CELEBRIDAD DEL MES

Traducido por Lucero Silvero (Beta Traductora FFTH)

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de blueberrytree, originalmente publicado en portugués. Únicamente me adjudico la traducción.

No copies, no plagies, no publiques en otros sitios sin permiso.

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DÍA 8

Vi a Edward desnudo, y por más que intentase, la imagen estaba anclada en mi mente y nada me hacía olvidarla.

Si existiese un premio a la falta de profesionalismo, sin duda alguna estaría nominada y ganaría por unanimidad. ¿Cómo lo encararía en el desayuno después de lo que vi la noche anterior? Y yo que creía que el sueño había sido lo peor. Dulce ilusión. Ahora, si soñaba con él, estaba segura que tendría una imagen real y exacta de todas sus partes.

Miré en dirección a la mesita ubicada al lado del cabecero de la cama y el reloj digital señalaba que eran las 9:10 de la mañana. Ya era hora de dejar de lado la vergüenza y bajar.

Al pasar frente a la habitación de Edward, vi que la puerta permanecía abierta, pero no me permití observar si él aún continuaba allí.

Cuando ingresé a la cocina, Zaza cantaba palabras incomprensibles.

—Buenos días —saludé ubicando una mano en el hombro de Zafrina y dándole un beso en la mejilla.

—Buenos días, niña. El desayuno ya está casi listo. Únicamente estoy terminando de rellenar este pan —dijo terminando su labor.

—¿Edward sigue durmiendo? —pregunté curiosa. Debería prepararme psicológicamente para encararlo.

—Sí. Marcus me comentó recién que la noche pasada fue muy provechosa para Edward. Cuando llegaron ya estaba durmiendo. ¿Qué sucedió?

—Digamos que Edward bebió más de lo debido la noche anterior.

—Me imagino el trabajo que debió haberte dado —comentó entre risas mientras ubicaba las delicias del desayuno en una bandeja.

—¡Moría de miedo de que se cayera en la escalera y terminara rompiéndose la nariz! —conté y ella se carcajeó, balanceando la cabeza de arriba para abajo como si aquello no fuese ninguna novedad.

—Una vez, cuando Edward aún vivía en Chicago, tuve que lidiar con él y Alice borrachos. Esme, su madre, no podía ni soñar en ver a sus hijos en aquel estado. Lo peor fue cuando decidieron actuar tal como la chica de "Exorcista" y vomitar por toda la sala. Pagué todos mis pecados cuidando a esos niños.

—Ambos tienen cara de haber hecho muchísimas travesuras cuando eran niños. Más aún Alice, quién parece sufrir hiperactividad —opiné mientras la ayudaba a ubicar la comida en la mesa.

—Eso dices porque aún no conoces a Emmett, el hermano mayor. Agradecí a Dios cuando fue a la universidad, a pesar de haberlo extrañado mucho.

—¿Suelen visitar con frecuencia?

—La que más visita es Alice. A decir verdad, hay épocas en las que está más aquí que en su propia casa. Esme y Carlisle intentan visitar algunos días al mes, debido a que extrañan a su hijo, pero Edward estaba tan enfocado estos últimos meses en su nuevo material que no podía darles demasiada atención. Emmett y Rosalie llegaron a California hace apenas tres meses, después de mucha insistencia por parte de Esme, quien deseaba que la familia permaneciera unida. Creo que aún están intentando adaptarse al lugar, pero ya aparecerán por aquí.

—Me gustaría tener la oportunidad de conocerlos, creo que sería interesante poner en la materia algo más profundo sobre las personas que son de gran importancia para Edward.

—Claro que los conocerás. El cumpleaños de Esme se acerca y estoy segura que Edward hallará alguna manera de presentarte a la familia. Desde que llegaste a esta casa está muy diferente.

—¿Diferente? ¿Cómo? ¿Está intentando enseñarme una imagen mejor para lucir bien en la revista?

—No. De manera alguna. Únicamente está menos enfocado en su trabajo. Creo que se está divirtiendo como antes de ser famoso. Si lo hubieses conocido antes de todo esto entenderías a qué me refiero.

—Espero no estar distrayéndolo lo suficiente como para terminar con su carrera —musité riéndome avergonzada.

