IX
Lapidem Leo, Pars Secunda
Aldea de Mulán
El Presente
Mulán, Ruby y Mérida subían lo más rápido que podían por la vereda que las condujo a la entrada del Cañón del Silencio en primer lugar, ahí, en medio de la lluvia Caperucita y la Guerrera cargaron a una todavía inconsciente Snow cuesta arriba.
─Snow casi no respira. ─Exclamaba Ruby muy preocupada.
─Mérida, adelántate ─mandaba Mulán─. Busca a Dorothy o a Azoka, toma a quien encuentres primero y vayan a buscar un lugar en donde podamos recostar a Snow.
─De acuerdo, mientras tanto, ustedes sigan avanzando hasta que alcancen la Aldea una vez más. ─Pronunciaba la Reina De DunBroch comenzando a correr.
─Emma estará bien, ¿verdad? ─Inquiría Mulán mirando a Ruby por encima de la cabeza de Snow.
─Eso espero. ─Anhelaba Ruby mirando el Cañón a su espalda.
Sureste del Bosque Encantado
Ese Mismo Instante
Emma se levantaba del suelo luego de chocar con una barrera invisible que protegía un viejo Castillo abandonado en lo alto de una colina.
─La Magia no puede pasar. ─Decía la Salvadora para sí cuando pasó su mano por el campo de fuerza.
Sabiendo que no podría usar sus poderes hasta que sacara a su padre y rompiera la conexión con el Centrum Omnia y continuar con su rescate, la Salvadora le echó un vistazo al lugar y empezó a moverse hacia adelante.
Antes de emprender el camino cuesta arriba, un temblor llamó su atención, alzó la vista de inmediato, y de la torre más alta de ese Castillo aparecía una especie de rayo púrpura por espacio de unos cuantos segundos. Eso le daba a entender que la conexión del Templo de Riku había sido destruida, ahora solamente faltaba derrotar al León de Piedra de una vez por todas.
Al subir por la colina, encontró en su andar a varios esqueletos que emergieron del verde césped. Siete pequeños esqueletos con los ojos rojos se acercaban a ella a paso muy lento. No les dio importancia y caminó entre ellos tratando de hacerse paso entre esas cosas, cuando uno le soltó un golpe en el hombro derecho.
Esos esqueletos no eran cosa de juego por lo visto. Emma intentó evadirlos, sin embargo, la tenían rodeada, así que, sacó su Espada y los atacó, mandando a volar sus cráneos, aunque ni eso podía detenerlos, no fue sino hasta que hizo pedazos al séptimo esqueleto que pudo por fin avanzar.
Sin embargo, eso no terminó ahí. Mientras más avanzaba, más esqueletos aparecían.
─Esto no podría ponerse mejor. ─Espetaba la hija de Charming.
─ ¡¿De verdad crees eso Salvadora?! ─Inquiría Riku desde la ventana de una de las torres.
─ ¡¿Qué tengo que hacer para deshacerme de ti?! ─Vociferaba Emma luego de mandar a volar el cráneo de un esqueleto.
─ ¡Atraparme, por supuesto! ─Respondía el León de Piedra entrando de nuevo al Castillo.
Emma lo miró con enfado y continuó despedazando esqueletos hasta que alcanzó la puerta principal del Castillo.
Rompió el candado con la empuñadura de su Espada, y de una fuerte patada abrió la vieja puerta doble, sacándola de sus bisagras.
El vestíbulo de aquel Castillo era grande y frío a pesar de ser mediodía, a su alrededor encontraba cortinas roídas, ventanas rotas y sillas abandonadas. A su derecha a lo lejos y a través de un enorme ventanal veía el patio interior, al levantar la vista, vio pasar una sombra por el pasillo del primer piso del lugar, sabiendo que probablemente su oponente seguía en la Torre del Castillo, tomó una vieja silla y la arrojó contra el ventanal para romperlo.
Quitó los pedazos sobrantes, y saltó para entrar de una vez por todas al jardín y traspasarlo, sin darse cuenta de que, al poner un pie en ese suelo, las plantas comenzaron a emitir un extraño y dañino hedor que nubló su vista por completo, mientras Riku caía desde el primer piso, listo para atacarla.
Tres Semanas Antes
Charming despertó en una de las habitaciones del Ala Oeste de ese Castillo abandonado.
No perdió más tiempo preguntándose cómo había llegado a ese lugar, y comenzó a ponerse en marcha. Salió de ahí y caminó por el extenso pasillo que rodeaba el patio hasta llegar a las escaleras principales de ese lugar.
Ahí se detuvo en seco frente al enorme ventanal, le echó un vistazo a lo que tenía enfrente, y muy alejado de él estaba su antiguo hogar, el Castillo que alguna vez le perteneció después de derrocar al tirano que tenía su pueblo como Rey, el infame Rey George.
Snow tenía razón cuando le dijo hace dos años que ya no quedaba nada de su Castillo. Desde ese lugar se veía completamente devastado, y llevaría años volverlo a erigir con toda su gloria.
Por más que quisiera contemplar su hogar y seguir llenándose de melancolía, tenía que salir de ese lugar, y encontrar a su Familia antes de que fuera tarde y Regina obtuviera lo que estaba buscando. No tenía otra opción, y las palabras de aquella mujer resonaban con fuerza en su mente.
Ya no le importaba lo que ella alguna vez significó en el pasado, ella estaba perjudicándolos una vez más, ya había dejado claro que no le importaba nada más que no fuera despertar la Magia más Oscura y Poderosa de todas, y él debía detenerla. Esa nueva Reina Malvada les lanzó una amenaza directa, ya no había segundas oportunidades, Regina pasó el punto de retorno desde el momento que le enterró la Daga a su hija, y él se aseguraría de que nadie más resultara afectado por su mano.
Bajó las escaleras, atravesó el jardín interior, rompió miles de puertas hasta llegar a una puerta doble de gran tamaño. Se detuvo enfrente de ella, y recogió su vieja espada, que yacía sospechosamente en el suelo.
Cuando se inclinó por ella, una sombra lo empujó, provocando que abriera ambas puertas con su cuerpo.
Charming dio un giro en el suelo mientras la sombra se paró justo frente a él y cerraba la puerta con una de sus manos.
─Bienvenido, gran Príncipe… ¿James o David? ─exclamaba Abaddon─ Lo siento, es que nunca me ha quedado muy claro.
─ ¿Quién eres y cómo es que me conoces? ─Inquiría Charming poniéndose en guardia.
─La historia de Amor de Snow White y su querido y gallardo Príncipe no es desconocida para nadie en este Reino ─explicaba Abaddon dando un paso atrás─. Dos personas que tienen la extraña capacidad de encontrarse el uno al otro donde quiera que estén, es algo tan tierno y ridículamente increíble que nadie puede dejarlo pasar por alto.
─ ¿Quién eres? ─Inquiría Charming nuevamente.
─No me apetece decirte mi identidad en este momento. ─Replicaba el menor de los Dinistrio.
─ ¿Por qué? ─Preguntaba David muy confundido.
─Hablar es muy rápido y aburrido ─respondía Abaddon─, ¿qué sentido tiene saber nuestras identidades si no podemos divertirnos primero?
─La diversión es lo que menos me interesa ahora, lo único que quiero es salir de aquí, además, está claro que estoy en completa desventaja contigo porque tú sí sabes quién soy. ─Rebatía el Padre de Emma.
─Buen punto querido Príncipe, sabes jugar. Tienes razón, te llevo ventaja.
─Viendo que no quieres darme tu nombre, responde esto: ¿cómo salgo de aquí? ─Continuaba David.
─ ¿Para qué quieres salir de aquí? ─Indagaba Abaddon comenzando a caminar alrededor de su presa.
─Esos son mis asuntos, y por lo tanto no son de tu incumbencia ─contestaba Charming comenzando a fastidiarse─. Y bueno, sólo para que sepas, lo que queda de mi Reino no está lejos de aquí, así que, tengo que ir hacia allá y recuperarlo.
─ ¿De verdad lo está? ─curioseaba Abaddon poniendo su mano derecha en la barbilla─ ¿Quién nos dice que lo que están viendo tus ojos a la distancia es realmente tu viejo y destruido Castillo? ¿Cómo sabes que de verdad estás cerca de tu hogar, y de recuperar a tu Familia? ¿Qué te hace pensar que el grandioso Príncipe Encantador podrá ganar esta batalla?
Charming lo miró mientras el hermano menor de Shaitan sonreía al ver la confusión comenzando a formarse en el rostro de su oponente.
─Mientes ─mascullaba el Príncipe─. Saldré de aquí, detendré a Regina y los salvaré a todos.
─Es tan interesante el ver que sólo dices eso para convencerte a ti mismo de que lo harás, pero la verdad es que tienes miedo hasta de enfrentarme. ─Exclamaba Abaddon.
