Cuando Hermione volvió a la escalera del vestíbulo, donde Ginny debería estarla esperando, fue como viajar 4 años al pasado, al Torneo de los Tres Magos, a la noche del Baile de Navidad.
Cada detalle era hermoso. Los enormes árboles que flanqueaban las puertas del Gran Comedor, llenos de brillantes estrellas doradas que flotaban a su al rededor llenando el vestíbulo de una calida luz ambarina, y el olor a comida que emanaba desde el interior del Salón era delicioso.
El vestíbulo había comenzado a llenarse de alumnos, todos enfundados en preciosos vestidos y túnicas; cada uno luciendo fantástico.
Por un segundo era como si todo fuera perfecto, como si ninguna guerra desastrosa hubiese pasado sobre Hogwarts; como si todos fuesen felices de nuevo.
Fue entonces cuando Ron apareció.
Era como si de pronto todo a su alrededor hubiese desaparecido y sólo Ron estaba ahí, al pie de la escalera, luciendo guapísimo con su traje azul marino que hacía brillar sus ojos y su sonrisita torcida que con el tiempo había ido perfeccionando.
Sólo eran él y ella.
Y Ron también la estaba mirando. Y también le estaba sonriendo…
Hasta que Luna apareció y Ginny apareció y Lavander apareció y Harry tambien apareció y todos estaban hablando y de pronto, Ron ya no estaba mirándola a ella, porque su pareja había aparecido, con ese vestido rojo que ella misma había estado a punto de comprar, y bajando la escalera a prisa, hasta donde el pelirrojo estaba esperándola.
Hermione hizo lo mismo. Harry también la estaba esperando, y era difícil decidir quién se veía más guapo en su traje de gala, porque los ojos del moreno también parecían brillar un poco más aquella noche.
—Luces hermosa.
Hermione sonrió, mucho.
—Y tu, te ves encantador.
El moreno soltó una carcajada.
—¿Vamos?
Harry la descubrió mirando a Ron una última vez antes de tomarlo del brazo y encaminarse con él al Gran Comedor.
—¿Te digo un secreto?— le susurró al oído. —Ron también sabe que eres la chica mas bonita de todo el colegio.
Hermione le sonrió, realmente necesitaba escuchar eso.
—Y él es el más idiota por dejar pasar la oportunidad de venir contigo, pero no le digas que te lo dije.
El Gran Comedor lucía aún mas espectacular; con sus doce árboles enormes, cubiertos de nieve resplandeciente que nunca se derretía y rodeados de cientos de esferas de luz que se suspendian en el aire, y con el cielo nocturno salpicado de estrellas brillando en el alto techo.
Hermione estaba sentada en una de esas pequeñas mesas circulares que se hallaban repartidas por todo el contorno de la pista de baile cuando Snape apareció; dos horas después de haberlo dejado en su despacho, o quiza un poco más.
Había algo que Luna estaba contándole, sobre Neville y esa maravillosa planta que le había obsequiado hacia algunos días, pero la castaña había dejado de escuchar, y el tenedor con un trozo de tarta que estaba escurriendo mermelada de fresa sobre el mantel se quedó suspendido frente a su boca por un par de segundos, en los que sólo fue capaz de perseguir a Snape con la mirada.
La levita había desaparecido, aunque igual su traje de gala era completamente negro y la capa que llevaba esa noche también era negra y, Hermione no estaba segura de porque, pero aún así había algo que lo hacía lucir diferente, y eso le gustaba.
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—Dijiste que no vendrías.
Le tomó más tiempo del de le hubiera gustado (demasiado) pero al final, Hermione consiguió librarse de sus amigos por un segundo y llegar hasta el pocionista al otro lado del Comedor, que miraba a todos a su alrededor con su ceja izquierda ligeramente levantada y su mirada de "esto es una pérdida de tiempo".
—Realmente necesita dejar de poner palabras en mi boca, Granger.
Hermione sonrió un poquito y estaba segura de que Snape estaba a punto de hacer lo mismo.
—Tienes que bailar conmigo.
La ceja del profesor se elevó mas de lo habitual, y la castaña tuvo que contener una carcajada.
—¡Herms!
Ginny le estaba haciendo señas desde el otro lado de la pista.
—Una lástima, señorita Granger.
Hermione le sonrió, y Snape le sonrió solo un poquito con los ojos.
—No te libraras tan fácil— lo amenazó.
