Hola! Tenía el capítulo listo desde hace varios días, pero mi computadora tuvo que ir al doctor para que le arreglaran la tarjeta de video, así que no podía subirlo porque solo lo tenía guardado en el disco duro.
Espero que les guste el capítulo. Está un poco más largo de lo que acostumbro, espero que haya quedado bien.
¿Me hacen un favor? ¿Me dejan un review? No importa si es corto o largo, o si es con usuario o anónimo, es solo que realmente me motivo cuando me llegan sus bellos reviews y eso me da ganas de escribir más y más rápido. ¿Siiii?
¡Gracias por leer!
En el tren
Katniss permanece pegada a la ventana por una o dos horas después de que el bosque se trague lo último del Distrito Doce.
Al principio Effie y Haymitch se quedaron con nosotros en el vagón, mirándonos a ambos con cara de pena hasta que finalmente parecieron cansarse y cada quien se fue por su lado.
Yo permanezco en mi lugar, sentado en uno de los asientos que rodea la estructura metálica que compone el tren.
Analizo cuidadosamente la expresión en el rostro de Katniss y entiendo que ella piensa que esta será la última vez que verá a su hogar, sé que cree que tuvo su última conversación con Prim sin saberlo, que no se pudo despedir de Gale…
-Les escribiremos cartas, Katniss- le digo mientras me mantengo un par de pasos por detrás de ella y observo nuestros reflejos en la pulida superficie de la ventana- Así será mejor, les dará algo nuestro a que aferrarse. Haymitch se las hará llegar si hace falta.
Ella recarga la frente en el cristal y luego asiente y se encierra en su habitación. Lo dejo estar, e incluso disuado a Effie dos veces para que no la moleste. No es hasta que llega la hora de la cena que le pido que por favor llame a Katniss, pues me parece importante que coma para que se mantenga fuerte.
Cuando llega al vagón del comedor trae puesta una máscara de calculada indiferencia.
Nadie tiene ánimos para hablar durante la comida e incluso Effie, en quien siempre se puede confiar para rellenar los silencios con comentarios insustanciales, parece tan reticente como yo a empezar una conversación vacía.
Aun así lo intentamos un par de veces antes de darnos por vencidos.
-Me encanta tu nuevo pelo, Effie- comento solo por decir algo.
-Gracias. Lo pedí expresamente para que fuese a juego con el broche de Katniss.- dice mientras me dedica una sonrisa muy trabajada- Pensaba conseguirte una pulsera dorada para el tobillo y quizá un brazalete de oro para Haymitch,- a mi izquierda, escucho a un Haymitch totalmente sobrio maldecir en voz baja- para que vayamos todos a juego- termina diciendo ella.
Yo intercambio una brevísima mirada con Katniss y ella pone los ojos en blanco. Resulta evidente que Effie aún no sabe la relación entre el sinsajo y el movimiento rebelde.
-Creo que es una gran idea- le digo finalmente y el pie de Katniss impacta contra mi pierna bajo la mesa. No me duele en lo absoluto, así que la ignoro y me giro hacia nuestro mentor- ¿Qué te parece, Haymitch?
El despega sus ojos anhelantes del carrito del bar que aguarda en la esquina y me dedica una mirada cargada de veneno antes de responder.
-Sí, lo que quieran.
Effie tiene la amabilidad de devolver su copa de vino cuando ve el lamentable estado de Haymitch, pero el sigue retorciéndose en su miseria. Ni Katniss ni yo probamos el contenido de ninguna de las botellas, a pesar de que parecen tentar a todos con sus colores: rosa brillante, suave ambar, morado chillón…
Haymitch continúa mirando con tristeza cada una de las botellas y solo aparta sus ojos del carrito para mirarme con resentimiento.
Sé que me culpa. Si él fuera el tributo en este momento no me debería nada y podría ahogarse en alcohol si le da la gana, pero sabe que me hizo una promesa y no logrará ayudar a Katniss estando borracho.
-Quizá podríamos buscarte una peluca- comenta Katniss intentando bromear. Haymitch no se encuentra de ánimo para bromas, de manera que ella lo deja y volvemos a sumirnos en el silencio más absoluto.
-Bueno, eso ha sido terrible.- murmura Effie mientras se limpia la boca con una servilleta de tela- ¿Quieren que veamos los resúmenes de las Cosechas?- pregunta alegremente y todos la miramos acusadores por un segundo. Ella parece sorprendida con nuestra reacción y yo trato de pensar como ella por un minuto: es posible que si Katniss y yo no estuviéramos en esta situación ella estaría disfrutando de lo lindo en estos juegos.
De todas formas aceptamos, porque necesitamos saber a quienes nos enfrentaremos en la Arena. Me excuso por un minuto y camino hacia el vagón en que se encuentra mi habitación. Recojo el cuaderno con mis apuntes sobre los vencedores y abro el primer cajón de mi mesita de noche para comprobar que el relicario que escondí siga en el mismo lugar.
Cierro la gaveta de golpe porque las sensaciones que me produce son demasiado intensas y reales por el momento.
Me apoyo por unos segundos en la superficie de madera pulida y me esfuerzo en respirar.
