HOLA!!

Finalmente he aparecido por este fic!!

Sessh muy "animado".- viva, viva.

¬¬ Podrias al menos fingir que te interesa aunque sea un poco.

Sessh.- Agradece que no te corte la cabeza en el primer capitulo.

O.O!! Vale, has lo que quieras.

Cof, cof, bueno mejor empiecen el capitulo, muchas cosas seran reveladas.

Disclaimer: Inuyasha no me pertenece es de Rumiko Takahashi.

Capitulo 9. Confesiones, parte 1.

…Sesshoumaru intenta separarlas, pero la madre usa su mano libre para rehacer otro látigo y alejar a su hijo. Sesshoumaru sentía una fuerte quemazón que le amenazaba en el cuello. Su madre intentaba derretir el delicado cuello humano de Ahome. Sin pensar, se abalanzó en contra de los latigazos recibiendo varios golpes, y finamente logra separarlas de manera brusca, tomando a la miko en sus brazos. La madre no daba crédito a lo que veía, su propio hijo la había atacado, y nada menos que para defender a una humana.

- ¡Aparta del camino! – Gruño la mujer de cabellos blancos.

- ¡Basta madre! - Le cortó Sesshoumaru.

- No protejas a esa humana, terminara muerta en solo unos instantes.- Levanto sus garras venenosas.

- ¡Tendrás que matarme a mi primero! – Rugió Sesshoumaru.

La dama taiyoukai quedo estática unos momentos, su hijo jamás protegería a un ser humano de esa manera, aunque ya se había arriesgado cuando llego hace tres años para fortalecer su espada. Pero ahora, no tenía excusa alguna. Si protegía a la humana no significaba que era su compañera, si no que algo malo le sucedería a él cuando esa mujer sufriera algún daño. Respiro hondo y trato de calmarse pero no lo consiguió.

- ¡Guardias! – Gritó Sara.

- ¡¿Guardias?! – Dijo la miko al volver a la realidad.

Rápidamente, los guardias del castillo les rodearon, en el momento que Sesshoumaru se alejara de Ahome, significaba la muerte. Los primeros en acercarse recibieron un gruñido de advertencia por parte del taiyoukai, Sara alzó la mano para evitar alguna perdida en su armada, Sesshoumaru no dudaría matar a cualquiera que siquiera intentara acercarse, sus soldados perderían la cabeza de un solo golpe. Sara le indico a su hijo lo que tenía que hacer con un pequeño movimiento de la mano, Sesshoumaru gruñó de nueva cuenta, pero accedió a regañadientes a la silenciosa petición de su madre.

Se encontraban en una de las celdas de la prisión subterránea, Sara ya no iba a escuchar ni una palabra de su hijo. Si estaba tan empeñado en proteger a esa mujer humana, que lo hiciera, pero sería tratado de la misma forma que ella.

- Mi madre no tiene límite.- Gruño el taiyoukai.

- Aprendiste lo sádico de tu madre, o al menos eso es parece.- Le dijo la miko con cierto sarcasmo.- Hace frío en este lugar.- Agregó al final.

- ¿Qué esperabas en una celda? – Preguntó irónicamente.

- ¿Por qué tu madre te encerró a ti también? – Inquirió la joven miko.

- Mi madre no soporta a los humanos, y yo al protegerte me gane esto… es la segunda vez que traigo a seres humanos conmigo, sabía que esto podría pasar.- Le respondió Sesshoumaru, después desvió la vista hacia los barrotes.

- ¡Si lo sabías porque vinimos aquí! – Exigió saber.

- Porque sus centinelas me vieron, mi madre se habría molestado aún más si no venía aquí por voluntad propia.- Le contestó.

Ahome cesó en sus preguntas cuando vio a uno de los guardias pasar de nueva cuenta delante de su celda, venía a vigilarlos cada tanto por orden de la dueña del lugar, pero por alguna razón no les dirigía la mirada. Era fácil saber el porqué, Sesshoumaru seguro lo mataría con la mirada, o al menos lo intentaría. Después de unas horas, el taiyoukai vio como Ahome titilaba levemente ante el frío, le habían quitado la mochila y con eso todas sus cosas, Sesshoumaru suspiro, también sentía un poco de frío a causa del collar; pasó su brazo por la cintura de la muchacha y la acercó a su cuerpo, besó su frente cuando el guardia se fue. Poco después se durmió, aun no estaba recuperado y necesitaba un descanso.

