Era bien temprano en la mañana, los primeros rayos dorados del sol del invierno más frío se cernían sobre los edificios de toda Manhattan. Había un edificio, más concretamente, un loft, en el que un amor tan grande como el infinito llenaba el ambiente, sin dejar espacio a preocupaciones. Solo amor, y un esquisto aroma a café.
Allí una cama de sabanas blancas una mujer hermosa se encontraba durmiendo, apenas unas partes de su cuerpo se veían cubiertas por las suaves sabanas. No era una mujer cualquiera era una musa, una musa con todas las letras y en todo sentido.
Un hombre, un escritor, el único al que ella jamás ha amado de tal forma. Se le acerco se sentó a su lado, con tan solo unos legins puestos y su torso al descubierto. Tenía una taza de café en cada mano. Dejó una en la mesita de luz y con su mano tiernamente le acarició el cabello. A él le encantaba, lo volvía loco su belleza; se veía tan tranquila tan indefensa y tan feliz que no quería despertarla, solo admirarla.
-Hey. -dijo esta con voz de dormida y dulce a la vez mientras habría sus ojos.
-Hey, no te quería despertar.
-No lo has hecho ah sido el aroma a café. -Se besaron. -Mmm me encanta. -Dijo con una sonrisa.
-¿El café o yo? -Le contestó el escritor tomándole el pelo mientras le entregaba su tasa.
-Pues... Creo que me quedo contigo.
-Gracias, creía que él ganaría. -Le contesto gracioso.
-Es que fue una dura decisión.
-Mmm y veo.
-Mmm ¿y qué vamos ah hacer en este fin de semana invernal? -Preguntó curiosa.
-Bueno yo estaba pensando algo que no hago hace mucho mucho tiempo...
-¿A sí?.
-Si, como ya se acerca la navidad había pensado en hacer algo distinto este fin de semana, un par de días SOLO para nosotros ¿Qué piensas? -La miró juguetón. Ella notaba que le escondía algo más.
-Bien me parece una idea genial.
-Como tú eras la que siempre actúa como adulta pensé que podríamos hacer cosas como las que hago yo..
-Niñerías
-Si pero divertidas, y con el plus de la diversión de los adultos. -La miro levantando la ceja, lanzándole la indirecta más directa del mundo.
-Bien me parece una buena idea, pero me parece que tendremos que hacer un pre calentamiento matutino. -Dijo esta mientras acariciaba el vientre de este, paseando las yemas de sus dedos por cada uno de sus músculos, llegando hasta el final.
-Me parece una excelente idea. -Dijo él con la voz un poco tembloroso, lo había sorprendido.
-Me parece que estamos un poco en desventaja, a ti te queda el pantalón y a mi... nada. Rápidamente como un rayo él se liberó de aquel incordió y quedaron empatados.
-Me parece que ya estamos iguale dijo el admirando las vistas que le ofrecía esta hermosa mañana de invierno.
-Oh Rick sigue, sigue!
-Creo que te está gustando, ¿o me equivoco?
-Me encanta, sigue, ¿Cómo es que no lo hemos hecho antes?
-Porque dices que es para niños.
-Ya pero me encanta. Vamos un poco más y ya está, un poco más..
-Si! Lo logramos -Dijeron ambos al unísono.
Se encontraban en el sofá Rick sentado y en sus piernas Kate. Ambos con controles en las manos frente a una pantalla jugando. Estaban con ropa de entre casa.
-Te dije que era divertido.
-Y lo es me encanta. El de los instrumentos también era divertido pero este es genial.
El escritor la escuchaba atentamente, nunca la había visto tan alegre, y nunca habían jugado videojuegos juntos.
-Creo que este fin de semana me entrego a ti y haremos lo que tu digas.
-Me encanta la idea.
-Que más tienes.
-Bueno tengo un juego de pistolas láser, tienes un chaleco y un arma y tienes que dispararle al otro, el que haga más puntos gana.
-Se parece bastante al trabajo.
-Y si te digo que también se puede jugar por toda la casa o colgados de arneses, y que te voy a ganar. -Esto último se lo dijo en un susurro al oído, en forma de reto.
-¿Pistolas láser entonces?
