¡Oh dios! Casi cometo una imprudencia, pensé que era el capítulo 10 el que subiría y realmente es el 9... ufffff... bueno... omito todo lo que había puesto y mejor me quedo callada y lean el capítulo, por cierto... a mí me gustó :D
Gracias a la GUEST que me escribió y me alegro que esperes el capítulo, eso significa que sí te ha gustado la historia. mimato bombon kou: sí, la verdad es que sufrió bastante la pobre, pero también hay otra versión, la cual veremos en este capítulo. haru10: jajajaja gracias por lo del talento mi amiga ;) la verdad es que como lo puse antes, siiii este fic inclusive a mí me hace tener sentimientos encontrados, porque es taaaan pero taaaaan real! Hay muchas situaciones que yo he tomado de experiencias ajenas y cercanas y que son dolorosísimas, pero esa es la vida y de verdad no quería dejar de escribir este fic aunque fuese demasiado real, y como dices la relaicón es de dos, no solamente uno tiene la culpa y bueno, me alegra que te hayas dado un respiro.
Faby Sama: jajajaja yo creo que deberías de hacer al revés, primero leer este fic y luego el drabble, para que se sienta al revés, porque realmente en aquel te ríes (o por lo menos eso espero) y en este los ánimos por el suelo, porque agggg es que son las situaciones. Y bueno, solo para aclarar, no, no fue un ojo x ojo, Kagome cayó ante la tentación y él también, a veces la rutina y el enfriamiento es el peor veneno para una pareja, eso me da mucha tristeza :'(
Disclaimer 1: todos los personajes pertenecen a la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi, yo solo los tomo para poder expresar todo lo que tengo, hacer que sufren y de paso cumplir mis perversidades.
Disclaimer 2: NO PRESTO mi fics, no hago continuaciones de lo que ya terminé, así que, si se terminó, así quedará, no me insistan en ninguna de las cosas porque si no, simplemente ignoraré los comentarios y/o peticiones.
Disclaimer 3: Esta es una historia Sesshome, así que si no son fanáticos no lo lean, ¡simple! Cada uno está en el derecho de elegir las parejas que más nos gusten (ya sea para leer o escribir), así que evítense el odio visceral contra mí y háganse un favor alejándose de este fic.
Nota: Digan NO al plagio, es cierto que nosotros los fickers tomamos los personajes famosos, pero las historias son originales, así que cuando vean una de mis historias (o de cualquier otro ficker) tomadas por alguien más, por favor avisen y reclamen, porque no es justo.
Capítulo 9
-.-.-.-.-.-.-.-.-
El deseo nunca muere.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Me siento demasiado vulnerable, no sé si será por el hecho de estar sola con mi exmarido o todo el sentimiento que me provoca el tener a mi pequeña en el hospital, o tal vez esta podría ser otra oportunidad que tendríamos para rehacer nuestras vidas, pero ¿él dejaría a Rin? Para empezar ¿por qué se había quedado con ella a pesar de que fue la desgracia de nuestro matrimonio? ¿Él me cuestionaría porque estoy con Bankotsu? ¿Habrá descubierto que al mismo tiempo cuando él se acostaba con Rin, yo una vez lo hice con Ban? ¿Valdría la pena hablar y discutir nuevamente lo mismo que estuvimos haciendo los últimos meses antes de divorciarnos?
Sí, quiero decirle y preguntarle tantas cosas que ni siquiera sé por dónde empezar, aunque mi cabeza se enfría dejando a un lado temas que no debería tocar y poniendo frente a mí nada más mis sentimientos hacia él.
Se acerca a mí tomando mi rostro con sus dos manos elevándomelo para poder llegar hasta el de él. Están frías igual que las mías, tiemblan un poco igual que yo.
Me da un beso en la frente y siento que desfallezco, pero solo cierro mis ojos tomando todo el aire que puedo.
