CAPITULO 8: Quinn
En el momento en que llegamos a la linde del bosque, ya era casi de noche. La ciudad de Atenas, brillaba en la distancia, y bostecé, luchando por mantenerme despierta cuándo Puck abrió el camino. Mi cuerpo anhelaba dormir, y sólo la promesa de una cama caliente era suficiente para que se me doblaran las rodillas.
—¿Adónde crees que irán ahora? —dije mientras nos dirigíamos hacia la carretera que nos llevaría de vuelta a la ciudad.
—Si son inteligentes, tan lejos de Grecia como sea posible —dijo Puck.
—¿De verdad crees Walter y los demás les va a cazar otra vez?
Se encogió de hombros.
—Con el tiempo. Sin embargo creo que les compraste unos cuantos centenares de años más. Tal vez mil, si tienen suerte. Distrajiste a Santana, lo sabes.
—Nosotros. —Ante la expresión confusa de Puck, añadí—: «Les» compramos unos cuantos centenares de años más. Tal vez mil, si tienen suerte. Tú distrajiste a Santana, ya sabes.
Él sonrió y envolvió su brazo alrededor de mis hombros.
—Tienes un punto. Hacemos un buen equipo.
Hice una mueca y me encogí de hombros apartándome. Buen equipo o no, este era un problema que aún no habíamos resuelto.
—Sigo cabreada contigo, sabes. Todo esto fue tu culpa. Ava nunca habría encontrado a los chicos si no la hubieras llevado directamente a ellos.
—Oh —Puck se volvió rosa—. Pensé que tendrían tiempo de escapar. No me di cuenta que Walter les lanzaría a San y sus perros. Quiero decir, el Consejo estuvo cerca de pillarlos antes... pero por lo general no le ponían tanto esfuerzo.
—Esa no es excusa para haberlos puesto en peligro de esta manera.
Suspiró.
—No, no lo es, y lo siento. De verdad que lo hago. Todo salió bien, sin embargo, ¿no es así?
—Apenas —Vacilé—. ¿De todos modos, por qué lo hiciste?
Se rascó la cabeza tímidamente.
—Porque sabía que idolatrabas al consejo, que pensabas que eran… superhéroes o algo así, y yo quería que vieras que no era cierto. Tenemos nuestro lado oscuro también, y tenías que verlo antes de decidieras a pasar la eternidad con Rachel.
Durante un largo momento, no dije nada. Debería haber sabido que el Consejo era capaz de algo como esto, y quizás en el fondo lo hacía. Nunca me habría dado cuenta de que Rachel también estaba en ello.
—No estoy segura de que pueda hacer esto —dije en voz baja—. Cuando… cuando todo esto comenzó pensaba que los miembros del Consejo eran los buenos, ¿sabes? Los que protegían a los mortales. Los que tomaban las decisiones correctas. Y ahora...
—Y ahora te das cuenta de que no somos como nos pintan —dijo Puck, y yo asentí—. Eso no malo, ya sabes, el hecho de que cometamos errores o dejar que nuestro orgullo se interponga en el camino. Eso nos impide ser infalibles.
—Pero a expensas de otros —Esa era la parte que me molestaba.
—A veces. Pero Ryder es uno de nosotros —no es un miembro del consejo, pero es hijo de Zeus. Y tiene muchos defectos al igual que el resto de nosotros.
—Querer lo suficiente a su hermano como para hacer cualquier cosa para protegerlo no es ser uno de ellos.
—No, no lo es —Puck sacudió la cabeza—. No te voy a mentir y decir que cada decisión que tomamos es la correcta, porque no lo es. Por lo general las que tomamos todos juntos no son tan malas, pero las individuales… aquellas son como una tirada a los dados. A veces acertamos, a veces nos equivocamos, y a veces se tardan varios miles de años antes de que las tomemos. Y el caso de los gemelos, es especialmente malo, porque lo único que le impide a Walter revocar su decisión es su orgullo. Pero lo hará con el tiempo, y mientras tanto, míralo de esta manera... ahora que estás a bordo, puedes señalar los nuestros.
