—Suelta primero la katana—dijo Akame seriamente.
—Vaale —accedió Rin depositando el bulto a medio desenvolver en el suelo, levantando las manos después para mostrar sus palmas vacías, y siguiendo las indicaciones de la pelirroja se sentó en la cama. Ella cerró el libro y se dirigió al extremo contrario, donde había unas barras de las que se colgó cabeza abajo sujeta sólo por las piernas.
—Dispara.
—Pueees… para empezar, ¿qué tiene de especial la katana?
—Es una espada demoníaca, se llama Chikaraken*. Tiene de especial que en los primeros minutos que la empuñas absorbe tu energía vital a marchas forzadas… pasados unos 5 minutos aproximadamente multiplica la fuerza que ha absorbido por diez… si consigues aguantar—sonrió, e hizo una pausa para incorporarse y ponerse a hacer equilibrios sobre la barra—. Es bastante peligrosa… a mí aún me cuesta aguantar algunas veces, así que imagínate… y aún estando enfundada, es capaz de… "atraer" la fuerza.
—¿Entonces por qué la otra noche se activó esa… cosa? ¿No fue porque toqué la katana?
—Ya te dije que no—resopló, bajando de un salto de la barra—¿Puedes ver lo suficiente?—le preguntó agitando un poco las cadenas. El otro asintió con la cabeza, abriendo mucho los ojos para no perderse detalle. La pelirroja caminó lentamente hacia la puerta, hasta que las cadenas estuvieron tirantes—Esto reacciona a movimientos bruscos, pero sobre todo a los tirones—levantó una ceja—¿recuerdas?—y escenificó dramáticamente lo ocurrido la noche anterior finalizando con un fuerte tirón de las cadenas que provocó la activación de aquel mecanismo. Rin estalló en aplausos ante la atónita mirada de la chica, que le dirigió con los ojos rojos brillando de rabia. Pero tenía que calmarse si quería que las cadenas se aflojaran, así que cerró los ojos para que el rostro animoso del chico no la distrajese e hiciera que su pulso se disparara. La ponía de los nervios.
El medio-demonio, comprendiendo la maniobra de la otra, se mantuvo en silencio, hasta que de nuevo, como la otra noche, cayó al suelo y se levantó rápidamente para dirigir una mirada cargada de reproche al otro, que no hizo otra cosa que soltar una carcajada.
—¡No me mires así! Yo no he hecho nada… hoy—sonrió colocando los brazos tras su cabeza. Akame resopló, plantándose delante de él con los brazos en jarras.
—Bueno, ¿ya estás satisfecho? ¿Te puedes ir ya?
—¿Qué pasa? ¿Acaso tienes cosas que hacer?
—Pues sí.
—¿Como qué? ¿Como pegarle puñetazos a un bloque de madera?—se burló. Akame estaba empezando a perder los nervios, ya se empezaba a hinchar una vena en su sien. Y el muy idiota no se daba cuenta y seguía parloteando con la pelirroja a su lado a punto de explotar—… ¿No te aburres de hacer todas las noches lo mismo?
Akame parpadeó, confusa. Por una vez, Rin tenía razón. Llevaba siete años con la misma rutina cada noche. Aun así, no alteró su tono antipático.
—¿Y qué me sugieres que haga?
—Practica esgrima conmigo—le propuso sonriente— Querías ser Knight, ¿no?
Akame se revolvió, indecisa. Era una propuesta tentadora.
—Sí, pero no debería ir… por las noches puedo descontrolarme y hacer daño a alguien. ¿Por qué te crees que me encadeno?—repuso con un deje de melancolía. Rin soltó una carcajada y se golpeó el pecho con un puño.
—¡Me subestimas! No podrás pasar por encima de mí—sonrió. Akame se rió ante el comentario, esta vez sin ironía ni malas intenciones—Además, ¿cómo pretendes aprender a controlarlo si nunca lo intentas?
Akame lo meditó un momento. Quería ir. Quería romper esa agobiante rutina, y el argumento que le daba Rin era muy convincente. Pero temía por Itzala… desde hacía rato también la estaba intentando persuadir para que aceptara, y ella había notado por detrás de sus palabras una especie de instinto en contra del vástago de Satán. Tenía miedo de estar de acuerdo con Itzala, la hacía sentir vulnerable.
—Está bien—aceptó de todas formas—. Pero primero creo que entrenaré con otra espada. No quiero arriesgarme tanto aún.
