CORRE

«Toma todo lo que quieras pero vete ya,
que mis lágrimas jamás te voy a dar» Corre ~ Jesse&Joy


Capítulo 9


Bella caminó lentamente y se sentó en el borde del sillón. No pudo evitar recordar que hace poco había disfrutado de Edward en ese mismo lugar y ahora lo tenía frente a él y con una expresión de muerte.

¿Por qué estaba tan serio?

De acuerdo, había soltado una bomba bastante grande. No era como si dejar a tu esposa fuera tan fácil, porque, después de todo, era la persona que había escogido para vivir para siempre con él. Pero Edward le había dicho muchas veces que no la amaba. Que amaba a Bella.

Una posible solución era dejarla, ¿no?

Quizás la única solución.

Ya habían pasado demasiado tiempo escondidos.

Y se amaban.

El amor se muestra, no se oculta.

—Te amo —susurra bajito, porque no sabía qué otra cosa decirle. Edward seguía con esa mirada penetrante, pero esta vez era distinta.

Calculadora.

—Esto no puede seguir, Bella.

Ella se atraganta y pone su mano en su pecho, porque de pronto se le hace difícil palpitar.

—¿Quieres que terminemos? —suelta en un jadeo.

No. No, no, no…

—No, Bella.

Uff. Alivio.

Pero Edward seguía serio.

—¿Entonces qué sucede?

¿Dónde estaba ese brillante verde esmeralda? Ahora estaban opacos. Quería verlo feliz. Quería que sonriera para que brillaran otra vez.

Él suspiró y se peinó su cabellera con sus dedos. Ella sabía que eso significaba que estaba frustrado.

¿Por qué estaba así? ¿Era acaso por la pregunta que soltó sin pensarlo? Quizás debía explicarse mejor.

—Edward, yo… yo lo dije sin pensar, pero —tragó con fuerza—, ¿sería tan malo el que dejaras a Jess? Quiero decir… nos amamos —susurró, sonriendo un poco—. Será duro para ella un tiempo, pero es mucho mejor que esto se acabe ahora y así no sigue viviendo en un matrimonio falso.

Y nosotros seremos felices.

Sus manos transpiraban y trató de secarlas en la remera que se había puesto.

Era de él.

Le gustaba dormir con su olor.

Si dejas a Jessica dormiremos juntos todos los días y no necesitaré una remera para tener tu olor.

A Bella le dolía la garganta. Tenía ganas de llorar, pero no sabía muy bien por qué.

Escuchó a Edward removerse y sentarse cerca de ella. Bella miró de reojo como él respiraba lentamente por la nariz.

Luego, él le tomó sus manos con suavidad.

—Bella, sabes que no podemos…

—¿Por qué? —dijo con rapidez— Podemos hacerlo, Edward. Quizás tendremos que irnos a otra ciudad, pero estaremos por fin juntos. Y seremos felices…

—No.

Bella quedó con las palabras atascadas en sus labios por tal fuerte declaración.

No.

Así de simple.

Sin explicaciones.

Sin derecho a réplicas.

—No comprendo —musitó bajito.

Porque no lo hacía.

No comprendía nada.

Edward le dio una mirada condescendiente y le acarició una mejilla. Ella casi sonríe con su toque.

—Jessica es mi esposa, cariño. No puedo dejarla y ya.

—Pero no la amas…

—Sigue siendo mi esposa. Y está embarazada.

—Sé eso —gimió ella—, pero no podemos negar nuestro amor. Y ella no puede seguir en un matrimonio si no existe en realidad. Edward —agarró sus manos con fuerza y lo miró, esperanzada—, huyamos. Vayámonos muy lejos. Lejos de todos.

Y algo pasó.

Él se soltó con fuerza.

Y se levantó.

—Basta, Bella. Sólo, basta. Estás siendo absurda.

—¿Por qué? —dijo ya gritando— ¿Porque quiero estar contigo?

—¡No, mierda! —le devolvió con fuerza, con los ojos desorbitados— ¡Porque pretendes que abandone a mi mujer por ti!

Y fue así como Bella se heló.

¿Qué…? ¿Qué quería decir…?

Parpadeó con furia, ahuyentando esas traicioneras lágrimas.

—¿Por mí? ¿Por qué lo dijiste así? ¿Qué tengo de malo, Edward? —dijo con voz temblorosa.

Edward se veía molesto.

—¿Qué creías, Bella? —le dijo con desprecio— ¿Qué estamos viviendo una historia de príncipes y princesas? ¿Qué escaparé contigo a vivir en una torre en un cerro? Esto no es un cuento de hadas —aclaró con amargura— y tú no eres una princesa. Eres mi amante y yo —se señaló— estoy casado.

¿Amante?

Se escuchaba tan… sucio.

—Dilo.

—Bella…

—Dilo, Edward —susurró.

—Me tengo que ir.

—Edward…

Por favor, dilo…

Esto era demasiado.

No sólo Edward le decía que no estaba dispuesto a irse con ella, sino que la trató como algo tan burdo como una simple amante.

¿Era sólo eso?

¿Edward sólo la consideraba su… amante?

—Te amo. ¿Me amas, Edward?

Él suspiró y se rascó con fuerza la parte de atrás de la cabeza.

—Sabes que sí, cariño.

«El amor sólo ve virtudes, Bella, jamás errores»

La voz de su psicólogo se filtró por su memoria y Bella comprendió sus palabras.

Ella ve en él su inicio y final. Su vida completa. Lo adora con todo su corazón. Hasta su más pequeño pensamiento se basa en él.

¿Edward?

No piensa que ella es suficiente como para dejar su esposa.

Jessica siempre fue la bonita.

Los hombres se giran cuando ella pasa.

Bella es lo suficientemente linda para ser amante.

Es lo suficientemente linda para quedarse relegada a la habitación y a los secretos.

«No te conformes con menos de lo que mereces»

Esa era la pregunta del millón; ¿qué se merecía?

Tuvo un romance de tres años con el esposo de su mejor amiga.

Eso era horrible.

Y Edward es perfecto. Todo en él es perfecto.

¿Por qué no podía él verla a ella y decir que era perfecta?

—¿En serio me amas, Edward?

Él la miró con cansancio y Bella casi podía escucharlo decir que sí.

Pero no era cierto.

Jamás fue cierto.

—Si me amabas —dijo con voz temblorosa—, ¿por qué te casaste con Jessica?

Él no respondió.

Bella sonrió sin humor.

—Creo que sé por qué —dijo con una risa macabra, mirándolo a los ojos—. Porque muy en el fondo, yo también sabía la verdad. No me amas, Edward. ¿Cierto? Fui la niñita enamorada que cayó tan fácilmente. Y acá estaba, dispuesta y feliz para ti, tal como se supone que esto debe funcionar. Soy la amante —se ahogó, y a pesar de todo, volvió a sonreír— y cumplí muy bien con mi rol.

Quería que Edward le rebatiera todo.

Que le dijera que no.

Tonterías.

Estás desvariando.

Te amo con todo mi corazón.

Eres mi vida.

¿Pero qué pasó en realidad?

Después de una mirada triste, Edward agarró su chaqueta y caminó con lentitud a la puerta.

Y a cada uno de sus pasos, su corazón se rompió.