Hakuouki Shinsengumi Kitan no me pertenece, es propiedad de Idea Factory. Yo solo uso a sus personajes y me divierto con ellos, no lucro con esto de ninguna manera


Capítulo 8

Una vista al pasado

— ¡Asuna, corre! —la empujé para que se impulsara y saliera de ahí. Logré ver como se iba corriendo en dirección hacia el cuartel del Shinsengumi—cuídate mucho—yo seguí corriendo lo más que podía, mis piernas eran fuertes pero no sé si lo suficiente para que esas cosas se perdieran de mi vista.

— ¡Ven linda! —metí más fuerza en cada paso. Doblé en una esquina y aceleré más, no sé de donde saqué las fuerzas para hacerlo. Me detuve unos segundos y no vi a la criatura que me perseguía—Sal de donde estés, solo quiero tu sangre—me escondí y tapé mi boca para evitar que saliera algún sonido. Estaba muy asustada. Mi yukata se había aflojado un poco, por eso era que corría mejor.

Yo estaba detrás de unos barriles que estaban puestos entre dos establecimientos. Noté que durante mi escapada no había gente en las calles, al menos en esa zona de la ciudad. Mi cuerpo temblaba con demasiada fuerza y empecé a sudar frio.

— ¿Dónde estás, preciosa? —pasó cerca de mí y lo vi mejor que antes. Sin duda ese era el uniforme del Shinsengumi, definitivamente era uno de ellos—no querrás que tu linda hermana sea lastimada, ¿verdad? —no, a ella no. Mi cuerpo se tensó.

—… —fue ahí cuando me di cuenta. Ellos eran dos… solo había uno. Mis manos tapaban mi boca, comencé a llorar. Asuna podría estar muerta en estos momentos.

—Hola… —esa voz me heló la sangre. Estaba detrás de mí—eres más hermosa de cerca—sentí como sus ojos de color rojo me mostraban el mismísimo infierno. Quería huir pero mi cuerpo no respondió a mis instintos de supervivencia—ven acá.

—… —logré reaccionar a tiempo y le lancé una patada para que cayera al suelo. Salí corriendo nuevamente, escuche a ese demonio rugir como una bestia. Me di vuelta y en un segundo ya lo tenía detrás mío— ¡Aléjate!

— ¡Tu sangre será mía! —me tomó de brazos y me lanzó contra una pared de madera, sentí como si me hubieran roto varios huesos. Caí al suelo, mi cabello ahora caía en cascada de manera desordenada—eres como una noche de invierno, niña. Ojos tan fríos como la nieve y un cabello tan oscuro como una noche sin luna. Tu sangre debe ser un manjar.

Se fue acercando a mí con su espada llena de sangre. Me tomó por el cuello de mi yukata y me alzó contra la pared, mis pies no tocaban el suelo.

—Ayúdenme…

—No hay nadie que te ayude—levantó su espada y sentí mi vida pasar frente a mis ojos. Cada momento importante y hermoso de mi corta vida. Tal vez lo único bueno sería que estaría con Asuna—muere niña.

Me preparé para sentir el filo de la espada atravesar mi cuerpo… pero este jamás llegó. Había cerrado los ojos para que todo pasara rápido, cuando los abrí vi como otra espada atravesaba el lugar donde debería estar el corazón de la criatura. El demonio aflojó su agarre, caí al suelo y me golpeé el trasero al caer.

—Shiori… —levanté la vista y me encontré con la mirada de preocupación de Shinpachi-san. Su haori ahora estaba cubierto de sangre del demonio. Apartó el cuerpo de una sola patada y se arrodilló a mi nivel— ¿estás bien? ¿No te hizo nada malo? ¿No estás herida? —me estaba batiendo mucho y no me dejaba responder.

—Tranquilízate por favor—tomé su rostro y acaricie sus mejillas—estoy bien, estoy bien… estoy bien—mi voz estaba normal pero ya de ultimo arranqué al llorar. Fue como un momento de fuertes emociones y a calmarme logre ver todo lo que había pasado y no pude evitar llorar—estoy bien…

—En verdad lo siento—limpió mis lágrimas con sus dedos y apartó unos mechones de cabello de mi rostro.

—Asuna… ¿Dónde está Asuna? Por favor dime que la otra cosa no le hizo nada, ¡por favor dime que está bien!—lo agarré con fuerza por el haori. Estaba angustiada por mi hermana, no sabía nada de ella.

—Ella está bien, antes de llegar al cuartel se encontró con mi grupo, ellos se encargaron de eso. Ahorita está en el cuartel con Kondo-san y Sano-san.

Logré respirar más tranquila pero mis lágrimas seguían cayendo. Mi cabello estaba por todo mi rostro y se pegaban a mi piel a causa de las lágrimas. Levanté el rostro y vi el cuerpo de la criatura, estaba lleno de sangre e inmóvil. Quise gritar, quise gritarle muchas cosas a Shinpachi-san porque esas eran las cosas que Miwa había visto.

— ¿Por qué? —fue lo único que pude decirle luego de pensar tanto en que decir.

— ¿Por que qué? —le di varios golpes en el pecho, estaba frustrada. Todo lo que había pasado y él solo me decía eso.

