Las piernas de Severus dolían. Sentía que el aire era insuficiente y su cabeza parecía a punto de explotar.

Lo sabía, lo sabía, ¡lo sabía! James Potter no era humano. James Potter era una bestia, un monstruo, un ser lleno de lujuria. Le daba asco. Y no solo eso, el odio que sentía hacia él era tan grande que su cuerpo ya no tenía cavidad para soportarlo. ¡¿Cómo se había atrevido a humillarlo de esa forma, después de lo que le hizo en el bosque?! ¡Potter quería matarlo! Severus estaba harto. ¡Harto! Tenía que ponerle un fin a eso. Pero, ¿cómo? ¿Cómo detendría al desgraciado de Potter? ¡Maldito el día en que su madre lo engendró! ¡Había creado a un demonio! ¡A un mal nacido! ¡A un lujurioso! A un… a un…¡a un desviado!

–¿Severus? – La voz de Lily se escuchaba muy lejana. Severus ya no sabía si estaba caminando o no. Todo su cuerpo dolía, pero había un dolor que era más fuerte aun. Un dolor que provenía de su fuero interno, el cual gritaba y Severus no sabía por qué.

–¡Severus! ¿Pero qué….? – Unas manos cálidas y delicadas lo tomaron por los hombros. Severus tardó en enfocar el rostro de su amiga.

–Lily…. – Susurró con dificultad. Apenas era capaz de comprender lo que estaba pasando. Su mente no dejaba de proyectar las escenas de cuando Potter le hizo tal barbaridad. ¡Por segunda vez!

–¿Qué te pasó Severus? ¿Por qué saliste de la enfermería? – Severus abrió la boca, intentó hablar pero no produjo sonido alguno. Observó como el rostro de su amiga se contraía en una mueca de preocupación. ¿Cómo iba a ser capaz de decirle a la pura de Lily lo que le había pasado? ¿Cómo podría explicarle que James Potter lo usaba como a un objeto sexual? ¿Cómo podría hablar de tal aberración? Y lo peor de todo: ¿Cómo podría decirle que tuvo una erección porque Potter lo había besado? Severus se sentía sucio, corrompido, ¡todo era culpa de James! Desde aquella vez en la que lo había besado en esa aula vacía, cuando Potter se masturbó frente a él. ¡¿En qué demonios estaba pensando aquel idiota?! ¡Y al día siguiente actuó como si nada! Solo jugaba con él; quería confundirlo, esa era la nueva manera de molestarlo. "Desgraciado mal nacido."

–¡Severus responde!

–Yo…. – Logró articular Severus con esfuerzo. Su voz estaba débil y ronca. Tenía que pensar rápido en una excusa que sonara convincente. Lily no tenía que saber de es. Los problemas que tenía con Potter tenía que arreglarlos con él y no involucrar a su amiga.

–¿Tú qué? ¿Alguien te hizo algo? – Severus fue demasiado lento. Lily tenía la respuesta antes de haber formulado la pregunta. – Fue Potter, ¿Verdad? – Severus no lo negó. No dijo nada, ni se movió. – ¿Qué te hizo? – Severus bajó la vista. Su respiración comenzó a calmarse un poco. El sabor de los labios de Potter seguía impregnado en su boca, aún podía saborear la sangre. Tenía que eliminarlos.

–Nada. Tengo que irme. – Severus dio un paso pero Lily se interpuso. Severus la miró. ¿Por qué? ¿Por qué a él? ¿Por qué su vida era tan miserable? ¿Qué había hecho él para merecerse todo lo que le hacía Potter?

–Severus, tú no vas a ningún lado hasta que me expliques qué te pasó. – Por primera vez desde que se había encontrado con Lily, Severus observó el lugar en el que se encontraban. Sus oídos aún zumbaban y su cabeza aún dolía, pero pudo reconocer que estaban cerca de la biblioteca. Por suerte, en el pasillo solo se encontraban ellos dos.

–Me encontré con Potter. – Respondió. Lily puso una expresión de "ya lo sabía" y lo incitó a que siguiera. – Discutimos.

–¿Eso fue todo? – Lily entrecerró los ojos con recelo. Severus no quería hablar cobre nada relacionado con Potter y zanjó la conversación.

–Sí, eso fue todo. Ya sabes cómo es esa alimaña de Potter.

–Severus, no te creo nada.

–Me creas o no, me voy. – Severus esquivó a Lily en cuanto esta trató de detenerlo de nuevo.

–Severus…¡espera! – Pero Severus no esperó. Severus lo único que quería era alejar el recuerdo de Potter de su piel. Quería bañarse y arrancar la carne de su cuerpo que ese monstruo había tocado.


