El beso by shirachan

- ¡Por Urkides! Te va a matar en cuanto se entere…- Exclamó un joven soldado mientras zarandeaba a su compañero con el pánico grabado en el rostro- Cuando el capitán Uchiha se entere, te mandará cortar la cabeza.

El otro soldado, vestido al igual que su amigo con una túnica ligera de color rojo y con su espada bien guardada en su cinto, abrió sus ojos grises como platos para mirar horrorizado hacia una de las posadas que tanto abundaban en aquel pueblo.

Su capitán pronto saldría de allí, y tal y como le había dicho su amigo rubio, Uchiha acabaría con él en cuanto se enterara de que se le habían escapado sus prisioneros.

- ¡Ha sido un accidente!- Gritó exaltado- Solo les llevaba la comida… ¿Cómo iba a saber yo que pensaban golpearme con la maldita bandeja para escapar? Si por lo menos aquel trasto no hubiese pesado igual que un caballo…

- ¡No pongas excusas! No te van a servir de nada.

En ese preciso momento ambos notaron una presencia a sus espaldas, y cuando se dieron la vuelta para ver quien era, de sus bocas escapó una exclamación de horror. Ante ellos se alzaba el orgulloso capitán de las tropas de los ángeles blancos, lleno de ira y con los ojos rojos como el mismo infierno.

- ¿Me pueden explicar de qué están hablando?- Dijo el joven guerrero con voz calmada y neutra, sin embargo, bajo esa superficie falsa, se escondía el temperamento de los mil demonios.

- Bueno… creo que tengo que irme a ver si los caballos están bien…- Se excusó el otro soldado intentando escaparse de aquel lío, pero no tuvo suerte.

- Tú no te mueves de aquí. En realidad, nadie se va a mover de aquí hasta que me expliquen lo que ha pasado. ¿Y quiero saberlo ya!

- Los prisioneros señor…- Dijo el oji gris mirando hacía el suelo en lo que era una actitud sumisa- Me golpearon y lograron escapar.

Sasuke se quedó en silencio por unos instantes, cavilando sobre lo que le acababan de decir. Llevaba dos semanas intentando sacar algo a aquellos dos hombres que se había encontrado por el camino y que le habían resultado sospechosos. Pero ni una maldita palabra había salido de sus labios. Sasuke sabía que por las malas podría haberles hecho hablar, pero el capitán del ejército no había tenido tiempo suficiente como para preocuparse por ellos, que al lado de la inmensa guerra en la que estaban, parecían insignificantes.

- ¿Hace cuanto desaparecieron?

- Más o menos hora y media- Contestó de nuevo el soldado, quien se asustó al ver la cara de enojó de su superior- ¿Pero es que me dejaron inconsciente! No fue si no hace cinco minutos que desperté del golpe.

Sasuke contó en voz baja hasta tres para tener paciencia con aquellos incompetentes, y después, sin mirarlos si quiera, les mandó buscar a los dos chicos por la zona sur del pueblo mientras él iba por el norte. Sasuke estaba seguro de que aun no habían salido del pueblo.

En otra parte del pueblo, más exactamente en la ya reconocida panadería de la familia de Gaara y Duo, dos chicos discutían a gritos en lo que ya era un show algo repetitivo.

- ¡Eres un cabezón! Y no me importa lo que tu pienses o dejes de pensar. ¿Ese era mío!- Quatre alargó su pálido brazo para alcanzar el último pastelito que adornaba un plato llano colocado en el centro de la pequeña mesa de la panadería.

- ¡De eso ni hablar! Tu te comiste casi todos los demás- Contestó Trowa impidiéndole al rubio comerse el pastel.

Tanto Naruto como Duo solo miraban la escena con una enorme gota en sus cabezas, y Heero, que como de costumbre se hallaba en un rincón apoyado indiferente en la pared, les ignoraba. Los chicos, en las dos semanas que habían pasado desde que les habían atacado en el bosque, habían forjado un lazo de amistad que pocas veces se había visto antes. Y allí estaban todos, diferentes modos de vida y distintas especies, pero que por arte del destino se habían ido a juntar en un empobrecido pueblo.

De pronto, cansado por las constantes peleas de aquellos dos, Heero abrió sus ojos mientras miraba con furia a Trowa.

- ¡Quieren parar de una jodida vez!- Los demás se quedaron en silencio mientras que sus rostros giraban bruscamente para mirar al usualmente callado Heero.- Sois insoportables los dos. ¡Ir ahora mismo a recoger frutas al bosque! Y no os quiero ver hasta que anochezca…

La boca de Quatre se abrió para soltar una carcajada de incredulidad. Él nunca obedecería ordenes de nadie, y menos de aquel chico tan huraño y agresivo. Pero se quedó con la palabra en la boca cuando Heero se acercó hasta donde se encontraban ellos dos y sin decir nada más, les lanzó un conjuro de aparición.

- ¡Heero!- Gritó Duo mientras corría a donde momentos antes había estado sentado su amigo rubio y veía con incredulidad la silla completamente vacía!- ¿Qué les hiciste?

- ¿Yo? Solo les mandé directamente al bosque. Así se ahorrarán la caminata.