─No te tengo miedo, Engendro. ─Espetaba Charming tomando su espada con firmeza.
Abaddon comenzó a reírse mientras sus manos empezaban a emitir un resplandor azul intenso.
─ ¿Sabes? A lo largo de los años, me han llamado de muchas formas, pero tengo que admitir que es la primera vez que alguien me llama Engendro ─confesaba Abaddon─. Y debo decirte que es algo genial que creas que no me temes, porque sería como decir que no estás por fallarle a tu Familia entera.
─ ¿De qué demonios hablas? ─Inquiría Charming acercándose a él.
─No es malo fallarles a las personas que te rodean, mi buen Príncipe, tú no eres perfecto, puedes equivocarte, y eso está bien ─insistía el hermano de Shaitan─. Quiero decir, no sería la primera vez que le fallaras a alguien. Sólo recuerda todas las veces que le fallaste a tu propia hija.
La expresión facial de David cambió por completo al escuchar aquella declaración y se vio invadido por una tremenda furia.
─Deberías preguntarle cómo es que fue capaz de perdonarte una y otra vez, espera ─pedía Abaddon chasqueando los dedos─. ¡Oh, es verdad! Había olvidado que está Muerta.
Ese último comentario lo único que consiguió fue enfurecer todavía más a David, y éste atacó sin pensar, invadido por las emociones negativas que acumuló momentos antes.
Abaddon sonrió ante la impulsividad del Príncipe, y de una de sus manos resplandecientes apareció una Espada azul metálico, y con ella prosiguió a pelear contra el padre de la Salvadora.
Aldea de Mulán
El Presente
─ ¿La dejaron ir sola? ─Inquiría Dorothy con una mezcla entre molestia y sorpresa.
Mérida encontró a Azoka afuera de una pequeña choza al otro lado de la Aldea, mirando por todos lados, obviamente esperándolas para cuando volvieran del Templo.
La Reina gritó su nombre, y cuando la chica de la Tierra sin Magia la localizó por fin, le hizo señas para que fuera directo a la choza. Mérida en vez de hacerle caso fue corriendo de vuelta por Ruby y Mulán.
Azoka trató de perseguirla al no entender lo que estaba haciendo, sin embargo, se detuvo cuando alcanzó a ver a sus acompañantes detrás de ella.
Ahora, las cuatro mujeres estaban dentro de ese lugar esperando a que Snow mostrara signos de recuperación, mientras que Bella la cuidaba pacientemente.
─Bueno, cuando ella es la única que vio la ubicación del siguiente Calabozo, sin contar que era la única con Magia en ese momento, pues no nos dejaba muchas opciones para detenerla, ¿verdad Kansas? ─Respondía Ruby cruzando los brazos a un lado de la puerta.
─Entonces, ¿sólo nos toca esperar a que ella vuelva? ─Indagaba Azoka.
─Debe haber una manera de ir en su ayuda, ¿no? ─Proseguía Mérida.
─Sí la hay ─respondía Dorothy─. Wolfie puede hallar a Emma.
─Aquí no hay nada de ella que pueda usar para rastrear ─contestaba Ruby─. Sin eso, será imposible.
─Justo ahora podría estar en cualquier sitio del Bosque Encantado ─añadía Mulán dándose la vuelta─, es como buscar una aguja en un pajar.
─ ¿Ahora adónde vas? ─Preguntaba Mérida.
─Por provisiones. ─Replicaba Mulán abriendo la puerta.
─Tenemos muchas en el Jolly Roger. ─Contestaba Dorothy.
─Exactamente, todo se quedó en el Barco ─replicaba la Guerrera─, ninguna pensó en traer algo de comida, o un botiquín de primeros auxilios.
─No hay problema por eso, yo puedo ir y regresar en un santiamén. ─Intervenía Azoka.
─Con todo respeto, pero, ¿tienes alguna idea de dónde está el Jolly Roger? ─Inquiría Mulán.
─Puedo verlo en mi mente, no necesito saber exactamente en donde está. ─Protestaba la chica.
─Y ahora que lo recuerdo, Emma dijo que tenemos que minimizar el uso de la Magia. ─Proseguía Mulán.
─ ¡Nadie lo sabrá! ─Espetaba Azoka subiendo la voz.
─Creo que habrá otro momento para hacer eso ─intervenía Bella desde la silla a un lado de Snow─, por ahora necesitaremos un poco de comida, algunas mantas y vendas limpias.
─Ahora vuelvo. ─Exclamaba Mulán rápidamente.
─Voy contigo. ─Pronunciaba Azoka.
─ ¿Primero te hartas de que te entrene y ahora me quieres acompañar? ─Inquiría la Guerrera muy extrañada.
─Que esté hasta la coronilla de terminar en la cubierta del Jolly Roger es muy diferente. ─Rectificaba Azoka comenzando a caminar.
─Deberías quedarte aquí, está lloviendo. ─Continuaba Mulán.
─Crecí en un lugar bastante húmedo y frío, un poco de lluvia tempranera no me molesta ─replicaba Azoka─, así que por mí no debes preocuparte.
─De acuerdo, vamos ya que tanto insistes. ─Respondía Mulán dándose por vencida.
La Guerrera caminó a toda prisa por su Aldea, tratando de llegar pronto a donde se tenían que dirigir, y también, evitando llamar mucho la atención.
─Parece que no te gusta estar en tu Aldea. ─Observaba Azoka caminando detrás de su acompañante.
─Haces muchas preguntas, ¿no lo crees? ─Indagaba Mulán sin voltear a verla.
─Mira quién lo dice ─replicaba Azoka sarcásticamente─. La misma que hace unas horas no dejaba de interrogarme mientras me mandaba al suelo una y otra vez.
─Vayamos por las provisiones. ─Exclamaba Mulán.
─Sólo dilo, no creo que sea algo del otro mundo. ─Pedía Azoka.
─Tienes razón, no es la gran cosa ─respondía la Guerrera─, pero no voy a hablar ahora, necesito tiempo, así que quédate aquí, y yo iré por lo que nos hace falta, ¿entendido?
─Está bien, aquí me quedaré. ─Refutaba Azoka.
Mulán caminó hasta la tienda que estaba en la plaza principal de su Aldea desapareciendo entre la multitud que no parecía preocupada por la lluvia aquel día. Azoka se refugió en un pequeño puesto abandonado cerca del pozo y ahí le echó un vistazo al lugar buscando con la mirada algo que respondiera sus preguntas, sin embargo, nada parecía fuera de su lugar, en realidad, lo único que veía era un lindo y pintoresco sitio a pesar de la lluvia.
─ ¿Cómo les fue con el León de Piedra? ─preguntaba Suluk con entusiasmo acercándose a ella─ ¿Es tan fiero como cuenta la leyenda?
─Honestamente, no tengo idea, tuve que retirarme antes de que la batalla comenzara. ─Respondía Azoka encogiendo los hombros.
─ ¡Qué pena! ─exclamaba Suluk cruzándose de brazos─ Es malo cuando te separan de la acción.
─Lo sé, pero tengo que reconocer que no soy tan buena luchando en este mundo ─reconocía Azoka rápidamente─, aunque, podrías preguntarle a Mulán cuando salga de esa tienda.
─Lo único que conseguiré de ella si me acerco lo suficiente es una nariz rota. ─Contestaba Suluk dejando salir una risa nerviosa.
─ ¿Por qué ella es así con ustedes? ─Pedía saber la chica.
─Daiko, Lee y yo no fuimos muy corteses con ella cuando se enlistó en el ejército ─explicaba Suluk─. Los tres éramos sus demonios personales desde el primer día de entrenamiento, tienes que entender, eso siempre se hacía con el chico nuevo.
─ ¿Chico nuevo? ─inquiría Azoka confundida─ ¡Oh, cierto! Ella se hizo pasar por hombre para entrar al ejército.
─ ¿Cómo lo sabes? ─indagaba Suluk con extrañeza─ ¿Ella te lo dijo?
─Si a mí se me ocurriera preguntarle algo como eso, probablemente también terminaría con la nariz rota ─confesaba Azoka comenzando a reír─. No. Lo vi en la película que hicieron sobre ella.
─ ¿Qué es una película? ─Volvía a preguntar Suluk.
─Una película es… ─exclamaba la chica mirándolo a los ojos notando su tremenda confusión─ Olvídalo. Mejor, volvamos al tema principal, ¿qué cosas malas le hacían?
─De todo, no éramos los mejores compañeros con ella, sólo hasta que terminó la guerra y descubrimos que era una chica, en ese mismo momento nos disculpamos, pero ella no nos perdonó tan fácil. ─Relataba Suluk.