Me da otro beso en la nariz y empiezo a perder la noción del tiempo, no lo detengo, al contrario, me aferro a la sábana con ambas manos.
Me da un último beso en mi labio superior y me quedo sin sentido, no puedo detenerlo, aunque creo que lo apropiado sería decir que no quiero detenerlo.
Sus manos bajan por mi cuello acariciándolo lentamente, se posicionan en mis hombros quitándome levemente mi bata, no opongo resistencia, quiero que continúe. Sigue quitando la prenda dejando al descubierto mis senos desnudos, ya que por el nudo en mi cintura ésta no cae, sino que se queda a mitad de mi cuerpo.
Tragamos con dificultad, me siento tan febril que podría jurar que el aire acondicionado está descompuesto porque no siento ninguna brisa.
Mis manos que no dejan de temblar deshacen el nudo que está alojado en mi cintura y la bata cae irremediablemente al suelo. Mi cuerpo no se ha recuperado por completo, ya no tengo la cintura que portaba cuando me casé, mis caderas se han ensanchado, mi piel está lastimada por mis 4 embarazos, pero después de tanto tiempo he comprendido que cada marca la debo de llevar con orgullo, porque ahora más que nunca sé, que no me avergüenzo por ello, porque mi máxima ilusión ha sido tener a mis hijos a mi lado y si deseara que cada una de ellas desapareciera es como si negara la existencia de las 4 personas más maravillosas que he procreado y que gracias al milagro de un Ser Todopoderoso he podido llegar a cargarlos en mi vientre y darles una vida.
Sesshoumaru me toma por la cintura y me sienta sobre el tocador, mi espalda se pega al espejo.
Toma con su boca uno de mis senos, pero no lo hace de manera salvaje y sin descontrol, al contrario, la succión es delicada, acariciando el pezón y lamiendo la aureola con cuidado, cambia al otro seno realizando la misma acción que con el anterior, yo me aferro a su cabello y levanto mis piernas para colocar mis talones en el filo del tocador.
Me introduce su dedo índice en mi boca y yo lo succiono con determinación y pasión, como si esté fuese su miembro, el cual no he tenido en mucho tiempo, pero recuerdo con mucha precisión, luego lo mete por mi mojada hendidura y yo me abro más para él, el placer que me está haciendo sentir supera por mucho a solo el acto en sí.
No me deja pensar porque en un instante se introduce sin mesura dentro de mí, pero no se mueve, deja que su excitación se acomode a la mía, nos miramos y nuestros ojos brillan por ese momento tan especial que estamos sintiendo los dos, ladea su cabeza acercando sus labios a los míos, yo abro mi boca autorizándole a que pueda proseguir y sin ninguna dilación él me besa. Su lengua juega con la mía, sus manos acarician las comisuras de mis senos sin llegar a tocarlos y una vez su miembro se ha acomodado a mi interior se separa de mí para comenzar sus estocadas.
No lo hace de manera desesperada, al contrario, es suave como si quisiera que una vez más mis paredes graben en la piel cada parte de su miembro; un éxtasis me invade erizando mi piel, porque sus movimientos son tan sensuales que cada vez que mi interior se abre con su intrusión, una corriente me recorre el cuerpo deleitándome con puro placer.
Jadeamos ante el contacto, nos besamos, nos abrazamos y nos tocamos. Me agarra por mis glúteos y yo me aferro a sus caderas. Camina solo un par de pasos sosteniendo mi cuerpo como si este no pesara nada para luego sentarse en la esquina de una de las camas, coloco mis rodillas sobre ella para darme el empuje que necesito, subo y bajo de manera gradual acelerando mis movimientos, estoy a punto de perder la cordura. Él me toma uno de mis senos succionándolo, en esta ocasión, con avidez como si nunca hubiese disfrutado de ellos. Me detengo para que ambos podamos disfrutar de aquella succión, pero muevo mis caderas tratando de sentir aquel deleite que se provoca al rozar nuestras intimidades, porque su miembro solo está a la mitad de mi cavidad, casi a punto de salirse, pero está en cierto punto que la fricción provoca tanto placer como si estuviera completo.
