Descarga de responsabilidad: Haikyuu! con todo y sus momentos súper geniales no me pertenece.

Advertencia: Yaoi. Angs. Hurt/Confort. Romance. Cáncer en uno de los prota. AU. Spoilers. No beteado.

Cronopios del autor: En mi país hubo puente así que decidí tomarme el fin de semana libre y bam, se me olvido actualizar ayer, pero actualicé hoy y aquí tienen, es el... capítulo más largo y siento que no fui hacia ningún lado, en él, pero lo necesitaba, como siempre digo, por favor no me odien, y si me odian pues... las seguiré amando igual. Muchas gracias por leer, por los follow, favs y reviews -mismos que contestaré en un ratito más-. No hay mucho que decir sólo que lo disfruten. -inserte corazones llenos de amor para sus lectoras-. Por cierto, ¿quieren sufrir y ser felices? Lean "Dame diente" de Roos, es magnifica, me encanta esa historia.

Anotación: Hay un súper error en los dos capítulos anteriores, Brujas no pertenece a Holanda, sino a Bélgica -golpe a Yukiona-, error mío, error garrafal. Así que me dedicaré a editar los dos capítulos anteriores, en vez de Brujas, el torneo será en Leiden, Holanda. Muy bonito como Brujas pero con más cositos para hacer. Disfruten de sus paisajes y visiten Leiden (? -mensaje no pagado por Leiden, Holanda-.

.

.

Las mil plumas del cuervo.

por St. Yukiona

.

.

9.- Holanda.

—Una más —gritó Hinata mientras corría hacia la red para saltar como si de un cuerpo ligero, escapista de la gravedad, se tratará. Las ataduras que comprenden su enfermedad parecen haberse quedado en Japón, o mínimo en la banca donde descansan las polainas de un kilo para cada pie. Hanzel levantó el balón y éste remató casi al instante contra el suelo del otro lado al tiempo que Hinata descendía con el escozor de su palma por el impacto—. ¡Bien! —gimió roncamente.

Las personas a su alrededor que presenciaban el calentamiento del Horizon se quedaban petrificados. No sólo eran un equipo del cual jamás en la vida habían escuchado hablar sino que las característica de los jugadores no se encontraban para nada asemejadas del país al que representaban, salvo dos o tres jugadores parecían japoneses, el resto en la cuadrilla parecían ser elementos de equipamiento para aumentar en un mil por ciento al colocador que si bien no tenía gran altura poseía una presencia única: extrovertido, alegre y talentoso. Había necesitado apenas dos días para mediar su capacidad con la de Hinata y pronto se habían acoplado en ataques simples, ahora trabajaban desesperadamente por afinar un ataque rápido. No se sentía ni de cerca a los balones que Kageyama diseñaba pero eran igual de buenos.

—¿Crees que puedas colocar más cerca de la red? —cuestionó en japonés el pelirrojo.

—¿Estás seguro, Shoyo?

Afirmó el menor. Había descubierto desde los pocos días en que había entrenado con el Horizon la forma adecuada en que le gustaba la colocación del balón, normalmente Suga-san y Kageyama se encargaban de elevar sin explicarle a Hinata cuál era la forma en que lo hacían, el menor se movía instintivamente sabiendo que ambos colocadores harían bien su trabajo, como un pequeño niño que por más que saltara sobre la cama no tenía miedo a caer porque sus padres lo iban a coger en vilo. Ahora no había nadie que extendiera las manos por él si él no advertía donde planeaba aterrizar.

—Hagámoslo de nuevo —pidió Hanzel acomodando la liga del cabello que apartaba los mechones negros de su frente. Pidió a otro de los jugadores del Horizon que tirara el balón hacia él para que éste alzara colocando tal como Hinata había solicitado y éste calculó casi de inmediato el ritmo en que el balón había sido puesto. Como ave de rapiña, corrió, alzó vuelo y soltó el ataque contra su presa.

Otra vez hubo un estremecimiento por parte de los otros que calentaban en la cancha.

—Hanzel, procura alzar más el balón, Hinata puede saltar más —ordenó el entrenador con gesto amable. Seguía siendo el mismo viejo bonachón con las mejillas más rojas por el sol recogido durante la caminata desde el hotel hasta el gimnasio local donde sería la ronda del bloque al que Horizon pertenecía. En el mismo grupo estaba la primera y segunda selección de Bélgica, la selección oficial de USA, Tailandia con su segunda selección, la selección oficial de México, la primera selección de Perú y la selección segunda selección española. Las segundas selecciones eran aquellos deportistas que como Horizon se habían integrado de manera particular en el torneo habiendo pasado el filtro de aceptación, básicamente el Horizon estaba inscrita como "la segunda selección de Japón". Había cuatro bloques de ocho equipos de cada uno, de cada bloque los dos equipos con los mejores puntajes pasaban a la segunda y última ronda donde se jugarían los cuartos de final, semi-final y la final. Sin embargo, para Shoyo la complicada forma de selección al ganador no tenía sentido alguno, lo único que tenía sentido para él era ganar el siguiente partido para poder jugar al día siguiente y al siguiente y al siguiente y al siguiente hasta ganar.

—¿Estás nervioso, Shoyo? —cuestionó Hanzel mientras le tiraba una toalla sobre la cabeza para guardarle el calor que su cuerpo estaba expidiendo por las dos horas de entrenamiento.

El pelirrojo sonrió enorme y negó.

—¿Cómo podría estarlo? Sólo quiero que ya sea mañana para poder jugar…

Hanzel se contagió por esa hiperactividad y golpeó el hombro ajeno, Shoyo se quejó ante el firme golpe recibido pero al ver el gesto confiado y alegre del americano sólo puso regresar el golpe en el hombro de aquel que era apenas un par de centímetros más alto. Ambos avanzaron hacia la línea exterior de cancha para practicar saques, habían estado haciendo remates y bloqueos, unos diez saques y a enfriar para después poder volver al hotel al cual sólo habían llegado a aventar sus maletas pues la ansiedad de ir a conocer el gimnasio donde competirían al día siguiente era más grande que cualquier cosa. Así que tras unas llamadas Frank, el entrenador del Horizon, había logrado arreglar una práctica extensa. Claro que debían compartir el gimnasio con otros equipos pero qué más daba. Iban a poder jugar. Ahora, casi tres horas desde su llegada a Leiden, Holanda. Hinata sólo sabía que las estructuras de todos sus edificios eran como sacados de un extraño cuento de brujas. A su manera, eran preciosos, pero escalofriantes y entonces recordó a Kageyama.