— ¿Por qué? ¿Por qué no me tuviste la suficiente confianza para decirme sobre eso? —apunté al cuerpo sin vida y él solo soltó un gruñido— ¿Por qué no puedes entenderme? ¿Y si hubiera muerto yo? ¿Y si le hubiera pasado algo a Asuna? —Shinpachi me limpió un hilo de sangre que debía tener en la sien—sin contar las personas que esas cosas han matado.

— ¿Qué quieres que entienda?

—Que yo crecí sola, mi hermana y yo. Entiende que desde que nuestros padres murieron la única que la ha protegido a ella he sido yo, de todo la he protegido y juré hacerlo hasta el día de mi muerte. No entiendo, se supone que las personas que se aman se dicen todo o tú tienes debes otra manera de ver el amor—no me dijo nada—se supone que si me amaras entonces me hubieras dicho sobre eso.

—Yo sí te amo pero por eso mismo es que no quería que supieras nada, porque terminarías alejándote de mí si te decía sobre esto. Al principio no me hubiera importado pero al paso del tiempo fuiste tú la que me ha hecho decir y hacer cosas que jamás saldrían de mí. Entiende que si tuviéramos una familia ahora, si tuviéramos a nuestro bebé aquí, tampoco de lo hubiera dicho porque no soportaría que tú te fueras y que te llevaras a nuestro hijo. Como tú proteges a tu hermana, yo protejo a esta ciudad. Por eso no te lo dije, no quería que tu ni Asuna se fueran de aquí.

—Yo no haría eso y ¿sabes por qué no lo haría? —él negó con la cabeza—porque con tus tonterías, inmadureces y con esa cabeza de nuez tan dura que tienes lograste hacer que me enamorara de ti, cumpliste lo dicho hace dos años—no nos besamos, solo juntamos nuestras frentes y respirábamos pausadamente—yo no sería capaz de hacerte ese daño, ni a ti ni a Asuna porque sé que ella jamás querría irse de aquí.

—Lo siento.

—Pero sigo molesta contigo, esto era algo serio y debiste decírmelo. Pensé que era una cosa sin mucha importancia pero ahora veo que no—me ayudó a levantarme del suelo y empezamos a caminar—quiero ir a casa.

—Mandaré a alguien que lleve a Asuna para la casa—mientras caminábamos, los otros miembros se encargaban del cuerpo de la criatura— ¿te duele algo?

—No, solo un poco la espalda, debe ser por el golpe que me di cuando me arrojó a la pared.

Antes de llegar a la casa pasamos por una zona donde las personas estaban más animadas que antes. Nos miraban raro, mal, juzgaban, pero yo no podía caminar muy bien, me dolía el tobillo derecho y no podía apoyarlo contra el suelo. Había mujeres con hermosos kimonos coloridos y llenos de estampados florales y hermosos peinados llenos de adornos y flores. Mujeres así eran o de familias o con esposo de buena posición social… o prostitutas.

En ese momento hubo algo que llamó mi atención. Al pasar frente a una tienda o más bien creo que era una posada, vi a una mujer muy parecida a Naoko-san. O era ella o era alguien muy parecida a ella, pasamos a paso lento por ahí pero ella se perdió de mi vista. Misterios y más misterios, esta ciudad estaba llena de ellos, en cada calle se veían a las cortesanas con sus hermosos kimonos y sus máscaras de felicidad y picardía. Yo sabía cómo era eso.

—Sabes, he pensado en la propuesta de matrimonio que me dijiste hace tiempo.

— ¿En verdad?

—Mejor dicho, lo estaba pensado y toda la tarde lo estuve pesando. Tener una familia contigo, hijos contigo, un hogar contigo, nietos, envejecer juntos… pero siempre hay algo que me hace dar dos pasos hacia atrás esa decisión y aún no es el momento—ya habíamos logrado llegar a casa, no habían muchas personas por esta zona— ¿podrías decirle a Yamazaki-san que venga mañana?

—Sí, regresaba hoy de Osaka—al parecer estaba más calmado con el asunto de Yamazaki-san—… yo ya me voy, deben estar esperándome los demás, ¿estas segura que te sientes bien?

—Sí, las chicas están aquí, cualquier cosa puedo decirle a ellas que me ayuden—su expresión se relajó un poco—no te preocupes, dile a Asuna que la espero.

—No, yo mismo la traeré, tú debes ir a dormir—no iba a discutirle eso, estaba muy cansada. Fue poco tiempo pero mi cuerpo pedía descanso luego del susto que acabo de pasar—no pienses mucho lo que pasó—yo asentí y le di una media sonrisa.

— ¿Shiori? —Hanami abrió la puerta de la casa, yo estaba de espaldas y al escucharla me volteé— ¡¿Qué te paso?!

— ¿Tan mal estoy? –le pregunté a Shinpachi-san y él solo me hizo una seña de más o menos—Hanami, no pasó nada, tu tranquila—me acerqué a ella y la hice entrar a la casa nuevamente—es mejor que te vayas ya.

—Ya lo creo. Buenas noches—me sonrió y se fue a paso alegre. No sé por qué, pero había días que tenía una actitud tan despreocupada y otras tan recta y firme.