Me toma de la cintura y me da vuelta de un solo golpe acostándome boca arriba en la cama, arrodillado frente a mí me levanta las caderas y comienza un bombeo desesperado y salvaje golpeando mi interior. Mis senos se acomodan al mismo vaivén subiendo y bajando con cada embestida, mi mente ha abandonado mi conciencia, mi cuerpo es el lugar en donde se albergan todas las increíbles sensaciones de dos cuerpos entregándose, no solo al placer, sino que también al amor.
—¡Oh! ¡Sesshoumaru! —mi explosión se produce al mismo tiempo que la de él, pero cuando él estalla en mi interior baja mis caderas al colchón hundiéndose más en mi interior aferrándose por completo a mi cuerpo.
Su calidez es tan agradable igual como lo expulsado.
Me da pequeños besos en mi cuello, en mis senos, en mis ojos, todos y cada uno de ellos son tan tiernos y sinceros que hacen que mi corazón se acongoje de tal manera que duele, no he tenido esta sensación en años, es como si saltara al vacío, pero sabiendo que tengo un paracaídas en mi espalda y que este podrá amortiguar el golpe, es una sensación de gloria y adrenalina pura, con un poco de miedo, pero no es lo que impera en mi interior.
—Nunca te he dejado de amar, Kagome —cuando termina de decirlo intenta salirse de mi interior, pero sin pensarlo mis piernas se aferran a él impidiendo su huida.
—¿Podemos... quedarnos así? Solo unos segundos más.
—Todo el tiempo que lo desees princesa.
Me da pequeños besos en el cuello los cuales me hacen reír, sube hasta mi lóbulo de la oreja derecha y lucho contra él carcajeándome, es un momento tan íntimo y agradable que me siento de nuevo como una adolescente entre sus brazos.
De pronto siento como se endurece en mi interior, y le sonrío avergonzada, pero al instante mi seriedad regresa besándolo, dándole la autorización para que pueda seguir.
Nuestras respiraciones que segundos atrás se han normalizado, nuevamente se vuelve a acelerar. Intenta decirme algo, pero no lo consigue, así que vuelve a besarme con pasión, con dulzura y nostalgia, es como si nunca quisiera soltar mis labios o mi cuerpo, no se mueve, pero lo siento crecer dentro de mí, cómo si su miembro tuviera vida propia y me aferro más a él suplicando por su posesión.
—Ka...go...me... —gruñe con dificultad, un sonido tan gutural y sexual que me hacen sentir poderosa, es como si él, como si este hombre por el que pareciera que el tiempo ha sido más generoso y preferencial que con cualquier otra persona se estuviese rindiendo a mí, a mi cuerpo, a mi sensualidad.
Me separo de él y su cara de terror y angustia lo dice todo, no quiere que me aleje, pero lo que no puedo decir en voz alta es que yo tampoco deseo alejarlo de mí. Lo acuesto y me subo a horcajadas sobre él volviéndome a introducir su virilidad, esa que me está volviendo loca de deseo y poder. Lo hago con tanto cuidado, suavidad y lentitud que puedo percibir en mi interior cada hinchada vena que marca su alrededor, se sienta para aferrar sus manos a mis caderas y su boca a la mía, succionándola con vehemencia, necesidad y cariño.
—Sí... así nena —jadea en mi boca y siento su aliento caliente y lo vuelvo a besar para no decir algo de lo que podría arrepentirme después.
Me ayuda a moverme con más soltura, sus imponentes manos se aferran no solo a mi cintura sino a cada parte de mi cuerpo el cual no deja sin tocar o explorar.