Ahome despertó al sentir su cuerpo más cálido, trato de levantarse pero no pudo, miró hacia su cintura y abrió los ojos como platos al ver que Sesshoumaru la cobijaba con su brazo, se sonrojo un poco por la pena, hacía tiempo que no se sentía así. Sacudió la cabeza, no iba a pensar en esas cosas, trato de alejarse por segunda vez, pero su cuerpo al sentir el frío tembló. Pensándolo mejor, no era tan mala idea quedarse en esa posición, se acurrucó un poco más cerca del pecho y volvió a cerrar los ojos.

A la mañana, Sara quedo impactada al ver a la humana abrazada a la cintura su hijo, esto la irritó más. Golpeo con fuerza la pared, esta retumbó y Sesshoumaru y Ahome despertaron del susto; Sesshoumaru vio a su madre, esta tenía los ojos rojos como los rubís más brillantes y llameaban en una ira casi incontrolable.

- Veo que no aprenderás con una sola noche aquí.- Refunfuño la dama youkai.

- Si me dejaras explicarte las cosas…

- No, hasta que te deshagas de esa humana.- Le interrumpió con tono cortante.

- Tan terca como de costumbre, madre.- El taiyoukai suspiro.- No pienso "deshacerme" de ella… y su nombre es Ahome.

- No me interesa como se llame, guardias.- Dos grandes guardias se acercaron.

Sesshoumaru se levantó del suelo y se puso delante de Ahome para escudarla, la celda se abrió y la youkai dio su orden. Ambos seres entraron con velocidad, sujetando al joven por los brazos, este forcejea con fuerza pero no puede zafarse del agarre, Sara pasa de largo. Iba directo a por Ahome, con las garras bañadas en veneno. Sesshoumaru trato nuevamente de liberarse, pero no conseguía siquiera moverse, un gruñido salió de su boca.

- ¡Déjala! – Rugió el hijo.

- Tranquilo, no la haré sufrir.- Le aclaro la madre.

"¡Purifícala!" Volvió a ordenar la voz en su interior.

- ¡No puedo hacerlo! Ahora sé que no tengo el poder suficiente para pelear contra un taiyoukai.- Calló la voz en su interior.

"Tienes más poder del que te imaginas"

La dama youkai la hizo volver a la realidad cuando le dio un golpe seco contra la pared. Apretando el cuello rápidamente y comenzado a asfixiarla. Sesshoumaru sintió como su cuello se cerraba al mismo tiempo que la de la miko, forcejeo con más fuerza, intentando salir del agarre de ese par de guardias, más dejo de hacerlo cuando el aire le falto en los pulmones. Ahome intentaba alejar a esa mujer, pero no podía hacer nada.

"Purifícala, ¡purifícala ahora!" Se escuchó la voz demandante.

- ¡Ya basta! – Gritó ahogadamente ante las dos situaciones.

Sara se alejo de Ahome con la mano quemada, la había purificado. Sin poder evitarlo, gruñó molesta ante la sensación de dolor, la horrible quemazón que sentía en el brazo izquierdo era una sensación demasiado desagradable, miró con cólera a la muchacha. Pero toda ira desapareció en cuestión de segundos, luego en sus ojos se reflejo el asombro y por milésimas de segundo sintió algo que jamás imagino tener en toda su vida youkai; miedo.

En los ojos de la muchacha se reflejaba una oscuridad que no parecía tener fin, es más, parecía estar creciendo rápidamente, era como si su alma estuviese siendo devorada por "algo" que yacía en su interior. Aquello le dio una extraña curiosidad, quería saber que secreto guardaba esa mujer en su interior, como tenía el suficiente poder como para purificar su brazo de esa manera y al mismo tiempo, tener esa oscuridad tan grande… ¿Qué había en su interior?

