¡Hola, hola! Primero que nada le pido mil disculpas, fueron muchos los factores por los cuales dejé esta historia de lado.
Me di a la tarea de actualizar todos los capítulos tratando de corregir la mayoría de errores posibles, incluso los renombré para que se apegara mas a la historia original.
Kuroshitsuji le pertenece a Yana-sama y la historia a mi.
Mas notas al final, ¡disfruten la lectura!
Kuroshitsuji, historia alterna.
Cap. 9 Ese Mayordomo, Reencuentra.
Finalmente Sebastián y el acosador de Grell quien aún trataba de seguirle el paso, llegaron a un pequeño pueblo que contaba con un enorme convento, el mayordomo a lo lejos en la montaña se alcanzó a divisar un enorme castillo.
"Tal vez era ahí hacia donde se debía dirigir" pensó Sebastián,
-¿Dónde nos encontramos Sebas-chan?- preguntó el pelirrojo con curiosidad.
-Según las referencias, en este sitio se debe de encontrar el castillo Pluston- le respondió con indiferencia.
Ambos observaban el lugar, el cual parecía bastante tranquilo, sin embargo había algo que diferenciaba ese pueblo de los demás que habían visitado.
Todas las personas vestían como monjes, con largas túnicas negras con franjas rojas como si estuviesen uniformados.
Siguieron caminando mientras observaban toda la zona, Sebastián por otra parte, se sentía intranquilo.
Apenas unos momentos pudo sentir a su joven amo temeroso, sintió la necesidad de socorrerlo pero el sello del contrato en cierto modo se lo impidió, era como si el menor se negara a llamarle a pesar del miedo que sentía.
Eso lo dejó muy desconcertado.
Iba tan sumido en sus pensamientos que no se percató cuando de pronto un niño que corría de aquí para allá junto con otros dos, tropezó con él cayendo este de sentón.
-¡Ah! Un impuro chocó conmigo- dijo entre lágrimas el menor.
-¿Eh?- estaba sorprendido por las palabras del niño.
-¡Tenemos que purificarnos! ¡Purificarnos!- gritaron al unísono los menores mientras salían corriendo hacia un convento que se encontraba cerca, un grupo de personas que habían presenciado la escena se acercaron hacia ellos.
-¡Mocoso! ¿A quién le llamas impuro?- les reclamó Grell haciendo ademanes con sus manos.
-Buenos días- saludó un hombre mayor de estatura promedio y ojos verdes.
Sebastián hizo una ligera reverencia –buenos días- respondió y mientras que el shinigami seguía peleando con los menores, quienes ya estaban bastante alejados.
-Una vez que llegamos a cierta edad, a todos nos llaman impuros- mencionó el señor.
Sebastián y Grell se miraron interrogantes, ya que no comprendían de que hablaban -¿podrían ustedes decirme donde se encuentra el castillo Pluston?- preguntó el demonio con una encantadora sonrisa tratando de cambiar el tema.
Una joven de cabellos castaños que se encontraba entre el grupito de personas, se sonrojó levemente al mirar a Sebastián y este se percató de ello.
-Solo los que hemos sido purificados, son capaces de entrar al castillo- mencionó el hombre que había saludado en un principio.
-¿Purificar?- preguntó intrigante.
-Todos los que formamos parte de esta comunidad fuimos purificados por el 'gran maestro'- habló una mujer mayor de cabellos obscuros.
De nueva cuenta, tanto demonio como shinigami se miraron interrogantes, aunque "si esa era una manera para acercarse al susodicho castillo" pensó Sebastián.
-Bien, entonces ¿Qué debemos hacer para ser purificados?- cuestionó el mayordomo.
-¿Eh?- se sorprendió Grell, Sebastián le dijo con la mirada que 'le siguiera la corriente' y este por suerte entendió el mensaje.
-¿De verdad quieren ser purificados? El maestro se va a poner muy contento al saber que quieren unirse a nuestra comunidad aunque primero tenemos que preguntarle- mencionó inocente el hombre mientras que unas mujeres que se encontraban entre el grupo de personas también sonreían de felicidad.
Sebastián puso su mano derecha sobre su pecho, cerro sus ojos e hizo una pequeña reverencia –nada nos haría más feliz que ser parte de su comunidad- esa sería su única opción para dar con el paradero de Ciel
-Eh, si igual yo- decía Grell haciendo una pequeña reverencia también.
