=9. Cásate conmigo=
=En la actualidad. Una semana después de la final de la Copa Japonesa=
=Campo de entrenamiento del Tokyo FC=
Los cuartos de final, habían sido considerados como una prueba difícil para el Tokyo FC que como desde dos años atrás, era liderado por Jun Misugi y Co-liderado por Hikaru Matsuyama; la prueba, había sido más que nada, el hecho de que su oponente había sido el Kashiwa Reysol, equipo conducido por la delantera de Shun Nitta, y respaldado por la defensa de Kasuo y Masao Tachibana. El encuentro había resultado prometedor en la primera ida, dado el gol de ventaja que el Tokyo había obtenido en un marcador 2-1. El regreso sin embargo, había llevado nuevas técnicas de los gemelos Tachibana, quienes aunque dieron batalla, terminaron sucumbiendo ante el Tokyo con un rotundo 3-2.
Las semifinales, no habían mermado en dureza, pues su contrincante había sido ni más ni menos que el Yokohama Marinos, equipo conducido por Mamoru Izawa y respaldado por aquellos jugadores que comenzaban a sonar por su buen ataque; Kai y Nozomi Ishiguro. El encuentro había resultado bastante entretenido para los espectadores y bastante duro para los jugadores, pues desde ambos bandos, los ases del juego no solo habían tenido que emplearse a fondo, sino, jugar con el corazón. Al final y conveniente para sus planes, Hikaru y su equipo habían conseguido la victoria. La final que les esperaba, sin embargo, no tendría nada, que envidiarle a las semifinales.
Después de vencer al Gamba Osaka, dónde Kisugi Teppei y Makoto Soda habían conseguido armar una dupla de ataque impresionante, el Urawa Red Diamonds, conducido por Ken Wakashimazu y respaldado por Kazuki Sorimachi y Takeshi Sawada, había avanzado a las finales para enfrentar al líder la liga, el Tokyo.
Tras un encuentro bastante complicado, donde para ganar, no bastaba con voluntad e inteligencia en cuanto a técnica, el partido se inclinó con la balanza de la suerte hacia el Urawa, quién no solo atacaba con coraje, sino que defendía su portería como si un karateca estuviera ahí —y lo estaba—. Hikaru y Misugi habían tenido que verse con la derrota tras el silbatazo final, que había dejado el marcador, a favor del Urawa.
Desde la derrota que les había arrebatado más que la Copa, Hikaru había caído presa del miedo que le provocaba el no poder cumplir con los planes que ya tenía, pero Jun, como siempre, se encargó de tranquilizarlo y lo convenció de no hacer nada, hasta pasada la fiesta que los ex miembros del Toho, habían organizado para celebrar la victoria. Aunque se mostró un poco renuente, Hikaru terminó por acceder y en compañía de Yoshiko, de Jun y Yayoi, viajó a Saitama al bar que el trío Toho había conseguido para celebrar.
Si por algún momento durante la fiesta, la angustia volvió a inundar a Hikaru, nadie lo supo. Todos los presentes, quedaron completamente anonadados, con los acontecimientos que transcurrieron a esa fiesta. Desde la llegada de la excéntrica señorita que causó revuelo, hasta la golpiza que Ken le propinó a alguno de sus compañeros del Urawa Red. Cuando menos cuenta se dieron, Jun y Sawada habían sujetado al compañero de Ken, mientras Izawa y Sorimachi trataban por todos los medios de contener al portero; Hikaru había actuado de intermediario acallando los insultos de ambos chicos y haciéndolos escarmentar aunque si debía admitirlo, su postura se inclinaba a estar de lado de Ken.
Finalmente, cuando el suceso pasó, los invitados y anfitriones, excluyendo a Ken, intentaron por todos los medios salvar la noche, aunque al otro día, Ken y su espectáculo seguirían siendo el blanco de muchas habladurías entre sus compañeros de Urawa y entre los de la selección.
