Este capítulo es el que más me ha gustado y no puedo describir la sensación de reescribirlo. Tenía lemmon, pero para una tragedia como esta no me parecía muy procedente. Espero que os guste. Es mi favorito.
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Capítulo 9. Cediendo ante la tentación.
Sasuke se encontraba sentado en la banqueta de la pequeña habitación donde había residido los últimos 2 años. Cabeza sujeta por sus manos entrelazadas, a la vez sostenidas por los firmes y musculosos antebrazos. Sus ojos instalados uniformemente en la ventana paralela a su posición, mirando sin mirar la tela oscura adornada con lentejuelas plateadas que se extendía encima del techo de las casas, parpadeaban a la par de los pensamientos en modo flash que surcaban por su razón. Le molestaban, demasiado. Y todo por culpa de la dueña de la mata de pelo rosa. Maldición, era una molestia total. Lo era, lo es, y para él lo seguirá siendo. ¿Qué no lo podía dejar en paz, ni siquiera después de 12 años?
¿Qué no podía? La podía escuchar. Su voz, grabada dentro, como si le estuviera hablando al oído en ese preciso momento. Tan molesta. ''... no es fácil fingir una sonrisa para ocultar el dolor que arrastro día a día...''. ¿Dolor? ¿Qué sabe ella del dolor? Ella no perdió a sus padres, no perdió a su hermano. No fue corrompido por dos asquerosos aprovechados. No perdió todo lo que tenía, hogar, familias, amigos. No ella no tenía derecho a hablar del dolor.
¿Como podía dejar que le insultaran así? Era otra de las incógnitas que rondaban su mente. Se supone que no permites que hablen mal de tus amigos, pero... ¿acaso ella todavía lo consideraba amigo? Maldijo por eso. Y maldijo una vez más por lamentarse. Y una tercera, debido, al derroche de razones que negaban tantas y tantas incógnitas.
¿Aún lo consideraba amigo? Razones, razones.
Negaciones.
¿Después de 12 años de traición? ¿Después de tres intentos de asesinato? ¿Después de 5 años de desaparición? ¿Después de atravesarla con su espada? ¿Después de haberle partido el corazón? Porque eso fue lo que hizo. Se lo hizo añicos una y otra vez, una y otra vez. Todas sus acciones llevaron como consecuencia que su frágil corazón se agrietara hasta caer en pedazos. Y el simplemente lo ignoraba. No le importaba. O eso era lo demostraba. Pero como ella le dijo, a la tercera fue la definitiva.
Siempre dicen que la tercera va la vencida, y esta no se escapaba a ese refrán. Si, esa vez fue la total definitiva. Destrozó lo poco que quedaba de ella. Emocionalmente le destrozó el corazón. Se lo robó, para luego arrojarlo con desprecio al suelo, y pisotearlo. Lo hizo tantas veces. Con cada rechazo le demostraba lo poco que le importaba. Con todas las veces que intentó asesinarla. Porque quería liquidarla. Hacerla desaparecer. Borrar su existencia. No sabía el motivo pero no lo quería viva. Solo acabar con ella. Incluso sus ganas homicidas para con ella, eran más fuertes que con Naruto. Y solo ignoraba la razón. Y sinceramente no le interesaba saberla.
Literalmente también la destrozó. Cuando le hirió de muerte con su espada. Se la retorció, sintió sus jadeos de dolor, sintió su estremecimiento, lo sintió todo. Pero no se conformó, la hirió mentalmente también. La iba a usar. Porque a pesar de querer desaparecerla del mundo de los vivos, la había elegido a ella. Sería la única sobreviviente. La usaría para revivir su clan. Como incubadora. Porque solo así la consideraba. Una incubadora. En realidad ella no debería morir en ese sitio. Ella era el huésped donde desarrollar a la que sería la descendencia de su tan amado clan.
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Sakura en su sostenía entre sus manos un amarillento envoltorio, sabiendo perfectamente lo que había en su interior. Con calma lo abrió, y sacó de su interior el papel con idéntica apariencia de pergamino. Lo desdobló y lo extendió frente a sus ojos. Leyó las breves líneas, contrastantes con el amarillo del papel.