-Una vez que escuchen los sermones del maestro, sus cuerpos serán purificados- declaró la castaña.
-¡Bien! ¡Entonces vamos!- mencionó el hombre mientras les hacía un ademan en señal para que lo siguieran.
Sebastián y Grell voltearon a mirarse y asintieron, justo después emprendieron su marcha siguiendo al grupo de personas.
Mientras tanto, habían pasado algunas horas, Ciel seguía encerrado en una de las tantas celdas que había alrededor apenas iluminada por una antorcha que se encontraba entre una mazmorra y otra.
Su estómago le gruñía debido al hambre que tenía, sin embargo no se rebajaría a pedirles algo para comer.
En su interior seguía debatiéndose entre sí llamar a su mayordomo o esperar a que este le encontrara, el extraño sujeto había sido muy claro en su petición, mataría a sus predecesores si llamaba a Sebastián.
Dejando sus miedos de lado, comenzó a pensar fríamente, en vista de que no podía convocar a su demonio entonces podía exigir mirarlos a 'ellos'-
-¿Alguien me escucha?- habló fuerte.
-¡Respondan!- exclamó el menor, con ambas manos tomaba los barrotes de esa fría celda.
-¡Hahaha!- finalmente el sujeto se hizo presente, obviamente desde la obscuridad, ya que no aún no se mostraba realmente.
-¿A qué se debe que llamaras? ¿Acaso ya quieres ser purificado?- preguntó burlón.
-¡No!- exclamó el menor –Quiero verlos a ellos- fue tajante en su petición.
-¿Y qué te hace pensar que cumpliré tu petición? ¡Hahaha!- seguía burlándose del menor.
-Porque aún no lo he llamado a él, es lo menos que merezco ¿no crees?- respondió con aquella firmeza digna de él.
El sujeto dejó de burlarse y guardó completo silencio, Ciel estaba más que aterrado sin embargo si la situación se ponía difícil no dudaría en llamar a Sebastián aunque estuviesen su predecesores de por medio.
-Si tanto quieres verles, entonces tendrás que aceptar una petición más- finalmente respondió.
-¿Qu… qué es lo que quieres?- preguntó titubeante, por desgracia no podía ocultar que sentía temor.
-¿Qué, tienes miedo?- de nueva cuenta se burlaba del menor, el cual no articuló palabra alguna.
Ignorando el silencio del conde -Quiero seas purificado una vez que termines de verles, ¡quiero que seas digno de mirarme!- expresó en un tono amenazador.
Igual que hacía unas horas, la poca luz que iluminaba las celdas se consumió por completo, el menor se alejó rápidamente de los barrotes sin embargo fue tomado de nueva cuenta por el mentón solo que esta vez con más fuerza.
–Y bien, ¿qué respondes?- preguntó estando a escasos centímetros del niño, el cual claramente sentía su respiración cerca de sus labios.
Estaba aterrado, sin embargo no le daría el gusto de verle humillado –como tú digas- respondió con indiferencia aunque no tenía idea del grave error que había cometido.
-¡Me parece excelente! aunque si te pasas de listo, créeme que no dudaré en matarlos- dijo finalmente –mi asistente te guiará hasta ellos- fue lo último que articuló antes de soltar y arrojar al niño lejos de él, el cual se golpeó la cabeza al caer quedando inconsciente durante algunos momentos.
-¡Hahaha! Muy pronto serás parte de mí- terminó de decir mientras se alejaba.
De vuelta en el convento, unas monjas quienes anteriormente les habían mencionado sobre las reglas para ser puros y también les dijeron que serían purificados hasta otro día debido a que habían personas primero que ellos esperando.
Una vez solos, Sebastián se dio a la tarea de comenzar a investigar, Grell solo seguía sus pasos, atravesaron un extenso pasillo obscuro, al final había una puerta, iban a adentrarse cuando una voz los detuvo.
-¿Qué hacen aquí?- preguntó la castaña que momentos antes, se había sonrojado.
Ambos voltearon a mirarla, Sebastián se acercó lentamente a ella –por favor disculpe, es solo que mi compañero y yo nos perdimos- mencionó en un tono sumamente seductor.
La joven no pudo evitar sonrojarse ante la actitud del mayordomo.
-E… es solo… que está prohibido entrar a esta habitación- respondió finalmente, había algo en ese hombre que la sofocaba por dentro.