Hice entrar a Hanami a la casa. La pobre estaba muda y yo seguía sin entender el por qué. Ella se volteó y me miró nuevamente de arriba abajo y sin yo esperármelo me abrazó con fuerzas. Yo se lo devolví, mi apariencia debía ser un desastre si se puso así al verme.

—Hanami, ¿Qué te pasa?

— ¿Cómo que qué me pasa? Mírate, estas cubierta de sangre, tienes el labio roto, tienes sangre en la sien y tu cabello esta alborotado y enredado—me sorprendí mucho al escucharla, entonces sí estaba muy mal—¿Dónde está Asuna?

—Asuna vendrá en poco tiempo pero por favor no te angusties más, eso le hace daño al bebé.

—… ¿Cómo sabes eso? —había cometido un error grande— ¿Quién te dijo que estoy embarazada? —yo no respondí, me quede muda—fue Okita-san ¿verdad?

—…

—No trates de ocultarlo, nadie más sabe de esto—sus ojos color marrón miel me miraron acusadoramente, ella era solo un año mayor que yo y me sentía tan intimidada por esa mirada—debes pensar que soy una…

—No pienso nada en realidad, si ustedes me hubieran dicho lo que pensaban cuando me embaracé de Shinpachi-san entonces si hubieran dicho muchas cosas—ella se sentó en el suelo y yo al lado de ella— ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?

—Porque lo amo, Shiori—miraba el suelo como si de esa manera agarrara más valentía—yo sé que él no siente lo mismo pero lo he llegado a conocer mejor que nadie, me atrevería a decir que casi como Kondo-san pero él no es hombre de esos que buscan una familia. Siempre me dice que él en lo único que es bueno es para matar.

—Él me dijo lo mismo cuando me contó lo del embarazo.

—Me lo imaginé, pero no me importa lo que él diga—tomé sus manos y le di un poco de calor, el frío no era muy bueno para ella en estos momentos—lo voy a criar sola, ustedes serán las tías y viviremos felices.

—Si así lo deseas.

— ¿Por qué, Shiori? —vi que empezó a llorar a pesar de la felicidad que antes tenía su voz—¿Por qué mujeres como nosotras terminamos solas? —yo también me hacia esa pregunta todos los días y su respuesta siempre era la misma.

—Porque la vida lo quiso así pero tú puedes hacer la diferencia, sé que algún día todas nosotras seremos felices y todo mejorara.

—Tú tienes a Shinpachi-san, él será un buen esposo para ti—su voz estaba comenzando a sonar normal una vez más—serán muy felices.

—… —siempre fui alguien que se dejaba guiar por el corazón, lo que sentía siempre me ayudaba a salir de situaciones. Mis pensamientos me ayudaban a organizarlo todo pero no me daban una solución concreta. En mi corazón sentía que algo iba a pasar—es mejor que duermas, tu salud y la del bebé que está creciendo dentro de ti deben ser las mejores, no voy a permitir que te pase lo mismo que a mí.

Hanami me sonrió y me dio un abrazo. La quería como a otra hermana, era una consejera y un gran apoyo. Recuerdo que cuando la conocí ella estaba tocando el shamisen para un grupo de hombres. Lo primero que me impresionó fue su habilidad con el instrumento, tocaba hermosamente y su cara era serena al hacerlo. Por eso le pedí que me ayudara a aprender a tocar el shamisen pero ella era mucho mejor que yo en eso.

— ¿No me vas a decir que te pasó?

—Unos ronins.

—Bastardos, deberían sacarlos de la capital de una vez por todas—yo respiré y mire hacia la pared.

—Sí, deberían.

—Me voy a dormir, buenas noches—se levantó, me acarició la cabeza y se fue a paso lento, sentí como bostezó una vez y la puerta cerrarse fue lo último que escuché.

Me quedé ahí por un momento. Muchas preguntas surgieron en mi cabeza. No sabía que eran las cosas que me atacaron, tenía miedo de que alguna fuera a entrar de repente a nuestra casa y que nos matara todas, tenía mucho miedo.

Entendí lo que Shinpachi-san decía, el querer irme de aquí por culpa de esas cosas. No negaré que se me pasó por la mente pero no podía hacerlo, yo no era cobarde para huir, me quedaría.

Ahora más que nunca debía ser fuerte y dejar esos pensamientos atrás. El pasado es pasado y el ahora es lo que importa.

—Hermana… —vi llegar a Asuna, no había notado su presencia antes. Me miró y corrió hacia mí llorando.

—Tranquila. Estamos bien, no pasó nada—Shinpachi nos miraba desde la puerta de la casa. Tenía cara de sentirse culpable—ya todo está bien. Escúchame Asuna, no tengas miedo porque el miedo solo hará que te detengas y dejes de avanzar, sé que debes estar muy asustada porque yo también lo estoy pero eso no me va a detener.

—Sí hermana.

—No tengas miedo de salir ni de hacer las cosas que hacías antes, sigue como antes—ella asintió y me volvió a abrazar.

Vi que Shinpachi-san seguía ahí parado. Le asentí haciendo entender que todo estaba bien, él asintió de vuelta y se fue. Debíamos descansar, mañana sería otro día.

