IMPORTANTE: Se me olvidó avisar en el anterior. A partir de este capítulo, el rating de este fic será M. Lo cambio ahora porque antes solo se hacía mención a ciertos temas, a partir de este capítulo, se vuelve explícito. Como dije al principio: sexo homosexual/heterosexual, BDSM, sexo sin consentir (no pongo violación porque no es tan fuerte)... Si no te sientes agusto leyendo esto, ¿qué haces aquí?
Capítulo 8
—¿Fue a la hoguera?
—¿Había muchachas guapas?
—¿Había drogas?
—¿Había alcohol?
—¿Bebió?
—¿Tuvo relaciones con alguna chica?
—¡William! Por dios, ¿a ti cómo te educaron en la escuela? —suspiré cansado. Aquella clase se había transformado en un interrogatorio donde yo era el principal sospechoso.
—Por favor, doctor, cuéntenos algo —William acercó su asiento más al mio y abrió los ojos con sorpresa esperando la respuesta.
—No os voy a contar nada. Sigamos, ¿nombre del segundo grupo de vértebras?
—Vamos, doctor... —Charles se unió finalmente a la persistencia de su hermano y no me quedó otra que resignarme y complacerles.
—Sí fui, sí había drogas y alcohol y creo que quedó claramente el otro día que bebí. Ahora sigamos, por favor, nos estamos retrasando en la materia con tanta tontería.
—No ha contestado si tuvo relaciones con alguien...
—Pues no he contestado porque la respuesta es obvia —seguían sin entender el significado—. ¡Por supuesto que no! Estoy comprometido con vuestra hermana, y aunque no lo estuviera, no lo haría. Soy un hombre con principios, ¡que insensatez...!
Y ahí acabo la conversación sobre la noche pasada. Continuamos con la biología durante el resto de la mañana. Parecieron satisfechos con las respuestas que, en realidad, no es que no quisiera responder. Me asustaba saber si eran verdad o no. Recordaba haber bailado con aquella muchacha, haber bebido, ver a Holmes... hacer lo que estuviera haciendo. Pero llegaba un momento que los recuerdos se volvían borrosos y negros. Había estado intentado hablar con el detective desde aquella noche, ya no para discutir, si no más bien para que me explicara lo que ocurrió. Si le hubiera hecho caso y me hubiera marchado...
La semana volvió a lo habitual pronto. La señora Holmes no me comentó nada pero con sus miradas entendí que como se volviera a repetir, traería problemas. Elisabeth me ignoraba. Quería que me hiciera caso, que me chillara o cualquier otra cosa pero que me prestara atención. Cada vez que lo intentaba se daba media vuelta y se marchaba sin decir una sola palabra. Un día la vi marchar al exterior de la casa con una cesta y unas tijeras de podar.
—Elisabeth —la llamé desde la puerta. Hizo un ademán de girarse pero no lo acabó—. ¡Elisabeth!
La alcancé casi corriendo y ella aceleró su paso. Cuando la cogí del brazo y la obligué a girarse para mirarme, ella soltó la cesta por la impresión.
—Déjame en paz —se intentó zafar pero no la dejé que se soltara.
—Déjame tú a mí explicártelo. Elisabeth, no creas nada de lo que te han dicho, no pasó nada. Solo fui allí y... pues me ofrecieron para beber. Se me subió un poco y ahí acabo todo. Te lo aseguro por lo que quieras.
—Pero, ¿por qué fuiste? —abrí la boca para responder pero las palabras no salían.
Era buena la pregunta, por qué había ido realmente. Puede que fuera curiosidad, tantos rumores. O porque me apetecía escapar un rato de aquella casa llena de preparativos de boda. O... No quería admitirlo, pero cierta persona había influido claramente en la decisión de ir.
—¿Fue Sherlock? ¿Te obligó?
—No fue por él, me lo encontré allí...
—¿Qué viste? —su brazo tembló por la fuerza con lo apretaba.
—No lo sé, nada —que mal mentía—. Había mucha gente y...
—Te creo —bajó la cabeza—. Nadie me ha dicho nada, en realidad. Pero no me gustan esas fiestas, no vuelvas a ir.
Cualquier otro hombre hubiera pegado a su mujer por encararle de aquella manera, pero a mi me gustaba. Mi futura esposa no sería ninguna sombra a mi lado, tenía carácter.
La acompañé a la rosaleda de los jardines y estuvo cogiendo flores para secarlas y hacer centros de mesas para la fiesta de compromiso de la semana siguiente. Estuvimos hablando de esto y de aquello y cuando regresó a la casa solo pude sonreír. Estaba parado en medio de las flores como un tonto pero por fin podría decirle al detective que no me había comprometido por que sí, cada día amaba más a esa mujer y, en menos de un año, estaría orgulloso de poder llamarla "esposa".
