Daba igual cómo le explicase la situación, Brittany no podía creerlo.

—¡Oh, no!

—Pero Britt, si no le…

—Lo tenía planeado desde el principio. Has caído en su trampa, Rachel. Te tiene exactamente donde quiere.

—No lo entiendes. Yo estoy enamorada de ella. Nunca había estado enamorada y es maravilloso. Absolutamente…

—Pero seguro que ella no ha dicho que te quiere —la interrumpió su hermana— Quería seducirte desde el primer día, Rachel. Quería acostarse contigo, como dijo mamá.

—Quinn no es así, Britt. Te lo juro. Lo que compartimos es muy apasionado por ambas partes.

Silencio.

Rachel suspiró.

—Por favor, Brittany, no lo estropees.

—Espero que tengas cuidado, Rachel. No debes quedarte embarazada por nada del mundo.

—No voy a quedarme embarazada, estoy tomando la píldora. No te preocupes.

—Pero es que me preocupo. No confío en Quinn Fabray.

—Ahora mismo soy muy feliz, Britt, y me ha pedido que me quede en su casa de Sídney mientras estoy compitiendo en el concurso. Eso significa que no quiere tenerme apartada de todos como sugirió mamá.

De nuevo, silencio.

—Brittany, entiéndelo, por favor —le rogó Rachel

—Me da miedo que te haga daño —replicó su hermana.

—Si es así, mi hermana, la enfermera, vendrá a curarme —intentó bromear ella.

—Siempre puedes contar conmigo, ya lo sabes.

La ferviente afirmación era una nota positiva para terminar la llamada.

—Lo sé. Te quiero mucho, Britt. Para siempre.

Y Rachel sabía que querría a Quinn Fabray para siempre también. El verdadero amor no era algo que apareciese y desapareciese de manera frívola. Quinn podría no quererla, pero tenían una conexión que iba más allá del sexo. Eso tenía que significar algo.

¿Pero sería una buena o una mala conexión por su parte? ¿Obtendría Quinn una oscura satisfacción por acostarse con ella, la hija de sir Russell?

No podía dejar de pensar en lo que Brittany le había dicho. Quinn había admitido que la deseaba desde que la conoció y había comprado tiempo para hacer que fuera suya, pensó luego. Posiblemente redecorar el dormitorio principal había sido una manera de seducirla. Ni siquiera había mirado los muebles nuevos…

«A ti te gusta, así que debe de estar bien. Eso es lo único que me importa».

Una maestra de la seducción que la había convertido en su amante; una amante agradecida que la atendía y estaba dispuesta a darle placer hasta que se hubiera cansado de ella.

Se le encogió el corazón al pensar eso. Se decía a sí misma que no había habido seducción, pero… la cena en Kirkton Park, una cena con rosas y champán.

¿Sería sólo sexo para Quinn?

«Por ahora no me canso de ti». Rachel sintió un escalofrío por la espalda al recordar esas palabras.

¿Cuándo se cansaría de ella? ¿Al final del año? Ese pensamiento la ponía enferma.

Pero no podía ser. Ella era feliz con Quinn. Y quería seguir siendo feliz con ella. No quería pensar que aquello fuese sólo una aventura pasajera para la rubia. No quería.

«Iré paso a paso y disfrutaré de cada minuto». Se llevó esa resolución con ella a Sídney para la competición, decidida a no malograr el tiempo que tuvieran juntas.

Le encantó su dúplex con la magnífica vista del puerto, le encantó estar con Quinn, compartiendo su cama y la emoción del concurso. Iban juntas cada día para entrenar y, en su tiempo libre, paseaban por el circuito lleno de casetas, comían algodón dulce y, en general, lo pasaron de maravilla.

Había conseguido un primer y un tercer puesto en dos de los eventos previos, pero el más importante, el que puntuaba para la Copa del Mundo, tendría lugar esa tarde. Y si volvía a ganar una escarapela azul con Midnight Magic sería el broche de oro de su viaje a Sídney.