10mo día del octavo mes, 1863

Estábamos todas en la habitación de Naoko-san. Estaba molesta y mucho. Su seño estaba tan fruncido que creí que le iban a salir arrugas en su hermosa piel. Nos miraba con los brazos cruzados, no decía nada y ahí era cunado había que tenerle miedo.

—Shiori, me alegro que tú y Asuna estén bien pero no puedo seguir así.

—Usted no tiene que preocuparse, no tiene que enojarse con Kondo-san ni cancelar la boda—había dicho que su matrimonio con Kondo-san había llegado a su fin, al día siguiente del accidente con las cosas esas ella había llegado al cuartel del Shinsengumi y se había encerrado con Kondo-san. Muchos dijeron que ella no lo dejo hablar de lo molesta que estaba.

—Y tú Hanami, pensé que eras la más centrada de todas ellas.

Hanami bajó la cabeza apenada. Por alguna razón me sentí mal, y no había querido decir nada de lo que había pasado pero hubo un momento en el que no pude aculatar más mis heridas, ya eran muy visibles.

Dos días atrás Kaida había dicho que encontró a un buen hombre, buena familia y que estaba interesado en casarse con ella. Sin mucho miramiento Naoko-san le dio su bendición y la dejó ir, cada vez éramos menos. Lo último que supe de Natsu fue que estaba en camino a Hokkaido, aquellas tierras heladas, junto a su esposo y con tres meses de embarazo. Me había escrito varias veces y que estaba muy emocionada por ser madre.

Yo era feliz aquí pero había días en que lo ponía en duda.

—No romperé mi compromiso con Kondo-san, sé que ustedes quieren verme ser feliz y lo aprecio mucho pero alguien como yo no lo merece. Creo que es por eso que siempre busco la excusa de salir de este compromiso.

—Naoko-san…

—Olvídenlo, váyanse a cumplir con sus deberes—todas asentimos y salimos de su cuarto y la dejamos sola.

Ya que Kaida se había marchado yo tuve que dejar mi trabajo con Shiki-san y empezar a trabajar otra vez la tienda de té. Me gustaba y podía estar más en contacto con los clientes. Salí de la casa con rumbo a la tienda, cuando llegué no había mucha gente pero se estaba comenzando a llenar. Normalmente había más gente en la tarde.

Hace ya varios meses las personas dejaban de vernos como basura, al menos algunos de ellos ya no lo hacían y eso nos beneficiaba más a nosotras.

En cuanto a mis heridas, tenía una pequeña torcedura en mi pie derecho, Yamazaki-san la reviso y me dijo que no me esforzara mucho en el trabajo, que tenía que descansar unas cuantas veces si quería recuperarme por completo. Tenía moretones en el brazo y en la espalda tenia uno que era grande a causa del golpe que me di cunado la cosa esa me arrojó contra la pared de madera.

A pesar de todo me sentía bien y Hanami estaba también muy bien. Desde el momento que supe de su embarazo no había día que no estuviera al pendiente de ella.

—Deberías descansar un poco—una voz detrás de mi me habló—creo que te lo dije muy claro.

—Yamazaki-san—me tapé la cara con mi bandeja y reí—lo siento pero no puedo dejar de trabajar—me miró con reproche—no me mire así por favor, es solo un poco más de lo que debo.

—Siéntate… ahora—obedecí tan solo porque su tono de voz me asustó, lo cual era muy raro en él— ¿Cómo te sientes?

—De maravilla, mi pie está bien y mis heridas también—me sonrió con aprobación. Debía estar orgulloso de que estuviera obedeciendo su tratamiento— ¿Cómo ha estado todo por el cuartel?

—Bien, después de los gritos que le dio Sakurai-san a Kondo-san, creo que ambos ya están bien.

—Eso espero, no me gustaría verla sola de nuevo… Yamazaki-san—antes de que diera un sorbo a su té decidí preguntarle algo que me cruzó por la mente ante la mención de Naoko-san.

—Dime.

— ¿Qué sabes de Naoko-san? —él me miró extraño por mi pregunta—la conozco desde que tengo 15 años pero a la vez siento que no sé nada de ella. La veo y en ella hay una mujer diferente a la que en realidad vemos, hay una mujer elegante, de hermosos kimonos y abanicos de colores.

—No puedo decirte mucho de ella, preferiría que ella misma te dijera su historia—Yamazaki-san también me ocultaba cosas—pero puedo responderte algunas cosas, dependen de lo que sean—le sonreí y no dude en preguntar algunas cosas que serían en parte preguntas muy sencillas.

— ¿De dónde es ella? Su lugar de nacimiento.

—Osaka, un poblado cerca de la ciudad—sentí que me mentí pero decidí seguir.

— ¿Tiene familia?

—Tiene un hermano, creo que está en Hokkaido en estos momentos pero no lo sé realmente, siempre se la pasa moviéndose de aquí para allá— eso era nuevo y sorpréndete ¿tenía un hermano? Jamás lo mencionó— ¿te sorprendiste?

—Sí, ella jamás dijo nada de un hermano.