Fue a los cuatro años cuando el destino de Remus Lupin quedó marcado. Él era ajeno a los problemas que estaba teniendo su padre y su madre solo se encargaba de hacerlo feliz.

Cuando su papá llegaba tarde a casa con ese semblante de depresión absoluta, Remus le preguntaba a su mamá qué le pasaba a su padre. "Nada en especial, Remus. Ya lo comprenderás cuando seas mayor." Pero Remus no llegó a comprenderlo porque fue señalado y maldecido. Y su padre, el hombre de aspecto afligido, no volvió a aparecer más en su vida.

Remus Lupin pensó que siempre sería así. Si el hombre que era su padre lo había rechazado, ¿qué podría esperar de los demás?


–¡YO! – "¿Qué?" – ¡Yo, Remus! – "¿Pero qué?"

El silencio se hizo presente. Remus observó a Sirius confundido. El rostro de su amigo estaba a un palmo de distancia del suyo. Sirius temblaba y Remus con él.

–Sirius, no entiendo…tú…

–¡Chicos! – Remus no terminó la frase. James acababa de llegar al pasillo en el que se estaban y se acercaba a ellos. Sirius saltó a Remus pero no dejó de mirarlo. Su mirada era tan penetrante que Remus se sintió desnudo, desprotegido. – Pero, ¿qué hacen? Pensé que estabas con Harrinson, Remus. – Ninguno de los dos respondió y Sirius por fin apartó su mirada de Remus. James levantó una ceja esperando una respuesta.

–Eh…¡si! Ya me iba. – Respondió Remus en un tono más agudo de lo normal. No miró a Sirius cuando salió del castillo, pero pudo sentir sus ojos mirándole con intensidad. La fiereza que destilaba de ellos era tan fuerte que Remus creyó que se detendría a la mitad del camino y regresaría por donde había salido.

Parte de la tarde estuvo dándole vueltas al asunto y había tomado una decisión. Ignoró la carta que el admirador secreto le mandó ese día y se dispuso a ir con Viktorique para aceptar su petición. Remus la encontraba bastante atractiva y las pocas palabras que había cruzado con ella eran suficientes para decir que era una buena persona. Pero Sirius llegó sus decisiones se vinieron abajo. Porque Sirius lo miró con esos ojos llenos de firmeza y pasión, enojo tristeza, y Remus no supo que hacer. No se pudo proteger. "YO", aún resonaba en sus oídos. Y se escuchó tan fuerte su voz que de seguro todo Reino Unido la había escuchado. ¿Qué le estaba pasando? Sirius era su mejor amigo. Era su hermano. Era una de las pocas personas en el mundo que lo aceptaban como era. Tenía que alejar esa sensación de calidez que creía en su pecho al pensar que Sirius le quería de esa manera. ¡NO! Pudo haber significado otra cosa. "Mamá, ¿mi papá me quiere?" "Hay muchas maneras de querer, cariño".

–¿Remus? – La voz sonó suave y desconocida. Remus había caminado sin prestar atención y se encontraba enfrente del lago. Viktorique estaba sentada debajo de la sombra de un gran árbol y se incorporó al verlo. Remus observó como una sonrisa deslumbrante se formaba en el rostro de la chica y el estómago se le hizo un nudo. – Me alegro de que hayas venido.

–Hola, Viktorique. – A Remus le costaba trabajo hablar y su palabras sonaron ligeramente rotas. La sonrisa de Viktorique era hiriente y Remus se dio cuenta que una semana no te sirve para pensar en nada.


–¿Qué mosca les picó, hermano? – Remus se fue y James Sirius contemplaron como su espalda se alejaba de la entrada. La cabeza de Sirius estaba hecha un caos y lo que menos quería en ese momento era ver la cara de James. No estaba seguro de poder controlar las ganas de mandarlo a volar hasta Durmstrang

–¿De qué hablas? – Ambos comenzaron a caminar hacia la torre de Gryffindor. Sirius en serio, EN SERIO quería dar media vuelta y dejar a James hablando solo para llegar a donde se encontraba Remus y salvarlo del peor error de su vida. Estaba seguro que su "declaración" había sido más que suficiente para que el idiota de Lupin se diera cuenta que lo quería. Pero también estaba seguro que Remus era igual o peor de lento que James y que las palabras no eran suficientes para él.

–Tú y Remus. Parece que interrumpí algo importante.

–Que va. – James no interrumpió algo importante. Interrumpió un momento vital para su vida. Y el muy cuatro ojos se encontraba caminando como si no hubiera hecho nada de tal magnitud.

"Maldito seas, Potter. Maldito seas tú y tu lentitud mental."

Sirius apretaba la quijada. Sus dientes rechinaban y cada paso lo daba más lento y corto. En su mente se repetían escenas imaginas por él mismo en donde Remus y Viktorique estaban juntos, se graduaban de Hogwarts y tenían una manda de lobeznos que le decían tío como estúpidos.

