Con suerte he podido actualizar con más rapidez. Aún espero críticas constructivas y/o destructivas de mis lectores, me sirven para mejorar mi fic...

Saludos a mis lectores, Sakura-Diggory.

EL ÚLTIMO HORROCRUX

Rachel sostenía con fuerza el sobre que Fawkes le había traído contra el pecho. Samuel estaba con ella y ambos caminaban rápidamente por las oscuras calles de Cambridge. Daniel estaba a unos metros delante de ellos, golpeando distraídamente las paredes de los altos edificios con su varita, provocando que saliera chispas de ella pero, a pesar de todo, parecía muy contento.

-¿Aún usted está mal -preguntó Samuel en voz baja, alzando la mirada hacia su ama con preocupación- por haber atacado a la familia Weasley?

Rachel no respondió, observando el piso mientras caminaba. Luego levantó la vista hacia Daniel: aún no entendía por qué él la había ayudado, si momentos antes había intentado matarla... Simplemente todo era contradictorio. Daniel, adelante de ella, se detuvo y dio media vuelta, espeando que Rachel la alcanzara. Parecía serio.

-Tenemos que encontrar una manera de colocarte dentro de la casa de los Weasley sin levantar sospechas -comenzó a decir él, frunciendo el entrecejo y volviendo a caminar, al lado de ambos-. Ya están desconfiando que eres mortífaga...

-¿En serio? -gruñó ella sarcásticamente, de mal talante-. Ya saben que soy mortífaga. No podré volver allí sin que me maten -replicó ella con seguridad, frunciendo la nariz y miró a Daniel con odio-. ¿Y por qué necesitas que yo haga eso, eh? ¿Por qué?

-Sólo hazlo, son órdenes del Señor Tenebroso.

Rachel puso cara de que quería quejarse, pero se calló. No quería volver a discutir. Sabía que todo había sido idea de Daniel y, por algún motivo, quería que ella estuviera viva... al menos por mientras.

*****

Harry, Ron y Hermione lograron escapar de la estrecha vigilancia de los padres de Ron, de Lupin y de Tonks con demasiado esfuerzo, saliendo de los dominios de los hechizos y encantamiento que protegían a La Madriguera con la excusa de que pasearían cerca del seto. En un instante de distracción, se alejaron lo más rápido que pudieron y se desaparecieron. Acamparon en un claro del bosque que rodeaba el río Támesis y Hermione llenó el local de complicados hechizos. Harry pensó que ella estaba exagerando, pero ella respondió "tratándose de seguridad, nada es demasiado" y Ron, por increíble que pareciera, estaba de acuerdo con ella.

-Ahora no tenemos como enterarnos de lo que ocurre en el mundo mágico... -suspiró Hermione un poco preocupada, sentada sobre un banquito dentro de la carpa. Sus ojos se mojaron levemente.

-No se preocupe, señorita Granger -dijo Ron con voz teatral y poniéndose de pie-. El señor Potter derrotará al que No-Se-Debe-Pronunciar después que elimine los horrocruxes.

-¡Vamos, Ron! No sé dónde está el último horrocrux, el relicario está en manos de no se sabe quién y la copa es prácticamente indestructible -gruñó Ron de mal humor. Hermione levantó los ojos hacia él sorprendida.

-¡Pensé que ya habías destruido esa cosa! -exclamó ella poniéndose de pie, al lado de Ron.

-No, ya intenté de todo... -respondió él distraído sin darle importancia. Sus ojos se desviaron a la fotografía de sus padres que había llevado con él, sonriendo alegremente mientras danzaban en una plaza en un día otoñal. Hermione ya se imaginaba en qué estaba pensando.

-Quieres ir en búsqueda de Claire, ¿no? Harry, tu hermana está...

-¡Hermione, no! -exclamó él, ahora mirándola fijamente-. Viste lo que dijeron Hagrid y Lupin: no encontraron su cuerpo. Ella está viva, lo sé, no la mataron...

Ron se colocó entre los dos.

-Señor Potter, no hay chances de que la señorita Potter esté con vida. El que No-Se-Debe-Pronunciar no la dejaría vivir, ni que los Potter hubieran concedido el cambio...

Hermione asintió, indicando que estaba de acuerdo con el pelirrojo. Harry suspiró, sin ganas de discutir.