A Kageyama y su extraña forma de ser.

"Son las 11.11 pide un deseo, idiota"

Leyó el mensaje y algo en él subía orgullosa haciendo que cada fibra de su cuerpo se estremeciera en felicidad pura, incluso el escozor de su garganta por la respiración disparatada que había tenido durante el entrenamiento parecía ceder ante la sensación de alegría que aquel insustancial mensaje le había ocasionado.

"Sólo tengo uno"

"Y no planeo decírtelo, idiota"

Había sido la respuesta del pelirrojo.

—¿Otra vez viendo tu teléfono con cara de loco? —cuestionó Hanzel dejándose caer a su lado, estaba cansado.

—No pongo cara de loco —arremetió Hinata con un puchero guardando el móvil enseguida.

—Sí, sí que la pones, Hinata-kun —dijo otro más de los integrantes del equipo extranjero que se acercaba hasta donde estaba el líder y la última adquisición.

—No lo hago —riñó con todas sus fuerzas Shoyo.

—Oi, Hanzel… ¿Verdad que Hinata-kun pone cara de loco cuando ve el mensaje? —gritó Yuuji, el mismo que había hablado antes.

—¡Eh! —se quejó Shoyo al ver cómo el rubio y más alto del equipo Horizon meditaba su respuesta observando el balón en sus manos.

—Sí, sí poner una cara de loco… aunque si está hablando con su novia pues es normal… Hanzel también pone cara de loco cuando en la escuela ve su teléfono… —agregó el rubio.

—¡Calla eso no es cierto! ¡Mentira infundada! —se adelantó a defenderse el capitán a lo que todos rieron—. No pongo cara de loco cuando hablo con Mio-chan… sólo… veo Tumblr, es muy divertido —externo con un puchero que inició una oleada de burlas divertidas. Sin embargo Hinata observó fijamente al mayor, detalle que no pasó por alto éste y cuando sus miradas chocaron pareció que pólvora había sido encendida en los ojos castaños del menor quien de un brinco poderoso se incorporó.

—¿Hanzel, tienes novia? —cuestionó alucinado Hinata.

Hanzel se petrificó y desvió la mirada con cierta timidez que sus compañeros desconocieron.

—Sí… se llama Sayaka Mio-chan… es capitana del equipo de voleibol femenino también del Horizon… está en tercero —contó con voz queda el americano, acariciando su nuca y procurando no ver a los ojos al menor que parecía extasiado.

—¿Ella se te declaró? —preguntó Hinata movido por una extraña curiosidad.

—De hecho, sí… fue Mio-chan la que le preguntó en medio de un partido a Hanzel si quería ser su novio y Hanzel sólo aceptó —intervino de nueva cuenta Aidan rememorando aquel día. Los ojos del capitán se abrieron de par a par y luego bajó la mirada otra vez.

—Cómo sea… no importa, debemos de seguir con el entrenamiento porque casi se nos acaba el tiempo… hay que enfriar… —ordenó Hanzel restándole importancia al asunto.

El americano suspiró aliviado cuando los integrantes del Horizon empezaron a moverse para hacer los ejercicios para finalizar la sesión pero al sentir la mirada penetrante de Hinata volvió a ponerse con nervios frágiles, apretó los labios observando por el rabillo del ojo al del Karasuno.

—Siempre he pensado que Hanzel es muy maduro… —comentó sincero antes de girarse y revolotear hasta donde el grupo se mecía estirando brazos.

La boca del americano se inundó de hiel antes de chasquear la boca y secar el sudor de su frente con su antebrazo. "Pequeño cretino", pensó antes de suspirar y seguir los pasos de Hinata. Llegó hasta donde el equipo y se incorporó a las actividades.

"¿Cómo es que lidias con esta naturalidad sin acabar en ruinas, Kageyama Tobio?"

¿Cómo es que Karasuno podía lidiar con semejante monstruo? A Hanzel no le terminaba de entrar en la cabeza cómo es que alguien como Hinata había quedado fuera de las nacionales por su propio equipo. O quizás era toda esa ansiedad contenida la que se desbordaba en reacciones inevitablemente rápidas. El tiempo de respuesta de Hinata era asombroso, mucho mejor al que había esperado después de ver los vídeos de sus partidos pues en aquel partido de practica en Karasuno la participación de Shoyo había sido patética.

—¡Let´s go, Shoyo! —había gritado exaltado el entrenador, olvidando el japonés y recurriendo a su lengua natal después de que Hinata se deslizara por el suelo para rotar y volver a emprender la carrera para rematar en un recto súper estrecho. Hanzel había colocado lo más cercano a la red que pudo y el japonés se había acomodado, detrás de él dos bloqueadores le cubrían la retaguardia por si era repelido por la escuadra peruana que emulaban la altura del japonés.

Fuera.

Punto para Perú, sin embargo, para los sudamericanos había sido un punto amargo. La mirada predadora del jugador que había armado por sí mismo toda una compleja jugada, aunque hubiera fallado al final, fungió como una advertencia, una señal de intimidación que los hizo titubear el primer set.

7-6, favor Perú.

—Debemos cuidar al número 2 que suele tirar hacia fuera —comentó el capitán a lo que el equipo respondió con un "yes", exceptuando a Hinata.

—¡No podemos perder ante ellos! ¡Es nuestra oportunidad! ¡Debemos de hacerlo! —dijo motivado el capitán del otro equipo, los peruanos respondieron en fuertes alaridos de guerreros, de soldados que no iban a desistir. Y el partido corrió sobre hojas con filo.

7-8, favor Japón.

10-12, favor Japón.

15-15

18-16, favor Perú.

23-24, favor Japón.

—Tres bloqueadores —gimió el número 6 del Horizon mientras que Hinata se impulsaba con la respiración jadeante.

—¡Un toque! —gritó con lo último que le quedaba de fuerza para caer y correr hacia donde nadie defendía, al otro extremo de la red, el número 4 del Horizon alcanzó el balón para enviárselo a Hanzel que se la entregó a Hinata, pero otra vez, la velocidad de los peruanos era increíble, pero la velocidad de la cabeza de Hinata lo era aún más.

"En la mayoría de los casos fracasa, pero si no te arriesgas no sabrás si funciona", había explicado Bokuto en el campamento de entrenamiento. Shoyo se relamió los labios para mover suavemente su muñeca y apenas hacer que el balón acariciase la palma de la mano de uno de los bloqueadores, el balón regresó directo hacia Horizon permitiéndole a Hanzel alzar el balón y acomodarlo para Aidan a pulso de fuerza bruta, hizo que el esférico se estampara contra el suelo enemigo.