Grell comenzó a sentir celos debido a que Sebastián estaba coqueteando con la mujer, comenzó a hacer movimientos raros sin embargo estos eran ignorados –vámonos Seba-chan- dijo finalmente.
-Así que aquí se encontraban- mencionó una monja que venía acompañada de otra –el maestro va dar inicio a la ceremonia vespertina- terminó de decir
Todos asintieron para después emprender la marcha, Sebastián dio un último vistazo, después de todo, esas personas si tenían algo que ocultar.
Las mujeres los guiaron hasta una capilla la cual se encontraba abarrotada de personas, todas en señal de oración, se adentraron en completo silencio y se sentaron en la última fila, Grell esta vez no perdería oportunidad y se abrazó al demonio, el cual ni se inmuto por apartarlo.
Por otro lado Sebastián se encontraba más que desesperado podía intuir el miedo que sentía su joven amo, sin embargo también sentía el rechazo de llamarlo a través del contrato, estaba muy confundido, no comprendía porque el menor se negaba a llamarlo a pesar de sentir temor.
No había la menor duda de que necesitaba acercarse al castillo sin embargo debía esperar hasta el anochecer ya que no podía zafarse de las monjas, estas después de lo sucedido anteriormente no los dejaban solos ni un momento.
El santuario se encontraba en silencio, solo se escuchaba la música de un viejo piano, de pronto un extraño hombre con una túnica blanca apareció caminando lentamente, subió hacia el altar, el cual estaba iluminado con dos sirios mientras que las personas seguían orando.
El hombre comenzó a hablar –Esta noche, aquellos que son impuros serán purificados- mencionó mientras cuatro personas más también subían al altar, dos de ellos estaban cubiertos con una manta.
Los otros dos eran monjes, estos les comenzaron a quitarles las frazadas quedando completamente expuestos.
Tanto Sebastián como Grell voltearon a mirarse sorprendidos, este último se sonrojó mientras que el mayordomo puso cara de aburrimiento.
-Mmm, Sebas-chan no podemos comenzar de una vez con la purificación- le susurró en el oído en un tono completamente seductor.
Este le mandó una mirada fulminante – ¡contrólese, quiere!- le espetó.
-¡Shhh!- una de las monjas les indicó que guardaran silencio, ambos asintieron.
En el altar, otro monje le entregó un grueso libro color café al 'maestro' el cual lo tomó en sus manos.
Grell abrió los ojos como platos, rápidamente se acercó al oído de Sebastián, quien iba a apartarlo –Sebas-chan, ¡el libro!- le dijo en voz baja.
Este volteó a mirar -¿Es ese el 'Cinematic Record?- musitó.
-Al parecer- respondió.
Ambos comenzaron a escuchar el sermón del extraño hombre, miraban como este hablaba, la capilla comenzó a iluminarse mientras mostraba los pecados cometidos de las personas anteriormente expuestas.
El hombre alzó sus manos –sin falta de virtud, desaparece- dijo primero –inútil, desaparece- después mientras alzaba sus brazos aún más –innecesario, desaparece- hizo un ademan más -¡impuro! Desaparece.
Esas comenzaron a gritar ya que se retorcían de dolor, de pronto, el vidrio principal estalló en mil pedazos, pero rápidamente volvió a la normalidad también desapareciendo todo rastro de luz que desprendió esta.
Sebastián estaba más que sorprendido, había algo que le daba mala espina, anteriormente les habían hablado acerca de la purificación sin embargo esta era diferente a la que había escuchado y todavía le faltaba averiguar dónde procesaban el opio.
Las personas bajaron del altar y detrás de ellos iba el maestro, poco a poco la capilla se fue vaciando hasta quedar Grell y Sebastián solos.
-Esto es extraño- mencionó el shinigami –el libro que llevaba el maestro no era un cinematic record- terminó de decir.
Sebastián enarcó una ceja – ¿entonces eso significa que él no tiene ningún poder?- cuestionó.
-Ah, así que todavía se encontraban aquí- mencionó una monja de aspecto mayor que venía acompañada de otra.
-Ustedes serán los siguientes en ser purificados- articuló la otra, quien claramente se encontraba más que emocionada.
Tanto Sebastián como Grell, fruncieron el ceño.
Muy a lejos alcanzó a escuchar que la reja de la celda donde se encontraba era abierta.
