¿Por qué las aves de repente aparecen
cada vez que estás cerca?
Como yo, ellas quieren estar
junto a ti.
¿Por qué las estrellas caen del cielo
cada vez que estás cerca?
Como yo, ellas quieren estar
junto a ti.
El día en que tú naciste
los ángeles se juntaron
y decidieron crear un sueño hecho realidad.
Así que esparcieron polvo de luna en tu cabello dorado
y luz de estrellas en tus ojos azules.
Es por eso que todas las chicas de la ciudad
te siguen alrededor.
Como yo, ellas quieren estar
junto a ti.
Ese día, Arnold me miró cuando entró al salón. Me mordí los labios, pero desvié la vista hacia otro lado. Nuevamente me ganaba aquella timidez tan estúpida que era la que me mantenía lejos de él, así como la otra vez me habían ganado los celos y lo había arruinado todo.
Habían pasado unas semanas desde ese martes que había empezado tan bien, seguido mejor y terminado catastróficamente. No podía creer las cosas que me había dicho, ni que nos hubiéramos acercado tanto... y había tenido que arruinarlo todo por mis celos hacia Lila. ¡Y todo lo que le había dicho a Arnold al respecto! ¡Prácticamente había quedado al descubierto! Gracias a Dios él era tan despistado o definitivamente habría notado a qué se debía mi enojo.
Me había preguntado por qué yo creía que no le gustaba. La razón era tan obvia: yo tenía que creerlo. Era mi única opción. Si me convenciera de que él estaba enamorado de ella, ya no me quedaría absolutamente nada por lo que...
En fin: las semanas habían pasado y evidentemente estábamos más enojados de lo que yo había creído. ¿Por qué? No había sido para tanto: yo le decía cosas ofensivas todo el tiempo. El que se enojara tanto por una pelea tan clásica me había resultado muy extraño.
Y para colmo de males, ahora Arnold pasaba mucho más tiempo con la señorita perfecta, porque el Señor Orange les había asignado un trabajo en conjunto para Historia y pasaban las tardes estudiando en la biblioteca juntos como una feliz pareja de amigos, que luego se casarían y tendrían hijos igual de nerds y cursis y... ¡Me daba rabia de solo pensarlo! ¿Por qué Arnold caía como un pez en una red en cuanto veía un rostro angelical? Típico de un adolescente imbécil, pero no de él. Podía perdonarle el ser tan enamoradizo a los nueve años, pero ahora... alguien debía avisarle que ya tenía dieciocho años y que se dejara de noviecitas insulsas.
El director Wartz ya me había dejado tranquila una vez le entregué la nota que la recepcionista del orfanato me había hecho. Había continuado yendo a ese lugar cada martes (sin Arnold, por supuesto) y salido con Courtney, a quien tenía que admitir que comenzaba a tomarle cariño. Todo el tiempo me preguntaba por qué me había peleado con Arnold e insistía con que Sam y ella deseaban volver a salir los cuatro. Como si yo no lo deseara: había sido increíble. Por un momento imaginé que tal vez de verdad nos viésemos como una familia y posiblemente algún día se haría realidad...
Qué tontería.
Cuando terminó la clase, todos nos paramos de nuestros bancos dispuestos a irnos, pero el maestro nos detuvo:
-Aguarden todos un momento. -hizo un gesto de manos para que nos volviéramos a sentar y lo hicimos -La señorita Lloyd tiene un anuncio que hacer a la clase, si le permiten. -Rhonda se paró de su asiento, sonriendo -Adelante, señorita Lloyd.
Resoplé y comencé a tamborilear con los dedos sobre el pupitre. ¡La señorita Lloyd tenía un anuncio que hacernos! ¡Magnífico! ¡Maravilloso! Ahora desperdiciaría un minuto y medio de mi vida oyendo a la princesa parlotear sobre algo que, seguramente, me importaba tan poco como el motivo por el que Brainy siempre se paraba detrás de mí.
Rhonda se aclaró la voz y comenzó con su discurso:
-Como seguramente saben, soy la encargada de la organización del baile de graduación, para el que falta poco más de un mes, así como de la votación para los reyes del baile. En fin, necesitamos algunas personas que se ofrezcan para la decoración del gimnasio que comenzará la próxima semana y, por supuesto, aquellos que se ofrezcan podrán preguntarme a mí sus dudas personalmente.
-¿Quieres decir que podremos hablar contigo personalmente? ¡Oh, por Dios, Rhonda! -ironicé yo, con entusiasmo fingido.
-Silencio, señorita Pataki. -me calló el profesor mientras Rhonda me miraba con desdén -Continúe, señorita Lloyd.
