Siento el retraso en actualizar, y siento decir que no tengo ni idea de cuándo podré volver a actualizar. Puede ser que actualice la semana que viene o lo mismo no puedo volver a actualizar hasta dentro de tres o cuatro semanas... y lo mismo con "Papá por Sorpresa".
Este capítulo empieza después de un salto temporal de tres meses. Espero que siga gustando.
Y gracias por tomaros un tiempo en leerlo y además dejar un comentario, os lo agradezco muchísimo!
Sintiéndose todavía algo incómoda por la revisión que el ginecólogo acaba de hacerle, se coloca la ropa interior y después los pantalones. Se trata de un pantalón elástico y cómodo. No es un pantalón para pre-mamás, pero es con el que más cómoda se siente, ahora que su vientre está comenzando a crecer más y más.
Cuando termina de vestirse, corre la cortina que separa la camilla de revisión de la sala de la consulta, y se sienta frente al escritorio a esperar al médico. Se recuesta en la incómoda silla mientras observa su vientre. Le gustaría que Rick estuviese con ella en estos momentos, pero está trabajando, tiene que hacerlo. Lleva haciéndolo durante estos tres meses y dice que ya casi tiene ahorrado para comenzar a buscar un piso. Kate suspira, pensar en todo eso le asusta. Su vida en general le asusta.
El sonido de la puerta de la consulta abriéndose detrás suya, hace que se gire, comprobando que el ginecólogo está de vuelta, con archivador en la mano, donde supone que guarda algún tipo de informe. No dice nada y espera a que él se siente frente a ella, en la silla que preside el escritorio. Lo cierto es que ese médico nunca le ha caído del todo bien, no solamente por la incomodidad que le produce el hecho de que su ginecólogo sea un hombre, sino porque además parece sufrir una falta de amabilidad. Sin embargo no hay nada que pueda hacer, es el ginecólogo que cubre su seguro médico y ella no tiene dinero para pagar uno mejor.
-Sigo preocupado por el crecimiento del bebé – masculla de repente el médico, sin levantar la vista de los informes - ¿Sigues los consejos que te di la vez pasada?
-Sí, yo… Estoy comiendo bien. Sano y bien, y estoy… intentando descansar lo suficiente.
-Está claro que no es suficiente con eso.
-¿Y qué tengo que hacer? – pregunta ella, preocupada - ¿Quizás hay alguna medicación que pueda tomar para ayudar a su crecimiento?
El médico alza la cabeza hacia ella, mirándola con escepticismo.
-Los medicamentos pueden dañar todavía más su organismo.
-¿Todavía más? – Kate intenta deshacer el nudo que se ha formado en su garganta
Puede que todavía una parte de ella no crea poder hacerse cargo de su hijo, pero aun así quiere lo mejor para su bebé y le preocupa que su crecimiento no esté siendo el adecuado.
-Te lo he advertido durante todo este tiempo Kate, debido a tu depresión y quizás las condiciones y el entorno en el que te encuentras, el bebé no está creciendo al ritmo que debería. Lo que me preocupa es que si éstas son tus condiciones, podrán serlo también las suyas una vez que nazca y los bebés con un tamaño y peso inferior deben recibir un cuidado más calificado.
Kate mira al médico mientras intenta reprimir las lágrimas. Sus ojos le escuecen.
-Comprenderás que me preocupo por el estado de mis pacientes – dice él, de repente, volviendo a bajar la vista al informe.
Kate gira la cabeza, no está tan segura de ello.
-Te daré una cita cada dos semanas, así podremos ir controlando mejor su crecimiento – dice el médico finalmente.
Cuando llega al apartamento de Lanie, da gracias a que su amiga no haya salido todavía de clase. Le apetece estar sola por un momento. Se dirige al que ahora es su dormitorio, se quita los zapatos y abre un cajón de la mesilla, sacando un trozo de papel. Se tumba en la cama y lo observa durante un buen rato. Desliza sus dedos por el papel, acariciando el pequeño cuerpo de su hijo. Apenas se distingue y todavía está formándose en su interior, pero aquella ecografía, aquel trozo de papel, lo hace todo más real.