—Como quieras. Vamos primero a por mi katana y luego a coger otra para ti en el gimnasio. ¡Ah! Y debería llevarme a Kuro, nos puede ser útil—cotorreaba sin parar mientras se dirigía a la puerta. Sin embargo, Akame seguía parada en el sitio— ¿Pasa algo?
—Te olvidas de un pequeño detalle—dijo agitando los brazos, haciendo que las cadenas tintinearan.
—Pues quítatelas.
—¿Tú te crees que es tan fácil?
—Eres tú misma la que se las pone, ¿no? ¿Acaso no te las quitas tú misma por la mañana para ir a clase?
—El mecanismo que lo desconecta se activa con la luz.
Rin la miró entrecerrando los ojos, e inmediatamente después salió corriendo dejando a la pelirroja con un palmo de narices. Al rato volvió con su katana al hombro y un pequeño objeto en la mano. Lo ocultó a la espalda y se acercó al baúl con cara inocente. Akame levantó una ceja.
—¿Qué se supone que estás haciendo?
El medio-demonio la chistó, y un instante después estalló en llamas azules ante la atónita mirada de Akame, que entrecerró los ojos por la gran cantidad de luz que emitía.
Al fin, se pudo oír un chasquido, y los grilletes que le sujetaban las muñecas y los tobillos cayeron al suelo con un ruido sordo. Akame abrió mucho los ojos, se vio libre al fin, y no pudo evitar empezar a reírse como si fuera una niña pequeña, brincando alrededor del poste de madera. Se detuvo frente a la puerta, aún con la sonrisa en los labios, y con pasos lentos se dirigió hacia el umbral hasta que salió al pasillo, donde se giró para mirar al interior de la habitación desde fuera. Soltó otra carcajada y se puso a hacer piruetas por el pasillo ante un atónito Rin que seguía sus movimientos con los ojos abiertos como platos. Tras un salto mortal hacia atrás, Akame miró hacia el interior del cuarto para sacarle la lengua a Rin y luego salir corriendo por el pasillo hacia Satán sabe dónde.
«Rin… ¿quién era esa chica con cara de loca que casi me pisa?» ronroneó lloroso un gato de dos colas frotándose con las piernas del chico.
El vástago de Satán entrecerró los ojos, preocupado, y ajustándose la funda de la katana a la espalda salió corriendo por donde momentos antes había visto desaparecer a la pelirroja. Un murmullo se escapó de sus labios, dirigido al gato, o tal vez a sí mismo:
«Akame»
*Chikaraken: literalmente en japonés, "espada de la fuerza"
Lo siento T_T Lo siento, lo siento, lo siento. Ya sé que llevo casi un año de hiatus. Lo siento T_T Entre unas cosas y otras lo he ido dejando poco a poco hasta olvidarme de él, y bueno, pensando hoy en lo mucho que fastidia que estés leyendo un fic y se quede a medias... pues aquí estoy. En deviantart tenía subidos hasta el capítulo 11, y tengo escrito hasta la mitad del 13, así que de momento lo que voy a hacer va a ser subir lo que tengo. No prometo seguir (no puedo prometerlo, lo siento . Estoy liadísima con la universidad y apenas tengo tiempo de ponerme a escribir con calma; dejando de lado que mi inspiración se fugó con otro (?) y que ha pasado tanto que no me acuerdo por dónde quería que discurriera la historia), pero si veo reviews y tal, lo que sí prometo es intentarlo. De nuevo, lo siento mucho T_T
Volviendo al tema (?) ¿Qué os está pareciendo? ¿Bien? ¿Mal? ¿Horrible? ¿Desastroso? Yo misma lo acabo de releer, pasado casi un año desde que lo escribí, y me parece espantoso xD El concepto lo recordaba, pero la forma de escribir... Brr. Supongo que si sigo escribiéndolo notaréis el cambio si lo leéis de seguido, o desde estos capítulos que voy a subir ahora mismo hasta el 13 incluido. Y otra vez me he desviado del tema xD ¿Qué cosas más curiosas, las espadas legendarias, eh? (?) Cómo me gusta inventarme cosas xDDD Bueno, como voy a subir lo siguiente ahora mismo en seguida veréis lo que pasa, no os dejo sitio a la intriga~~
Así que nada. Ya está todo dicho. Voy a subir el siguiente~
¡Comentad sin miedo, se agradece mucho!
Trama de AmnS y Akame Hokori así como otros personajes originales que sólo han salido de cameo (c) Marii-vamp. O sea, yo.
Personajes cannon y universo AnE (c) Kazue Kato.