-Bueno, estaba por decir que aquellos que estén interesados deberán comenzar a ir al gimnasio después de clases a partir del lunes de la próxima semana. ¿Hay preguntas?
Sid levantó la mano.
-¿Por qué comienzan a decorar tan pronto? ¿Qué pasará con el gimnasio durante las siguientes semanas?
-Bueno, generalmente las clases de gimnasia terminan un mes antes de la graduación, así que tendremos libre el gimnasio. -explicó Rhonda.
-Sí, pero ¿es necesario empezar a decorar tan pronto? Generalmente se hace el día antes del baile.
-No a mi cargo. -aclaró Rhonda -Y mucho menos con el decorado que yo diseñé: este no será cualquier baile de graduación, muchachos: ¡será el nuestro! Tengo el honor de organizarlo y me encargaré personalmente de que sea el mejor de la historia. -algunos empezaron a aplaudir y otros golpearon los bancos, festejando. Supuse que más que pensar en la decoración de Rhonda, pensaban en la graduación, tan importante para todos.
Suspiré y miré a Arnold, quien sonreía sin dejar de aplaudir y comentaba algo con Gerald.
-Y recuerden: -continuó Rhonda - todos deben ir con pareja. Este es nuestro baile de graduación y no quiero desperfectos ni a nadie solo por ahí, con cara larga y arruinándoles la noche a todos. -miró a Harold.
-¿Yo qué? -el aludido se cruzó de brazos -Para tu información, tendré pareja, Rhonda.
-Muy bien. -y luego, para mi enfado, me miró a mí. Le brindé una sonrisa sarcástica.
-Lo siento si mi falta de entusiasmo arruina tu baile, princesa.
Ante mi comentario, Rhonda solo puso los ojos en blanco y, para finalizar su cruel discriminación, dirigió su mirada al fondo del salón, donde se sentaba Ned, quien le regaló la misma sonrisa sarcástica que yo, solo que esta vez Rhonda, un tanto asustada, desvió la mirada y trató de volver a la carga para insistir en que cada uno de nosotros debía llevar pareja.
-Rhonda, muchas personas disfrutan yendo sin pareja. -nos defendió a todos Phoebe y un coro de voces la apoyó -Siempre ha sido así y esas personas no arruinan la fiesta.
-Dije que no quería desperfectos. -Rhonda se colocó las manos en la cintura.
-¿Maestro, ya podemos ir al recreo? -preguntó Eugene levantando la mano.
-¿No tiene nada más que agregar, señorita Lloyd? -preguntó el viejo a Rhonda, quien negó con la cabeza -Salgan. Nos vemos la siguiente clase y no olviden el examen del viernes.
Cuando todos se levantaron y comenzaron a salir del salón, noté que Ned empujaba su pupitre, haciendo que los otros también se movieran logrando, con excelente puntería, su objetivo de tirar a Rhonda al suelo antes de que ésta abandonara la fila. Se levantó furiosa y miró al chico al fondo del salón, quien volvió a sonreírle con sarcasmo. Ella no se atrevió a enfrentarlo, así que, murmurando la palabra "fenómeno", pasó por delante mío -que dicho sea de paso, también me estaba riendo- para salir del salón.
Ned Hellhouse había sido nuevo en nuestro salón hacía dos años y, para todos nosotros por igual, seguía siendo un extraño exactamente en la misma forma que el primer día que apareció. Era bastante alto y tenía cabello y ojos negros. Siempre se sentaba al fondo de la clase, era callado y antipático y jamás lo había visto dirigirle la palabra a absolutamente nadie.
Aunque claro: por lo que me importaba.
-¿Vienes, Helga? -me preguntó Phoebe, desde la puerta. Asentí y la acompañé fuera del salón.
Mientras caminábamos en dirección al patio, ella me preguntó si no me sentía ofendida por el ataque de Rhonda durante la clase.
-Ay, por favor, Phoebe: como si me importara lo que piense Rhonda sobre mí. -me encogí de hombros.
-¿No piensas planificar nada para que alguien te invite? -indagó, resaltando el "alguien".
Pensé por unos instantes, pero después suspiré y volví a encogerme de hombros.
-¿Aún así irás, verdad?
Esta vez fruncí la boca, pero no tuve tiempo de contestar, porque ambas dejamos de caminar y nos dimos vuelta al ver que alguien estaba llamando a Phoebe. Se trataba de Gerald, quien venía corriendo hacia nosotras.
-¿Qué rayos quieres, cabeza de cepillo? -le pregunté, cruzándome de brazos.