*****

-¿Podrías explicármelo, Rachel? -pidió Voldemort con enojo, tirando sobre la mesa el ejemplar de El Quisquilloso. Ella estaba frente a él, cabizbaja, acompañada por Samuel, su fiel compañero-. ¿Cómo pudiste dejar que descubrieran tu identidad? -Rachel continuó a mirar el piso sin decir nada, como si el suelo de baldosas negras fuera algo muy interesante de admirar. -Te pedí apenas que me trajeras el editor de El Quisquilloso y todo el plan falla por tu culpa. -Voldemort la miraba detenidamente, decepcionado y enfadado a la vez. -Me has decepcionado mucho en estos últimos tiempos, Rachel.

-Lo siento, mi lord, no volverá a ocurrir -se disculpó Rachel, sin levantar los ojos.

-Ya oí eso de tu boca, la última vez que te encargué algo... -recordó el Señor Tenebroso, con un aire maléfico que hizo que ella estremeciera por primera vez en su vida por miedo-. Pero como soy un Lord misericordioso, espero que no me vuelvas a fallar, sino esa sería tu última misión -siseó él como último aviso.

*****

Hermione regresó de su ida a una ciudad muggle cerca de allí con el rostro cubierto por una bufanda azul y el cabello recogido bajo un gorro de lana. Había conseguido un ejemplar de El Quisquilloso en una tienda muggle, hechizada como si fuera una revista de jardinería y, al parecer, repelía a los muggles, porque el vendedor le hizo una guiñada y le cobró en dinero mago. Se lo entregó a Harry en seguida que llegó, mostrándole el titular que decía: Mortífagos atacan El Quisquilloso. Ron se acercó con curiosidad.

-"Dos mortífagos y un hombre-lobo atacaron la sede de la revista" -leyó Harry en voz alta-. "Uno de ellos, Rachel Alice Blane, parecía evitar cualquier ataque y el segundo, mortífago, de nombre Daniel (no se han logrado más datos), atacó al fotógrafo oficial de la revista, el señor Bonnie Ryan. El hombre-lobo, Samuel Olsen, 23, destruyó solamente máquinas y mesas." ¡Sabía que Rachel no era de fiar! -exclamó el moreno, pasándole la revista a Ron, que quedó observándola detenidamente. Hermione se acercó al pelirrojo.

-¿Qué ocurre, Ron... digo, Allan? -preguntó la castaña. Ron no respondió, tomando una pluma y circulando algo en el artículo.

-Me habéis dicho que quién se había quedado con el verdadero relicario de Slytherin fue R.A.B.... -comenzó el pelirrojo en tono teatral y colocó la revista frente a los ojos de Harry y Hermione: él había circulado las iniciales de Rachel Alice Blane.

Hermione quedó estática al lado de Harry, incrédula.

-No... puedo... creerlo... -exclamó ella segundos después.

-Pues yo sí -dijo Ron sonriendo.

-¿Por qué? -preguntó Harry mirando a su amigo con desconcierto, sentándose para no caer de la sorpresa.

-Por lo que me contaron -comenzó el pelirrojo, dejando la revista sobre una de las literas que estaban a su lado-, ese R.A.B. colocó un billete en el horrocrux falso, ¿no? y ese billete era para el Que-No-Se-Debe-Pronunciar. La señorita Blane atacó la revista contra su voluntad, eso lo dice en el artículo, o sea, es una mortífaga que parece no querer serlo.

Hermione comenzó a asentir, empezando a entender el razonamiento de su amigo.

-Por eso trató de ayudarnos durante el ataque a La Madriguera -comentó ella en seguida, sentándose en el banquito al lado de Harry, observándolo-. ¿Pero por qué quería los horrocruxes? Si el Innombrable se entera de que ella, una mortífaga, está en búsqueda de los horrocruxes, la asesina en seguida...

-No sé -murmuró Harry-. Pero ahora sé por qué ella fue al Valle de Godric meses atrás...

*****

-¡Estoy famoso! -exclamó Samuel, alegre, cuando estaban lejos de donde estaba Voldemort, pero continuaban en el refugio del Señor Tenebroso. Tenía El Quisquilloso en la mano, observando su foto-. ¡Soy famoso!

-No seas estúpido, perrito -gruñó Daniel, golpeando con el puño el brazo de Samuel, haciendo que este soltara un gemido.

-Déjalo, Danny -exclamó Rachel, sentada en el sillón, vagando por sus recuerdos: allí había vivido con Severus Snape desde que tenía memoria. Siempre le resultaba raro volver ahí después de lo que le había contado Albus Dumbledore-. El pobre apenas se divierte...

