My sweet

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Aclaración: Aquí Rosalya es la novia de Lyss no de Leigh, se lo comunico para que no crean que me he confundido ;)

Capítulo 9: Leigh

—Tome, cóbreme ésto, por favor—Dije en un tono de voz bajo. El dependiente, que hasta ese momento estaba de espaldas, se giró de repente y asintió—Muchas gracias...Señor—Finalicé.

—Son...40$, ¿tiene tarjeta de crédito?, también aceptamos—Metió mi nuevo vestido en una pequeña bolsa y se me quedó mirando, esperando el dinero, yo, buscaba el dinero en mi billetera, le entregué 50$ porque no tenía lo justo, fue entonces, cuando él fue a recoger el dinero y yo a tomar la bolsa, cuando su mano y la mía se tocaron por primera vez, fue un segundo, pero fue suficiente para que mis mejillas adquirieran un rojo intenso y mi vello se erizara, sin embargo, él permanecía como una roca, ni si quiera le dio importancia. Mejor.

—Discúlpeme—Susurré. Estaba a punto de irme, cuando su voz me alertó—:

—Perdone mis modales, es que estoy un poco agobiado y no sé cómo hacer para llevar ésta tienda solo, y mi hermano no quiere ayudarme—La tienda estaba a rebosar, había clientas jóvenes, otras tantas mujeres adultas buscando un conjunto nuevo para estrenar.

—Sí...Sí quiere le puedo ayudar, estoy buscando trabajo y bueno...Trabajaría duro, lo prometo—Sonreí. Me acerqué un poco a él y entonces habló—:

—Se lo agradecería mucho, mi nombre es Leigh, ¿y el suyo?

—Me llamo Natsuki, un gusto conocerlo, señor—Él rió dulcemente, me ruboricé. Su sonrisa era demasiado bonita como para no mirarla—¿Ocurre algo?

—Por favor, no me llames señor, tengo veinte años, no sesenta—Reí. Mis padres siempre me educaron con esa mentalidad, hasta que no conocieras un poco más a la persona, no se debe llamarla por su nombre de Pila.

—Lo siento, es la costumbre—Puse mis manos juntas y lo miré—:¿Cuándo comenzaría a trabajar?

—Pues, sí quieres, ahora mismo. Mañana te daré el uniforme, de momento trabaja con esa ropa—Asentí, pasé dentro del mostrador y él continuó—:Puedes dejar eso en el almacén, está por ahí. Girando a la derecha, la primera puerta.

—Muchas gracias—Dije, caminando hacia donde me había dicho. Entré y dejé la bolsa de antes en uno de los bancos, la verdad, hacía mucho calor, a pesar de que estábamos empezando la primavera. Me quité la chaqueta y salí, Leigh, un chico alto, de constitución delgada y pelo azabache, atendía a una de sus clientas en el mostrador. Era demasiado sexy. El uniforme le quedaba bastante ceñido, a pesar de que el traje parecía cómodo. Sus fuertes músculos se admiraban a través de la tela negra. Me relamí los labios e intenté que no se mostrara demasiado el sonrojo que había adquirido pensando en cosas no demasiado...Normales.

—¿Ya estás...—Empalideció al verme. Llevaba una camiseta de tirantes que dejaba ver un poco de mi escote, supongo que era por eso—: aquí...?, e-en fin...Atiende a ésta clienta, yo enseguida vuelvo.

—¿Dónde vas?—Pregunté inocente. Estaba claro donde iba. Solo hacía falta observar sus pantalones.

—A-A...¡A coger unas cajas de ropa!, ¡no tardaré!—Reí por dentro, sin embargo, no comenté nada más y me puse a trabajar. Pasé la camiseta de la mujer por el código de barras y le cobré.

—Ya he vuelto—Estaba a punto de decir algo como: ''¿Te habrás lavado las manos, no?'', pero entonces me arrepentí—¡¿Ya has despachado a todas las clientas!?—Dijo eufórico.

—Sí. Tampoco era para tanto, además, hasta tardado mucho. ¿Se te han caído las cajas...?—Él entendió perfectamente la indirecta, pero no dijo nada al respecto y me siguió el juego.

