— Mañana saldré con ella zura— dijo Hanamaru a su amiga del otro lado de la línea.
— ¡Al fin! Ya me había cansado de oírte lamentándote de que no tenías el valor para pedirle una cita.
— B-Bueno… Una cita, cita… No lo es tanto… Una cita… ¿Múltiple? Creo que eso es más correcto zura.
— No le pediste una cita, ¿verdad?
— Eh… Pues…
— ¡Hanamaru!
— ¡Sólo es una salida de amigas zura!
— Lo sabía. Hay Hanamaru, ¿Qué voy a hacer contigo?
— Perdón por mentirte Leah.
— Tranquila, ya estaré allá de cualquier manera, y no voy a permitir que te acobardes así.
— ¡Cierto! ¿Cuándo es que llegas zura? ¿Qué dijo Sarah?
— Al principio se rehusó, pero mi madre le explicó que Uchiura tiene uno de los principales puertos de Japón, también es el que nos queda más cerca, así que no nos alejaríamos tanto de nuestros otros familiares, al final ha aceptado. Aunque me siento mal por ella, la universidad le quedaba más cerca aquí.
— ¿Por qué no se queda a vivir allá?
—Mi mamá no puede pagar dos alquileres, al menos no por ahora, y no quiere que Sarah se aparte de nosotras mientras no sea totalmente necesario. Tiempo de familia y recuerdos, ya sabes.
— Y tampoco quiere que Sarah trabaje zura.
— Así es mi mamá.
— Bueno, así evitará el estrés.
— Lo mismo pienso, pero tarde o temprano mi hermana buscará un trabajo, la he visto ojear anuncios en los periódicos y esas cosas.
— Realmente es testaruda zura.
— Sí, ¡Oh! Hey, me tengo que ir, te veo el Lunes.
— ¡Sí! Estoy muy emocionada.
— Yo igual, ahora si ya te dejo, cuídate Maru, y oye ¡ve por todo! No hay tiempo de arrepentirse después— Leah cortó la llamada.
La castaña se acostó en su cama con el celular aun en la oreja.
— No hay tiempo para arrepentirse después zura— se dijo.
Bajó de su habitación al templo y miró el torii delante de su casa. Suspiró. Verlo siempre la calmaba, pero esta vez le devolvía un mal presentimiento, una especie de advertencia. ¿Realmente estaría bien que se confesara sin pensar en nada más? Sabía que una vez comenzaba algo, podía emocionarse demasiado.
Bueno, ya había pasado un tiempo prudente desde que conoció sus sentimientos, espero a que desaparecieran o a que, si era una confusión, esta se disipara. Pero no pasó, y sabía que entre más tiempo dejara pasar, más difícil sería decirle a You cómo se sentía en realidad. La preparatoria era su última parada antes de tener que desviar sus caminos en direcciones opuestas, o quizá en la misma: El destino era misterioso.
Aunque tenía una inquietud aún más grande, y cierto ángel caído tenía que ver con ello.
¿Por qué había llorado de esa manera?
¿Por qué no contestaba sus llamadas?
¿Por qué You se fue sola a casa? Una parte de Hanamaru no quería tocar ese tema el día de su salida grupal, quería enfocarse en su principal objetivo: Confesarse. Pero el otro lado, aquel que a veces la atormentaba hasta por no terminarse todas las zanahorias de la comida, le pedía que hablara con Yoshiko.
— ¡Riko!— Chika llamó a su amiga desde la baranda de sus habitaciones.
La pianista tardó un poco en atender al llamado de su amiga, después de unos minutos la ojicarmín la pudo ver corriendo a la ventana desde la puerta de su habitación.
— Hola, ¿qué ocurre?— preguntó mientras recogía la cortina de la ventana.
— You me acaba de mandar mensaje.
— ¿Qué? ¿Por qué?
— La cara que acabas de poner es incomparable— se comenzó a burlar.
— ¡Chika!
— Bueno, bueno, ¿recuerdas lo de la salida? Me mandó un mensaje confirmándomelo.
— A mí no me ha mandado nada…
— Porque no le has dado tu número— Chika se encogió de hombros — Deberías dejar de lado tus celos y simplemente hablarle.