Duo frunció el ceño mientras miraba a Heero. Aquel chico, que le atraía de una forma demoledora, a veces también lograba enfadarle como nadie. Tenía que admitir que en dos semanas, el moreno había conseguido encajar un poco más en aquel extraño grupo que formaban, pero aun así, mientras todos los demás se abrían poco a poco, Heero seguía mostrándose tan reservado como al principio.

Siempre que había una conversación sobre sus pasados, todos contaban aun que fuera, alguna anécdota. Pero Heero no. Heero simplemente escuchaba todo lo que decían atentamente, como si de alguna forma quisiera grabar cada una de sus palabras sin soltar él mismo nada de su pasado.

Duo nunca había conocido a nadie como él. Era arisco en demasía, evitando como a la peste cualquier contacto físico con los demás, por muy leve que fuera. Pero Duo aun no se había dado por vencido, y cada vez que tenía oportunidad, se aproximaba al otro sorpresivamente para abrazarlo o colgarse de su cuello literalmente.

Una vez tuvo admitido que su atracción por Heero era algo real, algo casi palpable, para Duo fue muy fácil intentar acercarse a él. Sin nada que le carcomiera la conciencia o que le retuviese en sus tentativas por acercarse.

Sin embargo, aquello no significaba que fuese tarea fácil. Heero era, por decirlo de manera suave, la persona más antisocial que había conocido, y cada vez que Duo se atrevía a tocarlo de alguna forma, por muy inocente que fuera el roce, el moreno se alejaba de él por lo menos a diez pasos.

- No deberías usar hechizos en ellos. Se supone que son tus amigos…

- No les hice daño- Duo no sabía si reírse histérico por aquella conversación o felicitarse a si mismo por sacar a aquel chico más de dos frases seguidas.

- Pero pudiste equivocarte al echarlo y ahora ellos podrían estar en medio de alguna batalla…

- Estas dudando de mi magia… ¿Acaso crees que cometería un error tan tonto.

Heero dejó la conversación de golpe, como si le pareciera demasiado aburrida como para gastar saliva en ella, y se dirigió a la misma esquina que había estado ocupando durante la hora anterior. Duo abrió la boca, ahora enfadado, para replicarle cuatro cosas, pero antes de decir nada una presencia se hizo presente fuera de la tienda. Todas las miradas se clavaron en la puerta de la panadería y los ojos de Naruto se entrecerraron.

- Un ángel blanco, sin duda.- El rubio recordó a Quatre y su posición en aquella guerra. No iba a permitir que nadie le descubriese. Por otra parte, Duo se preocupó por Trowa. Era obvio que aun que ambos no sabían el secreto del otro, se preocupaban por igual.

Más Heero, siendo tan observador como era, no le había costado mucho descubrir la identidad del rubio también. Y fue hacia ya casi dos semanas cuando la sangre real del chico aclaró la mente de Heero, haciéndole ver toda aquella estúpida e irónica situación realmente. Ambos príncipes estaban huyendo el uno del otro, y habían tenido la mala suerte de caer en el mismo lado sin saber quien era quien… Ridículo.

- Yo me encargo de él. Será mejor que no os acerquéis vosotros. Vuestra energía es muy difícil de ocultar a poca distancia.

Heero dudó que Naruto pudiera esconder su "presencia" también, pero no dijo nada. Al igual que reconocer la esencia de Quatre le había resultado insultantemente fácil, Heero había notado que Naruto escondía más de lo que parecía a simple vista. En cierto modo, casi podía sentir más afinidad con él que con cualquier otro de los chicos. Naruto, al igual que él, tenía una parte oscura en su interior pugnando por salir y liberarse de su encierro. Y por lo que Heero había sentido, aquella oscuridad era grande y poderosa. El rubio se había ganado el respeto de Heero ya que no cualquier persona podría sujetar bien aquella oscuridad y llevar una vida casi normal.

- Es poderoso. Muy poderoso- Dijo Heero mirando fijamente a Naruto. Duo abrió los ojos de par en par y una sonora carcajada escapó de sus labios.

- Vaya.. ¿Es eso que oigo preocupación?- Una mirada fulminante fue lo único que recibió antes de que Heero se adentrara en la despensa de la tienda para esperar allí mientras Naruto despachaba a quien quiera que fuera aquel ángel.- No hace falta que te enfades Heero- Dijo Duo llegando a su lado y apoyándose en la pared. El hecho del que el brazo del trenzado rozara el suyo ponía a Heero casi de los nervios. Casi. Aquellos continuos acercamientos del trenzado le hacia pensar en cosas demasiado raras como para mantener tranquilo su espíritu.

- Nadie se ha enfadado- Susurró alejándose casi imperceptiblemente del otro.

- ¿Por qué eres así?- La voz dolida de Duo hizo que Heero girara con brusquedad su cabeza para mirar algo sorprendido al trenzado.

- ¿Perdón?

- ¿Tanto odias que te toque que ya huyes incluso de mí?

- Yo no huyo de nadie

- ¿En serio?- La voz neutra de Duo debió poner a Heero sobre aviso, pero el moreno, totalmente ignorante del carácter humano, lo descubrió demasiado tarde- Pues demuéstramelo.

