Todo este mundo que empezaras a leer le pertenece a Melissa Marr, los nombres de los personajes que están en este historia son de Stephenie Meyer, yo solo juego adaptándolos los unos a los otros.

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Capítulo 8: Surrealista

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Rosalie caminó por el pasillo de Obispo O.C., zapatillas en mano, con cuidado de no balancear el brazo y darle a ninguna de las sucias taquillas de metal con sus tacones. Habían pasado tres días desde que se tatuó el perfil, pero Rosalie no podía dejar de pensar en esa vertiginosa energía.

Había estado teniendo extraños arrebatos de pánico y alegría, emociones que parecían inapropiadas, de alguna manera fuera de contexto, pero no la debilitaban. Era como si hubiese tomado prestados los estados de ánimo de algún otro.

Extraño pero bueno. Se sentía más fuere, más silenciosa, más poderosa. Estaba convencida de que era una ilusión, resultado de su nueva confianza, pero de todas formas le gustaba.

La parte que no le gustaba era la gran cantidad de peleas de las que se percataba, o que no parecían asustarle. En vez de eso se encontró soñando despierta con el cliente de Verlaine. Su nombre estaba prácticamente claro cuando pensaba en él, pero él nunca se lo había dicho. ¿Cómo sé…? Se sacudió esa pregunta y se apresuró a abrir la puerta del cuarto de suministros.

Ángela le hacía gestos impaciente.

-Venga, Rose.

Cuando Rosalie entró en la habitación, Ángela cerró la puerta con un suave clic.

Rosalie miró a su alrededor buscando algún sitio donde sentarse. Se decidió por un montón de colchonetas de gimnasia.

-¿Dónde están Jane y Bella?

Ángela encogió los hombros.

-¿Siendo responsables?

Rosalie suponía que debería estar haciendo lo mismo, pero cuando Ángela la había visto esa mañana en el pasillo había murmurado -Cuarto de suministros.- A pesar de todos sus defectos, Ángela era una buena amiga, así que Rosalie se saltó la primera clase.

-¿Qué pasa?

-Mi madre ha encontrado mis suministros- los maquillados ojos de Ángela se llenaron de lágrimas. -No sabía que vendría a casa, y…

-¿Cuánto se enfadó?

-Estaba furiosa. Tengo que volver a ir a ese orientador. Y…- Ángela miró hacia otro lado. -Lo siento.

Rosalie sintió un peso presionando contra su pecho cuando preguntó:

-¿El qué?

-Cree que es de Royce. Que lo conseguí por él, así que no puedo… No deberías llamarme ni venir a mi casa durante un tiempo. Es sólo que… No sabía que decir. Me quedé en blanco.- Ángela cogió la mano de Rosalie. -Se lo diré. Es sólo que… ella está realmente…

-No.- Rosalie sabía que su voz era dura, pero no estaba sorprendida, no realmente. A Ángela nunca se le habían dado bien las confrontaciones. -No te lo dio él ¿verdad? Sabes que debes mantenerte alejada de Royce.

-Lo sé- Ángela se sonrojó.

Rosalie agitó la cabeza.

-Es un idiota.

-¡Rosalie!

-Shh. Lo digo de verdad. No estoy enfadada contigo por hacerle creer a tu madre lo que sea. Sólo mantente alejada de Royce y su pandilla.

Rosalie se sintió enferma al pensar en su amiga bajo la influencia de Royce.

-¿No estás enfadada conmigo?- La voz de Ángela tembló.

-No.- Rosalie estaba sorprendida por ello, pero era verdad.

Lógicamente enfadarse tenía sentido, pero se sentía tranquila. Había un borde de rabia, como si estuviese a punto de enfadarse pero no fuese capaz de hacerlo. Durante los últimos tres días todas las emociones desaparecían antes de volverse intensas.

Tenía la creencia irracional de que sus emociones se aclararían cuando el tatuaje estuviese terminado, o puede que sólo anhelase esa increíble sensación, que le hacía sentir como si sus huesos se derritiesen cada vez que las agujas tocaban su piel. Forzó el pensamiento fuera de su mente y se concentró en Ángela.

-No es tu culpa, Ang.

-Sí que lo es.

-Vale, sí que lo es, pero no estoy enfadada- Rosalie le dio un rápido abrazo y cuando se separó le dirigió una mirada feroz. -Pero lo estaré si te acercas a Royce. Últimamente va con tipos peligrosos.

-¿Y cómo es que tú estás a salvo?

Rosalie ignoró la pregunta y se levantó. Necesitaba aire, estar en cualquier otro sitio. Dibujó lo que esperaba que fuese una sonrisa convincente y dijo:

-Necesito irme.

