Solo diré una cosa: FLUFF Y SANGRE! (buat?)
Disclaimer: Vocaloid ni sus personajes me pertenecen. Los hechos ocurridos en este fic son meramente ficticios así mismo son utilizados los lugares citados y las situaciones creadas.
El ruido de una maquinaria pesada la despertó, aunque apenas abrió los ojos. Quiso moverse, pero se sentía demasiado débil. El peso del cuerpo de su hermano sobre el suyo, sumándole la fatiga era demasiado para soportarlo.
—Oye, Iván, despierta.
El chico pareció obedecer y se arrastró, cayendo al lado de su hermana. Luka se incorporó sobre un codo y trató de ver algo por el orificio de la ventana, pero estaba muy lejos. Intentó moverse, pero todos sus músculos dolían.
Ellos estaban en lo que alguna vez fue una casa, y ahora era una pobre en ruinas, sin vidrios ni luz algunas. Estaban escondidos entre los escombros de lo que antes era una cocina. La pelirrosa vio que Iván logró incorporarse, sosteniéndose de la mesada. El chico caminó lentamente hacia el sonido, quería comprobar cuántos eran.
Iván, un chico flaco de cabellos negros y ojos miel, se acercó a la ventana y se agachó, asomando la cabeza ligeramente. Vio que tres tanques iban en dirección a la plaza del congreso y una fila de soldados iba detrás de las máquinas. Eran aproximadamente cincuenta hombres vestidos con el uniforme militar ruso. Se estaban alejando.
Él volvió hacia donde estaba su hermana, que ya se había sentado con la espalda apoyada por el horno.
—Son cincuenta, tres tanques. Van a la plaza.
—Podemos salir después y vamos hacia la embajada. Si llegamos hasta ahí estaremos a salvo.
—Sí.
Luego de aproximadamente media hora, ambos se levantaron y, luego de cerciorarse de que no había nadie alrededor, salieron de su escondite. Bajaron la calle, que estaba cubierta de polvo y algunos cuerpos estaban repartidos. Las casas estaban, en su mayoría, destruidas y los vidrios cubrían las veredas. Era un día especialmente caluroso y el sol quemaba sus cabezas.
Llegaron al centro de la ciudad. La embajada alemana se encontraba al otro lado, por el este. Doblaron en la siguiente esquina y vieron un grupo de cinco personas acercarse corriendo.
—¡Huyan! —gritó una mujer, en perfecto ucraniano.
Y ambos sintieron pánico.
Voltearon para retomar en la siguiente calle y, al avanzar unos metros, escucharon los tiros y los quejidos de dolor de los caídos. Luego de una cuadra corriendo, doblaron a la derecha, pero sabían que no era suficiente. Luka volteó y vio a tres personas siguiendo sus pasos, con el miedo surcando sus rostros.
—Maldita sea.
Volvió a doblar, yendo hacia la embajada. Sus músculos dolían y se estiraban, como si estuvieran cerca de romperse. Sintió a su hermano tomar su mano, por lo que estiró para que él se ponga a su altura. Los tiros se seguían escuchando. La pelirrosa volteó y vio que las tres personas que las seguían, habían sido disparadas y estaban en el suelo, rodeadas por su propia sangre.
—¿¡Vamos a morir!? —gritó Iván.
—¡No dejaré que eso pase!
Tarde.
Una bala había dado en la pierna de Iván y el chico cayó, tirando a su hermana en el proceso.
—¡Iván!
El chico lloraba de dolor mientras se agarraba el muslo. Luka intentó alzarlo, pero le era imposible. Los hombres se acercaban lentamente, apuntándola.
—Iván, por favor, no me abandones —rogaba, llorando.
—Hermana, lo siento, no puedo hacerlo —él sollozaba.
—No te rindas, hermanito, por favor, tú debes vivir.
—No, vive tú, hermana, vive y lucha, como papá siempre nos decía.
—No puedo Iván, por favor, no puedo más.
Luka abrazó el cuerpo del chico, llorando amargamente. Iván sonrió levemente y acarició los cabellos rosados de su hermana.
—Por favor, papá y mamá querrían que tú vivas, por favor hermana, lucha. Sé que tú puedes.
La mano de Iván dejó de acariciar su cabello y cayó pesadamente al suelo. Luka se separó solo para ver el rostro del chico, que había muerto con una leve sonrisa y los ojos abiertos.