No solían hacer eso; hablar tan libremente cuando había tanta gente mirando, pero a Snape no pareció importarle y Hermione no iba a dejar pasar esa oportunidad.
—Ya veremos.
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—Ron te está buscando— le saltó encima la pelirroja en cuanto la vio acercarse, tenía una manera muy extraña de mover las cejas cuando estaba emocionada.
—¿Qué…?
La arrastró hasta una mesa.
Y comenzó a hablar sin parar (era increíble como no se hacía un nudo en la lengua de lo rápido que hablaba), que si Ron quizo llevarla al baile desde siempre, que si Lavander no significaba nada, que si Ron tenía mas de media hora buscándola, ciertamente, Hermione no estaba prestandole demasiada atención.
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—¿Bailas?
Finalmente el mencionado pelirrojo apareció
Hermione lo miró sorprendida.
—No, Ronald, no bailo.
—Vamos.
Le estaba sonriendo. Una sonrisita torcida, seductora, que le recordaba vagamente a otra persona, aunque ni el pelo, ni la cara, ni sus manos pequeñas tuvieran algo que ver.
Hermione miró en su dirección (de esa otra persona), pero Snape estaba ocupado charlando con Hagrid, o asintiendo con desagrado a lo que sea que el gigante le estaba diciendo.
Su mano aun estaba estirada frente suyo, esperandola.
Hermione lo miró. Estaba tan molesta con él; furiosa, y aún así, finalmente se puso de pie.
Hacía casi 20 minutos que Ginny la había abandonado en su mesa "—Sólo un segundo Herms, ya vuelvo" y había estado resistiendo el pulso de levantarse e irse, hasta que Ron apareció.
El pelirrojo la arrastró hasta la pista de baile. Si; en algún punto de la vida el chico torpe que solía ser Ron Weasley había aprendido a bailar…
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Snape no se había movido de su sitio, y Hagrid no parecía dispuesto a dejarlo ir tan fácil y mientras tanto, Hermione no podía dejar de preguntarse porque de pronto era tan conciente de su presencia.
Hubo un segundo, cuando Ron la hizo girar especialmente rápido, en que sus miradas se encontraron. A pesar de la sala abarrotada, a pesar de encontrarse muy lejos uno del otro, a pesar de que Ronald había vuelto a robar su atención un segundo después, pudo notar que Snape había estado observandola.
Pero Ronald también lo notó.
La miro fijamente por un segundo.
—No mereces que te preocupes tanto por él— susurró, mirando él también en la dirección del profesor.
—¿Que quieres decir?— se detuvo abruptamente, a pesar de que la música aún estaba sonando.
—Es un mortífago, Hermione. ¿Tienes idea de la cantidad de cosas horribles que ha hecho? Alguien como él no merece que alguien como tu use su energía interesandose por él.
—¿Y tu que sabes al respecto?— le espetó. Estaba comenzando a molestarse, pero igual Ron no consiguió callarse.
—Lo que todo el mundo sabe, Hermione— hablaban en susurros, pero estaban muy cerca de convertirse en gritos —No olvides que fue él quien asesino a Dumbledore.
—¡Eso no fue así y tu lo sabes! Harry te lo dijo.
—Si, y también nos dijo como Slughorn modificó sus recuerdos. ¿No crees que Snape pudo hacer exactamente lo mismo?
—¡No! No lo creo, Ronald.
Ron la estaba mirando con los ojos muy abiertos, como si le fuera imposible creer lo que la castaña le estaba diciendo.
—¡Snape siempre protegió a Harry!
—¡No! Harry se protegía a si mismo, ¡nosotros lo protegíamos! Él no…
—Ni siquiera sabes de lo que estás hablando.
—¿Por qué te empeñas en defenderlo?
—¡Se llama tener sentido común! Algo que es obvio que tu no tienes.
Ron abrió la boca para responder, pero fue otra voz la habló en su lugar.
—¿Te importa?
Era Lavander, y al parecer le habla a ella. Hermione está vez no se preocupó por ocultar su expresión de fastidio.
Pero el pelirrojo respondió antes de que la castaña pudiera decir nada.
—No.
Hermione se quedó congelada en su sitio, mientras el pelirrojo la miraba una última vez antes de darle la espalda, y sujetar el cuerpo de Lavander entre sus brazos. Un segundo después, la castaña abandonó el Gran Comedor como un huracán, empujando fuera de su camino a más de un alumno distraído.
