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Capítulo 8: Eustass Kid
Kid jadeaba y sentía cómo el corazón le iba a mil por hora cuando cerró la puerta del piso tras de sí, apoyándose en la madera y dejándose caer al suelo. Aunque hacía ya una media hora, podía sentir la adrenalina recorriendo su cuerpo y los recuerdos del momento repitiéndose en su cabeza una y otra vez: la incredulidad del hombre, su enfado, y finalmente su miedo al comprender lo que realmente estaba sucediendo, algo muy real a pesar de que contradecía todas sus convicciones científicas. Kid podía reproducir en su cabeza con todo detalle la muerte de Caesar Clown, el primer asesinato de todos los que tenía pendientes, y escuchar la voz del hombre como si lo tuviese delante.
Aquello no tenía sentido, no era la primera persona que mataba, ya se había deshecho de su padre un par de años atrás, pero esto parecía completamente distinto. La muerte de su progenitor había sido impersonal y Kid no había tenido que presenciarla. A Caesar Clown, en cambio, le había disparado y se había quedado contemplando cómo se desangraba en el suelo y cómo este, inesperadamente, había sido capaz de ver a Law una vez estuvo muriéndose. Law se había sorprendido, pero había tomado las riendas de la situación y había comenzado a hablar como si lo hubiese tenido todo previsto.
Una mano en su barbilla le hizo levantar la cabeza, que había enterrado entre las rodillas, y se encontró cara a cara con su compañero de casa, que lo miraba con preocupación.
-¿Te encuentras bien, Eustass-ya?
-Es el shock, se me pasará –aseguró, restándole importancia.
Sin soltarlo, Law se quedó mirándolo.
-¿Seguro?
-Claro, estoy bien –insistió Kid, tratando de apartar la cabeza, pero el moreno no lo soltó. En situaciones normales él tenía más fuerza que Law, pero al parecer estaba demasiado alterado.
-Entonces, si estás bien, supongo que no me estaré aprovechando de ti al hacer esto.
Sin darle tiempo a Kid a preguntar a qué se refería, Law había acortado la distancia entre ellos y lo estaba besando, demandante. Sin comprender muy bien por qué, Kid se encontró a sí mismo correspondiendo, el beso tornándose torpe mientras ambos trataban de encontrar un ritmo.
Al separarse, Law le sonrió, satisfecho.
-¿No te habían besado nunca, Eustass-ya?
Recuperándose por completo ante esas palabras, Kid le dio un empujón, haciendo que lo soltara y cayera de culo al suelo.
-¿Y a ti qué coño te importa? ¿A qué ha venido eso?
-Me gustas, Eustass-ya –respondió Law, como si fuera lo más obvio del mundo, y antes de que pudiera darse cuenta Kid se lo encontró arrodillado frente a él, entre sus piernas.
-¡¿Pero qué coño haces?! –Prácticamente gritó, cuando Law comenzó a besar su cuello y una de las manos del moreno bajó de tiro a colocarse sobre su miembro, inconvenientemente despierto.
-¿Quieres que pare? Porque a mí no me lo parece… -Law lo apretó para dar énfasis a sus palabras y, mordiéndose con fuerza el labio inferior, Kid lo apartó.
-Estate quieto, imbécil, no pienso follar contigo.
Law lo miró, parpadeando rápidamente.
-Acabamos de besarnos.
-Me da igual, follar con un fantasma sería demasiado raro.
-¿Entonces los besos están bien?
Otra vez sin darle tiempo a Kid a responder, en este caso a negarlo, Law lo estaba besando de nuevo y él, para su frustración, no pudo evitar corresponderle.
Lo que sí que hizo fue apartarle la mano cuando esta trató de volver a su entrepierna.
Eustass Kid no se definía como una persona nerviosa, de hecho se negaría a admitir que alguna vez hubiese sentido nervios en sus veintiún años de vida, pero en esa ocasión se sentía lo más cerca que se atrevería a reconocer de ese estado.
Estaba en el taller, con su sucio mono de trabajo, saliendo de debajo de la horrenda limusina rosa que era el vehículo de Donquixote Doflamingo, con Trafalgar Law sentado sobre el capó de uno de los vehículos mirándolo sin parar, y Killer, ajeno durante toda la mañana al fantasma que le dirigía miradas y comentarios lascivos a su compañero de trabajo, acababa de salir a comprar algo para almorzar.
Era cuestión de minutos el que Donquixote Doflamingo y algún matón sin importancia, ahora que se había quedado sin su gente de confianza, aparecieran para recoger el vehículo y, por más que supiera que el hombre no podía ver a Law y por más que el moreno se hubiese paseado por delante de su antiguo jefe en incontables ocasiones, haciéndole toda clase de gestos obscenos a juzgar por sus recuentos, sin que este notara nada, Kid no podía evitar lanzarle miradas preocupadas al moreno cada dos por tres.
-Oh, por favor. Cálmate de una vez, ¿quieres? –Le dijo Law, ya harto de la situación.