Seguí dando una vuelta por los jardines durante un rato más y cuando comenzó a ponerse el sol decidí volver. Estaba caminando entre unos setos altos cuando me pareció ver a alguien apoyado en un árbol. Me acerqué un poco y me di cuenta de que era Holmes. Esto de espiarle se volvía ya algo habitual… Tenía la espalda entera apoyada en el árbol pero un arbusto me impedía ver su cuerpo completo. Decidí ir a hablar con el de una vez por todas; esta no se me escaparía. Me acerqué más y le vi echar la cabeza hacia atrás abriendo la boca, cerrando los ojos y escapando un suspiro profundo. ¿Qué leches estaba haciendo...? Me paré en seco cuando vi el por qué de la situación.
Arrodillada frente a él estaba una muchacha. Él tenía los pantalones bajados hasta las rodillas y con una mano apretaba más su cabeza a su miembro. En ese momento Sherlock gimió por lo bajo y un escalofrío me recorrió de arriba a abajo para acabar en mi entrepierna. ¡Por favor, ahora no...! Ya ni sabía cuando fue la última vez que me tuve que aliviar a mi mismo al despertar una mañana tras levantarme empapado.
Me quedé detrás de uno de los grandes setos y contuve la respiración. Tenía que salir de allí como fuera. ¿Hace cuanto no yacía con una mujer...? Intenté pensar en cosas horribles pero los gemidos crecientes del detective no ayudaban demasiado. La guerra, los compañeros heridos, los cadáveres por las calles... No era suficiente.
—¿Te diviertes, doctor? —la voz de barítono más grave y ronca por la situación me sobresaltó.
Salí de mi escondite como un acto reflejo y le miré. No, la persona que estaba agachada no era ninguna muchacha. Era el mismo joven con que tonteaba la noche de la hoguera. El cuerpo se me heló por completo y aparté la vista a tiempo cuando Sherlock apretó más su cadera contra la boca del muchacho y ahogaba el orgasmo mordiéndose los labios con fuerza.
—Y-Yo... —¿qué decir en ese momento?—. Lo siento... No sabía q-que… ¡no quería ver...! Solo quería hablar con usted sobre lo de... Lo siento.
Me di media vuelta y salí, literalmente, corriendo a mi cuarto. Lo peor no era descubrir que el menor de los Holmes pecaba con personas de su mismo sexo, tampoco era descubrirlo de la peor forma posible; lo peor de todo era que la presión del pantalón había aumentado cuando tenía que haber ocurrido todo lo contrario.
Llegué a mi habitación sin aliento y cerré la puerta con pestillo. Abrí las ventanas para dejar pasar algo de brisa, que calmara el ambiente, y entré al cuarto de baño y cogí la pila con agua ya fría de esa mañana; cuanto más fría estuviera, mejor. La cogí directamente con las manos en forma de cuenco y me la eché por la cara, el cuello y las muñecas intentando quitar la sensación de calor… pero esta no parecía por la labor de dejarme. Una sola vez no era tan malo, ¿no? Al fin y al cabo, todos los hombres necesitan hacerlo de vez en cuando. Cogí aire y lo solté poco a poco intentando relajarme. ¡Ni que fuera la primera vez que lo hacía! Sentado, tumbado, de pie...
La imagen de unos pocos minutos atrás volvió. No. No. Elisabeth. Me concentré en la primera vez que la vi, en nuestro primer beso y me apoyé en la mesa de madera. Su pelo, sus ojos, sus labios... Comencé a tocarme por encima del pantalón, no haría falta mucho para estar completamente duro de nuevo. Así que tarde poco en meter la mano debajo de mis ropas y hacer lo mismo sin ninguna barrera. Su escote, sus pechos pequeños pero bien altos… Comencé a mover lentamente mis dedos desde la base hasta la punta, haciendo de vez en cuando especial hincapié en el glande con el pulgar. Los movimientos se movieron rápidos inconscientemente y mi cadera ayudaba con un pequeño vaivén. Hice más presión y se me escapó un gemido.
Paré por un momento pensando en lo que estaba haciendo y eso solo pudo excitarme más y hacer que moviera la mano frenéticamente debajo de mi pantalón. Su cuerpo desnudo frente al mío, agachada, y sus preciosos labios y boca sustituyendo mi mano. Oh dios, sí… Aumenté el ritmo de la mano y las caderas todo lo que mi cuerpo me lo permitía con rápidas estocadas mientras esa sensación se comenzaba a formar dentro de mi bajo vientre. Su lengua... De arriba abajo... Si cerraba los ojos podía verla de rodillas frente a mí. Ya faltaba poco. Casi.