Se muerde el labio y se seca la lágrima que se ha escapado por el rabillo de su ojo. Todavía recuerda las lágrimas en los ojos de Rick cuando vieron a su hijo por primera vez. Lágrimas de emoción y al mismo tiempo de rabia y tristeza.
Vuelve a guardar la ecografía en la mesilla y se lleva las manos al vientre, acariciándolo, dándose pequeños masajes. Todavía es demasiado pronto para que el bebé responda ante eso, con algún movimiento o patada quizás, pero ella puede sentirlo, y es una sensación increíble. Puede sentir cómo su hijo se relaja en su interior cuando ella lo acaricia. Es una locura pero lo siente.
Se sobresalta un poco cuando alguien llama a la puerta del dormitorio.
-Kate, ¿puedo pasar? – la voz de Lanie al otro lado le hace esbozar una pequeña sonrisa. Todavía recuerda el día en el que se enfadó con ella por entrar sin llamar, y eso que simplemente estaba tumbada en la cama, como ahora, pero las hormonas le estaban alterando por momentos. Por suerte Lanie lo entendió y pronto hicieron las paces.
-Sí, pasa – dice, recostándose un poco más.
-¿Qué tal en el médico? – pregunta tumbándose junto a Kate.
Ella se encoge de hombros y resopla, soltando todo el aire que estaba guardando en su interior.
-No sé Lanie… el bebé no está creciendo bien.
-Verás que cuando nazca recupera todo ese peso que le falta.
-El ginecólogo no estaba muy de acuerdo con eso.
-¿Qué ha dicho él?
-Dice que un bebé con un peso y tamaño por debajo del adecuado necesita más cuidados y que si estas son las condiciones en las que estamos, no podremos dárselo.
-¿Pero quién se ha creído para decir eso? – dice Lanie, alzando la voz mientras se tumba de lado y apoya su cabeza sobre su mano.
-Tiene razón Lanie. Si el bebé cae enfermo o le pasa algo…
-No pienses eso.
-Lo peor es que estaba empezando a valorar mucho la opción de quedárnoslo, ¿sabes? – dice, casi con desesperación, sintiendo el escozor en sus ojos – Desde que me hicieron la primera ecografía y lo vi… Y cada día que pasa lo puedo sentir aquí dentro – dice, colocando una mano sobre su vientre.
Su amiga no dice nada y le deja hablar, le deja desahogarse.
-Y luego está Rick, todo ilusionado, y yo no he querido volver a quitarle la ilusión porque bastante está haciendo ya con el trabajo y además intentando ganarse la beca…
-¿Por cierto, no dijo que pasaría hoy a buscarte para llevarte a cenar? – pregunta Lanie, intentando cambiar de tema para animar a su amiga.
-Sí – dice ella, suspirando – Igual le llamo y le digo que no me apetece.
-¿Pero qué dices?
-Ni siquiera tengo ropa que ponerme Lanie, ¿has visto lo gorda que estoy?
-¿Y a qué esperas? Venga – dice, levantándose y tendiéndole la mano a Kate para que se levante también – Encontraremos algo.
Rick toca al timbre y esconde la rosa detrás de su espalda. No puede esconder la sonrisa que hay instalada en su rostro, la cual se agranda todavía más cuando Kate abre la puerta. Está guapísima. Siempre lo está, pero esta vez se ha arreglado, como hacía tiempo que no hacía. Se ha maquillado los ojos, de manera que su color verde con toques almendrados queda resaltado. Las ojeras han debido quedar tapadas bajo alguna capa de maquillaje porque no hay rastro de ellas. También se ha puesto unos bonitos pendientes, mientras viste una blusa granate y unos pantalones negros, acompañados por unos tacones.
-Estás guapísima – le dice él después de un rato mirándola.
-Gracias. Lanie me ha ayudado… - dice ella. Después de haber estado todo el rato dudando sobre su atuendo, a pesar de que esa blusa que había abandonado hace tiempo en su armario le quedaba bastante bien, sin embargo a Rick parecía haberle gustado.
Rick le coge la mano y le mira de una manera especial, después saca la rosa roja de detrás de su espalda, ofreciéndosela.
-¿Es para mí?
-Claro – dice él, riendo.
Kate se acerca la rosa a la nariz y cierra los ojos, oliéndola. Siempre le ha gustado ese olor, pero especialmente ahora que está embarazada siente que capta todos y cada uno de los olores de una manera diferente.