—¡Iván!
Había lanzado un grito desgarrador, que obligó a los radicalistas a detenerse, viendo la escena atentamente. Sus rifles apuntaban a la cabeza de la chica, que lloraba y se mecía abrazando el cuerpo de su hermano. Los reos intercambiaron palabras en ruso y uno de ellos se acercó, tomando a Luka por el brazo.
—Levántate, perra.
Luka se dejó levantar y cuando el hombre bajó el arma y los demás parecían distraerse, ella volteó, arrastrando al hombre consigo y ambos cayeron. El soldado cayó encima de ella, antes de que sus compañeros puedan apuntar y disparar a la pelirrosa. Ella evitó que el hombre se levante apretando su cintura con ambas piernas. Usó su brazo libre para intentar tomar el arma, y lo consiguió.
Empezó a golpear al soldado, mientras que los otros dos no sabían qué hacer. Si disparaban, herirían a su compañero, pero, si permitían que eso siga, quizás esa mujer logre matarlo. Cuando iban a disparar a pesar del riesgo, Luka empezó a dispararlos mientras forcejeaba con el soldado.
—¡Los mataré, desgraciados!
Luka gritaba con todas sus fuerzas, liberando su odio. Logró noquear al radicalista que estaba encima de ella y usó su cuerpo como escudo, dando disparos certeros. Los dos cayeron al suelo y su sangre empezó a correr. La pelirrosa se sacó al hombre de encima y tomó la pistola que estaba en su cinturón. Sin pensarlo un solo segundo, apuntó a su cabeza y lo mató.
Volteó hacia su hermano y empezó a llorar mientras estaba agachada al lado de su cuerpo inerte. Varios minutos después, ella se secó las lágrimas y se levantó. Se despidió de su hermano y tomó las ropas de los radicalistas. Tomó sus armas y fue en dirección a la plaza del congreso.
Ella iba a luchar.
La jornada empezaba de vuelta para los habitantes del país nipón y una ojerosa chica de cabellos aguamarina se levantaba con dificultad de la cama.
Pasando completamente de su madre y su hermano, desayunó apenas probando su comida, para luego salir rápidamente. Necesitaba urgentemente ver a la alemana de ojos azules y lanzarse a sus brazos. No le importaba nada más, no soportaba dormir con la sola idea de que la chica vaya con cualquier otra mujer a hacer quién sabe qué cosas a causa de su rechazo. Ya había soportado eso por mucho tiempo, y no dejará que otra chica pase por la cama de la alemana. Solo quería ser ella quien tenga la dicha de acostarse con la pelirrosa, dándole todo el placer que ella tanto parecía buscar en todas, pero sin saciarse nunca.
Llegó al complejo educativo más rápido de lo esperado, por lo que no se cruzó con Rin en la entrada. Empezaba a considerar adoptar ese horario, no quería enfrentarse a la rubia, ver su rostro de vuelta y flaquear ante su determinación de conseguir algo serio y estable con la chica que venía robándole el corazón sin que ella lo note.
¿Cómo llegó a esa conclusión? Aceptando la realidad. Quizás, todos sus miedos podían ser espantados por los firmes brazos de la alemana. Decidió que sería tan sincera con la chica como deseaba que ella lo sea, así no podría reclamarle nada. Gumi tenía toda la razón, era una cobarde niña llorona que quería a una fuerte y hermosa mujer que la proteja… Y esa mujer era Luka. Nunca comprendió del todo la forma de actuar de su chica, pero estaba dispuesta a hacerlo, calar en su mente, conocer su alma, ver sus heridas, sus cicatrices, comprender sus diferentes miradas, cómo ve el mundo.
Si bien aún se sentía muy insegura sobre todo lo relacionado con la alemana, esperada que esos miedos desaparezcan lentamente, permitiéndole amarla sin ninguna atadura. Quería entregarle el corazón y el alma, dejar de ser una cobarde y lanzarse al vacío por ella, pero aún no era el momento oportuno. Aún le faltaba un largo camino por recorrer para sentirse plena. No debía adelantarse a los hechos y terminar con la ilusión rota.
Llegó al salón y divisó a Luka sentada en su lugar. Su mejilla reposaba sobre la mano derecha mientras movía un lápiz sobre una hoja blanca, con cara de puro aburrimiento. Se acercó a su lugar y, luego de bajar su bolso, inspiró profundamente, dirigiéndose a la chica que aceleraba su corazón.
