Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
La historia es una adaptación de la película 50 primeras citas, la cual es creada por mi amiga Elizabeth, quien me la concedió para compartirla con vosotrs
Siento mucho no haber subido ayer, pero tengo mi laptop estropeada y aquí estoy de prestado jaja.
Edward.
Llegué, en realidad, nervioso.
No sabía si iba a encontrarme con Bella, pero lo más probable, es que tengan apartada a Bella de mí.
Estaba preparado para cualquier cosa. Charlie estaba en todo su derecho me meterme a la cárcel y juzgarme por acoso. Eso era exactamente lo que había estado haciendo. Pero Bella ni siquiera podía ser partícipe de mi detención. Ni siquiera sabe que está siendo acosada por un extraño. En realidad, la palabra acosar, desde mi punto de vista, no era lo que estaba haciendo, al menos, no en el lado negativo de la palabra. Solo me acercaba a ella, porque estaba enamorado de ella.
Caminé con dirección a la casa. Me detuve delante de la puerta y, como la primera vez, se abrió sin ser llamada.
Estaba a punto de disculparme cortésmente, de decir que estaba dispuesto a pagar por todo lo que había hecho, cuando él habló.
-Quiero enseñarte algo. – dijo Charlie.
Fruncí el ceño, confundido. Cogió de mi brazo y tiro de mí hacia la parte trasera de su casa. Allí había una caseta de color marrón con la puerta cerrada.
-No hagas ruido – me advirtió.
Pronto Jake se unió a nosotros. Sus ojos aun me miraban con desconfianza.
Charlie entre abrió la puerta suavemente… y lo que vi, me dejó con la boca abierta.
Allí se encontraba Bella, cantando True, de William y Fergie.
No cantaba mal, pero si se podía decir que desafinaba un poco. Subida en una escalera, con uno de esos enormes pinceles en la mano, pintaba una pared blanca llena de flores, rosas y pequeños insectos con colores llamativos y resaltantes.
Me quedé con los ojos clavados en ella, en sus dibujos… pintaba estupendamente bien. Parecía una autentica profesional.
Charlie cerró la puerta. Dio media vuelta. Le seguí. A medida que nos alejábamos, Charlie me contaba.
-Hemos notado que solo canta los días que te ve.
Me quedé sin palabras. Estaba sorprendido. Obviamente, no me lo esperaba.
Mi corazón latía con fuerza y las esperanzas volvían a mí como el primer día.
-Sera una broma… ¿Esa canción?
-Era la canción de mamá y papá – intervino Jacob
-Cuando su madre vivía Bella hacia que me llevara esa canción cuando me iba a pescar con unos amigos. No volvía y tardaba días en regresar. Sabía que así echaría de menos a su madre y me haría regresar antes.
-Estoy conociendo una nueva faceta de usted, señor, y sepa que me aterra.
Les dedique una pequeña sonrisa de simpatía.
Hubo momentos de silencio. Jake y su padre se lanzaron miradas significativas. Espere pacientemente a que dijeran algo. Me estaba poniendo de los nervios.
-Quiero hacerte una pregunta – hablo el jefe de policía.
-Adelante.
-¿Por qué lo haces? ¿Qué sacas de todo esto?
Me planteé la respuesta detenidamente. ¿Qué porque lo hacía? Porque desde que la primera vez que la vi, quedé totalmente impresionado por sus ojos, su sonrisa, su timidez y aquel rubor de sus mejillas. Estaba enamorado de ella y era irreversible, tan irreversible como la lesión cerebral que tenía Bella. ¿Qué que sacaba con esto?
-No lo sé. – respondí simplemente.
Los segundos de un nuevo silencio fueron cortados por la voz de Bella, proveniente de la caseta. La voz de Bella se alzo, formando un horrible gallo, casi quedándonos sordos.
-¿Pero no querría pasar una hora al día con alguien así? -
Las miradas, las sonrisas y las palabras de Bella vinieron a mi mente, produciéndome una sonrisa.
-Pues no. Canta como el culo. – respondió Jake.
Charlie y yo le miramos con mala cara.