Duo acercó su cuerpo al de Heero haciendo que casi se tocasen. Sus pechos no estaban separados ni por cinco centímetros y sus ojos buscaban a los de Heero.

- No me evites. Mírame.- Heero no lo hizo, temiendo perderse en aquellos expresivos ojos como tantas veces le había sucedido ya. Quería alejar al trenzado de su cuerpo, su mente se lo pedía, pero en cambio su cuerpo era incapaz de hacerlo. Si hubiese podido, Heero se habría reído de si mismo. No entendía que le estaba pasando, pero lo que si entendía era que todo su cuerpo, cada centímetro de su piel pedía a gritos el contacto de Duo. Era como si el castaño le hubiese echado algún tipo de lazo invisible, que tiraba de él atrayéndolo cada vez más. Y sin embargo, todo su pasado, su maestro, la muerte de sus padres y su educación eran demasiado importantes para él, y otro lazo que en vez de acercarle, le alejaba del trenzado.

Heero se preguntó cuanto podría aguantar así. No creía que fuera posible separa una mente de un cuerpo, pero empezaba a sospechar que él era la excepción a aquella regla.

- ¿No lo vas a hacer, verdad? ¿Tanto temes verte en mis ojos Heero?

Ignorando aquel poco sutil anzuelo, Heero intentó separarse del trenzado, pero sorpresivamente, tal y como solía actuar Duo, Heero se vio apretado contra la pared de aquella tienda con el trenzado completamente pegado a él. Sus ojos de inmediato volaron hasta los de Duo buscando respuestas.

- Algún día caerás Heero. Y cuando ese día llegue, yo estaré ahí para abrazarte.

- ¿Por qué te empeñas en acosarme?

- Por que lo necesitas

Tras aquello, Duo se separó de Heero para apoyarse en la pared del lado contrario de la habitación. Se sentía frustrado, pero de algún modo se había esperado aquel nuevo rechazo por parte del chico

Era casi inevitable, pero él sacaría a Heero de su soledad, y le enseñaría que acercarse a la gente no era malo. Él mismo había tardado una eternidad en descubrirlo, pero no cesaría hasta que Heero abriera los ojos ante lo que tenía junto a él.

Por otra parte, Naruto vio abrirse la puerta de la tienda y su respiración se atoró en sus pulmones, que de pronto parecieron olvidar como respirar. Ante él se hallaba el ser más bello que hubiese visto nunca. Cuando el chico se quitó la capucha que llevaba cubriéndolo casi por completo, mechones de liso cabello negro cayeron casi tapando unos penetrantes ojos negros que veían todo como si pudiese descubrir todos los secretos del lugar. Su piel parecía translucida de lo pálida que se veía y su rostro poseía unos huesos finos de altos pómulos, boca sensual y cejas bien definidas y arqueadas casi femeninamente. Pero había poco más en aquel chico que fuera femenino. Su sola presencia hizo estremecer al rubio, que cuando recuperó el habla se apresuró a preguntarle qué quería.

Buenas tardes- Si su voz sonó como un grillo, el rubio se felicitó de que al menos pudiese hablar.- ¿Qué desea?

Sasuke miró por un instante al chico rubio que tenía ante él, preguntándose si sabría algo de sus fugitivos.

- Estoy buscando a dos personas- Dijo con su voz suave. Naruto se tensó al instante pensando en su amigo rubio y recordando de pronto que aquel chico era un ángel blanco.

Pero para desgracia de Naruto, Sasuke percibió aquello de inmediato, y sus ojos se entrecerraron.

- Habla. Di lo que sepas.- Naruto dio un paso hacia tras casi por inercia, como si su instinto hubiese actuado por su propia cuenta.

- No se.. no se de que habla- Se apresuró a decir, intentando que aquellos afilados ojos no le hiciesen titubear más.

- Mientes- Sasuke se acercó al mostrador dejando entrever un aura que conmocionó al rubio. Si escondes algo y me entorpeces mi trabajo, me las pagarás.

Naruto de pronto se dio cuenta de que aquel ser le estaba amenazando, y sin poder evitarlo todo su nerviosismo desapareció dejando pasó a la furia. Algo sorprendido por el cambio que habían dado sus emociones de pronto, pero sin dejar de lado la rabia, Naruto se encaró al ángel.

- Ya te dije que no se nada. De cualquier forma, si quieres explicarme a quien buscas y por qué, quizás me digne a pensar en ello.

El moreno no pareció alterarse ni un ápice por aquellas palabras, pero antes de que Naruto pudiera si quiera abrir la boca, una delgada lanza se apoyaba en el centro de su pecho. Con una exclamación el rubio fue a dar un paso atrás, solo para ser parado por la voz del moreno.

- No te muevas si no quieres que te destroce.

- Maldito seas…- La primera expresión real se asomó en el rostro del Uchiha, dejando ver una cruel sonrisa.

- ¿Asustado?

