DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
AMOR DE VERANO
CAPITULO VIII
Bella se despidió de su hija y se reunió con Edward en el hall del hotel.
La esperaba paseándose nervioso con la tarjeta de la suite en la mano golpeando repetidamente su pierna.
- Hola – murmuró cuando llegó hasta él
- Aquí estás – respondió deteniendo su andar – Vamos – dijo tomándola de la mano para tirar de ella hasta los ascensores.
- ¿Dónde vamos?
- Hay dos suites reservadas por los Cullen. La que utilizó Alice y la que utilizaba Jasper.
- Ellos podrían subir en cualquier momento.
- No. Mis padres les obsequiaron la suite presidencial para la noche de bodas.
Al llegar a la octava planta, Edward pasó la tarjeta por la cerradura de la habitación y se hizo a un lado después de abrir la puerta para dejarla pasar.
- Adelante.
Bella entró y se quedó de pie en el medio de la estancia, nerviosa por estar con Edward en una habitación de hotel.
Por suerte era una suite y no se veía la cama que se imaginó estaría al otro lado de la puerta que había a la derecha.
- ¿Quieres beber algo? – ofreció Edward acercándose al minibar
- No, gracias – dijo caminando hasta el sofá y sentándose contra una esquina
- Yo necesitaré una copa – arguyó él y procedió a servirse un vaso con whisky y hielo antes de volverse y sentarse en el mismo sofá.
Edward bebió dos o tres tragos antes de por fin hablar.
- Cuéntamelo todo. – ordenó sin levantar la vista de su vaso
- ¿Qué quieres saber? – preguntó en un susurro
- Todo. Cuéntame cómo fue todo. ¿Cómo y cuándo lo descubriste? ¿Qué hiciste al enterarte? Todo.
Bella inhaló y exhaló profundamente antes de hablar, mientras recordaba cada vivencia desde su regreso de aquellas increíbles vacaciones.
- Cuando regresé de Europa vine a casa a ver a mis padres. Estuve aquí una semana antes de marcharme a Nueva York para organizar el comienzo de clases. Volví con la atención completamente volcada en la universidad, así que ni siquiera llevaba la cuenta de cuándo debía llegar mi período. Al cabo de un mes, pasé una semana sintiéndome bastante mal y vi un médico segura de que sufría algún tipo de trastorno estomacal. Me hicieron varias analíticas antes de recetarme nada, y descubrí que estaba embarazada.
Edward la observaba fijamente escuchándola con atención.
- ¿Qué hiciste entonces? – indagó en voz baja
Bella sonrió con una sonrisa más bien triste.
- Lloré cada mañana, tarde y noche durante una semana o más. Hasta que un día decidí que no podía continuar así. Hice mis maletas y vine a casa.
- ¿No pensaste en abortar?
- No – reconoció – No voy a decirte que quería quedarme embarazada porque no lo deseaba en absoluto. Pero en el momento que supe que lo estaba, no había nada que deseara más que proteger al bebé.
- ¿Por qué?
- Porque era mi bebé. Mío. Por alguna razón, la naturaleza, Dios, o alguna fuerza superior a mí, había hecho que engendrara un bebé. No lo sé. Tal vez debía sacar alguna enseñanza o moraleja, qué sé yo. Sólo sabía que no podía hacer algo diferente a tenerlo y después continuar mi vida sin más.
- ¿Qué dijeron tus padres?
- Se sorprendieron. Mucho. Siempre había sido una persona muy responsable, recatada y prudente. Ni mis mejores amigas podían imaginarse que me hubiera ido a la cama con alguien a quien acababa de conocer.
- ¿Te pidieron que abortaras?
- No, nunca. Me ofrecieron su apoyo si ésa era mi decisión, pero también me ofrecieron todo su apoyo y más si deseaba tenerlo.
- ¿O sea que tus padres no se enfadaron ni se molestaron porque te quedaras embarazada o dejaras la universidad?
- No, nunca. Se apenaron porque sabían que yo deseaba enormemente ser médico, pero lo entendieron y me apoyaron y me acompañaron durante el embarazo y desde entonces hasta ahora. Me fui a vivir con ellos y lo hice hasta que Nessie cumplió tres años.