-No voy a tener un ataque. No voy a tener un ataque. - me repito varias veces, pero con todo y me determinación permanezco inhalando y exhalando rítmicamente hasta que logro que mi corazón se tranquilice y mis piernas dejen de temblar.
Cuando estoy razonablemente seguro de que no voy a hacer una escena camino hacia el compartimento donde está el televisor y me siento junto a Katniss. Su posición, cosa extraña, parece ajustarse para acoplarse a la mía. Su hombro se pega al mío, al igual que su rodilla y sus mejillas enrojecen ligeramente.
Yo me hago de piedra y trato de respirar por la boca para regular mi ritmo cardiaco, esta vez por un motivo muy distinto.
Todos vemos la pantalla negra por unos segundos hasta que empieza a sonar el himno que da comienzo a los resúmenes de la Cosecha.
Panem ha tenido en su historia setenta y cinco Vencedores en un total de 74 ediciones de los Juegos del Hambre, de ellos, cincuenta y nueve seguimos con vida.
Cuando las cámaras se mueven para enfocar a los tributos reconozco a muchos de ellos, ya sea por haber visto sus grabaciones o por que se encontraban como mentores en los juegos pasados.
Muchos, como Haymitch, han sucumbido a adicciones como la bebida o la droga. Otros son muy ancianos y, algunos más se ven terriblemente enfermos, con sus rostros amarillentos y sus ojos cargados de dolor y pesar. Algunos, como Katniss y yo, se mantienen en forma y lucen bastante saludables.
Los distritos con más Vencedores son, por supuesto, aquellos con tributos profesionales tienen, es decir, los distritos 1,2 y 4. Aun así todos los distritos han logrado tener al menos un tributo de cada género, hombre y mujer, para el sorteo.
Afortunadamente las Cosechas avanzan a gran velocidad. Apenas si tengo tiempo de colocar una marca junto al nombre de cada seleccionado antes de que pasen al siguiente distrito.
Puedo sentir la mirada de Katniss yendo de la pantalla al rostro de Haymitch y no me imagino como será para él tener la certeza de que muchos de sus amigos y conocidos subirán al escenario una vez más y tendrán que entrar a la Arena para morir.
Effie interrumpe de vez en cuando con exclamaciones como "¡Oh, no! ¡Cecelia no!" o "Bueno, a Chaff nunca le ha gustado perderse una buena pelea". Sus constantes suspiros parecen poner a Katniss de los nervios, pues sus manos se retuercen constantemente sobre su regazo. Por momentos me pregunto si será posible que su temperamento le gane, se levante y le pegue un puñetazo a Effie, pero Katniss respira hondo constantemente y se mantiene sentada y en silencio.
El Distrito 1 envía como tributos a dos hermanos, hombre y mujer, que ganaron los juegos hace unos doce años, de manera que se encuentran en sus veinte tardíos o comenzando los treintas. Los dos se presentaron voluntarios en años consecutivos y regresaron como Vencedores. Son profesionales de lo más sanguinarios, claro está.
El tributo masculino del Distrito 2 se presenta voluntario, igual que lo hice yo, pero sus motivos parecen ser completamente diferentes a los míos: parece morirse por regresar a la arena. Tiene unos cuarenta años y se llama Brutus. Tiene un cuerpo sumamente trabajado y de acuerdo a mis apuntes, se especializa en el uso de lanzas. Tiene el cabello cortado al ras y una cicatriz le recorre la mejilla izquierda hasta perderse detrás de la oreja. Algo posterior a los juegos en los que se coronó Vencedor, por supuesto, pues el Capitolio nunca presenta a los ganadores de los Juegos sin pulirlos y curarlos antes.
Su compañera es Enobaria, quien ganó en los Sexagésimos Segundos Juegos del Hambre y tiene unos dientes modificados artificialmente para hacerlos puntiagudos como los de un tiburón. Es una clara referencia a la forma en la que ganó sus Juegos: le destrozó la garganta a mordiscos a varios de sus oponentes.
El Tributo Masculino del Distrito 4 es el legendario Finnick Odair, un tipo sumamente atractivo para todas las mujeres, no importa su edad. Su cabello broncíneo le cae en ondas sobre la frente y sube estoico al escenario.
Finnick fue coronado diez años atrás cuando solo tenía catorce años, así que es uno de los Tributos más jóvenes del Vasallaje si se nos deja a Katniss y a mi por Fuera, que apenas pasamos de los diecisiete.
En el Cuatro también seleccionan a una joven histérica con largo cabello castaño a quien reconozco como Annie Cresta. La mirada de dolor en la cara de Finnick cuando la llaman, mientras el aún se encuentra dentro del corral de los tributos, me dice que su relación debe ser algo especial.
De cualquier manera Annie no irá al Vasallaje porque cuando comienza a gritar surge una nueva voluntaria. Se trata de una mujer llamada Mags, la más vieja de los tributos que seguimos con vida. Tiene un cabello blanco muy ralo que recoge en una trenza y una sonrisa triste que exhibe una boca que ha perdido dos terceras partes de sus dientes.
Siento a Katniss tensarse a mi lado cuando ve como la mujer debe ayudarse con un bastón para poder llegar hasta el escenario.