─ ¿Por qué a Mulán no le gusta estar aquí? Quiero decir, este es su pueblo natal y no me parece tan horrible como para que ella decidiera alejarse. ─Preguntaba Azoka mirando hacia la tienda.
─El Emperador se enteró de lo que Mulán había hecho, pero en vez de castigarla por hacerse pasar por un soldado, le concedió volverse la protectora personal de esta Aldea, mientras los demás apoyábamos al ejército de Agrabah en una lucha hace muchos años.
─ ¿Y qué pasó? ─Quería saber la chica muy interesada.
─El líder Yen designó a Daiko como el superior de Mulán ─proseguía Suluk─. Él sería el encargado de terminar su entrenamiento y ayudarla a enfrentar las amenazas venideras. Sin embargo, en el transcurso de nuestra ausencia, algo pasó entre esos dos, y cuando Lee y yo volvimos a casa, Daiko nos dijo muy molesto que ella se había marchado con un Forastero llamado Phillip y que no volvería jamás.
Justo cuando terminó de explicarle las cosas a Azoka, Mulán volvió con todo lo que necesitaban ese día.
─Vámonos, ya tengo lo que veníamos a buscar. ─Exclamaba Mulán interponiéndose entre los dos.
─Mulán, ¿qué tan poderoso es Riku? ─Preguntaba Suluk nuevamente tratando de romper el hielo.
─Mucho más que tú, Suluk. ─Replicaba Mulán con hostilidad.
─Lo mejor será que nos vayamos. ─Intervenía Azoka tomando por los hombros.
─Nos vemos luego. ─Replicaba Suluk asintiendo y saliendo de su vista.
─No tenías que hacer eso ─espetaba Mulán zafándose de su brazo─. Yo podía con ese patán.
─No lo hice por ti ─replicaba Azoka─, lo hice por él.
─ ¿Por qué? ─inquiría la Guerrera─, ni siquiera lo conoces.
─No, pero te conozco a ti, poco, pero te conozco, y se notaba a leguas que tenías la intención de romperle la nariz una vez más. ─Alegaba Azoka.
─No me conoces, ni tampoco lo que él y los otros dos me hicieron. ─Protestaba Mulán caminando de regreso a la choza.
─De todas maneras, eso quedó en el pasado, ¿por qué no lo olvidas y ya? ─Espetaba Azoka detrás de ella.
─ ¿Por qué te interesa tanto esto? ─Preguntaba Mulán muy fastidiada dando la vuelta y parándose frente a ella.
─Porque, estoy segura de que eres más tranquila cuando no estás a la defensiva, es más, incluso podría apostar a que eres graciosa cuando no estás de mal genio. ─Respondía Azoka caminando rápidamente delante de ella.
Mulán la miró azotar la puerta sin entender lo que estaba pasando frente a sus ojos, esa chica, no era como las que había tratado en el pasado, y su carácter no se parecía en lo más mínimo al de Ruby o Dorothy, quienes de cierta forma crecieron en la Tierra sin Magia, Azoka era muy diferente.
Dejó ese pensamiento al aire y caminó de vuelta a la choza, justo cuando terminó de llover, y un temblor sacudió su Aldea.
─ ¿Qué fue eso? ─Preguntaba Ruby saliendo disparada de la choza.
─No tengo idea ─contestaba Mulán dándole las cosas en las manos─, pero espero que eso signifique que vamos ganando.
─ ¿Qué te hace estar tan segura? ─Inquiría la mejor amiga de Snow.
─Porque las aves vuelan desde aquella dirección ─replicaba Mulán señalando a la distancia─, y allá está el Cañón del Silencio.
─Entonces, espero que tengas razón, y que esta pesadilla termine pronto. ─Exclamaba Ruby.
Palacio de Regina
Ese Mismo Instante
─Dijeron que querían hablar conmigo, y sólo los veo de pie frente a mí con sus muecas idiotas. ─Inquiría Regina todavía en el suelo.
─Levántate. ─Ordenaba Shaitan usando sus poderes para obligarla a ponerse de pie.
─Regina, Regina, Regina ─comenzaba Abaddon moviendo el índice derecho de un lado a otro─, tengo que confesarte que mi hermano y yo estamos muy decepcionados de ti.
─ ¿Qué hice esta vez? ─Cuestionaba la antigua Alcaldesa de Storybrooke tratando de zafarse de la Magia de Shaitan.
─No es lo que hiciste, sino lo que no hiciste ─respondía Shaitan con la mano derecha levantada y caminando alrededor de ella─, pero primero, queremos darte una pequeña lección.
─No quiero nada que provenga de dos asquerosos Engendros de Oscuridad como ustedes. ─Protestaba Regina con rencor.
─ ¡Oh! ─exclamaba Abaddon riéndose─ Pero la tendrás de todas formas, mi querida Regina.
─Ahora, dime, ¿sabes para que necesitábamos a los cinco Héroes? ─Inquiría Shaitan.
─Eran un sacrificio, para el Centrum Omnia. ─Replicaba Regina mirándolo fijamente.
─Es bueno ver que Su Majestad hizo la tarea, aunque incompleta hay que decir. ─Exclamaba Shaitan.
─ ¿De qué hablas? ─Indagaba Regina.
Shaitan se detuvo detrás de ella, y con la mano izquierda, la obligó a mirar hacia el frente, donde Abaddon hizo aparecer una especie de proyección parecida del Corazón del Centrum Omnia.
─El Centro de Todo tiene en su interior diez sellos, cinco de Luz, y cinco de Oscuridad ─explicaba Abaddon─. Las reglas de uso son simples; si tú pretendes usar la Magia de Luz de ese enorme pedazo de tierra, tienes que cerrar los cinco sellos de la Oscuridad poniendo a cinco villanos como sacrificio, claro que un patético Héroe no lo vería como un sacrificio sino como justicia. Cuando el sacrificio se consuma, los cinco sellos se cierran, liberando el poder por completo.
─Y lo mismo pasa si quieres ocupar la Oscuridad, que, de hecho, es lo que estamos haciendo aquí en este momento ─continuaba Shaitan─. Sin embargo, hay algo que todavía no te hemos dicho, que es en realidad lo que nos tiene verdaderamente preocupados.
─Estoy tan ansiosa por saberlo. ─Exclamaba Regina sarcásticamente.
─Digamos que tú como la reformada Heroína que eres, quieres usar la Luz del Centrum Omnia para erradicar todo el Mal de este Mundo ─decía Shaitan─, y para hacerlo, como ya sabes, tienes que meter a cinco villanos en cinco prisiones equidistantes al Centro de Todo.
─Ahora, digamos que un Villano descubre tu plan y se rehúsa a aceptarlo. ─Proseguía Abaddon.
─ ¿Y eso qué? ─Inquiría Regina.
─ ¿Y eso qué?, ¡¿y eso que?! ─respondía Shaitan─, simple, Alcaldesa Mills, que se necesita a la contraparte de la Energía que estés ocupando para liberar a las víctimas de sus prisiones. O sea, que ese Villano, debe ser el más Oscuro que haya existido. Eso significa que se necesita al Ser de Luz más poderoso de todos los tiempos para liberar a los Héroes de igual manera.
─Lo que nos lleva al tema principal de esta lección, la razón por la que mi hermano mayor y yo estamos tan decepcionados de ti, Regina. ─Declaraba Abaddon.
Shaitan y Abaddon se miraron, y el mayor de ellos asintió para después soltar a Regina, acto seguido, Abaddon tomó control de ella y la obligó a arrodillarse frente a sus captores.
─Nuestra situación actual, nos ha hecho dudar de ti, mi querida Regina. ─Exclamaba el menor de los Dinistrio arrodillándose frente a ella.
─ ¿Por qué? ─Preguntaba Regina con las rodillas pegadas al piso.
─Cómo te dije antes, se necesita al Ser de Luz más poderoso de todos los tiempos para entrar a esos Calabozos, ¿y adivina qué? ─pronunciaba Shaitan poniéndose también a su nivel─ Alguien se metió al Calabozo del Ratón de Biblioteca, y la sacó de ahí.
─Pudo haber sido cualquiera. ─Rebatía Regina.
─En verdad no creo que haya muchos Productos del Verdadero Amor corriendo por ahí, Alteza. ─Replicaba Shaitan.
─Ahora, te haré una pregunta muy importante, una que tienes que contestar con la mayor honestidad posible. ─Exclamaba Abaddon.
─Dila entonces. ─Pedía Regina mirándolo con odio.
─ ¿Dónde está la Salvadora? ─Inquiría Abaddon finalmente.
Regina miró a todos lados comenzando a preguntarse los motivos por los que ellos querían saber algo como eso, sabiendo de antemano que era poco probable el que ella hubiera sobrevivido, y era más que imposible que estuviera de vuelta en el Bosque Encantado.