—No seas tonta, niña. Eres inteligente, apuesto que sabes exactamente de qué estoy hablando —expuso colocando el dedo índice en la punta de mi nariz y dándome una sonrisa—. Ahora, siéntate. Buscaré la jarra de jugo y ya regreso.

Antes de que pudiera detenerme a pensar en lo que Zafrina quería decir, Edward ingresó en la habitación. Tenía el cabello desarreglado, un ojo abierto y el otro cerrado, y lucía enojado. Vestía únicamente un calzoncillo.

—¿Alguien podría decirme por qué desperté desnudo y con Carmen limpiando mi habitación? —preguntó mientras se sentaba. Atrás de él vi a Carmen con una sonrisa tan grande que parecía un niño en Navidad cuando ve los regalos bajo el árbol.

Ay, papi… —susurró Carmen sin desviar la mirada del cuerpo de Edward. Creo que alguien, a parte de mí, también presenció un buen show.

—¿Es que jamás cambiarás, Carmen? —preguntó Zafrina mientras se acercaba a la mesa y ubicaba la jarra de jugo.

—Ay, no tengo la culpa de que él estuviera borracho y desnudo. Simplemente hacía mi trabajo…

—Debiste al menos haberme tapado —murmuró Edward de mal humor.

Lo siento*.

—Carmen, mal puedo pensar. Facilítame la vida hablando el mismo idioma que yo —dijo.

—Dije que lo siento mucho —repitió, pero la sonrisa en su rostro indicaba que no era tan sincera respecto a eso—. Voy a desayunar después. Bella, ¿puedo arreglar tu habitación ahora?

—Claro —contesté a la vez que me servía un poco de jugo.

—Mi cabeza va a explotar —Edward comentó prácticamente rugiendo.

—¡Eso se debe a lo mucho que bebiste anoche! —exclamé sirviéndole también un poco de jugo—. Toma eso y come un poco. Cuando estés satisfecho se te pasará.

—Gracias —expresó luciendo su primera sonrisa del día.

—De nada.

—¿Fuiste tú la que me desvistió ayer? —cuestionó y Zafrina se rió a mi lado.

—No. Si viste eso suceder, probablemente fue en tus sueños. Cúlpate a ti mismo por dormir desnudo.

—Ni siquiera recuerdo cómo llegué a casa. Espero no haber hecho algo estúpido.

Continuamos comiendo, esta vez en silencio, hasta el momento en que Carmen llegó corriendo a la sala con el celular de Edward —que no dejaba de sonar— en las manos. No necesitaba ser un genio para adivinar quién llamaba a esta hora de la mañana.

—Hola, Jessica. No, aún no lo vi. Ya te dije que no es verdad. Porque recién me desperté. No. Lo olvidé. No hay como. Porque festejé más de lo debido ayer. Realmente no quiero escucharte reclamar ahora. Desmárcalo, diles que buscarás un espacio en mi agenda lo antes posible para reponerlo. No puedo. Estoy seguro que encontrarás la manera. Jessica, hablaré contigo más tarde, estoy desayunando. Voy a cortar, adiós —dijo al teléfono. Ni siquiera pude disimular el hecho de que estaba escuchando su conversación.

—¿Qué sucedió? —pregunté curiosa.

—Jessica me preguntó si había visto la página de chismes "TMI" hoy. Por lo que entendí, sacaron fotos mías y de Tanya ayer, a las que ni siquiera recuerdo.

—Mmm…

—Después lo voy a ver. Olvidé también que tenía una entrevista marcada para una radio, pero estoy sin condiciones para hacer cualquier cosa productiva hoy.

—Ya me parecía extraño el hecho de que no me hayas avisado sobre ningún compromiso para hoy.

—Lo olvidé por completo. Garrapata, hazme el favor de nunca más dejar que beba tanto.

—Anotado —respondí entra risas.

Tan pronto terminó su desayuno, Edward empezó a buscar a Nessie y cuando la encontró, la tomó entre sus brazos y la llevó con él afuera. Intenté ofrecerle ayuda a Zafrina para arreglar la cocina, pero ella demandó que fuese junto a Edward.

No fue difícil encontrarlo, ya que estaba en el lugar que imaginaba ser su preferido en la casa: la cama frente a la piscina. Su cabeza estaba enterrada en el colchón y temía que pudiese morir asfixiado acostado de boca para abajo. Nessie estaba con una expresión que únicamente podía descifrar como miedo. El brazo de Edward caía como un elefante sobre la pobre perra que intentaba con todas sus fuerzas salir del lugar.

