Autor: Usagi—Asakura
Fandom: World Series: Hetalia.

Disclaimer: Personajes a Hidekaz Himaruya.
Claim: España/México
Tabla: 30 Besos
Tema: #23— "Dulce"
Resumen: "… Tus besos son como las gotas de lluvia que refrescan mi corazón. Tus dulces besos me hacen tanto bien…"
Advertencias: Muy Occ de mi parte. Ya saben, he usado el nombre de Pedro Fernando para México, porque Pedro es Pedro y Fernando es… una cosa mona que ha hecho Berserker y me ha fascinado. Aunque, creo que mi OCC México dista mucho de lo que ella escribe. Drable pequeño y sin sentido. Mención de Lovino.


#23—Dulce.

—¡Alegría!

—¿Qué?

—Pedrito me ha enviado "alegrías" —respondió entusiasmado el español.

Lovino se quedó mirándole sin comprender lo que trataba de decirle.

—Ajá, ¿y qué mierda esa eso, idiota? —gritó.

—Dulces, querido Lovino. Amaranto y miel —explicó mientras sacaba de la caja un paquete transparente.

El italiano pudo ver que era blanco y cuadrado, con algunas pasas y nueces en una esquina. Si tenía miel, seguro que era dulce y empalagoso.

—¿Y qué? ¿Quieres que lo coma?

—Sí —respondió el español—. No pensé que se acordaría de mí. ¡Mi lindo chiquitín! —chilló emocionado. Tomó una "alegría", la desenvolvió y la mordisqueó.

El dulce (que no era tan dulce, al contrario, era simplón), le hizo recordar el primer día que lo había probado. Pedro Fernando le había llevado al campo de la parte oriente de la Cuidad de México y él había estado encantando. No siempre México se ponía tan cordial y feliz con él. España nunca había comido algo con esa textura y sabor.

Le acercó un poco de la alegría al chico del rulo, quien miró curioso el dulce que le ofrecía Antonio y con cierta renuencia lo mordió. Lovino no podría describir el sabor, ¿a qué venía tanta emoción de España por ese dulce?

—Simple —finalizó Lovino.

—Lo sé, pero… son de Pedro.

Ah, ya, ahora comprendía.

Lovino dejó escapar un sonoro suspiro, tal para cual. Padre e hijo —o hermano, o lo que sea que fueran esos dos idiotas—, no dejaban de sorprenderle. Se quedó mirando de nuevo al español, que no dejaba de reír como idiota y sonrió para sus adentros. Por lo menos Pedro Fernando sabía cómo alegrar al imbécil come tomates de Antonio.