—Hola —dijo, nerviosa.
— ¡Oh! Hola —saludó, sorprendida.
— ¿Podemos hablar en el almuerzo?
—Ya quedé con mis amigos.
—Es en verdad importante.
—Lo que quería hablar contigo ayer, también era importante.
—Lo sé, justo de eso quiero hablar. Tengo muchas cosas que decirte.
—Lo pensaré.
—Búscame, entonces.
—Claro.
Volteando, la delegada volvió a su lugar, dejando su perfume a su paso, que inundó las fosas nasales de la alemana. Ella inspiró todo el aroma que pudo, dejándose llevar por la suave fragancia que desprendía. Cerró los ojos y luego los volvió a abrir, empezó a hacer una rosa de papel con la hoja que estaba rayando. Fracasó, por lo que hizo un bollo y lo lanzó lejos.
La delegada se sentía muy inquieta, removiéndose constantemente en su lugar. No podía soportar estar cerca de su enamorada y no voltear a verla, ver sus ojos, escuchar su voz o rodear su cintura con sus brazos. En verdad deseaba sentir el cuerpo de la alemana estrechándose contra el suyo, pero no tenía el valor suficiente para acercarse con esas intenciones.
Valor, lo que le llevaba faltando durante toda su vida. Sintiendo rabia contra ella misma, apretó los puños y se levantó bruscamente, llamando la atención de algunos alumnos, incluyendo a Luka, que solo la miró con ambas cejas arqueadas.
Miku volteó y se dirigió hasta el lugar de Luka. Los estudiantes esperaban que la regañe, pero solo quedó en frente de ella, con el rostro sonrojado.
— ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó, notando el rubor de las mejillas de la chica, sorprendiéndose ligeramente.
—Sí —dijo con dificultad.
— ¿Qué cosa?
—Levántate.
— ¿Eh?
— ¡Que te levantes, maldita sea! —exclamó, frustrada.
Algo desconfiada, Luka se levantó lentamente, dándole una mirada desconfiada a la peliaqua. La susodicha miró al piso, luego de unos segundos, pasó sus brazos por debajo de los de Luka, envolviendo su cintura en un tímido abrazo.
— ¿Qué haces? —preguntó, incrédula.
—Nada —fue todo lo que dijo, apretándola más, hundiendo su rostro en su pecho.
Un sentimiento cálido recorrió todo el cuerpo de la alemana, al momento que sonreía conmovida. Acarició los cabellos de Miku lentamente, sintiendo cómo se deslizaban por sus dedos suavemente, enviando miles de corrientes eléctricas a cada rincón del ser de su captora, que sentía su rostro arder y su corazón latir agitado. Apoyó su oreja sobre el pecho de Luka, escuchando las fuertes palpitaciones del corazón de la alemana. Sonrió con dulzura, relajándose ante tan acompasado sonido.
— ¿Esto es todo lo que querías? —preguntó, rompiendo el momento.
—Sí —susurró.
—Tanto jaleo por un abrazo —rió, mostrando sus blancos dientes.
— ¡Idiota! —recriminó, separándose un poco solo para verla al rostro.
—Y tú eres una tonta —sentenció, al momento que le daba un suave beso en los labios.
Se separó rápidamente, con un gran sonrojo y una tenue sonrisa, dándole una mirada cálida. Miku apretó más el agarre, sintiendo hasta sus orejas calentarse. Apretó la mandíbula y, enojada, se separó completamente de la alemana.
Solo para darle una bofetada.
— ¡Maldita aprovechada! —le gritó, para luego salir del salón, echando humo por las orejas.
—Qué loca —comentó, al aire.
Sus compañeros, que estaban viendo toda la escena atentamente, rieron con ganas ante la expresión confusa de la chica, que luego pasó a ser una de resignación total.
—Tu chica te abraza, la besas… Y te da una bofetada ¡vaya suerte, Megurine! —rió uno de sus compañeros.
—Pero seguro no es la primera que le da una buena tunda —sentenció otro.
—Tienes razón… Creo que me lo merecía —dijo, sobándose la mejilla golpeada.