—No...La verdad es que no las encontraba—Reí—¿Sabes perfectamente que es mentira, no?—Asentí totalmente ruborizada—Ja ja, ¿qué quieres? Soy hombre, y tú una mujer muy hermosa.

—A-Anda, no me tomes el pelo.

—Lo digo enserio, tonta. ¿Y sabes qué?, agradeciéndote de que hayas hecho todo el trabajo sola, te voy a invitar a una cerveza.

—Lo siento...Es que no...—Me interrumpió.

—No he preguntado. Te dicho que te invitaré. Quieras o no—Lo miré, haciendo un gesto cómico. Fui al almacén y recogí mis cosas, incluyendo la chaqueta, me la puse y salí de allí.

—¿Ya estás lista?—Asentí. Salimos de la tienda y cerró la verja de metal con el candado—:Te queda bien ese conjunto—''Estoy se calienta'', pensé. Lo miré y él me guiño el ojo mientras caminábamos lentamente hacia el bar.

—¿Sabes?, nos acabamos de conocer y ya estás con los típicos piropos de hombres. Después, hablarás de temas más serios, hasta que pienses que te meteré en mi cama, te diré algo, he caído de esa nube de enamoramiento tantas veces, que ya me sé perfectamente la historia—Él me miró y dijo, serio—:

—Jamás pensaría que una chica como tú es una puta, perdón por la expresión, pero es la verdad. Yo también he sufrido bastante, aun que no lo creas, no estoy diciendo nada de esto para ligarte o algo así, soy honesto, y eso es bueno, ¿me equivoco?—Asentí—: Entonces, todo estará bien—Sonrió dulcemente mientras entrabamos al bar y nos sentábamos en una mesa. El camarero no tardó ni dos segundos en aparecer.

—¿Qué desea la pareja?—Me sonrojé.

—N-No…No somos pareja…—Murmuré—Y-Yo tomaré una coca-cola, por favor.

—Yo una cerveza, pero pequeña—Vi al chico apuntar a toda velocidad el pedido e irse a la cocina, estaba tan avergonzada que no me atreví a mirarle—No te sonrojes, Natsuki, no pasa nada—Dijo en tono gracioso, sin embargo, yo no me reí.

—P-Pero…—En ese momento, el camarero trajo las bebidas y yo, me callé. No quería continuar la conversación.

—Y…Bueno, ¿cuántos años tienes?, ¿diecinueve más o menos?—Dijo mirándome.

—Sí, ¿tú cuántos?

—Veintitrés—Dio un sorbo a su bebida. Yo hice lo mismo.

—Se está haciendo tarde, creo que debería irme a casa—Él levantó la mano, avisando al camarero, era muy cortés y educado.

—Yo te llevaré, espérame fuera.

—P-Pero…La cuenta…—Me interrumpió.

—Yo me haré cargo de ella, no te preocupes—¡Pero qué chico más amable! Asentí e hice lo que me pidió, lo que me sorprendió fue ver a Dake, un chico rubio con ojos verdes, hasta ahí bien, el problema…Problemón, es que es un maldito pervertido, ¡me había estropeado mi día en la playa!

—Vaya, hola, preciosa—Tomó mi cintura y me acercó a él con una sonrisa, grité—:

—¡S-Suéltame!—Puso su mano en mi boca, callándome.

—Mantén la boquita cerrada, si no quieres que te la cierre yo, y no precisamente con mi manita—Intenté que me soltara, pero no había manera, tenía mucha más fuerza que yo.

—¡Suéltala, cabrón de mierda!—Un grito me alertó, era Leigh, quien se había abalanzado contra el rubio y lo había apartado de mí.

—¡Vale, vale!, que le den por culo a la rubia, toda para ti, pero a mí déjame tranquilo—Y dicho esto, abandonó el lugar. Yo no sabía qué hacer, solamente reaccioné y abracé al azabache, el cual me mantuvo cerca de él durante todo el regreso a casa.

~Algunos meses después…Invierno ~

—¡Hola, Leigh!—Grité emocionada. Me había invitado a pasar un día en la nieve, solos.

—Jajaja, llevas el gorro que te regalé por tu cumpleaños—Me abrazó poniendo su cabeza en mi hombro, le rodeé la cintura con mis brazos.