Y Snape se dió cuenta de eso. Y también se dió cuenta de que la chica Gryffindor (quien quiera que fuera) estaba besando al imbécil de Weasley.
Snape no la siguió, porque salió demasiado a prisa del Gran Comedor como para poder alcanzarla y porque hacia casi veinte minutos que Hagrid no se callaba y no parecía dispuesto a dejarlo ir. Tampoco la buscó (y el recorrido que hizo hasta el retrato de la Dama Gorda fue sólo un recorrido nocturno), así que cuando volvió a su despacho, lo que menos esperaba era encontrarla ahí, aunque quizá y si lo pensaba mejor, no era tan raro, después de todo, ella era la única persona en aquel castillo que conocía la contraseña para entrar a su despacho.
—Me debes un baile.
La voz de Hermione lo recibió apenas abrió la puerta. La bolsa de malvaviscos que apenas había probado aquella mañana ya iba por la mitad y la castaña sentada en el sofá, con el vestido un poco arrugado y el cabello rebelde escapando del elaborado peinado, lucía… extraña.
—¿Hermione?
Pensó que había estado llorando. La castaña pudo notarlo en la prisa con que entró en la habitación, y en el timbre de su voz, y en el hecho de que su apellido se había transformado en su nombre.
Le sonrió, sólo con los labios, no con los ojos, y Snape se detuvo al otro lado de la mesita frente al sofá.
La miró detenidamente.
—Ni lo piense, Granger.
Se acercó hasta ella y le pasó sobre los hombros la capa negra que hasta hace unos minutos vestía él mismo.
Ella podría conjurar una manta para cubrirse del frío, o mejor aún, podía deshacerse del estúpido vestido de una vez por todas, pero en cambio, se cubrió mejor con la pesada capa que aún estaba tibia.
Y que olía a Snape.
—¿No lo vale, cierto?
Se había encerrado en los sanitarios del segundo piso por un buen rato, se había mojado la cara y retocado el maquillaje, no se suponía que ahora la voz aún le temblara.
Snape se sentó a su lado.
—Es demasiado inteligente para esto, Granger.
—Para Ron— aclaró ella —soy demasiado inteligente para Ron… quiza no lo soy tanto.
De pronto Snape parecía serio.
—Si lo repite demasiado terminara creyéndolo.
—¿Tu lo crees?
Quizá estaba llorando, quizá no, igual, un apretado nudo se le había alojado en la garganta.
—Por supuesto que no.
¿Realmente creía de tal modo en ella?
¿Por qué Ron no podía ser igual? Cierto, Ronald no era ni de cerca Severus Snape.
Miró a Snape a los ojos y se rió de su idea. Si, Ron no era Snape. Pero la risa no salió de su cuerpo y en lugar de eso, sintió que la voz se le atoraba en la garganta y está vez, no le importó contener el impulso de enterrar el rostro en el pecho de Snape.
Su cuerpo estaba demasiado cerca del suyo. La culpa era de él por sentarse tan cerca.
Hermione lo sintió congelarse bajo su cuerpo, pero, por solo un segundo se dió el lujo de ignorarlo. No estaba llorando, no realmente, pero se quedó ahí por solo un momento. Necesitaba eso aunque no logrará comprender porque; ya después Snape le gritaría o la echaría de su despacho o lo que fuera.
Sin embargo, eso nunca sucedió. Snape solo se quedó ahi donde estaba, quieto, casi como petrificado, sin saber, de pronto, donde debería poner las manos.
—Estoy siendo ridícula, lo siento…
Pero no se movió y Snape tampoco.
Quiza y podría quedarse ahí sólo un segundo más.
—¿Te digo un secreto?
—¿Mmh?
Hacia un buen rato (quizas no tanto) que Snape habia comenzado a pasear las puntas de los dedos sobre el brazo desnudo de la castaña, apenas rozandole la piel, como si ni siquiera se diera cuenta de lo que estaba haciendo.
—Bese a Ronald...
No recibió una respuesta en seguida; a decir verdad, no estaba segura si esperaba que Snape le respondiera algo.
—En la guerra— continuo cuándo el silencio se volvió demasiado largo —pensé que todos íbamos a morirnos.
Los movimientos del profesor se detuvieron, quiza y después de todo si que era consciente de lo que estaba haciendo.
—Supongo que uno tiende a hacer estúpideces cuando piensa que es su última oportunidad.
