La historia original pertenece a Princess Kitty1 y los personajes a Tite Kubo.

El Rival

Un día de verano, mientras los cerezos florecían y Orihime se volvía loca por las flores- Ulquiorra no entendía su significado, incluso después de haber escuchado la explicación- el ex Espada decidió esperar a la aclocada chica escaleras abajo, que volvería a casa en cualquier momento. Después de volver a casa del suyo, había cogido algo que ella llamaba "novela gráfica" y se preguntó por qué los personajes desaparecían periódicamente y se perdían algunos detalles de sus cuerpos. Esa mujer leía cosas de lo más extrañas; tal vez por eso siempre estuviese soñando despierta.

Salió del apartamento y se adentró en el soleado día, dándose unos golpes en el bolsillo para asegurarse de que tuviera la llave y entonces se giró para cerrar del todo la puerta. Sus ojos seguían clavados en el cómic, cuyo guión tuvo que reconocer había tenido un giro inesperado, cuando dio unos pasos atrás y se dio cuenta de que no estaba solo. Abandonando el libro con la mirada, sus ojos se clavaron en unos marrones.

Era un chico de no más de once años. Tenía el pelo negro cortado a cazuela y permaneció congelado delante de Ulquiorra, en shock, apartando la mirada con nerviosismo. No dijo nada; solo se quedó mirando fijamente a Ulquiorra con bastante descortesía, sin tener ningún tipo de consideración por esos modales que Orihime le había recordado una o dos veces. Bueno, si ese chico iba a comportarse como un maleducado, entonces Ulquiorra no iba a mostrarle tampoco modales. Le devolvió la mirada, bajando la vista al cómic e incitándole a no moverse ni un milímetro con el dedo.

Ante semejante muestra de bravuconería, el chico se estremeció y bajó la mirada a sus pies. Ulquiorra sintió una mezcla de satisfacción y vergüenza por su victoria; en serio, esas emociones humanas eran de lo más problemáticas. Pero ahora que el chico ya no le miraba, había superado el obstáculo y podría seguía andando. Empezó a acercarse a las escaleras, pasando junto al chico maleducado sin decirle nada más que un escueto saludo.

- ¡Espera!

Se detuvo después de haber abierto la novela gráfica por la mitad, molestándole el hecho de tener que posponer todavía más su lectura y volvió a fijarse en el chico. Se giró hacia él, que mostraba una expresión de continencia absoluta, con los dientes y los puños apretados, como si semejante muestra de hostilidad fuese a asustar a Ulquiorra.

- ¿Qué ocurre, humano? Estoy muy ocupado.

- ¿Qué- dijo el chico amenazadoramente- crees que estás haciendo en el apartamento de Orihime?

Ulquiorra no cedió ni un centímetro.

- Soy el compañero de piso de la mujer.

- ¿Desde cuándo?

- Eso no es asunto tuyo- ¿Qué demonios le pasaba a ese chico? Era casi tan malo como Jinta, que antes le había preguntado si sabía lo que era meter la cabeza en un canalillo. Gracias a la televisión había aprendido que un canalillo era un canal mucho más pequeño, así que supuso que tendría algo que ver con ahogarse en un sitio de poca densidad acuática. Jinta se había reído como un enfermo, igual que lo había hecho cuando Orihime les había mostrado sus notas y había vuelto a quedar tercera en toda la clase. Para cuando hubo terminado la jornada laboral, Ulquiorra había aprendido más vocabulario sexual del que tenía intención de saber. Hasta la chica de mirada triste le había ofrecido unas cuantas definiciones, aunque casi todo el tiempo había preferido mantenerse al margen, sus mejillas sonrojándose con cada nueva explicación.

Y ahora ese chico, que Ulquiorra dedujo se trataría del nieto de la anciana que vivía en la puerta de al lado, le estaba señalando con el dedo; otro gesto descortés.

- ¡Por supuesto que es asunto mío!- gritó, sin importarle lo más mínimo molestar a los vecinos- ¡Orihime es mía!

Silencio. Entonces un perro ladró en la distancia. Ulquiorra se giró totalmente hacia el chico, metiéndose una mano en el bolsillo y sujetando el cómic con la otra.

- ¿Perdón?

- ¿Qué pasa, estás sordo? ¡Ya me has oído!- bufó el chico- Orihime es mi delicada flor; más bonita que cualquier flor de cerezo, más amable que una diosa! ¡¿Cómo te atreves a colarte en su apartamento, canalla?!

Ulquiorra dejó que los insultos le resbalaran.

- ¿Te gustaría que fuera propiedad tuya?- le preguntó, a la vez curioso e irritado- ¿Te gustaría encerrarla en una torre donde nadie más pudiera mirarla, donde solo tú pudieras venerar esa supuesta divinidad?

El chico se exasperó.

- ¡No! ¡N-No me metas en el mismo saco que tú! ¡No tengo ninguna intención perversa para con Orihime; mis intenciones son puras!

Ahora Ulquiorra empezó a sentir la necesidad de coger al chico de la camiseta y tirarle por la barandilla del edificio de dos pisos, pero se contuvo. Tuvo que admitir que le había herido el orgullo. ¿Querer mantenerla alejada de las miradas lascivas era una fantasía perversa? Jamás se le había pasado por la cabeza, aunque a juzgar por el conocimiento deductivo de Jinta acerca de las mujeres, probablemente se estuviese perdiendo algo. Tendría que hacer otra visita a la biblioteca.

- Ya veo- murmuró, pensando que quizá sus acciones y pensamientos pasados pudieran ser muestras accidentales de perversión.