Johanna Mason, del Distrito 7, se encuentra en una situación similar a la de Katniss: es la única Vencedora con vida de su distrito. Así que la lectura de la tarjeta debió haberle sentado bastante mal.
Cuando la representante del Capitolio, es decir la Effie del Distrito 7 pronuncia claramente el nombre de Johanna escucho sisear a Katniss a quien le desagrada abiertamente, posiblemente por el método que empleó para coronarse como Vencedora: fingió ser débil, cobarde e insignificante, dejó que la mayor parte de los Tributos se mataran entre ellos y luego, cuando el número de oponentes había descendido considerablemente, asesinó a los restantes mostrando un inusual talento para decapitar y mutilar.
Su talento con el hacha no me resulta sorpresivo: la economía del Siete se sostiene en la extracción maderera, así que estoy bastante seguro de que ella creció con un biberón en una mano y un hacha en la otra.
Empiezo a pensar cuál de estas selecciones resulta más deprimente ¿Mags que no es capaz de subir las gradas sin ayuda? ¿La mujer del Distrito 8, Cecelia, que apenas pasa de los 30 y cuyos hijos pequeños deben ser arrancados de sus faldas, a las que se aferran desesperadamente? ¿Los amantes trágicos del Distrito 12 que acaban de comprometerse y deben volver a la Arena?
Haymitch me saca de mis pensamientos en el momento en que suelta una maldición cuando en el Distrito 11 eligen a su mejor amigo, Chaff, como el tributo masculino.
Luego viene la selección de Katniss y la de Haymitch. Me agrada ver mi determinación cuando me presento voluntario. No hay duda en mi mirada o en mi postura, sólo completa resolución.
La presentadora del Capitolio tiene el maquillaje ligeramente corrido y los ojos llorosos cuando recalca como "la suerte nunca parece estar del lado de los trágicos amantes del Distrito Doce", pero después se recompone y asegura que estos posiblemente serán los mejores Juegos del Hambre de la historia.
Haymitch sale a trompicones del compartimento en cuanto termina la presentación, probablemente deseando poder refugiarse en el alcohol. Effie comparte algunos comentarios sueltos sobre los tributos, pero ni Katniss ni yo estamos por la labor de hacerle conversación, así que ella nos da las buenas noches y se retira.
A mi lado, Katniss se revuelve inquieta, así que me dedico a arrancar páginas y páginas de Vencedores que no irán a la Arena, pues soy dolorosamente consciente del cuerpo de la chica a mi lado.
Intento pensar en algo que pueda decir para reducir la tensión que nos rodea, pero no se me ocurre nada medianamente decente, así que termino enviándola a dormir:
-¿Por qué no duermes un poco?- le pregunto con suavidad.
Ella me mira por un instante y puedo ver en sus ojos como se debate ante la idea de decirme algo.
-¿Qué vas a hacer tú?- pregunta finalmente y yo sonrío, porque sé que no era eso lo que pretendía decirme.
-Revisaré mis notas un rato- le respondo- Así me haré una buena idea de a que nos enfrentamos. Aunque de todas maneras tendré que repasarlo contigo por la mañana.- sus ojos grises parecen perforar los míos- Vete a la cama, Katniss- le digo en un susurro.
Su expresión, casi herida, me toma por sorpresa y paso unos veinte minutos tratando de darle sentido en mi cabeza. Fallo estrepitosamente, así que me rindo, cierro mi cuaderno y me voy a la cama en donde no consigo dormirme.
A eso de la medianoche me llegan, aunque bastante amortiguados, los gritos de Katniss. Sus alaridos intercalan expresiones de terror con el nombre de su hermana y el mío. Cada uno de ellos parece abrir un agujero en mi alma y debo pelear conmigo mismo para no escabullirme en su habitación para que peleemos juntos contra las pesadillas, como lo hicimos durante nuestro Tour de la Victoria.
Finalmente decido que no hay forma de que pueda dormir esta noche, así que regreso a la sala de televisión, esta vez con la caja de las cintas que me envió Effie.
Coloco una, la de los juegos en los que los que ganó Brutus, del Distrito Dos, y pulso el botón de inicio del aparato reproductor. Empiezo a adelantar partes, pues tanta sangre y violencia me enferma, pero me obligo a analizar a fondo todas sus técnicas.
Cuando la cinta está acabando siento como el vello de mis brazos se eriza ligeramente y no me sorprende ver a Katniss de pie en la puerta del compartimento. Luce cansada y puedo ver sus ojos ligeramente enrojecidos.
Me siento inmediatamente culpable por no haber acudido a su llamado mientras la asolaban las pesadillas. Deseo, más que nada en el mundo, poder atravesar la habitación, envolverla en mis brazos y no dejarla ir nunca. Pero me contengo:
-¿No puedes dormir?- le pregunto con dulzura, fingiendo que no escuché sus gritos.
-No mucho- responde ella mientras se cierra la mullida bata alrededor de su esbelta figura como si fuera un escudo protector.
-¿Quieres hablar de ello?- le pregunto y ella se estremece. Se ve tan débil, tan desprotegida.