Escuchó con atención, la miko jadeaba para recuperar el aire, pero no parecía ser la única, miró a su hijo, estaba en el mismo estado. Jadeando, igual que la mujer humana. Le extraño ver eso, es como si estuviesen conectados de alguna manera, pero no le encontraba lógica alguna a sus pensamientos.

- Suéltenlo.- Ordenó la mujer ya más tranquila.

Sesshoumaru, sin poder evitarlo, cayó de rodillas al suelo, recuperándose de lo que su madre le había hecho a Ahome y por lo tanto a él también. Miró a su madre permanecía a una distancia muy prudente, pero notó algo más, las quemaduras en su mano izquierda, que se extendían hasta casi llegar al hombro, luego miró a Ahome ¿Cómo había causado tanto daño? Sería acaso… lo que la anciana humana le había contado.

- Madre.- Le llamó el hijo mirándole fijamente.

- La humana se queda aquí abajo, tienes una sola oportunidad de aclararme las cosas.- Dijo la madre con gran impaciencia.

- No la dejare aquí.- Gruño Sesshoumaru.

- No le harán ni un rasguño, lo guardias no le tocaran ni un solo cabello si así lo ordeno.

- ¡Y con otra orden le cortaran la cabeza en cuanto yo me aleje de ella! – Exclamo el hijo molesto.

- En tu decisión Sesshoumaru, te quedas aquí y a morir con esa humana, o la dejas sola unos momentos para explicarme qué demonios pasa.- Le dijo cortante. Sesshoumaru no tenía demasiadas opciones, además de que su madre no tenía mucha paciencia que digamos.

- Que no la toquen.- Decidió al fin.

- Está bien hijo, nadie tocara a tu "preciosa mujer".- Dijo con tono mordaz y con un pequeño toque de ironía.

- Dame tu palabra de que no le harán nada, madre.- Exclamo el hijo con la rabia reprimida.

- No tientes a la suerte Sesshoumaru, ya he dicho que no le tocaran ni un cabello.- Dijo la madre ya con menos paciencia.

Sesshoumaru sin más remedio, camino hasta estar fuera de la celda, la cual se cerró al instante, dejando a Ahome completamente sola en aquel frío lugar. Pero había algo muy raro en ella, su aura era muy visible, un aura oscura, maligna. No tuvo tiempo de averiguar lo que era ya que los guardias se pusieron detrás de él y tuvo que seguir a su madre. Sara veía de reojo a su hijo, ¿Cuándo se volvió tan blando? Más aún, ¿Qué demonios tenía en la cabeza para tener a una humana como su compañera? Había cosas que no encajaban y eran cosas que ella iba a saber por las buenas… o por las malas.

Abrió lentamente la puerta e ingreso a la amplia habitación, sentándose en su trono. Sesshoumaru le mira con gran desconfianza, conociendo a su madre como él la conocía, sabía que algo tramaba, no quería ni imaginar lo que pasaría después de lo que ella haría en cuanto le dijera lo del collar. Se sentó delante de su madre, esperando el inevitable interrogatorio que le haría.

Mientras tanto, el aura de Ahome seguía muy inestable, incluso los guardias estaban comenzando a asustarse de la humana que mantenían vigilada, así que se alejaron un poco de esa celda. Ahome se dejó caer sobre la pared tenía las piernas entumecidas, necesitaba calmarse, hacía tiempo que creyó que "eso" estaba controlado, pero ella sabía que no era así.

"¿Quieres saber lo que dirán?" Le insinuó la voz en su interior.

- Déjame en paz, hace seis meses te selle, no deberías estar… ¡sal de mi cabeza! – Susurro la joven miko mientras se sujetaba la cabeza con fuerza.

"Mientras vivas, yo seguiré aquí…" Se escuchó una macabra risa. "No importa lo que hagas."

- Ignorarte sería lo más sensato, no tengo porque seguir tus órdenes…

"Pero querida, ya las has seguido antes, ¿Por qué parar ahora?" Le dijo con un tono suave y a la vez irónico.

