Disclaimer: Frozen no me pertenece, los nombres aquí hallados pertenecen a Disney a excepción de los que yo añada, que son de mi autoría.


El día en que Elsa cumplía un año como reina estaba a tan sólo dos días de realizarse. Como para toda celebración, los miembros del servicio no paraban quietos, no iban a invitar a casi todos los monarcas del mundo, como el día de su coronación, tan sólo Corona y las Islas del Sur. Ésta última aprovecharía para pedir disculpas por el comportamiento de Hans, y para saber cuál era el veredicto de la reina con él.

La princesa Anna, como siempre, se había quedado dormida, pero un lametazo la despertó de su sueño. Ya se había acostumbrado a ello, pero eso no significaba que también lo hiciera el olor a baba de dragón.

― Buenos días, preciosa.

Su hermana, que se había levantado y alistado desde hacía horas, la miraba con ternura. Podría acostumbrarse a despertarse cada mañana y ser observada por unos ojos azules y otros dorados con una sonrisa en sus rostros, pero eso estaba por terminar. Kristoff, a pesar de que sabía cómo se sentía la princesa, aceptó seguir con la boda.

El mismo día en que Elsa le había hecho el amor a Anna, ésta buscó por todos lados al repartidor de hielo pero no lo encontró, buscó en el único lugar en el que podía estar: los establos.

Como siempre, estaba dando de comer a su reno, Sven, y ha tener un monólogo con dicho animal.

¡Kristoff! Tenemos que hablar. ― Dijo la princesa asustando a reno y repartidor, el cual se temió lo peor. ― No no voy a cancelar nuestro compromiso, aún, pero hay algo que tienes que saber.

Y con un suspiro, comenzó a contarle sus sentimientos al muchacho, el cual no parecía muy extrañado sobre ello. Se lo temía, pero no quería que fuese real, no ahora que estaba tan seguro de casarse. ¿Pero ella había dicho que no quería romper el compromiso? Así que todavía quedaba esperanza para él.

No quiero que seas un segundo plato, Kristoff. Por eso te estoy dando a elegir: sigue conmigo o encuentra alguien mejor que yo.

El muchacho pareció pensarlo. Al ver lágrimas en los ojos de su princesa, se rindió, suspiró y la abrazó cariñosamente. Le dijo que no se iría, que seguiría junto a ella aunque sea para guardar las apariencias, y cuando llegara el momento de tener hijos y aparentar ser una familia normal, lo harían. Kristoff secó las lágrimas de la muchacha y la besó en la mejilla, al menos ahora sabía las intenciones de su prometida y estaba más tranquilo.

― Sólo de pensar que dormirás con él cada día, me molesta.

― Mi cuerpo y corazón serán siempre tuyos. Además, esto lo planeaste tú.

― Ahora pienso que no fue tan buena.

La princesa rió. Se levantó de la cama y comenzó a desvestirse bajo la atenta mirada de la Reina Elsa, podía notar cómo la mirada de deseo de su hermana se posaba en su cuerpo, así que se cambió rápidamente y sonrió al notar un quejido de la platinada, a veces parecía una cría a la que le habían quitado el caramelo de la boca.

Nieve las miraba fijamente, con mirada curiosa. A pesar de que llevaba años junto a los humanos todavía le fascinaban, la manera tan imprevisible de afrontar las mismas situaciones le parecía intrigante. Sabía que, cuando su jinete estaba molesta, contestaba con monosílabos y cuando estaba feliz, con unos más elaborados.

Un toque ligero en la puerta los sacó a todos de sus cavilaciones, una sirviente les dijo que los príncipes de las Islas querían una audiencia, y le informó que estaban los doce.

― Tengo que lidiar con doce hermanos, y pensar que Hans es el más santo por lo que he oído...

― Estarás bien, además, tendrás a Nieve protegiéndote. ― Éste rugió y se sacudió informando de que estaba de acuerdo con la princesa.

Pero esto a la Reina todavía no le convencía. Eran doce contra dos, es cierto que ella tenía poderes de hielo, aun así, esos hombres estaban más entrenados que ella, y no tendría tiempo a protegerse. Ayudó a su hermana a arreglarse a pesar de que le tomó de todo su auto control no tomarla en esos momentos.

Pasaron el rato charlando con Olaf, que otra vez había entrado en el cuarto de la princesa sin tocar hasta que una de las sirvientas informó que los príncipes y Rey de las Islas del Sur habían llegado. La monarca suspiró, le lanzó una sonrisa de resignación, y salió a recibir a toda la familia entera.


Cortito, por eso voy a subir el otro, más el siguiente dónde se quedó esto, y ahora sí, está todo en orden :P