-Perdona porque me mosquee ir a encontrarme con un tío al que voy a cargarme –le espetó Kid, fulminándolo con la mirada.
Law, sin inmutarse, le dedicó otra de aquellas sonrisas que llevaba mandándole toda la mañana.
-Tranquilo, te prometo que te compensaré por el mal rato.
Esta vez, Kid sonrió también.
-Más te vale.
-¿Crees que a Killer-ya le afectaría mucho si una boca invisible te la chupara en medio del taller?
-¡Anda y vete a-! –Comenzó a gritar Kid, pero se calló al ver cómo Law se llevaba un dedo delante de los labios.
Girándose, Kid se fijó en el coche que se detenía delante de la entrada abierta del taller y cómo del asiento trasero salían Donquixote Doflamingo y uno de sus matones vestido, de forma muy original, con un traje negro.
-¡Hombre, Kid! –Lo saludó el hombre con el extravagante abrigo rosa, aparentemente sin costarle nada esbozar aquella amplia sonrisa aunque Kid sabía que estaba jodido hasta los huevos.
-Jefe –saludó Kid, refiriéndose a él de la misma forma en que todos por allí lo hacían, trabajaran o no para él.
-¿Cómo va todo?
-Genial –señaló el vehículo a su lado, -todo listo.
A Kid le costó no fulminar a Law con la mirada cuando este se rio, sin duda por el doble sentido de aquella frase.
Doflamingo, sin dejar de sonreír, mandó a su hombre a que sacara la limusina y entonces volvió a dirigirse a Kid, repitiendo algo que llevaba ofreciendo desde que el pelirrojo empezara a trabajar allí.
-¿Seguro que no quieres trabajar para mí, Kid? A un chico listo como tú le iría muy buen.
Kid se encogió de hombros.
-Me va bien tal como estoy.
-¿Oh? Bueno, si cambias de opinión ya sabes dónde estoy…
A Kid no se le pasó por alto el ligero tono de advertencia en esa frase ni, otra vez, la puñetera risa de Law. Doflamingo estaba perdiendo la paciencia, algo comprensible con su situación actual, y se lo estaba haciendo saber.
-Lo tendré en cuenta.
Killer llegó justo después de que Doflamingo se marchara, sin duda habiendo esperado a que el enervante hombre al que no tragaba se fuera antes de aparecer.
Kid, rechazando la cerveza que le ofreció su amigo, comenzó a quitarse el mono.
-Oye, Killer, –el hombre rubio lo miró,- siento decírtelo sin avisar, pero creo que voy a dejar el trabajo.
Mirándolo fijamente por un momento, o al menos eso creía Kid que hacía entre el espeso flequillo, Killer dijo:
-No me digas que has aceptado la oferta de ese tío.
-¡¿Qué?! ¡NO!
-¿Entonces?
Kid desvió la mirada.
-Tengo que hacer unas cosas, y no sé cómo van a salir ni nada, así que…
-¿En qué te has metido, Kid? –Al ver la reacción desconcertada del pelirrojo, añadió: -llevas un tiempo actuando raro, sobretodo estos últimos días.
Kid seguía sin mirarlo a los ojos, centrando la vista en Law, que, pasando por detrás de Killer, le dirigió una sonrisa triste antes de salir.
-Ya lo sabrás mañana.
Negando con la cabeza, Killer dijo:
-Ten cuidado.
-Descuida. –Kid señaló una moto que habían acabado de arreglar esa mañana pero cuyo dueño no vendría a recoger hasta el día siguiente. -¿Puedo cogerla?
-Mientras no te la cargues –respondió Killer, encogiéndose de hombros.
El hombre se tensó por completo cuando Kid, sin dudarlo, se acercó a él y le dio un abrazo con un solo brazo.
-Gracias, tío.
Separándose, algo incómodo, Kid se apresuró en coger las llaves de la moto y ponerla en marcha, montándose en ella y dirigiéndole una última mirada a su amigo antes de salir.
Fuera se detuvo el tiempo justo para que Law se subiera detás de él.
Ni siquiera se dio cuenta de que se cruzaba con un coche de policía al girar en la esquina de la calle.
-AHORA-
Llegar a aquel restaurante céntrico antes que el estrafalario vehículo de Doflamingo fue sencillo, no solo porque con la moto habían podido burlar casi todo el tráfico, sino también porque a Kid le había llegado la dirección al móvil en cuanto esta había sido introducida en el GPS.
Pararon a un par de calles de distancia y, tras bajar del vehículo, Kid sacó del bolsillo del pantalón la pequeña bolsa que había comprado unos días atrás, de la que cogió cuatro pastillas.
-Sigo sin estar de acuerdo –dijo Law por enésima vez, cruzado de brazos frente a él.
-Ya, bueno, no es tu decisión –respondió Kid, tragándose los calmantes sin necesidad de agua.
Law suspiró, negando con la cabeza.
-¿Con cuatro va bien? –Preguntó el pelirrojo.
-Sí, si te tomas más podría afectarte demasiado, aunque así seguirás sintiendo bastante.