—Debe tener sus motivos para no decírselos, ella siempre ha sido muy reservada.

—Todos tenemos motivos para ocultar algo y no importa lo que sea, siempre es valida cualquier mentira, ¿no? —él asintió y dio un sorbo a su té—una vez nombraste a su padre, Sakurai Eiji—noté como casi se atora con el té.

—Pensé que lo habías olvidado—yo negué con mi cabeza.

—No olvido fácilmente, tengo buena memoria.

—Ya veo.

— ¿Qué hacia su padre?

—Tenía un negocio.

— ¿Qué tipo de negocio?

—Como una academia.

— ¿Un dojo?

—… algo así.

— ¿Y su madre? Debía ser hermosa como ella.

—Sí, se parecían mucho hasta donde recuerdo. Ambas tenían los mismos ojos y el cabello de su padre… Shiori-san, ¿Por qué tanta curiosidad sobre su pasado? —esa era una pregunta muy buena… y no tenía respuesta.

—No lo sé.

— ¿No lo sabes?

—No, solo quiero saber más de ella, quiero saber por qué terminó así y que la llevó a buscar chicas para que fueran cortesanas. No puedo negar que además de eso nos dio educación… pero quiero saber más de ella.

—Debe de haber una razón.

—… ¿tú tienes madre? —pregunté de repente y él se tensó.

—Tenía, murió cuando yo era pequeño, me crió mi tío. ¿Por qué me preguntas?

—Imagino que conocías a tu madre muy bien, ¿no es cierto?

—Era mi madre, debía conocerla.

—Pues Naoko-san es la mía… y no la conozco, es una parte que necito completar dentro de mí y muchas de nosotras pensamos igual.

—Lo lamento pero es todo lo que puedo decirte—de repente vi como Isae me hacía señas de que me levantara para de seguro trabajar.

—Yamazaki-san, no puedo estar sentada… —le hice señas ara que viera a Isae. Él soltó un suspiro y me sonrió.

—Anda a trabajar, eres muy terca por eso te llevas tan bien con Shinpachi-san—apenas dijo que podía pararme me fui de ahí.

No era buena paciente, lo sabía pero trabajar era la único que mantenía mi mete ocupada de todas las cosas que surcaban mi cabeza desde que fuimos atacadas. Y fuera de eso yo era feliz, de algún modo lo era y lo sentía en mi corazón, sentía que cosas buenas llegarían a nuestras vidas.

Saber cosas de Naoko-san también me hacían sentir mejor. Saber que tiene una familia en algún lugar y que no está completamente sola.

10do días del décimo mes, 1863.

— ¿Tienes que ir? —Shinpachi y yo estábamos en mi cuarto acostados en el futon, desnudos y con las manos entrelazadas.

—Sí, pero te juro que será por poco tiempo y estaré de vuelta a tiempo para la boda de Kondo-san y Naoko-san. Solo tienes que esperar a que vuelva y no preocuparte por nada más que cuidar que esos dos no hagan nada fuera de lugar y cuidar de Hanami. Aunque no lo creas hay veces que Okita-san pregunta sobre ella.

—Ella no ha ido desde que me dijo que estaba embarazada.

—Y tu deberías cuidarte, cuando no esté aquí pueden haber hombres que quieran cosas contigo y te lleven a la cama.

—Mira quien lo dice, el que está desnudo—me sonrió y se lanzó sobre mí y me beso.

—Me tengo que ir—me dijo con tristeza.

—Entiendo, no te preocupes por mí—nos volvimos a besar y él se levantó a buscar su ropa. Antes de terminar sin ropa y los dos juntos en el mismo futon, yo estaba regresando de la consulta con el doctor. Hanami ya tenía dos meses de embarazo, casi según el doctor y todo se veía bien—que la pases bien por Osaka y Edo.

—Descuida, estaré bien—me despedí de él con la mano. Estaba tranquila después de todo, él regresaría pronto para la boda de Naoko-san y Kondo-san a principio del año siguiente.

Al paso de los días las heridas sanaban pero los recuerdos quedaban, aún seguían con ese estúpido miedo y la única manera de quitármelos de la cabeza era ir con Naoko-san y que tocara su flauta para mí o que Hanami y yo practicáramos con los shamisen.

—Nos vemos cuando vuelva—ya estábamos vestidos. Yo asentí y le di una media sonrisa—no pongas esa cara tan tierna, volveré rápido y cuando vuelva tendremos que hablar de algunas cosas.

—Está bien—lo abracé con fuerzas, no quería soltarlo para nada. Sentí que si lo dejaba ir entonces más nunca lo vería, pero solo eran pensamientos tontos míos.

Se despidió de mí y yo tuve que volver a la casa para asearme y volver al trabajo.

Los días que pasaron habían sido extraños de buena manera. Chizuru había conseguido que Hijikata-san la dejara comer con los chicos e intentaba ayudarlos lo más que podía con el asunto de Sannan-san y su herida pero ese hombre era terco. Por un lado lo entendía, la espada era su vida al igual que la mía lo era tocar el shamisen o cantar.

