Tal y como prometí aquí el siguiente capítulo, los subiré más rápido esta vez. Espero que lo disfruteis y os esté gustando la historia ^^


Esa mañana todo el reino despertó con gran alegría:

En palacio , tanto el rey como sus hijos estaban preparados e ilusionados (unos más que otros...) para pasar el día en la ciudad . Las doncellas les había preparado bastante bien (sobre todo Anna) con hermosos trajes,esta vez por suerte no de princesa,y con un toque especial,capas . El rey no sabía por qué,pero era idea de las doncellas, y él en eso no intervenía...

Por otra parte,en una pequeña y humilde casa de las afueras,dos jóvenes se habían preparado también para esta festividad,alegres y felices,uno en especial...

No faltó nadie al evento,gente de todas partes se acercaba a disfrutar el extrañamente soleado día ,dispuestos a pasarlo bien y a llevarse grandes recuerdos de aquello...Aunque algunos se llevarán recuerdos únicos que nunca imaginarían...

-Como ya se os ha informado,no estamos aquí para divertirnos o para pasar un día en familia. Nuestro motivo de salida no es más ni menos que el dar buena imagen,así que no hace falta ni que os recuerde como debeis comportaros….espero –Comentó bastante frío el rey- Así que, montad cada uno en su caballo -

Y sin hacerse de rogar, los jóvenes príncipes montaron en sus caballos, encaminandose tras del rey hacia la plaza del pueblo.

-Ey Guinness, ¿no tenías ganas de salir? con este latazo de castigo que me han puesto llevamos tiempo sin montar, pobre - rió alegre Ian mientras bromeaba con su fiel corcel Guinness, un alto y esbelto caballo negro de crin blanca. La verdad es que el príncipe Ian adoraba los animales, y en especial a Guinness, junto al que había estado desde su tierna infancia.

Al poco tiempo llegaron al pueblo, donde cientos de personas esperaban alegres y ansiosas la llegada de la familia real. El rey saludó como sólo él sabe hacer, sonriendo ampliamente con una fingida amabilidad tan bien actuada que de no saber la verdad hasta sus hijos creerían que es un santo. Ken en cambio saludó sobrio como de costumbre, alzando la mano y centrándose más bien en seguir su camino, la verdad es que muchas mujeres del reino estaban encantadas con él, era alto, esbelto, guapo, serio, con el pelo rojo como el de un guerrero del fuego y unos profundos ojos negros como la noche, pero él, como era de esperar, no estaba interesado precisamente en damas. Saith, el más pequeño, era también también el más alegre, saludando sonriente a la gente y hasta estrechando algunas manos, era una persona realmente encantadora. En cuanto a Ian, estaba tan emocionado por salir fuera que no podía evitar ir algo distraído. Los altos y frondosos árboles, el cristalino y caudaloso río, las casas de piedra, la gente, el cielo... todo se veía tan nuevo, tan hermoso... que tan solo contemplarlo le bastaba para ser feliz.

- Bien, hemos llegado, atad bien las riendas de los caballos y vayamos a ver algún espectáculo ruidoso, así el pueblo estará contento -dijo el rey Arthur bajando de su blanco corcel y atándolo con firmeza a uno de los postes. Los príncipes le imitaron y tal y como habían acordado acudieron a diversos espectáculos bastante entrenidos la verdad, aunque sin duda el que más disfrutaba era Ian. - ¿Te lo estás pasando bien onii-chan? - preguntó el galés sonriente- Sí claro, la verdad es que no esperaba salir fuera, se ve todo tan... fantástico... -respondió suspirando Ian- Aunque... si tan solo... pudiera saber algo de él... estoy tan preocupado... - En ese momento Anna se acercó a ellos - Señorito Ian, señorito Saith, voy a hacer unas compras después de este espectáculo, vuestro padre os ha dado permiso para hacer lo que querais ahora, pero debeis volver antes de que anochezca junto a vuestros caballos, ¿Te apetecería venirte conmigo Ian? - El irlandés no se lo pensó ni dos segundos, tenía tantas ganas de verlo todo que cogió a Anna del brazo y salió corriendo alegre - ¡Tenemos que verlo todo Anna! ¡Por mí no te dejes ningún puesto! - Y entre risas y emociones se separaron de los demás para acercarse a su destino.

(Another side)

Mientras tanto en otra parte de la ciudad, entre tiendas y espectáculos callejeros, una joven de cabello negro acompañada por un apuesto americano charlaban sobre cierto príncipe. - ¿Le has visto Helena? ¡Era él! Iba tan apuesto en ese cabello, hasta eso le queda bien - Comentó riendo Alfred - Sí Alfred, ya sé que te has emocionado, no hace falta que lo jures -rió Helena- Pero, ¿Fue mi impresión o estaba algo alelado? - ¡No estaba alelado! ¡Sería la emoción del momento! Él siempre está perfecto - Protesto el sonrojado americano hinchando los mofletes- Ya verás, en cuanto me vea... será... - Helena entendió sin palabras y le dio unas palmadas en la espalda - ¿Cuánto falta para verle? - Pues... hemos quedado en la zona más alejada al acabar el espectáculo de los bailarines, por lo que ahora mismo debería salir - Entiendo, ten cuidado y aprovecha, ¿sí? No sabes si tendrás otra oportunidad... - Alfred asintió y abrazándola fuertemente se despidió de ella, encaminándose al lugar acordado.

En cuanto a los príncipes Kendrick y Saith, habían ido por su cuenta a pasear, Saith fue a un pequeño orfanato de la ciudad a jugar con los niños, le gustaba poder alegrarles los días, era alguien a quien realmente le importaba su gente, les trataba igualmente fueran de la clase que fueran. En cambio Ken fue a pasear por el río, le gustaba poder relajarse solo de vez en cuando, él odiaba la estresante vida de palacio y una salida como esta no debía desperdiciarse.

Por otra parte , la joven Helena regresaba por un sendero a la plaza para ver algún espectáculo más, había acordado con Alfred verse allí al anochecer para volver juntos a casa, y si por algún motivo el joven no pareciera, volviera sola y avisara a su padre de que seguramente Alfred no volvería. La joven rezaba para que todo saliera bien, pero nunca se sabe lo que puede pasar hasta que pasa. Precisamente eso le ocurrió a la muchacha, pues cuando apenas quedaba camino para salir del bosque y volver al poblado fue asaltada por unos supuetos ladrones. Varios de ellos la agarraron mientras otro le robaba la cesta , Helena intentaba zafarse y casi sin darse cuenta consiguió darle un puñetazo a uno de ellos, quien la soltó debido al golpe. Aprovechó ese momento para correr pero alguien la cogió fuerte del brazo y la tiró al suelo , por lo visto querían jugar , lo que no sabía ninguno de ellos es que en ese momento un encapuchado con espada aparecería y acabaría con todos , excepto con Helena...


¿Quién será el misterioso joven que ha salvado a Helena? ¿Serán descubiertos Ian y Alfred? Para saberlo leed el próximo capítulo.

Continuará.