Los chicos volvieron a reír ante la actitud tan despreocupada que la agredida tomó. Sus amigos esperaban que se deprima y se largue a llorar en algún rincón, pero no lo hizo, bromeó con el tema y no parecía dolida por eso. Además del dolor físico, claro está.
Miku había ido al baño, lavándose la cara mientras intentaba ordenar sus pensamientos. Miró su reflejo y llevó su mano a sus labios, para luego sonreír con ternura. La muy loca la había besado en frente de todos, algo que nunca había hecho con ninguna otra chica. Algunas chicas que estaban presentes miraron curiosas la expresión soñadora de la fría delgada, mientras, la misma, apoyaba sus manos sobre sus labios. Una de ellas no pudo evitar comentar.
—Así que te has enamorado ¿eh, Hatsune? —dijo una voz, en un acento extraño, similar al de Luka, pero más fuerte.
— ¿¡Qué!?
Volteó hacia la chica y la reconocíó. Esa alocada chica rubia de ojos azules era su compañera de clases, y amiga de la alemana. ¿Desde cuándo Lily Masuda tenía el acento de un extranjero? Se preguntó, pero ignoró ese hecho.
—Esa expresión soñadora, la mirada lejana a pesar de que ves tu propio reflejo, tocar tus labios mientras te sonrojas ¡Son los síntomas del amor! —exclamó Lily, emocionada.
—Eh… No, estás equivocada —respondió, nerviosa, agitando las manos.
— ¡Pero claro que no! ¡Conozco perfectamente los síntomas del amor y creo que has encontrado a tu príncipe! —sentenció, para luego sonreír con malicia—… ¿O será que encontraste a tu princesa?… ¿O quizás tú eres la princesa y te has enamorado de una plebeya? —dijo, en una indirecta, ambas pensaban en la misma chica de ojos azules.
— ¡No sé de lo que estás hablando! —gritó, saliendo de ahí rápidamente, sonrojada, de vuelta.
Miku volvió a su salón tan agitada como se había retirado. Sin desearlo, miró hacia el asiento de Luka, que estaba comiendo una barra de chocolate mientras tenía los auriculares puestos. La alemana le devolvió la mirada, arqueando ambas cejas, masticó todo su dulce y le mostró una sonrisa dulce, ligera. La peliaqua sintió sus mejillas arder, por lo que se encaminó a su lugar rápidamente y, evitando las miradas curiosas de sus amigas, se sentó, hundiendo su rostro en un grueso libro de historia.
—Miku-chan —canturreó Neru—, ya nos hemos enterado.
—Vamos, dilo ¿cómo fue? —atacó Gumi.
—Cállense.
Las dos chicas se echaron a reír, contentas con la situación.
El rompecabezas estaba siendo armado.
Al mediodía, una alemana y una peliaqua estaban sentadas una en frente de la otra, en la azotea del colegio, envueltas en el silencio y la paz, mientras comían sus almuerzos y divagaban en sus mentes, pensando en la chica que tenían a tan escasos metros. Ambas mantenían los ojos cerrados y una expresión de tranquilidad se asomaba en sus rostros.
—Miku —llamó una de ellas, cuando terminaron de comer.
—Sí.
—Siento mucho lo de hoy, cuando me abrazaste… Me dejé llevar, no lo pude evitar.
—En verdad eres una idiota —suspiró.
—Lo sé, lo siento —Luka se rascó la nuca, apenada.
—Ya te dije que dejes de disculparte por todo.
—Lo sien —cortó su frase cuando la peliaqua la fulminó con la mirada—, uh, está bien, dejémoslo así.
—Me he sorprendido y actué impulsivamente.
— ¿Y tu primer impulso fue darme una bofetada? —preguntó, arqueando una ceja.
—Quería hacerlo desde el día que dijiste amarme, supuestamente, así que lo hice al fin —contestó, alzándose de hombros.
—… —ella solo agachó la cabeza.
—Luka, estuve pensando en algunas cosas —empezó, nerviosa— y creo que ambas nos debemos muchas explicaciones.
— ¿Te refieres a Kagamine? —preguntó, despectiva, mirándola duramente.
—No te permitiré que te refieras a ella en ese tono —frunció el ceño.
—Tsk —pronunció, desviando la mirada, apretando los puños.
—En mi caso, sí, me refiero a eso. En tu caso… Bueno, creo que la lista es más larga de lo que me imagino.