-Si no te importa, quisiera hablar con Phoebe. -me respondió él, poniéndose a la defensiva.
-¿Pasa algo malo, Gerald? -se extrañó inocentemente ésta.
Gerald pareció querer comenzar a explicar algo. Yo, a sabiendas de lo que venía, puse los ojos en blanco, pero también me tragué una sonrisa, puesto que me causaba alegría por Phoebe. Arnold, quien evidentemente había intentado alcanzar a su amigo, llegó junto a él justo en el momento en el que éste finalmente le preguntaba a Phoebe si quería ir con él al baile.
Mi amiga sonrió.
-Claro, me encantaría ir contigo, Gerald.
-¡Genial! Entonces... quería estar seguro desde ahora. Nos vemos. -nos saludó con la mano y se dispuso a irse. Arnold se despidió de igual forma y los dos se alejaron de nosotras hacia el patio.
Cuando estuvimos solas, codeé a Phoebe y me reí.
-Felicidades. -le dije, empezando a caminar otra vez -Me preguntaba cuánto tiempo tardaría en invitarte: fue más valiente de lo que creí.
Siempre me resultó increíble el hecho de que Phoebe y Gerald, incluso después de tantos años, todavía no hubieran llegado a nada. Supongo que tenía que ver con la novia que Gerald tuvo por bastante tiempo, una muchacha de un colegio francés cuyo nombre no puedo recordar. Hacía pocos meses que la familia de la chica en cuestión había regresado a Francia y ellos habían decidido terminar la relación. Era bueno saber que finalmente las cosas parecían encaminarse bien entre ellos.
Al menos a alguien le iba bien en esas cuestiones.
Suponía que, como era de esperarse, Arnold invitaría a Lila, pero ella le diría que no. Entonces ¿con quién terminaría yendo? Aunque claro... también cabía la posibilidad de que ella le dijera que sí. Pero y si hacía lo más probable y le decía que no, ¿quién sería entonces la pareja de Arnold? Yo no sabía de ninguna chica a quien él le gustara como para invitarlo (salvo yo, por supuesto, pero obviamente no lo haría).
Entonces, si Arnold terminaba sin pareja... tal vez... solo tal vez se me ocurriera algo para que me invitara a mí.
No, era absurdo. Principalmente porque estábamos peleados desde ese día en el que habíamos discutido por lo de Lila. Rayos. ¿Por qué había tenido que pasar eso? ¿Por qué había arruinado ese día? Yo ya sabía que Arnold aún seguía embelesado con Lila así que ¿qué caso había tenido enfadarme tanto?
Durante el almuerzo, consideré la idea de pedirle disculpas a Arnold. Lo conocía y sabía que las aceptaría. Ya había pasado bastante tiempo, por lo que sería extraño que él continuara enojado.
Lo pensé durante un tiempo, pero después me arrepentí: ¿por qué diablos tenía que ser yo la que se disculpara? Él era el bobo que no podía superar a un amor de cuarto grado. ´
No tenía hambre, así que le dije a Phoebe que la vería en clase y salí del comedor sin haber tocado mi comida. Me dispuse a abrir la puerta, pero me detuve al ver a través del vidrio a Arnold, quien estaba apoyado en la fila de los casilleros, hablando con Gerald. Rápidamente, me agaché y entreabrí la puerta para escuchar lo que decían. Asomé un poco la cabeza. Estaba segura de que nunca se me iría aquella costumbre de espiarlo: ya era un instinto.
-Mira, viejo: entiendo que no estés seguro acerca de lo que sientes, pero aún así creo que deberías ir con ella y preguntárselo. -le estaba diciendo Gerald a su amigo mientras guardaba unos libros en su casillero -¿Cuál es el problema?
-No sé, Gerald: ¿y qué si tengo razón? -dudó Arnold.
-En ese caso, se divertirán. ¿O es que crees que entonces no deberías hacerlo?
-No, no es eso. -se quedó pensativo -Sí, supongo que tienes razón.
-Deberás apurarte antes de que alguien más lo haga. -Gerald cerró su casillero.
-Cierto. -suspiró Arnold.
Me aparté para que no me vieran al pasar, pero no entraron al comedor, si no que desaparecieron por el pasillo. Me senté en el suelo en el que había estado agachada para oírlos, resoplando.
-¡Tonto Arnold! No importa cuándo ni dónde lo encuentre hablando, siempre será de Lila. -gruñí -¡Lila y Arnold! ¡Apuesto a que van a divertirse tanto en el baile! -canturreé -Tan pendiente de ella las veinticuatro horas. Nunca se atreve a mirar más allá. Qué distraído, qué iluso, qué fracasado. ¡Cómo lo odio!