- ¡Déjame en paz! – Casi gritó.

"Tranquilízate, hagamos un trato pequeña, yo te muestro lo que Sesshoumaru dice y tú, me dejas libre mientras estés viéndolo." Propuso la voz de su interior.

Ahome intentaba acallar esa voz en su interior, pero de repente perdió la conciencia y se deslizó por la pared. Abrió los ojos en la oscuridad, delante de ella estaba una joven exactamente igual en casi todos los aspectos, pero traía encima una capa negra encima, cubriendo hasta su cabeza, solo dejando que sus labios que mostraban una sonrisa maliciosa. A su lado, estaba un espejo con forma ovalada, mostrando un espiral.

"Te parece bien si vemos lo que hace Sesshoumaru." Sugirió la otra.

- Como no me dejaras salir de mi propia mente, supongo que no tengo otra opción.- Dijo ya resignada, no era la primera vez que quedaba encerrada en su propio subconsciente, pero hacía tiempo que no pasaba.

Dentro del espejo se veía una gran sala, donde se encontraban Sesshoumaru, sentado delante de su madre que permanecía sentada en su trono.

- Sesshoumaru, - Le llamó después de un largo y sepulcral silencio, el aludido le mira.- Dime la verdadera razón por la cual esa humana está contigo.- Dijo de manera dura e impasible.

- Yo la lleve a mi palacio, pensaba hacerla mi esclava.- Respondió tranquilamente.

"Muy sincero." Comentó aguantando la risa.

- Inuyasha se equivoco con su hermano.- Susurro mientras sus ojos se oscurecían.

- Pero por como la tratas, no parece que lo hayas hecho.- Murmuró la dama youkai descontenta.

- Eso es porque…- Trago saliva disimuladamente sin que su madre se percatara.- los papeles se invirtieron.

- ¿Eso qué significa Sesshoumaru? – Inquirió con molestia por tal comentario.

- Ella me ha sellado.- Dijo Sesshoumaru con los ojos fijos en el suelo.

"Vaya tonto." Susurro en lado oscuro de Ahome.

- Es un imprudente, ya vio como reaccionó cuando le dijo la mentira de que yo era su mujer.- Murmuró molesta.

"¿Algún día accederías a serlo? Se lo prometiste a Inuyasha." Dijo con ironía.

- No… nunca.- Los ojos de Ahome reflejaban oscuridad.

Justo como esperaba, sus propios poderes malignos hacía tiempo que tenían mente propia, a veces pensaba que parte de su alma se había separado de ella y se había creado otra en su interior, decidió no pensar en aquello, y prefirió ver las reacciones de la madre de Sesshoumaru. Lo que vio no se lo esperaba, ni tampoco su parte maligna lo espera ver con sus ojos, Sara se había acercado a su hijo en solo una fracción de segundo, lo había levantado por los cabellos y le había propinado un golpe fuerte en la cara tirándolo de nuevo al suelo. Sesshoumaru tampoco esperaba tal reacción de su madre, cubrió su rostro con la mano derecha, ese golpe había sido muy violento, incluso viniendo de su madre, de un solo puñetazo le había roto la nariz y esta no paraba de sangrar sin importar cuanto quisiera controlar su sangre.

- La sangre no quiere parar, no puedo oler otra cosa que no sea mi propia sangre… ¡maldita sea, no esperaba que mi madre reaccionara así! Maldición como me duele.- Pensó Sesshoumaru mientras presionaba donde el hueso se había roto por el impacto y trataba de acomodarlo.

- Mi único hijo, sucesor de estas tierras fue sellado por una mujer tan poca cosa como esa, ¡me repugnas Sesshoumaru! - Dijo la mujer más que enfurecida.

Sesshoumaru se levantó del suelo con el equilibrio perdido a causa del concentrado olor a sangre, sujetaba el hueso firmemente mientras sus mantenía las fosas nasales cerradas, aunque le era muy incomodo respirar por la boca, por no decir que también era humillante y más aun frente a su violenta madre.

- Mandare a que la eliminen de inmediato.- Exclamó la mujer a punto de salir.