El Horizon había ganado el primer set gracias a un rebote del nipón. Frank, el entrenador del equipo, no pudo estar más feliz de tener a esa cabeza de zanahoria enana en sus filas.

Sólo dos sets.

24-25

19-25

En el segundo no jugó Hinata, se mantuvo en banca con una bolsa de agua fría sobre la garganta, la sentía caliente casi hecha de fuego. Habría podido seguir jugando pero la realidad es que la moral del equipo contrario había decaído. Debían trabajar en la confianza en sí mismos. Al menos eso fue lo que pensó Frank después de ver el rostro acongojado y desdichado de los peruanos. No se pudo hacer más, eran un equipo fuerte que podía brillar con luz propia, sobresalir y volverse en una medalla brillante para su nación pero, estaban verdes en competencias del calibre en la que estaban. Les faltaba una convicción real. Un ardiente y apasionante deseo de victoria.

Sed.

Hambre.

Shoyo acomodó hasta arriba el cierre de su sudadera para cubrir parte de su boca y que el vaho tibio ayudara a calentar al menos una parte de su rostro. Sentía escalofríos constantes por todo su cuerpo y creía que para el resto del equipo era igual. Los guantes térmicos, las dobles capas de ropa, las calcetas "peluditas", orejeras y bufanda no eran suficientes. Holanda era un país frío, incluso más que Miyagi en tiempo invernal, en Europa estaban saliendo del invierno y se encontraban en los días con un descenso en la temperatura común a la época.

—Recuérdame por qué decidimos hacer turismos justo cuando las bolas se me están congelando… —quiso saber Aidan, el bloqueador central de mayor estatura del equipo. A su lado Hanzel temblaba como una gelatina y Shoyo al otro extremo abrazándose, también trémulo al clima.

—Porque ganamos, y porque los otros iban a jugar ese idiota juego de karaoke… me rompen los tímpanos cada vez que a Yuuji se le ocurre cantar "Bohemian Rapsody" —contestó Hanzel mientras hacía un puchero bastante gracioso—. Yo saqué a Shoyo de ahí porque no se merece esa tortura, tú viniste con nosotros porque también conoces sobre esa tortura —indicó.

—Buen punto, morir de frío o morir con los oídos reventados… prefiero la primera —externo Aidan—. ¿Y si compramos algo para comer? —señaló con la barbilla un pequeño puesto en una esquina, algo humeante salía de ahí, parecía ser comida y el olor sólo se los confirmó. A lo que el trío se apresuro.

Resultó ser un puesto de bitterballen, o lo que Hinata conocía como croquetas, sólo que éstas eran más pequeñas y redondas, su contenido no eran de papa sino de carne rellenas con queso y bechamel, empanizadas al punto que crujían a cada mordisco y el contenido se derretía, debían consumirse rápido. Shoyo a duras pernas comió una brocheta con tres de bitterballen, Aidan comió dos de dichas brochetas mientras que Hanzel se comió un broodje haring, básicamente arenque con cebollines y pepinos montados en pan, además de dos brochetas. De los tres a pesar de ser el más delgado era el que mayor apetito tenía. Pagaron el costo de la comida y siguieron andando aunque al americano se le hizo un desperdició que Hinata no se comiera el resto de su brocheta así que decidió que él consumaría el acto. A ese punto sus cuerpos se habían acostumbrados al frío que provocaba que no sintieran las palmas de sus manos y al escozor de sus rostros que de a poco habían comenzado a dejar de tener cierta movilidad facial, aunque Shoyo y Aidan la recobraron cuando notaron como la nariz de Hanzel se había puesto por completa roja al punto que se veía ridículo. Aidan tuvo la idea de tomar una foto y mediante un filtro le puso cuernos de reno, la colgó a las redes sociales con la leyenda: #RodolphInTheRoad, haciendo alusión a la figura navideña de Rodolfo el Reno. Tuvo muchos likes al instante y Aidan no se controló en un buen rato con las risas histéricas.

Por otro lado sus pasos los llevaron hasta una de las zonas más céntricas donde las edificaciones se erguían a sus alrededores. Pero a pesar que era el corazón de la ciudad el ambiente seguía siendo familiar, hogareño, el oxígeno que se respiraba era ligero y no les daba tiempo para añorar a quienes no les acompañaban. Aunque en el caso de Shoyo la imagen de recorrer con alguien especifico esas calles empedradas y ver los umbrales de las casas con cenefas oscuras y diminutos patios verdes no le parecía para nada desagradable. Abrió su móvil y sacó una fotografía desde donde se encontraban. Lo más alto de la calle principal y desde donde se apreciaba perfectamente hileras de casa multicolor de un lado y del otro comercios con bonitos letreros que anunciaban sus productos, todos seguían el mismo patrón rectangular de fondo blanco. Era imposible comparar aquella ciudad con Miyagi, aunque ambas eran considerada provincia, lejos de grandes orbes, no había un solo grado en que se parecieran, a excepción del ambiente amable que se percibía.

A diferencia del otro par, Shoyo no era asiduo a redes sociales, tenía Line porque por ahí se comunicaba con el resto, mientras que facebook lo utilizaba por los grupos de tarea, durante un tiempo habían estado usando otra plataforma pero la fiebre de la red social más utilizada en americana había contagiado Karasuno. Eran pocos los contactos que Shoyo mantenía en dicha cuenta, se le hacía un desperdició compartir por ahí algo, así que decidió enviarlo al Line grupal que mantenía con el equipo.

"Calle de Leyden"

Tsukishima: "Leiden*"

Tana: "Wooo! Eso es un puesto de yakisoba?"

Daichi: "¿Qué hacen despiertos tan tarde?"

"Bonita foto, Hinata =D"

Hinata: "No, es un puesto de… comida, pero no yakisoba"

"Ups, olvide que era de noche, lo siento"

Suga: "Qué envidia Hinata! ¡Envía más fotos!"

Hinata: "Lo haré, de momento lo siento por despertarlos"

Visto por: Noya, Tsukishima, Daichi, Tanaka, Sugawaru y Kageyama.

—¿Sucede algo, Shoyo? —interrogó Hanzel posándose a lado del aludido, llevaba otra brocheta de bitterballen.

—Mande una fotografía por el Line de Karasuno —Kageyama no dijo nada, quiso agregar pero sólo frunció el ceño y negó—. Sigamos… oi, Hanzel… ¿no te hará daño comer tanto de eso?