—Edward, estás sofocando a la pequeña — dije levantando su brazo y tomando al animal, quien me agradeció con una lamida en la nariz.

—Quédate conmigo —pidió jalándome por la cintura.

Caí en la cama en el mismo momento, en una posición que no estaba ni acostada ni sentada. Nessie soltó un latido de desesperación y me acomodé, acostándome al lado de Edward. Él se acercó más a mí y posicionó su pesado brazo encima de mi abdomen.

—¿Esto es cruzar los límites? —preguntó girando el rostro, su aliento caliente golpeando mi cuello.

—Sí —respondí.

—¿Quieres que mueva el brazo?

—Es inapropiado —dije, creyendo que eso bastaría como respuesta.

—No respondiste mi pregunta.

—No.

—¿No, no respondiste mi pregunta o no, no quieres que mueva el brazo?

—Puedes dejar el brazo ahí —susurré.

Nessie se acostó entre las piernas de Edward y descansó la cabeza en su muslo. Cuando me acosté, mi camisa se subió un poco y cierta parte de mi abdomen quedó expuesta. La mano de Edward hacía una suave caricia en mi piel y me daba escalofríos. Mi corazón probablemente nunca latió tan erráticamente como latía ahora. Mi cerebro proclamaba simplemente una cosa: esto está mal.

La respiración de Edward era suave y no sabía si estaba durmiendo, pero tenía miedo de mirar su rostro. ¿Y si estuviese despierto y mirándome con sus vibrantes ojos verdes? Incluso con resaca, continuaba hermoso. Esto debería ser simplemente atracción, probablemente estaba retrocediendo y transformándome en una de esas adolescentes que cuando veían a su famoso favorito comenzaban a gritar frente a la televisión. La diferencia era que no estaba frente a la televisión, y él permanecía de carne y huesos a mi lado. Por más que estuviese en esa casa a poco tiempo, conocía algunas manías de Edward y a pesar de que su personalidad me irritase algunas veces, también me encantaba. Debería dejar de pensar en eso.

El calor no era tan intenso y el silencio del lugar terminó haciendo que cayese dormida por algunos minutos. La voz de Edward me despertó en seguida.

—Amo los días como este —comentó.

—¿Días como este?

—En los que puedo permanecer descansando en casa.

—Aquí es muy agradable —respondí sintiendo la brisa pasar.

—Es una pena que mi cabeza no deja de palpitar —explicó y solté una carcajada.

—Deberías tomar un remedio. Voy a buscar una aspirina para ti.

—¡No! —increpó sujetándome por la cintura con fuerza e impidiéndome salir del lugar—. Quédate conmigo. Nadie sabe hasta cuándo me dejarás sobrepasar los límites.

—Yo… creo que deberíamos hablar sobre eso —departí nerviosa. ¿De dónde saqué la idea de hablar?

—¿Sobre qué?

—Límites.

—Está bien. ¿Qué tienes para decir sobre eso?

—Las cosas que están sucediendo… no pueden continuar.

—No sé de lo que estás hablando —evadió, pero en una contradicción, su mano sujetó mi cintura con más fuerza.

—Claro que sabes, Edward. No puedo dejar que eso suceda otra vez.

—¿Otra vez? —cuestionó levantando la cabeza y ubicando su rostro en mi frente, cubriendo los rayos de sol que me golpeaban.

—Debemos ser profesionales y no lo estamos siendo.

—¿Por qué dijiste 'otra vez'? ¿'Otra vez', qué?

—No quiero hablar sobre eso.

—Entonces yo tampoco quiero hablar sobre límites —refunfuñó volviendo a colocar la cabeza en el colchón.

—Edward… —dije retirando su mano de mi cintura.

—¿Primero me dices que tengo que ser natural y ahora quieres que me controle contigo?

—No es eso.

—¿Quieres que trate esto como cualquier otro trabajo? Está bien. Lo haré.

—¡Tampoco es así!

—Si eres capaz de controlar lo que sientes, está bien. Únicamente no me pidas que haga lo mismo.

—Olvida todo esto entonces, no llevará a nada —dije levantándome.