-Está bien. Nos vemos a cuarta hora.- Ángela volvió a apilar las colchonetas en algo parecido a un montón ordenado.

-No. Me voy.

Ángela se paró.

-Estás enfadada.

-No. De verdad. Yo solo…- Rosalie negó con la cabeza, no estaba segura de poder o querer explicarle los extraños sentimientos que la empujaban. -Quiere caminar. Vete. Yo sólo… no estoy segura.

-¿Quieres compañía? Podría saltarme las clases contigo.- Ángela sonrió, demasiado alegre. -Puedo hablar con Bella y Jane y nos encontramos contigo en…

-Hoy no.- Rosalie sentía cada vez una mayor urgencia por correr, huir, simplemente escapar.

Los ojos de Ángela se volvieron a humedecer.

Rosalie suspiró.

-Cielo, no es por ti. Sólo necesito aire. Supongo que estoy trabajando demasiado, o algo así.

-¿Quiere hablar? Puedo escuchar.- Ángela se limpió los restos de rímel de debajo de sus ojos, empeorándolos en el proceso.

-Quédate quieta.- Con el borde de su manga, Rosalie frotó las manchas negras hasta hacerlas desaparecer. -Sólo necesito andar un poco. Despejar la mente. Pensar en Royce… Estoy preocupada.

-¿Por él? Podría hablar con él. Puede que tu padre…

-No. Lo digo en serio. Royce ha cambiado. Aléjate de él.- Rosalie forzó una sonrisa para quitarle hierro a sus palabras. La conversación se estaba acercando demasiado a temas que no le gustaban. -Nos vemos luego o mañana, ¿vale?

No demasiado contenta, Ángela asintió y se alejó por el pasillo.

Después de dejar Obispo O.C., Rosalie no estaba demasiado segura de a donde se dirigía hasta que se encontró en la ventanilla de la estación de trenes.

-Necesito un billete a Seatle para ahora mismo.

El hombre detrás del mostrador murmuró algo inteligible cuando deslizó el dinero hacia él. Dinero de emergencia. Dinero de las facturas. Normalmente vacilaba antes de gastarse su dinero en viajes para ver museos, pero ahora necesitaba estar en algún lugar bello, ver algo que le hiciese sentir que el mundo estaba bien otra vez.

Detrás de ella un grupo de chicos empezaron a empujarse unos a otros. La gente a su alrededor empezó a unirse a ellos.

-Señorita, debería moverse.- El hombre miró detrás de ella cuando le extendió el billete.

Ella asintió y se alejó del barullo. Por un breve momento, sintió una ola de sombras envolverla, atravesarla. Se trastabilló. Sólo miedo.

Intentó creerlo, se dijo que se había asustado, pero no había sido así.

El viaje a Seatle y el paseo por la ciudad pasaron como un sueño borroso. Algo raro le llamó la atención. Diversas parejas, o completos desconocidos, si los dispares estilos de ropa eran un indicativo, estaban intimando de manera vergonzosa en el tren. Un hermoso chico con los brazos completamente tatuados tiró un puñado de hojas y trocitos de papel mientras andaba, pero por un extraño momento Rosalie pensó que eran los tatuajes desprendiéndose de su piel para revolotear en la brisa. Fue surrealista. Rosalie se preguntó brevemente sobre la rareza de todo ello, pero su mente rechazaba concentrarse en ello. Sentía que estaba mal cuestionarse las cosas extrañas que había estado viendo y sintiendo. Cuando lo intentó, una presión dentro de su piel la forzó a pensar algo, cualquier otra cosa.

Y entonces entró al Museo de Arte Carnegie y todo volvió a estar bien. Las rarezas y preguntas desaparecieron. El mismo mundo desapareció mientras Rosalie deambulaba sobre el suave suelo, subía y bajaba las escaleras. Respira.

Finalmente su necesidad de correr disminuyó y se calmó. Dejó su vista vagar sobre las pinturas hasta que llegó a una que la hizo detenerse. Se quedó silenciosa frente a ella. Van Gogh. Van Gogh es bueno.

Una mujer mayor travesó la galería. Sus zapatos sonaban a un ritmo estable mientras se movía, con determinación pero sin prisa. Varios estudiantes de arte estaban sentados con sus cuadernos abiertos, sin enterarse de nada de lo que pasaba a su alrededor, absorbidos por la belleza de lo que veían en las paredes de la galería.

Rosalie siempre había sentido que estar en el museo era como estar en una iglesia, como si hubiese algo sagrado en el aire. Ese sentimiento era justo lo que necesitaba.

Rosalie se quedó delante del cuadro, observando el verde intenso de los campos que se extendían en la lejanía, limpio y bello y abierto. Paz. Eso era lo que la pintura le hacía sentir, un poco de paz congelada en el espacio.