—Es muy mono, aun que un poco infantil, ¿no crees?—Era un gorrito con la cara de un conejo dibujado, aun así era super mono, a mí me encantaba.

—Es tierno, como tú, ahora vamos—Agarró mi mano y nos montamos en su coche, el viaje era largo, hasta las montañas, aún así, teníamos muchas ganar de esquiar.

Después de una hora, aproximadamente, dejamos aparcado el coche en un trozo del pueblo, y fuimos caminando hasta el lugar. No estaba muy lejos, tan solo unos cuantos pasos. Lo mejor de todo, es que con el dinero de la tienda, habíamos alquilado una casita en la montaña, se subía en teleférico.

—Dejemos las mochilas y después ya nos vamos—Propuse. Él asintió.

Abrimos la puerta de la cabañita y quedé totalmente sorprendida, era muy bonita y acogedora.

—Natsuki—Dijo—Sal fuera, yo me quedaré un momento—Sin entender, lo hice. Pasaron alrededor de 10 minutos, y él no aparecía, me empezaba a preocupar, y justo en el momento que iba a ir a por él, apareció por la puerta.

—Ya estoy, perdón por tardar tanto—Negué con la cabeza.

Pasamos un día fabuloso, no me había divertido tanto nunca. Habíamos esquiado mucho, también en trineo, los dos juntos. Hicimos muñecos de nieve…Fue el mejor día de toda mi vida. Reconozco que siempre nos hemos llevado genial, nos entendemos perfectamente, nos gustan las mismas cosas…Y yo…Le veo como algo más, él no, pero…O bueno…Tal vez… ¡Dios, que cosas digo!

—Se está haciendo de noche, mejor volvamos—Asentí.

Al llegar, me senté en el pequeño sofá y él hizo lo mismo. Puse mi cabeza en sus piernas mientras él tomaba un mechón de mi cabello y jugaba con él.

—Oye—Oí. Abrí mis ojos ligeramente para encontrarme con la mirada penetrante del azabache—Toma.

—¿Qué es?—Me entregó una pequeña cajita roja, estaba cerrada, me quedé contemplándola por unos instantes. ''¿Qué se supone que es esto?'' decía mi mente.

—Ábrelo, y lo descubrirás—Dijo con una sonrisa. Me senté y él se puso detrás de mí, cogiéndome de la cintura y poniendo su barbilla en mi hombro derecho.

Abrí la pequeña cajita y quedé maravillada al ver la gargantilla de plata que contenía. Tenía forma de alas, como las de un ángel, estaban desplegadas.

—Feliz Navidad—Dio un beso a mi mejilla y continuó—: Pensé que un ángel necesitaría sus alas. ¿Te gusta?

—Es precioso, Leigh, ¿cómo no me va a gustar?—Preferí ser educada y no preguntar el precio—¿Mmm?—Vi que en la cajita resaltaba un trocito blanco, no sabía lo que era, así que tomé el borde y tiré. Era una hojita de papel. Era una poesía, comencé a recitarla en voz baja—:

Por un beso de tu boca, do caricias te daría

Tres abrazos que demuestren

Cuatro veces mi alegría

Y en la quinta sinfonía

De mi sexto pensamiento

En ese momento, comenzó a recitar la poesía él también—:

Siete veces te diría

Las ocho letras de un te quiero

Porque nueve veces por ti vivo

Y diez por ti muero.

—L-Leigh…Es preciosa…—No podía referirme a lo que acababa de oír, tan solo hacer preguntas tontas. Intentar cambiar de tema.

—Es lo que siento por ti… ¿No dirás nada?—Dijo con un poco de tristeza en la voz.

—Y-Yo…T-Tam-b-bi-en…—Mi voz temblaba demasiado, apenas podía mascullar palabra. La única forma, era demostrárselo con un gesto.

Me levanté, mientras él me miraba sorprendido, me giré y me senté en sus piernas.

—¿Q-Qué…—Tomé su rostro entre mis manos y le planté un beso en los labios, él se movió inquieto—haces…?—Reí, le había dejado con la palabra en la boca. Me tomó de la cintura y elevó un poco mi rostro, besándome de nuevo.

