de mantener una amistad con Teddy Lupin no es la que más le atrae precisamente.

-Algún día.

Teddy suspira, resignado.

-Algún día.


James está al borde de un ataque de nervios. Si antes quería matar a Elijah, ahora sólo quiere encontrarlo y asegurarse de que esté bien. Y luego… luego, matarlo de todos modos, por todo el temor que le está haciendo pasar.

No está en el parque. No está en el centro comercial. Ni en casa de Tiara, esa chica con la que se lleva tan bien.

No está por ningún lado.

Y James quiere morirse por ello. No llora porque es demasiado orgulloso, pero tiene mucho miedo por lo que pueda pasar. Si a Elijah le ocurriera algo, él simplemente iría detrás, porque lo necesita demasiado. Se podría decir que son como dos imanes: cuando uno se mueve, inevitablemente el otro cambia su posición para adaptarse.

Y ahora a James le falta un imán junto al que moverse, es sólo un pedazo de metal que no sabe dónde debe ir. Y la sensación no le gusta, no le gusta absolutamente nada.

Se muerde el labio, preguntándose qué le habrá pasado. Las alternativas no son muchas, por lo que casi desea que se haya enfadado con él por algún motivo desconocido que sólo él entiende y haya decidido descolgarse del mundo por un rato.

En el fondo, sabe que no es así.


Es ella la que corta el beso. Se separa de Louis, mirándolo con los ojos como platos, casi asustada por lo que acaba de hacer, y da dos pasos hacia atrás, provocando sin saberlo en él un pánico irracional a que caiga y lo deje.

-Louis… yo… Lo siento-se disculpa-. Es decir… Sé que tu novia… y además ahora estás… pensarás que me he aprovechado… Perdóname.

Louis va a replicar cuando algo plateado desciende del cielo, semejante a un relámpago, y se posa a unos metros de ellos mientras toma forma.

-"Elijah ha desaparecido"-entona el patronus con forma de lobo, con la voz preocupada y asustada de James Potter-. "Si lo ves, avísame"

El joven observa cómo la figura se desvanece en una neblina plateada, sin decir palabra. Entonces recuerda lo molesto que estaba James hace unas horas por el hecho de haberse quedado tirado, y comprende el miedo que desprende su voz al no saber dónde está su novio.

-¿Quién es Elijah?-pregunta Julia entonces, con curiosidad.

Louis la mira.

-El novio idiota de mi primo-responde-. Creo que ayudaré a buscarlo-decide-. Es decir, por mí que se pierda y que no vuelva, pero para James es importante y no creo que sea lo más adecuado no hacer nada.

-No puedes buscar a nadie-replica Julia-. Mírate. Ni siquiera puedes caminar como una persona normal.

Louis compone una sonrisa irónica.

-Tú has dicho que puedo hacer lo que me proponga.

Dicho esto, se desaparece de ese callejón vacío con un estampido, dejando a Julia confusa y sorprendida.


Notas de la autora: Piccadilly Gardens y Arndale's son lugares reales de Manchester. Piccadilly es un parque bastante bonito y grande, y Arndale's, un centro comercial muy cuco.

¿Un tomatazo a mí o a Julia? ¿O quizá a Louis? ¿Reviews?