En un acto irreflexivo extiendo los brazos y ella corre hacia ellos y entierra su nariz en mi pecho.
Es la primera vez, desde el anuncio del Vasallaje, en que estamos de esta manera y puedo sentir como su cuerpo se relaja entre mis brazos. Posiblemente la responsabilidad es mía: no le he dado la oportunidad de flaquear desde que supe que sería mi absoluta responsabilidad regresarla a casa con vida. La he llevado al límite en cada sesión de entrenamiento y no hemos fingido ser una feliz pareja desde hace mucho, mucho tiempo.
¿Amantes? No. Ya ni siquiera me molesto en fingir que somos amigos. Y el temblor en su cuerpo me indica que eso le ha dolido. Ella se sujeta con fuerza a mi cuello y puedo sentir como su pequeño cuerpo vibra pegado al mío.
De nuevo soy dolorosamente consciente de cada célula de su cuerpo, pero suprimo el dolor y me quedo únicamente con la infinita dicha que siento al tenerla entre mis brazos. Ella respira casi con violencia, tomando grandes y rápidas bocanadas de aire con cada inspiración mientras trata de pegarse más y más a mí, como si temiera que la fuera a apartar de improvisa.
No lo hago, sino que respondo al abrazo. Elimino cada milímetro que separa su cuerpo del mío, entierro mi rostro en su cabello e inspiro su aroma, sintiéndome completo por primera vez en meses.
Su cuerpo se siente muy, muy cálido. Sus dedos se entierran en mi cabello, como hacía a veces cuando me besaba frente a las cámaras y la sensación es tan agradable que no puedo evitar soltar un suspiro contra su cabello. No sé cuánto tiempo estaremos así, pero sé que no seré el primero en apartarme.
Katniss parece entregarse con todo su ser al abrazo, convencida, probablemente, de que no le deberá cuentas a nadie porque no planea regresar a casa.
Al final, es la llegada del ayudante del Capitolio lo que nos da la señal de que debemos separarnos.
Trae una bandeja con una humeante jarra de cerámica y dos tazones que coloca sobre la mesa frente a nosotros.
Se aclara la garganta, visiblemente incómodo por habernos interrumpido y, aparentemente, sin saber que decir.
-He traído una taza de más.
-Gracias- le responde Katniss.
-Y he añadido un poquito de miel a la leche, para que esté más dulce- agrega él.
-Gracias- repite Katniss.
-Y un pellizco de especias- añade. Ninguno de los dos le responde nada y él nos mira deseando poder darnos algo más. Finalmente agita la cabeza y sale de la habitación.
-¿Qué le pasa? -pregunta Katniss cuando la puerta se cierra detrás de él sin bajarse de mi regazo.
-Creo que se siente mal por nosotros.
-Ya- responde incrédula mientras se ruboriza al darse cuenta de que sigue encima de mí. Se mueve hasta quedar sentada en el sofá y se inclina hacia adelante para servir la leche en los tazones.
-Lo digo en serio. No creo que la gente del Capitolio esté muy contenta con la idea de que volvamos- le digo mientras recuerdo la disconformidad de Effie y las miradas que nos han lanzado todos en el tren desde que lo abordamos- Ni con que vuelvan los demás Vencedores. Se encariñan con sus campeones.
Ella se encoge de hombros y me pasa una taza.
-Lo superarán en cuanto empiece a correr la sangre- responde con rotundidad y enojo.
No le digo nada, porque no hay nada en el mundo que pueda convencerla de que la gente del Capitolio, esa que ve a los niños de los distritos asesinarse unos a otros por pura diversión, puedan tener sentimientos.
-Entonces, -dice ella después de unos segundos de silencio- ¿estás viendo las cintas de nuevo?
-La verdad es que no, solo las paso a saltos para ver las técnicas de combate de cada uno.
-¿Quién toca ahora? - pregunta ella mientras observa las cintas que se encuentran dentro de la caja.
-Elige tú- le digo mientras le paso la caja.
Cada cinta tiene una etiqueta con el año del juego y el nombre de quien resultó Vencedor. Ella las mueve de un lado al otro y sus ojos se abren ligeramente cuando encuentra la caja de segundo Vasallaje. Un gran número 50 y el nombre Haymitch Abernathy se encuentran en la etiqueta con brillantes letras doradas.
Sé que a ella le parece tan incorrecto como a mí el ver esta cinta, pero de todas maneras me tienta:
-Esta no la hemos visto.
-No- le respondo.- Sabía que Haymitch no quería, igual que nosotros no queríamos revivir nuestros juegos. Además, como estamos todos en el mismo equipo me pareció que no importaba mucho.
Katniss mueve de un lado a otro el contenido de la caja, buscando algo. Finalmente pregunta:
-¿Está aquí la persona que ganó el Veinticinco?
-No lo creo. Effie solo envió los videos de vencedores que estén con vida, y no recuerdo haber visto ningún Vasallaje hasta el momento, así que asumo que debe haber muerto.- sopeso la cinta de los Juegos de Haymitch en la mano- ¿Crees que deberíamos verla?
Ella finge desinterés.