Ahora que lo pensaba, no había cantado desde hace más de año y medio. No era mi actividad favorita pero empezó a gustarme porque practicaba con Naoko-san. Isae últimamente estaba rara, no quería ir al cuartel las veces que Kondo-san nos invitaba, tampoco los quería atender si iban a la tienda de té. Me preocupaba pero ella era una mujer adulta así que sus problemas sabría ella como resolverlos.

La que estaba incontrolable era Asuna. Esa niña vendría matándome un día de estos. Su cumpleaños caí el día del festival de las flores de nieve, se supone que ese día nevaría y habría luna llena. Sería un espectáculo hermoso de ver. Yo iría con Sano-san, se lo había prometido desde hace tiempo y no podía faltar

Volviendo con Asuna, esa niña estaba más pegada a Heisuke-kun de lo normal, los dos se la pasaban habiendo bromas a los demás miembros del Shinsengumi y metiéndose en problemas. No me metía en ello, dejaba que Naoko-san la regañara.

Por los momentos la boda de Naoko-san era prioridad y ese día sería el más especial para ella así que nada podía salir mal.

29to día del décimo mes

Era el cumpleaños de Asuna, desde temprano se había despertado para hacerle un desayuno especial y para prepararla para el festival. Según oí decir a Sano-san, Heisuke-kun la había invitado al festival. Me moleste por unos tres segundos y luego me puse a pensar con la cabeza fría. Puede que no sea mal que pase su cumpleaños con él, después de todo solo era un día cualquiera.

—Asuna, quédate quieta—llevaba un buen rato arreglándole el cabello. Le había crecido mucho, ella misma me había dicho que no se lo cortara más, que se lo dejara crecer. En verdad me gustaba más así, largo.

—Pero duele, hermana.

—Lo sé, pero no hay de otra si quieres estar linda para el festival.

Luego de estará arreglando cada mechón de cabello logré formar un buen peinado, al menos unos decente para el festival. Lo que si cortaba siempre era su pollina recta, la hacía ver muy niña y le gustaba tenerla, decía que tenía una frente muy grande a lo cual yo estuve en desacuerdo siempre.

— ¿Listas? —Hanami entró a la habitación, su embarazo no se notaba mucho aun así que pudo ponerse un kimono color rosado muy claro con estampados de flores sin que se le notara.

—Sí, listas—Asuna llevaba uno de color morado claro con estampados de flores. Casi todos eran así, colores claros y flores. Por alguna razón Naoko-san lo quiso así.

— ¿Y tú? ¿Dónde está tu kimono? —Isae entró detrás de Hanami—tienes que vestirte ya

—Es aquel de allá—señale a uno que estaba cuidadosamente colocado sobre una silla.

—… debes estar bromeando—yo negué con la cabeza e Isae pareció desesperarse—es horrible, vamos a estar ahí todo el día y va a haber mucha gente, es una oportunidad de encajar aquí después de mucho tiempo y tu vienes a decirme que vas a salir con esa cosa gris, no tiene ni el derecho de llamarse kimono.

—Lo siento no tengo más.

—Descuiden… —todas nos asustamos al ver a Naoko-san entrar detrás de Isae—yo tengo la solución para todo sus males, desde siempre.

—Eso lo tengo en duda—dijo Isae desde la puerta del cuarto.

— ¿Desde cuándo está aquí? —preguntó Hanami.

—Desde que las estoy esperando afuera para irnos todos juntos. Kondo está afuera junto a Toudo-san y Harada-san… y también Okita-san—Hanami ocultó su sonrisa al escuchar el nombre del sádico guerrero. Aún no entendía esa extraña combinación, dulce y sádico… al menos se llevaban bien.

—Aún no podemos irnos, Naoko-san—dijo Asuna—mi hermana aún no está lista.

—Descuiden, ustedes váyanse y nosotras las alcanzaremos después de que termine con esta niña. No voy a dejar que vayas con esa cosa, parecerías una sirvienta y no voy a permitir que ninguna de mis hijas lleve eso puesto—las chicas se salieron del cuarto una por una—Hanami, dile a Harada-san que se vaya también, Shiori irá enseguida y yo también—Hanami asintió con una sonrisa y cerró la puerta—debemos empezar ahora y tu cabello va primero—no podía hacer nada contra ella, era más fuerte que yo.

—Está bien, haga lo que quiera—fue como darle completa libertad sobre mí y eso la puso muy feliz.

—Voy a peinarte—yo asentí y me senté frente a ella para que pudiera peinar mi larga cabellera—siempre quise hacer esto si tuviera una hija, peinar su cabello, vestirla con un kimono, maquillarla… al menos tenerla entre mis brazos cuando fuera una bebé.

—Ahora puede hacerlo, con Kondo-san podrá tener los bebés que quiera.

—Sí, pero no sé cuántos pueda tener, no soy tan joven como antes—yo reí ante sus palabras— ¿Por qué ríes?

—Porque no me parece que sea cierto, usted es una mujer hermosa y joven. Desde la primera vez que la vi siempre me pregunté si usted venía de alguna familia de gran poder… y… —sentí pena de preguntar, no como antes que quería saber todo sobre ella y ahora.

—Y quieres saber más sobre mí y mis orígenes, ¿no es así?