- En tus sueños

- Mmmm, quizás debería esmerarme más- Dijo mientras la lanza se clavaba levemente en la piel de Naruto, haciendo que de inmediato una pequeña herida se abriera. Pero Sasuke se quedó estático al comprobar que de ella no salí ni gota de sangre. ¿Pero qué…?

- ¡Lárgate de aquí? gritó Naruto tapándose la herida y apartando el arma de si con un rápido movimiento.

- ¿Qué demonios eres tu?- Dijo Sasuke mientras sus ojos se volvían rojos como la sangre. Su expresión mudó a una indescifrable de pronto y Naruto supo que había visto algo.

- ¡Dije que te fueras! ¿Es que ni escuchar bien puedes? el moreno pareció dudar por un breve momento, para después girar sobre sus talones en un elegante movimiento y caminar hasta la puerta de la tienda.

- Nos volveremos a ver- Susurró a sabiendas que el otro le escuchaba- Semi-demonio.

Cuando la puerta se cerró a espaldas del moreno, Naruto sintió todo el peso de lo que aquello significaban. Le habían descubierto. De nuevo alguien lo sabía….

- ¡Naruto! ¿Estás bien?- La conocida voz de Duo le llegó desde muy lejos, e incapaz de respirar con normalidad, el rubio se desvaneció.

Bosque de las hiedras

- ¡Por todos los malditos ángeles! ¿Dónde se supone que estamos?- Repitió por milésima vez Quatre mientras que con su mano se secaba el sudor de la frente. Llevaban caminando más de media hora sin encontrar rastro de algo que es indicara donde habían sido enviados, y aq2uello empezaba a desesperar al rubio.

- Cállate de una vez, pesado- Dijo Trowa desde unos cinco metros por delante. El castaño tampoco es que se encontrase de muy buen humor, pero al menos él no lo gritaba un millón de veces.

- Todo esto es tu culpa, si no hubieses empezado otra estúpida pelea nada de esto habría pasado.

Trowa puso los ojos en blanco y se dedicó a ignorar a Quatre. Cuando tras otros treinta minutos de andar, no encontraron nada, Quatre empezó a desesperarse de veras. Desde luego no había convencido a Wufei para que le dejara quedarse dos meses más en aquel pueblo para perderse en medio de un bosque…

Con una sonrisa vacilante, Quatre recordó como el chino se había aparecido en la taberna dándole un susto de muerte. Pero tras hablar con él Quatre se dio cuenta que el moreno tenía en tan poca gracia su futura boda como él mismo. Pero como capitán que era no podía desobedecer las ordenes de su rey, por lo que le dio al rubio dos meses más para acostumbrarse a su situación.

"Mañana parto al valle de los ogros para ayudar en una batalla importante. Te doy dos meses, hasta que yo vuelva, para que te hagas a la idea de que te vas a casar. Puedes usar tu tiempo como quieras, pero dentro de dos meses volveré a por ti, y no te molestes en huir de nuevo. Te encontraría."

Quatre no tuvo otra que reconocer el favor que le estaban haciendo. El chino no tenía por que ser paciente con él, y si hubiese querido se lo hubiera llevado a rastras al castillo, y por eso mismo el rubio acepto la propuesta sin protestar. ¿Esconderse de Wufei? Nah.. Sería más fácil escapar en pleno desierto del agudo ojo de un águila.

- Estamos andando en círculos- Dijo de pronto Trowa sacándole de sus pensamientos.- Ya hemos pasado por aquí antes.

Quatre miró a su alrededor y solo vio árboles y hojas por todas partes.

- ¿Y como demonios puedes saberlo? Que yo sepa aquí lo único que hay son árboles y más árboles…

La mirada condescendiente de Trowa no le sentó nada bien. Le miraba como quien le da la razón a un loco.

- Solo lo se. Tengo bastante orientación.

- Pues perdona que yo no confié en tu "genial sentido de la orientación", pero en verdad siempre me has parecido un inútil

Los pasos del castaño se pararon en secó tras aquellas palabras. Trowa se giró para fulminar a Quatre con la mirada, pero sus ojos verdes se perdieron en algo que se encontraba tras el rubio.

- Ohh… No. – De ver todo un florido y verde paisaje, Quatre paso a ver unos intensos ojos. Trowa se le había echado encima como si de un animal se tratase, tirándolo al suelo en el acto.

- ¿Se puede saber que ha…- La mano de Trowa tapó los labios del rubio mientras sus ojos recorrían la espesura del bosque.

- Una andágora anda cerca, no armes escándalo- Susurró en el oído del rubio mientras sacaba su mano de la boca del otro.

Quatre miró nervioso sobre el hombro de Trowa al intante. ¿Una andágora? que hacia una bestia como aquella en aquel bosque. Hasta donde Quatre sabía, aquellas aves demoníacas solo se encontraban en los volcanes más altos, cazando a los que fueran lo bastante tontos como para adentrarse en su territorio.

- No Puede ser. Esos monstruos no salen nunca de su territorio. Y este bosque esta muy lejos de las zonas volcánicas.

- Debe ser alguna extraviada…- Trowa suspiró de alivió cuando la presencia del ave no fue perceptible. Aquel ser era muy poderoso y aun que estaba bastante seguro de que podría derrotarla con bastante facilidad, aquello solo atraería a los demás bichos de su camada. Las andágoras eran animales fieles. Si alguien mataba a uno de ellos, los demás vendrían también.