Daniel se largó en el sofá al lado de la joven mortífaga, mientras que Samuel aún sujetaba alegremente la revista: el Samuel de la foto tomaba algún objeto del local y lo lanzaba al suelo, riendo como un bobo y Rachel lanzaba maleficios a diestra y siniestra. Daniel aparecia muy rápidamente corriendo de un lado a otro.

-Oye, Rachel, aún no has echo lo que pedí -rezongó Daniel, en tono de enfado, observándola con frialdad.

Rachel movió la cabeza hacia él frunciendo el entrecejo.

-¿Qué pretendes, Daniel? -preguntó ella con brusquedad. Daniel frunció el ceño-. Sé que no fue Él quién te pidió para que yo fuera con los Weasley... la idea fue tuya.

Daniel la observó por unos instantes, luego miró a Samuel, que ahora pegaba la foto en la pared del living con un encantamiento, y bufó. Tomó a Rachel por el brazo, abrió la puerta de una habitación adjunta a donde estaban, recostó a la joven en la pared y trancó la puerta con su varita.

-Pretendo lo mismo que tú, Rachel -murmuró Daniel, colocándose frente a Rachel, con una mano apoyada a la pared detrás de la joven. Ella se sintió acorralada, su mano se movió rápidamente hacia el bolsillo donde guardaba la varita, pero no la sacó-. Te he estado vigilando más tiempo de lo que imaginas. Sé que has robado el relicario de Slytherin y que has ayudado a Potter a tomar la copa de Hufflepuff.

Rachel lo observaba detenidamente, con las cejas fruncidas en una expresión de desconcierto.

-¿A donde quieres llegar con todo esto? -preguntó la muchacha en voz baja. Ambos estaban en el lugar menos indicado para conversar sobre ese tema. Temió que las paredes tuvieran oídos.

Daniel sonrió y Rachel sintió la respiración cálida de él en su rostro.

-Estoy buscando lo mismo que tú, Rachel, respuestas... y tal vez venganza.

Rachel se preguntó si aquél brillo extraño que ahora veía en los ojos de Daniel era el mismo brillo que le ofrecía los ojos de Harry Potter: una pérdida familiar. La puerta se abrió y Samuel apareció en el umbral, con una expresión seria. Rachel se acercó, preocupada.

-El Señor de las Tinieblas la llama, señorita Blane.

*****

Rachel se encontró a solas con Lord Voldemort en una habitación en penumbras. Ella sabía que él le daría las instrucciones para la próxima misión y sabía también que no podía fallar si quería continuar viva. Era la primera vez que sentía miedo por lo que él podría pedirle... ¿Por qué ahora temía? Ella era unas de las mejores seguidoras de Voldemort, no dudaba en matar y torturar a quién fuera y era excelente espía. Después de tanto años de entrenamiento en las artes oscuras... ¿Se había ablandado?

-¿Qué quieres de mí, mi Lord? -preguntó ella curvándose levemente.

Voldemort sonrió antes de responder.

-Quiero a Harry Potter.

-¿A Potter? -repitió Rachel sorprendida, mirándolo boquiabierta. Voldemort ahora la observaba sin expresión.

-¿Crees que no puedes hacerlo?

-Cla... claro, mi Lord -murmuró Rachel apenas inclinando la cabeza, pero no estaba muy segura de poder hacerlo.

*****

Había anochecido ya y el trío estaba acostado cada uno en su correspondiente litera. Hermione leía La Historia de Hogwarts por si conseguía alguna pista del último horrocrux, pero no encontraba nada. Ron leía un libro titulado Magia para expertos, sentado con las piernas cruzadas sobre las sábanas y Harry miraba las tablas de la cama del pelirrojo que estaba sobre él, con las manos detrás de la cabeza, pensativo, recordando cada foto que había visto de su hermana... Había albergado por unos momentos la esperanza de que no estaría ya solo en el mundo, que existía una hermana perdida por ahí, tal vez desterrada en un orfanato o indigente por las calles muggles sin saber quién era... Pero conocía a Voldemort y sabía que la mataría al no recibir a Harry en cambio. Por un segundo prefirió haber muerto y dejado a Claire en su lugar, viva, y tal vez sus padres no hubieran perecido aquél 31 de octubre de 1981.

-A ver, Harry, el último horrocrux es algún objeto de Rowena Ravenclaw, ¿no?Pero... ¿el qué? -preguntó la voz de Hermione de repente, proveniente de la litera de abajo, cerrando el libro con un golpe y sacando a Harry de sus pensamientos.

