The Rise of Powerless
Capítulo IX. Preludio. El gigante de Jötunheim.
Tan pronto llegaron a Jötunheim, Sigyn se sintió paralizada cuando el frío viento que rodeaba el lugar le golpeó la piel, clavándosele como dolorosas agujas que la hicieron gemir; era sumamente doloroso para ella el frío ambiente a su alrededor, para más énfasis cargado de mortal humedad, algo que fue sumamente evidente para el rubio Thor.
-Sigyn.
-No es nada. -Se apresuró a contestar ella, ajustándose mejor el abrigo que llevaba encima. -Yo sabía a lo que me enfrentaría al venir aquí.
Thor, sin pensarlo demasiado, se quitó la pesada capa roja que llevaba por sobre sus hombros en un leve movimiento, para así colocársela encima a su cuñada, recibiendo una mirada de confusión por parte de ella.
-Estoy seguro de que Loki se molestará conmigo si dejo que te congeles. -Exclamó a modo de disculpa. -Está hecha de... un material muy resistente, tanto al fuego como al hielo. -Dijo, omitiendo el hecho de que había sido creada con animales autóctonos de Muspelheim. No quería que ella se enojara también con él.
-Gracias. -La princesa sonrió levemente, genuinamente agradecida.
Se encontraban de pie frente a una gran ciudad, la cual estaba hecha de una roca negra y de hielo en la mayoría de sus altísimos edificios, los cuales parecían estalagmitas a punto de precipitarse y caer sobre ellos; abandonada, al parecer, pues estaba sumamente silenciosa. Apenas habían dado unos cuantos pasos por sobre la blanca nieve cuando sombras humanoides comenzaron a rodearlos a prudente distancia, sin atreverse a acercarse a ellos ni dejarse ver propiamente; Sigyn podía diferenciarlos bastante bien entre el reflejo del hielo, el cual era tan liso que podría haber servido de espejo.
-¿Dónde estamos? -Cuestionó la princesa de fuego, encogiéndose entre sus ropajes.
-Esto es Utgard, la ciudad principal de Jötunheim. -Contestó el rubio Thor, andando a paso seguro pero al pendiente de aquellas sombras siguiéndoles. -Quedó en esta condición tras la guerra contra Laufey... y parece que algunos habitantes aun tienen deseos de combatir. -Dijo, mientras alzaba a Mjörnir en señal de amenaza hacia aquellas sombras.
-Espera, Thor. -Sigyn tomó el brazo derecho del dios para que bajara el arma. -Es evidente que los jötnar no están buscando pelea.
-¿Como es que asumes tal cosa, Sigyn?
-Nos rodean, pero no se acercan a nosotros. Es obvio que están temerosos por nuestra presencia.
-Tras la guerra ocurrida anteriormente me parece una actitud de lo más natural.
-Sugiero, en ese caso, que pasemos de largo entre ellos para evitar contingencias, sin hacerles daño.
Accedió, aunque le fue dificil siendo que él era un valeroso guerrero asgardiano que pronto sería rey; anduvieron entre las desoladas calles cubiertas de nieve, siendo seguidos de cerca por aquellos jötnar que se escabullían entre las casas de roca y edificios como espejos, manteniendo la mirada fija en aquél palacio que parecía brotar de entre las montañas cubiertas por el helado manto blanco. Estaban alertas, pero pronto comprobaron que aquellos no eran de riesgo.
-Allá es donde debe estar, sin duda. -Exclamó Thor.
-¿Cómo es que lo sabes?
-Es el antiguo palacio de Laufey, y, según madre, es donde se resguarda Angrboda. Allí es donde debe tener a mi hermano.
-Entonces allá iremos.
Cruzaron aquella ciudad con rapidez, aun seguidos por aquellas sombras; justo cuando llegaron al final de aquella ciudad, sin mayor interrupción por parte de los que les observaban, un viento frío petrificó a Sigyn, casi haciéndola perder la capa que Thor le había prestado previamente. Frente a ambos se encontraba el estrecho y serpenteante camino de piedra negra que conducía hacia el palacio de Laufey, cubierto con blanca y fina nieve, la cual amenazaba con hacerlos resbalar dentro de los agujeros negros que se encontraban a los lados de éste, decorado con aquellas sombras que eran los habitantes de Utgard. A pesar del frío, fue Sigyn la primera en lanzarse a andar por aquél traicionero camino que prometía tragarlos en su oscuridad adyacente, pero fue detenida por la mano de Thor en su brazo en un tirón algo abrupto.