—Nop~ los americanos tenemos especial resistencia a la comida callejera, menos a la mexicana… esa mierda es una bomba —riñó rememorando los condenados tacos de canasta con habanero que lo habían dejado fuera de juego durante dos meses. Jamás volvería a probar nada bañado en aceite.

Los pasos los regresaron por la avenida Kaiserstraat donde las luminarias se encontraban suspendidas sobre sus cabezas, tensas por cables metálicos. El cielo nacarado había perdido rastro de azul para convertirse en una gama más favorecida hacia el otoño: roja, naranja, rosada y amarilla. Estaba atardeciendo y el murmullo general de los turistas y locales se dispersaba, se acentuaba, se iba y venía según la zona por la cual se desplazaban. No sentían el dolor físico del entrenamiento del día anterior o del partido jugado por la mañana, la emoción de conocer la ciudad.

Los árboles secos decorando el camellón de la calle con sus ramas desnudas, seguro por la noche debían ser un espectáculo de garras y danza lenta a la luz de la luna, el escenario perfecto para alguna bestia nocturna depredadora que acechara su presa, en medio de una neblina sofocante, podía verse Shoyo inmerso en ese mundo. Corriendo desesperado con la respiración al borde de un colapso y la sangre helada por el pánico atronador. Seguro en ese momento sólo iba pensar en una sola persona, un solo nombre vendría a sus labios.

—Kageyama…

—¿Kageyama? —preguntó Aidan interrumpiendo la verborrea en que Hanzel se había hundido para hacer amena la caminata.

—Lo siento… recordé a Kageyama…

—¿Los ambientes lúgubres y vistosos te hacen recordar a Kageyama? —cuestionó burlón el americano.

—Sí… algo así, puede ser malo pero en realidad Kageyama es demasiado hermoso para ser cierto, igual que este paisaje… para esta gente, les puede parecer algo cotidiano, ya están acostumbrados a ver estos árboles, este cielo, estas casas, el ruido del río y el murmullo de todos pero… para nosotros es algo magnifico pero al mismo tiempo da miedo porque no es nuestro entorno… en unos días estaremos acostumbrados y seguro lo extrañaremos cuando debamos volver… igual pasa con Kageyama —Shoyo tosió y se cubrió la boca con la bufanda, pasó saliva para apagar el ardor que la acción le había ocasionado—. Kageyama a su manera es tenebroso y da miedo, al mismo tiempo que te impresiona cuando lo conoces por primera vez, a mí me pasó, después se vuelve parte de la rutina y ahora… bueno —alzó los hombros—. Creo que lo extraño mucho y Holanda me recuerda a Tobio.

Hanzel y Aidan se quedaron en silencio.

—Es muy bello pensar en tu setter de esa forma, Shoyo —dijo Aidan.

—Gay —resolvió Hanzel sin demora.

—¡Senikov! El niño se está expresando —rebatió Aidan.

—Pero eso sonó gay… es gay, punto.

—Sólo estás celoso porque nadie piensa en ti.

Las mejillas del colocador se tornaron rojizas antes de que inflara las mismas en un acto reflejo de berrinche.

—Todos piensan en mí —dijo altivo en un esfuerzo por no perder su porte. Shoyo sólo sonreía.

—Yo pienso en Hanzel —comentó Shoyo con la más amable de sus sonrisas—. Cuando veo una hamburguesa me acuerdo de Hanzel.

La ilusión se le rompió al americano tan rápido como comenzó y se condimentó con las risas histéricas del escoses, Aidan, que sólo se cogió del estomago, iba a reventar de tanto reír. Se detuvieron en el Café Keyzer antes de llegar a la avenida Rapenburg donde salieron con un chocolate humeante, comentando lo sorprendidos que se encontraban al ver que también vendían una especie de cerveza tibia que era bastante solicitada. Entonces Hanzel hizo referencia a la cerveza de mantequilla de la saga de Harry Potter. Shoyo confesó que sólo había visto las tres primeras películas excusándose que no le encontraba mucho interés en los escenarios mágicos, así que de ahí en más Hanzel se dedicó a narrarle todo el resto de la saga con lujo de detalle aunque en algún momento se quedó callado cuando pasaron justo frente al edificio del Instituto internacional de estudios de Asia donde se exhibía una bandera de Japón con la leyenda: "Con ustedes hasta el fin", como muestra de apoyo a la selección japonesa de voleibol. Hubo cierto sentimiento agridulce entre los tres debido a que la selección oficial japonesa, esa donde jugaba Ushikawa había perdido su segundo partido ese mismo día al mismo tiempo que ellos ganaban su primer partido. Los japoneses seleccionados iban de regreso a casa y a Shoyo le parecía todo un sueño.

—Escuché que sólo convocaron a los de reserva —murmuró Aidan.

—Pero tenían a Ushijima —señaló Hanzel.

—Tuvieron que perder contra un equipo muy fuerte como para que perdieran… —afirmó Shoyo sorbiendo de su chocolate, llevaba la mitad de él.

—Los treinta y dos equipos que están participando tienen demasiado nivel, estar entre los 32 primeros de todo el mundo es un logró mayor —comentó el americano—. Por un momento nos vi de regreso en el aeropuerto —dijo sincero mientras que observaba las bicicletas recargadas sobre el barandal que advertía del límite de la calle que iba en paralelo a uno de los muchos canales que cruzaban la ciudad.

Su segundo día en Holanda y una victoria ganada, no podía ir mejor el asunto.

—Hmp… —Hinata miró al moreno y después al rubio que parecía enfrascado en su celular enviando mensaje a su preocupada madre.

—Pues mamá dice que no entiende cómo fue que ganamos, el primer set fue demasiado aguerrido, fue gracias a Hinata que logramos descoordinarlos… todos se dejan llevar por su estatura —comentó—. Manda saludos y felicitaciones para la pulga —despeinó enérgico a Hinata quien rió, no se sentía ofendido por el adjetivo aunque le entró curiosidad.

—¿Tu madre nos ha visto, Aidan-kun?

El mayor enarcó la ceja y afirmó.

—Transmisión en vivo por medio de la página de internet de la asociación internacional de voleibol… como es un torneo internacional suelen dar los partidos completos, siempre y cuando no haya mala conexión —buscó la página aludida en su teléfono, cuando la encontró se la mostró al menor, éste abrió mucho los ojos cogiendo con cuidado el teléfono inteligente del más alto del Horizon.

—Vaya… es el partido de la segunda selección de México vs. Cuba.