— ¡YO NO ESTOY CELOSA!— gritó la pelirroja mientras se sonrojaba escandalosamente.
— Si claro— la amante de las mandarinas enarcó una ceja con cierta burla — En fin, me pidió que le dijera a mi amiga pelirroja que sí saldríamos mañana.
— Tu amiga pelirroja… ¡Seguro! Solo eso recuerda, no soy tan inolvidable como sus ligues de cuerpo de reloj de arena ¡Ah, la odio!— comenzó a gritar Riko mientras hacía una rabieta.
— ¿Estás consiente de que no tienes por qué estar enojada con ella solo porque no recuerda cómo te llamas?— Chika ahora sabía a lo que se refería You, y aunque no conocía tanto a la peligrisacea, decidió seguirle el juego. Rara vez Riko perdía el control de esa manera, y sería divertido molestarla un poco.
— Es solo que… que ¡Ah! ¿Quién se cree?
— ¿Cómo dijo el otro día Mari?— Chika intentó recordar una frase con la que su amiga de ojos color zircón había molestado a Riko un día — ¡Ah sí! Ajem… Flames of jealousy!— gritó agitando los dedos.
— ¡Que no estoy celosa!
— Bueno, prepárate para mañana.
Riko sintió la necesidad de decir algo, pero sabía que si lo hacía, Chika simplemente seguiría jugando y usando todo lo que dijera, en su contra. A decir verdad ni siquiera ella comprendía del todo su molestia hacia You. Cuando alguien no le agradaba simplemente se alejaba, no eran personas que le interesaran y entre más lejos, mejor. Solía pensar que el enojo era tiempo perdido contra una persona que ni siquiera pensaría en quien le tenga odio y resentimiento, y si lo hiciera, solo se arrastrarían mutuamente a su ciclo sin fin de sentimientos negativos. Al menos eso solía pensar… Hasta que conoció a You.
Entre más se decía a sí misma que debería darle exactamente igual lo que hiciera con su vida (cuerpo incluido), más le preocupaba, más le molestaba; a veces quería simplemente abrazarla para quitarle esa mirada vacía y decirle que todo estaría bien, y otras veces deseaba darle una bofetada tan buena que la dejara inconsciente, reflexionando sobre… Lo que fuera que le enfurecía tanto a Riko.
Sus ojos… Los ojos de You eran cielos, océanos, zafiros… Eran hermosos, pero solo eso, ya que el brillo que se supone acompaña a lo bello, siempre estaba ausente en su mirada.
¿Algo le habría ocurrido? O simplemente… ¿Era una jugadora sin sentimientos?
Si era así, ella ni de broma formaría parte de todas sus… amiguitas.
— He llegado media hora antes zura— dijo Hanamaru mientras miraba su reloj. Ella era muy madrugadora, así que sin darse cuenta tomó antes de tiempo el tren a Numazu.
Decidió dar una vuelta antes de encontrarse con You y las otras chicas, pero al llegar al punto acordado, solo se encontró con la dueña de sus pensamientos.
En su pecho explotaron todas esas emociones que surgían cada vez que veía a la chica de cabello grisáceo: Esa sensación de estar mareada pero a la vez flotar, su corazón acelerarse y aquel dolor en el pecho, que aunque presionaba contra su corazón, se sentía bien. Se acercó un tanto nerviosa, pero en ese momento recordó las palabras de Leah: No hay tiempo de arrepentirse después. Y era cierto, no lo había.
— You— la llamó, pero su voz no se escuchó tan fuerte como pensó, decidió acercarse más e intentarlo de nuevo. Una vez estuvo casi a su lado, volvió a hablar — You…
La ojiazul al verla se exaltó, pero ambas tenían una idea diferente de eso: You se había exaltado por encontrarse sola exactamente con Maru, el amor platónico de su mejor amiga y a su vez, la persona que estaba enamorada de ella, por su lado, Hanamaru pensó que quizá estaba nerviosa por su presencia.
— ¡Ohayousoro!— dijo, tratando de actuar como siempre.
— Je, je— Maru dejó salir una risa delicada — Buenos días You.