─Sólo tienes que decírnoslo, Regina ─proseguía Shaitan─, vamos, no es tan difícil.
─Ustedes estuvieron en mi cabeza por tres semanas, tuvieron tiempo suficiente para averiguarlo. ─Alegaba Regina probando su suerte.
Shaitan y Abaddon comenzaron a reír y segundos después, la atacaron al mismo tiempo, haciéndola pasar por un terrible dolor durante minutos que parecieron horas.
Cuando los Dinistrio determinaron que ya había sufrido lo suficiente, la soltaron y ella cayó en el suelo, temblando de dolor.
─No nos retes Regina ─amenazaba Abaddon─. Que eso no te va a salir bien.
─Y tienes razón ─proseguía Shaitan─, estuvimos en tu mente, y en todo este tiempo jamás pudimos dar con esa información, sabes que bien podríamos extraer eso de tu memoria, sin embargo, te estamos ofreciendo una última oportunidad.
─Ahora, responde. ¿Qué le hiciste a la Salvadora? ─Ordenaba Abaddon.
─Después de lo que me obligaron hacerle, no iba a permitir que la lastimaran más. ─Respondía Regina alzando la vista.
─Es curioso ver que en realidad tenías sentimientos por ella más allá de la irá y el rencor. ─Puntuaba Shaitan.
─ ¡Claro que los tenía! ─espetaba Regina─ Era la madre de mi hijo, y sobretodo, era mi amiga.
─Una amiga a la que culpaste por la Muerte de tu Alma Gemela, y a la que muy en el fondo querías hacer pagar por eso ─rebatía Shaitan─. No entiendo cómo puedes hacerte llamar su amiga todavía.
─Ella todavía es mi amiga, no importa todo lo que mi impulsividad me hizo creer. ─Contestaba la Reina.
─Bien, Regina, ¿qué le hiciste a tu amiga? ─Pedía saber Abaddon con más ímpetu.
─No podía curarla, ni hacer nada más por ella cuando perdió el sentido ─relataba Regina con lágrimas en los ojos recordando todo─. La saqué de Storybrooke, para evitar que ustedes dos, malditos parásitos acabaran con ella de una forma vil y repulsiva.
─ ¿Y en dónde exactamente la pusiste? ─Inquiría Shaitan.
─La dejé en el Bosque, en un sitio donde nadie la vería, para que terminara de desangrarse y muriera sola, que al parecer era un mejor destino que el que ustedes alguna vez tuvieron para ella ─respondía Regina con hostilidad─. Pero, ¿eso que importa? Es improbable que haya sobrevivido, tal vez haya otro Producto del Verdadero Amor rondando por ahí, y es más, ¿cómo saben que Bella salió de su prisión?
─Ven, querida ─contestaba Shaitan jalándola del cabello para levantarla─, hay un lugar especial que queremos mostrarte.
Los Dinistrio desaparecieron, llevándosela consigo para que viera de propia mano lo que acababan de contarle, y para mostrarle un pequeño obsequio que ambos le tenían preparado.
Castillo Abandonado
Emma escuchó a alguien caer en ese jardín, pero, el hedor le impedía ver a su oponente, los ojos le ardían, y su vista se nubló por completo gracias a esas plantas a su alrededor.
Riku desenvainó su Espada y corrió contra la Salvadora sin perder más tiempo. Emma alcanzó a escucharlo pisar las crujientes hojas secas que yacían en el suelo, y se hizo a un lado cuando la Espada del antiguo Héroe se clavó directamente en el muro detrás de la Salvadora.
La madre de Henry continuó retrocediendo, tapando sus ojos y siempre con la Espada frente a ella. El León de Piedra sacó su arma de la pared y con un simple pase la desarmó en segundos.
─Sin tu vista ni poderes debe ser frustrante no poder defenderte. ─Declaraba Riku cuando Emma chocó con la pared.
─No los necesito para vencerte. ─Rebatía la Salvadora tratando de abrir los ojos.
Riku usó la hoja de su Espada para golpearla en el costado derecho, haciéndola caer en el acto.
─ ¿Estás completamente segura de eso? ─inquiría Riku sujetándola en el suelo, y poniéndose encima de ella─ Si yo fuera tú lo reconsideraría.
─No tengo nada que reconsiderar. ─Replicaba Emma tratando de zafarse de él.
─ ¿De verdad? ─preguntaba el León de Piedra una vez más─, porque, es más que obvio que tengo una enorme ventaja sobre ti.
Riku tenía la Espada en la mano derecha y le costaba trabajo sujetarla hasta que ejerció más fuerza, y por alguna razón, su oponente dejó de forcejear con él.
─ ¿Qué sucede, Salvadora? ¿Ya entendiste que soy mucho para ti? ─Preguntaba Riku.
─No ─respondía Emma─, pero, recordé una cosita muy importante sobre ti.
─ ¿Y qué es? ─Pedía saber el León de Piedra.
─Que no importa que te hayas fusionado a un León de Melena Azul, tú todavía eres un hombre.
Después de pronunciar esa oración, Emma acumuló todas sus fuerzas y le dio un rodillazo en la entrepierna con demasiada intensidad.
Riku se quedó inmóvil sobre ella, mientras que la Salvadora lo hacía un lado e intentaba ponerse de pie a toda costa. Luego de varios intentos, logró gatear tanteando al piso, buscando su Espada con desesperación. Cuando por fin alcanzó la empuñadura, Riku usó sus poderes para someterla por la espalda, y transportarse juntos al interior del Castillo, en el pasillo del primer piso, ese que rodeaba el jardín.
Emma salió volando y rodó unas cuentas veces en el piso hasta que un muro la hizo detenerse. De pronto, el ardor en sus ojos terminó, y al abrirlos por completo, se encontró a Riku sobre el barandal del pasillo.
─Las flores de ese jardín actúan ante la hostilidad de sus invasores. ─Exclamaba Riku jugando con su Espada.
─Entonces, ¿por qué no te afectó a ti también? ─Inquiría la Salvadora tallando sus ojos.
─Porque yo no las pisé ─replicaba el León de Piedra con voz burlona─. Debiste hacer lo mismo que tu padre, y pasar corriendo, en lugar de detenerte.
Emma se levantó lentamente, mirándolo con detenimiento, creando en su mente una estrategia para avanzar, y evitando interrogarlo sobre su padre.
─Lo tendré en cuenta la próxima vez. ─Afirmaba Emma con seriedad.
─ ¿No quieres saber la razón por la qué sé algo como eso? ─Inquiría Riku muy extrañado.
─ ¿De qué serviría? ─respondía la Salvadora─ Estoy segura de que, si te lo llegara a preguntar, dirías que no hablarías hasta que te derrotara. Así que, acabemos con esto de una buena vez, que no tengo tiempo para tus jueguitos.
─Muy bien Salvadora, cumpliré tu deseo. Ha llegado la hora de ponernos serios. ─Exclamaba el León de Piedra, bajándose del barandal de un solo salto.
Riku hizo su brazo hacia atrás, y sacó su Escudo una vez más.
─ ¿Estás lista para lo que se aproxima? ─Preguntaba Riku preparándose para pelear.
─Siempre lo he estado ─aseguraba Emma con entusiasmo─. ¡Dame todo lo que tengas, Riku!
El León de Piedra usó el poder residual del León que todavía residía en su ser, y lanzó una onda de poder desde su Espada que Emma esquivó de inmediato, Riku corrió hasta alcanzarla y comenzar el duelo de una vez.
─ ¿No extrañas tus poderes todavía, Salvadora? ─Indagaba Riku cuando sus Espadas chocaron.
─Viví veintiocho años sin ellos, y créeme que me viene de maravilla el no utilizarlos en este momento ─respondía Emma dándole una patada que lo regresó al barandal─. Dime, ¿qué se siente ya no tener al León de tu lado?
─Él siempre me acompañará. ─Rebatía Riku arremetiendo nuevamente contra ella.
La Salvadora esquivó aquella estocada dando un giro, y logrando cortarle el brazo izquierdo.
─ ¿De verdad? ─inquiría Emma─ Entonces dime, ¿por qué es que ya puedo hacerte daño sin usar mi Magia?
Riku usó su brazo derecho, y con el Escudo la lanzó lo más lejos que pudo sin que ella lo viera venir.
─Te aconsejaría que no te jactaras tan rápido ─sugería Riku bajando el Escudo─, porque puedo asegurarte que esta es la última vez que me vas a tocar.
Cuando Emma se puso de pie, el León de Piedra caminó rápidamente hasta ella y la tomó por el cuello, para después simplemente mandarla a volar una vez más.
─Todo parece indicar que tú y el suelo tienen una estrecha relación ─exclamaba Riku mientras Emma daba una vuelta─. Me pregunto si serán Amor Verdadero.