-Es el único Vasallaje que tenemos. Es posible que descubramos algo importante sobre cómo funcionan- en su rostro puedo ver que se siente incómoda.- No tenemos por qué decírselo a Haymitch.
-De acuerdo- acepto finalmente mientras meto la cinta en el reproductor y presiono el botón.
En cuanto me siento, Katniss se apresura a acurrucarse a mi costado, sosteniendo la taza con la leche sobre sus rodillas flexionadas. La forma en que encaja ahí sigue pareciéndome completamente irreal.
El video empieza con un círculo con un ornamentado número cincuenta y la leyenda "Vasallaje de los Veintincinco" escrito en letras rojas sobre un fondo negro. Aparece el Sello de Panem y empieza el Himno.
La primera escena presenta a un Presidente Snow con el cabello de un oscurísimo color café y sin arrugas en la cara. Se ve más joven, pero el sonidito que hace Katniss con la garganta me hace saber que sigue siendo igual de repulsivo para ella.
La lectura de la tarjeta se parece bastante a la que tuvo lugar hace semanas. Esta vez anuncia que en este Vasallaje se contará con el doble de tributos como una representación de que por cada habitante del Capitolio murieron dos en los distritos durante los días oscuros. El video se corta y empieza una larga Cosecha en la que cada Distrito debe dar no a dos sino a cuatro de sus niños.
Cuando llegan al Distrito Doce veo a una mujer con un estilo muy parecido al de Effie revolviendo la urna con los nombres. Ella también comienza con un "las damas primero" y saca la primera de las papeletas. Llama a una chica rubia, llamada Maysilee Donner ante cuyo nombre Katniss reacciona:
-¡Oh, era amiga de mi madre!- dice y luego guarda silencio.
En el video veo a Maysilee aferrada a otras dos chicas. Todas podrían pasar por hermanas, pues las tres tienen el mismo cabello rubio, pero reconozco los rasgos de la señora Everdeen en una de ellas y de inmediato comprendo porque mi padre se enamoró de ella. Es hermosa, aunque de una forma muy distinta a la de la chica que se acurruca más y más a mi costado. Parece una versión madura y crecida de Prim.
-Creo que esa que la abraza es tu madre- le digo en un susurro.
La chica finalmente rompe el abrazo y camina con determinación hacia el escenario. La rubia que se queda abrazada a su madre es idéntica a la que acaba de subir las escaleras y me recuerda vagamente a alguien más.
-Madge- dice Katniss.
Y entonces caigo en cuenta de que la esposa del alcalde tenía una gemela.
-Debe ser su madre. Maysilee y ella eran gemelas o algo así. Creo que mi padre me lo comentó una vez.
Luego llaman a mi tío por el apellido de soltera de mi madre, Phates y veo como su rostro se descompone.
No logro encontrar a mi madre en la multitud aunque si veo a mi padre, muy serio, entre los chicos que lo rodean.
Mi tío no se me parece en nada, exceptuando tal vez la línea de la mandíbula y decido no decírselo a Katniss. ¿Para que darle más motivos para odiar los Juegos y al Capitolio? Mi tío sube al escenario tambaleándose como si estuviera ebrio, pero sé que se debe al temblor de sus piernas.
Haymitch es el último en ser llamado y resulta impactante ver lo mucho que ha cambiado en los últimos veinticinco años. Luce joven hasta lo inverosímil y también fuerte… muy fuerte.
El chico en la pantalla resulta inclusive atractivo, con oscuro cabello rizado, granes ojos grises de la Veta y un aire oscuro y peligroso.
Junto a mí, Katniss se estremece.
-Oh, Peeta, no creerás que fue él quien mató a Maysilee ¿verdad?- estalla de improviso.
Espero que no lo haya hecho. Siempre está mal visto que los tributos de un mismo distrito se maten entre ellos, aunque a veces pasa, sobre todo en los distritos de los profesionales.
-¿Con cuarenta y ocho jugadores? Diría que es poco probable- al menos eso espero.
Vemos el desfile de los carros, donde a los chicos de nuestro distrito los vistieron con unos horribles trajes de mineros. Y luego comienzan las entrevistas.
No hay suficiente tiempo para fijarse en todo, pero como Haymitch ganó los juegos nos presentan sus tres minutos completos, donde un Caesar Flickerman, que luce escalofriantemente igual a la última vez que lo vi exceptuando el color de su traje, de un centelleante azul marino. Su cabello, párpados y labios, son todos de color verde oscuro para la ocasión.
-Bueno, Haymitch- comienza Caesar con su encanto habitual- ¿qué te parece que los juegos tengan un cien por cien más de competidores de lo normal? pregunta Caesar.
Haymitch luce bastante cómodo en el sillón de terciopelo en el que se encuentra sentado.
-No veo la diferencia- responde con soltura mientras se encoje de hombros.- Seguirán siendo estúpidos al cien por cien, como siempre, así que supongo que las oportunidades vienen a ser las mismas.
El público ríe por su desfachatez y Haymitch se permite esbozar una sonrisa.
Entiendo su enfoque de inmediato: mordacidad, arrogancia e indiferencia. Es demasiado importante para preocuparse por la gente que lo rodea. Inalcanzable. Un ídolo en potencia.
