Disclaimer: Booth, Brennan y el resto de los personajes que aquí se mencionan no son de mi propiedad, pues pertenecen a los creadores de la serie Bones. No hay intención de infringir copyright y tampoco se persiguen fines de lucro.

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9.-

Llevaban casi media hora de trayecto. Él comentaba algunos detalles graciosos del FBI al que sólo un jefe podía tener acceso y ella intentaba parecer interesada. Cuando el trabajo ya no proporcionó más temas, él se valió de las bromas. Lo clásico indica que las mujeres gustan de quienes las hacen reír, pero aquel concepto no se aplicaba a Brennan o al menos Hacker no era el indicado para seguir su sentido del humor.

Luego de unos minutos más, el automóvil descapotable se detuvo y también los cabellos de ella volando al compás del viento. Estaban detenidos frente a un enorme edificio, ubicado en uno de los barrios más lujosos de la ciudad.

- Creí que iríamos a un restaurante – dijo sorprendida de lo que su vista podía apreciar.

- Pensé en mostrarte mi departamento. Prometo que la cena no estará tan mal, pero si aún así no te entusiasmas, podemos ir al restaurante que tú quieras.

- No, está bien Andrew – aseguró a medio sonreír, para luego perder su mirada en la primera cosa que encontró dentro de su bolso.

Hacker siguió manejando para estacionar el coche en el subterráneo y luego subieron hasta el octavo piso del edificio. El departamento era aún más amplio que el de Brennan y estaba sobriamente decorado. Todo estaba bien organizado, prácticamente en exceso, pero aún así parecía un espacio acogedor. Las charlas sin sentido se hicieron presentes desde el comienzo. Los esfuerzos que él hacía por animarla sólo eran superados por los intentos que ella infructuosamente hacía por sonreír. La cena preparada por Hacker era una buena muestra de sus dotes culinarios, pero Brennan esa noche parecía mostrar mínima intención en comprobarlo.

- Así que es verdad el rumor… – preguntó él intentando sacarla de sus pensamientos.

- ¿Qué rumor?

- Ya sabes, que dejaste de ser vegetariana – dijo indicando su plato con variados vegetales, que hacía rato él mismo había preparado y servido.

- Soy vegetariana ¿Dónde escuchaste eso? – alzó la mirada sin poder evitar seguir jugueteando con la comida.

- En realidad no lo escuché, sólo lo creí. Casi no has probado la cena. Debí llevarte a un restaurante, he perdido la práctica en esto de cocinar ¿Verdad?– hacía una mueca Hacker en señal de frustración.

- No. La cena está muy bien. Has elegido un buen menú y eres un excelente cocinero… Simplemente supongo que no tengo demasiado apetito.

- Puedes ser sincera conmigo Temperance… Puedo asumirlo, te estoy aburriendo… lo estoy haciendo desde que salimos del Jeffersonian.

- No ¡Claro que no! – alzó la voz casi de forma irritada-. Ya te lo dije, he perdido el apetito, supongo que es producto del cansancio… he tenido mucho trabajo esta semana en el laboratorio.

- Está bien – le sonrío intentando que Brennan se relajara – Lo comprendo.

- Andrew, es un hecho que nos atraemos y compatibilizaríamos sexualmente, pero por una razón que aún no he logrado determinar, creo que tener sexo contigo sería un error.

- Jaja… Temperance…

- No entiendo porqué debes reír después de lo que acabo de decir – lo miró extrañada, sin comprender la razón que de un momento a otro lo divertía tanto.

- A pesar que tus palabras no son el mejor estímulo para mí, debo decir que tu sinceridad me hace gracia.

- Estoy consciente que como macho dominante tu ego debe haber sido afectado con mi comentario, pero es importante que entiendas que no estoy subestimando tus habilidades sexuales, es más, sigo considerando que eres un excelente candidato para tener sexo.

- ¿De verdad? – sonrió al borde de la risa.

- Así es – terminó sonriendo ella también-. Ya te lo dije, simplemente hay una razón que no he podido determinar, pero que me lleva a creer que tu y yo no debemos tener sexo. Eso es todo.

- Temperance Brennan ya está enamorada…

- ¿Qué? No – dijo nerviosa, perdiéndose automáticamente en el plato que había ignorado desde hace más de una hora, pero que en ese momento era la única cosa que parecía servirle de escape.

- Esa es la razón que dices desconocer, Doctora Brennan – movió levemente su plato, obligándola a mirarlo y a escuchar lo que estaba a punto de decirle-. Estás enamorada del Agente Booth, esa es la razón por la que no sucedió nada entre nosotros hace algunos meses atrás y esa es la razón que te hace pensar que estar conmigo o con cualquier otro no sería lo correcto.

- Lo… lo que dices escapa a toda lógica… Es absurdo – volcó toda su atención a la copa de vino blanco que hasta ese minuto permanecía intacta y bebió de su contenido durante todos los segundos que creyó necesarios para sentirse más segura en sus pensamientos.

- Pensé que después de un tiempo sin vernos, la situación podía ser distinta, pero está claro que todo sigue como la primera vez que te invité a cenar. Sigues enamorada de Booth, no eres una mujer libre para mí ni para ningún otro… Sabes que esa es la razón…

- Booth y yo trabajamos juntos. Solamente somos compañeros… así lo determinó el FBI y el Jeffersonian…

- Así es. Sin embargo, ni el FBI ni el Jeffersonian determinaron que el mejor Agente y la más brillante antropóloga-forense se convirtieran en los mejores amigos. Ni el laboratorio en el que trabajas ni la Oficina de Investigación tiene injerencia en el hecho que se enamoraran. Eso es algo que solamente ustedes lograron – sus palabras sonaron cálidas, casi paternales.

- Existen reglas, Subdirector Hacker – le recriminó con la mirada dejando escapar una molestia que para su asombro, no pudo controlar-. Hay una línea que no se debe sobrepasar.

- Sólo si ambos son agentes, pero tú no lo eres Temperance. Aún así, créeme que he visto muchos agentes que han quebrantado esa norma, es más, yo siempre me arrepentiré por no haber mandado al diablo esa estúpida regla hace diez años. Estuve enamorado de mi compañera, pero cuando al fin creí tener el coraje para decírselo y arriesgarme a ir en contra de las estúpidas reglas, ya no quedó tiempo para mi… al otro día vi morir a mi compañera… la mujer que amé como a ninguna otra calló desfallecida en mis brazos y nunca supo lo que sentí por ella.

- Lo siento – posó sus manos en las de él, leyendo la melancolía en sus ojos, una melancolía que comenzó a darle escalofríos, como si algo dentro de si misma comenzara a sentir pavor.

- Yo ya aprendí a vivir con el error de haber callado una vez, pero tú estás a tiempo de no cometer mi misma equivocación. A diferencia de mi historia de hace diez años, esta vez depende de ti Temperance… sólo de ti…

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Mucho sin actualizar, pero como siempre, estuve sin tiempo. No los culpo si ya se olvidaron de la historia, pues ya han pasado un par de meses… lo siento. No lo terminé en este capítulo, porque subí una parte breve… todavía queda el final para el próximo.


Gracias por leer y comentar en los capítulos anteriores.

¡Saludos! ¡Que estén bien!

=)