— ¿Q-Qué haces aquí tan temprano?— la chica de ojos azules miró a su alrededor, se había quedado de ver con Yoshiko antes para repasar su plan de conquista, y no contó con que se encontraría a Hanamaru antes.
— Suelo despertarme temprano, no he medido bien el tiempo y he llegado antes zura.
— Oh… Entiendo— You debatía qué hacer, si hablar con ella e interceder un poco por el ángel caído, o quedarse en silencio esperando a su amiga.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió a la castaña tomarla de la mano y llevarla a otro lugar entre las calles.
— ¡¿Hanamaru?!— solo eso alcanzó a articular.
Se detuvieron frente a un parque con rosales y arbustos realmente altos. Maru respiraba con dificultad debido a todo el esfuerzo que había hecho al correr tanto (al menos para su condición física).
— ¿Estás bien?— preguntó You, preocupada. Hanamaru esperó un poco a recomponerse, una vez lo hizo, le dio la cara a su amiga.
— Perdón por traerte tan repentinamente zura— sus manos temblaban, así que decidió hacerlas un puño — Q-Quería decirte algo…
"Oh no…" pensó, tenía que salir de ahí, aunque se viera mal. Cuando estaba a punto de empezar su carrera, Hanamaru se pegó a ella, estrechándola en un efusivo abrazo.
— ¡Te quiero!
— ¡¿Eh?!
— Te quiero… Me gustas mucho zura— la chica de cabello castaño decidió ser un poco más audaz y besar a su amor de la infancia. Apenas fue un roce, pero una corriente eléctrica la recorrió, encendiendo en ella el deseo por su amiga. Decidió besarla de nuevo.
— Hana...— You no se movía, eso debería ser una buena señal, aunque se veía totalmente sorprendida.
— You...— Maru abrazó su cuello y se fue encima de la nadadora, besándola con torpeza, pero dejando salir todo el amor que tenía dentro del pecho.
— Hanamaru, por favor— su rostro sonrojado era demasiado… Su apenada expresión, incluso aunque el contacto entre sus labios se perdió, besó su cuello con cariño, mientras se dejaba envolver por la esencia de su amada — ¡He dicho que basta!— pero tal parecía que solo ella estaba embriagada por todos los sentimientos que contenía en su corazón, ya que You la tomó de los hombros y la alejó de una manera un tanto brusca— Tenemos que hablar Hanamaru.
¿Qué había hecho mal? Oh… No había esperado su respuesta, quizá la peligrisacea no se sentía de la misma manera que Maru, y esta no había hecho más que abusar de su sorpresa.
— Bien— se alejó un poco más, temiendo la respuesta de su amiga.
— Quiero dejar algo en claro: Yo no siento nada por ti que no sea amistad.
El vacío se hizo presente en su garganta, su corazón parecía estarse desgarrando… La pena, la tristeza… La culpabilidad de haber besado a alguien sin su consentimiento. Todo se arremolinó dentro de la chica de ojos ambarinos.
You primero había sido tajante, pero el ver las lágrimas salir de aquella inocente, pura y amable chica la hizo arrepentirse por haber sido tan dura.
— L-Lo siento zura— Hanamaru tomó las mangas de su suéter y limpió su rostro, sin poder mirar a la ojiazul.
¿Qué debía hacer?
You dejó de lado su sentido del deber y abrazó a la castaña.
— No, perdoname… Fui muy dura.
— Mejor eso a que me hubieras mentido por compasión zura…— Hanamaru le devolvió el abrazo, You la pudo sentir temblar — Perdón por besarte así, me dejé llevar.
— No te preocupes, no me molesta pero…— decidió separarse un poco para mirar a los ojos a la castaña — Hanamaru… Lo siento, pero eres algo así como… Una pequeña niña a la que proteger, no has crecido ni un año a mis ojos— limpió con cariño una de las lágrimas de Maru — Para mí, sigues usando coletillas y ondeando un pequeño vestido azul… Además…— su mirada descendió — Yo no soy la mejor persona para ti…
— P-Pero puedo luchar por…
— No, Hanamaru… Lo digo en serio, ¿sabes qué hacen todas esas chicas a mí alrededor?
