Se encontraba acorralado, como un animalillo asustado. Recuerdos traumáticos habían llegado a su mente, haciéndole reaccionar de aquella manera. El único vestigio del suceso era una cicatriz en su brazo izquierdo, que ahora se agarraba, como si volviese a ocurrir todo otra vez. Se encontraba en un lugar que no reconocía, dos sombras se le acercaban.
Una de las sombras se fue, pero regresó con una vela en una palmatoria. Entonces, vio cómo dos ojos del color de la sangre le miraban fijamente. Se quedó completamente paralizado de terror. La otra sombra le indicó a la persona de ojos rojos que se fuera.
"Yo creo que sé lo que ha pasado, espera fuera"
Le devolvió la palmatoria y pudo ver a alguien que sí que conocía bien.
"Roderich, no pasa nada. No hay ningún lobo."
Este volvió a la realidad y recuperó la compostura. Vash le explicó todo lo que había sucedido y le advirtió de que no dijera nada sobre sus verdaderos motivos a Gilbert, ya que él sospechaba que trabajaba para el régimen nazi.
Entonces le dijeron en su lugar que Roderich tenía una enfermedad extraña y necesitaban conseguir las medicinas en Suiza.
Se vio que la hipotermia de Roderich había mejorado notablemente. Vash le consiguió ropa normal para que se deshiciese de sus harapos de cuando estaba en el campo de concentración y le dio también unos gruesos guantes de cuero, para ocultar la marca que llevaba tatuada en la muñeca, que podía delatarle.
Fue cosa de unos días que hasta que Roderich estuviese en mínimas condiciones para seguir su trayecto. No estaba completamente recuperado pero debían partir cuanto antes, Vash tenía un mal presentimiento.
Sin embargo, Gilbert se ofreció como guía para cruzar aquel bosque helado de una vez por todas. Para no levantar sospechas, aceptaron. Además, ninguno de los dos conocía muy bien el terreno y les vendría bien.
Dejaron la casa al cuidado del san bernardo de Gilbert y finalmente partieron los tres; mercenario, fugitivo y guía, rumbo a la frontera.
Caminaron y caminaron, aquel bosque parecía interminable, pero Gilbert parecía orientarse perfectamente. Era muy hablador, aunque casi todo lo que contaba eran "hazañas" que demostraban lo asombroso que era.
"Y el otro día me fui al bar con mi hermano Lud y conseguí tomarme 9 jarras de cerveza sin emborracharme mientras que él solo aguantó hasta las 7, por eso soy tan asombroso, y tan apuesto que todas las mujeres se pelean por mí. .."
Estuvo así durante varias horas, a Vash parecía darle igual, iba a su rollo, pensando en sus cosas y observando el paisaje. Sin embargo, Roderich estaba mucho más irritado por el comportamiento de su narcisista compañero.
"¿Quieres callarte ya, Sr. Egocéntrico?" -suspiró, harto-
"¿Tienes algún problema con mi grandiosidad, señorito?"
"Sí, si que lo tengo.. Espera..¿señorito?"
"Tienes pinta de ser un señorito mimado" Empezó a reírse de aquella forma tan estridente.
Roderich se quedó callado un momento, aquella risa le sonaba de algo, un deja vú, pero en aquel momento no estaba seguro de a qué le recordaba.
"Y tú tienes pinta de ser un creído con aires de grandeza que piensa que es mejor que los demás"
"¿Perdona? Yo no pienso que sea mejor que los demás, es que directamente lo soy"
Vash parecía ajeno a todo el conflicto, manteniéndose neutral.
"¿Qué pasa, te ha comido la lengua el gato o es que no vas a ayudar a tu amigo?"
"Él no es mi amigo. A mi no me metáis en esto. Eso sí, es un enfermo, tenlo en cuenta."
Ladeó la cabeza, evitando la mirada de Gilbert.
Este ultimo se había dado por aludido e iba a replicar pero Vash no le dejó seguir.
"Están aquí."
Tiró de los otros dos y los arrastró fuera del camino hasta esconderse detrás de un matorral.
"Este matorral huele extraño" Protestó Roderich.
"Nos estamos desviando del camino" Objetó Gilbert.
Al primero le tapó la boca con la mano para que se callara y al segundo le puso su cuchillo en la garganta y le avisó en un susurro:
"Pronuncia ahora una sola palabra y eres hombre muerto ¿entendido?"
Gilbert se asustó bastante y asintió levemente.
Estaban media distancia, vieron cómo cinco hombres vestidos con uniforme militar negro rastreaban el lugar con ayuda de unos perros.
Hablaban algo, pero no conseguían oír lo que decían. Uno de los hombres se empezaba a acercar a donde se encontraba su escondite, uno de los perros había detectado algo.
Roderich y Gilbert se quedaron completamente quietos sin hacer ningún ruido, mientras Vash cargaba su escopeta, listo para lo que iba a suceder.