-¿Y a qué viene esto?
-Estoy feliz – dice él, encogiéndose de hombros – Y quiero enseñarte algo, ¿estás lista?
Ella asiente y, tras coger su bolso, dejar la rosa en su dormitorio, y despedirse de Lanie, bajan a la calle, donde Rick se acerca a un coche negro aparcado frente al edificio.
-¿De quién es este coche? – pregunta Kate, extrañada, pues Rick no tiene coche.
-Espo me lo ha dejado.
Ambos se montan en el vehículo y se abrochan los cinturones de seguridad, pero él todavía no lo pone en marcha.
-¿Qué te ha dicho el médico, todo bien?
Ella le mira, preocupada, antes de hablar.
-No está creciendo bien Rick, debería estar más grande y pesar más…
Él le devuelve la mirada de preocupación y le agarra una mano, dándole un beso sobre ella.
-Haremos que funcione – le asegura – Crecerá y estará en perfectas condiciones.
Ella no dice nada y él pone en marcha el vehículo, poniendo rumbo a donde quiera que le quiere llevar.
Una hora y veinte minutos más tarde, Rick aparca frente a un pequeño edificio de apartamentos.
-¿Dónde estamos? – pregunta ella, mirando por la luna delantera del vehículo el edificio frente a ellos.
Rick se baja del coche y lo rodea, abriendo después la puerta del copiloto. Le tiende una mano a Kate y le ayuda a bajar.
-Estamos en Hyde Park. No te había dicho nada porque era una sorpresa, pero… he encontrado un lugar para los tres.
Kate abre la boca y después mira intercaladamente a Rick y al edificio.
-¿De verdad, has encontrado un apartamento? – pregunta emocionada.
-Sí, de verdad – dice él, riendo por la reacción de ella.
Kate se lleva una mano a la boca. Realmente no esperaba que Rick lo consiguiese, no porque no confiase en él, sino porque últimamente prefería no ilusionarse con planes que realmente nunca llegarían. Pero ahora… él por fin había encontrado un lugar para los tres, un lugar donde poder tener a su bebé. Quizás no estaba todo acabado al fin y al cabo, ahora más que nunca existía la posibilidad de quedarse con su hijo, de ser sus padres.
Se abraza a Rick y lo estrecha entre sus brazos durante un largo minuto.
-Bueno, no es muy grande, y sé que está algo lejos del centro de la ciudad, pero…
-No me importa – dice ella, todavía abrazándolo – quiero verlo.
-Está bien, ven, te lo enseñaré.
Caminan juntos hasta el portal, donde él introduce una pequeña llave. Después suben en un ascensor, pequeño y viejo, hasta la cuarta planta.
-En realidad estuve buscando por esta zona porque está cerca de la escuela de cocina y he pensado que si finalmente consigo entrar, sería estupendo poder estar cerca de vosotros.
-¿Y el trabajo? – Pregunta ella, preocupada - Tendrás que desplazarte hasta allí todos los días.
-Lo sé – dice él, abriendo la puerta de uno de los apartamentos – De momento Espo me deja su coche hasta que me las arregle.
Kate se muerde el labio, pues a pesar de ese pequeño o gran inconveniente, Rick está haciendo un gran esfuerzo y no piensa ser ella quien le arruine la ilusión.
Rick se adelanta a ella y enciende la luz del apartamento, dejándole pasar después. Desde la entrada se ve que es un lugar bastante pequeño, apenas unos pocos metros cuadrados de salón y cocina juntos, y un par de puertas al fondo de estos, donde imagina que están el dormitorio y el baño.
-Lo siento – dice él agachando la cabeza – es demasiado pequeño.
-Eh – le dice ella, colocando una mano en el mentón de él, haciéndole que le mire – Es perfecto.
-¿De verdad te gusta? – le pregunta él, dudoso.
-Rick, ni siquiera hace falta que me guste. Me basta con saber que podemos estar juntos, los tres – dice, esbozando una pequeña sonrisa.
Él tuerce sus labios hacia arriba unos milímetros y finalmente asiente.
-Ven, siéntate – dice, señalando al sillón – He estado aquí antes y he preparado algo para cenar.
-Lo sé – sonríe ella – puedo olerlo, aunque no sé qué es.