- ¿Qué pasa? ¿He dado en el clavo?- se burló el chico, bajándose el párpado con el dedo y sacándole la lengua. Ulquiorra ignoró el gesto, estando como estaba sumido en su propia mente. ¿Cómo se habría tomado la mujer esas situaciones? ¿Las habría considerado "pervertidas"? ¿La habría insultado sin querer al haber evitado que se la comieran con los ojos?

- Oye- dijo el chico, chascando los dedos para conseguir su atención- ¡He dicho oye!

Ulquiorra le miró, entrecerrando los ojos sutilmente.

- ¿Qué pasa?

- Como iba diciendo- bufó el chico- Orihime es mía. ¡Si la quieres, vas a tener que luchar por ella sin hacer trampas! ¿Entendido?

El ex Espada pestañeó despacio. Ese chico era de lo más inmaduro, pero había hecho una observación interesante, una que probablemente permitiese a Ulquiorra pasar el resto de la tarde justificando sus deseos.

- Sí- contestó al fin.

El chico sonrió, contento de que un adulto le estuviera tomando en serio.

- ¿Significa eso que me ves como un rival digno?

- Al menos- dijo Ulquiorra, sintiendo fuertemente una especie de déjà-vu- te veo como alguien al que hay que… eliminar- algo parecido le había dicho al shinigami, aunque Orihime le hubiese advertido de que amenazar de muerte a gente inocente- sobre todo mayores y niños- estaba prohibido en esa sociedad.

El sonido de unos zapatos chocando contra los escalones cercanos y de un silbido alegre llamó la atención de Ulquiorra y del chico. Un momento después Orihime apareció en las escaleras, con su mochila en una mano y una bolsa de plástico de la que salía un olor a bollos en la otra, llevando el delantal doblado bajo el brazo.

- ¡Oh!- se detuvo, sonriéndoles a los dos- ¿Qué hacéis ahí?

La cara del chico se encendió como si fuese un árbol de Navidad.

- ¡Bienvenida a casa, Orihime!- gritó, pasando de largo junto a Ulquiorra para saludarla. El ex Espada observó con confusión y miedo cómo la chica se agachaba y abrazaba al niño con fuerza, sin darse cuenta de que su pecho masivo estaba a escasos centímetros de su barbilla.

- ¡Buenas tardes, Taro!- le saludó ella, frotándole el pelo- Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, ¿eh? ¿Has crecido?

Taro sonrió y se rascó la nuca avergonzado, sus mejillas poniéndose rojas de alegría.

- ¡Vaya, te has dado cuenta!

- ¿Y cómo no? ¡Vas a convertirte en un hombre guapísimo!- Orihime abrió con cuidado la bolsa de plástico y metió la mano, sacando un donut de mermelada- ¡Toma! Así seguirás creciendo. ¡Pero no se lo digas a tu abuela! Me reñirá si descubre que te he dado el postre antes de cenar. Será nuestro secreto, ¿vale?

El chico hizo como si su boca fuese una cremallera y la cerrase.

- ¡Por supuesto!- dijo antes de darle un buen mordisco al bollo. Orihime se giró hacia Ulquiorra, que estaba peligrosamente a punto de tirar el cómic al suelo y perder los estribos.

- ¿Vas a alguna parte?- le preguntó ella y él pudo ver a Taro detrás sonriendo triunfalmente. Apretó el libro con más fuerza.

- No- respondió fríamente, dándose la vuelta y sacando la llave de su bolsillo, dejando a la exasperante mujer atrás. Taro, ¿eh? Ese chico iba a ser un oponente muy interesante.

/Continuará/

¡Hola a todos! ¿Qué tal? Bueno, parece que Ulquiorra es incapaz de controlar sus celos aunque sea con un niño pequeño. Espero que no tarde en aparecer otro rival más acorde a su edad y ya pierda los papeles del todo. ¿Se dará cuenta Orihime? Seguro que por lo menos empieza a sentir algo ella también. Por cierto, hablando así de todo un poco, ¿habéis leído ya los dos últimos capítulos del manga? ¡OH, DIOS MÍO! ¡OH, DIOS MÍO! Lo mejor que ha podido hacer el señorito Kubo en años. Y si no los habéis leído aún, no dejéis que os lo cuenten! Nos vemos en el próximo capítulo. Un beso!

IrisTohruSohma: hola! Bueno, de aquí a que termine el fic lo mismo Ulquiorra ha tenido noventa mascotas diferentes! Y con tanto ajetreo no creo que se acuerde mucho de su mascota… Pero bueno, igual nos sorprende! Enhorabuena por tu fic. Bueno, siempre habrá comentarios que gusten más y que gusten menos. Al fin y al cabo hay gustos para todos. Lo mejor es verlo así, objetivamente y no pensar que los comentarios puedan ser algo personal, porque realmente no lo son. Nos vemos en el próximo capítulo. Un beso!

Hanasaki95: hola! Bueno, ya me he leído los dos últimos capítulos y ya estoy a tope (aunque me tengo que poner al día con ese bache temporal de 4 años, pero con calma). Es raro ver a Ulquiorra "trabajando", pero seguro que ya se ha acostumbrado. Nos vemos en el próximo episodio. Un beso!

GalateaDreams: Hola! Jaja, Ulquiorra es tremendo. Y seguro que ya se ha olvidado de su pobre mascota… En fin. Espero que te haya gustado el capítulo y nos vemos en el siguiente. Un beso!

LouderThanLaughs: hola! Ya, lo bueno de este fic es que la historia se va a ir cociendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Supongo que la gracia de la autora está en que cuenta cosas de la vida cotidiana sin que los personajes pierdan su carácter, lo que es bastante difícil. Me alegro mucho de que te esté gustando la historia. Nos vemos!