Capítulo 9: El juego de la predicción
Posiblemente habían pasado una de las peores noches de toda su vida. Estaban algo apretados ambos en un mismo saco, con poca capacidad de movimiento y eternamente incómodos. Inclusive se hacía un misterio el saber cómo era que habían logrado conciliar el sueño entre tanta cosa, pero de alguna forma sí pudieron.
Luego de pasadas dos horas del accidente con la mordida de orejas por parte de Kagura, se sintió un fuerte trueno cerca de donde ambos se encontraban. Se despertaron casi al unísono, tan sólo para encontrar sus caras casi pegadas a la del otro. Por acción reflejo, la apartaron lo más deprisa que pudieron.
—Sí que llueve, eh. Y dudo que pare pronto-aru —mencionó la pelirroja, apuntando su mirada al exterior de aquél techo.
—¿No que siempre llovía por aquí? Al menos eso había entendido yo —preguntó Sougo, mirando a la chica. Ésta desvió rápidamente sus ojos de los de él. Estaban peligrosamente cerca ya como para que todo se tornara aún más incómodo.
—A veces sí, a veces no; de todas formas, no íbamos a pasarla bien esperando a que llegara el siguiente barco, así que no te preocupes-aru.
—¿Cómo que no? Uno siempre puede encontrar nuevas formas de divertirse.
—¿Ah sí? Me encantaría que me dijeras cómo te divertirías en este preciso momento-aru.
—¿Acaso tengo que decirlo? —preguntó él, moviendo levemente su mano izquierda en las caderas de Kagura.
—¿Acaso quieres que te vuelva a morder-aru?
—Ah China, siempre tan predecible con tus amenazas —suspiró Sougo.
—Si fueran tan predecibles, nunca saldrías lastimado por ellas-aru.
—En el fondo tengo la vaga esperanza de que, cuando te diga algo molestando, en vez de golpearme me lo contestes con algo aún peor.
—¿Eh? ¿A qué diablos te refieres-aru?
—Hagamos esto, para pasar el rato, yo diré haré algo, y tú reaccionarás ante ello; si reaccionas de la forma que creo que lo harás, entonces yo gano un punto, pero si logras sorprenderme, tú lo haces.
—¿Qué demonios? ¿Por qué se te ocurren estas cosas-aru? ¿Y por qué crees que jugaría contigo a eso? Además, de seguro terminas haciendo trampa o algo-aru.
—Un punto para mí.
—¿Qué-aru?
—Simple, sabía que no accederías a la primera, entonces el punto lo tengo yo.
—¡Pero si ni siquiera había aceptado-aru!
—Lo sé, pero aún así es divertido. Vamos, al menos para pasar el tiempo. Bien sabes que ninguno de los dos se puede dormir, no sólo por lo horrible de este lugar sino que si llegamos a perder el barco de nuevo, estamos fritos.
—Espera, ¿cómo sé que no me mientes al predecir-aru?
—No serviría de nada que lo hiciera. Además, tan sólo es un juego para que se haga más leve la espera, qué importa de todas maneras.
—Mmm... ¿Y qué gano si tengo más puntos que tú-aru? —Kagura, si bien al principio le sonaba como mala idea, ya estaba algo entusiasmada con el juego. No sabía qué se traía el sádico entre manos, pero sería más divertido que estar en silencio por unas cuantas horas más.
—Eh... Si llegas a cinco puntos antes que yo llegue a diez, entonces te dejaré usar el abrigo en lo que resta del tiempo que estaremos aquí. Y que conste que te doy ventaja, así no te quejas.
—No necesito tus ventajas. Dejémoslo en quién llegue primero a cinco y listo. Verás que podré ganarte y fácil-aru.
—Cuánta confianza. Bien, como quieras. ¿Alguna otra regla que quieras añadirle?
—Quiero tener el poder de hacer cosas también. Será una vez cada uno. Si no nos ponemos de acuerdo, entonces habrá un empate y no será punto de ninguno-aru. No vale repetir alguna cosa ya hecha-aru. Ah y, el punto cuenta en cualquier momento, si es algo prolongado en el tiempo y eventualmente ocurre, entonces será un punto para el que predijo que ocurriría-aru.
—Interesante. ¿Quién comienza entonces?
—Empieza tú si quieres, no tengo problema.
—Bien. Haré una pregunta entonces ¿Es cierto que cuando viste que me buscaban por asesino en Kabuki te pusiste muy nerviosa, y querías salir en seguida a mi rescate?
—¿Qué? Por supuesto que no-aru.
—Punto para mi entonces.
—Espera, ¿por qué-aru? ¿Cuál era tu predicción en este caso-aru?