-¿Qué pasa? -Cuestionó ella, confusa.
-Con este frío dudo que tengas mucho equilibrio. -Y sonrió como el bobo que a veces era. -Hay una manera más fácil de llegar. Sujétate.
Apenas iba a contestar cualquier cosa cuando notó que Thor la había atraído hacia él con algo de incontrolada impetuosidad, sobresaltándola a tal grado como para tener que recordarse asimisma que era su cuñado y así evitar clavarle su espada por el atrevimiento; notó que el príncipe había comenzado a dar vueltas a su martillo, antes de lanzarlo al aire y sujetarse con fuerza de la correa... acción que los lanzó al aire como si volaran. Cruzaron el serpenteante camino de nieve con suma rapidez y menos riesgo. Cayero en el suelo poco después en un nada discreto golpe contra éste, justo en la entrada del palacio de roca y hielo, alterando a algunas sombras que se paseaban en ese lugar; aquellos jötnar no eran como los que se escondían entre los edificios de espejo, sino que llevaban lanzas en sus manos, así como armaduras de afilada piedra cubriendo sus azulados y esbeltos cuerpos de guerrero.
-Atrás si no quieren salir lastimados. -Pidió Sigyn con cierta cortesía, intranquila. No deseaba pelear en esas gélidas condiciones, pero lo haría si fuera necesario.
-Así no es como se amenaza, Sigyn. -Exclamó el fornido príncipe, bastante divertido con aquello, adelantándose a la dama. -Soy Thor, hijo de Odín, y he venido por mi hermano Loki. -Mientras alzaba a Mjörnir. -A un lado si no quieren sentir la furia del trueno.
Aquellos guerreros de hielo, sin dudarlo un instante, se lanzaron hacia ellos con sus lanzas en alto, dispuestos a atacarlos; la rubia princesa tenía las manos entumidas por el frío, pero aun así pudo hacer aparecer su afilada espada de obsidiana... algo que le costó bastante de energía.
-¡Sigyn! -Thor lanzaba enemigos al por mayor mientras ella intentaba sostenerse en pie. -Yo me encargaré de ellos, tú entra y busca a Loki, el viento ya no te alcanzará estando dentro y podrás moverte más fácilmente.
La chica asintió con la cabeza, sintiéndose impotente e inútil en esas circunstancias; caminó lo más rápidamente que pudo, tirando sin embargo a dos soldados de hielo en su pasar utilizando su espada de obsidiana, ocasionando que sus manos dolieran terriblemente. Llegó dentro el palacio, donde ciertamente cesó el aire frío, notando de inmediato que había recobrado al menos la mitad de su usual movilidad, algo que la alivió considerablemente.
-¡Angrboda! -Exclamó en voz alta y potente, de pronto escuchándose como su madre, andando por uno de los pasillos llevando su espada en la mano derecha. -¡Angrboda! ¡Sal ahora!
-Estás en completa desventaja estando en este reino, princesa Sigyn. -Se escuchó la voz de aquella bruja haciendo eco en el pasillo, sonido que siguió con algo de prisa casi desesperante. -Dime, ¿tanta así es tu dichosa fidelidad a un hombre que solo te ha traído desgracia e infelicidad?
-Hablas como si conocieras de ello. -Contestó, manteniendo su espada en alto.
-Pero conozco de ello... todos los ciclos has sido engañada por él, incluso en éste, ¿o me equivoco?
Entró al salón principal donde Laufey solía permanecer como rey de Jötunheim, topándose con más soldados de hielo con sus lanzas en alto, cubriendo a aquella sensual bruja de negros cabellos y a su esposo, el cual estaba sentado en el trono de piedra del gigante de hielo. Verlo allí, a pesar de todo, le trajo una increible calma... y la calidez le recorrió el cuerpo en una curiosa oleada, como cuando el fuego de su armadura de obsidiana le rodeara una y otra vez, quitándole por completo el frío que tenía. Loki no se movio, pero la miraba fijamente, y ella pudo notar su piel azulada tal como la de los guerreros.