-Seguro que no le costó mucho interpretar el papel ¿eh?-comenta Katniss mientras llegamos a la mañana en que inician los juegos.
La cámara se posiciona en el lugar que ocupa una de las chicas, que sale del tubo de la Sala de Lanzamiento y entra a la Arena.
El estómago se me revuelve cuando la veo por primera vez y agradezco no haberme encontrado ahí realmente.
Puedo ver a un montón de jugadores restregándose los ojos, muchos de ellos tienen las bocas abiertas e incluso Haymitch se permite una pequeña expresión de placer antes de recomponerse y fruncir el ceño nuevamente.
El lugar es impresionante y hermoso. Así de simple.
La Cornucopia está en medio de un prado verde cubierto con flores de todos los colores del arcoíris. El cielo es azul celeste y está cubierto con nubes blancas que parecen hechas de algodón. Un montón de coloridos pájaros revolotean por el cielo. Algunos tributos olisquean el aire y me imagino que debe tener un aroma asombroso, por las caras que ponen. Pasan a una toma aérea que nos muestra que el prado tiene varios kilómetros de extensión. Hacia el norte hay lo que parece ser un bosque, en el sur, una montaña nevada.
Me imagino a mi mismo pintándolo. Puedo ver el pincel en mi mano e imagino la paleta llena de pintura de colores, mezclándose hasta dar con el tono exacto que genera el sol sobre las flores, sobre el césped cubierto de rocío, el azul cristalino del arroyo…
Tanta belleza debe ser una trampa, y sin duda consigue desorientar a varios de los Tributos, pues cuando suena el gong que acaba con la cuenta regresiva y les avisa a los jugadores que ya pueden descender de las plataformas, muchos de ellos no lo hacen. A decir verdad la mayor parte de ellos parece encontrarse en medio de un sueño.
Haymitch no. En cuanto suena el gong se baja de un salto de su plataforma y corre a gran velocidad hacia la Cornucopia aprovechando que la mayor parte de sus oponentes están desorientados y no ha comenzado el baño de sangre. El joven Haymitch toma una considerable cantidad de armas que desliza rápidamente en su cinturón o en los numerosos bolsillos de sus pantalones, se agencia una mochila de suministros para, finalmente, correr como alma que lleva el diablo para internarse en el bosque antes de que la mayor parte de los Tributos llegue a bajarse de la plataforma.
El baño de sangre es, sin duda, una masacre: dieciocho tributos de todas las edades están muertos el primer día. Mi tío es uno de ellos. Muere en manos de una de las chicas del Distrito Dos que le hunde un cuchillo que termina en un afilado gancho en el vientre y lo abre en canal hasta el esternón. El sonido líquido que produce el arma al enterrarse en sus entrañas me retumba en los oídos y se graba a fuego en mi memoria.
Pienso en como eso puede destrozarte cuando lo ves desde casa y entiendo mejor a mi madre ahora.
La chica de la Veta también muere durante el baño de sangre, pero su muerte, aunque sangrienta, es menos cruel. Una jabalina se le clava en el corazón y ella está muerta antes de tocar el suelo.
En los días siguientes queda bastante claro que la mayor parte de lo que hay en el lugar es venenoso: los frutos que cuelgan de los árboles y de los arbustos, el agua de los cristalinos arroyos e, inclusive, el aroma de las flores. Por las noches salen unos misteriosos capullos de entre los árboles que rocían un polen dorado en el ambiente el cual resulta tan rápido y mortífero como las Jaulas de Noche que Katniss y yo usamos para terminar los juegos pasados.
La hidratación es también una tarea difícil para los tributos: la única fuente segura es el agua de lluvia, que cae dos veces al día, de modo que si no conseguiste algún recipiente en la Cornucopia o no eres capaz de fabricar uno sin envenenarte, entonces deberás subsistir recogiendo agua con las manos o abriendo la boca para que las gotas caigan directamente hacia tu garganta. y la comida que se encuentra en la Cornucopia. Algunos tributos, como un las dos chicas del Siete que lograron sobrevivir los primeros días mueren después de fabricar cuencos con la madera de un árbol pues inclusive esta era tóxica.
En cuanto a la comida, la única realmente segura es la que se esconde en la Cornucopia y omo no podía ser de otra manera hay una gran manada de profesionales que se han asegurado la posesión de todos los bienes que hay en su interior. Son diez tributos que recorren la zona montañosa de la Arena en busca de víctimas que, usualmente, asesinan con lentitud y diligencia.
Dentro del bosque, Haymitch parece tener sus propios problemas: en los primeros días debe enfrentarse a una manada de unas peludas ardillas de color dorado que resultan ser bestias carnívoras que atacan en grupo. Además, las mariposas tienen un aguijón plateado en medio de sus brillantes cuerpos que causa un dolor que persiste por horas cuanto logran picarte, pero no te mata.
En el enfrentamiento con las ardillas Haymitch pierde la mayor parte de sus armas exceptuando un par de cuchillos. Aún así, él insiste en seguir avanzando, siempre de espaldas a la montaña que se encuentra al otro lado del prado.