—¡John! —exclamó una característica voz de pronto, seguido de unos golpes en la puerta que hicieron que cambiara radicalmente la fantasía que tenía en mente.
La habitación se transformó en el jardín, la mesa en un árbol y la persona que estaba agachada frente a mí me miraba con unos penetrantes ojos verdes mientras me corría en su boca y él se relamía los labios. Quise parar pero mi mano tenía voluntad propia y siguió moviéndose incluso después de haber acabado.
—Joder... —no sabía ya si era por haberme corrido pensando en Sherlock Holmes o porque, encima, no recordaba un orgasmo como aquel en toda mi vida. Me lavé las manos y abrí la puerta de un tirón. Él estaba apoyado en el marco con los brazos cruzados. Con una sonrisa entró a mi cuarto como si nada y después de observar durante unos segundos, se apoyó exactamente donde había estado yo unos segundos atrás.
—Qué bien te lo pasas tú solo. La próxima vez, pide ayuda —soltó una risita y se me quedó mirando.
—Vale, me rindo. Estoy harto, ¿se puede saber qué quiere de mí? Primero lo del lago, después lo de la hoguera, que por cierto ni si quiera me acuerdo de todo lo que pasó, y ahora esto. Voy a intentar obviar que sabía exactamente lo que estaba haciendo y que llamó a la puerta justo cuando... —me callé avergonzado y aparté la vista.
—¿Te masturbabas, te corrías, te...? —levantó una ceja.
—Ya sé que a usted le parece muy bien todo esto y que lo pone en práctica de la "mejor" manera posible. Pero ruego que me deje en paz —subí el volumen con aquella última frase.
—Masturbarse es algo normal, John. No te tienes de que avergonzar. Incluso yo lo hago cuando no hay más remedio.
—¿Cuándo no hay más remedio? —suspiré —. Mire, me da igual lo que haga y con quien, solo le pido que me deje de una vez por todas. No se lo que pretende, pero como siga así... Se lo diré a su madre.
—¿En serio? —su pregunta sonó sarcástica.
—Basta, fuera de mi habitación —señalé la puerta con la mano y le puse la peor de mis caras.
—John, no te enfades. Es solo un experimento.
—Sé como acaban sus experimentos y no quiero ser partícipe de ellos, señor Holmes. Gracias y adiós.
Y como si le costara horrores moverse, se levantó y abandonó por fin la habitación con una parsimonia infinita. Me senté en la cama y, sin querer, los ojos se me desviaron a la mesa. Pensé en lo que acababa de ocurrir y no me lo creía. En realidad, no había pensado en él, ¿no? Solo se presentó en el último momento y me desconcentró. Yo no había hecho nada, el único culpable había sido él. Y punto.
Casi sin darme cuenta, el día anterior a la fiesta de nuestro compromiso llegó y, con él, el caos. Habían venido al menos una docena de personas encargadas del servicio de aquella noche ya que al parecer no había suficiente personal en la casa. Se prepararon mesas y cientos de sillas. Las cocineras no paraban de preparar tentempiés, los jardineros iban a destajo arreglándolo todo y llenando todos los jarrones de flores, los de limpieza habían quitado el polvo a los marcos de los cuadros tres veces... La señora Holmes parecía estar apunto de tener un ataque de ansiedad continuamente.
En cuanto a Elisabeth, Leonor había llegado un día antes como prometió y se encerraron en el cuarto de la primera. Su marido no podría asistir pero me envió una carta donde se disculpaba muy "cordialmente". Esa noche no pude dormir bien, no tenía los típicos nervios del día anterior ni nada pero viendo como iba a ser la fiesta de compromiso, no me quería ni imaginar como sería la boda.
Esa era otra, la boda. La señora Holmes quería hacerla ese mismo año en el centro de Londres en la iglesia de Temple pero conseguí convencerla en hacerla a las afueras en una más pequeña y más íntima a cambio de dejarla organizarla entera. Di cuerda a mi reloj y lo dejé sobre la mesa antes de meterme en la cama.
Sin poder remediarlo, me quedé dormido pensando en aquella dichosa mesa.
¡Notas importantes!
Alaaa. Es deciros algo y me comenta hasta Dios. Muchisimas gracias.
Ya hemos llegado a los 60 reviews en tan solo 7 capítulos, 15 favoritos, y 19 seguidores. Nunca creí que tendría tan buena acogida y menos en tan poco tiempo :D
En serio, significa mucho para mí. Si no recibiera tanto apoyo supongo que no sería lo mismo.
Para los anons, loggearos o haceros una cuenta, que no puedo responderos :S
Y aquí van los agradecimientos, que ya os los sabeis de memoria xD
Momo, te quiero, no se haría sin ti. La mitad de las ideas son suyas así que ya sabeis a quien agradecerle también.
Y a Taitta por corregir.