—Te necesito princesa... siempre lo he hecho... —dejo de moverme ante su confesión aferrándome a su nuca, quedándome estupefacta por sus palabras, pero su miembro que no deja de atacar mi interior me desconcentrar por completo—. Aférrate Kagome, pégate tanto a mi cuerpo que no puedas alejarte nunca mi amor.
Lo hago volviéndolo a besar y se corre por la cama llevándome hasta la puerta que tenemos a un lado, me pega mi espalda a ella y empieza a embestirme con tanta fuerza que mis gemidos y gritos que he estado conteniendo ahora salen sin ninguna vergüenza.
—¡Sí! ¡Oh dios Sesshoumaru! ¡Más! —imploro, ni siquiera puedo recordar si nuestros encuentros del pasado fueron tan buenos como lo estoy sintiendo, pero éste, está superando con creces a cualquier otro, está tan ancho que hace que mis paredes vaginales griten al mismo tiempo que mi boca porque ambas nos mojamos con la posesión de este hombre, es como si estuviese poseído por algún dios sexual, uno que está dispuesto a dejarme completamente seca.
—¿Sabes lo increíble y jodidamente sexi que te veías con tu vestido?
—No... —aseguro jadeante recibiendo cada una de sus estocadas—. Dímelo.
—Quería arrancarte esa jodida prenda y cogerte en el mismo instante en que te vi.
—¡Sí! —grito cuando su brusquedad inclusive se vuelve más brutal, es como si estuviese diciendo esas palabras con tanta sinceridad que hace que me moje más, porque entre su humedad y la mía hacemos unos sonidos tan obscenos que parecieran que hemos encendido la televisión en uno de esos canales porno de paga.
—Te he visto en tus pantalones ajustados, marcando tu precioso y delicioso culo, ¡oh Kagome! Me he puesto duro con solo verte.
—¿Qué... qué tan duro? —indago, aunque sea una mentira, eso enciende mi ego. Me aferro más a sus caderas con mis piernas mientras que mis brazos lo hacen a su cuello, sus ojos brillan tanto que parecieran ser pequeños soles y yo un simple satélite que gira a su alrededor.
—Tan duro que me he encerrado en mi auto para masturbarme, deseando que te acercaras para reclamarle o preguntarme algo, que me descubrieras con mi dura verga entre mis manos y poderte reprochar que esa erección la has provocado y que tenías que hacer algo.
—¿Te has imaginado que yo me acercaba? ¡Oh dios! —grito cuando me toma de la cintura otra vez y me guía hasta el tocador sin sacar su dureza de mi interior, me apoya contra la base y mi espalda contra el espejo y se sale de mí abriendo con obscenidad mis labios, veo cómo se agarra su miembro para guiarse hasta mi sexo acariciando mi clítoris con la punta de su pene.
—Me he imaginado que entrabas al auto conmigo, que te arrancaba ese pantalón, te sentabas a horcajadas sobre mí y completamente mojada me cogías una y otra vez hasta dejarme seco.
Finalmente, ante mi agonía, entra en mi interior y yo gimo ante su embestida que no es nada suave, sino más fuerte y violenta, pero estamos tan mojados que entra con tanta facilidad que me excita más. Mi corazón está a punto de estallar al igual que yo.
—He tenido que correr hasta mi pent-house para darme una ducha y lavar mi pantalón, porque ¡diablos nena! Me he mojado sobre él como un puto adolescente, me he hecho una paja en el auto solo porque me he puesto duro con verte, y no solo una vez, sino varias veces.
—¡Oh sí! ¡Sí Sesshoumaru!
—Nena... estoy al límite...
—Yo... yo también... Se...Sesshoumaru... córrete... córrete conmigo...
Cuando lo digo él me empieza a embestir con tanta fuerza que a los pocos segundos los dos nos dejamos ir, él en mi interior y yo rasguñando su espalda y mordiendo uno de sus hombros.