—Quizás.
—Luka… ¿quién eres en realidad?
—Esa pregunta es muy amplia…
—Dime, actualmente… ¿estás saliendo con alguien?
—No.
— ¿Por qué lo haces? —preguntó Miku, sin mirarla al rostro.
— ¿Qué cosa?
—Salir con tantas chicas, acostarte con ellas… No tomas a nadie en serio, no comprendo cómo puedes hacer eso a las personas, las ilusionas y luego las dejas ¿en qué rayos estás pensando al hacer eso?
—Yo siempre soy clara, ellas saben que es algo pasajero, nunca tengo intenciones de jugar con los sentimientos de nadie, solo paso el rato. No doy motivos para que se aferren a mí —levantó la mano del guante, como librándose de la culpa.
—Pero lo hacen.
—Es su problema.
—Y el tuyo.
—Mío no es, ellas saben cómo son las cosas conmigo.
— ¿Alguna vez pensaste mantener una relación con alguna de ellas, darles una oportunidad?
—No —la alemana se encogió de hombros.
— ¿Por qué? —Miku frunció el ceño.
—Ellas no comprenderán. No me comprenderán.
—No puedes saberlo.
—Lo sé, nadie quiere comprometerse conmigo. Ni siquiera tú —agregó, con tristeza reflejada en sus ojos.
—Si alguna de ellas te dijo sobre sus sentimientos, ella quería comprometerse —dijo, tratando de disimular el dolor que la última frase le causó.
—Ellas no me conocen, no saben quién soy. Dicen quererme, pero solo es por mi actitud, por cómo las tomo, cómo las beso y las acaricio.
—Si no las dejas conocerte, no puedes asumir que no quieren comprometerse contigo.
—Terminarán alejándose.
— ¿Por qué se alejarían?
—Ya ha pasado, con dos personas, quienes creí que eran el "amor de mi vida".
—…
—Fue hace cuatro años —empezó a relatar, levantándose, dándole la espalda a Miku—, su nombre era Aria. Una linda chica de ojos claros y cabellos lavanda, hija del mejor amigo de mi padre. Nos conocíamos desde pequeñas, el mismo día que nuestros padres se conocieron en una reunión de negocios. Fuimos amigas durante toda la vida, incluso cuando ella se mudó, seguíamos en contacto por cartas y, luego, por internet. Luego yo me mudé y nos reencontramos, cuando teníamos quince años.
Luka suspiró y se llevó hacia atrás el flequillo, aunque volvió a su lugar. Miku miraba su nuca atentamente, sin perderse una sola palabra.
—Descubrimos nuestros sentimientos y empezamos a ser novias. Un año después, nuestra familia empezó a tener problemas con la competencia y la mafia. Yukari corría mucho peligro estando conmigo, así que, decidimos cortar la relación, pero eso no duró mucho tiempo porque íbamos a la misma institución. Una vez, cuando íbamos a mi casa después de clases, unos tipos nos agarraron por la calle, querían asesinarme y secuestrar a Yukari. Yo siempre llevaba armas conmigo, aunque ella odie la idea, sabía lo que ocurriría. Efectivamente, lo que ella tanto temía, ocurrió…
— ¿Qué era? —preguntó, temerosa.
—Que me convierta en una asesina.
—… —Miku abrió los ojos como platos, empezando a temblar.
—Obviamente, no estaba contenta ni lo hice por gusto. Lo hice para defendernos, tuve que matar a esos tres hombres a quemarropa. Como eran trabajadores de un empresario, me demandaron rápidamente, por lo que huí del país con mi familia. La mezcla de la culpabilidad y la soledad que me causaba estar sin ella me arrastraron a una depresión muy grave, por lo que perdí un año de estudios. Oh, por cierto, nos mudamos a Ucrania, ya que mi madre es ucraniana y ya habíamos estado en el país varias veces anteriormente.
— ¿Y tu novia?
—Ella iba a visitarme cada varios meses. Pero ya nada era igual. Yo notaba que ella me temía, no solo por su propia seguridad, sino por la de los demás. Poco a poco, dejó de visitarme y comprendí el mensaje.
— ¿No la has visto nunca más?
—No.
— ¿No la has buscado?
—Intenté, pero ella evitó todas las ocasiones. Ella desapareció.
—Luka —la llamó, con dolor—. Lo siento tanto.