-¿No encontraste nada ahí? -gruñó él, girando hacia un lado y aferrándose a su almohada-. ¿Y no sabes qué podemos utilizar para destruirlo que esté a nuestro alcance?

-¿Colmillo de basilisco? -preguntó la castaña en ton de burla.

-La espada de Godric Gryffindor es una buena opción -intervino Ron sin apartar la mirada del libro.

Harry se sentó y estiró el cuello para a mirar a Ron en la cama de encima. Entonces, pensó él, tenían que volver a Hogwarts a buscar la espada y de paso evitar el ataque que Crabbe y Goyle dijeron que ocurriría. Tal vez el último horrocrux estaba en el colegio... No costaría nada verificar. Hermione lo miró, como si pidiera que él le dijera sus planes.

-Volveremos a Hogwarts -dijo el moreno, desviando los ojos del rostro de Hermione que surgía debajo de él a Ron, que ahora tenía la atención vuelta hacia él-. Debemos destruir la copa y encontrar el otro horrocrux. Luego impediremos que Voldemort...

Un viento fuerte entró en la carpa y volteó a todo lo que era de un peso considerablemente liviano. Harry, Ron y Hermione salieron con las varitas encendidas y vieron a tres sombras bajar del oscuro cielo que se había vuelto tormentoso, tomando la forma de tres personas. Harry reconoció a Rachel y a su compañero Samuel y con ellos estaba el mortífago que había intentado matar a la joven Blane en La madriguera.

-Nos has llamado, Potter... -murmuró el mortífago.

Rachel, de pie detrás de él, balanceó la cabeza de un lado a otro moviendo los labios diciendo: "te avisé". Daniel alzó su varita y apuntó con ella a Hermione, sonriendo de lado.

-Hola de nuevo, señorita -saludó él, recordándole a la castaña que él era quién había sido el que la había atacado en La Madriguera-. Nuestro primer encuentro fue un poco... tempestivo. Soy Daniel. -Y en seguida miró a Rachel-. Vamos, Rachel, el Señor de las Tinieblas los ha invitado a su refugio...

-Para, Daniel -repuso la mortífaga, tomándolo del brazo y fulminándolo con la mirada.

Harry tenía que distraer a Daniel, así podía conversar con Rachel, Hermione pensaba en lo mismo, pero Ron se adelantó:

-¡Desmaius!

Daniel salió expelido por los aires y desapareció entre los árboles del bosque. Rachel miró al pelirrojo perpleja y vio entonces a Harry que la apuntaba con la varita directamente a su rostro, al parecer, muy enojado.

-¿Qué quieres en realidad, Blane?

Ella alzó también su propia varita.

-No quiero hacerte daño, Potter. No deberías habernos llamado... -bufó ella, mirándolo fijamente con sus ojos castaños.

-¡Confié en tí! ¡Y lo único que quieres es llevarme ante Voldemort! -gritó Harry furioso. La varita temblaba en su mano-.¡Atacaste a los Weasley, que te acogieron sin preguntarte nada...! ¡CONFIAMOS EN TÍ!

-No me conoces, Potter, no debes juzgarme -replicó ella con los dientes apretados en un gesto de furia. Hermione llevó las manos a la boca y Ron se alejó a cuidar a Daniel para que no despertara.

-¡Tu amigo acabó de decir que estás aquí para llevarme a ese refugio! -volvió a gritar Harry; de su varita salían chispas-. ¡Vamos, hazlo, y Voldemort te recibirá con muchos honores!

Samuel se movió inquieto al lado de su ama, mirando la varita de Harry con temor a que le ocurriera algo a Rachel.

-Señorita Blane... el Señor Tenebroso te matará si no lo haces -intervino, sabiendo las intenciones de su ama. Harry lo miró y luego pasó los ojos a Hermione, que estaba a su lado con el entrecejo fruncido, como si estuviera reflexionando en lo que iba a decir:

-Has robado el relicario, Rachel Alice Blane -dijo la castaña, también apuntándola con su varita-. El Innombrable no estará feliz en saberlo... Si llevas a Harry le cuento que nos has ayudado a robar el horrocrux en el Valle de Godric.

Rachel pareció vacilar y bajó su varita. Samuel pareció alarmado.

-No entienden mis razones -murmuró ella.

-No, sinceramente no te entiendo -masculló Harry sin bajar su varita.

Rachel, después de unos segundos reflexionándolo, se quitó la mochila que llevaba sobre los hombros y abrió el cierre. Harry seguía todos sus movimientos con la mirada; ella sacó un objeto y se lo extendió al chico: era el verdadero relicario de Slytherin. Harry, sin bajar la varita, lo tomó.