—Que mentirías. Y lo hiciste, así que yo gano el punto.
—¿De dónde sacaste que estaba mintiendo? Dije la verdad.
—Lo siento, pero Shinpachi-kun me lo dijo.
—¿Q-qué? Ese imbécil-aru.
—Así que punto para mi, ¿no?
—De acuerdo, ganas esta vez-aru. Ahora es mi turno —comenzó Kagura, pero realmente no tenía algo claro en la cabeza como para hacer inmediatamente. En eso, optó por lo sencillo y escupió (poquito esta vez) la cara del sádico. Éste, sabiendo qué era lo que la China se traía entre brazos, decidió, aunque le diera un terrible asco, no limpiarse. La chica se encontraba anonadada—. No puedo creerlo-aru, en verdad... No te estás limpiando... Está bien, te mereces el punto-aru —dijo, entre grandes carcajadas.
—Eso fue bastante bajo de tu parte —dijo Sougo, quién estaba claramente molesto, y su cara lo reflejaba a la perfección. Kagura, sin embargo, no parecía querer dejar de reírse pronto.
Ese juego no era sólo una forma de pasar el rato después de todo, también era una forma de aprender a conocerse un poco, explotando los límites de su rival lo mayor posible. Ninguno de los dos planeaba perder, pero, si iban a ganar, no podía ser con simples trampas en las predicciones ni mucho menos. Tenían que ganar como los mejores.
—De acuerdo, maldita China. Es mi turno ahora. Y vamos dos a cero, así que por ahora estoy ganando. Me aseguraré de que no consigas ni un sólo punto en esto.
—Qué severo-aru. Tenme algo de piedad, ¿quieres? —burló Kagura, haciendo una mueca.
En eso, el sádico posicionó, entrecerrando los ojos (en los cuales se estaba acercando ya la saliva de la China), su mano derecha en el seno (también derecho) de Kagura. Ésta, prácticamente al segundo, lo golpeó fuertemente y salió del abrigo.
—¡¿Qué haces, maldito?! ¡No se suponía que se valieran esas cosas-aru! —gritó, muy acelerada.
—Yo te dije que propusieras tus reglas, y en ningún momento aclaraste que no se pudiera. Lo siento mucho China, ¿cómo iba yo a saber que no se podía? Estás siendo injusta conmigo. Ah, y creo que es obvio que eso fue un punto para mi, ¿no?
—Deja de hacerte pasar por buena persona, me das asco-aru —comentó Kagura, ya empezando a sentir el frío en sus hombros—. Y sí, tienes tu punto, pero recuerda, fue ganado de forma injusta.
—¿Disculpa? ¿Y qué tal contigo y ese escupitajo? ¿Te parece que fue justo?—defendió Okita, y la China sintió por dentro que éste tenía razón.
—Está bien. Puedes quitarte la saliva si quieres-aru, no más cosas de... ese estilo. Y déjame entrar de nuevo, me estoy muriendo de frío-aru.
Se acomodó nuevamente, aunque esta vez un poquito más distante, sin abrazarlo. Okita, como la China le había indicado previamente, estaba quitando la saliva de su rostro.
—Está bien... Entonces, tres a cero, ¿no? —aclaró el sádico, mientras terminaba de quitarse aquello de la cara.
—De acuerdo-aru. De ahora en más, no más cosas así.
—Okay, tu turno entonces.
—Cuéntame sobre por qué decidiste ser un asesino y dejaste a los tontos del Shinsengumi-aru.
—No te diré nada. Estaré perdiendo un punto y arruinando mi puntuación perfecta, pero no quiero hablar eso contigo.
—Qué aburrido-aru.
—Tres a uno. Ahora me toca a mí. ¿Te molestó que te tocara el pecho? —preguntó Sougo, mientras miraba a Kagura fijamente. Ésta, si bien lo primero que pensó obviamente fue en decirle "claro que sí, porque eres un idiota, das asco, etc, etc" se dio cuenta de lo predecible de su respuesta. Si quería ganar, no podía darse el lujo de ser tan tonta: después de todo, la gracia del juego era ver quién podía ingeniárselas mejor para ganar puntos a costas del otro. La China, con toda seguridad, cerró los ojos y dijo lo menos "ella" que se le ocurrió.
—Claro que no. Me encantó que lo hicieras-aru.
Sougo quedó perplejo. Ni siquiera podía mentir con respecto a lo inesperada que fue la respuesta brindada por Kagura. Esperaba que esto se hiciera mucho más sencillo, pero pareciera que no todo iba a ser así, tan sólo ser un poco arriesgado no le iba a considerar la victoria.
La pelirroja sonrió, consciente de que había ganado un punto.