—Cuba los va a hacer mierda…

—Cuba mandó a casa a la selección oficial japonesa, siendo que la japonesa derrotó a la segunda selección de Rusia ayer —comentó Hanzel terminando su bebida—. No me da nada de motivación que un tipo como Ushiwaka acabó aplastado por tíos que no miden más allá del 1,80 —agregó jugando con el palo de madera donde estaba clavada la carne.

—Pero aquí tenemos al japonés que venció a Ushiwaka —agregó enseguida Aidan alzando por la cintura como si se tratara de un muñeco a Hinata que prolifero un grito ahogado al verse tan lejos del piso—. Con esta pequeña pulga saltando por todos lados, con tus colocaciones y las saques de Yuuji lograremos acabar con los brasileños, cubanos o quién sea que venga… tenlo por seguro… —dijo confiado el mayor.

Hanzel soltó una suave carcajada tirando el vaso de plástico en un bote de basura.

—No mencionas tus bloqueos porque quieres que yo diga "Oh Aidan pero tus bloqueos también son necesarios para el equipo…" ¿verdad, maldito? pues no lo diré —alzó el dedo medio el americano en son de juego a lo que Aidan bufó bajando a Hinata sólo para cargar ahora a Hanzel amenazando con tirarlo hacia el canal que corría suavemente a su lado.

Las risas no pudieron faltar y Hinata sintió hincharse de felicidad. Como aún mantenía el móvil de Aidan en sus manos, dudó apenas un segundo, desbloqueó la cámara para colocarla en frontal y tomar una selfie con el dúo atrás de él luchando al borde del malecón, más atrás el otro lado del canal donde se apreciaba las construcciones clásicas de los Países bajos con los tejados rojos y las ventanas alargadas, las fachadas sacadas de alguna pintura de museo.

Pasado el momento de cotorreo, el trío siguió andando con risas suaves y comentarios banales, de vez en cuando Aidan abandonaba el japonés para hablar en inglés y Hanzel le correspondía, Hinata se sentía externo pero enseguida se disculpaba el rubio para retomar la conversación en el idioma que el menor pudiera comprender. Ahora que lo pensaba Shoyo se daba cuenta que tan importante era afinar su talento nulo en el idioma extranjero, después de todo, si quería seguir en el mundo del voleibol, más bien, como iba a seguir en el mundo del voleibol debía de comunicarse con más personas, jugar fuera de Japón había parecido una idea bastante alocada, lejos de sus sueños más densos y disparatados pero… ahí estaba, con dieciséis años cumplidos hacía poco menos de dos meses y en medio de una hermosa ciudad en la Europa continental, con un precioso cielo azul escarpado por nubes blancas y un río haciéndose notar con suave música. Jugar para vivir, y vivir para jugar, en Japón o fuera de él.

No era egoísta seguir sus metas, era egoísta ignorarlas y auto-compadecerse, privar al resto de sus propias metas. Si nadie lo frenaba él no iba a frenar a nadie.

Un mensaje sonó en el teléfono de Aidan y de Hanzel a los segundos, el de Hinata también sonó casi al mismo tiempo en que se preguntaba si había sido una curiosa coincidencia, pero al revisar el texto, se trataba de Frank en el grupo de Line del equipo.

"La segunda selección de México perdió contra Cuba"

Si Cuba ganaba los dos partidos del siguiente día sería el primer equipo en pasar a la segunda ronda del torneo. Debían de poner atención en Cuba. No mencionaron nada más con respecto al siguiente partido. Irían contra Bélgica quienes eran uno de los favoritos para ganar el bloque, no era la selección oficial, eran la segunda selección, estudiantes de un colegio privado especializado en deportes y que seguramente terminarían por darles pelea. No por nada los de Bélica habían acabado en el tercer set su último partido con un patético 25-15, el otro equipo, España, apenas había comprendido que los había golpeado.

Ellos apenas llevaban un primer juego y les faltaba ganar otro más para lograr pasar a la segunda ronda que constaría de dos partidos y de ahí cuartos de final, semifinal y final. Toda esa acción en apenas dos semanas. Sería pesado, sobre todo para Hinata, pero ya se tenía claro cómo es que iban a proceder, Frank teniendo su especialidad en medicina del deporte había estructurado un rol donde Hinata jugara el primero y el último set, mantenerlo caliente en caso de que se llegara aponer fea la situación, era su elemento sorpresa.

—Hmp… —rumeó el americano cuando llegaron hasta las puertas del Hotel De Doelen en la esquina de Rapenburg y Breestat frente al canal Steenschuur, nombres que para Hinata eran imposibles de pronunciar.

—¿Y ahora qué te pasa? —cuestionó Aidan viendo a su capitán.

—Quería pasar al museo a comprar esa sudadera con la cara de Rembrant —señaló con un puchero.

—Pero eso queda a dos manzanas y ya está oscureciendo —replicó rubio.

—Yo puedo acompañarte, Hanzel —se señaló así mismo el pelirrojo.

El silencio que aquella oración desató fue inusual pues no fue ni sorpresivo ni incomodo, todo lo contrario, por un lado se encontró Aidan con la sonrisa ladina en el rostro y por el otro Hanzel con un sonrojo tan fuerte que parecía brillar por encima del sonrojo por el frío que a ese momento era infernal.

—No vuelvan tarde… —pidió el más alto y el dúo afirmó enérgicamente antes de irse.

Aidan no era idiota, pero dejaría que Hanzel se diera cuenta por sí sólo. Aunque muchas veces lo habían hablado entre ellos, el Horizon estaba consciente que los gustos de Hanzel no se movían dentro de los estándares, era una entidad ajena a los cánones establecidos y a ninguno le molestaba en realidad, lo que sí le causaba algo de pena al rubio era que Shoyo parecía tener una similitud en cuanto a "gustos" se refería con Hanzel; Shoyo parecía ser del tipo de persona que se fijaba en el contenido del recipiente pero para ese punto de la historia Shoyo no sólo estaba "viendo" el contenido de un recipiente en especifico, sino que se encontraba sumergido en ese contenido, bañándose en él y negándose a abandonarle. Hanzel iba tener que sufrir por las revelaciones tardías.

Al parecer nadie estaba exento de sufrir las desgracias que todo ser humano cruzaba.

—Hinata idiota —gruñó Kageyama mientras revisaba las plumas que el mayor le había regalado el día de la despedida en Karasuno.

—¿Qué tiene Hinata? —preguntó curioso Tanaka que jugaba a las cartas con Noya y Ennoshita en la cama del primero, compartía habitación con Tobio.