Quinn estaría mirando desde las gradas. Rachel sabía dónde iba a sentarse y sabía que querría verla ganar. Estaba emocionada, más segura de sí misma que nunca. Y esperaba seguir sintiéndose así por la tarde.

—¿Quinn Fabray?

Quinn volvió la cabeza al oír su nombre y se sorprendió al ver a la hermana de Rachel acercándose a ella.

Rachel no le había dicho que su hermana fuese a ir al evento. Probablemente habría sido un impulso por parte de Brittany, pero no parecía contenta de verla allí. De hecho, parecía furiosa.

—Hola, Brittany —la saludó, levantándose— ¿Quieres sentarte conmigo?

—Sí, gracias —contestó ella, fulminándola con la mirada— Tengo algo que decirte.

Desde luego estaba furiosa.

—Dime lo que quieras.

—Rachel no te ha hecho nada. Mi hermana no le ha hecho nada malo a nadie en toda su vida. Y está muy mal querer vengarse de ella por lo que te hizo mi padre.

¿Vengarse de ella? Qué tontería. Le había dado a Rachel todo lo que quería y Brittany, la hermana más frágil, también estaba beneficiándose de ello. Pero aquel día no actuaba como una víctima.

—No fue culpa de Rachel que la adoptasen y le dieran todo lo que tú crees que era tuyo —siguió ella— No fue culpa suya que nuestra madre te alejase de la familia. Hacerla pagar porque tú lo pasaste mal es una indecencia.

—Rachel no está pagando por nada.

—¡No me refiero al dinero! Seguro que el dinero que le has dado es calderilla para ti. Es lo que estás haciendo con el… —se interrumpió a sí misma— es lo que haces con Rachel lo que es indecente.

—¿Indecente? —repitió Quinn, atónita— ¿De qué estás hablando?

—Mi hermana está enamorada de ti…

No, Rachel no estaba enamorada de ella. Rachel disfrutaba de un sexo fantástico con ella, que era diferente.

—…pero yo no soy ciega, Quinn Fabray. La estás usando para vengarte y cuando hayas conseguido lo que quieres de ella la abandonarás, como has abandonado a todas las demás mujeres en tu vida.

—¿Qué sabes tú de mi vida? —espetó Quinn.

—He estado investigando —contestó Brittany— Cuando Rachel me contó que estabais juntas miré en las revistas. Ha habido una larga lista de mujeres en tu vida, pero ninguna de ellas ha conseguido atarte. Y con mi hermana pasará lo mismo, ¿verdad?

—Rachel es diferente.

—Claro que es diferente. Diferente porque no es una chica frívola que va acostándose por ahí con todo el mundo. Se quedará desolada cuando te marches, pero a ti eso te da igual, ¿verdad? Tu habrás conseguido tu venganza y…

—¡Ya está bien! —la interrumpió Quinn— ¿Cómo puedes juzgarme por lo que dicen en las revistas? No tienes ni idea de quién soy, Brittany. ¿Por qué no confías en el buen juicio de tu hermana en lugar de inventar historias?

—Me fijé en ti cuando estábamos en la notaría. Eres fría, despiadada. Pero mi hermana no es así… cuando éramos pequeñas, Rachel siempre me protegió de todo. Era ella quien se llevaba todas las broncas, la que soportaba los castigos. No es justo que le hagas daño —Brittany sacudió la cabeza, angustiada— ¡No es justo! Si tuvieras un poco de decencia, la dejarías en paz para que no sufra.

Quinn se quedó en silencio.

La ratita se había convertido en una leona para defender a su hermana. Se había metido en territorio desconocido empujada por el cariño que sentía por Rachel. Y, aunque estaba equivocada, Quinn tenía que respetarla.