-Es thali – dice él, dirigiéndose a la parte de la cocina – Es un plato indio, aunque lo he hecho un poco a mi manera. Algunas especias quizás no te sentarían bien por el embarazo así que he preferido no ponerlas.
-Seguro que está delicioso, tiene muy buena pinta – dice ella, observando la bandeja que Rick acerca al salón.
-Pues empecemos.
-¿Lo has ensayado para la escuela? – pregunta ella, mientras se lleva un poco de arroz a la boca.
-Sí. Uno de los exámenes que nos harán de la beca es elaborar un plato típico de otros países, así que estoy probando.
-Esto está riquísimo – dice ella, ahora con la boca llena.
-Poco a poco, no seas bruta – ríe él.
-¿Te tengo que recordar que ahora como por dos?
-Toma, prueba esto – dice él, acercándose más a ella y dándole una cucharada de una salsa en uno de los platos.
-No me puedo creer que esto lo hayas preparado tú Rick, debería ser uno de los platos que presentes para la beca.
-Espero que los examinadores piensen lo mismo.
-Lo harán. Y si no lo hacen deben de estar muy locos, o tener el sentido del gusto totalmente atrofiado.
Después de un rato cenando y charlando, sintiéndose como si su vida fuese completamente normal, como si no existiesen las preocupaciones y lo único que importase fuesen ellos dos en ese momento, Rick se levanta a la cocina, en busca del postre. Cuando vuelve, lleva un cuenco con una fuente de chocolate en una mano y fresas en la otra.
Nada más verlo Kate siente cómo su boca se hace agua.
-Chocolate – dice, haciendo reír a Rick – No te rías, de verdad, creo que es un antojo, el otro día devoré una tableta entera que había comprado Lanie.
-Pues de este, te lo puedes comer todo – dice sentándose a su lado. Coge una fresa y la moja en chocolate, llevándola después a la boca de Kate.
Ésta cierra los ojos saboreándolo con placer, lo cual hace que él sienta la presión bajo sus pantalones.
Esta vez es Kate quien coge una fresa, la unta en chocolate y se la ofrece después a Rick. Puede notar las mejillas de Rick ardiendo, y ella lo necesita tanto o más que él, así que se coloca sobre las piernas de él, sentándose a horcajadas, y comienza a besar sus labios, despacio.
Él la agarra por la espalda, al mismo tiempo que la acaricia. Rápidamente amoldan sus labios y empiezan a saborear el sabor a chocolate en la boca del otro, hasta que el beso se vuelve cada vez más apasionado.
-Kate…
-Shh. Tú has sido quien ha empezado con esto así que no me pidas ahora que pare. Además, no sabes cómo me tienen las hormonas… y llevamos unos cuantos días sin hacer nada.
-Solo iba a decir que vayamos al dormitorio – dice él, sonriendo – Estaremos más cómodos.
Ella rueda los ojos y se levanta rápidamente, dándole la mano a él y dejando las fresas olvidadas. Entran en el dormitorio, ella por primera vez, comprobando que también es pequeño, aunque la cama tiene un tamaño considerado y eso es lo único que le interesa ahora mismo.
Se da la vuelta, quedando frente a frente con Rick, o mejor dicho, cuerpo a cuerpo. Puede sentir la calidez de él incluso por encima de su ropa, o tal vez sea solo su propio calor.
Se coloca de puntillas, obteniendo un mejor acceso a sus labios, y comienza a devorarlos con ansias, bajando después sus manos hasta la camiseta de Rick, sacándosela después por los brazos y dejándola caer al suelo.
Él hace lo mismo con la blusa de ella, y después cada uno se desabrocha sus propios pantalones, dejándolos olvidados junto a las demás prendas. Rick le ayuda a tumbarse sobre la cama, colocándose después él a su lado. En pocos segundos se deshace del sujetador de ella y comienza a acariciar sus pechos.
Kate no puede evitar arquear su cuerpo hacia arriba ante el contacto. Si eso siempre le ha resultado placentero, ahora que está embarazada le resultaba todavía más placentero. Suelta un gemido cuando siente los dientes de Rick atrapar su pezón, con suavidad, pero tirando de él, haciendo que su humedad se incremente.