La chica que señaló Katniss, Maysilee Donner, resulta ser un tributo de recursos. A pesar de que solo pudo sacar una pequeña mochila de la Cornucopia en la que encuentra un cuenco, unas tiras de ternera seca y una cerbatana, se las arregla bastante bien.
Emplea la gran variedad de venenos a su disposición y convierte la cerbatana en un arma mortal humedeciendo las puntas de los dardos en las sustancias letales.
A pesar de ello, en el día tres es atacada por unos mutos con forma de conejitos que, cuando se acercan lo suficiente te vuelven picadillo con sus afiladas garras. Maysilee consigue escapar gracias a su ingenio y al uso de los dardos, pero aun así se hace una herida que parece profunda en uno de sus brazos.
Al cuarto día la montaña se convierte en un volcán que mata a doce jugadores, incluyendo a la mitad de los profesionales.
Tomando en cuenta que la montaña sigue escupiendo fuego líquido en los siguientes días y que el prado no ofrece ninguna clase de escondite, los trece tributos que siguen con vida, Haymitch y Maysilee incluidos, no tienen más opción que refugiarse en el bosque a una distancia demasiado corta como para que cualquiera de ellos pueda sentirse remotamente seguro.
Haymitch nunca duda en la dirección que está siguiendo. Camina por días en dirección opuesta a la montaña, aunque un laberinto de arbustos, demasiado intrincado para parecer natural, lo obliga a desviarse del centro del bosque para rodearlos. Es entonces cuando se encuentra de frente con tres de los tributos profesionales.
Me sorprende la frialdad con la que enfrenta la situación: la expresión de su rostro nunca cambia, simplemente saca el cuchillo que le queda y se pone en posición para atacar y defenderse por igual.
El hecho de que ellos estén bien entrenados no parece desanimar a Haymitch, quien es sumamente rápido. Consigue matar a dos de ellos hasta que el tercero logra desarmarlo.
Justo cuando el profesional va a rebanarle el cuello un dardo se clava en su sien derecha y cae muerto junto a Haymitch. Maysilee Donner sale del bosque luciendo salvaje y letal:
-Viviremos más si nos unimos.
Haymitch le dedica una mirada evaluativa y veo sus ojos grises clavarse en el vendaje que le cubre la herida hecha por los conejos antes de responder:
-Supongo que ya lo has demostrado- dice mientras se rasca el cuello- ¿Aliados?
Maysilee asiente y así, sin más, se forma una alianza. Ambos saben que, en el mejor de los casos, uno de ellos volverá a casa. Los dos esperan ser el afortunado.
Al igual que nos pasó a Katniss y a mí, les va mejor estando juntos. Logran descansar más y recogen más agua de lluvia gracias al complicado sistema que logran idear. Se hacen de más comida luchando en equipo y compartiendo los suministros que se esconden en las mochilas de los tributos que van matando.
Haymitch sigue decidido a avanzar.
-¿Por qué?- le pregunta Maysilee varias veces y él se niega a darle una respuesta. Finalmente ella se niega a seguir caminando si él no le responde.
-Porque tiene que acabar en alguna parte ¿no?- dice él- La Arena no puede durar para siempre.
Ella entrecierra los ojos.
-¿Qué esperas encontrar?
-No lo sé- admite él.- Con suerte algo que podamos usar.
Después de lo que parece una eternidad, a pesar de que no pueden haber pasado más de tres o cuatro días desde que se formó su alianza, atraviesan un seto frondoso y enorme empleando un soplete de que le quitan a uno de los tributos muertos. Se encuentran en una tierra llana y seca que culmina en un barranco. Abajo, no se ve nada más que rocas escarpadas por montones.
-Esto es todo lo que hay, Haymitch, volvamos- dice ella, claramente molesta por haber perdido su tiempo y energía en llegar a ese lugar.
- No, me quedo aquí.
Ella lo mira herida, pero luego se lo piensa mejor y le dice:
-De acuerdo, solo quedamos cinco de todas formas. Será mejor que nos despidamos ahora. No quiero que seamos los dos últimos.
-Está bien- le responde él y no se molesta en ofrecerle la mano siquiera. Ella se aleja después de darle una última mirada y se pierde entre los árboles.
Haymitch camina de un lado al otro al borde del barranco, tratando de descifrar algo. Desprendeun pedrusco del borde del acantilado utilizando su pie y este cae al abismo y, en principio, desaparece para siempre.
Él se sienta a descansar cuando, un minuto más tarde, el guijarro vuelve y cae a su lado. Haymitch lo mira por unos minutos, completamente perplejo hasta que su rostro se llena de una súbita comprensión que me desconcierta.
¿Qué ha pasado? ¿De qué se ha dado cuenta?
Tira una roca el tamaño de un puño por el barranco y espera con la mano extendida. Un minuto más tarde la roca vuelve a su mano y él se ríe como un maníaco.
Está en medio de su ataque de risa cuando Maysilee empieza a gritar.
Me agrada ver que Haymitch deja de reír en cuanto sus gritos lo alcanzan y acude en su auxilio a pesar de que fue ella quien terminó con la alianza.