-¿Puedo haceros una pregunta? – pedí.
No asintieron, simplemente, esperaron.
-¿Qué pasara con el tiempo? Un día se levantara, se mirara en el espejo y vera que ha envejecido diez años de la noche a la mañana.-
Charlie me miro con el dolor, el tormento y la preocupación en los ojos.
-¿Sabes que, Edward? Eso es lo que me quita el sueño cada día.-
- O -
A la mañana siguiente me levante con aires y unos ánimos mucho más intensos que los días anteriores. Recordé todo lo sucedido ayer y recordé que Charlie me había dicho que, cuando quisiera, fuera a su casa… siempre y cuando Bella me invitara primero. Acepté encantado. Iba a ser pan comido… o eso esperaba. La verdad es que no tenía nada planeado hoy, es decir, nada planeado para que Bella se decidiera hablarme. Supongo que, ahora, puedo acercarme a la cafetería sin ser sacado como un acosador.
Fui primero a la barra, a saludar a Ángela y Jasper.
-Hola Edward, cuánto tiempo. – exclamaba Jasper.
-Hola Jasper. Ya te digo. ¿Qué tal todo por aquí?-
-Perfectamente. ¿Qué quieres que te ponga? -
-Llévamelo a aquella mesa – señalé la mesa que estaba delante de Bella – unos gofres y un café, por favor.-
-Enseguida.
Me levanté para sentarme justo delante de ella, pero a la mesa que tenía delante. Estábamos cara a cara, pero Bella estaba entretenida con sus gofres. Ahora esta hacia una pequeña cabaña.
Vestía su ropa de todos los días. Una camiseta azul tirantes, (ese azul quedaba realmente bien con su piel) y los mismos pantalones.
Cuando tuve los gofres en mi mesa… se me ocurrió una idea.
Con el cuchillo, empecé a partirlos, formando un triangulo con cada cuadrado. Cuando tuve cuatro, decidí hacerme un volcán.
No esperé mucho. Minutos después, tuve sus ojos puestos en mi plato. No podía sujetar bien las paredes del volcán. Sabía cómo arreglarlo, pero quería que se acercara y me aconsejara.
Hacia pequeños gestos con sus labios. Los apretaba, evitando reírse de mi corta mente, o muecas de contrariedad.
Sujetaba los gofres por los picos, impidiendo que se cayeran hacia atrás.
-No, no valgo para esto.- susurré para mí mismo, derrotado.
-¿Por qué no pruebas con algunos instrumentos que tienes en la mesa? – escuché su voz, dirigiéndose hacia mi – puede que te sirvan.-
Obedecí. Mire las diferentes cosas que tenía cerca, pero aun así me hice el tonto.
Con un suspiro impaciente, Bella se levantó y se acercó a mi mesa. Cogió unos mondadientes y pinchó los picos de los gofres.
-¿Lo ves? – dijo, orgullosa.
-Vaya, que tonto soy. No sé cómo no se me ha ocurrido antes.
-Algunos lo pillan mucho después – rio.
-Gracias – puse un tono sarcástico, en plan broma – se te da bien, por lo que veo.
-Es mi pasión hacer casitas con los gofres – se sentó, un acto que me pareció inconsciente. – Soy Bella –y me tendió su mano.
-Edward – la estreché – lamento interrumpirte el desayuno con mi falta de inteligencia.-
-No pasa nada – se encogió de hombros – cuando quieras, te doy clases.-
Ambos reímos.
-Hoy tengo el día libre – era sábado – cuando gustes – le brindé mi más cálida y traviesa sonrisa.
Se quedó abrumada. Sus ojos se internaron en los míos… y allí se quedaron, como hacia siempre que me veía… y me encantaba que perdiera el sentido del tiempo en mis pupilas. Yo hice lo mismo, pero deseé acercarme a ella y estrecharla entre mis brazos, oler su perfume, sentir la calidez de su cuerpo…
Alzó la mano, extendiendo su brazo hacia mi dirección. Cerré los ojos para disfrutar del contacto de sus dedos contra mi piel, paseándose por mis pómulos, mis labios, mis ojos… era un momento mágico, un momento del que seguramente no se repetirá todos los días. Incliné mi cabeza hacia delante… cogiendo su mano entre la mía.