Miku se levantó rápidamente, quedando frente a ella. Vio sus ojos, que solo mostraban una profunda tristeza mezclada con una inmensa soledad. La chica sintió su corazón encogerse ante tan deprimente imagen, por lo que le dio un fuerte abrazo, deseando juntar todas sus partes rotas de nuevo.
—Lo siento —repitió, hundiendo su rostro en su pecho.
—No te preocupes.
—Lo siento, no solo por eso, sino, por todo. Perdóname, por favor, nunca quise hacerte daño —pidió, con la voz quebrada.
—No te preocupes —Luka empezó a acariciar su cabeza con una mano.
—Nunca más seré cruel contigo.
—Está bien.
—No volveré a rechazarte.
—Está bien.
—No volveré a herirte… O al menos lo intentaré.
—Está bien.
Elevó el rostro, encontrando los ojos de Luka inundados en lágrimas, que empezaron a bajar por sus mejillas rápidamente. No pudo evitar hacer una gran expresión de dolor al ver sus tristes orbes azules, ellos no debían estar apagados, debían brillar con fuerza y presumir su color. Acarició su mejilla con sumo cariño, secando las lágrimas que corrían por ellas, tratando de borrar los malos recuerdos de su enamorada.
Dejándose llevar, ambas empezaron a acercarse lentamente, hasta juntar sus labios en un profundo beso cargado de sentimientos encontrados y algunos despertados. Desesperada, Luka envolvió la espalda de Miku con sus brazos, pegando completamente sus cuerpos y besándola con pasión. Esta vez, fue la peliaqua quien buscó la lengua de su chica con la suya, encontrándola rápidamente. La temperatura entre ambas subía rápidamente mientras se besaban con deseo y amor. La menor suprimía los gemidos que deseaban escapar de sus labios y la alemana hacía un esfuerzo enorme por no recorrer todos los rincones del cuerpo de Miku con sus manos.
A falta de oxígeno, se separaron lentamente, con las respiraciones agitadas y el rostro sonrojado. Tratando de normalizar el latido de su corazón, Luka apoyó sus frentes y cerró sus ojos, siendo imitada por la baja chica que reposaba sus brazos en los hombros de la más alta. Estuvieron así por unos minutos, sin saber que sus corazones empezaron a sincronizarse.
—Miku…
—Sí.
—Te amo —susurró, con todo el amor que pudo.
—…
—No te imaginas cuánto.
Volvió a apresar sus labios, con ternura. Los masajeó suavemente y luego le dio un ligero mordisco al inferior, separándose de ella.
—No me importa si no me crees —volvió a susurrar.
Empezó a darle cortos besos, que luego empezaron a recorrer su rostro mientras acariciaba su cabello pasándolo por sus dedos. Miku solo disfrutaba del cariño que le era brindado, con los ojos cerrados, dejándose llevar por la chica de la que se enamoró.
Minutos después, se quedaron estáticas, abrazándose nada más. La delegada buscaba una forma correcta de expresar sus emociones, pero no hallaba cómo. Decidió que se lo demostraría con acciones, ya que las palabras no eran lo suyo y aún no se sentía preparada para decirle que la amaba.
—Luka —la llamó, dulce.
—Dime.
—Hay cosas que debo decirte.
—Lo sé.
—Pero quedémonos así un rato más.
—Está bien.
Ambas inspiraban el perfume de la otra, sintiéndose encantadas por tan dulces y hechizantes fragancias. La peliaqua mantenía su rostro hundido en el pecho de la alemana, que respiraba acompasadamente, acariciando los cabellos de la chica que tanto amaba. La menor apoyó el oído en el pecho de ella, escuchando el fuerte latir de su corazón, siendo, para ella, el sonido más relajante de podía haber escuchado.
—Luka —la volvió a llamar, separándose de ella lo suficiente solo para mirarle al rostro.
—Dime.
—Yo… Quiero explicarte… —trató de terminar su frase, mirando los labios de la chica atentamente.
—Pues dímelo.
—Mejor nos sentamos —sugirió, separándose de ella antes de volver a besarla.
—Claro —aceptó, extrañando su calor.
Ambas se sentaron apoyadas por la pared, pegadas. Después de unos cortos y tensos segundos, Luka rodeó la cintura de Miku con su brazo, atrayéndola más. La chica posó su mano sobre el muslo de su enamorada, reposando su cabeza por su hombro.
