Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
El lunes, los rumores vuelan sobre la fiesta de Tanya Denali. La mayoría de ellos giran alrededor de Edward y Tanya haciéndolo en la cama de sus padres.
El martes y el miércoles me doy cuenta de que Tanya se sienta con Edward en la mesa del almuerzo.
El jueves, Edward ni siquiera está en el almuerzo. Tampoco está Tanya. La feliz pareja desaparecen hacia alguna parte.
El viernes por la mañana, Edward está en su taquilla, las galletas siguen pegadas en el interior. –Eh, –dice.
–Eh, –le digo de vuelta.
Meto mi combinación, pero la taquilla no se abre.
Lo vuelvo a intentar, sé que tengo bien los números, pero cuando tiro de la manivela, no se mueve.
Edward mira por encima de mi hombro. – ¿Tienes problemas?
–No.
Lo vuelvo a intentar. Esta vez, tiro de la manivela más fuerte y se agita. Una vez más, no pasa nada.
Edward golpea con los dedos el metal. –Tal vez has olvidado la combinación.
–Sé mi combinación. –le digo. –No soy estúpida.
– ¿Estás segura? Porque debería abrirse.
Mi pensamiento se dirige a los rumores acerca de él y Tanya. Ni siquiera sé por qué, pero la idea de ellos conectando combustibles provoca mi ira. –Solo vete.
Se encoge de hombros. –Si tú lo dices. –Suena la primera campana. –Bueno, buena suerte. Si me preguntas, parece que alguien la ha amañado. –Saca los libros de su taquilla y se pavonea por el pasillo.
Corro tras él y agarro su brazo. – ¿Qué le has hecho a mi taquilla?
Se detiene. –Podría haber cambiado la combinación.
– ¿Cómo?
Se ríe. –Si te lo digo, tendría que matarte.
–Muy gracioso. Dime cómo la has cambiado.
–Te daré la información cuando... –Golpea la punta de su dedo índice contra su nariz. –Cuando todas las galletas estén fuera de mi taquilla. Incluidas todas las migas. Nos vemos. –Dice, metiéndose en el aula y dejándome sola en el pasillo para ver cómo voy a hacerlo... y de ahí, trazar mi próximo movimiento.
En la clase de inglés, el Sr. Berty saca nuestros ensayos. Dice nuestros nombres uno a uno y tenemos que ir a su mesa.
–Bella. –grita.
Me acerco a por mi papel. Cuando el Sr. Berty me lo pasa, no está sonriendo. –Puedes hacerlo mucho mejor que esto, Bella. Sé que puedes. Excava más a fondo la próxima vez, y no trates de darme la respuesta que creas que quiero.
Paso a Tanya en el camino de regreso a mi escritorio. – ¿Cómo está Edward? –Pregunta.
–Bien.
–Sabes que solo te presta atención porque siente lástima por ti. Es un poco triste, si piensas en ello.
La ignoro y me siento en mi escritorio. Una gran, C roja está escrita en la parte de delante del papel que me acaba de dar el Sr. Berty. No es bueno, especialmente si voy a solicitar una beca académica.
–Durante los próximos quince minutos, vais a escribir un documento de convicción. –Dice el Sr. Berty.
– ¿Sobre qué? –Pregunta James Witherdale.
–El tema es... –El Sr. Berty hace una pausa, obviamente para aumentar la anticipación y recibir la atención de todos los estudiantes. Se sienta en el borde de la mesa y dice: – ¿Debería la gente de los reality shows ser consideradas celebridades?
La clase empieza a murmurar sobre el tema.
–Mantened el nivel de ruido al mínimo, gente.
– ¿Cómo escribir un documento de persuasión cuando no tenemos tiempo para investigar? –pregunta alguien de la parte de atrás de la clase.
–Quiero vuestros pensamientos, no una investigación. Cuando estás hablando con un amigo y tienes que convencerlo de que haga algo, o de cambiar su opinión, no puedes decir: 'Espera, tengo que hacer una investigación o escribir las estadísticas.' Tienes que encontrar argumentos en tu cabeza. Eso es lo que estoy pidiendo que hagáis.
El Sr. Berty deambula por la clase mientras escribimos. –Si queréis un crédito extra, podéis leer lo que habéis escrito en voz alta.
Eso es bueno. Necesito un crédito extra. Y sé que puedo decir mi discurso sin tartamudear. Solo sé que puedo.
–Bolígrafos abajo. –el Sr. Berty ordena quince minutos más tarde. Da una palmada. –Muy bien, ¿algún voluntario para leer el primero?
Levanto la mano.
–Sra. Swan, levántate y comparte tus pensamientos.
–Oh no, ella no. –Oigo gemir a Tanya junto a mí. Irina se ríe junto con su grupo de amigos.
– ¿Tienes algún problema, Tanya?
–No Sr. Berty. ¡Casi me rompo una uña! –Ella mueve sus dedos bien cuidados hacia él.
–Por favor, guarda tus problemas de uñas para después de clase. Bella, comienza.
Recojo mi papel y camino frente a la clase. Me digo a mí misma de respirar profundamente y pensar en las palabras antes de que salgan de mi boca. Cuando estoy de pie delante, miro a mi profesor. Me sonríe cálidamente. –Adelante.
Aclaro mi garganta. Y trago, pero siento que mi lengua es más gruesa incluso antes de empezar a hablar, por Tanya. Ella me ha confundido, pero lo puedo superar. No tengo que darle poder sobre mi problema de tartamudez. Relájate. Piensa en las palabras. No te olvides de respirar.