La madre de Henry se reincorporó lentamente buscando a su adversario con la mirada, sin embargo, Emma se encontró con alguien al que no esperaba ver sino hasta que Riku fuera vencido.
─No puede ser ─susurraba Emma viendo el enorme ventanal que tenía enfrente, al otro lado del corredor que rodeaba la parte superior del jardín─. ¿David?
Tres Semanas Antes
─ ¿Ya te cansaste, Príncipe Encantador? ─Exclamaba Abaddon al otro lado de ese viejo salón.
David estaba hincado en medio del recinto, apoyado con su espada clavada en el suelo, sudando, jadeando y con una mano en su costado.
─ ¡¿Quién demonios eres tú?! ─Espetaba el padre de Emma una última vez.
─ ¿Por qué te empeñas en saber mi identidad? ─preguntaba Abaddon─ ¿Es que acaso necesitas darle un nombre a todo lo que te asusta?
─No ─replicaba Charming tratando de ponerse de pie─, pero tengo que darle nombre al Engendro al que llevaré conmigo una vez que salga de aquí.
Abaddon se enfureció y se aproximó rápidamente a él tomándolo por el cuello con fuerza.
─ ¿Quieres un nombre? Bien, te daré uno ─respingaba Abaddon mientras hacía que sus ojos brillaran, haciendo más resplandecientes sus pupilas azules─. Yo soy lo que está en medio de la Oscuridad, soy lo desconocido, soy el mal, soy algo que no puedes detener.
David trataba de soltarse desesperadamente, sin éxito, mientras su oponente lo seguía estrangulando.
─Yo soy la Destrucción personificada, soy alguien muy poderoso para ti, soy imparable, soy indestructible, pero sobretodo; ¡SOY TU PERDICIÓN!
Abaddon Dinistrio levantó a David, lo más alto que pudo, lo soltó del cuello y de un solo golpe lo sacó del viejo salón, haciendo que cayera en el pasillo que circundaba el jardín interior.
─ ¿Te sirve eso de respuesta? ─Inquiría Abaddon avanzando ferozmente hasta él.
Justo cuando se detuvo frente suyo, David usó todas las fuerzas que tenía en su ser, y se levantó de inmediato, enterrando el filo de su Espada en su pecho.
─Para ser mi perdición, no fuiste bastante ágil. ─Bromeaba Charming clavando más su Espada.
Abaddon comenzó a hincarse, mientras trataba de tomar aire, cosa que ponía a David feliz, porque, eso significaba que estaba a unos instantes de salir de ese lugar infernal.
Sin embargo, lo que estaba presenciando no era más que una artimaña creada por el menor de los Dinistrio, porque, Abaddon comenzó a reírse en el momento en que el rostro de David se relajó.
─ ¿De qué diablos te estás riendo, imbécil? ─Exigía saber David.
─Lo lamento, es que no pude evitarlo ─respondía Abaddon levantando el índice derecho─. Te veías tan ilusionado y lleno de esperanza al creer que me habías vencido, que no pude hacer nada para impedirlo.
Dicho esto, Abaddon se levantó con rapidez ante la mirada estupefacta de Charming, quien se paralizó al ver que su plan no había funcionado.
─Te dije que estaba bien que me tuvieras miedo ─exclamaba Abaddon─, ahora dime, ¿todavía quieres jugar?
Abaddon no esperó la respuesta y se transportó junto con Charming hasta el pasillo del último piso, que conducía a la Torre más alta del Castillo.
Una vez que lo soltó, lo empujó, haciéndolo dar un sinfín de vueltas, hasta quedar justo enfrente del enorme ventanal que ya había visto antes. En ese momento, se percató que el mismo abarcaba desde la planta baja hasta donde se encontraba cuando echó un vistazo hacia abajo, sin embargo, algo en él cambió al alzar la mirada.
Frente a sus ojos ya no estaba el Castillo que alguna vez le perteneció, no estaba ni siquiera el valle oscuro y olvidado que vio por primera vez. No, lo que tenía enfrente no era nada parecido al Bosque Encantado, sino que en ese ventanal se estaba proyectando una imagen de la casa de Emma en Storybrooke, con ella y Killian sentados en las escaleras que llevaban al Pórtico, ambos tomados de la mano, uno cerca del otro, siendo la feliz pareja que él siempre recordó.
─ ¿Todavía crees que tu Castillo sigue ahí? ─Preguntaba Abaddon cuando David volteó.
─ ¿Qué es esto? ─Pedía saber el Príncipe sin dejar de señalar a sus espaldas.
Abaddon ya no contestó, simplemente, usó una pequeña Daga para abrir más la herida de su costado, luego de eso, lo tomó por el hombro y lo empujó con fuerza con dirección a la puerta de la Torre. Antes de que se estrellara con ella, el hermano menor de Shaitan le lanzó un pequeño disco de color azul que lo encerró en un Cristal y selló la Torre para que nadie pudiera llegar hasta él.
Acto seguido, Abaddon se limpió el polvo del hombro derecho, sacudió sus manos, y en un abrir y cerrar de ojos… desapareció.
Centrum Omnia
El Presente
Los Dinistrio aparecieron junto con Regina en el lugar preciso en donde querían enseñarle lo que los tenía tan furiosos con ella, sin embargo, su cólera se acrecentó al encontrar el segundo sello cerrado y el tubo completamente vacío.
─ ¿Qué es este lugar? ─Preguntaba Regina mirando a sus captores.
─Estamos en el lugar predestinado, y prometido ─respondía Shaitan sujetándola por la espalda─, aquel que ha costado el sudor de tus mugrientos y sudorosos súbditos.
─Que por cierto ahora te odian… otra vez. ─Intervenía Abaddon.
─ ¿Y yo que tuve que ver con esta cosa?, es la primera vez que la veo. ─Protestaba Regina.
─Ellos no dicen lo mismo. ─Continuaba el menor de los Dinistrio.
─Eso no importa ahora ─intervenía Shaitan─. Regina, ¿quieres saber por qué te trajimos hasta aquí?
─Es una de las intrigas más grandes de mi vida. ─Repelaba la Reina sarcásticamente tratando de zafarse de él.
─Mira fijamente allá abajo. ─Ordenaba el mayor sujetando su cabeza para obligarla a inclinarla hacia el Centrum Omnia.
─ ¿Qué se supone que es exactamente lo que debo ver? ─Preguntaba Regina sin entender nada.
─Eso que tienes frente a tus ojos es el Centro de Todo ─comenzaba Abaddon─. Si te das cuenta ambas fuerzas mágicas, Oscura y de Luz, coexisten en el mismo agujero.
─Pero extrañamente, en ningún momento ambas se mezclan ─proseguía Shaitan─, nunca. Desde que Nimue y Merlín lo crearon, jamás se han juntado, coexisten en su propio espacio y tiempo.
─ ¿Por qué la Magia de Luz casi no se ve? ─Pedía saber Regina mirando los sellos.
─Porque esos son los sellos que se están cerrando poco a poco ─respondía Shaitan─, hace unas horas la Magia de luz estaba por extinguirse, pero, como puedes darte cuenta justo ahora se está engrandeciendo.
─ ¿Por qué? ─Preguntaba Regina con cuidado.
─Averígualo tú misma. ─Ordenaba Shaitan jalándola para que se pusiera de pie.
Regina alzó la vista y la dirigió hacia el lado superior derecho de la enorme habitación. Ahí, encontró un tubo de cristal vacío, y el nombre Bella escrito con letras doradas el muro de piedra. De pronto, Shaitan la obligó a moverse para que ahora mirara el mismo tubo vacío bajo el nombre de Snow exactamente frente al nombre de Bella.
─Como bien te estás dando cuenta, ese Producto de Amor Verdadero desconocido anda haciendo de las suyas, y acaba de sacar a la que alguna vez fue tu más grande enemiga. ─Exclamaba Abaddon.
─ ¿Y luego? ─inquiría la Reina cínicamente─ ¿Me pondrán a buscarlo por todo el Bosque Encantado o qué?
─Sí y no ─respondía Abaddon moviendo la cabeza─. En primer lugar, sólo te trajimos aquí para que conocieras las causas de tu futuro castigo, y las consecuencias de tu antiguo error.
─ ¿De qué demonios están hablando?
─Te obligaremos a buscar a ese Héroe Desconocido, y harás lo que mejor sabes hacer en toda tu repugnante existencia ─contestaba Shaitan tomándola por el cuello─: DESTRUIR.
Regina abrió los ojos de sorpresa y miedo por lo que esos locos harían a partir de ese momento.
─ ¿Qué? ─Mascullaba la Hija de Cora.
─Así es, pequeña Regina ─proseguía Abaddon─. A partir de ahora, serás la mejor versión de la Reina Malvada que este Reino ha visto, todos te temerán mil veces más que hace treinta años, y te implorarán piedad hasta que sus gritos ensordezcan hasta el último rincón del mismísimo Cañón del Silencio.