Cuando terminó dio un hondo suspiro. Dejó el sobre con la carta, sobre la mesita de noche, y procedió a desprenderse de sus ropas. Sacó algunas ropas del armario y se las colocó sin interés. Unas mallas negras, una camisa roja, con su círculo blanco a la espalda, y las botas ninjas. Procedió a caminar hacia el espejo. Se cepilló el cabello y se lo amarró en una coleta. Volteó su mirada hacia la mesita de noche, y le echo una última ojeada al sobre encima del mueble. Luego continuó a salir de la habitación.
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Encima de uno de los tejados de tantas casas, dejaba que la suave brisa, solo notable allá arriba, golpeara su rostro. Tenía la esperanza de que el leve viento veraniego que siempre reinaba en el País de la Ola, le relajara, al punto de ayudarlo a aclarar sus pensamientos.
¿Quién sabe cuánto tiempo llevaba allá arriba? ¿Horas? Solo sabía que cuando llegó allí el Sol estaba en su punto más alto, amarillo y brillante, y ahora solo era un opaco globo naranja. Y es que su cabeza no podía estar más desordenada. Pensamientos, recuerdos ajenos y algunos, pero muy borrosos suyos, y algo más, que no quería prestarle importancia.
Su meditación fue interrumpida por los impulsos nerviosos que sus ojos enviaron a su cerebro. Solo un color para saber el nombre de su distracción. Siguió con la mirada, al sobresaliente rastro rosa, entre la multitud de gente que a esas horas se encontraba abarrotando las calles. Al ver que se salía de su punto de mira, casi como un acto reflejo se levantó y camino por el tejado, observando hacia donde se dirigía, y como otro acto reflejo, su cerebro captó la necesidad de sus nervios por seguirla. Se deslizó sigiloso entre los tejados, siempre temiendo porque no le viera, ni percibiera. Durante el tiempo que la espió, la vio parar en diferentes puntos, de los cuales no tardaba mucho en dejar. Fueron varios lugares, tanto lugares residenciales como públicos o tiendas. Se quedaba un rato, y luego se dirigía a otro lugar.
Así la estuvo siguiendo durante un buen tiempo, desde que el enorme astro rey se encontraba rojo en el cielo naranjado, hasta que se había ocultado por completo, y la reina de la noche ya hacía aparición con sus fieles y brillantes amigas. La había seguido en todo momento, y no le había le había perdido de vista ni un solo segundo. Las calles ya no estaban tan abarrotadas, al parecer ella era la única que caminaba por allí. Sus pasos resonaban y cortaban el silencio de la noche, haciendo que el eco callara a los grillos. La silueta de Sasuke ya no se distinguía, solo una negra sombra, casi imperceptible sobre los tejados.
De pronto vio caminar a Sakura, y adentrarse en un callejón, bastante oscuro desde su posición. Con sumo sigilo se escurrió y se acercó al borde del tejado, para poder observar lo que iba a hacer. La vio allí parada, en medio del callejón, ''adornado'' por cubos de basura, y alguna que otra bolsa, fuera de ellos.
–Deja de seguirme- sus palabras cortaron el silencio como una daga, y a la vez que la respiración de Sasuke.
Silencio...
Sasuke miraba atento el oscuro contorno de la chica, opacado por la negrura de la callejuela. Un sonido sordo, y de un saltó aterrizó en el suelo. Observó la espalda de la chica, hasta que por fin ella se dio la vuelta. Sus ojos esmeraldas contrastaban con la negrura del ambiente, viéndose como los enormes ojos de una gata.
–¿Por qué me sigues?- su pregunta sonó como una réplica.
Silencio...
–¿Por qué te quedas callado?- volvió a preguntar en un tono más fuerte, el seguía aparentemente rígido, y eso la sacó de sus casillas-. ¡Responde!- exigió-. ¡Habla, dame una respuesta!