Kid se encogió de hombros.
-Algo es algo.
Comenzaron a caminar, en silencio, hasta llegar a la esquina anterior al restaurante, y Kid se aseguró de no estar a la vista. Entonces sacó dos pequeños objetos plasticosos y se los puso en las orejas.
Mirando a Law, que volvía a estar cruzado de brazos frente a él. enfadado. le sonrió y abrió los brazos, invitándolo. Aunque no cambió su expresión, Law avanzó hacia él y lo abrazó, colocando la cabeza bajo su mandíbula y apretándose tanto como pudo contra él.
Kid no escuchó el coche detenerse, ni a los hombres bajando de él, pero lo que sí escuchó, aunque ahogado por los tapones en sus oídos, fue el atronador ruido de la explosión, así como sintió el temblor que recorrió toda la calle como consecuencia de esta.
Separándose de Law, Kid se quitó los tapones de los oídos y los tiró al suelo, mirando a su compañero antes de girarse para comenzar a caminar.
Una mano sujetando su muñeca lo detuvo.
-Kid, por favor –pidió Law una última vez.
-No, no me vas a hacer cambiar de opinión.
-Son solo unos años -insistió Law, -no pasará nada.
-Me da igual.
Soltándose, y esta vez sin mirarlo, Eustass Kid comenzó a caminar, saliendo del escondite que proveía el muro del edificio y encontrándose frente a frente con la destrozada calle, los restos ardientes de la limusina y sus ocupantes tirados por el asfalto. El conductor debía estar muerto ya, pero Doflamingo y su guardaespaldas no. Lo habían programado de tal forma que la bomba explotase treinta segundos después de que el motor se parase, para que les hubiese dado tiempo a bajar y así la explosión no matase a Doflamingo. No, de eso se encargarían las heridas y toda la mierda que habían metido en la bomba.
Había sido una suerte que no hubiera habido nadie más en la calle, porque Kid ya se había encargado de que el vehículo estuviera en perfectas condiciones para minimizar el riesgo de que pararan antes de su primer destino. Que hubiese muerto alguien más por accidente habría sido una cabronada.
Acercándose, decidido, Kid se detuvo frente al alto hombre de rosa, que jadeaba, sangrando, en el suelo.
Doflamingo, a quien se le habían caído las gafas, levantó la cabeza, y sus ojos se abrieron desorbitadamente al reconocer al joven pelirrojo frente a él.
-¿Kid…?
-Sorpresa –escupió Kid, fulminándolo con la mirada.
Doflamingo se rio.
-No me jodas… -Y, metiendo con esfuerzo la mano en su abrigo, sacó una pistola del bolsillo interior de este, apuntando y disparándola justo antes de que su mano fallara y se le cayera el arma.
-AHORA2-
Eustass Kid se tambaleó y la única razón por la que no se desplomó en el suelo cuando la bala atravesó su pecho, prácticamente rozando el corazón, fue que Trafalgar Law lo había sujetado, deteniendo su caída y bajándolo, con cuidado, al suelo.
Ignorando la extrañada exclamación de Doflamingo, Law envolvió a Kid con sus brazos y lo sostuvo, apoyando la cabeza del pelirrojo en su hombro y llevando una mano a acunar su rostro.
-Estás loco… -le susurró, ignorando el nudo en su garganta y luchando porque las lágrimas que insistían en subir a sus ojos no salieran.
-Mira… quién habla… -rio ahogadamente Kid, levantando un brazo y envolviéndolo débilmente alrededor de la cintura de Law.
-¿Por qué no me has hecho caso? –Siguió Law. -¿Qué más te daba esperar unos años?
Kid apretó la mano en la cadera de Law.
-Para… aburrirme como una ostra p-prefiero irme ya…
-¿L-Law? –Se escuchó la voz de Doflamingo, y Kid movió la cabeza para instar a Law a girarse.
-A-Anda… lo estabas esperando…
Sin soltar a Kid, Law giró la cabeza para mirar al hombre rubio tirado a escasa distancia de ellos.
-Hola, jefe.
Doflamingo dejó escapar una risa amarga.
-Así que eras tú…
-Os lo dije.
El hombre volvió a reírse, acabando por toser sangre en el proceso.
-Cierto… Lo has cumplido hasta muerto… Qué cojones tienes.
Volviendo a girar la cabeza hacia Kid, Law le dio un suave beso en la sien.
-¿Kid?
-S-Sigo aquí… -murmuró Kid, justo antes de perder el conocimiento en brazos de Law, que lo envolvió con aún más fuerza y enterró la cabeza en su pelo.
-… ¿Tu novio? –Preguntó Doflamingo.
-Sí... –En ese momento, Law se dio cuenta de que las lágrimas habían comenzado a caer por sus mejillas, pero no se movió para limpiarlas.
Tenía que seguir sosteniendo a Kid.
Apenas fue consciente de las sirenas que comenzaron a escucharse a lo lejos.
Continuará
La cola para matarme está al fondo a la derecha…