La voz de Ángela nos interrumpió.
-Disculpen – carraspeó - ¿Quieren algo más?-
Bella y yo alzamos la cabeza. Rápidamente, su mano desapareció de la mía y fue ella quien respondió.
-No, gracias, Ang.-
-Por cierto, Bella, feliz cumpleaños.-
-Gracias – respondió ella, tímida.
Me miró a hurtadillas. Yo le dediqué una gran sonrisa. Cuando Ángela se hubo retirado, hablé.
-Felicidades – dije.
Ella se ruborizó y me brindó una tímida sonrisa.
-No es algo importante para mí. No me gustan mucho los cumpleaños.-
-¿Y eso?-
Se encogió de hombros.
-Supongo que me viene de familia. Pero he prometido a una amiga que hoy me lo iba a pasar en grande, así que así será.-
-Hazlo por mí, también.
Volvió a ruborizarse.
-Puede que lo pase en grande… si tú vienes también.-
Su invitación me tomo por sorpresa. Su mirada era intensa, esperando una respuesta. Podía leer en su rostro el miedo a que le rechazara, el temor a que dijera un no por respuesta… Si ella supiera que era esto a por lo que he venido hoy…
-Me encantaría. – acepté con una gran sonrisa.
- O -
Entramos a su casa. Yo al lado de Bella, muy pegado a ella, a decir verdad. Mi mano rozaba la suya. Deseaba cogerla y estrecharla con fuerza, entrelazar mis dedos con los suyos y suplicarle que nunca se olvidara de mí. Pero me contuve. Solo lograría estropear el momento y enfurecer a su padre y a su hermano.
-¡Ya estoy aquí! – aviso en voz alta.
Me adentré en el salón con ella. Los encontramos sentados en el sofá, viendo la tele.
-Hola hi… – dejó el saludo inacabado al verme entrar. – …ja.
Jacob alzó las cejas, sorprendido. Le dediqué una sonrisa como diciendo: lo he conseguido. Me debes cinco euros. Blanqueó los ojos y fijo su mirada en la tele mientras decía:
-¿Quién es tu amigo, Bella?
-Oh – dijo ella, mirándome – Papá, Jake, él es Edward, un amigo; Edward, él es mi padre y Jake.
-Mucho gusto en conoceros – dije con una sonrisa.
Hacia un gran esfuerzo por no reírme. Aquí, los tres, ya nos conocíamos.
-Lo mismo digo – respondió Charlie. – Bella, te tengo una sorpresa.-
-¿Otro regalo? – frunció el ceño a la vez que picaba unas patatas.
-Ven conmigo.
Bella siguió a su padre… y yo a ellos. Nos guió hacia la parte trasera de su casa, donde se encontraba la caseta color marrón. Entramos en ella… y lo que me encontré me dejó descolocado. Las paredes que, en el día anterior, estaban llenas de hermosos dibujos, estaban blancas, blancas como la cal. No había ni rastro de pintura… Una parte de mi espero que Bella regañara a su padre por haber borrado sus dibujos… pero para ella, las pinturas de ayer, no habían existido nunca. Era una pena borrarlos porque eran realmente preciosos como para desaparecerlos así como así.
Bella lanzó una mirada hacia las paredes, confusa.
-¿Pasa algo con la caseta, papá?-
-He visto que está muy pálida, me da dolor de cabeza. No se puede trabajar aquí.-
-Pues si – estuvo de acuerdo – la verdad es que necesita una buena mano de pintura.-
-Eso he pensado.
Entonces, Charlie destapó una gran mesa llena de pinturas de todo tipo de color. Bella aplaudió, ilusionada y contenta.
-¿Enserio? – dijo abrazando a su padre.
-Sí. Desmádrate, pinta algo bonito. Estoy segura que tienes inspiración.-
Bella se ruborizó al ver que su padre me lanzaba una mirada significativa. Desvió la vista y la clavó en las paredes blancas, nerviosa, llevándose el pelo hacia atrás.