—¿Te vas a enojar ahora? —preguntó.

—No. Simplemente estoy irritable esta semana.

—Entonces dame una sonrisa —pidió y como respuesta le mostré el dedo del medio—. ¿Viste, Nessie? Tu madre adoptiva es un amor de persona.

—Iré adentro. ¿Quieres la aspirina?

—Sí, gracias.

Avancé hasta mi habitación rápidamente para tomar mi celular y tan pronto entré escuché a Carmen tatarear en el baño. Ella parecía haber ganado la lotería de tan feliz que estaba. Podía concluir que ver desnudo a Edward no había bien a la sanidad de los otros. Después de tomar lo que necesitaba y la aspirina de Edward, ingresé en el closet con la intención de cambiarme la ropa, optando por un short y una blusa.

Pasé por la cocina para agarrar un vaso de agua y vi a Zaza, quien sonreía de oreja a oreja. ¿Qué sucede con las personas de esta casa que están tan felices? Al llegar al área externa, vi que Edward continuaba en la misma posición. Beber, definitivamente, le sería imposible.

—Toma, levántate para ingerir el remedio —demandé parándome a su lado y extendiendo mi mano con la aspirina y el vaso. Él los tomó en el mismo momento y como un hombre perdido en el desierto, bebió todo el agua de un solo trago.

—Garrapata, ¿en verdad me mandas intentar tener límites y vuelves con menos piezas de ropa? —indagó observándome y, para variar, dejándome avergonzada.

—Al contrario de ti, no voy a permanecer todo el día en pijamas.

—No estoy en pijamas, tengo un calzoncillo.

—Lo que sea, es lo mismo —dije girándome y yendo al otro lado de la cama.

—¡Oh! ¡Espera! ¿Qué es eso? —preguntó sin desviar su mirada de mi cuerpo.

—¿Eso, qué? —indagué sentándome a su lado.

—Tienes un piercing —dijo, sus ojos enfocados en mi ombligo.

—Sí, lo hice cuando tenía dieciocho años con mi mejor amiga, Angela. Siempre me olvido que lo tengo, a decir verdad. Fue hace mucho, pero no tengo el coraje de sacármelo porque siempre recuerdo el día en que lo hice. Fue uno de los mejores de mi vida.

—No deberías quitártelo, es sexy —dijo moviendo la mano con la intención de tocar mi piercing, pero llevándose una palmada antes de que pudiera alcanzar su objetivo.

—¡Quédate quieto!

—Únicamente quería ver como es.

—Son dos pelotitas plateadas, listo —exclamé tomando mi celular y observando los últimos mensajes—. Dios, a esta gente sí que le gusta mandarme mensajes…

—¿Quién?

—Compañeros de trabajo y algunos amigos.

Abrí el primer mensaje del trabajo y quedé aliviada al ver que no se trataba de algo importante, después fui a ver lo que mis amigos querían.

¡Es mañana! ¡Me gustaría tanto que vinieras! ¿No hay manera de hagas una pausa de los días con el Dios griego llamado Edward Cullen? ;) – Ang.

En serio, Bells. No quiero pasar mi cumpleaños sin ti :( – Ang.

Bella, soy Ben. ¿Podrías hacer un esfuerzo para venir al cumpleaños de Ang? Está peor que en los días de TPM O.o – Ben.

¿Ya follaron? ¿Es grande? – Jake.

¡Creo que conseguí alguna información sobre Jasper! Te mantengo actualizada. Faltan menos de 72 hs para verlo de nuevo :D – Alice.

—¿Cómo tu hermana tiene mi número? —cuestioné después de leer el mensaje de Alice.

—No se lo di yo. Probablemente lo consiguió sola. ¿Qué quería?

—Actualizarme sobre su nuevo caso amoroso.

—¿Tiene un nuevo caso?

—Más o menos. Digamos que las cosas aún no se arreglaron del todo.

—Ni siquiera preguntaré más. Alice únicamente arma locuras.

—Definitivamente —dije mientras respondía su mensaje y partía a los otros.

Ignoraría por completo el mensaje de Jake, podía apostar que estaba haciendo aquello únicamente para provocarme. No sabía cómo responder los mensajes de Angela, ya que nunca había perdido ningún cumpleaños suyo, pero tampoco era como si pudiera dejar mi trabajo de lado.

—¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara? ¿Algún problema en el trabajo?

—No. Es que mañana es el cumpleaños de Angela, mi mejor amiga, y no podré ir.

—¿Por qué no?

—Porque tengo que permanecer a tu lado, claro.

—Bella, no hay problema si estás lejos por algunas horas. Puedes quedarte tranquila, prometo no hacer nada increíble que puedas perder.

—¿En serio?

—Por supuesto. Si quieres, puedo ir contigo. Únicamente tengo que ver con Jessica cómo quedará el esquema de la entrevista, si es que ella lo remarcó para mañana.

—Angela enloquecerá si te llevo conmigo —comenté entre risas.

—¿Por qué? —preguntó.

—¡Porque ella está loca! Creo que estás en su Top 5.

—¿Top 5?

—Top 5 de los hombres con los que ella… mmm… hablaría en horizontal.

—Algo me dice que debería tenerle miedo.

—Nah, ella es un encanto de persona. Aunque algo demente algunas veces. Digamos que el día en que ella y Alice se encuentren no quiero estar cerca. ¡Hey! Ya que no tienes nada para hacer hoy, ¿habría alguna posibilidad de que podamos ir a una tienda a comprar regalos para Angela? —pregunté emocionada.

—Claro. Contigo emocionada de ese modo creo que sería crueldad de mi parte negarme.

—Gracias —exclamé con una enorme sonrisa.

—Si voy a ganar una sonrisa como esa siempre que haga lo que quieres, te transformarás en una mujer mimada.

Ya sabía exactamente lo que quería comprar para Angela y nuestra primera parada fue en una tienda de joyas. La asistente prácticamente tuvo un síncope al ver a Edward a mi lado.

—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó a Edward.

—Me gustaría ver algunas pulseras —pedí desviando su atención de Edward.

La vendedora me mostró una buena cantidad de pulseras, pero tan pronto mis ojos vieron una, sabía que era aquella. Angela tenía una gran fascinación por las joyas, desde que éramos jóvenes, y no me quedaban dudas de que amaría esta. El brazalete tenía la forma de diversas flores en plata, siendo la del medio de un oro rosa con un modesto brillante en el centro. Aquello me costaría una pequeña fortuna, pero ver la expresión de Angela al abrir el regalo sin duda alguna sería toda una recompensa.

Después seguimos hacia una tienda más, en la cual Edward casi comenzó a babear como un perro cuando entramos.

—¿En verdad me harás entrar en una tienda de lencería?

—Todos los años le doy lencería de regalo a Ang… Y este año no será diferente.

—Dejo bien claro que no quiero oír reclamos sobre cualquier comentario inapropiado que pueda hacer.

—Ya estoy acostumbrada.

En la tienda de lencería fue muy difícil lidiar con el asedio de las fanáticas encima de Edward y hubo una hora que ya estaba casi pidiéndole para que llamara a Felix, pues estaba asustada con tanta atención hacia nosotros, pero al fin de cuentas terminó no siendo necesario ya que el guardia de la tienda nos ofreció ayuda.

Edward intentó actuar normalmente, sin embargo, algunas chicas permanecían con el celular apuntado en su dirección; obviamente, quitando fotografías que serían publicadas en breve en Internet.

—Creo que voy a llevar este —comenté, mostrándole un babydoll negro que tenía un sostén media taza con una delicada y transparente tela saliendo del sujetador. Una braga negra completaba el modelo.

—Creo que deberías llevar uno para ti también. Hay veces que hace mucho calor en casa, estoy seguro que uno de estos sería muy útil.

—Claro que crees eso. A decir verdad, creo que voy a buscar algo para mí —dije observando las innumerables ropas para dormir que estaban frente a mí.

—Encontré lo que necesitas —exclamó Edward con una ropa que solamente podía ser descrita como un perfecto uniforme porno para una empleada doméstica.

—En tus sueños.

—Definitivamente —murmuró, pero pude escucharlo perfectamente.

—¡Mira lo tierno que es este! —proferí levantando un kimono corto que tenía varios cupcakes estampados.

—Creí que estabas enfocada en algo más sexy. ¿Estás segura que no quieres llevar el que te sugerí?