-Te puedo entregar el otro horrocrux que tengo... -comenzó a decir Rachel-. Pero no puedo volver de manos vacías, Potter, sino me matarán. Ya te he ayudado demasiado para terminar pagando con mi vida.

Hermione dio un paso adelante con decisión, bajando su varita.

-Llévame como prisionera -intervino ella-. Y entréganos el otro horrocrux.

-¡Hermione! -exclamó Harry mirándola con los ojos como platos, sintiendo una gota de sudor correr por su sien-. ¡No debes hacerlo!

-No hay otra opción. El Innombrable te matará si vas con ella, y ella muere si no lleva nada importante... -No dudó ni un instante cuando habló.

Samuel ahora miró a Rachel con alivio.

-Yo la cuidaré, Potter -dijo Rachel, intentando sonreír, pero como no le salió, disimuló llevando los ojos hacia la mochila y sacando de él el arco que había utilizado para atacar al grifo-. Toma, Granger, este es el arco de Rowena. Él me lo dio, confiando que en mis manos estaría seguro, pero no desconfiaba que yo sabía que era un horrocrux.

Se oyó un golpe sordo y el ruido de un cuerpo caer al piso. En seguida, Daniel se acercó con enfado y con la varita sujetada fuertemente en alto. Rachel tomó a Hermione del brazo con velocidad y se desapareció, seguida por Samuel. Daniel lanzó una mirada fulminante a Harry e hizo lo mismo, cosa que desconcertó al moreno.

Ron se aproximó, con un hilo de sangre brotando desde su cabello rojo.

-¿Qué... qué ocurre? ¿Dónde estamos?

Al parecer, Ron había dejado de ser Allan A. Allan.

*****

Cuando Hermione abrió los ojos, se encontraba en una habitación no muy pequeña, la pintura se estaba descascando y la única ventana estaba entablada. En el momento que Rachel la soltó, cayó sentada sobre una cama polvorienta y Samuel se balanceó por unos instantes cuando se apareció, hasta que dejó de pestañear y enfocó la visión. Daniel se apareció segundos después.

-¿Qué haces, niña? -rugió él tomando a Rachel del brazo y sacudiéndola con violencia. Ella se soltó con otro movimiento violento y lo apuntó con su varita directamente a su pecho. Samuel hizo lo mismo, colocándose al lado de su ama.

-Mira, Danny, vete si no quieres que yo sea la última persona que veas en tu estúpida vida -gritó ella a su vez. Daniel apartó su varita de un manotazo-. Sabes que soy capaz de hacerlo.

-Si el Señor Tenebroso te descubre, no dudaré en matarte allí mismo. No dejaré mis propósitos de lado por una niña idiota que traiciona al mayor mago tenebroso. Menuda estupidez -murmuró antes de salir golpeando la puerta con demasiada fuerza al cerrarla. Samuel guardó su varita. Rachel suspiró con alivio y miró a Hermione, sentándose a su lado.

-Necesito atarte las manos, Granger -pidió Rachel poco después, cuando su rabia apaciguó un poco.

-Llámame Hermione.

Rachel se viró hacia la castaña y con un golpe de su varita, hizo surgir unas cuerdas atando las muñecas de Hermione. Luego le hizo una señal con la cabeza a Samuel y él salió de la habitación.

-Perdóname, Hermione...

Rachel se levantó, volteó su mochila que estaba en su regazo y las cosas que estaban adentro se esparramaron por el piso. A los pies de Hermione cayó unas monedas muggles, algunos galeons y una foto. En ella estaba Rachel, pequeña, con dos años tal vez, en los brazos de un hombre que ella conocía muy bien: Remus Lupin.

-¿Conoces a ese hombre de la foto? -preguntó la chica, mirándola.

-No -respondió Rachel, ríspida, recogiendo sus cosas con velocidad.

-Entonces por eso estaban en la casa de los Potter... -exclamó Hermione, sonriendo y comprendiendo todo-. Dijiste que estabas detrás de respuestas... detrás de tu familia... de tus padres...

Rachel la miró por unos segundos, preguntándose si Hermione sabía algo, pero luego pensó que ella estaba tirando verde para recoger maduro. Su vida le había enseñado que no debía creer en las palabras de un rehén.

-No te importa mi vida, Granger, y será mejor que no te metas si no quieres que yo misma me encargue de ti.

A Hermone no le importó las amenazas y sonrió emocionada.