Después de haber quedado para ver una película en el apartamento de Nozomi esa misma tarde todas juntas, lo primero que hicieron ella y Eli fue ponerse a limpiar para que cuando llegasen sus invitadas viesen todo ordenado y recogido. Eran sus senpais, tenían que dar un buen ejemplo.

Mientras Eli se encargaba de fregar y quitar el polvo de los muebles con un trapo, Nozomi había lavado a mano sus cortinas de tela, para que volviesen a coger el color blanco que en un principio tenía, ya que con el tiempo habían cogido un tono amarillento.

"Por cierto Elicchi, no estoy muy segura de qué te gusta, ¿que quieres que te haga para comer cuando acabemos de limpiar y recoger?" Preguntó Nozomi, al tiempo que acercaba una silla a la ventana, para poder subirse a ella y volver a colocar allí las cortinas para entonces limpias y relucientes.

Vaya, ¿estoy soñando? ¿Lo que yo quiera?

"¿Qué tal algo dulce?" Dijo Eli con inocencia. La pelimorada no pudo evitar sonreír ante aquello mientras su vista seguía concentrada en enganchar la cortina.

"No tienes remedio, Elicchi. Pero claro, como tu quieras, aunque me parece mejor comer algo tipo... arroz o quizás fideos. Podemos hacer algo dulce de postre y comerlo más tarde. ¿Qué te parece?"

"Me parece perfecto. Mientras lo hagas tú, seguro que cualquier plato sabe delicioso."

Geez, esta Elicchi... Siempre tan galante...

Claro que para Eli, así era. No entendía como en aquel diminuto periodo de tiempo que llevaba viviendo con su prometida podía haberse sentido tan feliz. Encontraba encanto en todo, absolutamente todo. Veía encanto en la manera adorable y femenina que Nozomi tenía de hacer cosas de casa de manera tan natural, se sentía genial, o eso pensaba la rubia. Ver a su chica, esa tan endemoniadamente hermosa, cuidando de ella, haciéndole la comida más deliciosa, preocupándose por ella, dándole besos en la mejilla cada poco... Simplemente no podía con tanta felicidad, no sabía como aguantarla, era demasiada.

Durante un momento, dejó de limpiar la mesita de baja estatura que servía de centro en la salita del apartamento, y dirigió su vista hacia la mujer que robaba todos sus pensamientos. No debería haberlo echo. Al menos si quería seguir manteniendo su compostura, claro.

Podía ver a la perfección como Nozomi se estiraba y se apoyaba en la punta de los dedos de sus pies para alcanzar, aún subida a la silla, el lugar exacto en el que deberían estar colgadas las cortinas. Podía apreciar como si de un tesoro se tratase aquel cuerpo esculpido por Dioses, que aunque la gente dijese cosas malas de él, cosas que por supuesto a Nozomi, y por ende a Eli, le molestaban, para la rubia eran enormes mentiras. ¿Gorda? ¿Dónde podían encontrar la definición a esa palabra en aquella belleza que tenía en frente? Si bien la pelimorada no era precisamente la chica más delgada, eso era una de las cualidades que la hacía verse más linda. Eli adoraba sus mejillas redonditas y sonrosadas por naturaleza, adoraba la forma de sus piernas y de sus muslos también, adoraba el tamaño y la forma de su pecho aunque sólo pudiese verlo por encima de su ropa, adoraba su trasero aunque tuviese que contenerse las ganas de conocer como sería al tacto (y al gusto). La adoraba, por fuera y por dentro, por mucho que dijese la gente, por mucho que dijese el mundo. A sus ojos, Nozomi era perfecta. Porque amaba todas sus perfectas imperfecciones, al igual que la amaba a ella.

"Elicchi, podrías ayud-"

Nozomi no pudo acabar su frase, su vista, sus sentidos se quedaron hipnotizados prestándole atención a los gestos de la rubia. Su boca abierta, sus ojos recorriendo su cuerpo, aquella postura de zombie que tanta gracia le hacía, pero aún así, le gustaba, le parecía encantadora.

"¡Elicchi! ¡Ayúdame!"

"¡N-Nozomi! ¿Qué pasa? ¿Qué necesitas?"

"No te preocupes, no me pasa nada~ Pero por mucho que lo intento, no alcanzo el lugar dónde deben ir enganchadas estas cortinas. ¿Me podrías hacer un favor?"

Al escuchar eso, Eli pensó que le pediría que se subiese en la silla por ella y las colocase ella, pero se sorprendió al oír de labios de su querida prometida otra propuesta un tanto distinta, que le gustó mucho, aunque su sonrojo profundo le impidiese si quiera hablar o demostrarlo.

Como Nozomi le pidió, se acercó y la cogió, rodeando sus brazos por debajo de su trasero para levantarla y poder así apartar la silla de aquel lugar en el que estaba estorbando. Luego, aprovechando la fuerza que había ganado gracias a sus sesiones de levantamiento de peso en el gimnasio, la levantó, agarrándola por los muslos, y de alguna u otra manera consiguió sentarla sobre sus hombros. Nozomi rió suave y dulcemente al encontrarse tan alta y a la vez protegida por los brazos fuertes de su querida Eli, que la sujetaba por la cadera con miedo a que se cayese, y comenzó a colocar las cortinas.

O-Oh, Dios mío... No pienses en cosas raras, Eli, no pienses en cosas raras... Demonios, ¡¿cómo no voy a pensar en cosas raras?! ¡Tengo su pecho sobre mi cabeza! Concéntrate, Eli... Oh, su cadera es tan suave, me dan ganas de estrujarla...

¿Qué digo? De lo que sí que me dan ganas es de lanzarla sobre el sofá y hacerle cosquillas, de ver su adorable risa durante todo el día. Me dan ganas de soplarle en la barriguita para notar como su cuerpo tiembla al compás de sus sonrisas. Oh, Nozomi. Mira lo que has causado en mí. Soy un mar de incertidumbre, un pirata moribundo buscando su isla desierta. En la que tu eres mi sirena de morados cabellos.

"Ya está, Elicchi. Muchas gracias." Sonrió dulcemente, a lo que Eli sólo pudo posarla en el suelo con toda la delicadeza que pudo y asentir intentando cubrir su sonrojo.

"Vamos a comer, Elicchi. No tardarán mucho en venir las demás."


"¡Estamos aquí-nya!"

Cuando abrieron la puerta, pudieron ver a las otras siete chicas ahí, esperando en la entrada de su apartamento. Maki traía palomitas, Kotori y Hanayo alguna que otra manta y cojines.

Entraron y una vez todas se empezaron a acomodar, Kotori encendió la tele y buscó el canal en el que daban esa película que quería ver. Eli se había dejado el móvil en la habitación, así que todavía no sabía qué verían exactamente.

"Ehm, Kotori, ¿qué película es?"

"Posesión Infernal."

Eli sólo pudo tragar saliva. Iba a ser una tarde muy larga.


A/N: Vosotros lo habéis querido, no yo... Bueno, quizás yo un poco... Ejem, ejem, lo importante es que tiene a Nozomi a su lado para reconfortarla, ¿no?

¡Nos vemos en el próximo!