- Entonces perderás a tu único hijo, madre.- Sentencio Sesshoumaru.

Sara le miró a la cara, sus ojos decían algo que aun ella no sabía. Conocía a su hijo, no se suicidaría por una tontería como esa de seguir a un humano al otro mundo, es más, ambos estarían separados, su hijo tenía un pasado que no podía borrar, por eso su destino era el infierno como la mayoría de los youkais; en cambio la "mujerzuela" se iría al otro mundo, aunque era difícil saber a donde partiría el alma de esa miko tan misteriosa.

- ¿Qué quieres decir Sesshoumaru? Te suicidarías por algo tan banal como el amor de una humana.- Dijo con sarcasmo.- O será que el sello que te ha puesto es más peligroso de lo que pienso.- Agregó con seriedad en sus palabras.

- Ambas cosas.- Respondió el hijo.

Sara poso su mano derecha en la puerta, sabiendo bien la reacción de su hijo. Sesshoumaru no dudo en correr y detener a su madre, cosa que le costa muy caro, ya que Sara lo tomo de la nuca y lo golpeo varias veces en el estomago y pecho, prefería matar a su hijo con sus propias manos antes de que siguiera autodegradándose más de lo que ya lo estaba haciendo. Sesshoumaru cayó de nuevo al suelo, cubriendo una vieja herida que fue abierta por los brutales golpes, escupiendo sangre de las heridas frescas que habían ahora en sus pulmones, la madre lo piso para obligarlo a permanecer en el suelo.

- Por favor Sesshoumaru, crees realmente que te creeré en eso, se bien que es solo por el sello… recuerda que los sentimientos son solo para los débiles tanto mental como espiritualmente.- Le hizo recordar la dama mientras rompía las costillas por la espalda.

- Te… equivocas.- Logro decir entre la sangre que salía por su boca y nariz.

- ¿Qué dices? – Inquirió la madre incrédula de lo que oía.

- Los sentimientos…- Escupe algo de sangre para poder hablar mejor.- no son para… los débiles.- Sara le mira con gran frialdad.- Tu siempre me enseñaste a… odiar, a aborrecer, a sentir repugnancia por los débiles, a ser cruel, hasta sádico, pero siempre estuviste… mal; y yo nunca pude verlo.- Intentaba levantarse aun cuando su madre ejercía presión.- me convertiste en un maldito, me hiciste odiar a mi padre, hiciste que sintiera repugnancia por los humanos, por mi medio… por mi hermano.

- Eso era lo que se merecían.- Definió la mujer sin encontrarle mucho sentido a lo que quería llegar su hijo con ese sermón.

- ¡No es cierto! ¡No es cierto! Tú me manipulaste desde niño, me moldeaste a tu gusto, como si solo fuera un juguete me utilizaste para alejarme de mi padre para hacer que ambos sufriéramos… aun lo recuerdo muy bien, recuerdo cuando era… solo un inocente niño youkai que no traía maldad ni la mente ni el alma.

"Esto va muy mal, no me conviene que ella vea más." Pensó la parte maligna de Ahome, levantó la mano para disipar la imagen que este transmitía.

Pero sintió como su muñeca había sido sujetada con brusquedad, miró con molestia al resto de su alma, pero se le helo el cuerpo al ver los ojos fríos de Ahome fijos en sus propios ojos, desafiándola a intentar algo que en ese instante, significaría algo peor que la muerte.

- Déjame ver los recuerdos de Sesshoumaru.- Su lado maligno le mira incrédula.- Se que puedes hacerlo así que no me vengas con estupideces y ¡muéstramelo de una vez! – Ordenó con voz firme e indiscutible.

"… Lo que órdenes." No podía luchar con esa mirada tan decidida y agresiva. Dejo que el espejo le mostrara lo que había en la mente del taiyoukai.

En un gran castillo se podía apreciar como un pequeño youkai corría con desespero en el rostro, traía entre sus manos una pequeña criatura del bosque, malherida por algún otro animal o incluso por un youkai que lo veía como una diversión. Llego agitado frente a su madre que le veía fría e impasible, sin mostrar ni la más mínima reacción al ver a su hijo.