Al momento en que el orgasmo —que parece que nunca nos dejará porque lo siento inclusive recorriendo hasta los dedos mis pies con esa sensación gloriosa de sentirme como si estuviese en el cielo— nos abandona, él se separa de mí y una hilera de blanco líquido se va esparciendo dejando un rastro que me hace avergonzarme.
—Creo que tendré que dejar una buena propina cuando abandonemos el hotel.
—¡Sesshoumaru! —le reclamo entre avergonzada y divertida dándole un pequeño golpe en sus pectorales que aun conserva como una delicia.
Me da un beso en la comisura de mis labios y yo me siento febril otra vez ¿cómo puede ser posible? Me pregunto avergonzada, pero antes de decir nada me toma entre sus brazos para llevarme a la cama.
Cansados y jadeantes, pero sumamente satisfechos nos acomodamos sobre el respaldo de la cama. A los pocos minutos me insta a que me acomode sobre su cuerpo desnudo, acostándome sobre él, así que pego mi cabeza de medio lado en su pecho comenzando a hacer círculos con mi dedo sobre él.
—¿Te encuentras bien? —me pregunta entre jadeos.
—Sí, solo un poco adolorida —agradezco que me lo haya preguntado sin verme a la cara, porque lo que hemos hecho no ha estado bien, por lo menos el hecho o las repercusiones— ¿Y tú?
—Bien. No hacíamos estos desde que éramos novios —asiento riéndome.
El calor de su cuerpo es tan agradable que en estos momentos me invade la nostalgia recordando nuestros mejores momentos, y como si pudiera leer mis pensamientos me abraza con ternura apretándome contra su cuerpo.
—Te he extrañado tanto Kagome.
Al momento en que lo dice levanto mi cabeza encontrándome con sus ojos brillosos, ¿podría ser...?
—Sesshoumaru... ¿tú...?
Mis palabras se ven interrumpidas por el sonido de mi celular, cuando lo escuchamos ambos salimos disparados para ver el de cada uno, es el mío, pero vemos que es una video llamada de nuestros hijos, así que nos colocamos las batas para poderla aceptar.
—Espera... espera —le dice Souta a Hotaru que se están peleando por el celular.
—¿Souta? —pregunto porque ninguno de los dos se enfoca en la pantalla.
—¡Mamá! ¿Ves? ¡Te lo dije! Te dije que respondería —le reclama a su hermano.
—¡Ya díselo! Está enfrente de ti —la manera en que discuten me da gracia, son casi las 11 de la noche, a esta hora tendrían que estar dormidos, nunca nos ha gustado que lo hagan muy tarde de lo contrario siempre les cuesta despertarse para ir al colegio.
—Mamá, quería preguntarte, bueno, los dos queríamos hacerlo, la verdad la idea surgió de Haku...
—¡A mí no me metan! —escucho como mi hijo mayor les grita a lo lejos, probablemente esté en la puerta de la habitación de los gemelos.
—Cállate —le reclama Hotaru—. Sigue —insta a su hermano para que continúe.
—Quizás la idea no salió originalmente de Haku —intenta retractarse de manera nerviosa—, creo que se la escuché a la abuela, aunque en estos momentos ya no sé quién la tuvo originalmente...
—¿Qué es lo que quieres Souta? —lo interrumpe Sesshoumaru colocándose a un lado de mi teléfono apareciendo en la pantalla de ellos.
—¡¿Pa...Papá?! —dice sorprendido, Hotaru aparentemente no puede hablar simplemente se queda callado como si hubiese visto a un fantasma o algo peor.
—Por lo menos eso es lo que sé.
—¡Sesshoumaru! —reclamo divertida golpeándolo suavemente.
—Y bromean —susurra Hotaru al oído de su gemelo, pero obviamente lo logramos escuchar.
—¿A qué se refieren con «papá»? —pregunta intrigado nuestro hijo mayor apareciendo en nuestra pantalla—. ¿Papá? ¿Por qué están juntos?