- ¿Qué sucedió cuando cumplió tres años?
- Nada particular. Yo terminé de estudiar enfermería y con ayuda de Jasper conseguí un puesto fijo en el hospital. Entonces pensé que Ness y yo deberíamos tener nuestro lugar y nos mudamos. Mis padres me regalaron una casa y allí vivimos ahora.
- ¿Me lo hubieras dicho de haber sabido cómo hacerlo? – preguntó incrédulo
- Sí.
- ¿De verdad lo habrías hecho?
- Completamente. Todos los niños deberían tener a sus dos padres si tienen la oportunidad. Te habría ofrecido la oportunidad de ocuparte de Nessie. Aunque hubiera entendido si hubieses preferido no entrar en su vida. – explicó mirándolo con comprensión y cierto ruego – Lo entenderé ahora si prefieres no tener nada que ver con ella.
- ¿Crees que no querría tener nada que ver con mi hija? ¿Qué tipo de persona crees que soy?
- No lo sé, Edward. No te conozco – reconoció dolida – No te conozco ni tú a mí.
- Pues será bueno que sepas que no soy ese tipo de hombre. No voy a ignorar que tengo una hija. Voy a formar parte de su vida.
- ¿Cómo?
- ¿Qué quieres decir?
- Entiendo que ahora estés alterado y confundido. Entiendo que debes tener mil pensamientos. Yo los tuve cuando supe que estaba embarazada. Tener un hijo te cambia la vida...
- Ya lo creo.
- Pero no quisiera que te apresuraras...
- ¿Que me apresurara? – inquirió molesto – Me he perdido más de cinco años, Bella, seis años si contamos el embarazo. ¿No crees que voy un poco retrasado más que apresurado?
- Intenta pensar con calma, Edward. Y sé que no conoces a Nessie, pero te pido por favor, por lo que más quieras, que pienses primero en ella. Piensa en ella antes que en ti.
- ¿Qué quieres decir? Tú misma acabas de decir que todos los niños deberían tener a sus dos padres si tienen la oportunidad.
- Sí, pero siempre y cuando tengan la oportunidad.
- Nessie tiene la oportunidad. Yo estoy aquí y más que dispuesto a ocupar mi lugar de padre.
- Piénsalo, Edward...
- ¿Qué coño quieres que piense? – gruñó cada vez más molesto ante lo que le parecía una egoísta negligencia de la chica
- No puedes ser su padre hoy y luego aburrirte y dejar de serlo.
- No es lo que pienso hacer.
- Entonces, ¿cómo piensas que debemos hacerlo?
- Decirle la verdad. Simplemente eso.
- Simplemente eso. Tiene cinco años. No hace más que preguntar todo sobre todo. ¿No crees que podrá tener algunas dudas?
- Sé más clara, por favor – pidió molesto recostándose en el sofá
- Eres su padre, bien, querrá saber cuándo podrá verte.
- Cuando quiera. ¿A dónde diablos quieres llegar?
- Vives en Barcelona, Edward. Nessie vive en Seattle. No podrá llamarte cuando su coche a batería se descomponga y quiera que lo arregles. No podrás venir un sábado para ir a ver su partido de soccer. No podrás asistir a las reuniones del colegio. ¿Cómo harás que funcione? – comentó y lo dejó dudoso recapacitando
- No lo sé, ya lo veremos. No puedes prohibirme ser su padre, Bella, puedo ir con abogados.
- No intento prohibirte nada – gimió Bella llevándose las manos al cabello desordenando su recogido – No quiero prohibirte ser su padre. Sé que tienes derechos y sé que cualquier abogado te los daría, pero también sé que no puedo permitir que mi hija sufra. ¿Qué conseguirá un abogado? En el mejor de los casos te conseguiría una custodia compartida. ¿Cómo lo haríamos? ¿Viviría seis meses conmigo en los Estados Unidos y seis contigo en Barcelona?