–¿Te pasa algo hermano? – La voz de James obligó a Sirius a dejar de pensar en Remus por unos segundos y lo miró con el ceño fruncido.

–¿Qué? Ah, no. – James pareció no tragarse aquello y sus labios se fruncieron un poco, como si estuviera haciendo un puchero. Fue entonces que Sirius se dio cuenta.

–Canuto, no me vengas con esas chingaderas porque…

–¿Qué te pasó en el labio, Potter? – Dijo Sirius interrumpiendo a James. – ¿Intentaste rasurarte la barba que no tienes pero te equivocaste de lugar? – James olvidó lo que estaba diciendo y por que. Un brillo gamberro iluminó sus ojos y una sonrisa apareció en su rostro.

–Muy gracioso, Black. – James rozó ligeramente la herida que tenía en el labio inferior y puso una mirada tan extraña que a Sirius en verdad le dieron ganas de saber que le había pasado. – Esto me lo hizo un gato. Lo traté de acariciar pero me dio un zarpazo. – Sirius rodó los ojos sin creerse esa historia

–Parece más como si te hubieras estado besando con una chica y ella te mordió porque se dio cuenta que lo hacer jodidamente mal. – Sirius esperaba a que James le contestara algo. Pero en lugar de hacerlo, solo ensanchó más su sonrisa.

–Por cierto, ¿cómo te ha ido con la chica que te gusta? – Sirius detuvo la marcha y James, sin darse cuenta, lo imitó. En se momento Sirius no quería entrar en detalles puesto que las imágenes de Remus y esa Ravenclaw volvían a aparecer en su cabeza.

–Mal. – Respondió irritado.

–Vaya, que mala onda. ¿Por qué?

–Una estúpida anda detrás de ella. – Una punzada de ternura tocó el corazón de Sirius cuando James puso cara de afligido.

–Cierto. Es lesbiana, ¿no?

–Si.

–Pero bueno, ¿a ella le gusta esa otra chica? – Sirius no tenía ganas de pensar. Solo tenía ganas de ver a Remus. Esa conversación había hecho que Sirius quisiera tener a Remus enfrente suyo en ese MISMO PUTO INSTANTE.

–No lo sé.

–¿Por qué no le preguntas? – Le sugirió aconsejó James y luego le sugirió más animado: – Y ahí aprovechas para decirle que te gusta.

–Lo hice.

–¿En serio? ¿Y cómo te fue? – Sirius taladró a James con la mirada. A veces le sorprendía lo estúpido que era su amigo.

–Un imbécil nos interrumpió y no he vuelto a hablar con ella. – James puso una cara de fastidio y negó con la cabeza.

–Esa gente impertinente que no hace otra cosa más que molestar.

–Si. – Escupió Sirius. – Dan ganas de matarlos. – MUCHAS granas de matarlos. El nivel de paciencia de Sirius ya estaba sobrepasando sus límites. Comenzaba a molestarse porque posiblemente en ese momento Remus se encontraba arruinado sus vidas y porque su mejor amigo era tan idiota que se sorprendía que pudiera respirar y caminar al mismo tiempo. Desde que Remus salió del castillo quiso ir tras él y ¡coño! Sirius Black nunca se quedaba con ganas de hacer algo. Ni porque James fuera a sospechar; pero él era tan lento que no sospecharía ni aunque Remus y Sirius estuvieran cogiendo frente a sus narices.

–¿Cuándo me vas a presentar a la susodicha?

–Algún día. Oye, olvide algo en la torre de Astronomía. Regresa sin mí, ¿vale?

–Pero… – James no pudo ni quejarse porque Sirius ya se alejaba de él. Corrió como nunca lo había hecho y no supo cuando había salido del colegio y comenzó a correr en cuatro patas. Pero llegó tarde.

Sirius Black había estado con muchas mujeres. Tantas que era imposible contarlas. La mayoría de ellas volvían a buscarlo después de una noche de sexo, pero Sirius las ignoraba. No sentía nada cuando veía que las chicas que lo habían estado buscando y con las cuales había compartido una noche de intimidad se besaban con otros chicos. Ni un ápice de celos o enojo. Y eso se debía a que ninguna chica había significado nada para él. Pero Remus significaba algo. Remus significaba mucho. Y Sirius Black, por primera vez en toda su miserable vida, había sentido más que enojo y celos al ver como Remus y esa chica se besaban. Sentía que el mundo se le venía encima. Pero sobre todo y más que nada sentía, no, quería matar. Su madre se lo había dicho muchas veces: "no importa lo que hagas. La sangre de los Black por tus venas. Y algún día tendrá que salir." Y la muy desgraciada estaba en lo correcto.