—Sí, siento curiosidad de cómo usted fue que terminó en un lugar como ese y haciendo lo que hacía, convierto a chicas en cortesanas—ella rió y dejó de peinar mi cabello.

—Comencemos por el principio mientras termino tu peinado—yo asentí y comenzó a peinarme—yo nací bajo la familia Sakurai, éramos una familia poderosa con grandes extensiones de tierra, teníamos samuráis a nuestro servicio y mi padre era prácticamente un jikisan hatamoto, un sirviente directo del shogun, a pesar de eso nosotros poseíamos una gran fortuna heredada con trabajo y esfuerzo de mis antepasados. Yo tuve 4 hermanos. Dos hermanas y dos hermanos, éramos cinco en total. Mi padre era Sakurai Eiji y mi madre era Matsui Hanae, en sus mejores año era una maestra del shamisen y de ella aprendí a tocarlo.

No quería decir nada, solo escucharla desahogarse porque eso era lo que estaba haciendo.

—Mis hermanas eran Sakurai Hikari y Sakurai Nozomi. Mis hermanos eran Sakurai Kuranosuke y Sakurai Anzu. Todos eran mayores que yo excepto Anzu, él es el menor de todos… todos excepto él murieron. Todos murieron, papá, mamá, Hikari, Nozomi, sus esposos, mis sobrinos y sobrinas… todos murieron.

— ¿Qué ocurrió? —sentí como Naoko-san terminó de colocar el ultimo mechón de cabello en su lugar.

—Fueron asesinados.

— ¿Por quién?

—El shogun.

— ¿El shogun? No entiendo, si su padre era una de las personas más cercanas al shogun, ¿Por qué habría él de matarlos?

—Porque mi padre ocultaba más de lo que se veía. Una familia como nosotros, tan poderosa, era un peligro para el shogun y en aquellos tiempos no existía el pleito del cambio a una nueva era avanzando hacia los imperios. Papá era poderoso en muchos aspectos, tenía una escuela de ninjas, de ahí conozco a Yamazaki-san, fue alumno de él y de los mejores. Siempre vivimos en Osaka y jamás nos fuimos de ahí hasta que un día de invierno nos atacaron durante una celebración, mi hermano Kuranosuke iba a contraer matrimonio con una chica muy dulce del poblado, mis padres la habían aceptado y ambos estaban felices de casarse.

— ¿Que paso esa noche? —al terminar mi peinado Naoko-san fue hasta donde guardaba el futon y empezó a tocar una de las tres paredes que tenía—¿Qué está haciendo?

—Ya verás—de repente uno de los golpes sonó hueco—aquí esta—vi que sacó una caja de madera, no eran tan grande peor tampoco era muy chiquita—esa noche fuimos atacados, papá intentó defender nuestro hogar pero eran más que nosotros, nuestros mejores ninjas fueron asesinados en esa pelea, Yamazaki-san ya no estaba ahí ese día, se había ido con su tío a estudiar métodos médicos. Papá fue obligado a cometer seppuku junto a mi hermano y los esposos de mis hermanas, sus bebés fueron asesinados también a pesar de que eran muy pequeños. Decían que no debía quedar nadie vivo de ese clan y empezaron una búsqueda exhaustiva por mi hermano que había huido durante el ataque.

—… —puso la caja frente a mí y le quitó el polvo acumulado.

—Nosotras fuimos obligadas a ver como ellos mismo se quitaban la vida… los gritos de mi madre y mis hermanas jamás se irán de mis recuerdos, yo también gritaba. Había mucha sangre, sus viseras… todo fue horrible.

— ¿Cómo logró escapar?

—Mi hermano era uno de los mejores ninjas en aquellos tiempos, me ayudó a huir. Mi hermana Nozomi había sido obligada a casarse con uno de los hijos de un general de primera clase del shogun, ella se negó, intentaron convencerla trayendo a uno de sus hijos… a mi sobrina Anju, no tuvieron compasión de una pobre niña y al ver su cuerpo desangrarse frente a nosotras ella pidió que la mataran también.

—Y cumplieron—ella asintió.

—Luego fue mi hermana Hikari, ella no tenía nada que perder, su hijo mayor había sido asesinado durante el combate y a la bebé se la habían quitado y no supimos que pasó con ella. Ante sus suplicas también fue asesinada. Yo tuve que aceptar casarme con ese hombre solo para salvar a mi madre. Al tiempo ella enfermó y murió encerrada y lejos de mí. Yo logré escapar con mi hermano antes de la boda. Él se fue lejos y yo quedé aquí.

—Por eso usted dice que nos mantengamos neutras.

—Exactamente.

—Pero… Kondo-san apoya al shogun, todos ellos lo hacen—vi la tristeza en sus ojos— ¿Por qué lo hace?

—Porque lo amo, me cuesta decirlo a veces pero amo a ese hombre. Lo conocí cuando estaba cerca de Mibu, papá tenía varias propiedades que pertenecían a familiares, los cuales me dieron un hogar y fue ahí cuando cambie mi apellido a Matsui por un tiempo hasta que dejaron de perseguirnos y nos dieron por muertos. Luego me alejé del Matsui y lo volví a cambiar a Sakurai, ya no era un apellido temido ni buscado para ese entonces. Mi hermano ahora debe estar Tohoku, en la parte Norte-Este de Japón, a veces me escribe y está muy bien con su esposa e hijos.