- No lo sé – reconoció en un quejido
- Si tuvieras un abogado muy bueno e inescrupuloso, podrías conseguir la custodia absoluta con un régimen de visitas para mí. Lo dudo porque he sido una buena madre, pero imagina que lo consiguieras, ¿qué harías? ¿te llevarías a una niña de cinco años a vivir a un país desconocido? Ni siquiera hablan su mismo idioma. No tiene a nadie allí, más que a un padre al que aún no conoce. Nessie vive aquí, su madre vive aquí y su familia vive aquí. Incluso la familia de su padre, que se convertirá en su familia también cuando se sepa la verdad, viven en Seattle.
Edward se puso en pie y caminó hacia las enormes ventanas, acabando de un trago su bebida.
- Cuando yo estoy en el hospital y Nessie está en el colegio, tiene su canguro. Una canguro que se queda con ella desde que nació. Pero muchas veces, en vez de estar con la niñera se queda con sus abuelos, alguna vez Rose o Jazz que son sus padrinos. Sabe que tiene a su familia con ella. Incluso Alice, que resultó ser más su tía de lo que ella misma sospechaba. Sé que cuando tu madre sepa que Ness es su nieta se ofrecerá también para cuidarla y quedarse con ella siempre que lo necesitemos. ¿Le quitarías la posibilidad de estar con su familia para que la vigile una niñera española que no hablará su idioma y no la conocerá de nada?
- ¿Qué ofreces, Bella? – indagó después de un largo silencio, aún con la mirada fija en el ferry que cruzaba la bahía Elliot al otro lado de los cristales.
- No lo sé – reconoció con un quejido que le hizo voltearse a verla – No tengo idea, Edward. Sólo quiero que pensemos lo mejor para ella. Ella es lo único que me importa.
- Quiero conocerla, Bella – rogó lastimero acercándose para sentarse a su lado – Por favor, Bella, quiero conocerla. Yo tampoco he buscado tener un hijo, pero ahora que sé que lo tengo, no puedo imaginarme no ser parte de su vida. Me he perdido sus primeros cinco años, por favor, Bella, no me obligues a perderme más.
- No quiero que lo hagas, Edward, de verdad. Vanessa se merece tenerte. Pero no sé qué hacer, no sé cómo hacerlo. – confesó viendo el rostro compungido del chico – No sé, podemos... no sé... tal vez en estas semanas que estés en la ciudad, podrías venir a verla, pasar tiempo con ella.
- ¿Qué le dirías para justificarlo?
- No lo sé. Eres el hermano de Alice, supongo que no será difícil justificar una amistad ante ella. Es una niña, hace amigos con facilidad, lo aceptará.
- ¿Puedo confiar en ti, Bella? – preguntó con temor – ¿Puedo confiar en que me ayudarás a buscar la forma de ser su padre?
-Sí, Edward, lo haré. Quiero que seas su padre. Eres su padre y quiero que puedas ejercer como tal, porque Nessie se merece tener un padre, pero sólo buscaré el menor sufrimiento posible para mi hija.
- Lo sé, y puedes estar segura de que es lo mismo que yo quiero para ella.
- Entonces encontraremos una respuesta – aseguró aunque no tenía idea de cuál podría ser esa respuesta
- Gracias – murmuró abrazándola agradecido
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer.
Adelanto del siguiente capítulo:
Edward estiró su mano para enredar su dedo en un mechón castaño que caía sobre el rostro de la joven.
- Edward... – gimió cerrando los ojos
Se sentía demasiado exhausta para luchar contra los sentimientos que Edward despertaba en ella, pero sabía que ése sería un error mayor que todos los que había cometido con él alguna vez.
- No, Edward, sería una tontería...
- ¿Tú crees? – murmuró él estirando su brazo para alcanzar la cremallera del vestido de Bella que bajaba por su espalda
- Sabes que sí... Edward...
La mano de Edward llegó al final de la cremallera, quedando sobre la curvatura del comienzo de sus nalgas.
Movió entonces la tela del vestido bajándola por el hombro de la chica descubriendo un pecho pequeño y firme.
- Detente, Edward... – pidió sin convicción
- No quieres que me detenga... – susurró él acariciando con la palma de la mano el pequeño pezón que se irguió ante su contacto.
Besitos!
Anonybones: Bienvenida al fic y gracias por leerme y por comentar. Espero no defraudar y que te siga gustando.
Chiquita Cullen: Bienvenida también y gracias por tu review y tus palabras. Espero que te siga gustando el fic.