- Esto.. Creo que ya puedes levantarte…- Trowa miró a Quatre sin percatarse de nada, pero sus ojos se quedaron clavados en el rubor que se había extendido por sus mejillas. Aquel chico podía ser todo lo odioso que quisiera, pero en verdad era muy hermoso.-¡Oye! No me mires así. Recuerda que tengo novio

Quatre dijo aquello en broma. Sabía que Trowa aun creía que Naruto y él estaban saliendo, quizás era el único del grupo que aun no se había percatado de la farsa. Pero su risa murió en sus ojos al percatarse de la repentina seriedad del otro.

- Quatre.. Yo…- Trowa se alejó del rubio unos metros, intentando razonar un poco con la distancia, pero ni aun así pudo reprimir las siguientes palabras que salieron de sus labios.- Me gustas.

- ¡¿Cómo?!

- Bueno.. No es gustar exactamente. En realidad me caes muy mal, pero es mi cuerpo el que se siente atraído por ti… No se que demonios me pasa.- Con un suspiro de frustración Trowa se sentó en el suelo sin percatarse de que Quatre se había quedado casi literalmente helado.- Pero no te preocupes, se que estás con Naruto, así que no temas que salté encima de ti de pronto para atacarte ni nada así. En realidad no creo que fuera capaz de hacer eso aun que no estuviese con él, así que…

Sus palabras fueron cortadas cuando de pronto un brazo le levantó del suelo y unos labios devastadores se pegaron a los suyos, abriéndose de inmediato y reclamando aquel sabor que tanto había deseado. Las manos de Quatre fueron a la nuca de Trowa para acercarle más su rostro y poder inclinarse sobre este para que su lengua tuviera mejor acceso entre sus labios.

Un ronco gruñido escapó de sus labios al percatarse de que su beso no era correspondido.

- Se supone que después de haberte "declarado", deberías contestar el beso…

Una vez más sus labios se abatieron sobre los del castaño, pero aquella vez fue la lengua de Trowa la que tomó la iniciativa acariciando cada parte de aquella cavidad húmeda y cálida.

Las manos del rubio dejaron la nuca del otro para deslizarse hasta su espalda y después ir descendiendo. Nunca se había excitado tanto, ni tan rápido, y cuando sus manos estuvieron firmemente colocadas en las nalgas de Trowa, no pudo evitar pegarle contra él y ondular sus caderas de forma que su ya erecto miembro friccionara deliciosamente contra la excitación de Trowa.

Un gemido escapó de alguno de los dos, pero ninguno supo de cual. El castaño, siguiendo las ondulaciones del cuerpo del otro tomo una de las piernas de Quatre subiéndola a su cadera para hacer así más profunda la fricción, se estaba volviendo loco de placer y su grueso miembro empezaba a doler demasiado apretado como estaba en los viejos pantalones que llevaba.

- Joder, voy a explotar- Soltó Quatre sin aliento a escasos centímetros de Trowa mientras este se dedicaba a lamerme del lóbulo de la oreja y la parte sensible del cuello, donde se unía con la clavícula.

Trowa sonrió burlonamente mientras su mano bajaba acariciante por el pecho del otro. Sus labios nunca se separaron del cuello de Quatre quien retuvo la respiración esperando que aquella mano llegara a su destino. Sin embargo aquello nunca pasó.

- Espera.. Esto esta mal… Dijo el castaño entre jadeos y separándose de golpe del caliente cuerpo de Quatre. El rubio estuvo cerca de gritar de frustración.- Naruto no se merece que le engañen…

Quatre abrió la boca dispuesto a gritarle la verdad y que volviera a tocarle, a lamerle y a hacerle todo lo que se le ocurriera, pero las siguientes palabras de Trowa fueron como un cubo de agua fría, casi acabando con toda su excitación.

- Ustedes se quieres, eso se ve. No creo que por mera lujuria debamos romper eso- Sin entender el nudo que se formó en su pecho, Quatre bajó la cabeza cerrando sus manos en puños. ¿Qué se esperaba?

Pero mientras el rubio se repetía aquello una y otra vez, su nudo se hacía más y más grande.

- Tienes razón- Contestó al fin con una falsa sonrisa en los labios.- Tu mismo lo has dicho antes. En realidad me odias… No creo que quiera romper con Naruto por algo así- Dijo mientras miraba despectivamente el cuerpo de Trowa, casi de forma insultante.

El castaño fue a abrir la boca. Quería decirle que no le odiaba. Quizás se pasaran el día peleándose, pero aquello no era odio. Más recapacitando se dijo a si mismo que dejando las cosas así todo estaría mejor. Después de todo, el hecho de que estuviese huyendo no le libraba de estar comprometido…

Sin decir palabra, el castaño extendió sus alas blancas mientras extendía los brazos hacia Quatre. El rubio aun no sabía camuflar su energía, por lo que, contra menos magia usara, mejor.