Camino de regreso a Tokyo, Yoshiko se había quedado dormida en el auto, mientras Hikaru conducía y 45 minutos de viaje, no le habían bastado al chico para decidir qué haría. No podía sacarse de la cabeza, la pequeña cajita de terciopelo negro que llevaba guardada en la guantera de ese mismo auto. Y quizás fuera un sitio tonto para ocultarla, pero Hikaru sabía que Yoshiko nunca metía las manos por ahí. De todas formas, no importaba mucho. Había perdido la copa. Durante el tiempo que el torneo duró, Hikaru había atisbado varios y pocos círculos metálicos que sirvieran a su propósito, pero solo cuando entró a los octavos de final, se había decidido a comprar aquel, él que guardaba y guardaría, porque el propósito no se había cumplido.
Y con un triste suspiro, Hikaru había dejado hasta ahí sus cavilaciones personales, habían vuelto a casa. Y cuando cargó a Yoshiko entre sus brazos y subió con ella acompañado de Jun, que le imitaba cargando a una dormida Yayoi, Hikaru no dijo nada, ni tampoco lo hizo su amigo, ya hablarían al otro día, cuando estuvieran a solas.
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—Entonces, ¿vas a esperar un año más para hacerlo, porque no ganamos la copa?— inquirió Jun, algo apesadumbrado.
—Y ¿qué más puedo hacer? Se suponía que si ganaba se lo diría, pero ¡oh! Sorpresas, cómo siempre me pasa cuando lo decido así, perdí. ¿Sabías que iba a confesarle mis sentimientos si ganaba el torneo de secundarias? Perdimos la semifinal contra el Nankatsu y ella se marchó. Mira lo que paso, una declaración en un aeropuerto no es precisamente una declaración. Tuve que esperar años para su regreso…— explicó Hikaru, apesadumbrado.
—Pues es precisamente por eso que yo creo que no deberías interrumpir tus planes. Sí, perdimos la Copa, pero Yoshiko sigue contigo, te vas a proponerle a ella, no a la Copa Japonesa. No creo que sea necesario esperar otro par de años para proponerle matrimonio, ¿sabes? Sobre todo, pensando en que ahora varios en la selección han comenzado a tener novia, quién quita, alguno decide dar el siguiente paso, cuando tú te decidas. ¿O deseas una boda doble? Porque si es así, yo me estoy decidiendo a pedirle a Yayoi que se case conmigo— le dijo el As de Cristal con una radiante sonrisa. Hikaru lo miró sorprendido.
—Jun… ¿hablas en serio?— le preguntó el castaño
—Pues claro que hablo en serio. Amo a Yayoi, la amo más que a nada en este mundo. Diga lo que diga, no busqué un tratamiento para el corazón por el soccer, lo hice por ella. ¿Sabes cuánto me iba a doler morirme sin haber pasado un largo tiempo con ella? Estoy sano ahora y sigo deseando mucho más tiempo con ella. Tú estás por cumplir los 26, dime entonces ¿vas a esperar a un más? ¿Si tardaste años en pedirle que fuera tu novia, tardaras lo mismo luego de la derrota para pedirle matrimonio?— Jun habló con aplomo, Hikaru miró a su amigo con una sonrisa.
Si hablaban en serio, ni Jun ni el mismo Tsubasa, podía haberle reclamado el hecho de tardar en cuanto a sus relaciones, porque ellos mismo habían estado durante algún tiempo, bastante ciegos respecto a las chicas que los amaban. ¡Él era el menos ciego! Pero el más tímido, tal vez. No lo sabía, según los últimos chismes, las revistas habían realizado el Top Timidez. Misaki había abandonado el primer lugar para pasar al segundo, Izawa se había recorrido al tercero gracias a su espectáculo más reciente y el que había subido a coronar la lista, había sido él. ¡El rey de la timidez! A eso lo reducía su actitud responsable y diligente, su estatus entre los seleccionados nacionales. Y bueno, no podía quejarse, era bastante tímido.