—Me alegro por él.

—No he tenido nunca hijos, por eso ustedes son mis hijas—yo le sonreí y ella me acercó la caja de madera—era de mi madre, lo usaba siempre en los tanabata, era su favorito. Papá se lo regaló el día que le propuso matrimonio. La historia de ellos era linda. Un hombre con una gran fortuna se enamoró de una chica del pueblo, ella era de una familia que venía diseñando y construyendo shamisen desde hace muchos años. Sus hermanos fabricaban y las mujeres los tocaban. Se conocieron un día en una de las presentaciones de mi madre y… creo que fue amor a primera vista—abrió la caja y sacó un hermoso kimono de color rojo con detalles en azul, negro y dorado. Tenía estampado de flores de varios colores. Era el kimono más hermoso que haya visto.

—Es hermoso.

—El hermano de mi abuelo es fabricante de kimonos. Ellos tiñen las telas y los fabrican todos los días. Los diseños más especiales siempre son guardados. Fabrican desde los furidose hasta los orian—yo me sonrojé, había visto los orian antes, son kimonos que son como versiones para las prostitutas. Los furidose eran los más normales.

—No puedo usar esto, era de su madre yo no…

—Sí lo vas a usar porque ya es tuyo. No voy a quedarme atada a esto para toda la vida, mi madre ya no está en este mundo y esto es solo un kimono… nada más. Una madre siempre quiere que sus hijos tengan lo mejor o al menos eso me enseñaron mis padres. Ahora este kimono es tuyo.

—Naoko-san…

—Déjame ayudarte a ponértelo.

El proceso para ponerlo fue un poco largo. Naoko-san sabía cómo ponerlo muy bien y me quedaba hermoso. Al terminar de colocarlo me miró de arriba abajo y sin esperármelo me abrazó. Yo le devolví el abrazo, no quería ser grosera ni nada, mucho menos con ella que había dado mucho por nosotras y nos soportaba muy bien.

—Es hora de irnos, Harada-san debe estar como loco esperándote.

—Preferiría que Shinpachi-san estuviera aquí—ambas salimos de la casa, lo bueno era que no había nevado casi y podíamos caminar por la calles sin problema.

— ¿En verdad lo quieres?

—Sí... mucho.

—Ese tono de voz no me convenció mucho—yo solté un suspiro pesado—cuéntame.

—Es que hay veces que su actitud me hace querer romperle todas las tazas de té en la cabeza. Me preocupo mucho por lo que haga y eso hay veces que no me deja descansar.

—Eso se llama amor.

—Puede ser pero a la vez… también desconfío de él.

— ¿Por qué?

—Porque dijeron que era un mujeriego y un bebedor—Naoko-san me miró y soltó un suspiro—y yo de bebedores tengo suficiente con mi padre, cuando murió me alegré y hoy por hoy creo que no hay ningún otro momento en el que me haya sentido tan bien—dije sin culpa.

—En parte es verdad, él bebe y busca mujeres… pero dime, ¿Qué hombre no lo hace? Kondo lo hace y con el tiempo entendí que no debo preocuparme por eso.

— ¿Qué hace Kondo-san?

—Él quiere aparentar ser bueno y todo lo que tú quieras pero eso no quita el hecho que se haya acostado con alguna de ustedes—yo frené en seco—descuida, ni Hanami ni Isae están metidas en eso. Fue Kyoko, hace ya un tiempo, ni siquiera teníamos una relación en aquel entonces.

—Ah…

—Te dejé sin habla, tranquila, todo eso ya pasó y todo está mejor. Solo quiero que sepas que eso no hará que él te deje de querer.

—Como usted diga.

—Llegamos.

El festival no quedaba tan lejos de casa. Logré divisar a las chicas. Hanami con su Kimono rosado y e Isae con una amarillo claro. Me hacia feliz verlas así, creo que se sentían libres de cierta manera. Harada-san me vio y se vino caminando hacia mí y Naoko-san.

—Sabes que siempre hay segundas opciones—entendí de que está hablando.

—Sí…

—Pero es tu decisión vivir la vida con quien tú quieras, solo espero que sepas escoger.

Naoko-san se fue de mi lado, le pasó por el lado a Harada-san y se fue directamente con Kondo-san.

—Te ves hermosa—estaba tan distraída pensando que no escuché lo que me dijo— ¿Shiori?

—Ah… sí… perdón, ¿Qué dijiste?

—Que te ves hermosa.

—Gracias—sentí como mis mejillas se calentaron, tonta de mí que me sonrojé.

—Vamos, hay que disfrutar este día—me extendió su mano para que caminara con él.

—Sí.

Continuara.


Holiiiiiiis! Una actualización rápida. Sé que el capi puede estar medio flojo pero quería mostrar la historia de Naoko, ahora ya saben de dónde vino y que pasó con su familia. Para el próximo se vendrán más cosas y espero que dentro de unos capis más me disculpen por lo que voy a hacer :p

Me despido y les mando besos.

Althea de Leo.