- ¿Por qué no hiciste esto desde el principio?- Preguntó el rubio con el ceño fruncido mientras dejaba que los brazos del otro le rodeasen acogedores.

- No tenía prisa por volver- Fue lo único que dijo dejando a Quatre algo descolocado.- Pronto todo esto habrá acabado- Susurró pensando en que pronto tendría que volver a su casa. A su compromiso. Más Quatre lo escuchó, y sin poder evitarlo se preguntó durante todo el camino de regreso el qué terminaría pronto.

Y así, con sendas sonrisas melancólicas, ambos volvieron a la tienda. A las peleas y a la indiferencia. O al menos eso creían…

Bosque de las hadas

- Jaque mate- Dijo orgulloso Harry a la vez que movía su reina bloqueando cualquier escape posible para el rey de su contrincante.

- Eres bueno- Dijo Draco Malfoy con un extraño brillo en los ojos. Aquella era su primera derrota al ajedrez.

- Lo se- Las palabras que en otros labios hubiesen sonado pretenciosas, en Harry fueron como las palabras del chiquillo que tras un largo entrenamiento, logra por fin montar a su caballo correctamente.- En el castillo de tu padre, cuando el tiempo libre parecía asfixiarme, jugaba contra…- Los ojos de Harry brillaron por la humedad de lagrimas contenidas.- Contra Naruto

- ¿Quién es él?- Preguntó con su voz carente de todo sentimiento el rubio.

- Mi único amigo.

Draco no preguntó más. Por lo visto aquel tema perturbaba a su prisionero. Intentando que el moreno no mostrase aquella expresión llena de pesar, Draco buscó rápidamente otro tema de conversación.

- ¿Te gustaron las aguas termales?- Era algo increíble como aquel chiquillo de ojos verdes y sin un pelo de la cabeza en su sitio había encandilado a toda la fortaleza. Hasta Draco tenía que reconocer que su distanciamiento inicial había desaparecido con la sola presencia del chico. Era amable, cariñoso y estaba lleno de una extraña emoción que parecía calentar el corazón de quien estuviera a su lado.

- ¡Mucho!- Contestó aun algo cabizbajo- Muchas gracias por permitirme bañarme allí.

- No hay de que. Las hadas nos permiten usar sus aguas de vez en cuando. Disfrútalas mientras puedas.

- Aquí todo parece estar controlado por ellas.

- Y así es. Dentro de poco tendré que ir a renovar nuestro pacto. Espero que sus demandas no hayan aumentado.

Los ojos de Harry se agrandaron, y con una exclamación se levantó de su silla para acercarse al lado de Draco.

- ¿Puedo ir yo también? Nunca he conocido un hada…

- No

- Pero…

- Potter- Dijo suavemente. Pero Harry al escuchar su apellido supo que el rubio hablaba muy en serio- Ellas matarían a cualquiera que se acercara a su casa. Yo puedo ir por que así está pactado, pero nadie más tiene permitido acercarse.

- Entiendo- Murmuró algo apenado, aun que comprendiendo que aquello era lo único que se podía hacer.- ¿Por qué las hadas os aceptaron aquí? Nunca antes había pasado algo parecido. Debiste ofrecerles algo realmente importante…

Los ojos plateados de Draco se volvieron fríos de pronto y sus fracciones se endurecieron. Harry supo que había metido la pata.- Lo siento… Yo no quería…

- Nunca.. Nunca hagas un trato con ellas. Son seres avariciosos y demasiado poderosos. Te perderás en su pacto- Fue lo único que dijo mientras se levantaba de su silla para salir del cuarto con la espalda rígida. Harry supo que fuese lo que fuese lo que Draco había entregado a las hadas, era algo demasiado valioso para él.

Era triste ver alguien como él podía derrumbarse de aquella manera ante la simple mención de un pacto. Con un suspiro de frustración, Harry recordó como habían sido sus dos últimas semanas. Tenía que admitir que aun que allí era un prisionero, estaba infinitamente más a gusto de lo que había estado nunca con Lucius. Y eso que con el hombre había sido un invitado.

Todos en la fortaleza parecían una gran familia, donde el compañerismo, la amistad e incluso el amor llenaban los días de aquel solitario lugar en medio de un bosque casi desierto. Aun que de todo aquello, lo que más llamaba la atención a Harry no era ni más ni menos que Draco Malfoy, el hijo de su anterior "captor" y ahora quien le tenía prisionero.

El rubio parecía fuera de contesto en el lugar. Harry escuchaba a todos reír y hablar durante las comidas, y observando atentamente había descubierto que Draco, aun interviniendo en aquellas ociosas charlas, se mantenía alejado de todos. Como si de alguna manera él mismo se hubiese construido una pared para estar solo en el otro lado.

Harry no le veía mucho, solo en las comidas, las cenas y en ocasiones como la de aquella tarde, en las que su anfitrión se aparecía en su cuarto con alguna propuesta sorprendente como leer antiguos libros, jugar al ajedrez, escuchar música en vivo e incluso intercambiar hechizos.

Era increíble ver como una misma persona podía llegar a mostrar tantas caras distintas. Primero el Draco frío que daba ordenes a sus subordinados sin distinción alguna entre ellos, después el neutro, que parecía no tener ningún tipo de sentimientos y que solo mostraba cuando las conversaciones oscilaban entre temas que no eran de su agrado.