—Está bien, está bien— habló el castaño, decidido. No podía seguir postergando aquel momento— Este viernes, este mismo viernes pondré en marcha mi plan. Le pediré a Yoshiko, que se case conmigo—
Jun sonrió de medio lado, cuando Hikaru abandonó los vestidores, rumbo al campo para comenzar la práctica. A últimas fechas, los jugadores del Japón, habían decidido dar muchas más novedades que ser solo el país sede para el Mundial de Futbol que estaba a solo a un mes de celebrarse, desde el pequeño Taro, hasta los huraños Genzo, Hyuga y Ken, la línea seguía al intrépido Izawa, bajaba al pequeño Aoi y entonces, llegaba ahí, con el siempre centrado Hikaru.
Un nuevo impacto sacudiría a Japón. Un nuevo integrante que se unía a la horda de revuelo. Jun, rió para sí, no había mentido, él también tenía planes, pero sin duda, buscaría no causar tanto revuelo como Hikaru y sus amigos.
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=Jueves. (01:00 PM)=
=Campo de entrenamiento del Tokyo=
—Entonces, repasemos— pidió Jun, camino al estacionamiento del lugar. A su lado, Hikaru se mostraba un tanto nervioso, pero eso Jun, lo comprendía, el propósito de enlistar las cosas, era obvio que Hikaru no hubiera olvidado nada en su nerviosismo.
—Sí, repasemos— repitió Hikaru.
—Hiciste la reservación en Rigoletto ¿no?—
—Reservado. La mejor mesa, para las 7 PM.
—¿Ordenaste un buen vino?
—Ordené un buen Berdié: Amor, bastante espumoso— aseguró el castaño.
—Mandaste el traje a la tintorería—
—Justo ahora voy a recogerlo
—El anillo
—En la guantera
—Y lo más importante… ¿le darás flores?
—Pensé que lo más importante era el anillo— recapitulo, Hikaru.
—Le dijiste a Yoshiko que tenías una práctica dura y una conferencia, por eso del traje, le dijiste que luego la llevarías a cenar y que pasarías a su departamento a recogerla, si quieres triunfar esa noche, entonces, amigo mío, tienes que comenzar con unas buenas flores— aseguró Jun con una sonrisa.
—Oh, cierto. Entonces, encargaré el mejor ramo de azucenas, son sus favoritas— aseguró Hikaru.
—Pues entonces, estamos listos. Mañana, será una noche perfecta, te lo aseguro—
—No crees…
—No Hikaru, Yoshiko no te rechazará. Te lo aseguro. Pero por favor, si te dice que sí…. No olvides comprar un traje— le dijo Jun, recordando el bochornoso suceso que habían vivido con Tsubasa, cuando este, había olvidado comprar el traje que usaría para su boda a solo unos días de celebrarla.
Hikaru rió y negó con la cabeza. ¡Pero ojalá y una respuesta afirmativa no lo atontara como a Tsubasa!
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=Al otro día… (6:30 PM)=
=Departamento de Yoshiko y Hikaru=
¡Aquella no era su noche! En definitiva no era su noche. Hikaru le había pedido que se arreglara para salir a cenar, pues tras la práctica daría una conferencia en el auditorio del complejo, dada su ausencia de todo el día, el chico deseaba pasar una dulce velada con Yoshiko y ella había aceptado encantada.
Sin embargo, sus planes no habían marchado como ella deseaba. Había arruinado el bonito vestido rosa Carolina Herrera que había comprado para la fiesta de los Toho's, pero que no había usado por decidirse por el segundo vestido Chanel que había conseguido de última hora. Y esa noche, tampoco podría utilizar el rosa dada la garrafal mancha de café que le había derramado. Además de todo se le había roto una uña y solucionado el tema del vestido, quedaba su problema inmediato: ¿dónde demonios había caído aquel arete?
Sin duda alguna, Hikaru debía salvarle la noche porque no la estaba pasando para nada bien. Justo cuando encontraba el pequeño arete en forma de corazón que su madre le había dado por Navidad, Yoshiko escuchó el timbre, que indicaba que Hikaru había cumplido y que había ido a recogerla tal como debía hacer.