─Pero no desesperes, Regina, que todavía no te mostramos la mejor parte de esta peculiar visita. ─Exclamaba Shaitan con una enorme sonrisa.
Él la soltó y ambos señalaron hacia el frente. Ella siguió sus dedos con la mirada hasta un tubo púrpura que quedaba en medio de los otros cuatro. La Reina miró nuevamente a Shaitan, quién simplemente alzó el dedo, y Regina volvió a seguirlo, sólo para encontrar grabado en el muro el nombre de la persona que menos creía que podría estar ahí.
─No ─susurraba Regina cuando los ojos comenzaron a humedecérsele del miedo─, él no puede estar ahí.
La Reina se dio media vuelta y los miró nuevamente con furia y desesperación.
─ ¡Ustedes dijeron que hallarían a otro para ser el quinto Héroe! ¡Prometieron que no lo dañarían! ─Chillaba Regina apretando los puños.
─Y tú prometiste no fallar. ─Respondía Shaitan con voz maliciosa.
─No, yo no dije nada de eso. ─Repelaba Regina moviendo rápidamente la cabeza de un lado a otro.
─En los negocios, ambas partes deben estar de acuerdo para que todo funcione correctamente, Regina ─exclamaba Abaddon con la misma entonación de su hermano─. Tal vez tú no estuviste de acuerdo con nosotros… pero esa gemela Malvada a la que tan desesperadamente tratas de sepultar no dijo lo mismo.
─Ella estaba complacida con la idea con tal de salvar a su pequeño hijo, y traer a su amado de regreso ─continuaba Shaitan─, creo que ahora podemos ver cuál de tus versiones es la que los ama realmente.
─Aquella mujer a la que no le importa nada con tal de conseguir lo que quiere ─añadía Abaddon─, con ella sí estábamos dispuestos a trabajar, no con una mujer blandengue que no pudo hacerse cargo de una simple labor como terminar con la insignificante vida de la Salvadora definitivamente.
─Ya les dije que es imposible que haya sobrevivido, y es impensable que haya hecho el camino hasta acá ─negaba Regina─. Si pudo sobrevivir, es probable que esté en la cama de algún hospital a que ande por toda la Tierra sin Magia buscando una forma de volver al Bosque Encantado.
─Ese es tu problema, Regina ─rebatía Abaddon comenzando a estrangularla con su Magia─, tú siempre te basas en suposiciones y probabilidades idiotas. No das nada por hecho, ahora, gracias a eso, estamos perdiendo lo que ya teníamos, y nuestros planes se vienen abajo. Y con ellos, tú oportunidad de hallar a tu querido aromatizante andante.
Regina abrió más los ojos, y se dio cuenta que esos dos decían la verdad en el momento que le confesaron que les costaba trabajo sacar información de su cerebro. Ellos no tenían idea de que Robín había hecho contacto con ella, Shaitan y Abaddon cometieron el mismo error que ella cuando hechizó a Snow; no saber a dónde la estaban enviando. Tenía una ventaja.
─ ¿Y qué es lo que me harán hacer ahora? ¿Qué estúpida e insignificante Aldea destruiré para demostrar mi enorme poder? ─Preguntaba Regina cuando la soltaron.
─Lo sabrás a su tiempo, Regina ─respondía Abaddon─, por lo pronto, deberemos volver a tu Palacio, necesitamos hacer una pequeña poción antes de comenzar.
Shaitan la noqueó, dejándola caer al piso sin ninguna preocupación ante la mirada expectante de su hermano menor.
─ ¿Dónde comenzaremos, hermano? ─Inquiría Abaddon.
─Sea la Salvadora o no, alguien tiene que estar detrás de todo esto, alguien debió hablarle sobre la Profecía ─respondía su hermano mayor─, así que sugiero que nos ocupemos de hallar al verdadero responsable.
─ ¿Y qué sugieres? ─replicaba Abaddon─ ¿Ponernos a buscar en cada sucia Aldea de todo este Reino?
─No ─exclamaba Shaitan─, pondremos a Regina a buscar a cada bruja y hechicera en este Reino, alguien longevo y sabio debe conocernos a la perfección, pero primero…
Shaitan movió su mano derecha e hizo aparecer el chupón de la pequeña Hood en medio de un humo rojo.
─ ¿De dónde sacaste eso? ─Preguntaba Abaddon mirando el chupón con curiosidad.
─Esto lo hurté de la casa de la Bruja del Oeste cuando dejamos que Regina tomara la lágrima de su querida sobrina. ─Contestaba Shaitan jugando con el chupón entre sus dedos.
─ ¿Y por qué la sacas ahora? ─Inquiría Abaddon por última vez.
─Porque, cuando llegue el momento, esta cosa tan curiosa nos dirá en donde comenzar a buscar a esa mocosa, para que sea Regina la que se haga cargo de ella ahora que ninguno de sus padres está cerca.
Tras decir esto, Shaitan y Abaddon sonrieron y desaparecieron del Centrum Omnia llevándose a Regina de vuelta al Palacio para preparar lo que necesitaban antes de iniciar su cacería de brujas.
Castillo Abandonado
Emma observaba a su padre detrás de ese enorme ventanal dentro de uno de esos Cristales Gigantes, con los ojos cerrados y muy alejado de ella.
Era casi un milagro el haberlo encontrado sin siquiera buscarlo, parecía una extraña casualidad, pero ahora, lo que tenía que hacer antes de poder siquiera rescatarlo, era deshacerse de Riku de una vez por todas.
Emma volvió a buscarlo con más desesperación, y sólo pudo hallarlo, cuando el Escudo pasó a su lado cortando el viento gracias a la velocidad que llevaba. La Salvadora miró el Escudo hasta que este chocó con una columna de piedra y regresó a su dueño pasando una vez más al lado de la madre de Henry.
─Tengo que admitir que en toda mi existencia nadie me había hecho utilizar este Escudo como se debe… hasta ahora. ─Declaraba Riku con el brazo levantado mostrando al León.
─Eso demuestra dos cosas ─replicaba Emma con Espada en mano─. O eres muy malo para hacer tu trabajo, o soy demasiado para ti.
El León de Piedra le lanzó el Escudo una vez más para usarlo a modo de distracción, y salió disparado hasta ella para atacarla.
Emma, por su parte, se agachó dejando que el Escudo le pasara por encima de la cabeza, recuperando su posición anterior justo cuando Riku iba a atacarla con la Espada.
─Eres ágil ─afirmaba el León de Piedra antes de que su Escudo regresara y golpeara a Emma en el tobillo izquierdo, haciéndola caer─, pero no lo suficiente.
Riku volvió a tomar el Broquel con la mano derecha, acumuló todas sus fuerzas y atacó a Emma con él. La Salvadora movió la cabeza a un lado, mirando al Escudo a su lado y cómo se enterraba en el suelo gracias a la increíble fuerza que él poseía.
Su oponente volvió a levantar el Escudo, sin embargo, esta vez algo cambió.
Emma lo miró fijamente y antes de que el filo del Escudo hiciera contacto con su cuerpo, lo detuvo con ambas manos.
─Eres tontamente valiente por lo que veo. ─Exclamaba Riku cuando las manos de la Salvadora comenzaron a arderle.
Emma soltó el Broquel y giró en el suelo, alejándose del peligro hasta que sus manos dejaron de doler.
─ ¿Qué demonios fue eso? ─Inquiría Emma poniéndose nuevamente de pie.
─La muestra de que no eres digna ni siquiera de tocar este Escudo ─respondía Riku volteando a mirarla─, sólo alguien que de verdad pueda llamársele Héroe será capaz de tomarlo.
─Eso no me importa ─espetaba Emma─, no tengo que demostrarte mi nivel de heroísmo, porque yo sé perfectamente quién soy, y también cuál es mi misión en este momento.
─ ¿Ah sí? ─indagaba Riku─ ¿Y cuál es? ¿Sacar a tu papi de aquí?
─Precisamente ─contestaba Emma con seguridad─, y más ahora que lo estoy viendo allá atrás.
Riku dirigió su mirada hacia donde el dedo de Emma apuntaba y sólo esbozó una risa burlona.
─ ¿De verdad crees que tu Encantador papi está detrás del ventanal? ─Preguntaba Riku.
─Sólo hay una forma de averiguarlo. ─Replicaba Emma comenzando a correr.
Emma salió disparada con dirección al enorme ventanal mientras Riku la miraba divertido sin moverse de su lugar. De pronto, algo más sucedió.
Cada vez que ella se acercaba, la imagen de su padre se desvanecía lentamente, guiada por su desesperación apresuró el paso, sin embargo, al llegar a la orilla, sólo pudo encontrarse a ella misma, con Henry, Killian y sus padres afuera de Granny's.