—Estoy segura. Vamos a pagar de una vez —dije notando que las personas, sin importar que estuvieran a metros de distancia, no quitaban su mirada de nuestra dirección.

De camino a casa, Jessica llamó a Edward una vez más, y después de lanzarle una enorme reprimenda, lo congratuló, pues desde que salió a la venta, el single del cantante continuaba en el primer lugar.

—Creo que voy a hacer algo para agradecer a los fans —comentó después de cenar cuando estábamos, nuevamente, en la área externa de la casa.

—¿Qué cosa?

—¿Sabes que al principio, antes de ser famoso, tenía la costumbre de publicar videos online, no?

—Por supuesto.

—Creo que voy a grabar un video haciendo un cover de alguna canción y lo colocaré en mi canal de YouTube, como en los viejos tiempos.

—Woah. Tus fans amarán eso.

—Es lo que imaginé. ¿Me ayudas?

—Claro.

Avanzamos hasta el estudio de Edward. Él se sentó detrás del piano y empezó a ejecutar algunas notas, pero rápidamente desistió y me pidió que lo ayudase a colocar el trípode con la cámara en el patio, donde estábamos sentados anteriormente.

Después de preparar todo, Edward estaba con la guitarra en las manos y yo sentada en una de las cama, cercana a la máquina que grabaría todo, lista para darle play. La iluminación del local era tenue y extremadamente intima.

—Avísame cuando tenga que apretar el botón —anuncié.

—Puedes comenzar —comandó y apreté el botón para empezar a grabar—. Hola, no sé cuánto tiempo hace desde la última vez que aparecí por aquí, pero como agradecimiento por el cariño que me tienen, decidí grabar un cover de una de mis canciones favoritas y espero que les guste el resultado. Esta canción se llama "Can't get you off my mind" y es originalmente cantada por Lenny Kravitz.

Él empezó la introducción con la guitarra y tan pronto las primeras palabras abandonaron su boca, sus ojos se cerraron. Cantaba cada palabra con mucha tranquilidad. Imaginé que permanecería el resto de la canción así, pero cuando esta pasó al coro, abrió los ojos y en vez de enfocarlos en la cámara, su mirada se posó en mí.

—"Babe can't you see… That this is killing me… I don't want to push you, baby… And I don't want you to be told… It's just that I can't breathe without you… Feel like I'm gonna lose control."**

Los pelos de mi brazo se erizaron y parecía que millones de mariposas bailaban en mi estómago. Mi mente no paraba de pensar en el significado de las palabras que salían con suavidad de sus labios. ¿Por qué me hace esto? ¿Será que estoy imaginando cosas? ¿Está cantando para mí?

—"Am I a fool to think that there's a little hope? Tell me, baby. What are the rules, the reasons and the dos and don'ts? Tell me, baby. Tell me, baby. What do you feel inside?"***

Conforme la canción continuaba, su voz subía más, sus ojos tan vibrantes me observaban y yo no sabía si salía corriendo o continuaba saboreando el momento mientras podía.

Cuando la canción terminó, permanecimos en silencio hasta el momento en que Edward se levantó para apagar la cámara, notando que yo sería incapaz de hacer eso.

—¿Te gustó? —preguntó, de cierta manera, tímido.

—Es una hermosa canción —susurré.

—Sí. Y tiene un hermoso significado.

—Mmm… —murmuré tocando la orilla de mi blusa.

—¿Estás bien?

—Sí. Creo que estoy algo cansada, simplemente eso.

—Publicaré el video. ¿Quieres acompañarme?

—Creo que subiré a mi habitación —dije ingresando a la casa junto a él y girando en sentido opuesto.

—¡Hey, espera! —exclamó jalándome del brazo y envolviéndome en un abrazo. Mis puños permanecían cerrados al costado de mi cuerpo, haciendo todo el esfuerzo posible para no tocarlo. No satisfecho, me dio un beso en la frente—. Buenas noches, Garrapata.

—Buenas noches, Edward —dije deshaciéndome de su abrazo y corriendo al piso superior.

Después de cambiarme la ropa, me acosté en la cama y mis pensamientos no me dejaban en paz. Necesitaba hablar con alguien. Llamaría a Angela, pero mañana era su cumpleaños y quería hacerle una sorpresa. Pensé mejor en mandarle un mensaje a otra persona que podría ayudarme. Él estuvo presente en uno de mis peores momentos y a pesar de ser un completo payaso, también sabía comportarse.