Echando una breve mirada a su reflejo en el espejo, la chica llegó a la rápida conclusión de que ese no era su mejor atuendo. Su vestido era negro y sencillo, tenía magas cortas y un escote circular, le cubría la mitad de los muslos, no era nada del otro mundo, nada tan bonito como el "Carolina Herrera". Y su cabello, tan solo lo había sujetado un poco con un deprimente broche fantasía y ni siquiera había superado el rímel y la leve capa de polvo que constituían su maquilla ordinario. Con un suspiro de resignación, se dirigió a la puerta y abrió.
Ahí estaba Hikaru, impecable en su traje negro, mostrando una corbata azul marino y una camisa blanca, con el cabello levemente despeinado. Olía a Armani y a canela, su fragancia típica que combinaba el perfume con el Shampoo. Sonreía y su sonrisa se acentuó aún más en cuanto la vio.
Para Hikaru, no había en el mundo chica más bonita que Yoshiko. Con ese vestido ajustado, con esa leve capa de maquillaje, con su cabello apenas sujeto por el brillante broche, irradiando belleza, encantando con su aroma a Chanel No. 5 y su Shampoo de moras.
—Te vez hermosa— le dijo él apenas pudo articular alguna palabra. Su voz delataba fascinación, completo éxtasis de encontrarla así y si a Yoshiko le habían quedado dudas sobre su atuendo, todas se disiparon cuando Hikaru la llamó hermosa.
—Tú también estás muy guapo— le aseguró ella en una sonrisa— ¿Qué traes allí?— le preguntó al advertir que Hikaru mantenía las manos ocultas, detrás de la espalda.
Cuando Hikaru alzó las manos, un hermoso ramo de azucenas azules se plantó frente a ella.
—Flores para la chica más hermosa del mundo. Espero te gusten— le aseguró él— Son flores especiales, para una chica especial, en un día especial—
—Un ¿día especial?— inquirió ella en una sonrisa.
—Muy especial. ¿Vamos?— Hikaru sonrió y extendió el brazo. Yoshiko, dejó el ramo en la mesita al lado de la puerta, dentro de un florero que ahí tenía. Sacó las margaritas que comenzaban a marchitarse y metió las azucenas, acto seguido, tomó el brazo de Hikaru y juntos abandonaron el departamento. Salieron del edificio entre charlas sobre el día que Yoshiko había pasado en la escuela y abordaron el Corvette rojo de Hikaru, rumbo a algún restaurante del que Yoshiko desconocía el nombre. Cuando tras 30 minutos de viaje, arribaron en el estacionamiento del Rigoletto, Yoshiko estaba completamente sorprendida, puesto que era bien sabido lo difícil que resultaba conseguir mesas. Más sorprendida estuvo cuando Hikaru indicó al mesero principal su reservación.
Una bonita mesera los condujo a su mesa, les espero a que tomaran asiento, les habló del plato principal y sacó de quicio a Yoshiko cuando se acercó a oídos de Hikaru para hablarle de algo que solo ellos sabían. Tras un asentimiento de cabeza de Hikaru y una amable sonrisa, la mesera se retiró, Hikaru, disipó sus dudas:
—Pedí que prepararan un platillo especial. Espero, que te guste el pato— le aseguró. Yoshiko abrió grandes los ojos y sonrió. Nunca había comido pato. ¿A qué se debía aquella cena tan especial? Habían comenzado a charlar sobre la práctica de Hikaru que no sonaba tan pesada como él había descrito que sería, cuando la mesera regresó y les sirvió el plato principal. Acompañaron el pato con una fina pasta y con un vino tinto especialmente pesado y con cuerpo, un delicioso Pinot Noir.
Hablaron mucho, comieron y degustaron el delicioso platillo, terminaron con una tarta de tiramisú deliciosa y solo entonces, Hikaru llamó a la mesera y volvió a hablarle al oído. Yoshiko pensó que tal vez, algún otro platillo les esperaba, pero cuando la mesera regresó, solo llevaba dos copas y una botella de vino. Se trataba de un Berdié: Amor, un vino tinto, espumoso y muy romántico. Un cava rosado realizado a partir de las uvas tradicionales, importado. La garnacha para el tono rosa pálido lo volvía antojable y el aroma a manzana y peras que emanaba de él raspaba el paladar invitándolo a probarlo. La mesera había abierto la botella pero no había servido el vino, se retiró con una sonrisa y guiñándole un ojo a Yoshiko. Entonces, Hikaru carraspeó y la actitud tan segura que había mantenido desde que llamó a la puerta, se difuminó.