En realidad, debía admitir que no estaba del todo equivocada. Su frustrante falta de relación con sir Russell había sido un factor en su relación con Rachel. Pero castigarla por lo que su padre y su madre habían hecho… No, eso jamás se le había pasado por la cabeza. Y hacerle daño deliberadamente tampoco.

—Tú puedes tener a muchas otras mujeres —siguió Brittany— No te pasaría nada por dejar a Rachel en paz.

Quinn lo estaba pasando mejor que en toda su vida y no pensaba decirle adiós. Además, cuando todo acabase entre ellas, no dejaría a Rachel en la calle. De una forma o de otra se haría cargo de sus gastos. Ella no era como su padre.

—No sabes lo que estás diciendo, Brittany. Estás sacando conclusiones precipitadas.

—Dime que no es verdad —la retó ella— Dime qué no es verdad de todo lo que he dicho.

—Yo no he obligado a Rachel a hacer nada. Lo eligió ella misma.

—¡Ja! Una elección cargada de trampas.

Quizá tenía razón. Pero por lo que Quinn sabía del carácter de Rachel, nada la habría convencido para que se acostase con ella si no hubiese querido hacerlo.

—Deberías conocer mejor a tu hermana.

—Nunca la había visto así. Siempre ha sido tan sensata, tan fuerte. Tú la has vuelto loca, Quinn Fabray, porque te conviene. Y no me digas que no lo tenías todo preparado porque sé que no es verdad. No pienso marcharme de aquí hasta que me des tu palabra de que vas a olvidarte de esta vendetta.

Quinn sacudió la cabeza, pero decidió ser sincera con aquella chica que tanto quería a su hermana.

—El pasado tiene algo que ver con lo que siento por Rachel, es cierto. Pero también tiene que ver con lo que ella siente por mí. Y tú no puedes…

—¿Qué sientes por ella?

—Eso no es asunto tuyo. Es entre Rachel y yo.

—Es mi hermana, mi familia, lo que más me importa en la vida. Y tengo todo el derecho del mundo a cuestionar si a ti te importa también —replicó Brittany.

«Rachel Fabray montando a Midnight Magic».

El anuncio a través de los altavoces hizo que Quinn apartase la mirada. Se había perdido a los demás jinetes, no sabía contra quién estaba compitiendo Rachel.

La morena estaba ya en el circuito, acercando su caballo a la línea de salida y mirando hacia las gradas para buscar su apoyo. En cualquier momento la vería, vería a Brittany a su lado.

Sin duda, Brittany le habría hablado de sus sospechas, pero el contenido de la conversación le hizo sospechar que Rachel no sabía que pensaba ir a hablar con ella. Verlas juntas podría disgustarla y si perdía la concentración…

Quinn tomó la mano de Brittany y se levantó del asiento para Rachel las viera.

—Sonríe —le dijo— Finge que hemos hecho las paces. No debe estar nerviosa ahora que tiene que saltar. Así que sonríe, esto es importante para tu hermana —Brittany consiguió sonreír— Aplaude y sigue sonriendo.

Quinn empezó a aplaudir y se sintió aliviada al ver que Brittany hacía lo mismo. Rachel, desde abajo, sonrió. Esperaba que pudiera olvidarse de ellas o al menos creer que se habían puesto de acuerdo.

—¡Sentaos! —les gritó un hombre desde el asiento de atrás.

Decidiendo que no podía hacer nada más para arreglar la situación, Quinn se sentó.

—¡Rachel te importa! —murmuró Brittany, atónita.

—Pues claro que me importa —replicó Quinn— Y si a ti te importa de verdad, dejarás que me concentre en desear lo mejor para tu hermana.