—Bien, tu punto. Lograste sorprenderme China, te felicito. No pensé que te gustara tanto, igual. Puedo volver a hacerlo si quieres.
—Cállate-aru. Es mi turno ahora. Vamos tres a dos. En una escala del uno al diez, ¿qué tan triste estabas cuando te dejé por irme con Gin-chan?
El sádico tragó saliva. Kagura lo miraba, casi segura de que no se atrevería a abandonar su orgullo, ya que la vez que lo hablaron sólo quería sonar como que en verdad no le importaba demasiado que lo haya dejado por ir con Gintoki.
—Mucho más que diez. Sentía que me ibas a abandonar para siempre e iba a terminar muriéndome solo aquí, en este frío planeta —respondió Sougo, con una cara tan seria y honesta que hasta parecía que no estaba mintiendo.
—Espera, ¿en serio-aru?
—Eso no te interesa, lo importante es que gané el punto, tu sorpresa me lo dijo todo.
—Pero... ¿Lo decías en serio o... —insistió la yato.
—Ya te dije que no importa ahora.
—Punto para mi entonces-aru.
—¿Qué diablos? —cuestionó, desorientado, el sádico.
—Mi predicción no era que dirías eso, sino que no aceptarías que era verdad-aru. Se volvió realidad.
—Oye, eso no se vale. ¿Cómo iba yo a saber eso? —protestó Sougo.
—Pues... Así es el juego-aru. Tú mismo lo inventaste después de todo.
—¡Pero eso lo inventaste sobre la marcha!
—Para nada, sino, ¿no te parece que no hubiera insistido tanto en que me dijeras si era en serio? Sería tonto de otra manera-aru.
—Perdón por pensar que lo decías porque estabas preocupada por mí, entonces. Quédate con tu punto —criticó Okita, quién definitivamente no estaba contento por el resultado, pero no podía hacer mucho para negar que sí pudiera ser cierto.
—¡Tres iguales entonces! Es tu turno, sádico —la risa de Kagura se veía presente en el lugar. Sin embargo, Sougo tenía algo bajo la manga.
—¿Volverías a dejarme por Danna, si supieras que lo encontraron en la Tierra?
Kagura quedó algo desconcertada. ¿Qué era ese ataque constante de cuestiones entre ellos? Está bien que ella también lo había molestado con algo similar antes, pero algo dentro suyo le decía que el sádico en verdad quería esas respuestas.
—No.
—¿Ni aunque él te hablara personalmente? —preguntó, con un aire distinto, más sincero.
—No te volveré a dejar solo.
—Fuertes declaraciones, China. Está bien, tienes tu punto. Te lo doy porque soy bueno. Es tu turno.
Parecía que hasta se estaba burlando de ella con las preguntas. Por supuesto, ella no lo decía en serio: posiblemente se iría en seguida la Tierra si supiera que Gintoki estaba de vuelta. Se preguntaba a sí misma si el sádico le hacía esas preguntas de verdad, o tan sólo para hacerla sentir incómoda.
—¿Cómo que "porque eres bueno"?
—Ya hasta estás siendo predecible en el propio juego, así que la próxima vez que respondas así, simplemente prediré que dirás algo acorde al juego y eso es todo, ganaré.
Kagura estaba algo sorprendida. Era su turno, y luego iría a perder. Pero quería ganar. Necesitaba su caliente abrigo después de todo.
—Bien, es mi turno-aru —pocas opciones tenía Kagura a estas alturas, debía hacer lo posible por obtener ese punto o el siguiente, sino podría terminar en lo peor. Debía encontrar alguna debilidad, o algo de que él mismo no estuviera seguro, algo que lo dañara—. ¿A cuánta gente mataste desde que volviste a la Tierra?
Si bien parecía una pregunta algo simple, lo sinceros ojos de Kagura miraban fijamente al sádico. Éste, sin saber muy bien qué decir, se acercó hacia el oído de ella, y murmuró la cifra.
—Más de dos mil quinientas.
Kagura quedó estupefacta. Esperaba que fuera una cifra mucho menor, en verdad. A estas alturas no sabía si lo que el sádico le decía era en verdad o no, pero de todas maneras la sorprendía mucho.
—No esperaba eso de ti-aru. Me pregunto cuántos de ellos eran inocentes.
—Eso no es de tu incumbencia.
—Lo sé, pero aún así me decepcionas si eso es cierto-aru. Te concedo el punto —terminó, algo disgustada por haber hecho la pregunta. Decidió que lo mejor era dejarlo para el último turno con él y dejarlo todo allí, porque no se le ocurría nada mejor que hacer.
—Bien, ambos a un punto de ganar, ¿cierto? Y es mi turno...