Apreté los dientes por unos segundos y luego me pasé una mano por la cara para calmarme. Entonces, entristecí el ceño y, mirando hacia ambos lados para estar segura de que nadie me miraba, saqué de mi bolsillo mi amado relicario.
-Arnold. -suspiré -Amor mío, dime qué debo hacer. Por momentos siento que tengo que disculparme contigo. Al fin y al cabo, fui yo quien herí tus sentimientos con mis crueles palabras causadas por los celos ciegos de Otello. ¡Pero también fue tu culpa por estar obsesionado con una muchacha a la que ya nisiquiera reconocerías! Pero... aún así te amo, mi amor. Y el reloj sigue corriendo: la graduación se acerca y por ende, también nuestra definitiva separación. Si no me disculpo contigo, luego será muy tarde y tal vez nunca vuelva a verte. ¡Oh, Arnold!
Entonces, sentí que la puerta sobre la que estaba apoyada se iba para atrás, haciéndome caer. Mi cabeza dio contra el suelo, dejándome boca arriba y ofreciéndome la panorámica vista de un sorprendido Gerald, quien lógicamente, era el que había abierto la puerta.
-¿Helga? -enarcó una ceja -¿Qué haces en el suelo?
-Am... -Una excusa, Helga, rápido... ¡Cualquiera está bien: solo deja de mirarlo! - ¿Y por qué se supone que debo decírtelo, Geraldo? -me levanté -¿Quién rayos te crees que eres para hacerme caer así? ¿Tienes idea del golpe que me di?
-Como si no lo merecieras. -me respondió -Si me disculpas: voy a almorzar. -y se dispuso a entrar a la cafetería, pero lo detuve:
-¡Gerald! -se dio vuelta -¿Has visto... hacia dónde se fue el cabeza de balón de tu amigo?
Me miró extrañado.
-¿Por qué quieres saber?
Entonces sí se me cruzaron por la cabeza varias excusas, pero ninguna era demasiado fuerte, así que contesté la verdad:
-Quiero hablar con él.
-Sí, claro. -entrecerró los ojos.
-No seas infantil, cabeza de cepillo, y dime en dónde está, ¿quieres?
-Supongo que debo hacerlo: lo verás doblando por el pasillo, frente a la enfermería, pero no lo molestes ahora, porque está haciendo algo importante.
Le dije "gracias" de compromiso y salí del comedor tratando de no correr para no llamar la atención. Ya me había decidido: tenía que disculparme con Arnold. Cuando doblé por donde Gerald me había indicado, lo vi a la distancia, nuevamente junto a unos casilleros. Estaba de espaldas a mí, así que avancé hacia él para pararme en seco cuando, al estar lo suficientemente cerca, noté que estaba hablando con Lila.
Ella le sonrió, se despidió y comenzó a caminar en la dirección en la que yo me encontraba, por lo que me saludó cuando pasó junto a mí. Cuando Arnold se dio vuelta para verla alejarse, supuse que encontraría en su rostro tristeza o decepción -seguro acababa de preguntarle a ella si quería ir al baile y con él y había obtenido el esperado no- que si bien en parte me harían sentir feliz -ya que él se lo merecía-, también me herirían profundamente. Pero para mi sorpresa, no fue así: Arnold se veía sumamente tranquilo. No sonreía, pero tampoco parecía preocupado por algo.
¿A caso ella le... habría dicho que sí?
No, no podía ser: él estaba demasiado tranquilo como para haber obtenido una respuesta afirmativa. ¿Entonces qué había pasado?
Como de una forma u otra tenía que hablar con él, me acerqué mordiéndome los labios de curiosidad. Él ya me había visto y pareció extrañado al ver que me acercaba.
-¿Helga?
No estaba segura de cómo comenzar, así que hice lo habitual:
-Hola, cabeza de balón. ¿Invitaste a Lila al baile de graduación?
-Podría decirse que lo hice. -comenzó a caminar y lo seguí -¿Por qué preguntas?
-Ya sabes: -fingí estar calmada -aquí estoy, tratando de interesarme por mis compañeros. ¿Y qué te dijo?
No pareció dudar en contestarme:
-Le aclaré que sería solo como amigos y me dijo que lo pensaría.
-¿Eso es bueno, no? Tienes posibilidades.
-Sí, pero... -pensó unos segundos- Helga, hay algo de lo que quiero hablarte.