En cualquier caso llega demasiado tarde: una bandada de pájaros, de un rosa que me recuerda algunos de los trajes de Effie, la está atacando. Cuando Maysilee aparece en su campo de visión una de las aves le atraviesa el cuello con su pico fino.
Katniss se hunde en el asiento y su mano busca la mía mientras vemos como Maysilee muere. Haymitch sujeta su mano mientras lo hace, luciendo bastante impotente.
El le cierra sus ojos, de un brillante color azul cielo que se han quedado sin luz para siempre y se inclina hacia adelante. El rostro de Haymitch se esconde entre las sombras por un buen rato hasta que, por fin, logra recomponerse. Cuando se levanta para apartarse del cuerpo inerte de Maysilee no hay lágrimas en su rostro, solo una determinación fría y dura.
Haymitch no voltea cuando aparece el aerodeslizador para llevarse a la que fue su aliada. Sigue caminando y regresa hacia su posición en el barranco.
El mismo día mueren otros dos tributos. Uno de ellos en combate contra la chica del Distrito 1, el otro parcialmente devorado por las ardillas que tantos problemas le dieron a Haymitch. Y así llegamos a los dos últimos que compiten por conseguir la corona.
La chica del Distrito 1 no tiene nada de delicada. Es tan alta como Haymitch y más corpulenta.
El inevitable enfrentamiento es sangriento y horrible. Nada de fintar o retroceder. Ella se lanza sobre él y lo tumba boca arriba con su cuerpo presionándolo contra el suelo. Haymitch se debate y consigue sacársela de encima e invertir posiciones, no sin antes lograr un feo corte en uno de sus brazos.
Ella le mete un cabezazo y Haymitch se aparta escupiendo sangre. Ella arremete en su contra y el logra enderezarse y clavarle su cuchillo en una pierna. Ella utiliza su hacha para abrirle el estómago y veo, con creciente horror, como sus intestinos se asoman por la herida. En un esfuerzo sobre humano el clava su cuchillo a ciegas y es entonces cuando ella pierde uno de sus ojos. El arma sobresale de una manera repulsiva de su cuenca.
Haymitch se tambalea por dos o tres metros mientras se sostiene los intestino, ya sin armas, y ella lo persigue dando traspiés con un hacha cubierta de sangre con la que pretende rematarlo. Haymitch logra llegar hasta el barranco y se agacha justo cuando la chica le arroja su hacha. La última de las armas cae hacia el abismo.
Ella se sostiene la cuenca vacía de su ojo intentando contener la hemorragia, segura de que logrará sobrevivir más tiempo que Haymitch que pierde más y más sangre a cada segundo. Él empieza a convulsionar, pero resiste a sabiendas de que ya casi se acaba el minuto que tardan en volver las cosas cuando caen por el barranco.
El hacha sale volando hacia arriba y se clava de manera grotesca en la cabeza de la chica.
El cañón suena, aparece el aerodeslizador y se lleva su cuerpo inerte. Las trompetas anuncian a Haymitch como vencedor y yo apago el televisor con unas crecientes ganas de vomitar.
Ninguno de los dos sabe que decir por un buen rato. Finalmente, soy yo quien habla.
-Ese campo de fuerza al fondo del barranco era como el del techo del Centro de Entrenamiento. El que te devolvía arriba si intentabas saltar para suicidarte. Haymitch encontró la forma de convertirlo en un arma. No sólo contra los demás tributos, sino también contra el Capitolio. No esperaban que eso sucediera, ya sabes. No estaba pensado para formar parte de la arena, no planearon que alguien lo usara de arma. Que él lo averiguase los hizo parecer estúpidos. Seguro que les costó explicarlo, y seguro que por eso no recuerdo haberlo visto en televisión. ¡Es casi tan malo como lo nuestro con las bayas!
Y es de esa manera como Haymitch se nos une a Katniss ya mi como uno de los más odiados por el Capitolio. Los dejó en ridículo. Él también.
Katniss se ríe, ríe de verdad, por primera vez en meses. Se sostiene el estómago y apoya todo el peso de su cuerpo contra mi costado y unas grandes lágrimas le recorren el rostro.
Yo no me río. No logro encontrar la risa en mi interior porque sé que estamos completamente jodidos. Si Haymitch es otro blanco del Capitolio no hay fuerza humana que logre que yo pueda sacar a Katniss con vida de la maldita arena que nos espera.
Agito la cabeza y miro a Katniss que continúa riéndose como una psicópata.
Una voz interrumpe sus carcajadas. Es Haymitch:
-Casi tan malo, pero no del todo.
Katniss se gira como un resorte. Ya no se ríe y luce algo preocupada. Tal vez se siente culpable.
Haymitch no nos regaña y no nos recrimina el haber invadido su privacidad. Se limita a darle un largo trago a la botella de vino a medio acabar que tiene en la mano.
No tengo ni la fuerza ni el interés suficiente en recriminarle el hecho de que ha roto su promesa.
El me mira como esperando a que le grite o, mejor aún, a que lo golpee. No hago ni una ni otra cosa. Simplemente lo miro y veo a uno de las pocas personas, además de Katniss, que ha desafiado abiertamente al Capitolio.
Y pienso en que definitivamente estamos jodidos.