-¿Y por qué, si es tal como dices, debes mantenerlo metido en un embrujo? -Se atrevió a exclamar Sigyn, sintiéndose con mayor energía. -¿A qué temes? ¿Que huya de tu lado y vuelva a mi lado, su verdadera esposa?
La temperatura del salón subió unos cuantos grados, pero fue suficiente como para que se notara en el techo de hielo que estaba sobre ellos, el cual había comenzado a gotear agua helada sobre los soldados; dichos hombres comenzaron a sentir el sofoco, mirando con extrañeza su alrededor como si no comprendieran lo que pasaba.
-Loki me pertenece por derecho. -Exclamó la irritada bruja, también notando aquel calor misterioso.
-No es un objeto a poseer.
Los soldados se dejaron ir contra ella de inmediato, aunque se encontraban ya un poco debilitados por ese misterioso calor; Sigyn dejó fluir el calor que emanaba de su pecho, tal como Loki le había enseñado en Asgard, y el fuego se extenuó de forma física en sus manos ante a mirada atónita de la bruja y el mismo Loki, que permanecía inmóvi al estar aun bajo el embrujo de Angrboda.
-¿Cómo? -Susurró la bruja, incrédula. -Tú no puedes... tener ese poder... aquí en el frío...
El cuerpo de Sigyn se encendió por completo sin control alguno, y por un momento se pareció a Surtr su padre, un auténtico gigante de fuego, cuya forma humanoide en llamas intimidaba a los presentes, así como su mirada rojiza y amarilla que quemaba sin tocar; quitó del frente con facilidad a aquellos soldados con sus llamas, acercándose amenazadoramente hacia donde Angrboda, la cual sostenía una de las lanzas de los soldados caídos al verse intimidada por aquella llamarada incontrolada que era Sigyn.
-Ahora recuerdo. -Dijo la princesa de fuego. -Todos los ciclos mi único deseo ha sido el poder ser de verdadera utilidad para mi esposo, y ahora que tengo esta oportunidad... no pienso desaprovecharla.
Loki anhelaba poder moverse y hablar, y estaba comenzando a frustrarse notoriamente pues el calor estaba calentando peligrosamente aquél gran salón donde se encontraban y a derretir el hielo circundante, el cual había dejado de gotear para dar paso a caída de agua helada más pronunciada y constante. Iba a venírseles encima. Miró a Angrboda, la cual se había lanzado hacia aquella chica en llamas sin pensarlo, utilizando sus pócimas y la lanza mísma víctima de su desesperación; sin embargo, dichas pócimas se consumieron ante las altísimas temperaturas alcanzadas por el cuerpo de la gigante de fuego. Sigyn tomó a aquella bruja por su cuello en un certero y rápido movimiento, ahogando el espantoso grito de dolor que estuvo a punto de escapársele... el fuego de la mano comenzó a quemar lentamente a la bruja, desde su cuello, hasta cubrirla por completo y convertirla en una auténtica antorcha humanoide.
-¡AAAAHHH! -Su grito de terrible dolor hizo eco por todo el palacio, mientras su piel gélida comenzaba a quemarse y deshacerse como papel. -¡Suéltame! ¡ME QUEMO! -Suplicó, mirándose cómo su piel se enegrecía y se desprendía de sus músculos.
-Ya no puedes conmigo. -Exclamó aquella llamarada con forma femenina. -Soy el gigante de fuego, Sigyn de Muspelheim.
"¡Sigyn!", quizo gritar, terriblemente impresionado con lo que estaba viendo. Finalmente, el techo de hielo se derritió con aquella altísima llamarada, dejando caer sobre todos ellos una pesada lluvia de agua helada, humedeciéndolos por completo; las flamas de los cuerpos de ambas mujeres se apagaron de inmediato, lanzándolas al suelo... Sigyn había vuelto a su apariencia humana, el rubio cabello húmedo y vistiendo solamente su armadura de obsidiana, y Angrboda se había convertido en una masa negra humanoide, sin cabello y con los ojos enrrojecidos, hinchados como si fuesen a estallar en cualquier momento. Loki, completamente empapado, descubrió que podía moverse.
-Sigyn. -Pronunció, alzándose de inmediato del trono de piedra.