—La situación con Rin, lo que tiene de extraña, lo tiene de dolorosa.
—…
—Yo… —tragó duro—, yo la amaba —confesó, con dificultad, sintiendo la tensión en los músculos de su chica—. En verdad lo hacía, me había enamorado de ella.
— ¿Y ella?
—Ella también —dijo, con dolor—, ambas nos amábamos. De hecho, ella sigue haciéndolo.
—Entonces deberían estar juntas —susurró, en un hilo de voz.
—No lo estamos y nunca lo estuvimos.
— ¿Por qué?
—Las dos tenemos miedo. Espero que no te burles de mí por lo que te diré.
—No lo haré —Luka tomó su mano.
—No nos animamos a salir del clóset.
—…
—Ella es una niña muy dulce e inocente. No soportará que la miren de reojo, la insulten o la rechacen por ser homosexual. Y yo no puedo protegerla de todo eso, nunca podría. Yo, en verdad, no quiero causarle problemas y ella tampoco a mí. No sé cómo me manejaría ante una situación en la que deba defendernos de un grupo de homofóbicos —finalizó, apretando su mano.
— ¿Y ella qué piensa de eso?
—Ella está de acuerdo. Ambas acordamos ser solo amigas y tratamos de reprimir nuestros sentimientos.
—Vaya… Eso es algo muy duro, se encadenaron ustedes mismas.
—Lo sé.
— ¿Puedo saber por qué tienes tanto miedo?
—…
—Es obvio que tienes miedo, pero no sé a qué, menos aún, el motivo.
—Luka, yo —guardó silencio unos segundos—, yo no sé qué es lo que está mal conmigo —finalizó, con la voz quebrada.
—Oye, no te pongas así —la alemana se incorporó, mirándola.
—No comprendo qué es lo que he hecho —trataba de contener sus lágrimas—, nadie me comprende y todos me regañan por mi forma de ser ¡pero nunca se han puesto en mi lugar! No quiero causarle problemas a nadie, pero les hago daño, no sé por qué, no quiero, no quiero nada de eso. Solo quiero estar con alguien que me haga feliz, que me ame, que siempre cuide de mí y me dé mucho, mucho cariño. Pero tengo tanto miedo.
Luka intentaba secar sus lágrimas al momento que Miku apoyó su cabeza en su clavícula, tratando de componerse, aunque no lo conseguía.
—Tengo tanto miedo de todo, por el amor de Dios, no quiero que me vuelvan a hacer daño… No, no quiero que se burlen de mí, que me golpeen ni que me traten de menos. Estoy harta de estar sola, pero no encuentro a la persona correcta ¡jugaron con mis sentimientos! —finalizó, empezando a sollozar.
Con los ojos vidriosos, Luka le dio un cálido abrazo a su amada, que lloraba desconsoladamente, parecía ser que, ella estaba limpiándose de toda culpa. La alemana solo suspiró, tratando de no empezar a llorar, debía ser fuerte para sostener a su chica, no la dejaría caer.
—Miku —susurró—, no estás sola… Yo estoy contigo, mi amor.
Solo recibió un llanto más fuerte en respuesta. Volvió a suspirar, acariciando los cabellos de su chica, susurrándole que todo estará bien.
Y ese gesto, fue suficiente para acallar su llanto en pocos minutos.
— ¿Mi amor? ¿Ya estás bien? —preguntó, levantando su rostro.
Miku le dio una mirada con infinita ternura y agradecimiento, con una tenue sonrisa. Ella solo parpadeó, con clara confusión, de todas formas, le sonrió ligeramente, tratando de transmitirle cálidos sentimientos.
—Mi padre —acarició su mejilla—, siempre hacía eso cuando yo lloraba.
— ¿Qué cosa?
—Acariciaba mi cabello, susurrándome cosas lindas, diciendo que todo estará bien.
—… —Luka se conmovió.
—Me recordaste a él y logré calmarme.
—Ya veo —susurró, dándole un corto beso en los labios.
—Creo que… Hallé a esa persona que siempre cuidará de mí.
—Siempre lo haré, te protegeré de todo y de todos.
— ¿Lo prometes?
—Lo prometo.
