Y se acabó. Para bien, para mal, se acabó la temporada 0_o. Yo sigo con el sabor en la boca de la cucada que nos metieron con ese post de instagram. Tenía planeados dos finales, dependiendo qué pasara, extrañamente quedó el que se me hacía más bonito.
Aunque el capítulo está más largo, luego habrá un epílogo.
I- Esta noche estás perfecta.
-¿Y luego de eso qué pasó?
Mario Hugo se preguntaba si no les hacía falta otro pasatiempo al extraño grupo que podía llamar familia. Parecía que no, por lo atentos que estaban a sus progresos con la pájara verde. Aún si esos progresos parecían más bien una involución.
-Me fuí.- se limitó a responder. Todos y cada uno de los presentes se golpearon la frente.
-¡Debiste besarla!- le regañó Huachimingo- A veces hay que arriesgarse a la cachetada, porque si no, no pasa nada. Aunque ella sí te quiere.
La mamá recobró la compostura y, tras acabarse su taza de té para los reumas, rompió el desorden de improperios que se habían soltado contra el hijo querido suyo.
-Todavía queda la gala de Titirilquén para demostrarle que vale la pena. Pero primero ¡Hay que conseguirte un traje decente, Ernesto Felipe!
-Y un auto decente- terció Duque-. Amigo, esa cafetera está para el perro.
El reportero se encogió de hombros.
-¡Yo puedo prestarte mi auto!- Huachimingo agitó la mano, emocionado.
-¿No que lo habías perdido todo en ese terremoto?-replicó, molesto- ¿Cómo es que aún tienes auto y no me lo prestaste antes? ¿O porqué no lo vendiste para dar de menos el enganche de un departamento?
-¡Pues porque contigo me ahorro el gasto de la renta, por eso no pienso venderlo! ¡Y ese auto me lo heredó mi tío Huechimengo, les juro que es verdad!- al ver la cara de incredulidad de todos, rodó los ojos-. Esta vez sí es verdad.
"¡Hola! Te estás comunicando a la casa de Patana Tufillo. Lamento no poderte contestar ahora, pero deja tu mensaje después del clic. Clic".
"¿Patana? Oye, sé que lo que pasó hoy en el estudio... yo quería... bueno eso no importa."
"Hola Patana, soy Mario Hugo. Hay algo que quería decirte, aunque no sé si estés de humor o si te sea inconveniente ahora que yo te lo diga..."
"¡No seas tarado y dile de una buena vez!"
"Pero no me regañes, Huachimingo. Patana. Soy Mario Hugo. Quería invitarte a la Gran Gala de Titirilquén, ya sé que vas a ir, porque todos estamos invitados, pero -¡ay! no me peguen-... ¿Paso por tí a las 9, si te parece bien?"
-Está bien. A las 9- La reportera descolgó el teléfono. No es que no hubiera estado presente en su casa. Simplemente no se animaba a descolgar el aparato.- Nos vemos, Mario Hugo.
Eran tantas las manos tratando de volverlo un prospecto decente que comenzaba a querer morderlos a todos y salir corriendo. El traje le apretaba un poco, quizá porque Huachimingo había insistido en ajustar más la faja. Y aún así, con las prisas de hacerlo ver elegante, habían olvidado un pequeño detalle.
-Los zapatos. Se nos olvidaron.
-Mis tenis no están tan sucios.- ofreció tímidamente el chihuahua.
-¡NO!- le replicaron a coro casi todos, menos Palmerita.
-Vamos, si el Pret a porter es lo más genial que hay. Que se lleve los tenis.
-¡Mamá, déjeme el pelo en paz!- se quejó el reportero, intentando ensartarse los converse más nuevos que tenía.
-¡Tienes aún mechones desacomodados, pero la mamá te lo va a arreglar!- pasó de nuevo el cepillo.
Los gatos esta vez fueron en su ayuda y lo sacaron del corro de entes. Fue entonces que se dio cuenta de la hora. Le quedaban veinte minutos para tener cinco minutos de retraso para llegar con su cita.
Tras meterse en sentido contrario por varias calles y atravesar un parque, llevarse de corbata un abuelito que ya estaba ancianito y dar un giro de 180 grados, logró estacionarse frente a la casa de Patana. Temblaba cuando tocó el timbre y siguió temblando hasta que se abrió la puerta.
-Ya está. Buenas noches-. le saludó, sonriendo. En ese momento dejó de temblar y se quedó petrificado. Casi podía ver de nuevo aquella nube rosa con la que recordaba la primera vez que se habían encontrado, salvo que la poquitera iluminación de la calle no le permitía hacerlo.- ¡Mario Hugo, buenas noches! ¿Nos vamos?
-¿Eh? ¡Ah, sí, sí, buenas noches, Patanita!- saludó a toda carrera y corrió a abrirle la puerta del auto. Huachimingo tenía un auto gris, por falta de presupuesto no le había puesto aún sus típicos tatuajes.
-¿Nuevo coche?
Agitó la cabeza con fuerza, por los nervios.
-Huachimingo me lo prestó- se explicó.