También había conocido al Draco gentil, aquel que se sentaba con el horas y horas mirando un tablero de ajedrez y contando anécdotas de su niñez y las travesuras que hacían él y sus amigos. Alguien con quien hablar dejaba de ser un mero acto para convertirse en algo acogedor y sutilmente atrayente.

Pero por encima de todo aquello, Harry estaba seguro que las mascaras de Draco iban multiplicándose con el paso de tiempo. No sabía explicar por que, pero Harry había visto demasiada falsedad en su vida como para no reconocerla si se la ponían frente a sus narices. Y desgraciadamente un presentimiento le decía a Harry que todo aquello tenía que ver con las hadas y el tabú que representaba aquel extraño pacto.

Ciudad de Nistrick

- ¿Qué le pasó a Naruto?- preguntó un angustiado Quatre mientras entraba en la despensa de la tienda, encontrándose a su amigo rubio tumbado en el suelo sobre unas mantas y con el rostro tan pálido como la misma muerte.

- Se ha desmayado- Dijo Heero manteniendo su habitual expresión estoica.

- ¿Pero por qué? ¿Qué fue lo que pasó?- Trowa se inclinó también sobre Naruto para ponerle los dedos en la garganta confirmando los fuertes y regulares latidos del corazón.

- No lo sabemos-Intervino Duo- Vino un ángel blanco y tras hablar solo un momento con él, Naruto perdió el conocimiento.

La exclamación de Quatre fue escuchada por todos los demás. El rubio se horrorizó ante lo que las palabras de Duo podían significar. Si tan mal se había tomado Naruto la visita de ese ángel, quizás fuera por que les estaba buscando a ellos, a él.

- ¿Quién era el ángel? Era blanco, o de las tinieblas?

- Era un ángel blanco, y muy poderoso.

Quatre sintió como se descomponía. Quizás su prometido se había cansado de esperar a su novio fugitivo y había mandado a su ejercito a buscarlo.

Tan ensimismado estaba en sus propios medios que ni cuenta de dio de cuando Trowa se levantó bruscamente abandonando la habitación. El castaño también había sacado sus propias conclusiones del asunto. Si el ángel blanco estaba buscando a alguien, por supuesto que debía ser él. ¿Pero por que se desmayaría Naruto? Quizás le hubiese dicho quien era Trowa en realidad. Pero aquello no parecía ser motivo suficiente para que el chico perdiera el conocimiento.

Todo aquello era demasiado extraño y parecía complicarse por momentos… Quizás iba siendo hora de volver a su casa.

- No te preocupes- Dijo la voz de Duo tras él, sobresaltándolo al instante- Sea lo que sea lo que buscaba esa persona, no lo encontrará aquí.

Sus palabras poco hicieron para reconfortar al chico. ¿Cómo iban a impedir que le encontrase? Era algo realmente difícil de creer.

- Creo que el momento de volver a casa ha llegado. No puedo seguir aquí poniéndoos en peligro a vosotros. Podrían tacharos de traidores por esconderme…

- Nunca me han importado esas estúpidas normas que ustedes, los ángeles, tenían. Así que deja de preocuparte por esas cosas y simplemente deja que el tiempo transcurra a su paso, todo lo que tenga que suceder, sucederá.

- Vaya Duo- Dijo Trowa mostrando una sonrisa vacilante y mirando a su amigo con los ojos vivos de nuevo- No sabía que eras un filósofo…

- No te rías, y ves a la herbolaria a comprar algo de medicina. Naruto ha tenido un fuerte impacto y seguro que cuando vuelva en si necesita algo que le ayude a recuperar fuerzas.

Trowa asintió y sin importarle que aquello hubiese sonado como una orden, simplemente salió de la tienda tras coger algo de dinero para ir a comprar las medicinas.

- ¿Qué le habrá dicho el ángel para que reaccionara así?- Se preguntó Duo en voz alta para si mismo. Cual fue su sorpresa al encontrar más respuesta de la que esperaba.

- Estaba buscando a dos personas

Duo giró su rostro para mirar a Heero. ¿Cómo lo sabía él?. Pero aquella pregunta pronto paso a segundo plano al darse cuenta de que sus peores sospechas se habían confirmado. Aquel tipo solo podía buscar a Trowa en aquel lugar…

Más tarde, una vez Naruto reaccionó y pudo decirles a los demás que su desmayó era por una leve anemia (No quería que nadie excepto Quatre supiera que buscaban a dos personas. Ninguno de ellos sabía supuestamente la verdadera identidad del príncipe).

Ninguno pareció creerle, pero por algún motivo nadie dijo nada. Naruto se tomó las medicinas por la insistencia de los demás y después dijo que se iría a su habitación de la taberna a descansar un rato. Quatre se fue con él.

- ¿Cómo? ¿Una andágora en el bosque? Pero eso es imposible…

Gaara, Duo, Trowa y Heero se hallaban cenando en la pequeña y única mesa de la panadería mientras el príncipe les contaba su encuentro con el ave demoníaca.