-¡Despierta!- exclamó una desconocida al momento que le vaciaba un balde con agua en la cara.
El menor abrió los ojos abruptamente y comenzó a toser –cof, cof- trató de incorporarse pero su cabeza le dolía debido al golpe que se dio cuando cayó.
-¡Ya era hora que despertaras!- mencionó, el menor no pudo sorprenderse más.
-¿Ángela?- cuestionó.
Esta le mandó una mirada fulminante al niño -¡qué esperas!- exclamo mientras lo halaba del brazo para levantarlo del suelo.
-¡Aaagh!- se quejó el conde debido a que era casi arrastrado por la mujer.
Esta al escuchar los quejidos del menor se volteó hacia él y lo tomó del cuello –yo no sé qué miro mi amo en ti, pero si por mi fuera tú ya estuvieras muerto desde hace tres años- le recriminó la mujer que cada segundo lo estrujaba más.
Ciel no tuvo tiempo de quejarse, poco a poco sentía que le faltaba el aire, quería llamar a Sebastián pero apenas si podía respirar –aggghh- solo quejidos salían de su boca y justo cuando iba a perder la conciencia, la mujer lo soltó y lo estrelló contra los barrotes de otra mazmorra golpeándose fuertemente.
La fémina sonrió lúgubremente al mirar como a Ciel le costaba trabajo reincorporarse.
Una vez mas o menos estabilizado la mujer lo volvió a jalar solo que esta vez fue tomado de su muñeca, claramente seguían en las catacumbas del castillo sin embargo como todo estaba obscuro no podría aprenderse el camino para cuando quisiera escapar.
La joven lo condujo por un extenso pasillo, el cual estaba muy apartado de la que era su celda, este tenía un putrefacto olor, el niño se tapó su nariz con la mano que tenía libre debido a que la peste era muy intensa.
Se preguntaba ¿Cómo es que sus predecesores terminaron allí? La mujer lo arrastró hacia un cuarto, el cual también contenía celdas, solo que estas tenían portones de fierro y no barrotes como en la que se encontraba él.
Se detuvieron frente a una -escúchame bien- le declaró ella al momento que lo tomaba fuertemente de sus finos cabellos –si tratas de escapar, no dudaré en matarte no sin antes ver como los mato a ellos primero- puntualizó.
Ciel ya no se quejó a pesar del dolor que estaba sintiendo, sabía que era algo pasajero y a pesar de cómo era tratado en su interior no podía evitar sentir una ligera alegría, pues sabía que detrás de esa gruesa puerta se encontraban ellos, finalmente asintió.
La joven lo soltó y de nueva cuenta lo estrelló contra la pared, el menor otra vez no se quejó no le daría el gusto, la fémina lo tomó del cuello y lo arrastró hacia adentro –tienes diez minutos- fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta.
-¡Oye!- exclamó el menor que se volvió hacia el portón solo que esta ya se encontraba cerrada.
-¿Ciel?- escuchó una débil voz.
Un intenso escalofrío recorrió la espina dorsal del joven conde, se volteó lentamente mientras se cubría su ojo derecho debido a que no tenía el parche.
El joven conde se paralizó por completo.
Efectivamente se trataba de ellos, sus predecesores, estos se encontraban en deplorable condiciones, ambos lo miraban fijamente.
-¿Eres tú, Ciel?- cuestionó la mujer.
Luego de más de tres años, finalmente padres e hijo se reencontraban.
!Bien, bien! Hasta aquí llegué, espero que haya valido la pena haber esperado tanto.
Y también espero no haber sido tan cruel con Ciel.
Las escenas de Sebas y Grell estuvieron basadas en el episodio 17 del anime, claro que yo no iba a permitir que Sebby se acostara con la monja jaja él es de Cielito nada mas XP
Finalmente llegó ese tan esperado reencuentro, diganme ¿qué les pareció?
Agradezco a quienes se dieron a la tarea de leer mi fic ¿Por qué no puedo decirte que te amo? Basado al final del capi 8.
Y también agradezco a todas esas personitas que agregaron esta historia a sus ¡Favs! durante el tiempo que no la actualicé.
Como siempre, les doy las gracias por leer y seguir esta historia, Nana19, Perrible y Sakurita-chan, gracias por sus review's.
Una vez mas, agradezco que se tomen su tiempo para leer.
¡Espero review's, please!