Estaba más que consciente de que ahora parecía más uno de esos jötnar, pues su piel usualmente blanca ahora era de un color azulado, algo que impresionaría a la chica considerablemente. "¿Qué dices? Si ella acaba de mostrarse ante tí hecha una furia de fuego...". Sin importarle demasiado, corrió entre los soldados quemados y entre charcos de agua que amenazaban con hacerle resbalar, hacia donde se encontraban aquellas mujeres en el suelo; cayó de rodillas al lado de su esposa, la cual estaba completamente empapada en agua helada, tomándola entre sus brazos con sumo cuidado. Su piel hervía en calor, tal como la primera vez que la había tocado, pero notó que la piel de él mismo dejaba de ser azulada y volvia a su tono blanco. Había dormido con alguien que no era su esposa, y había perdido a Laevateinn... ¿qué pensaría Sigyn al respecto?
-Loki. -Escuchó de repente la suave voz de ella, y sintió que había recuperado parte de su aliento. -Estás frío...
-¿Cómo es que has llegado aquí, Sigyn? ¡Era demasiado peligroso para tí! -Le reprendió, sacudiéndola un poco en su frustración incontrolada. -¡Puedes morir con solo estar aquí!
-Thor... está...
No habló más. Loki alzó a su esposa en brazos de inmediato y se lanzó fuera de aquél recinto, seguro de que el frío que había en ese lugar iba a matarla en cualquier momento; no podía permitirse perder todo lo que había logrado, perderla a ella... Thor se encontraba ya en la entrada del palacio, usando la puerta como una especie de trampa para aquellos guerreros que se atrevieran a acercarse demasiado, arrojando unos cuantos truenos mortales sobre los últimos que habían decidido atacarlo valientemente.
-Thor. -Exclamó el joven hechicero, casi como un gemido.
El rubio príncipe se giró de inmediato al escuchar la voz de su hermano, notando que él estaba allí sosteniendo a la rubia princesa entre sus brazos como si fuese un bien muy preciado... y sonrió con gusto auténtico, brillosa la azulada mirada de lágrimas contenidas. Estaba bien, estaba vivo, no era parte de ellos...
-Hermano. -Pronunció el mayor.
-No soy tu hermano, Thor. -Contestó, frunciendo el ceño. -Padre te ha engañado, nos ha engañado a todos, yo...
-Eres mi hermano, Loki. -Interrumpió, acercándose a él de inmediato sin importarle si los guerreros se acercaban o se alejaban de ellos. -No importa de quienes provengamos, yo lo siento en mi interior, y sé que tú también puedes sentirlo. Es evidente que nuestro padre nos debe una explicación, pero no cambia mis sentimientos hacia tí, hermano...
Antes de que pudiesen seguir hablando, el Bïfrost se había abierto de repente, tomándolos por sorpresa a ambos; Thor no tuvo tiempo siquiera de reaccionar, ya que el portal lo teletransportó casi como si lo hubieran abducido de vuelta a Asgard; Loki y Sigyn estaban demasiado retirados de donde él estaba, por ello ni siquiera alcanzaron a moverse en el momento justo que el portal se cerraba abrupta y misteriosamente... el hechicero sospechó de inmediato que algo había ocurrido en casa. Se encaminó hacia uno de los enormes ventanales, tirando una de las amplias cortinas blancas que ondeaban suavemente ante la brisa invernal, usándolas para cubrir a Sigyn de aquél frío y evitar que muriera de hipotermia, o al menos tratar de atrasarla mientras se le ocurría algo más qué hacer. Acto y seguido, se atrevió a salir del palacio, entre los cadáveres de los guerreros a los que se había enfrentado Thor, remembrando una de las ramas del Yggdrasill que se encontraba cerca, aunque desconocía a dónde podía llevarlo.
-Aguanta un poco más. -Susurró a la chica, huyendo a toda la velocidad que le era posible. El frío le hacía bien.
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Lo primero que vio al llegar al recinto de Heimdall fue a su padre, Odín, sosteniendo la espada que servía como llave para abrir el portal.
-¿Por qué me has traído solo a mi? -Exclamó, acercándose a dónde estaba él, hecho una furia. -Loki y Sigyn aun estaban...
Fue entonces cuando vio que Heimdall estaba en el suelo, profundamente dormido, mientras Lady Syf se mantenía a su lado hincada en el suelo, con cara de preocupación; el mismo Odín colgaba de la espada, luchando por no caer dormido también.
-¡Padre! -Se acercó a él, preocupada. -Padre, ¿qué es lo que ha pasado? ¿Dónde está madre?