Al parecer, en medio de todo, siempre buscaba la forma de hacerla reír.
Y funcionó.
—Creí que pasaría algo después, ¿sabes?
Se lo había dicho muchas veces antes; no le interesaba en absoluto lo que aconteciera en su vida y la de Ron, sin embargo se quedo ahí, escuchando en silencio; volviendo a acariciarla.
—¡Harry!... ¡Harry!
El moreno se detuvo una vez más en su intento de abandonar el Gran Comedor.
—¿Qué pasa, Ron?
—Hice una estupidez...
Harry compuso una mueca de "¡Vaya novedad!" que Ronald no supo interpretar enseguida.
—¿Qué fue esta vez?
Había comenzado a caminar de espaldas hacia el vestíbulo, como si tuviese mucha prisa por alejarse del barullo del baile; Ron comenzó a seguirlo sin darse mucha cuenta de ello.
—¿Recuerdas lo que ocurrio en la guerra?
—Muchas cosas ocurrieron en la guerra, Ron.
—Ya sabes... eso que te conté...
—¿Despues de que Hermione te besara frente a mi cara?— Harry se estaba riendo.
—Si.. yo... bueno si.
Ron estaba tan rojo como su cabello.
—¿Y que con eso?
—¡Si! Es que... creo que yo hice una tontería.
—Ron, ¿quieres ir al punto?
—Bueno, es que, despúes de todo lo que paso, cuando... cuando Hermione se mudó con nosotros...
Harry lo sabía, había estado ahí, en la misma habitación para ser mas exactos, y aún así Hermione se lo había contado con lujo de detalles y Ron se lo había contado con lujo de detalles y hasta Ginny se había encargado de contárselo con lujo de detalles.
"Un tiempo"…
Para dejar que las cosas se compongan, para volver a Hogwarts, para recuperar un poco de nosotros mismos, había dicho Hermione.
Para superarlo todo, había dicho Ron.
—Si, Ron, lo sé, lo sé— lo cortó.
—Vale, bueno el punto es que... ¿Vas a alguna parte?— el pelirrojo se detuvo abruptamente, dandose cuenta de que el Gran Comedor se encontraba ahora bastante más lejos de lo que pensaba.
—¿Qué? ¡No! ¡No! Claro que no.
Harry también se detuvo y la sonrisita que le regalo a su amigo no parecía tan convincente, pero Ron tenía cosas más importantes de que preocuparse.
—¿Cuál es el punto, Ron?— insistió, porque el pelirrojo se había quedado callado.
—¡Si! Eso… le dije acerca de Snape.
La ceja elevada del moreno fue suficiente pregunta.
—Tu sabes de lo que habló, y ella debería saberlo. Pierde su tiempo preocupándose por ese murciélago.
Harry soltó una carcajada.
—¿Sigue visitado a Snape?— inquirió distraídamente.
El moreno parecía demasiado feliz, y Ron estaba comenzando a fastidiarse.
—¡Y yo que sé! Espero que no.
Ahora fue Harry quien se detuvo (porque otra vez se estaban moviendo) y miro al pelirrojo como haciendo un esfuerzo enorme por no reírse.
—Ron, has estado quejándote de lo mismo por meses, pareciera que estás celoso de Snape.
Volvió a reírse. Quiza y había tomado demasiada cerveza de mantequilla ahora que Ron lo pensaba.
—¿Qué? ¡Por supuesto que no!— escupió enseguida, cómo si la sola idea le asqueara, pero había enrojecido un poquito.
—Vale, Ron, son sus asuntos, tienes que discutirlo con ella, decirle de una vez por todas que es lo que sientes, sólo recuerda que si la lastimas yo mismo voy a asesinarte, ¿de acuerdo?
Soltó otra carcajada.
—Tengo que ir a un sitio así que sólo, no seas tan idiota con ella, por favor.
Ron frunció el ceño, porque definitivamente habían caminado mas de lo que había notado, y el moreno desaparecio por la puerta que conducía al baño de prefectos.
El pelirrojo no le dio demasiada importancia.
Despertó abruptamente varias horas después, con la sensación de estar cayendo desde un sitio muy alto y el sonido de pasos dentro de su cabeza.
Le tomó varios segundos darse cuenta de donde estaba, y otros tantos recordar que hacía ahí.
