Eya era castaña, con el pelo ondulado cayendo por sus hombros. Los ojos negros, tan negros como el plumaje de un cuervo. Era una muchacha alta (tipo Elizabeth, de alta digo) y bella; no increíblemente, pero había algo, algo en su personalidad, o en su físico que la hacía muy atractiva.
Como ya le había contado Dalma al gherrero, Eya no había conocido a su padre, cuando la muchacha nació, él se unió a un navío mercante y nunca más volvieron a saber de él. Los primeros años de su vida, los vivió junto a su madre, en una isla cercana al pantano, sin saber que en él estaba su destino. Cuando cumplió los ocho años, los primeros síntomas de magia comenzaron a aparecer: podía encender velas con los dedos, o invocar a las flores para que crecieran aunque no fuera su estación. Nimiedades, pero el potencial mágico de la niña no podía ser desaprovechado, así que fue llevada al pantano con su Tía Dalma. Su madre vivió con ella 8 años más, hasta que la niña cumplió los 16. Al llegar ese punto, volvió a su isla de origen, no soportaba las tinieblas del pantano ni un minuto más.
Los años fueron pasando y Eya se convirtió en una magnífica hechicera. La noche que había desaparecido tenía 20 años, y estaba haciendo un hechizo para conseguir aparecerse en los sueños. La faltaba una piedra para conseguirlo, un rubí celeste que solo podía encontrarse bajo las montañas submarinas del lago del Pantano. Y allí se encaminó la muchacha. Tardó todo un día en llegar allí, y más de dos horas en encontrar su piedra, pero cuando salió del agua la llevaba en la mano. De pronto, unos hombres la capturaron y la taparon los ojos y la boca. Algo debieron de darla o golpearla porque perdió el conocimiento.
Cuando desperté me encontré atada en una silla, en una habitación muy bien decorada. Había libros en todas las estanterías y ante mí, una mesa llena de documentos y mapas. De pronto entró un hombre y se acercó a mí, me tomó de la cara y me la levantó, gesto que repetiría él y muchos otros durante el tiempo que estuve allí. Sin más, sonrió y dijo "me vale" y entonces me dio un puñetazo, casi tirándome de la silla.
- Bien querida, voy a informarte de que para ser tan linda, eres una asesina.- El estupor y la sorpresa se reflejaron en mi cara.
- ¿De qué está hablando?.
- Verás, ayer por la noche, dos bandidos entraron en mi casa, que es esta en la que estas. Uno de ellos lastimó a mi bella esposa, dándola una paliza y el otro resultó muerto… por su propio cómplice, al enzarzarse en una discusión por un bello collar, que en estos momentos tú llevas colgado al cuello.- Miré hacia abajo y lo observé, el collar era un diamante, perfecto, en el que se reflejaba la luz del sol que entraba por la ventana. El hombre se acercó y me le desabrochó suavemente (el collar), todo lo contrario a sus movimientos anteriores como si no quisiera dañarme. Después dijo- Esto lo guardaré yo. Y por supuesto, que, como nuevo embajador de esta isla, debo castigarte por tal insolencia, así que… pequeña.- dijo colocándose ante mí.- que pena me da perder tal flor.
Entonces un hombre entró con paso firme en la habitación, me miró enfurecido y dijo:
-¿es ella?.
- SÍ. Contestó él con voz firme.
- Esta noche la exhibiremos en la fiesta, y mañana será castigada.
Intenté negarlo todo, grité, pataleé, me enfadé…pero obviamente, no conseguí nada. Entonces caí en la cuenta, iba a ser castigada por algo que no había hecho, iba a ser culpada por algo que había hecho otra persona, por eso me habían contado la historia, para que tuviera conciencia, aunque no lo hubiera hecho. Iba a ser culpada, mientras que el verdadero asesino quedaba impune.
Esa misma noche, en una fiesta radiante, fui acusada públicamente de asesina, de haber matado a un hombre, y de haber lastimado a la embajadora de la isla. Cuando volvieron a llevarme a la celda, el embajador desapareció y en su lugar vino otro hombre. Cruel y duro. Él, como todo el resto de la isla, pensaba que yo era culpable. El diamante había desaparecido, eso me lo hizo saber el torturador, y por supuesto querían saber donde lo había puesto. Utilizaron todo tipo de métodos para ello, yo al principio intente que me creyeran, yo no había hecho nada, pero… el embajador lo había dicho, y yo solo era una mujerzuela. Desde eso… bueno creo que ya sabeis la historia.
LO SIENTO, ME ESTÁ SALIENDO UN CHURRO, PERO ES QUE… NO SÉ NO ME INSPIRO… UN BESOTE. Aura.