—Si lo único que voy a hacer mientras esté en el Consejo es señalar lo equivocados que están todos, nadie me escuchará.
—Cierto, pero eso no significa que no puedas usar esos momentos para las cosas que creas que son realmente importantes —dijo Puck—. Tendrás mi apoyo. Y el de Rachel, también. No puedo hablar por el resto, pero no estarás sola. Al menos, la mayor parte del tiempo. —Sonrió—. Intenta arreglar uno de mis fallos, y puede que consigas ponerlos un poco nerviosos.
Me las arreglé para devolverle la sonrisa.
—Lo haré lo mejor que pueda. Pareces tener bastante buen criterio.
—A que sí, ¿eh?—Él chocó su cadera contra la mía —que teniendo en cuenta lo alto que era, en cambio era algo así como si me estuviera golpeando en el hígado—. Sabes, después de todo lo que he hecho, creo que me merezco ese beso.
Puse los ojos en blanco.
—Ni en un millón de años.
—¿Y en un millón y uno?
—Podría estar dispuesta a darte un besito en la mejilla, si no la cagas desde ahora hasta entonces.
Él hizo un mohín.
—Eres terrible conmigo, lo sabes.
—Te gusta. —Y no importa lo romántico y hermoso que fuera Grecia, no iba a romper mis votos con Rachel, ni siquiera si técnicamente no se aplicaban a los próximos seis meses. La amaba sin importar la temporada que fuera. —¿Crees que Ava va a deshacer la maldición?
—Lo dudo —dijo—. Walter ya esta suficiente cabreado como para hacerlo. Recuérdaselo dentro de unos años, una vez que haya tenido la oportunidad de calmarse. Puede que entonces tengas mejor suerte.
—Cierto —dije, frunciendo el ceño—. Intentaré recordarlo.
Extendió la mano y me acarició el hombro, manteniendo la distancia entre nosotros. Por fin parecía haberse hecho a la idea.
—Eres una buena persona, Quinn, y no es por accidente que te hayamos elegido para convertirte en uno de nosotros. Sabemos que vas a cuestionar las cosas, y la mayoría les daremos la bienvenida. No te preocupes tanto.
—Para ti es fácil decirlo —refunfuñé. Él me ignoró.
—Pero ahora estás de vacaciones. Unas vacaciones bastante buenas, si me permites decirlo, y es hora de que empieces a disfrutarlas. No más persecuciones de dioses con mal genio, ¿está bien? De aquí en adelante, todo lo que quiero es verte sorbiendo bebidas de frutas y descansando en la playa. En topless, si lo prefieres. Esto está lleno de cosas así.
Demasiado que ver para él.
—Pervertido —le dije, esbozando una sonrisa.
Él puso una sonrisa infantil.
—Oye, un hombre puede soñar.
Para el momento en que encontramos la carretera, mi ansiedad se había esfumado, reemplazada por la promesa de seis meses de sol y descanso y de no tener que preocuparme de lo que estaba por venir. Eventualmente el aplazamiento terminaría, pero no importaba lo nerviosa que estuviera por enfrentarme a los otros dioses, septiembre también significaba volver a ver a Rachel.
Además, Puck y Ryder tenían razón. Yo era una persona, pero también lo era cada miembro del Consejo. A pesar de lo que Ryder parecía pensar, eran buenas personas, y ellos sabían la diferencia entre hacer algo bueno porque eran el Consejo y hacerlo porque su orgullo no les dejaba ninguna otra opción. Todo lo que necesitaban era a alguien que se lo señalara. Podría ser que yo fuera esa persona —yo sería esa persona, porque gente como Jake y Ryder se lo merecían.
Y si Walter quisiera herirme por ello, entonces que lo hiciera.