—El muy idiota me trajo veinte plumas y catorce son de palomas… ¿qué clase de idiota no distingue entre una puta pluma de paloma y una de cuervo? —dijo irritado tirando por la ventana las plumas que no eran en su totalidad negra.

—Supongo que es fácil confundirse —trató de intervenir Chikara por el que no se encontraba ahí pero al ver que Tobio alzaba una pluma blanca con la punta gris que evidentemente era de paloma no supo si reír o llorar, Hinata era demasiado distraído.

—Oi, Kageyama… le conté a mi hermana que estás juntando las plumas… y me dijo que ella y sus amigas lo estaban haciendo en la escuela media pero no lograron juntar las mil, así que te manda a decir que vayas con ella cuando regresemos —dijo Tanaka recordando puntual las palabras de Saeko—. Creo que por fin sacará basura de casa…

—Hmp… No sabía que Kageyama fuera del tipo de persona que sigue ese tipo de rituales —dijo Ennoshita fijando su atención en las cartas.

—Cierto, cierto, las chicas hace tiempo estaban muy obsesionadas con eso… ahora casi no pero antes sí —murmuró Noya—. ¿Qué clase de deseo pedirás al cuervo mágico de Miyagi, Kageyama?

Kageyama se recostó en su cama mirando al techo, después a los sempais que estaban en la otra cama.

—Voy a pedirle por la salud de Hinata —farfulló como respuesta antes de encogerse en la cama cubriendo su rostro con la almohada, metiendo la mano en su bolsillo y sintiendo ahí la nota que acompañaba aquellas plumas: "Gana por los dos". "Claro que lo haré, idiota", pensaba cada vez que leía aquello, la nota lo había acompañado a los cuartos de final recién jugados y ganados, ahora irían a la semifinal. Y eso era un logró superior al del Pequeño gigante con su escuadra, según algunos blogs dedicados al voleibol escolar Karasuno tenía su mejor formación aunque un par refería y lamentaba que Hinata Shoyo no había podido jugar con ellos. De un momento a otro el Karasuno había saltado a la fama, las redes sociales y el internet con su fácil divulgación habían tenido mucho que ver.

Y fue gracias también a esa divulgación que Karasuno se enteró en el momento en que Hinata había ganado y que parte de esa victoria se le debía al pelirrojo. Entre todos vieron el vídeo transmitido en streaming y que ahora sólo era una repetición en la fanpage de la federación. El rebote de Hinata fue celebrado por Tanaka al borde del llanto y Kageyama no pudo evitar sentir celos ante la forma en que aquellos ojos castaños veían con advertencia al colocador. Al hombre que lo hacía volar en búsqueda de su carnada. Odio más de lo que ya odiaba a Hanzel Senikov y deseo desde lo más profundo de su corazón que ese extranjero se rompiera el cuello mientras se bañara dejándolo en una posición vergonzosa.

—Bastardo…

—De pronto Kageyama empezó a gruñir —señaló Tanaka mientras seguían jugando a las cartas.

—Oi, Kageyama ¿tienes ganas de ir al baño? —Preguntó sincero Noya—. Quizás está estriñido.

—Puedes ir al baño y tardarte todo lo que quieras, Kageyama, iremos al baño de nuestra habitación si nos dan ganas —señaló Ennoshita y el aludido sólo se hundió en la almohada más avergonzado.

—Gracias… —fue la única respuesta que obtuvieron los sempais—. Saldré a caminar —murmuró mientras se incorporaba y jalaba la chaqueta del uniforme, no se había cambiado después de haber llegado al hotel tras el partido. Eran alrededor de las dos de la tarde y el equipo entrenaría hasta las siete, así que tendría dos horas para despejarse, volver al hotel y alistarse para ir al entrenamiento.

Tanaka y los otros dos lo miraron salir y suspiraron. Los ánimos de Kageyama empezaban a caer en espiral. Sus pases ese día habían sido particularmente buenos pero a nivel personal no se le vio feliz ni siquiera cuando el partido llegó a su recta final y Karasuno llevaba la delantera, tampoco es que fuese muy expresivo pero… de eso a sólo sonreír por seguir en el juego, no era propio de él. No de alguien que vivía y existía para el voleibol, no de alguien que había sido diseñado géneticamente para disfrutar a un nivel superior cada bloqueo, remate y pase casi como si de un toque divino se tratara. Aunque Daichi pensaba que eran los nervios, Sugawara pensaba que quizás, sólo quizás el próposito de la existencia de Kageyama había estado cambiando lentamente. Mutando en algo más profundo y humano.

"¿Qué estás haciendo?"

Algo así como amor, sufrimiento y resignación.

Los pasos de Hinata y Senikov avanzaron en medio de la noche por la calle bien iluminada. Hanzel reconocía que había sido irresponsable de su parte el arrastrar al pelirrojo sólo por el capricho de pasar más tiempo con él. La sudadera bien la pudo haber comprado al día siguiente después del siguiente partido pero desde que Hinata le observó tímidamente aquella tarde en que él se había aparecido en el Karasuno rabioso pidiendo explicaciones, algo en Hanzel se había disuelto.

¿Quién mierda viaja de Kawasaki hasta Miyagi sólo para preguntar algo tan banal como: Qué harás después de la secundaria?, ambos eran alumnos de grados inferiores, no era como si ese año se graduaran, y sí así pasaba. Hanzel volvería a Los Angeles en el vuelo del dos de septiembre porque el cuatro tenía cita para verse con el entrenador del equipo de voleibol y empezar hacer meritos para ingresar ahí en agosto del siguiente año. Es decir, las posibilidades de seguir su "amistad" con Hinata se reducía a un: "Hey, cómo estás, qué tal todo por Japón?" enviado por algún servicio de mensajería instantánea. No le importaba si era de esa manera. Tampoco era un jodido quinceañero que se enamoraba de su sombra pero la verdad recaía en la forma necesitada en que Shoyo hacía sentir a su colocador, nadie se había movido de esa manera tan ansiosa y hambrienta por él, ni jamás alguien había colocado aquella sonrisa de felicidad absoluta tras recibir uno de sus pases. Estaba celoso de lo que Hinata y Kageyama tenía, el enamoramiento había llegado después cuando resolvió que Hinata era necesario para que Horizon ganara el Holandes.

Toda esa admiración, esos celos, esa indigencia y menester eran huevos que estaban cayendo y él debía de correr a buscar a sostener antes de que se estrellaran contra el suelo. Pero a ese punto…

—Leí que hay un lugar llamado Vle-vlemin…

—Vlemenckx —corrigó Hanzel con las manos en su bolsillo viendo de reojo al menor.