─ ¿Qué acaba de pasar? ─Inquiría Emma jadeando y muy confundida.
─Lindo, ¿no? ─cuestionaba el León de Piedra apareciendo justo a su lado─, ¿quieres que te muestre la única y gran verdad?
Riku usó su Escudo y lo lanzó con dirección al ventanal. El Broquel se estrelló haciendo que lo que la Salvadora tenía enfrente de ella desapareciera en un instante y hecho miles de pedazos.
─Esto no era una ventana, sino un Espejo ─explicaba Riku guardando el Escudo─. Uno que revela tus más profundos deseos y anhelos. Así que, como ya te diste cuenta, tu papi jamás estuvo ahí.
─Igual que el Espejo de Oesed en Harry Potter. ─Declaraba Emma sin voltear a verlo.
─No tengo la menor idea de lo que estás hablando. ─Aseguraba Riku hipnotizado por el verdadero paisaje del exterior.
─ ¿Dónde demonios está mi padre? ─Preguntaba Emma todavía mirando al ventanal.
─Jamás te lo voy a decir. ─Exclamaba Riku.
─Bueno, entonces no me dejas otra opción. ─Finiquitaba Emma.
La Salvadora cerró los ojos, y rápidamente le clavó la punta de su Espada en el abdomen.
─ ¿Qué? ─inquiría Emma clavando más la punta de su Espada─ ¿Acaso no lo viste venir?
Por su parte, Riku pareció leer sus pensamientos y estaba por atravesarle el Corazón, sin embargo, el ataque de Emma lo sacó de balance, y sólo consiguió abrirle una enorme herida desde la clavícula izquierda, hasta el hombro.
─No eres la única con trucos. ─Exclamaba Riku con una enorme mueca de dolor.
Momentos después de pronunciar aquellas palabras, el León de Piedra usó lo que le quedaba de Magia del León y la lanzó lo más lejos que pudo. Emma rodó nuevamente en el suelo hasta que el muro la detuvo, sin nada más que hacer, llevó su mano derecha instintivamente hasta la herida, provocándose más dolor y manchando sus dedos con su propia sangre, mientras Riku se sacaba rápidamente la Espada del abdomen y la clavaba con fuerza en el suelo a un lado de él.
─Creo que es un buen momento para decirte la verdad. ─Expresaba el León de Piedra dando pasos tambaleantes hacia adelante.
─ ¿Y cuál es esa verdad? ─Inquiría Emma tratando de ponerse de pie, y evitando usar el brazo izquierdo.
─Que no importa lo que hagas, no serás capaz de detenerme ni en esta o en alguna otra vida ─respondía Riku sacando el Escudo por última vez─. No tienes lo que se necesita para enfrentarme, sólo eres una chica que cree poder salvar a su Familia de la perdición. Pero, ¿sabes qué más?
─ ¡¿QUÉ?! ─Vociferaba Emma cuando logró ponerse de rodillas.
─Que no salvarás a nadie, porque ni tú o tu padre saldrán de aquí ─alegaba Riku a punto de lanzar el Broquel─. No mientras este Escudo sepa quién es digno de usarlo.
─No me importa lo que tú o tu estúpido Escudo digan ─rebatía Emma mirándolo fijamente a los ojos─. Yo sé quién soy, y lo que soy capaz de hacer, y déjame decirte de una vez por todas, que por más veces que yo caiga serán las mismas en las que yo me ponga de pie, porque no descansaré hasta ver al último de mis Seres Queridos sano y salvo, así que, puedes romper mi cuerpo en miles de pedazos, pero jamás harás que me rinda. ¡¿OÍSTE?!
La Salvadora se puso completamente de pie, y apretó fuertemente los puños esperando el ataque de su rival.
─De acuerdo, romperé tu cuerpo ya que tanto lo deseas. ─Exclamaba Riku usando al León para crear un aro de fuego azul alrededor del Escudo.
Sin más preámbulo, lanzó el Broquel con dirección a la Salvadora. El círculo de metal giraba a toda velocidad con dirección a Emma, quién sin querer esperar a que el Escudo la atacara corrió contra él.
Riku miraba la escena muy curioso. Se le hacía inverosímil que Emma corriera a impactarse contra su Broquel, sin embargo, algo cambió, y lo que él esperaba que sucediera, jamás pasó.
Poco antes de que el Escudo hiciera contacto con su cuerpo, Emma se dejó caer, barriéndose en el suelo de inmediato, de pronto, alzó la vista, levantó el brazo derecho y lo tomó por las enarmas, deteniéndolo por completo.
La expresión en el rostro de Riku cambió de una satisfacción mezclada con una mueca de dolor, a una profunda consternación, seguida de confusión. Emma, por su parte, se puso de pie todavía con el brazo levantado, el fuego azul desapareció, y el Broquel comenzó a brillar.
El León de Piedra lo miraba fijamente cuando ese pedazo de metal se fue transformando conforme la Salvadora bajaba el brazo.
El que alguna vez fuera su Escudo de Rodela, ahora se convertía en un Escudo de Tarja con la orilla dorada, compuesto por dos colores: blanco y rojo vino, además de un Fénix bañado en oro que funcionaba como umbo a partir de ese instante.
─No puede ser… ─Musitaba Riku.
─ ¿Sorprendido? ─exclamaba Emma─ Porque yo sí.
─ ¿Qué es lo que está pasando? ─Exigía saber el León de Piedra.
─No me hagas mucho caso, pero todo parece indicar que tu querido Escudo al fin se dio cuenta de quién es digno para usarlo. ─Contestaba Emma.
Riku ya no contestó, sólo la miró con rabia, desenvainó su Espada, y tomó la de Emma que estaba a su lado para después correr como loco hasta ella con las Espadas al frente.
La Salvadora se protegió con el Broquel y comenzó a correr hacia él para interceptarlo. Cuando ambas Espadas hicieron contacto con Emma, algo increíble ocurrió.
La Espada de Riku se pulverizó al tocar el nuevo Escudo de la Salvadora, mientras que la empuñadura de la otra Espada le quemó la mano derecha. Él la soltó y Emma la tomó nueva mente con la mano izquierda y le dio otra estocada esta vez, en el costado izquierdo, provocándole una herida mucho más grande que la anterior.
El viejo León de Piedra se dejó caer de rodillas con la mirada fija en la herida, mientras trataba de taparla con su mano. Sin más, un humo púrpura salió de su boca y Emma sólo retrocedía al verlo, dándose cuenta de que, al parecer todo había terminado.
─Bueno… al parecer… Shaitan y Abaddon tenían razón… yo ya no soy un Héroe. ─Decía Riku comenzando a jadear.
─ ¿Cómo es que sabías sobre mí? ─Preguntaba Emma sin más preámbulo.
─Ellos dos… me hablaron sobre ti. ─Respondía él.
─Eso quiere decir… que ya saben que estoy aquí. ─Concluía Emma con terror en la mirada.
─No ─contradecía Riku moviendo la cabeza rápidamente de un lado a otro─. No lo saben…, pero lo intuyen.
─ ¿Por qué?
─Ya se dieron cuenta de que hay un Producto de Amor Verdadero rondando por sus prisiones… y no están muy contentos con ello.
─Entonces, si ya lo saben, ¿por qué simplemente no lo buscan? ─Inquiría Emma.
─No pueden ─respondía Riku─, cuando menos no solos, es por eso que tienen a sus custodios, ellos no pueden buscar a la contraparte de su poder, y necesitan a un recipiente para poder hacerlo.
─Es por eso que necesitan a Regina, pero, ¿por qué me estás diciendo todo esto?
─Shaitan y Abaddon me hechizaron, así les obedecería en todo lo que ellos pidieran, y la única manera de escapar a eso era la muerte ─relataba Riku─. Y, como puedes darte cuenta, eso está por pasar.
─Eso no responde mi pregunta.
─Quiero hacer algo bueno, aunque sea al final, es por eso que te estoy revelando esto.
─Si eso es cierto, entonces dime, ¿dónde está mi padre? ─Inquiría Emma con desesperación.
─Está en el siguiente piso, detrás de la puerta que conduce a la Torre más alta.
─ ¿Y qué? ¿Sólo subo y ya?
─Necesitas Magia para sacarlo del Cristal… ─respondía Riku─ y este lugar sólo permite que una persona use sus habilidades.
─Yo no pude entrar aquí con mi Magia… porque tú ya estabas adentro ─continuaba Emma─, entonces, eso quiere decir que…
─Que tienes que matarme para poder salvar a tu padre. ─Terminaba Riku.
El rostro de la Salvadora cambió al entender esa gran verdad, aunque desde un principio estaba decidida a matarlo, el tenerlo ahí, ya moribundo gracias a su mano, la hacía ver las cosas desde otra perspectiva.