Pasó su lengua por mi labio inferior y después por el superior, tentándome. El sonrojo ya había aparecido en mis mejillas. Sus manos subieron desde mis caderas hasta mi espalda, y acariciaron la piel que estaba expuesta, como hacía calor en la cabaña, me había quitado la chaqueta y tan solo conservaba la camisa.

Me tumbó en el sofá y se metió entre mis piernas, es ahí cuando me di cuenta de la erección que tenía. Gemí.

—L-Leigh…—Murmuré por lo bajo, en realidad, quería seguir, seguir con él.

No pasó ni un segundo, cuando mi camiseta salió despedida hacia algún lado de la habitación, dejándome con el sujetador a la vista, se desabrochaba por el frente, así que bajó su vista hacia abajo y mordió con sus dientes el broche, soltándolo.

—¡Kyaaa!, ¡Leigh!—No me dejó terminar, su lengua se paseó por mi areola y después succionó el pezón con sus labios. Solté un gemido arqueando la espalda

—¡Leigh…!—Mientras su lengua se encargaba de endurecer el pezón derecho, con su dedo pulgar rozaba el otro, estimulándolo. Me tomó en sus brazos y me llevó a la habitación de matrimonio, recostándome en la cama.

Sin poder evitarlo, mi excitación hizo que le quitase la chaqueta negra que portaba, seguido de la camiseta y los pantalones. Me fije en el gran bulto que resaltaba de su ropa interior, y alargué la mano para comenzar a tocarlo por encima de los bóxers. Él me miraba con deseo y lujuria.

—Quiero hacerte mía…—Susurró en mi oído. Ya era hora de que me dejara de vergüenzas y me entregara al amor de mi vida, así que ''me guardé el sonrojo en el bolsillo'' y me subí encima de él. Puso sus manos en mi cintura y comenzó a mover sus caderas, haciendo una fricción notable entre nuestras entrepiernas.

—¡A-Ahhh!—Gemí. Comenzaba a mojarme mucho, la humedad inundaba mis bragas y parte del pantalón. Quitó el botón de la prenda y me hizo subir el cuerpo para poder quitármelo. Encorvé la espalda y me acerqué a su boca, besándolo con posesión y deleite. Su lengua danzaba con la mía en un baile, uno muy excitante, a decir verdad.

Cuando menos me quería dar cuenta, estábamos los dos desnudos, su miembro rozaba con la entrada de mi vagina. Pero antes de meterlo, metió dos de sus dedos en la boca y los paseó por mi intimidad. Metió uno, y esperó a que me acostumbrase, no me dolía mucho, por lo tanto, le di permiso para continuar. Fue muy dulce, no hizo ningún movimiento que pudiera hacerme daño. Sacó sus dedos, totalmente mojados por mi esencia, y se sujetó con sus brazos a cada lado de mi cabeza. Asentí, y él me besó. Entro en mí. Me dolía. Quería gritar, sentía ganas hasta de golpearlo, y sentía como un poquito de sangre salía de mi vagina. Pero no me quejé, gemí, sí, pero me tragué el dolor como pude. Él acariciaba mi cabeza y mi rostro, con dulzura, mientras besaba mi cuerpo y lo acariciaba. Sentía cómo su miembro crecía en mí, se hacía más ancho y se notaba aún más duro, pronto se vendría.

El dolor comenzaba a desaparecer, ahora había otra sensación, una muy distinta y placentera. Abracé sus caderas con mis piernas y me empalé en él una y otra vez, disfrutando de sus gemidos, al igual que él hacía con los míos. Bajó sus dedos índice y corazón a mi intimidad y acarició con ellos mi clítoris, totalmente hinchado y ligeramente rojo, estaba muy excitada con los movimientos tan candentes que me dedicaba el azabache.

Sentía mi interior más angosto. La respiración se me aceleró, al igual que el latido del corazón y entonces lo noté, había alcanzado mi primer orgasmo, fue increíble. Él se corrió después de un par de embestidas más, llenando mi interior con su eyaculación. Me abrazó tiernamente mientras ambos nos dormíamos. Me sentía protegida, y lo único que deseaba era estar con él. Te quiero, Leigh, hoy y siempre.

Fin

Tengo pereza de hablar mucho así que, dejen Reviews

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¡BESOS!