—Sí, sí, leí que ese lugar tiene 25 tipos de salsa diferente para acompañar las papas fritas y…

Pero a ese punto, Hanzel ya se había dado por vencido.

Los huevos se estrellaron todos a la vez cuando decidió dejar de sostenerlos, cerró los ojos dejando que cayeran uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro. El fétido olor de las yemas y claras crudas se esparció así como los cascarones rotos que lo rodearon. Un par de ilusiones idiotas habían sido despedazadas más allá lo insustancial de promesas que jamás habrían sido dichas. Que estaban enteramente prohibidas de decir porque a él no le correspondía ese papel. Huevos que jamás serían nada más que semillas no eclosionadas, momentos infértiles.

"y me encantaría que Kageyama viniera para que las probara todas, aunque no creo que lo haría".

La frase terminó y Shoyo aspiraba para recuperar el aliento de haber hablado casi sin control, la garganta escocía demasiado por el aire frío que se estaba tragando de una sin filtro, había olvidado llevar su mascarilla mañana pagaría factura, o por la noche con los coágulos de sangre escurriendo en medio del vomito. Llegaría a sorber del inhalador para aliviar el dolor y solventar más adversidades antes de que ocurrieran, aunque quizás no llegaría a ser así porque su mente iba a seguir tan perturbada como en ese momento. Como en ese preciso momento en que su boca entreabierta que exhalaba vaho se vio invadida por una legión americana: labios, lengua y dientes. Manos que lo aferraban y ojos que le miraban fijo, sin pestañear. El mundo danzando al ritmo que la lengua enemiga le incitaba a jugar con él. Su cuerpo presionado por el del otro, detrás de ellos el canal corría con soltura a pesar que él se sentía mareado. Fuera de lugar, tanto como sus propias manos que se habían quedado tiesas a los costados de su cuerpo sin saber cómo es que debía reaccionar o qué es lo que tenía qué hacer. Las rodillas deshaciéndose, amenazando con dejar de sostenerle para dejarlo caer a su suerte.

Estaba asustado, había sido atacado y no había podido hacer nada. Jamás volvería a criticar esas películas donde el galán robaba besos a la heroína. Pero ahí todos el orden estaba alterado, o sólo quizás el hecho de que él fuera un chico, porque Hanzel feo no era, estaban en una hermosa ciudad del extranjeros con ambos muriéndose de frío. El contacto corporal expedía un calor que lo hubiera hecho sentir aliviado de no ser por los ojos tremendamente tristes que vio en el mayor al separarse, al notar como un hilo de saliva quedaba tenso entre ambos cuando Hanzel decidió que fue suficiente y que necesitan volver al hotel antes de que Hinata terminara por caer hacia el canal que hay detrás de ellos, hacia la orilla del universo detrás de ellos. El mundo volvía a recobrar sentido sólo cuando Shoyo ve la espalda de Hanzel alejarse y él únicamente sabe correr detrás de él con el ardor de sus mejillas amenazando con incendiar el resto del cuerpo.

Ha sido su primer beso en Holanda.

En Europa.

En todo el mundo.

Y fue dado por un setter, pero no el setter correcto.

—¿Qué es este libro? —cuestionó Aidan que recogía el ejemplar aludido del piso, justo donde Hinata dejaba sus cosas que sacaba de su maleta deportiva, buscaba sus suspensores para las zapatillas. El aludido alzó la mirada y sonrió animado.

—Oh… se llaman "Las mil plumas del cuervo" es una recopilación de leyendas de Miyagi basado en un mito sobre tengus —explicó Hinata encontrando el artículo deseado, así como las cintas musculares adheribles—. Sin querer lo he traído en mi maleta… en la escuela nos obligan a leerlo en la asignatura de literatura.

—Vaya… —lo hojeó el rubio al tanto se sentaba a un lado del más bajito—. ¿De qué trata la historia?

Shoyo se quedó quieto pensando en lo que había leído y estudiado con Kageyama y después con Yachi.

—Es sobre un cuervo al que un yokai le transfiere todo su poder antes de morir, pero el cuervo termina apartado de su parvada y ésta se va… después empieza a morir de soledad pero descubre que sus plumas son "mágicas", como son mágicas las empieza a regalar… al cabo termina por morir… en total son mil plumas… las que quedan repartidas por todas las montañas y sus valles.

—Básicamente es un libro que sí habla de lo que su título dice —señaló Yuuji con una sonrisa amarrando su cabello largo.

—Hmp, estúpidos japoneses y sus leyendas—comentó el coreano que pocas veces entraba a la interacción del equipo, y ahora mucho menos con otro despreciable japonés. Hinata miró al otro oriental que se adelantó hacia la zona juego del gimnasio, su partido comenzaría dentro de poco según terminara el partido que se jugaba en cancha.

—Bueno, por lo menos sus libros si hablan de lo que dicen sus títulos, no como a nosotros que nos hacen leer "Cómo matar a un ruiseñor", y no te dice cómo matar a un ruiseñor… es más ni siquiera hay pájaros involucrados —dijo Hanzel quitando el libro de las manos de Aidan y pasando las hojas—. Además viene ilustrado… —bufó.

Hinata rió y recibió el libro cuando se le devolvieron.

—Supongo que los japoneses somos confiables —agregó Hinata con una sonrisa suficiente. Hanzel le tiró una toalla a la cara.

—Es bueno que nuestro número 9 tenga tanta confianza en sí mismo porque la necesitaremos para barrer con los belgas —declaró el americano irguiéndose con la espalda bien recta—. ¡A la guerra Horizon!

—¡Yes! —todos, sin excepción, contestaron a su líder.

La segunda selección japonesa entró a la cancha empujando el carrito con balones. Empezarían a calentar. El olor en ese gimnasio era diferente al de los gimnasios japoneses, quizás no era el mismo producto el que utilizaban, o quizás Hinata estaba demasiado excitado como para notarlo. Escuchaba los chirridos de los tenis de sus contrincantes que ya habían llegado a la cancha y calentaban. Los "nipones" dejaban sus artículos en la banca y apresuraban a terminar de alistarse para empezar a calentar y adaptarse a la cancha. Había una gran audiencia a pesar que era la final de la primera ronda. Shoyo se imaginaba que para la última ronda el escenario sería otro. Uno más grande justo como en el estadio que sus compañeros de Karasuno, su familia, estarían jugando en ese momento, alegrías de la vida: ambos partidos habían coincidido. El del Horizon a la 12.30 de la tarde, el del Karasuno a las 7.30 de la noche. Estarían en trincheras esperando por seguir sobreviviendo.