–Yo pi-pi-pienso... –Miro hacia mi papel. Puedo sentir todos los ojos sobre mí. Algunos, probablemente me estén mirando con pena. Otros, como Tanya e Irina, probablemente me miren con diversión. –Yo cr-cr-creo que la ge-ge-gente de los r-r-reality shows...
Una carcajada estalla de una chica. Y sé quien es antes de mirar hacia arriba.
–Tanya, no creo que esto sea divertido. Sé respetuosa con tu compañera de clase. –Dice el Sr. Berty, y agrega –No es una petición, es una orden.
Tanya pone su mano sobre su boca. –Estoy bien, –dice entre sus dedos.
–Será mejor que sí, –dice el Sr. Berty con voz severa. –Adelante, Bella. Continúa.
Está bien. Puedo hacerlo. Si puedo hablar con Embry sin tartamudear, tal vez debería fingir que estoy hablando con Embry. Miro hacia mi mejor amigo. Él me da una pequeña ola de aliento desde su asiento en la parte posterior de la clase.
–...la gente en los reality shows son celebridades... –Hago una pausa y tomo una respiración profunda, y luego continúo. Puedo hacer esto. Puedo hacer esto. –porque dejamos que el m-m-media...
Otra explosión de risas hace eco en la clase, esta vez de Irina e Tanya.
– ¡Señorita Denali y señorita Stone! –el Sr. Berty señala hacia la puerta. –Fuera de mi clase.
–No habla en serio, –argumenta Tanya.
–Nunca he hablado más en serio. Y también os doy a ti y a la señorita Stone tres días de detención después de clase a partir de hoy.
–No haga eso, –le susurro al Sr. Berty, esperando que nadie más me pueda oír. –Por favor, no haga eso.
Tanya pone una mirada de asombro en su cara. – ¿Nos está poniendo detenciones por reírnos? Vamos, Sr. Berty. Eso no es justo.
–Dilo en la Casa Principal si tienes algún problema con mi castigo. –El Sr. Berty abre su cajón y saca dos detenciones azules. Rellena ambos a la vez y las propuestas de resolución y Tanya e Irina vienen a buscarlas.
Ambas chicas me disparan una mirada furiosa. Oh, no, esto no es bueno. Ahora estoy en el radar de Tanya, y no sé si hay alguna manera de salir de él.
Cuando él les pasa las tarjetas azules, Tanya la mete en su bolso. –No puedo tener una detención después de clase. Tengo que trabajar en la boutique de mi madre.
–Deberías haber pensado en eso antes de interrumpir mi clase. Ahora, las dos, pedidle disculpas a Bella. –pide nuestro profesor.
–Está bien, –murmuro. –No te-te-tenéis que hacerlo.
–Oh, insisto. Lo s-s-sentimos. –Dice Tanya, y de repente Irina y Tanya empiezan a reírse de nuevo. Incluso después de que salgan por la puerta puedo oír sus risas resonando mientras caminan por el pasillo.
–Pido disculpas en su nombre por su inadecuado comportamiento, Bella. –Dice el Sr. Berty. – ¿Todavía quieres compartir tu opinión?
Sacudo la cabeza y suspira, pero no discute cuando vuelvo a mi escritorio. Me gustaría que sonara la campana para poder ir al baño de chicas y esconderme.
Estoy muy enfadada conmigo misma por dejar que ellas me afecten.
Durante los siguientes veinticinco minutos, el Sr. Berty pide a otros chicos leer sus documentos de persuasión. Sigo mirando el reloj, rezando por que los minutos pasen más rápido. Es difícil contener las lágrimas que amenazan con derramarse en cualquier momento.
Tan rápido como suena la campana, cojo mis libros y prácticamente esprinto fuera de clase. El Sr. Berty dice mi nombre, pero pretendo que no lo he escuchado.
– ¡Bella! –Dice Embry, agarrando mi codo y girándome.
Una estúpida lágrima cae por mi cara. –Quiero estar sola. –Me ahogo, entonces corro por el pasillo.
Al final del pasillo, hay unas escaleras que conducen a un vestuario vacante que utilizan los equipos rivales durante los torneos. Nadie lo utiliza durante el día, y la idea de estar sola y no tener que poner una sonrisa falsa en mi cara, suena como el cielo ahora mismo. Soy consciente de que llegaré tarde a la sala de estudio, pero la Sra. Cope no suele tomar la asistencia, e incluso si lo hace, no me importa. No quiero que me vean todos con un desorden emocional.
Abro la puerta de los vestuarios y me meto en uno de los lavabos. Toda la energía que usé durante la última mitad de la clase de inglés para no perderme, se precipita fuera de mí. Ojalá pudiera ser más fuerte y no preocuparme por lo que la gente piense, pero lo hago. No soy tan fuerte como Embry. No soy tan fuerte como Tanya.
Me gustaría estar satisfecha, simplemente siendo yo, Bella Swan, con problemas de lenguaje y todo.
Pasan quince minutos antes de que vaya al fregadero y vea mi reflejo en el espejo. Me veo como que he estado llorando. Eso, o que tengo un resfriado muy malo. Mojo una toalla de papel, y me la pongo en los ojos, tratando de bajar la hinchazón. Después de unos minutos, creo que me veo medio decente. Nadie sabrá que he estado llorando. Espero.
La puerta del vestuario se abre, asustándome.
– ¿Hay alguien aquí?
–Sí.
–Será mejor que vayas a clase, porque la policía está aquí. Están haciendo una búsqueda de drogas.
Bueno pues aqui teneis el siguiente capitulo. Bueno quiero agradecer a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos. Gracias de verdad. Nos vemos en el proximo capitulo.
Un beso desde Andalucia, España.