-Rick, por favor… - suplica cuando él comienza a torturarle colocando su mano por encima de la tela de sus braguitas, sobre su humedad.
Él no le responde y se mueve, tirando de la ropa interior, deslizándola por las largas piernas de Kate. No tarda en deshacerse también de la única prenda que está vistiendo él, quedando los dos completamente desnudos.
Se tumba de nuevo al lado de Kate, acariciándola, descendiendo después su mano hacia su bajo vientre. Ella gime de nuevo solo ante el contacto. Debe ser el embarazo, pero últimamente está más cachonda que nunca y eso le pone también a él.
-Oh por favor, Rick, venga… te necesito – Ella se mueve, colocándose de lado, frente a él, cogiendo su cara entre sus manos.
Rick siente el aliento de ella contra su propia respiración y no puede evitar acercar sus labios a los de ella, reduciendo la poca distancia que los separaba, y besarlos con fiereza.
-Vale, pero vamos a buscar una postura cómoda – susurra él, separándose unos milímetros – No quiero hacerte daño.
Lo intentan durante unos segundos, pero no es tan sencillo encontrar una postura en la que ella se encuentre del todo cómoda, una en la que los dos puedan disfrutar de ese momento de placer.
-¿Y si me pongo yo encima?
-No, te cansarás.
-No me voy a cansar, no es la primera vez que…
-Espera, lo tengo – le interrumpe él.
Sin darle tiempo a continuar hablando, se coloca detrás de ella, haciendo que su vientre quede inclinado de medio lado pero prácticamente cara arriba, de manera que no pueda hacerle daño. Pasa una mano por debajo del muslo de ella, alzándole la pierna, y haciéndole gemir cuando el miembro de Rick roza su humedad.
-¿Así está bien?
-Si – dice ella en un gemido, inclinando su cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Rick.
Éste ladea la cabeza, encontrando un completo acceso al cuello de ella, que besa y saborea durante un par de segundos, antes de pegarse más a Kate e introducir, despacio y con cuidado, para no hacerle daño, su miembro dentro de ella.
-Oh, dios Rick…
Él gime de placer también, al mismo tiempo que intenta reprimir una carcajada. Solo acaban de empezar y ella ya se está retorciendo de placer. Comienza a moverse en su interior, sujetando la pierna de ella, pegándola contra él permitiéndose un mayor acceso.
-Aguanta un poco más – dice con une voz ronca. Sus labios pegados a la oreja de ella.
Kate agarra con fuerza la almohada, hincando sus uñas en ella.
-No…. No puedo – dice, al mismo tiempo que su bajo vientre comienza a vibrar en pequeños espasmos de placer.
Lleva su mano derecha hacia atrás, agarrando con fuerza la muñeca de Rick que sujeta su pierna, como si él fuese a dejarla caer y ella quisiese evitarlo. Le ayuda a alzarla todavía más mientras Rick embiste una vez más, esta vez más fuerte, contra ella, lo que hace que ambos se liberen al mismo tiempo.
-¿Estás bien? – pregunta él después de un rato, mientas los dos, tumbados sobre el colchón, intentan normalizar el ritmo de sus respiraciones.
-Sí – dice ella, extasiada, ¿cómo no podría estarlo?
Él se mueve hacia abajo y destapa la sábana que cubre a Kate, comenzando a dejar pequeños y delicados besos sobre su vientre. El corazón de Kate se encoge ante ese acto, sintiéndose abrumada por esa sensación.
-Espero que no te hayamos hecho daño… - comienza a decir, callando después para dejar un par de besos más sobre su piel antes de continuar hablando – Pero mamá y yo nos queremos mucho y…. estábamos haciendo el amor.
-Seguro que le ha gustado tanto como a nosotros – susurra Kate, acariciando el pelo de Rick.
-Sí, seguro que sí – dice él, antes de besar su vientre una vez más y después volver a taparla con la sábana, volviendo a colocarse junto a Kate, abrazándola – Y seguro que le encanta nuestro nuevo hogar.
Los dos permanecen unos minutos en silencio, disfrutando de las pequeñas caricias que se proporcionan el uno al otro, disfrutando de ese momento de tranquilidad entre los dos.
-¿Crees que lo conseguiremos? – pregunta ella después de un rato.
-Estoy seguro.