De repente, el castaño se mostraba algo nervioso, quizás incluso un poco torpe, pero cuando habló, sus palabras sonaron dulces y firmes, seguras y agradables.
—Mi querida Yoshiko. Ha pasado demasiado tiempo desde que me sentí así de nervioso, pero ciertamente, no me desagrada la sensación. ¿Interesa recalcarlo? No lo creo. Pero la razón de mis nervios, eres tú. Tú, Yoshiko Fujizawa que una vez más te adueñas del protagónico en la vida de este humilde jugador. Tú, la más hermosa castaña, que desde su llegada al Furano, dio sentido a mi vida y una melodía cariñosa al latir de mi corazón. Eres mi pensamiento más frecuente, mi imagen más hermosa, mi experiencia más valiosa, eres el tesoro que no me permitiría perder, la dueña de mis suspiros y de mis sonrisas, la consoladora de mis derrotas y mi ancla para no ahogarme nunca. Eres mi mayor victoria. Mi único sueño verdadero. Yoshiko… sé que tuvimos un inicio difícil, que tuvimos que superar los nervios adolescentes y la distancia del océano, que incluso cuando volvimos a vernos, fue en circunstancias poco agradables, pero no sabes el inmenso alivio que sentí cuando aunque fuera herida te vi de nuevo. Viva, de regreso. Cuidarte fue lo mejor que pude haber hecho, que aceptaras ser mi novia solo fue la consolidación de mi felicidad. Y es por todo lo que hemos pasado desde el colegio hasta tu regreso, desde aquel picnic en Sankeien hasta nuestra mudanza a Tokio…— Hikaru se puso de pie, se dirigió hasta ella con una sonrisa tatuada en los labios.
Y entonces. Y solo entonces, se arrodilló.
Sacó una cajita de terciopelo negro de su saco y la abrió:
—Yoshiko Fujizawa… ¿te casarías conmigo?— le preguntó.
La felicidad inundó a Yoshiko, las lágrimas se agolparon en sus ojos, pero eran lágrimas de felicidad. En aquella hermosa cajita, reposaba un anillo, el anillo era de metal, plata seguramente y la piedra preciosa incrustada en el centro, formaba una pequeña flor de loto, era un diamante. Un diamante de verdad. El mejor anillo que hubiera visto alguna vez.
De repente el miedo se instaló en Hikaru, cuando Yoshiko comenzó a tardar en responderle, pero el pánico no duró mucho, porque entonces, Yoshiko asintió:
—Sí, claro que sí. Me encantaría, casarme contigo— le aseguró ella. Hikaru sonrió más ampliamente, sacó el anillo de la caja y tomó la mano de Yoshiko, le puso el anillo y se puso de pie. Yoshiko le imitó y se levantó y entonces, el restaurante entero se llenó de aplausos, los demás clientes habían visto a Hikaru pedirle matrimonio a Yoshiko y cuando vieron como ella aceptaba, no pudieron hacer más que aplaudir. Yoshiko besó a Hikaru.
Y la felicidad absoluta los envolvió a los dos.
Continuará…
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N/F:
*El revuelo causado por Ken y los demás miembros de la selección, se narra a lo largo de toda la colección. No olvides, pasar a leer.
*Rigoletto está ubicado en Japón, 106-0032 Tokyo, Minato, Roppongi.
N/A:
¡Hola a todas! Es un inmenso placer, presentarme hoy aquí, con este Capítulo 9, que anuncia la parte culminante de la historia. ¡Una boda! El capítulo 10, llega en breve con la última sorpresa que llega a la selección y el preámbulo a nuestro Fic comunitario, donde el Mundial y las sorpresas, empiezan. Saludos a todas, hermosas vacaciones.
GRACIAS A TODAS POR LEER.
Con cariño, JulietaG.28
—¡El balón es nuestro amigo!—