–¿Qué exactamente quieres que responda?- habló por fin, Sakura pestañeo en señal de molestia y apretó los dientes-. Es más, ¿por qué tengo que responderte cuándo tú solo ocultas lo que realmente piensas?
–¿Qué quieres decir?
–Estás confundida, estás angustiada- habló con voz fastidiosamente suave-. Estás recordando...
–¡Cállate!- gritó histérica-. ¡No sabes lo que siento!- gritó a punto de colapsar.
–Lo sé, se lo que se siente- siguió en el mismo tono-. Tu pasado te atormenta, y no te deja tranquila. Intentas olvidar, pero por mucho que juntes fuerzas, la barrera no aguanta los golpes.
–¡No!- Sakura gritó desgarrándose la garganta.
–No puedes escapar, Sakura. No puedes seguir negando tu pasado- continuó, evaluando a que límites podría llegar-. Lo peor es que sigues aman...
–¡Cállate!- Sakura corrió hacia él y comenzó a golpearle el pecho, mientras seguía gritando, como si hallara el consuelo a través de esos golpes indoloros; pero el dolor que nacìa en su cabeza y punzaba en el estómago era demasiado fuerte para que pudiese despojarse de ellos como si fuese chakra contenido en los puños-. ¡Cállate! cállate, cállate...
Con cada palabra la fuerza iba disminuyendo, hasta que no hicieron más que eco en su cabeza las palabras de él; porque era exactamente como se sentía. Intentar olvidar, el pasado. El tiempo lo cicatriza todo, pero no todas las heridas logran sanarse con plenitud, y algunas te dejan secuelas de por vida. Y era exactamente el caso. Porque eso era, secuelas que el tiempo no se había detenido a remediar.
Y ahí estaban ellos dos. Mirándose fijamente, mientras él comprendía que su límite era la flaqueza con la que perdía los estribos y con ellos, las palabras. Jade vs negro. Sakura, rígida como una piedra, se esforzaba por no derrumbarse y parecer más patética de lo que actualmente consideraba que se veía. Los ojos negros de él le destrozaban, porque le recordaban a la más torturante de sus memorias.
Un goteó cortó la atmósfera que estaba comenzando a desintegrar la poca cordura que a Sakura le quedaba. Una gota se derramó desde lo más alto, seguida de muchas otras, hasta convertirse en un chaparrón.
La lluvia golpeaba con furia a los dos cuerpos.
El cielo había tomado de repente un color rojizo, acompañado por la creciente precipitación. Sus ropas ya estaban empapadas y, algunos mechones de cabello rosa, se habían pegado a la cara de Sakura, fundiendose con su frente, dándole un aspecto de deformación que coincidía con su estado de ánimo.
–Vamos- articuló Tetsu-. Cogeremos un resfriado si permanecemos aquí- dijo, con voz neutra a causa del agua que se deslizaba entre sus labios.
Sakura no mencionó una palabra ni levantó la cabeza que antes mantenía baja. Solo se limitó a seguir sus pasos, que sonaban debido a los charcos que se formaban. Caminaron durante un tiempo hasta que llegaron a un apartamento. Allí Tetsu abrió la puerta y ella entró luego de él. Tetsu le indicó con la mano que se sentara en una butaca pero ella se quedó de pie. No le dio interés y se fue hacia lo que supuso era el baño del apartamento de la pelirrosa, regresando con dos toallas. En esos momentos a Sakura no le importaba que fuera él quién la ayudara en su propia casa. Una se la dio a ella, y con la otra procedió a secarse él.
Cuando terminó sus cabellos quedaron revueltos. Alzó la vista para encontrarse con aquellos ojos verdes que le miraban con un cóctel de emociones a los que no tenía tiempo de identificar. No se había secado el cabello y aún mojado este le caía en cascada por sus hombros al descubierto. Otros cortos mechones le caían por su cara pálida, y mojada. Sus labios estaban rojos debido al frío y la lluvia. No podía negarlo, se veía irresistiblemente hermosa. Siguió observando hasta notar como su pecho se marcaba a través de la tela. No pudo evitar sentir un deseo al que ''casi'' logra ignorar. Pero el susurro de la chica lo alejó de sus deseos.