-La bruja... ha dejado sus pócimas... tu madre también... duerme... tu hermano... cuida de Asgard...
-¡Padre!
Fue lo último que Odín, el dios padre, exclamó antes de caer al suelo pesadamente, profundamente dormido.
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Había caído la noche en Jötunheim, y el frío se había vuelto aun más crudo si era posible, tanto que él mismo lo podía sentir y quejarse de ello abiertamente, pero pensaba en su esposa, que tiritaba entre sus brazos y era más que seguro que la estaba pasando peor de lo que jamás se hubiese imaginado. Tan lejos, por él. Huyendo de la noche helada, se introdujo dentro de unos abandonados edificios en forma de espejo, el que notó más cerrado, y se resguardó en lo más profundo de éste junto a Sigyn, la cual estaba alerta y temblando.
-Loki. -Escuchó su dulce susurro.
-Nos quedaremos aquí hasta que salga el sol, o vas a morir congelada.
-¿Estás... seguro de eso...?
Se extrañó un poco al escuchar sus palabras; se quitó la chaqueta color verde y dorado para así cubrirla mejor, seguro de que su cuerpo no serviría precisamente para calentarla, y menos con la humedad que aun la cubría. Seguido, trató de remembrar algun hechizo básico para poder encender fuego, pero le costaba trabajo considerando la situación en la que se encontraba; terminó rompiendo la tela sobrante de las cortinas con las que cubría a Sigyn, así como trozos de carbón mineral que se encontraban dispersos en pequeños fragmenos, logrando un pequeño y frágil fuego con una chispa mágica.
-¿Qué quieres decir con eso? -Cuestionó con serenidad, centrado en su esfuerzo por mantener aquél calor.
-Este... es tu reino. Eres... un soberano... puedes dejarme aquí... y ser lo que deseas... -Sigyn miraba el leve fuego que él había producido, recostada en el suelo. -Estás tan frío... como cuando... te conocí...
-No seas tonta, Sigyn. -Exclamó con algo de fuerza, frunciendo el ceño, volviendo hacia ella para tomarla y acercarla más al fuego. -No ambiciono a tan poca cosa. Recuerda que lo que anhelo es el poder de Laevateinn, por eso te mantengo conmigo... quiero todos los reinos...
Se interrumpió bruscamente al sentir algo cálido en su brazo, temiendo de repente que Sigyn se volviera a encender como cuando estaba con Angrboda, y se preparó mentalmente para encerrarla en uno de sus domos de hielo, apenas teniendo tiempo para pensar en el daño más grave que podía hacerle con su acción... pero no fue eso, tan solo estaba llorando, y sus lágrimas corrían desde sus azulados ojos hasta su brazo cubierto con la fina camisa verde.
Lloraba. Era obvio que estaba dolorida.
-Sigyn. -Susurró, tratando de escucharse más sensato. -Si esos eran tus pensamientos, ¿por qué has venido a este lugar, sabiendo que era tu muerte?
-Quería estar... segura. Ahora que te siento tan frío...
-Que quede claro que estaba bajo el embrujo de Angrboda, y que ella misma fue la causante de de todo esto, incluyendo mi temperatura corporal.
-Loki, yo...
-Silencio. -Ordenó, malhumorado.
Se descubrió incapaz de mirarla llorar. Escuchó que había ahogado un doloroso gemido, y que su cuerpo cálido se sobresaltaba. No, eso no iba a funcionar. Debía volver a esar con ella para poder tener nuevamente a Laevateinn. Podía tomarla a la fuerza y evitar mayor complicación, seguro de que ella no iba a oponerse jamás a él.
Pero le sabía terriblemente mal.
Notó los dedos cálidos de su esposa rozar su mejilla, bajando hacia su mentón, sacándolo inmediatamente de sus turbios pensamientos; se atrevió a bajar la mirada, contemplando el rostro dolido de aquella delicada princesa de fuego.
-Mande. -Contestó, fingiendo solemnidad.
-No quería estar lejos de tí. -Contestó finalmente, como si se confesara ante él.
-Estúpida.
-Lo sé. -Y le sonrió, aunque mantenía la mirada dolida. -Quizá soy única en especie. Duelen tus palabras, duele estar cerca de tí... pero quiero permanecer a tu lado, así... así me congele, o muera de tristeza y dolor. Así no sea yo...