-Okey. Yo me encargo. Venga, marchaos – no ordenaba – necesito tranquilidad. ¡Un momento! – nos detuvo - ¿No íbamos a ir hoy a La Push? Nos están esperando allí.-
-Lo han cancelado.-
-¿Y eso? – preguntó Bella, fingiendo tristeza ya que notaba el alivio que le daba eso.
-Sam ha tenido una pequeña caída. Se ha roto la pierna. Todos están allí cuidándolo.-
-¡Oh! Espero que no sea tan grave.-
-No lo es. – aseguró.
-Okey. Eh, iros a ver el partido. Iré cuando acabe.-
Bella se dio media vuelta, planeando lo que podía hacer en esta enorme pared.
-De acuerdo… buena idea – murmuró Charlie.
Cuando dio media vuelta para salir de la caseta, pude ver el verdadero rostro del jefe de policía. No dejaba que su hija lo viera, pero sufría por dentro.
Le seguí hacia el interior. Encontramos a Jacob haciendo un par de pesas al lado de las hornillas, reforzando sus músculos del brazo oyéndole susurrar: venga amiguito, engorda, engorda.
Blanqueé los ojos.
-¿Qué hay de comer, Jake?-
-Espaguetis, papá.
-Que no le caiga sudor a la salsa.-
-Vale, papá.
De encima de la refrigeradora, Charlie saco una pequeña caja de meta-l. La abrió, y de ella extrajo una cinta de DVD.
-¿Qué es eso? – pregunté.-
-El partido. ¿O es que crees que lo echan en la tele todos los días? – me hizo saber Jake.
Me quedé anonadado.
Minutos después nos encontrábamos sentados en el sofá, con la tele apagada. Charlie y yo nos encontrábamos jugando al póker, mientras que, Jacob, continuaba con abdominales. Así pasamos un par de minutos, minutos que se convirtieron en horas… aproximadamente 3. No sabía porque Charlie había sacado la cinta si no pensaba verla. Estos últimos pensamientos fueron cortados cuando la puerta se abrió. Charlie abandono el juego y encendió rápidamente la tele, donde lo primero que vi fue el partido.
-¿Qué tal, chicos? – preguntó con una botella de agua en la mano.
Sus pantalones estaban manchados… pero si se ponía esto todos los días… ¿Cómo…? Oh, claro, los lavaban.
-¿Qué tal te está quedando, cielo?-
-Uhhhh ya lo veras. – se sentó al lado de su padre.
-¿Cuánto van?-
-Los boykinsestán a dos yardas. Si marcan nos ponemos 14 a diez.-
-A lo mejor ganan por ser tu cumple, Bella – le dije con una gran sonrisa.
Ella se ruborizó. Bajo la mirada y habló:
-Apuesto a que González hace jugada individual.-
-Apuesto a que Torres hace pase a Vladimir y se la pasa a González en la línea de gol. El que pierde lava los platos.-
Bella lo miró, con los ojos entrecerrados…
-Hecho – extendió la mano con una sonrisa en los labios.
Nos quedamos en silencio con los ojos puestos en la tele. Las palabras del reportero fueron las mismas que utilizó Jacob hace unos segundos para hacer la apuesta. Bella se quedó anonadada, con los ojos como platos mientras que Jake seguía con sus abdominales, apretando los labios con fuerza para no reírse.
-Joder, Jake, eres un crack. – exclamó Bella.
Esta última se levantó para volver a la caseta
-Deberías ser entrenador.-
Veía la escena desconcertado. No entendía nada… ¿Cómo demonios Jake iba a saber que…?
Cuando Bella hubo desaparecido, Charlie cogió el mando a distancia y se lo tiró a Jacob.
-¡Estúpido! – exclamó Charlie.
-Oye, me ha dolido – se levantó Jake. – como si se fuera a dar cuenta de algo – murmuró Jake.