–¿Por qué?- preguntó con voz ambigua, logrando que Tetsu la mirara a los ojos, pero no dijo nada, Sakura optó por especificar la pregunta-. ¿Por qué me obligas a recordar?
–¿Por qué te empeñas en olvidarlo?- contestó con otra pregunta que hizo reacción en la ojijade, sus ojos que suplicaban compasión por el tema, ''casi'', y repito, ''casi'', logró darle lástima.
–Yo... no...- sus palabras se quebraban- ...no quiero... solo quiero... olvidarlo.
Tetsu no habló más, solo se limitó a observarla. Sus sollozos se escuchaban como un murmullo en medio de la lluvia que azotaba afuera. En un momento la vio levantar el rostro. Ella se acercó a él hasta quedar a escasos centímetros. Tetsu sintió un miedo que logró ocultar muy bien. Su cercanía lo ponía de unos imperceptibles nervios. Sintió su mano húmeda sobre su mejilla, y su cálido aliento chocar contra sus labios. Cerca, demasiado cerca.
–Quiero olvidarlo- repitió acercándose cada vez más a él.
El tenía sus ojos clavados en unos tentadores labios que cada vez se iban acercando más y más. Un miedo, que nunca sintió antes lo sacudió. Cerca, exageradamente cerca. Ella tenía los ojos cerrados y sentía como sus nervios estaban a flor de piel. ¿Y si la rechazaba? Quizás no lo haría porque ella no lo sentía moverse. Al final tuvo que suceder. Sakura logró juntar sus labios con los de él, que al parecer no reaccionaba.
Tetsu por su lado sentía los labios que antes le había sido una tarea durísima de controlar, puesto que los impulsos de probar el tierno tacto habían invadido todos sus centros nerviosos. Suaves y carnosos. Un escalofrío le recorrió por la espalda a ambos, y aunque él lo quiso justificar como producto de la lluvia, sintió un deseo irrevocable de corresponderle. Y así lo hizo.
Comenzó a mover también los suyos.
Un beso suave y tierno. Si intensificaciones ni nada. Solo un leve roce entre ambos. Sakura subió otra de sus manos a la cara de Tetsu. El chico sintió el deseo incontrolable de hundirla en entre sus brazos y su boca, pero como analizando y captando lo que exactamente estaba haciendo, la tomó de las muñecas y se despegó de ella.
–¿Pasa algo?- preguntó ella
–Esto no puede ser- trató de sonar lo más duro posible pero su estado de ánimo le traicionó-. Esto está mal- susurró intentando controlarse de sus propios arrebatos.
–¿Por qué está mal?- preguntó ella confusa- No lo entiendo, yo... tú…
–Tú no sabes quién soy en realidad, Sakura- advirtió, causando un leve asombro de la chica. Eso no estaba bien. Ella es Haruno Sakura, su ex-compañera, la mejor y la única chica que una vez vio en él algo más que el típico chico modelo, y él... el es Uchiha Sasuke.
–Es cierto no lo sé, pero...- susurró bajando la cabeza- se lo suficiente para estar segura de querer pasar esta noche contigo- le dijo mirándolo directo a los ojos, parecían estar invertidos los papeles y ella era quién intentaba leer su mente.
Y como antes, tomó la iniciativa. Se inclinó y lo volvió a besar. Esta vez el correspondió al momento intensificándolo sin vacilaciones. No pudo evitar morder su labio inferior y ella soltó un gemido y aprovechó para adentrarse en su boca. Tocó cada punto allá adentro, deleitándose con su sabor. Tenía el entrecejo fruncido, sintiendo como el descontrol se apoderaba de su cuerpo.
Sasuke aún se preguntaba si podía continuar dejándose llevar por la tentación que había sentido desde ese día en aquel bar. Pero no tenía la intención de parar. No podía negar el placer que le producía tener a Sakura entre sus brazos. No podía negar el montón de sensaciones desconocidas que le quemaban la piel. No podía negar que, Sakura era con quién quería, no, con quién necesitaba pasar esa noche.