— ¿Sabes? Me recuerdas a mi padre, de cierta forma —sonrió, acurrucándose a ella, mirando al cielo—. Él era muy bromista y al mismo tiempo podía ser serio. Era muy protector con nosotros y amaba el fútbol.
—Entonces nos hubiésemos llevado muy bien —rió.
—Sí —concordó, sonriente—, me hubiese gustado que lo conozcas, así te amenazaba siempre.
—Uh…
—Él siempre me decía que debo buscar a un chico guapo y fuerte que cuide de mí. Bueno, casi lo hice, solo le cambié el género —agregó, avergonzada.
Luka se sorprendió, haciendo una expresión inocente al momento que se sonrojaba. Quería saltar y gritar de la emoción, pero se contuvo, solo mostró una enorme sonrisa mientras se rascaba la nuca, nerviosa.
—En verdad eres una tonta —bufó.
— ¿Y eso?
—Para no perder la costumbre —dijo, inflando el pecho con orgullo.
—Pero qué…
Miku solo pudo soltar una gran carcajada ante la graciosa expresión incrédula de su chica. Luka la miró con ensoñación, admirando la expresión que tenía su amada mientras soltaba una de las risas más sexys y naturales que presenció en su vida. Soltó una risita mientras seguía observándola. La peliaqua se calmó, pero no borró la sonrisa y sus mejillas estaban sonrojadas. Sin poder contenerse, Luka se lanzó encima de ella, envolviéndola en un cálido abrazo, acostándose sobre ella. La menor rió divertida, dejándose llevar por la situación, rodeando con sus brazos el cuello de su captora.
Luka le plantó un profundo beso en los labios, que, rápidamente, se convirtió en uno apasionado. La posición en que se encontraban llevaban a la mente de la alemana a crear las más eróticas y ardientes escenas con su ahora presa, empezando a recorrer su cuerpo con las manos. Extasiada, Miku introdujo su lengua en la boca de su enamorada, dejando salir un suave gemido que encendió todos los sentidos de la alemana.
El melódico sonido que salió de la boca de su amada, la llevó rápidamente al terreno del amor pasional, deseando cruzar las puertas del más pecaminoso éxtasis. Quería escuchar aún más de sus gemidos, por lo que empezaba a descargar sus deseos carnales, logrando su objetivo con éxito. La peliaqua se sentía sumamente excitada, todo lo relacionado con la pasión homosexual seguía siendo muy nuevo para ella y era terreno desconocido, aunque le encantaría recorrerlo de la mano de su chica.
Se separaron por unos segundos para luego volver a unirse, respirando solo lo suficiente, para disfrutarse lo más posible.
Interrumpiéndolas bruscamente, el timbre sonó. Se separaron rápidamente, asustadas. La primera en reaccionar fue Miku, que rió ante la expresión frustrada de la pelirrosa, que empezó a mascullar maldiciones por lo bajo.
—Vamos ya, tonta —dijo Miku, levantándose.
—Sí, sí.
El rompecabezas estaba siendo correctamente armado.
Este capítulo se me hace corto, pero bue. No diré más, debo estudiar :'v.
EL RINCÓN DE LAS RESPUESTAS :D
InfinitySKyght: Sí, Miku eso (?). Bue quizás no fue el pasado que esperabas pero bue peor es nada xD. La verdad nada en este mundo es una coincidencia e.e calculé todo en este fic antes de publicarlo (?). En fin, muchas gracias por tus palabras :3 ¡saludos!
Fany 3:Jajajajaja, bue al fin llegó el siguiente cap xD. Y sí, la intensidad ya empieza (?) y bue, lo de la malo se sabrá más adelante, obviamente no es nada bueno ni que Luka quiera recordar gg. Muchas gracias por el review ¡saludos!
Azhenet: Bue creo que ya lo hizo (?) jajaja. Gracias por comentar ¡saludos! :3
Megurine Chikane La Ardilla: DRAMA DRAMA EVERYWHERE. EL DRAMA NO ACABA AHORA Y NO LO HARÁ NUNCA MUAJAJAJAJA. Ya en serio xD. Ay bueno, ya empiezo a hacer las cosas bien con Miku o al menos eso creo (?). Bue Miku no es la mala pero si se ve así, genial xDDD. La dvd Rin no me cae bien entonces me encana hacerle eso ¡JAJA! Bue saludos, nos leemos en el grupo (?).
Y bueno eso. Bai.