-Te deseamos todos, cumpleaños feliz…-
Bella sopló las velas, con los ojos puestos en los míos. En toda la tarde no había dejado de mirarme… como yo tampoco podía despegar mis ojos de los de ella. Se había pasado las últimas cinco horas cantando en la caseta, pintando y coloreando las paredes. Reía cada pocos minutos cuando un gallo llegaba a nuestros oídos. Charlie y Jake me miraban como si estuviera loco cuando me reía por nada.
Decidí darme un paseo por la caseta, para ver cómo iba. Los dibujos y las pinturas eran diferentes a las del día anterior. Hoy veía un enorme rosal con pequeños y diminutos insectos a su alrededor. Era precioso…
-Gracias, chicos – agradecía ella – la verdad es que no me hacía ninguna ilusión bajarme a La Push. Es el mejor cumpleaños que he tenido.-
Charlie y Jake me miraron de reojo y blanquearon los ojos. Si, vale, piensan que yo he sido el causante de su mejor cumpleaños. Eso me alegraba, demasiado.
-Toma – extendió Charlie – es un regalo de Sam, Dice que espera que te guste.-
Bella lo cogió y lo abrió lentamente. El paquete forrado con papel de regalo era una película.
-¡Planes de Boda! – exclamó – Hey – nos miró a todos con una gran sonrisa – podemos verla después de comer la tarta.
Charlie y Jake hicieron una mueca de disgusto y reprobatoria. Pero rápidamente unas sonrisas asomaron por sus labios.
-Claro – dijeron al unísono.
¿Qué demonios pasa? ¿Por qué…?
Minutos después nos encontrábamos en el salón. En el transcurso de la peli, Bella la veía absorta, sin despegar la vista. Con unas palomitas en la mano, dijo:
-Oh, ¿Os esperabais que el chico que había conocido, y del que se está enamorando, es el futuro marido de la novia de la boda que Mary estaba organizando?-
-No – negó Jake.
-Que va – respondió el padre.
-Ni me lo imaginaba – bostezó Jacob.
Después, para ellos, el resto de la película fue aburrida. Charlie se durmió y Jacob empezó (otra vez) con sus pesas. ¿Es que este enano no se cansaba nunca o qué?
El desenlace de la peli Bella tuvo que utilizar unos clínex. Era un bonito final, tierno y romántico.
Jake apagó la tele, suspirando.
-Tengo que irme ya – avisé – es tarde.-
Eran exactamente las 11 de la noche. Bella se fijó en mí, alzando las cejas y haciendo un puchero. Era una carita tan graciosa que no pude evitar reírme. Luego, al ver que me reía de ella, me fulminó con la mirada.
-¿Nos veremos mañana? – preguntó acercándose a mí y dándome un abrazo.
Miré a Charlie y Jake. Esa decisión no dependía de mi… dependía de ellos. Ellos protegían a Bella. Puede que hoy me hayan permitido el paso a su casa por Bella, pero estoy seguro que no será siempre.
Estos no dijeron nada. Se dignaron a mirarme a modo de advertencia. Entonces entendí. Podía verla, siempre y cuando no hiciera nada perjudicial para ella. Eso lo tenía más que claro… y eso es lo que he estado haciendo hasta ahora.
Cuando quise rodearle la cintura, me sorprendí al notar mis brazos en torno a ella. La estreché con fuerza. Podía verla mañana, pero ahora dependía de ella, no de su familia. Podía mandarme a la mierda como aquellos otros días en los que me había hablado bordemente.
-Por supuesto – murmuré en su oreja – mañana nos veremos.-
Y se me formó un nudo en la garganta.
Me dio un suave beso en la mejilla, tan largo, tan sonoro, que por un instante pensé que me derretiría en sus brazos al oler también su perfume, su fragancia.
-Buenas noches – me miró cariñosamente, una tímida sonrisa apareció en sus labios y, por último, subió las escaleras para entrar a su habitación.
Hubo un breve silencio, cuando por fin hable.
-Bueno, muchas gracias por permitirme estar hoy con Bella – agradecí.
-Aun no te vayas – interrumpió Charlie – aprovechemos que estas aquí para ayudarnos.-
Fruncí el ceño. No entendía sus palabras. Pero decidí quedarme un rato. Sentía curiosidad. Además, así mis preguntas serian respondidas.
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