Ya estaban siendo controlados por la inconsciencia que provocaban los impulsos eléctricos que los órganos receptores transmitían a los centros nerviosos elaborando respuestas que se escapaban a lo que podían llegar a analizar, cuando Sakura le sacó el saco que llevaba cuando le ''conoció'' y que hoy por alguna razón que no le interesaba para nada, llevaba puesto. La irregularidad del relieve y la textura áspera que hicieron la diferencia llamó su atención.
Entonces halló sin ningún esfuerzo la razón de por qué lo llevaba puesto. No llevaba las vendas en sus brazos.
Sakura observó con detenimiento el desastroso y quimero espectáculo que el cuerpo de Tetsu exponía. No solo sus brazos, sino también todo su pecho y abdomen. Se llevó una mano a la boca. El contraste en los matices de la piel de Tetsu simplemente producía el efecto de la observación sin palabras, como si solo el simple recuerdo que podría recuperar una herida provocase que esta se volviese a abrir derramando la sangre que en su momento debió derramar.
–No tienes que abstenerte de preguntar...
Las palabras de Tetsu le hicieron levantar su rostro para mirarle la ligera sonrisa vacía y triste que este le daba. Sakura comprendía por qué usaba vendas o el saco. No era de extrañarse que Tetsu se avergonzara de las cicatrices que estropeaban su piel. (Tal vez la técnica de transformación no era suficiente para ocultar las huellas literales que los conflictos habían causado.)
–¿Qué... qué pasó contigo...?- le dijo ella con dificultad, ya que aún llevaba la mano en la boca e interrumpía el paso del sonido de su voz.
–Te conté lo que había pasado...- Sakura no podía evitar sentir pena, lástima, ni siquiera su cuerpo era tan desastrozo.
Se atrevió a tocar una de sus cicatrices, una de las más enormes que había.
–Es horrible...
–Mujer, gracias- dijo el en tono ligeramente bromista, intentando relajar su rostro.
–Lo siento, yo...- las palabra se quedaron ahí...
Tetsu tomó esta vez la iniciativa y la tomó robándole todas las palabras con sus labios, y Sakura estaba demasiado extasiada y consumida por el ansioso deseo que olvidó automáticamente las razones de sus dudas.
Tetsu no perdió el tiempo para aprisionarla contra la pared. Su objetivo esta vez no era hacerla recordar su pasado, sino cerciorarse de que no iba a olvidar esa noche mientras viviese.
Y no estaba arrepintiéndose de estrujarla entre sus brazos como un niño abraza al peluche que en su cabeza le protege del monstruo que supuestamente acecha en la oscuridad. No estaba arrepintiéndose de querer fundirla contra su pecho intentando mezclarla con él como si fuesen plastilinas. No estaba arrepintiéndose de disfrutar como sus gemidos endulzaban su oído y como su cara enrojecida y sus pupilas dilatadas y vidriosas demostraban que los mismos sentimientos que le estaban haciendo perder cualquier rastro de sentido común eran mutuos.
Quizás esa noche hizo lo único de lo que nunca se arrepentiría en sus 25 años de vida.
Quizás esa noche mientras la observaba dormir como una muñeca de porcelana en un mostrador, pendiente de ofrecer un inolvidable espectáculo, se arrepintió de haber ignorado esos sentimientos que siempre, inevitablemente, arrastró con él, en lo profundo de un equipaje donde las cosas que más necesitas tardas horas en encontrarlas.
Quizás Sakura nunca estuvo consciente de que quién le velaba el sueño era el mismísimo Uchiha Sasuke, pero sí estuvo consciente de que esa fue la única noche en mucho tiempo que no tuvo que llorar en la cara del monstruo de sus sueños.
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Siempre que lo vuelvo a leer recuerdo la primera vez que lo escribí, hace dos años ya.
Muchas gracias por leer señores ^^
Nos vemos.