─Tiene que haber otra manera. ─Exclamaba Emma.
─Ambos sabemos que no la hay ─replicaba el León de Piedra─. No tienes que preocuparte, a mí ya no me queda nada en este mundo por el cual quedarme un rato más, en cambio tú, sí lo tienes.
─Si de verdad ellos te dijeron todo, sabes también como yo que no me quedaré tampoco. ─Rebatía la Salvadora.
─Pero apuesto a que antes de irte te asegurarás de que todos los que amas estén a salvo ─contradecía Riku una vez más─. Salvadora, tienes que entender que a veces no podemos salvar a todo el planeta, y si mi sacrificio sirve para detener a esos Monstruos no me importa, podré soportar lo que venga a mí en el Inframundo.
─ ¿Estás seguro? ─Indagaba Emma.
─Si ese Escudo ya decidió que se quedará contigo, es porque el León así lo quiso, y yo jamás lo cuestioné ni desobedecí. ─Afirmaba Riku.
─ ¿Por qué me eligió? ─Pedía saber Emma con suma curiosidad.
─Porque estás completamente dispuesta a lo que yo sólo pude hacer una vez en mi vida ─explicaba Riku─, y eso es: dar la vida por otro ser vivo, demostraste ser digna de portar el Escudo del León… o, mejor dicho, del Fénix. Así que, como último favor te pido que lo cuides como a tu vida, y de hacerlo así, éste nunca te dejará.
─Así lo haré ─aseguraba Emma levantando la Espada─, y tú, ten cuidado en el Inframundo, en últimas fechas se convirtió en un verdadero martirio estar ahí.
─Lo tendré en cuenta, y buena suerte, Emma Swan. ─Decía Riku tomando valor.
Emma sujetó la Empuñadura con ambas manos, y rápidamente le clavó la Espada directamente en el Corazón, no había nada qué hacer, no podía salvarlo, y sobretodo, él no quería ser salvado.
Cuando sacó la Espada de su cuerpo, Riku cayó de espaldas ya sin vida, y con una aparente e inexplicable paz en su rostro. Pero, antes de poder emprender el camino hasta David, un humo completamente negro emergió del cuerpo ya sin vida de su oponente, y en segundos la atravesó haciendo que experimentara el mismo dolor que la vez que rescató a Bella.
La Salvadora cayó de rodillas, apoyándose en sus manos mientras trataba de recuperar la respiración y evitar así desmayarse. Luego de un rato más en esa posición, se puso de nuevo de pie, y salió disparada hasta las escaleras que llevaban al último piso del Castillo.
Una vez ahí, encontró a varios Soldados de la Guardia Negra custodiando el pasillo, sin perder más tiempo, se abalanzó hasta ellos y entre estocadas y golpes de su poder Mágico fue como pudo deshacerse de ellos y alcanzar la puerta que la conduciría a la Torre más alta. Abrió la puerta de una patada, subió las aparentemente interminables escaleras en espiral y cuando alcanzó la cima, ahí estaba su padre.
David estaba atrapado en un Cristal Azul gigante, y de su costado parecía salir un poco de sangre que iba ascendiendo poco a poco. Ya no perdió más tiempo preguntándose el por qué, simplemente usó su Espada, concentró su Magia de Luz y de un solo golpe destrozó el Cristal haciendo que su padre cayera al suelo inconsciente.
Emma guardó su Espada y su nuevo juguete para interceptar a Charming y evitar que su cabeza rebotara de forma brusca en el suelo.
─Descuida, papá ─susurraba Emma─, pronto saldremos de aquí.
Lo sujetó con fuerza, y utilizó sus poderes una vez más para que ambos salieran de ahí antes de que el Castillo Abandonado comenzara a destruirse.
La Salvadora no sabía a dónde tenía que dirigirse, sólo pensó en su madre, y segundos después estaba afuera de una choza en la Aldea de Mulán en pleno aguacero.
Alternis Modus
Ese Mismo Instante
─ ¡Robín! ─chillaba Regina cuando volvió a aquella dimensión─ ¡Robín!
El Forajido reapareció a un lado de ella muy alarmado tras escuchar sus gritos desesperados.
─ ¿Qué sucede? ¿Por qué estás así? ─Inquiría Robín tratando de calmarla poniendo sus manos en sus hombros.
─Tienes que salir de aquí ─replicaba Regina rápidamente─. Lo más pronto posible. Tienes que despertar e ir a buscar a Zelena.
─ ¿Por qué? ─Inquiría nuevamente su prometido.
─Alguien está sacando a los demás de los Calabozos, y me pondrán a buscar respuestas de un momento a otro ─contestaba la Reina─, es por eso que tienes que irte a buscar a mi hermana. Cuando la encuentres, vayan por su hija y una vez que ella esté a salvo, busquen refuerzos.
─Ni siquiera sé en dónde está mi cuerpo en el mundo real, ni mucho menos en dónde empezar a buscarlas. ─Replicaba Robín.
─Eres el Gran Forajido Robín Hood, esto para ti será pan comido ─contestaba Regina esbozando una sonrisa─. Confío en ti.
─No quiero dejarte sola. ─Exclamaba Robín.
─No tienes opción ─replicaba Regina─, aunque no quieras irte, yo si lo haré, y dudo que los Dinistrio me devuelvan aquí una última vez.
Regina tenía razón, no importaba si él la esperaba, algo le decía que no volverían a esa Dimensión Alterna una vez más, era su deber hacer algo.
─Y una vez que esté fuera de esta Dimensión Alterna, y que encuentre a tu hermana, ¿a quién exactamente vamos a buscar? Porque no creo que haya muchos Productos de Amor Verdadero corriendo por ahí. ─Decía Robín resignándose a abandonarla.
─A la única persona que jamás creí que podría estar haciendo todo esto, aquella por la que acaban de torturarme, gracias a que aparentemente no terminé mi trabajo. ─Respondía Regina.
─ ¿Emma? ─preguntaba Robín muy extrañado─ Creí que habías dicho que no era probable que siguiera con vida.
─Al parecer he vuelto a cometer mi error pasado, y subestimé a la Salvadora una vez más, para nuestra fortuna hay que agregar ─respondía Regina con alivio─, con ella todo será más fácil.
─Regina… ─Musitaba Robín.
─Ustedes preocúpense por salvar a esa niña y los demás, luego se preocupan por salvarme a mí. ─Terminaba Regina con decisión.
─Te prometo que volveré por ti lo más pronto posible ─aseveraba Robín abrazándola con fuerza─, y que juntos venceremos a los Dinistrio.
─Resistiré lo más que pueda hasta que ustedes encuentren a Emma. ─Prometía la Reina cuando se separaron.
─Lamento ser el que pregunte lo obvio… pero ¿cómo se supone que saldré de aquí?
Regina se separó de él todavía más y le dio la espalda antes de proseguir.
─Bueno, una Hada Verde una vez usó el polvillo de duendes para mostrarme a mi Alma Gemela ─narraba Regina una vez más─. Eso quiere decir que, por mera definición, eso nos convertiría en Amor Verdadero.
─La Magia más Poderosa de todas. ─Concluía Robín.
Antes de que Robín continuara hablando, Regina se abalanzó hacia él tomándolo por el cuello de la chaqueta, sin importarle en dónde estaban o si era real o no, lo único en que pensaba era en sacarlo de ahí.
Robín correspondió el beso segundos después, entendiendo lo que su amada quería decirle en ese momento, y uniendo sus ideales una vez más, volviendo a ser la feliz pareja que alguna vez fueron.
Fue gracias a ese sentimiento y el futuro que en el pasado se fijaron allá en el lejano pueblo de Storybrooke, Maine que la Magia pura del Amor Verdadero se hizo presente, creando una onda expansiva multicolor desde sus labios. Una pequeña ráfaga de aire lo acompañó y el Forajido comenzó a desvanecerse frente a la Reina.
─Volveré por ti, Regina, es una promesa. ─Juraba Robín antes de irse.
─Esperaré a que vuelvas por mí. ─Respondía Regina.
El padre de Roland simplemente asintió y se fue del Alternis Modus, dejando a la Madre adoptiva de Henry en ese lugar, aguardando amargamente el momento en el que Shaitan y Abaddon decidieran despertarla para hacerla propagar el mal.
Cosa que estaba pronta a suceder, una vez que los Dinistrio terminaran aquella poción que los ayudaría a localizar a los Hechiceros más longevos del Bosque Encantado. Conforme las cosas fueron aterrizando en la mente de la Reina, todo tuvo sentido por primera vez en semanas. Si es que Emma estaba viva y de vuelta y la Familia estaba a salvo, sólo podía significar una cosa: la guerra, estaba por comenzar.