—Vamos —ordenó Hanzel indicando a sus compañeros que se acomodaran para el calentamiento. Hinata fue el primero, y continuaron, los saltos y el resto del calentamiento lo llevó a cabo con las polainas puestas. Al tanto en Tokio Kageyama se concentró en colocar los pases para que los otros remataran, traía un dolor en el hombro que dimitiría tan pronto como su cuerpo entrara en calor. No podía dejarse llevar por pequeñeces, no en la semifinal.

—Jueguen limpio —dijeron al mismo tiempo los estudiantes del Nekoma y los del Karasuno mientras se reverenciaban.

El árbitro en Holanda dio su silbatazo inicial.

Y Daichi sacó primero, tenían el muro más alto considerando que Kuroo estaba al frente, había sido en realidad pura suerte el haber coincidido y Ukai se sintió aliviado que así fuera. El balón regresó tan pronto como fue enviado, Kenma había tratado de elevar desde el lateral pero terminó por ser un balón libre para Karasuno.

El balón logró llegar hasta Hanzel quien alzó con facilidad el pase para Hinata. Alto, limpio, cerca de la red. Hinata saltó y el balón se estrelló contra la duela lustrada.

—¡SIIII! —gimieron Hinata y Kageyama al mismo tiempo.

Ninguno de los dos iba a perder.

Así es como comenzaba una noche, un día increíble.

Con el primer punto a favor.

Con la mejor actitud y los mejores compañeros. El mejor capitán. Hanzel golpeó el hombro de Hinata en celebración y éste se lo regresó con una sonrisa decidida. Cualquiera se hubiera encontrado con cierto recelo después de la confesión hecha por el americano, después de las acciones agresiva, no obstante, Hinata no era cualquiera, y a su manera le gustaba Hanzel, no del mismo modo en que el americano gustaba del japonés, pero Hanzel Senikov no era mal candidato para haber robado su primer beso. Todo lo contrario, durante la noche había pensado en ello muy a fondo. Era cierto cuando decían que en su cabeza no podía haber nada más allá que voleibol pero era una mentira el que Hinata fuera por completo un idiota, por el contrario, era más listo de lo que la mayoría pensaba. Incluso si Tsukki hubiera echado un clavado en los pensamientos profundos que se alzaran en la cabeza del pelirrojo tras las palabras del colocador del Horizon, tras los labios agresivos que le habían robado un jadeo, hubiera dimitido de llamarlo "idiota salvaje".

Hinata había puesto en una báscula la simpatía, correspondencia y química en cancha que tenía con Hanzel contra la repulsión natural que debía presentar en él el hecho de que un chico le confesara sentimientos románticos, y peor cuando el implicado tenía una novia en Japón. La parte que había ganado obviamente era la de seguir a lado de Hanzel, sosteniéndole la cabeza hasta que muriera. No podía ofrecerle nada, no podía darle esperanzas pues hasta alguien inocente y verde en el ámbito como Hinata sabía que a la larga, iba a dañar más a su amigo.

Además, sentía cierta empatía por la naturaleza de los sentimientos de Senikov hacia su persona.

"Creo que también tengo un amor no correspondido".

Debía agradecerle al setter del Horizon haberlo hecho consciente de su estado actual, de su postura ante el mundo y la manera en que veía a Kageyama. Ciertamente, las palabras de Hanzel jamás las iba a olvidar, era un sentimiento extraño; meditó un poco esto y se dio cuenta que así se debían de sentir las personas que eran salvados por un segundo, es decir: como si Shoyo hubiera estado a punto de recibir el disparo pero Hanzel hubiera saltado para aceptarlo gustosamente por él. Hinata era testigo del sufrimiento del que agonizaba felizmente y no podía hacer nada más que sostenerle la cabeza y esperar a que muriera entre sus brazos. Una escena por más romántica, incluso más romántica que la torpe y corriente declaración del setter americano tras el beso y que en sí misma estaba su respuesta, ahorrándole la vergüenza al japonés de rechazar educadamente esos sentimientos: "Me gustas un montón, tanto que podría hacerte un montón de cosas pervertidas pero no lo haré porque Kageyama me iba a torcer los huevos", jamás olvidaría nada de lo dicho y el que motivo principal por la cual Hanzel desistiera fuera la existencia de Kageyama.

¿Era evidente?

¿Debía quebrarse la cabeza?

¿O debía actuar como Hanzel tirándose sobre Kageyama para después decirle que no podían ser nada?

—¿Listo, Shoyo? —cuestionó Hanzel tras descansar el tiempo muerto pedido después de quince puntos a favor de Japón contra catorce a favor del instituto de Belgica.

—Listo —afirmó secando el sudor de su rostro caminando hacia la cancha.

No, no era posible que fuera un amor correspondido, y si lo era dudaba tener la fuerza de voluntad que había tenido Hanzel para negarse y seguir sonriente a lado de Kageyama como si nada pasara. Shoyo sacaba. Kageyama sacaba.

Un saque asesino.

"¿Tenemos un amor no correspondido?"

"¿Qué clase de pregunta es esa idiota?"

Eso le iba a responder, aunque no sabría si no lo enviaba primero.

Saque asesino.

"¡Bien hecho Hinata!"

.

.

Reviews:

Yukie: Yo me siento el doble de lo más cuando leo tus review, de verdad que eres un amor al leer esta sarta de ideas que termina siendo cada capítulo y que cada vez son más largos, y además me dejas un comentario con tu opinión, muchas gracias. Te adoro con todo y todo. Kageyama es idiota, de eso todos los sabemos, y bueno, también sabemos que es un adolescente y los adolescentes a veces no saben lidiar con emociones, quizás te siga desesperando más y más, pero prometo que mejorará todo o al menos... bueno, va a madurar, eso sí te lo prometo. Entrando con Hanzel, creo que en este capítulo encontraste la respuesta a tu pregunta, coincidió la respuesta con tu pregunta. Hahaha. Muchas gracias por leer otra vez, espero que estés bien y espero leerte pronto también. Saludos!

Mr. Bum: Lo sé, disfruto mucho escribiendo sus conversaciones por mensaje. Gracias por leer.

Fangirl Yuko: Oh stop! -sonrojada hasta las narices-, me halaga mucho que digas eso, y más que hayas leído la historia por completo. Gracias por adorarla y por leerla, espero leerte pronto, mando saludos!

.

.

Gracias a todos por leer.

St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.