—Haku —le reclamo por el tono de indignación que utiliza.
—Perdona mamá, pero es que...
—Creo que los gemelos querían decirnos algo, pero a este momento no sé si todavía se encuentran en shock —los 3 vuelven a verse, pero es Haku quien sacude su cabeza regresando a su ecuanimidad, tiene muchos gestos y personalidad de Sesshoumaru.
—Ellos querían pedirte, bueno, quizás en este caso sería pedirles permiso para faltar al colegio, desean pasar el día con Kanna en el hospital.
Ambos nos volvemos a ver, pero es Sesshoumaru quien responde primero.
—Está bien. Le enviaré un email a la directora, sin embargo, los 3 deberán ir personalmente y explicarle la situación, si tiene alguna duda con gusto le podría hacer una llamada, pero tú —le dice a Hakudoshi— deberás tomar la responsabilidad de hablar con ella, como el hermano mayor que eres.
—No te preocupes papá, así será.
—Gracias mamá, gracias papá —responden los gemelos al unisonó y ambos les sonreímos. Este momento es para que nuestra familia este más unida que nunca—. ¿Qué hacen los dos juntos? ¿Los viste?
—¿Crees que soy ciego? —reclama Hotaru, aparentemente se les ha olvidado terminar la llamada, pero solamente logramos escucharlos.
—¡Ouch! ¿Por qué me pegas Haku? —reclama el menor.
Y la llamada se corta, imagino que su hermano mayor les ha dicho que no habían terminado la llamada y que los dos estábamos escuchándolos a pesar de que el celular solo apuntaba para el suelo. Sesshoumaru y yo nos volvemos a ver y nos empezamos a reír a carcajadas.
Tira su bata y luego me quita la mía, dejamos los celulares en las mesas de noche que están a un lado de la cama. Nos acostamos y nos abrazamos para besarnos y tocarnos por cada parte de nuestro cuerpo, nos volvemos a encender con nuestra cercanía y una vez más, me hace el amor.
Hemos pedido unos snacks y soda para podernos despertar. Son las 2 de la mañana y realmente agradecemos que hayan encontrado algo que comer para nosotros. Estamos con nuestras batas con nuestros cuerpos desnudos, en 3 horas más nos entregarán nuestra ropa.
—¿Qué fue lo que sucedió Kagome? —sus ojos se han apagado con aquella pregunta.
—¿A qué te refieres?
—Con nosotros —me da en la boca lo que resta de un sándwich caliente de queso cheddar.
—No lo sé —encojo los hombros, no sé si quiero tener esta conversación, pero él me toma de la barbilla levantando mi rostro dándome un tierno beso en la mejilla.
—Princesa, esta noche me ha parecido magnífica, la mejor que he tenido en muchos años, inclusive que, en nuestros últimos meses juntos, pero no quiero que sea solo eso y para eso necesitamos hablar.
Me levanto de la cama alejándome de él, no sabe que todavía me duele. Me apoyo en la base del tocador, él intenta seguirme, pero lo detengo.
—No... no vengas... —digo con mi voz quebrada.
—Kagome... yo...
—Si te acercas... yo... yo no podré hablar Sesshoumaru... —se vuelve a sentar, pero lo hace a la orilla de la cama frente a mí.
Levanto mi mirada y suspiro tomando fuerzas. Veo el reloj de pared de la habitación, la alfombra se siente suave bajo mis pies desnudos. Mis manos comienzan a temblar y mis ojos empiezan a arder. Agarro un extremo de bata y la abro, hago lo mismo con el otro y la dejo caer sobre el suelo.
—¿Qué piensas de mi cuerpo?
—¿Quieres que hablemos? —pregunta enarcando su ceja derecha—. Porque si quieres que hablemos, será mejor que te tapes Kagome, de lo contrario no garantizo que podamos entablar una conversación decente —su tono de picardía y juguetón hacen que mis nervios se apacigüen un poco, especialmente cuando veo que su erección bajo su bata empieza a cobrar vida nuevamente.