No quería despertar a Snape (si; el pocionista también estaba dormido) pero ya era demasiado tarde, y el hombre la estaba mirando con el ceño fruncido.
—¿Qué ocurre?
—Yo… Nada, lo siento…— balbuceó.
Pero Snape lo sabía.
—¿Pesadilla?
La castaña se mordió un poquito el labio inferior; un gesto muy suyo con el que Snape casi se estaba encariñado.
—Lo siento, no quería despertarte.
—No es como que sea la primera vez que me despierta con una de sus pesadillas.
Hermione sintio que se sonrojaba un poco.
—¿Tu aún las tienes…? Pesadillas— se atrevió a preguntar después de un pequeño silencio.
—Algunas veces…
—Creí que con el tiempo se irían, ¿sabes? Cuando volviera a Hogwarts o no se… cuando tu mejoraras.
¿Qué tenía eso que ver? Snape no se atrevió a preguntar.
—Pero… aún no se han ido.
El pocionista la miró por un segundo.
—Lo harán... Después de un tiempo.
Su voz otra vez sonaba suave. En ese momento, fue cuando Hermione descubrió que le gustaba demasiado ese sonido,
Le tomó un segundo decidirlo, sólo uno, pero al final volvió a acomodarse sobre su pecho, como si tuviera todo el derecho de hacerlo. Y Snape no se quejó al respecto.
—Tengo un frasco junto a mi cama...
—¿Mmmh?
—Con fuego violeta, ¿recuerdas lo que me dijiste? A veces me ayuda a relajarme.
—¿Quiere que encienda la chimenea?
Hermione sonrió.
—No... así esta bien.
La habitación se sumió en un silencio raro. No había un solo ruido, sólo la respiración de cada uno, y el corazón de Snape palpitando bajo el oido de Hermione.
—Me quedaré aquí en navidad. Tu también, ¿verdad?— habló la castaña luego de lo que le pareció un largo rato, pero aún no se atrevía a volver a dormirse.
—¿A dónde iría si no?
—A casa.
Soltó una risa extraña.
—No hay nada esperando allá.
—Tienes una planta.
—La planta la traje aquí, o usted iba a matarme si la dejaba morir.
La castaña soltó una carcajada. Aún no conseguía comprender de donde se le había ocurrido regalarle una planta a Snape en primer lugar, pero estaba segura de que el hombre la cuidaba mejor de lo que le gustaría admitir.
—Tendras que soportarme dos semanas, entonces.
—¿No cree que ya la he soportado mucho mas que eso?
Hermione no lo estaba mirando, pero pudo sentir una sonrisa en sus palabras.
—Puedo aguantarla por un tiempo más.
—Me alegro…— su voz sonaba suave, estaba quedándose dormida de nuevo —porque no vas a deshacerte de mi nunca…
No hubo una respuesta, pero Hermione no la necesitaba, porque Snape aún estaba trazando pequeños patrones sobre su brazo.
—¿Te importa si me quedo?
Había muchos "me quedo" implicados. ¿Te importa si me quedo en Navidad?
¿Te importa si me quedo en tu despacho?
¿Esta noche?
¿Te importa si me quedo aquí, donde estoy justo ahora?
No estaba muy segura del tipo "quedarse" al que intentaba referirse, pero al parecer Snape lo entendío, porque volvio a acomodar la capa sobre sus hombros.
—No.
Hermione sonrío complacida y volvió a cerrar los ojos.
Si, era raro (muy raro), pero ¿a quién le importaba?
¿Review?
Siento mucho la tardanza, pero modifique el capítulo casi 5 veces; quería que fuera perfecto (no se si lo conseguí).
Se suponía que sería un capítulo muy cortito (porque se suponía que la historia son sólo viñetas) pero algo sucedió y esto fue lo que salio.
Lamento no poder responder a todos sus reviews (no se imaginan cuanto me alegran mis dias, chicas, mas ahora que la universidad me está matando), pero si me gustaría decirles, a esas chicas que me pedían que Snape llevará al baile a Hermione, o que bailaran juntos: lo siento; se que mi historia es algo (por no decir bastante) OOC pero simplemente no lo imagino (y creanme que lo intente) así que esto fue lo que salio (como lo imaginé desde un comienzo, en realidad).
En fin, déjenme saber que opinan :3
Y no puedo prometer actualizar pronto (aunque claro que lo intentaré), porque me estoy ahogado en tareas, pero en fin...
Un beso.