- Madre, mira.- Dijo el pequeño youkai mientras le mostraba una pequeña ave lastimada.

- Hmm…- Se acercó y mostró sus garras venenosas.- Le daré una muerte rápida.

- ¡NO! – Gritó el pequeño youkai mientras alejaba al animalito del peligro.- Quiero que sea mi mascota la voy a cuidar…

- ¡Niño estúpido! – Gruñó la madre mientras le daba una fuerte bofetada en la mejilla derecha al menor, por tal golpe el niño dejo caer bruscamente al ave la cual murió al instante por el golpe.

- ¡Pajarito! – Chillo el pequeño niño mientras levantaba al ave, sin encontrarle vida alguna, dirigió la mirada a su madre.- ¡¿Por qué me pegaste mamá?! ¡Mi pajarito se murió porque me hiciste tirarlo!

La madre se acerco y agarro fuertemente el brazo del niño para levantarlo de manera brusca del suelo, y lo abofeteo varias veces. El niño se deja caer al suelo cubriendo sus mejillas enrojecidas por los golpes, miró los ojos de su madre, estaba furiosa.

- ¡¡Cuantas veces te he dicho que dejes de actuar de esa manera!! – Gritó la mujer.- Ayudar a una simple e inútil criatura del bosque, ¡actúa como lo que eres Sesshoumaru, eres un youkai!

Sesshoumaru no tenía interés realmente en ser como su madre quería, si le interesaba ser un guerrero aunque muy poco a esa edad, por ahora prefería disfrutar de la mínima libertad que tenía entre sus clases de tutores privados, pero su madre al ser tan estricta no le permitía hacer casi nada, lo regañaba por todo sin olvidar los castigos y los golpes que recibía con más frecuencia de lo habitual en esos días. Sesshoumaru no se comportaba como un niño youkai… se comportaba como un niño humano. Unas horas después Inu no Taisho llego a verlo como hacia cada tres días, lo que vio no le gusto en lo más mínimo.

- ¿Hijo? – Logro decir el general al ver a su primogénito con las mejillas y ojos rojos e inflamados.

- Hola padre.- Dijo Sesshoumaru con dificultad.

- Sara que has tenido que ver en estas heridas.- Gruñó el general cuando vio a la madre del niño, esta ni siquiera le dirigió la mirada.- Sesshoumaru.

- Si padre.

- Ven conmigo, tenemos que hablar a solas.- Ordenó.

El niño solo obedeció…

De repente el recuerdo se esfumo, en el mundo real ese recuerdo fue solo un momento, Sesshoumaru solo necesito unos pocos segundos para recordar uno de esos días en los que era inocente y que no le importaba nada, ni el poder ni nada que todo youkai quería.

- Eras un niño débil y sentimental.- Afirmó la dama youkai.

- ¿Y? – Murmuró el hijo con sarcasmo.

- Eres… ¡solo un maldito estúpido! – Gritó la enfurecida mujer. Luego lo pateo con fuerza, cosa que hizo chocar a Sesshoumaru contra la pared.- ¡Eres igual al desgraciado de tu padre!

- ¡No insultes a mi padre! – Gruñó el joven youkai mientras se ponía difícilmente de pie.- Yo se muy bien… que lo amabas con todo tu ser madre.- Ante tal comentario la madre acallo sus futuras quejas y miró sorprendida a su hijo.

Como había notado tal cosa de ella si nunca lo había demostrado cuando él estaba cerca…


Hasta aquí hemos llegado…

Muchas cosas se han revelado, ¡y muchas cosas aun faltan por revelar!

Sesshoumaru pasó por cosas traumáticas en su pasado, ¿Qué más falta por descubrir?

Sara tiene muchos secretos que serán revelados. ¡Incluso sabrán cuando Sesshoumaru perdió su inocente mente!

Y Ahome ¿Estará aprendiendo a controlar su maldad?

¿Llegara el día en que pueda purificar su propia alma?

Y ahora que sabe esto de Sesshoumaru ¿qué hara?

¡Esto y mucho más en el siguiente capitulo!