-Relajante, ¿Verdad?

Giró, sorprendida de que alguien la abordase tan fácilmente. Su habitual hiperactividad absenta. Emmett estaba de pie tras ella, mirando el cuadro. Llevaba la camisa suelta sobre la cintura de unos vaqueros amplios; las mangas dobladas, dejándole ver sus bronceados antebrazos.

-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó.

-Encontrarte, según parece.- Miró detrás suyo, donde una chica de aspecto ágil con parras pintadas sobre su piel los observaba fijamente. -No es que me queje, pero ¿No deberías estar en clase con Isabella?

Rosalie miró a la chica de las parras, que continuaba observándolos abiertamente, y se preguntó si estaba viviendo una muestra artística.

Pero luego se dio cuenta de que debía haber sido un juego de sombras: la chica no tenía nada pintado. Rosalie agitó la cabeza y le dijo a Emmett,

-Necesitaba aire. Arte. Espacio.

-¿Estoy yo en ese espacio?- dijo dando un paso atrás. -Pensé en decirte hola ya que parece que nunca podamos hablar…no que debiéramos. Puedes irte. Puedo irme si tú tienes cosas…

-¿Paseas conmigo?- ella no apartó la mirada a pesar de la expresión demasiado satisfecha de su rostro. En vez de sentirse nerviosa se sintió sorprendentemente atrevida.

Él le indicó con gestos que decidiese ella el camino, actuando más caballerosamente de lo normal para ella. No era exactamente forzado, pero parecía tenso mientras daba una ojeada por la galería.

Entonces Emmett se giró y la miró. No habló, pero había una extraña tensión en la manera en que se mantenía alejado de ella. Alzó y bajó su mano derecha como si no supiese que hacer con ella. Los dedos de su mano izquierda estaban apretados; su brazo suelto y sin movimiento al lado de su cuerpo.

Ella apoyó una mano sobre su brazo y le dijo:

-Estoy contenta de que estés realmente aquí en vez de con Edward para variar.

Emmett no habló, no respondió. En vez de eso, miró a otro lado.

Está asustado.

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Inexplicablemente, pensó en el extraño cliente de Verlaine, prácticamente pudo imaginarlo suspirando mientras respiraba en el miedo de Emmett. ¿Respiraba en el miedo?

Agitó la cabeza e intentó pensar en algo, cualquier cosa para decirle a Emmett, y para evitar pensar en el hecho de que su miedo era levemente excitante. Simplemente se quedó parada detrás de él y dejó al silencio crecer hasta que se hizo inconfortablemente obvio.

Daba la sensación de que los otros visitantes del museo les estuviesen mirando, pero cada vez que les miraba, su visión se estrechaba por los bordes, como si un filtro se deslizase sobre sus ojos y distorsionase lo que veía. Observó la pintura, y vio solo manchas de color y forma.

-¿Nunca te preguntas si lo que ves es lo mismo que el resto está viendo?-

Él se tensó todavía más a su lado. -A veces. Estoy seguro que no es exactamente lo mismo… pero eso no es tan mal, ¿Verdad? ¿Ver el mundo de una manera diferente?"

-Puede…- le echó una ojeada, a su postura nerviosa, quería ir hacia él si para asustarlo o calmarlo, no estaba segura. -La visión creativa crea el arte— hizo un gesto abarcando toda la galería —Le muestra al resto del mundo un nuevo ángulo. Eso es algo bello.

-O una especie de locura- contestó ella. Quería decirle a alguien que no veía las cosas bien, que no las sentía bien. Quería pedirle a alguien que le dijese que no se estaba volviendo loca, pero pedirle consuelo a un extraño estaba lejos de ser confortable… incluso con sus sentimientos tergiversados.

Cruzo los brazos sobre su pecho y se alejó, tratando cuidadosamente de no mirar a las personas observándola a ella o a Emmett, que la estaba siguiendo con una expresión de dolor en el rostro. Durante los últimos días parecía que la gente se estaba comportando de manera rara, o puede que simplemente estuviese empezando a prestarle atención al mundo otra vez. Puede que fuese un despertar de la depresión contra la que había estado luchando. Quería creer eso, pero sospechaba que se estaba mintiendo a sí misma: el mundo a su alrededor se había vuelto loco, y no estaba completamente segura de querer saber el porqué.

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Estoy tardando un poquito más con esta historia, por que la traducción que yo tengo, no esta muy bien traducida, no es que yo sea traductora, pero si hay faltas de ortografía y las estoy arreglando. Si por aquíen la adaptación ven una que otra perdónenmela vida por favor.

Gracias a esa traducción les esta llegando esta adaptación a ustedes, así que gracias a aquellos que la tradujeron.

¿Me dejarían un pequeño review?