Desbloqueé el celular y digité rápidamente:

Jake, tengo miedo. No me quiero enamorar.

Extra: No es que me guste chismosear…

Zafrina Point of view

Apunté mi celular y capturé la imagen que estaba en mi frente. Crie a ese niño desde que tenía tres años y no admito que alguien se atreva a decir que me estoy metiendo donde no fui llamada.

Edward siempre fue un niño obsesionado por la música. En su adolescencia, después de los almuerzos en familia de los domingos, siempre avanzaba hasta el piano y era capaz de permanecer innumerables horas tocando sus composiciones si alguien no lo interrumpía.

Cuando la fama llegó, él quedó incontrolable. No digo que quedara engreído como algunas celebridades por ahí. Simplemente no sabía cuándo parar de trabajar. Las horas que pasaba conversando con su padre ya no existían y mucho menos los mimos que a su madre tanto le gustaba hacer. Emmett se casó y desde entonces había cuidado de su propia vida. Alice, insistente como solamente ella puede serlo, nunca se permitió alejarse de su hermano y queriendo él o no, ella siempre aparece para matar la añoranza.

Ya estaba conformada de que las cosas serían así para siempre, por más que me doliese el corazón. Sin embargo, cuando una dulce niña llegó con su maleta a esta casa, rápidamente noté el cambio. Los ojos de él se encendieron, la sonrisa no abandonaba sus labios y volvió a actuar como el Edward juguetón que siempre vi. Ella le hacía bien.

Observé otra vez la foto que había registrado y mi corazón se llenó de alegría. Edward estaba acostado con la cabeza sumergida en el espacio del cuello de Bella, su brazo protector alrededor de la dulce niña. Ella incluso intentaba mantener la distancia, pero su rostro lucía sereno y una sonrisa estampaba sus labios.

Apreté algunos botones y comencé a digitar un mensaje. Mira, no es que me guste chismosear, pero necesitaba compartir aquello con alguien que se alegraría tanto como yo al ver la escena.

Esto es lo que ha mantenido tan feliz a tu hijo los últimos días – Zafrina.

¿Están juntos? ¡Alice no me dijo nada! ¿Será que ella va a ser mi futura nuera? – Esme.

Por la insistencia del niño Edward, diría que sí – Zafrina.

Mantenme actualizada – Esme.

Por supuesto – Zafrina.

Aguantamos a Edward cuando se golpeó la rodilla, cuando lloraba incasablemente porque no quería tomar el jarabe para la gripe e incluso cuando se pasó días enteros cantando una maldita canción sobre una chica extranjera que no lo quería. Si soportamos sus peores momentos juntas, ¿qué tenía de malo que compartiésemos sus tiempos de felicidad?

La niña rodó en la cama y fui corriendo a la cocina. Si se enteraban de que los estaba espiando, no quedarían para nada contentos.

Mientras arreglaba algunas cosas en la cocina, la observé subiendo las escaleras. Minutos después bajó y me vio. Cuando nuestras miradas se cruzaron, le lancé una enorme sonrisa que ella devolvió.

Observé, a través del vidrio, el contacto de ambos y tal vez lo que no fuese obvio para ellos, lo era para mí: todo no pasaba de una cuestión de tiempo.


*Original en español.

**Traducción: Nena, ¿no puedes ver me que esto me está matando? Yo no quiero presionarte, nena. No pretendo dirigirte. Es simplemente que no puedo respirar sin ti. Siento que voy a perder el control.

***Traducción: ¿Soy un tonto al pensar que queda alguna esperanza? Dime, nena. ¿Cuáles son las reglas y razones, y que hacer o no hacer? Dime, nena. Dime, nena. ¿Qué sientes en tu interior?


N/T: ¿Ya están empezando a sentir cierta mudanza en el comportamiento de la Garrapata? Con calma llegamos allí…

Bueno, este capítulo tiene muuuucho material extra (la canción que canta Edward, los regalos para Angela, etc.) que encontrarán en el tumblr (el link se encuentra en mi perfil)

Mmm… ¿qué más? Ahh, no olviden unirse al grupo de Facebook (el link también se encuentra en mi perfil)

Y pues… eso. Nos leemos en algunos días :D