—¿Cómo puedes...?
—Siempre me has excitado.
—Pero mi cuerpo...
—¿Qué es lo que tiene? Ha sido el albergue de nuestros 4 hermosos hijos, a quienes amo con todo mi corazón —yo niego de un lado a otro frustrada recogiendo mi bata y volviéndomela a poner.
—No pude recuperar mi figura... no después de Kanna.
—¿Y? no me casé contigo porque tuvieras un buen cuerpo, y no solo era eso lo que me excitaba de ti Kagome, lo hacía todo, tu manera de caminar, de hablar, tus acciones, cómo tomabas las riendas en cada una de nuestras decisiones, tu interacción con nuestros hijos.
—Pero... me... dejaste de buscar.
—Quise darte tu espacio, el embarazo de Kanna fue duro para ti, tus hormonas se alteraron más que cuando tuviste a los gemelos, pero luego, ni siquiera me dejabas tocarte.
—Creí... que un cuerpo así... nunca te excitaría... intenté hacer dietas... ejercicio, pero entre el trabajo y el golpe que había recibido mi cuerpo por mi 4° embarazo, no pude recuperarme —bajo mi mirada recordando la frustración de aquellos días, una que tuve llevar sola por mi propia vergüenza, pero él me toma de la mano.
—Nena, tú decidiste que estabas fea y te asegurabas de que yo ya no te deseaba, nunca me diste la oportunidad de aclararte que siempre lo hacía, ¿exigirte que tuvieras el cuerpo de una adolescente? —pregunta con asombro e inclusive hasta con dolor y asco—. Has sido una madre ejemplar Kagome, has dado todo por nuestros hijos y sé que lo seguirás dando, si te pidiera que regresaras a aquella época, es como si te pidiera que fueras una niña inmadura, porque con el tiempo los dos hemos madurado; hoy en día nuestras prioridades y responsabilidades son diferentes que hace 18 años.
—¿Por qué... por qué nunca me dijiste eso?
—Nunca me dejaste hablar y yo... —acepta avergonzado— simplemente me di por vencido esperando que tú volvieras a mí —ambos nos volvemos a ver con nuestras miradas tristes.
—La comunicación se perdió en algún momento y se convirtió en inseguridad —él asiente.
—Kagome, siempre te he deseado —asegura varonilmente levantándose sin soltar mi mano, eso hace que me enderece frente a él a pesar de que mi tamaño es mucho menor que el de él—. Inclusive en esta situación, en donde créeme que me siento mal por hacerlo, pero solo con tenerte cerca, sentir tu olor, tocar tus suaves manos me hacen empalmarme como si fuera un puto adolescente que no puede controlarse.
Al momento de decirlo toma mi mano colándola por en medio de su bata y lo puedo sentir justo como lo ha dicho.
—Sé que no te gustaría hablar de esto ahora, cada parte coherente de mi cerebro me está gritando de que no debemos de hacerlo, que es algo incorrecto, pero también hay otra parte que me reclama lo contrario, que no tenemos que cometer los mismos errores del pasado; nunca, y lo sé a la perfección Kagome, nunca hay un momento exacto en donde suceden las cosas, esos momentos nosotros los creamos.
—Sesshoumaru... —digo entre lágrimas.
—En estos momentos, a pesar de que Kanna también ocupa mi mente, al mismo tiempo lo único que deseo es tomarte prisionera de mis brazos y no soltarte nunca más, ¿este es el momento correcto para decirte que nunca te he dejado de amar y desear? ¡No lo sé! Y lo juro que no lo sé Kagome, lo único que sé es que tengo que decírtelo y aunque tú no me respondas...