— Son tus amigas zura, ¿o no?
You negó con la cabeza, mientras volvía su mirada a los ojos de Maru.
— No son nada para mí, solo dejo que pase lo que tenga que pasar con ellas, cedo a lo que desean hacer porque me da igual lo que me ocurra, o lo que ellas sientan, no tengo ni un gramo de amor romántico en mi corazón— recalcó con amargura, saberlo era una cosa, pero decírselo a alguien más solo la hacía sentir una basura humana, alguien que no valía la pena ser amado y quien solo lastimaría a quienes la quisieran de esa manera, personas tan buenas como Hanamaru… — Las únicas personas por las que siento algo son mi familia, Kanan, Yoshiko y tú… Por ustedes daría todo, porque les tengo cariño, te tengo cariño, pero solo… Hasta ahí— estaba divagando, pero las palabras salieron solas de sus labios — Eres como de mi familia… Solo puedo quererte, pero no sabría amarte sin lastimarte de muchas maneras… Y tú no mereces algo así, yo golpearía a quien te hiciera llorar…
Eso debería ser reconfortante, pero para Hanamaru significa su batalla perdida.
Dolía… Dolía mucho… Tanto que sus lágrimas se desbordaron de nuevo.
— E-Entiendo zura, en serio… Gracias por ser honesta conmigo— volvió a rodear a la ojiazul con sus brazos. Quería estar un poco más así.
— No es nada… Lo lamento— dijo mientras correspondía el gesto.
— ¡Oh, esa de ahí es You!— señaló Chika, pero al ver a la castaña abrazada a la estrella del equipo de natación, se arrepintió de haberla señalado.
— ¿Esa es Kunikida?— preguntó su amiga mientras agudizaba la vista — Y parece una chica tan pura, seguramente le hizo algo— la pelirroja comenzó a caminar hacia You y su acompañante.
— ¡Espera Riko, seguramente no es lo que piensas!
Pero la pianista no la escuchó, siguió su camino.
— ¡Oye tú!
You escuchó una voz familiar a lo lejos, miró en rededor y logró ver a Riko aproximarse.
— Sak… Em, ¿qué ocurre?— no pudo descifrar el rostro enojado de la pianista, pero creyó que no pasaría nada si jugaba con poco con su compañera de curso.
— ¡Riko!— Chika la tomó del brazo y la detuvo, antes de que su amiga hiciera una locura.
Hanamaru finalmente se separó de la nadadora y limpió sus ojos.
— ¿Ya están todas aquí zura?
— ¿Estás bien Kunikida?— preguntó la pelirroja, quería una razón para reclamarle a You aquel abrazo.
— Sí, solo ha pasado algo personal— sonrió, un poco más recompuesta — ¿Nos vamos zura? Las demás ya deben estar allá.
— Eh… Sí— Riko tuvo que calmar sus desconocidos celos disfrazados de indignación y seguir a todas las demás.
Ya llegando al punto acordado, se encontraron a Yoshiko, Kanan, Mari, Dia y Ruby.
— ¡Hola! ¿Dónde estaban?— preguntó Kanan al ver llegar a aquel inusual grupo.
— Entretuve un poco a You y las demás se nos unieron después zura, en fin, ¿nos vamos?— dijo Maru.
Los parpados y nariz roja de la pequeña Hanamaru no fueron ignorados por la datenshi, quien se acercó a su amiga de cabello gris para preguntarle qué había ocurrido. You le dedicó una mirada cansada y triste, para después abrazarla con fuerza.
— Creo que soy una mala persona…— susurró para Yoshiko.
— Claro que no You, ¿qué ocurrió?
— Hanamaru me confesó sus sentimientos…
Yohane decidió apagar sus demonios por un momento para poder escuchar lo que su amiga tenía que decir, no era momento para sus celos. Se notaba que había sido una mañana agitada para su querida You.
— ¿Y qué ocurrió?
— La he rechazado.
— L-Lo entiendo…
— Estoy cansada Yochan.
— Ya pasó…— el ángel caído abrazó a You.
"Estoy cansada de todo…".