Me alarmé cuando dijo esto y no lo deje continuar:
-De acuerdo, Arnold: sé que estás enojado por lo que te dije acerca de Lila. ¿Pero cómo podía evitarlo? Es decir: eres tan simple y predecible...
- Pero, Helga... -trató de interrumpirme.
-¡Es muy fácil para ti sacarme de quicio, cabeza de balón! Y sí: siento haber dicho eso, pero no puedes negar que no es del todo falso.
-Helga...
-Si vas a decirme que no quieres perdonarme, entonces ese no es mi problema, porque ya hice lo que tenía que hacer. Si no sabes perdonar a alguien es tu problema, melenudo. Además, nisiquiera fue tan horrible lo que te dije, solo estaba hablándote con sinceridad. ¿Preferirías que mintiera o qué?
-¡Helga! -me sujetó de los hombros -¿Quieres escucharme? ¡Tenías razón!
-¡No te atrevas a...! Espera. -parpadeé dos veces asombrada -¿Qué dijiste?
-Que tenías razón. No puedo seguirle dando importancia a los enamoramientos de la infancia. Me sorprende que alguien que me odia se haya dado cuenta antes que yo, pero es cierto: nunca sentí nada importante por una chica. -se encogió de hombros -Que me dijeras lo de Lila me molestó al principio, pero después empecé a pensar que era posible que no estuvieras equivocada. Cuando pensé en esto, me di cuenta de todo lo demás.
-Un momento... -lo detuve, haciendo un gesto con las manos. Entrecerré los ojos y me incliné, incrédula -¿Me estás diciendo que crees que en realidad nunca te gustó gustó nadie, que ninguno de tus enamoramientos fue verdaderamente importante? ¿Insinúas que ni Ruth, ni Lila, ni Summer, ni aquella maestra fueron más que cosas pasajeras de cuando eras niño?
-¿En verdad llevas la cuenta de todas las veces que he...? -me preguntó, abriendo bien grandes los ojos y viéndome anonadado.
-¡Claro que no! - ¿Por qué tuve que abrir la boca? -No sé... tengo buena memoria. Haz lo que quieras, tampoco es que me importe tu vida amorosa, sopenco. -y me dispuse a apurar el paso, pero él me dio alcance.
-Bueno, sí: eso estaba diciendo básicamente. Era muy pequeño. ¿Pero por qué te sorprendes? ¿No era eso lo que decías?
-Sí, pero no creía que lo admitieras. -nos detuvimos en la puerta de la cafetería.
-¿Vienes? -me preguntó, abriéndola.
-No, estoy bien. -contesté -Nos vemos, Arnoldo. Felicidades por tu epifanía. -di media vuelta y comencé a alejarme.
-¡Espera Helga! -contuve el aliento, emocionada, y giré la cabeza para verlo -Acepto tus disculpas, por cierto.
-Ah... Sí, y yo acepto las tuyas. -fue todo lo que pude decir, fingiendo desinterés.
Arnold sonrió y puso los ojos en blanco, claramente pensando que él no me había pedido disculpas, pero no dijo nada y entró en la cafetería.
Apenas lo hizo, dejé escapar un grito de júbilo acompañado de un salto.
-¡A él no le gusta! -exclamé, prácticamente bailoteando -¡Ah, la mayor de las alegrías! ¡Finalmente el cielo escuchó mis ruegos y permitió que Arnold viera a través de la cortina de sus emociones pasadas! ¡Gracias, gracias, gracias!
Continué con mi alegre festejo privado hasta que sonó la campana, pero esto no impidió que el buen humor no se me retirara durante el resto del día. No solo nuestra pelea había quedado en el pasado, sino que ahora, después de tanto tiempo, a él ya no le gustaba Lila.
Aunque claro, estaba también el hecho de que era probable que fueran juntos al baile. ¿Por qué Arnold la había invitado si no estaba seguro de que le seguía gustando? Recordé entonces la conversación que él había tenido con Gerald y pensé que no era extraño que quisiera ir con ella si eran amigos, porque lo eran. ¡Pero no era justo! Si no le gustaba, debía invitar a otra persona. Y ahora mis esperanzas habían vuelto a renacer, pero lamentablemente, todo dependía de la respuesta de Lila.
Hola a todos otra vez! :D
Espero que hayan tenido una buena semana. Agradezco sus reviews y también les doy las gracias a los que me agregaron a favoritos. Acabo de ver Arnold en Nick Hits y pensé que eso debía darme inspiración para publicar de una vez, jaja.
Bueno, espero que les haya gustado este capítulo. Muchas gracias por seguirme leyendo.
Diviértanse! Saludos a todos.