—Lo hago... —él se queda estupefacto—. Te amo... no te puedo mentir diciéndote que siempre lo he hecho, porque hubo momentos en que te odié tanto que pensé que cada parte del ser que te amaba se había roto tan finamente como el cristal que se impacta contra un martillo, lloré por eso, te maldije también, pero después y cada vez que te veía comprendía que ese odio era porque no estabas conmigo porque no habías luchado por mí...
—Quise hacerlo...
—Quise que lo hubieras hecho... —deja caer su cabeza sobre mi hombro.
—No quiero que vuelva a pasar Kagome, no quiero que te alejes, no quiero que me dejes de reclamar y decirme qué es lo que quieres de mí, así como yo no dejaré de decirte también qué es lo que deseo, no quiero que nos dejemos de hablar pase lo que pase.
—Sesshoumaru... ¿qué... qué estás diciéndome? —pregunto al punto de lágrimas.
—Que te necesito a mi lado Kagome, que necesito que me des otra oportunidad —me aferro a su cuerpo llorando de felicidad y de culpabilidad.
—¿Podrás... podrás... perdonarme tú a mí?
—Podría perdonarte cualquier cosa nena, porque lo único que deseo es que luches por mí, así como yo también lucharé por ti, ¿podrías pensarlo princesa?
Sus palabras me llegan hasta el corazón, ¿realmente lo sabrá? ¿sabrá que yo también lo engañé con Bankotsu? ¿podrá haberlo presentido, así como yo lo hice? ¿tendría que decírselo? Porque lo que único que todos han sabido es que yo empecé a salir con él después de nuestro divorcio, no antes, aunque hubiese solo una jodida vez. Me da un tierno beso con el cual mis piernas flaquean.
—No podemos pretender que el pasado no existió, porque para mí, ese pasado estuvo presente hasta hace un par de minutos y no sé qué consecuencias podremos tener, pero si tú luchas por mí, por nuestro amor, Kagome, te prometo y en esta ocasión pase lo que pase no dudaré en mantener mi palabra, te juro que nunca te haré pasar otra vez por eso.
Agradezco que no mencione su nombre, porque realmente me ofende, solo el recuerdo me duele y él lo sabe, así que niego de un lado a otro.
—No, no podemos pretender que no ha pasado, pero... no será fácil Sesshoumaru... —él se ríe asintiendo.
—Podríamos perderlo todo nena, podríamos tener demandas que logren quitarnos nuestra solidez financiera.
—Lo sé... —aseguro porque tanto ella como Bankotsu trabajan con nosotros—, pero ¿podríamos perdernos otra vez?
—De mi parte, lucharé por ti, aunque tenga que empezar de cero otra vez, pero lo haría junto a ti.
—Mi marca está registrada, ni él podría quitármela, la fábrica, la tienda y todo lo que implica podría perderlo contra él ante una demanda por daños emocionales o algo así, pero no nací con ello, pero sí crecí contigo y podría volverlo a hacer. Yo... Yo quiero luchar por ti Sesshoumaru.
—¿Estás diciendo...? —sus ojos empiezan a brillar con cierta estela esperanzadora como nunca la había visto, así que digo que sí llorando y sonriendo.
—Que sí, quiero que nos demos otra oportunidad.
Se acerca a mí abrazándome y aferrándose a mi cintura levantándome en volandas sonriendo junto conmigo, parecemos un par de adolescentes después de una fuerte pelea.
—Nunca di por perdida esta batalla Kagome —asegura pegando su frente con la mía y veo como unas lágrimas rebeldes salen de sus preciosos ojos—. Nunca lo hice...
Sus húmedos labios por sus lágrimas se encuentran con los míos que están de igual forma. Me toma en sus brazos dirigiéndonos hasta el baño para empezar a llenar la bañera, cuando dicen que las reconciliaciones es la parte más bonita de una pelea, ésta está superando con creces a cualquiera.
Nos encerramos y nuevamente nos entregamos durante lo que nos resta de la madrugada.