Durante el viaje hacia el edificio Themistocles Tufillo iban oyendo canciones para irse ambientando. El reportero se sonrojó hasta las orejas al darse cuenta de que sin duda o su amigo o sus perros le habían hecho una jugarreta con la lista de reproducción. Primero habían puesto aquella canción que escuchaba para animarse a hacer algún movimiento en el complicado campo de batalla que era el corazón de su colega. Ahí había querido hacer plática, evitando el tema del viaje que haría.
-¿Estás emocionado por la gran gala?- le preguntó ella.
-Es algo hermoso y desconocido. Y espero que sea perfecto. Como tú esta noche.- tragó saliva al decir eso, quizá por culpa de la canción-. Quiero decir, hoy más que otros días. Porque siempre estás perf... mejor ya no digo nada.
La ventaja del elevador había sido que podían estar juntos cuanto quisieran. La desventaja era que estaban retacados con veintinueve personas más. Peor cuando Norberto y Raquel se pusieron a comer pan frente a los pobres. Los dos jóvenes se miraron a los ojos, avergonzados.
II- No me pidas ser tu amigo.
-Y al final no fuimos a la gala. Pucha.- Patana se sentó en el cofre del auto, mientras los demás atendían a la prensa, en espera de poder festejar en casa de Juanín lo que no habían festejado en la gala. Miraba sus zapatos de tacón, decepcionada. Mario Hugo miraba la luna.
-Está comenzando a hacer frío y ese chal no va a cubrirte nada.- le puso su saco sobre los hombros.- No te pongas triste. Dicen que fue un fracaso, por el chiste de Coke.
-No estoy triste por la gala.- suspiró, aferrándose al saco. Fijó sus ojos en los de su amigo-. No hemos hablado de lo que pasó el otro día. Yo dije algo... muy apresurado.
El chihuahua tragó saliva. Comenzaba a sentir frías las manos, sin saber si era por su generosidad o por lo que temía que fuera su respuesta.
Y ya no podía soportar otra negativa, eso acabaría por matarlo.
-Yo... lo comprendo. Irme quizá me ayude a aclarar las cosas que han estado pasando- habló, tratando de no quebrarse-. Quizá conozca a alguna perrita en Titirixtlán. Y tú podrías descansar un poco de mí.
-Te he dado treinta y cinco días para demostrarme que vale la pena estar a tu lado- le cortó el discurso, con suavidad-. Y me equivoqué, Mario Hugo.
-No me digas eso, Patana.- se le detuvo el corazón.- Por favor.
-Ahora me pregunto si yo valgo la pena.- bajó la vista-. Te he dicho no tantas veces porque tengo mucho miedo. Más desde lo de Guaripolo. Y ahora que me doy cuenta de lo que siento, tú te vas a ir a Titirixtlán.
No supo ni que decir. Solamente abría y cerraba la boca, tontamente. Finalmente alguna neurona recordó que tenía que conectarse con otra para poder responder y no perder la oportunidad del siglo.
-¿Eh?
Sí, bueno. Aparentemente no fue la neurona más brillante la que reaccionó. Aunque peor es nada.
-Estás ahí cuando te necesito, me aconsejaste cuando lo necesité, me has defendido... y yo no sé qué hacer para devolverte lo que me das.
-Sólo déjame estar a tu lado.- pidió, tímidamente, antes de tomar un poco de valor-. Pero de menos quiéreme un poquito.
Perdieron la cuenta de los segundos mirándose a los ojos. La medianoche se veía tan clara como el día, eso sin contar flases de los paparazzi que habían corrido para no perderse el chisme. Tulio, al extrañar la falta de atención a su persona y descubrir el porqué, emprendió carrera loca para impedir, sin éxito el beso, que mandaría a las nubes la venta de varias revistas del corazón.
-¡Al fin!- Bodoque abrazó a su mejor amigo, riéndose al ver la escena.
-Ya se habían tar-da-do.
Apenados, la pareja volteó a ver al resto de sus amigos, divididos entre los que festejaban y Tulio.
- Tulio, ¿Aceptas que sea novio de tu sobrina? Prometo tratarla con el respeto que se merece- apenas si atinó a preguntar el chihuahua.
-Ya qué. Pero mucho cuidado, joven.- se dio la vuelta-. Y vámonos, que Juanín nos espera en su casa. Te veo el lunes en mi despacho, Mario Hugo, tenemos mucho de qué discutir. Y también te veo a tí, sobrina. No eres más que una joven mujer para que andes en eso y debo darles las reglas que deben seguir si quieren estar juntos ¡Sí, señor!
No fueron capaces de entender qué era lo que más les sorprendía, si el hecho de que no les hiciera un drama mayor por su relación, como ya lo había hecho antes, o que por fin Patana había dejado de ser una niña-mujer para el irascible conductor.
NOTA:
1- La canción que provoca que diga lo de que si está perfecta es... Tonight you're perfect de New Politics. Sabrá Dios porqué me puse a cantarla desde que vi la foto de instagram.
2- Al 27 de diciembre habían pasado ya treinta y cinco días de la transmisión de Bodoque envenanado. Es decir: de aquellos susurros que no sabemos qué pasó.