—Sí-aru. El que gane este, se queda con el abrigo, ¿no?
—Claro, y no tendrá por qué compartirlo más.
—Genial-aru. Vamos, haz tu pregunta.
—¿Estás enamorada de mí? Porque sinceramente no veo otra forma de que quieras traerte a alguien contigo para no estar sola, China. Desde el día que me hiciste la propuesta que lo estoy pensando.
Había tocado fondo. Si bien lo del seno había sido mucho más vergonzoso, esto era muchísimo más difícil de contestar. Implicaba algo bastante serio, y Kagura dudó dos veces antes de siquiera pronunciar una palabra. Había que tener en mente que no podía actuar de forma predecible, y si bien hasta antes del juego lo más predecible hubiera sido decir "no, imbécil-aru" y listo, ahora también el decir "claro que sí" estaba dentro de esa categoría. ¿Qué podía hacer para cambiar eso? Algo original se le tenía que ocurrir, algo que el tomara al sádico por sorpresa; necesitaba el abrigo y estaba harta de estar pegada a él a estas alturas.
En eso, la China abrió el cierre del abrigo, hasta que se lo quitó por completo.
—¿Qué? ¿No vas a contestar? ¿Huirás acaso? Qué cobarde eres, China.
Kagura, luego de respirar hondo, enfocó su atención en el sádico. Su larga cabellera castaña clara atada a una colita de pelo, los ojos carmesí que tanto lo caracterizaban, hasta aún se notaba algo de saliva en su cara... Sus labios se encontraban completamente sellados en ese entonces. Kagura se aproximó a él, primero lento, hasta que estaba a menor distancia que la que proporcionaba antes el hecho de estar ambos usando el mismo abrigo. Sus dos manos, envueltas por tan negros guantes, agarraron el rostro del sádico con una increíble fuerza. Sougo se encontraba confundido, ya que Kagura tan sólo se encontraba allí, mirando hacia abajo y agarrándolo de la cara, con los ojos cerrados.
—¿Qué diablos haces? Creí que ibas a hacer algo más inteligente que golpearme el rostro, la verd... —y no pudo terminar la oración, debido a que se vio envuelto por el rostro de la China acercándose al suyo. Sus ojos se agrandaron, al notar que, no sólo los suaves labios de aquella pelirroja se encontraban unidos a los suyos, sino que también ésta abrió levemente la boca al besarlo: implicando que sería algo más que una tocada de labios infantil, o lo que había sucedido el otro día. Sougo no pudo resistir la tentación, y se acopló a los movimientos de aquella. Aprovechó la oportunidad para colocar sus manos en su cadera y atraerla hacia él, como acostumbraba a hacer. Entre sus respiraciones tan agitadas, la China disolvió el beso al fin.
—¿Eso es suficiente respuesta para ti, acaso-aru? —preguntó Kagura, quién se notaba algo sonrojada por la situación. El sádico, luego de quedarse en blanco un par de segundos, respondió ante esto.
—¿Q-qué? Sí, sí, supongo que es suficiente.
—¡Entonces dame mi abrigo-aru, maldito sádico!
—¿Qué?
—Ya me oíste, tuve que hacer esa asquerosidad contigo, pero al menos gané este maldito juego —festejó mientras limpiaba su boca de semejantes gérmenes, para luego estirar sus manos, en señal de que quería su abrigo de nuevo. Okita no tenía otra alternativa que dárselo por el momento, aunque seguía algo aturdido por lo que había ocurrido recién. ¿Acaso había sido Kagura quien lo había besado, apasionadamente, esta vez? Realmente lo había sorprendido.
—Espera... ¿Me estás diciendo que todo esto lo hiciste... para obtener el abrigo por unas... tres o dos horas? —dijo el sádico, entrecortadamente.
—Sí-aru. No quiero morirme de frío. Pero créeme, me dio completo asco hacer eso, así que no te preocupes, no volverá a ocurrir-aru —aclaró Kagura, aún limpiando su boca de aquello, y sintiéndose victoriosa.
—¿Qué? Ah, sí, claro, como digas. Igual no tengo tanto frío ahora.
—Ni se te ocurra decir que yo tengo algo que ver con eso, por favor-aru. Ya suficiente dignidad perdí por hoy. Dormiré algo más, si llegas a escuchar al barco me avisas. Estoy exhausta.
El sádico asintió, aún boquiabierto por lo que había ocurrido. No se podía explicar la situación, ¿esa era acaso la maldita mocosa que había conocido como una rival hace cinco años?
Pasaron las horas bastante rápido, por suerte no llovía tanto después de aquél trueno, y el frío no amenazaba de igual manera.