- Lo se, yo me quedé tan impresionado como tu. Menos mal que no nos vio…

- Pero anda muy lejos de su territorio, y ellas nunca abandonan a los suyos.

- Quizás no esté sola- La afirmación de Gaara hizo que los ojos de Trowa y los de Duo se agrandaran de la sorpresa ante aquello.

- Pero…- Duo pinchó su tenedor nerviosamente en su plato de verduras.- Nunca habían venido hasta aquí.

- No os preocupéis, nunca han atacado ningún poblado. Por lo menos nunca se ha tenido noticia de algo así- Afirmó Trowa.

Y es que aun que ellos pudieran protegerse, ¿Cuántas personas morirían si una camada entera de aquellas bestias atacaba el pueblo? Arrasando las casas y a todos los pobres infelices que estuvieran a su paso.

Heero no había abierto la boca en toda la cena, y aun que aquello no era extraño en él, su ceño estaba fruncido como si algo le rondase la cabeza desde hacía rato.

- Tengo que irme- Dijo de pronto poniéndose en pie y dirigiéndose a pasos firmes pero rápidos hasta la puerta de la tienda.

- ¿Ehh? Pero si no terminaste la cena…- Duo no pudo decir nada más cuando la puerta se cerró de un seco golpe.

Pero Heero poco se preocupó por aquello. Le había sentido. Había sentido a su maestro y Isaac le estaba llamando. Desplegando sus inmensas alas grises, el chico echó a volar hacia su posada dejando que el frío y húmedo aire le golpease su rostro sin que este cambiase de su típica expresión vacía.

Cuando llegó hasta su ventana, pasó por ella sin ningún problema, y tal y como lo había sentido, su maestro se encontraba sentado frente al pequeño escritorio con unos documentos de aspecto bastante antiguo en sus encallecidas manos.

- ¿Dónde estabas?- preguntó sin mirar si quiera a su discípulo.

- Dando una vuelta- Heero supo que su maestro le había descubierto cuando sus oscuros ojos se volvieron hacía él taladrándole el alma.

- Acércate- Susurró Isaac sin cambiar el tono de voz o su postura. Heero obedeció al instante, colocándose a solo dos pasos de su maestro- ¿Te crees acaso que soy imbecil? ¿Crees que puedes engañarme a mi, al hombre que te ha criado y te ha enseñado todo lo que sabes?

Heero no abrió la boca. Sabía que hacerlo solo le condenaría más. Su maestro estaba furioso con él, y quizás con razón.

- Apestas a ángel, y si no me equivoco, también tienes un dejó de olor a demonio… ¿No has cumplido mis ordenes, verdad Heero?

- No señor.

- ¿Y tienes algún motivo para ello?

- No pude matarlos, son demasiado fuertes, sobretodo uno de ellos.

- Ya te dije que eso no me importaba. Yo te enseñe a matar, no a ser un cobarde.

Los ojos de Heero se entrecerraron, pero tal y como actuaría el perro de Paulov, Heero se quedó completamente inmóvil, acto que reflejaba años y años de continuo entrenamiento.

Pero antes de poder percatarse de algo más, un dolor conocido para Heero, pero no por ellos menos letal se extendió por todo su cuerpo. Implacable y abrasador, le recorrió desde sus entrañas hasta las puntas de sus dedos, y fue su disciplina lo único que evito la vergonzosa reacción de doblarse en dos ante la tortura.

Tan pronto como había aparecido, aquel fuego se fue, quedando dentro de Heero un malestar que sabía, duraría horas. Aquel era uno de los castigos que siempre le imponía Isaac cuando no estaba contento con él. La primera vez, cuando Heero solo contaba con cinco años, le había costado recuperarse de las heridas internas más de una semana, pero con el tiempo se fue acostumbrando a ellos, convirtiendo su cuerpo en una maquina sin sentimientos, que ni el dolor podía hacer caer.

- Esta vez lo dejaremos así Heero. Pero dentro de dos días tendrás que demostrarme todo lo que has aprendido. Atacaremos el pueblo, bueno… las bestias lo harán, y tu mataras a todos los ángeles que puedas mientras las andágoras devoran a los humanos.

Por alguna razón la bilis de Heero subió hasta su boca. Estaba más que acostumbrado a oír barbaridades como aquellas de boca de su maestro, pero por algún motivo, aquella vez resultaba mucho más chocante que las demás.

- Así que el que esos bichos estén por aquí es obra tuya…

- No me subestimes Heero. Si hubiera sido yo, no serían esas estúpidas aves las que arrasarían todo. Es obra de Lucius. Veremos si da el resultado esperado.

- ¿Qué es exactamente lo que buscas?

- La vida de dos príncipes- Los ojos de Isaac relucieron de maldad. Como si aquello fuera lo único que podía darle un aspecto de vitalidad. Heero maldijo para si mismo esperando no haber entendido bien a su maestro, no podía haber descubierto que los dos príncipes de los ángeles se encontraban allí, ¿Verdad?- Sus muertes iniciaran la verdadera guerra. La batalla de donde yo saldré victorioso y como único amo de todo el mundo.