Brittany no dijo otra palabra y Quinn ignoró su presencia, todo su ser estaba concentrado en Rachel y en el caballo que estaba montando, cada músculo de su cuerpo levantándose instintivamente cuando la morena se levantaba, relajándose cuando el salto salía bien. Midnight Magic era un caballo grande. Si no podía controlarlo bien, si se enganchaba con los cascos en alguno de los obstáculos…

El alivio cuando completó el circuito fue enorme. Ni siquiera había mirado el reloj, no sabía si tenía oportunidad de ganar. Pero Quinn estaba contenta de que hubiera llegado al final sin incidentes.

De nuevo, se levantó para aplaudir y Brittany hizo lo mismo.

Rachel las saludó desde abajo.

—Está contenta —dijo Quinn, sentándose de nuevo— Siento haberte hablado así, Brittany, pero tenía que hacerlo.

—No te preocupes, no estoy enfadada.

—Me he dado cuenta de que quieres mucho a tu hermana, y eso no es algo que yo haya tenido desde que mi madre murió. La verdad, no sabía lo importantes que erais la una para la otra.

Brittany la miraba como si le hubiera crecido otra cabeza y estuviera confusa sobre a cuál de ellas debía creer.

—Creo que a Rachel le haría ilusión que bajásemos las dos a darle la enhorabuena. ¿Te parece bien?

—Sí, claro.

—¿Quieres venir a cenar con nosotras?

Brittany tragó saliva.

—Siento haberme equivocado contigo. Es que estaba tan preocupada…

—Lo entiendo, pero vamos a olvidarnos del asunto. Eso es lo que yo intento hacer con Rachel, olvidar el pasado. ¿Quieres intentarlo tú también?

Quinn vio a la leona convertirse de nuevo en la ratita, sus ojos azules brillando de aprensión.

—¿No vas a contarle a Rachel lo que te he dicho?

—No, lo que siempre recordaré es que has sido muy valiente. Pero el resto está olvidado. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —sonrió Brittany— Eres una mujer muy decidida, Quinn Fabray, espero que puedas hacer que, al final, todo salga bien.

—Hay tantas cosas que conforman nuestras vidas, nuestras decisiones, nuestros errores. Pero, al final, cada uno se forja su propio destino. En cierto sentido, nuestro padre nos ha unido, pero lo que hagamos con eso depende sólo de nosotras.

Brittany la miró, pensativa.

—Sí, la verdad es que me gustaría cenar contigo y con Rachel. Me gustaría conocerte un poco mejor.

—Estupendo. Y ahora vamos a seguir viendo la competición.

Mientras observaba distraídamente a otro jinete completando el circuito, Quinn no dejaba de pensar en lo que acababa de conseguir con Brittany; los obstáculos que había tenido que saltar para conseguir lo que quería: que no hubiera nubes amenazando con tapar el sol de su relación con Rachel.

Lazos familiares.

Estaba involucrándose más de lo que había pretendido. ¿Dónde acabaría aquello?

Mientras se sintiera feliz seguiría adelante, se dijo a sí misma. Y era lógico que hubiese dejado a Brittany a un lado.

Rachel era la atracción principal.


¡Antepenúltimo capítulo!

Ya sé que a muchas no os gusta que las historias sean tan cortas, pero la verdad es que ahora mismo tampoco tengo tiempo de adaptar nada más largo, y como ya he dicho otras veces, estos fics ya los tenía adaptados desde hacía un tiempo.

Para el guest que me ha preguntado sobre adaptar alguna trilogía, bueno, lo había pensado pero solo he leído dos trilogías y una de ellas creo que está siendo adaptada (50 sombras); la otra POR AHORA la descarto (Serie Crossfire de Sylvia Day). Hace poco empecé a leer otra trilogía y por ahora me gusta mucho, pero solo voy por el primer libro, así que cuando lea más y tenga algo más de tiempo igual me animo a adaptarla :p

Eso es todo por ahora. ¡Hasta la próxima! :)

P.D: Si os gusta la lectura de este tipo os animo a leer el fic Faberry "Union Ties" de mi buena amiga Imalittlewanky, es la adaptación del primer libro de una trilogía ;)