Sus labios hervían tanto como la primera vez que la besó, pero no pudo evitarlo; calló sus palabras dolorosas con aquél beso, sintiendo un deseo por ya no seguir escuchándola, ajustándola a si mientras encontraba en si mismo una necsidad que antes no tenía, o que Angrboda se había encargado de esconder con sus pócimas de control. La incorporó en su abrazo, notando sus delicados brazos cubiertos de obsidiana negra y brillante rodeando su cuelo en un sutil abrazo; iba a congelarse si se descubría, si lo abrazaba de esa forma...
-Clama tu lealtad hacia mi. -Exclamó al separarse un poco de su boca, antes de volver a quemarse en ellos en otro beso más intenso, sumergiéndose sin más en sus labios de fuego.
-Te amo. -Susurró ella contra sus labios.
No lo dudó un instante, era suya. Aquellos besos eran cada vez más intensos, a pesar de que él se quemaba en cada contacto y ella debía estar al borde de la congelación, por lo que la recostó sobre aquellas cortinas y su chaqueta misma cerca del fuego que había creado para ella, sin querer dejar de besarla, queriendo tocar su piel a pesar de que sabía que iba a quemarse sin más. Arrepentimiento, ¿por qué lo sentía ahora? ¿Quién era Sigyn, que le provocaba esa clase de emociones? Ella no deseaba que se apartara, su cercanía era tan íntima que se estaba volviendo loco. La tomó sin más sobre el suelo frío, comenzando a escuchar sus suspiros entrecortados que hacían eco, así como sintiendo su calidez hirviente en él; tuvo que detenerse un momento, el calor de ella le estaba haciendo demasiado daño... tal vez ese era su castigo.
-No te detengas. -Susurró Sigyn, tensa y con el rostro enrojecido. Estaba entrando en calor, sin duda... gracias a él.
Estaba más que seguro de que los gemidos de ella atraería la atención de los habitantes ocultos, pero siguió tal como ella se lo había pedido, pues también, secretamente, quería escucharla suspirar de esa manera, por él... y escuchó un gemido distinto en ella, prolongado, culminante. No pudo evitar terminar en ella en ese momento. Sintió que sus delicadas manos le habían abandonado en un suave desliz, aunque pesado, notando que su cuerpo le era templado nuevamente, grato. Era ella otra vez, y no Angrboda la que estaba en su sistema.
-Me perteneces. -Susurró en un muy tenue suspiro.
-¿Qué dices? -Cuestionó, agitado, confuso.
-Tengo frío...
Se permitió abrazarla entonces contra si, envolviéndola nuevamente con su chaqueta y las cortinas, ajustándola a su cuerpo sin temor alguno; ella le había dejado un beso en su mejilla antes de acomodar la cabeza sobre su hombro, cerrando los ojos y suspirando con calma. Quería comprenderla, quería saber la razón por la que ella sentía tanto afecto por él a pesar de su actitud, quería sentir lo que ella, que la hacía tan feliz...
-No volveremos a Asgard. -Dijo Loki de repente, cortando de tajo aquellos pensamientos cálidos.
-Loki...
-Debemos buscar a Laevateinn. No puedo regresar ahora que sé que mi padre me ocultó la verdad. Sin embargo, Asgard será conquistada también, en último lugar, como la culminación de mi plan.
-Pero tu madre...
-No hables de ella.
-Te buscarán.
-No nos encontrarán. Hay que volver a Muspelheim sin pasar por Asgard, será complicado pero no imposible.
-Sabes que te seguiré a donde sea.
Pasó los dedos por sobre la rubia cabellera de aquella princesa a manera de caricia, permitiéndose colocar los labios en su frente a manera de un gentil beso. No tenía idea de si le daba el calor que ella necesitara en su abrazo, o solo era una ilusión que terminaría matándolos a ambos; sin embargo, le gustaba la idea de que alguien lo buscara por sentir confort en sus gélidos brazos. Fue entonces que comprendió que ella le completaba.
-Duerme. Mañana partiremos de Jötunheim.
-Si, mi querido Loki.
"Te amo", eso había dicho ella, y no había mayor prueba de su fidelidad y lealtad hacia él. ¿Existía realmente alguien capaz de amarlo tal y como ella lo profesaba? Quizá era una ilusión también.
Quizás no.
-.-.-.-.-.-
Yuy.
