La clase de ese día no marchaba como de costumbre por dos razones. La primera, Kakashi no había puesto una película y la segunda, Naruto estaba sentado detrás de mí sin Sasuke. Cada tanto miraba a la puerta del lugar. Esperaba que, como era su costumbre en ciertas ocasiones, Sasuke llegase tarde. Pero no. En ningún momento lo vi escabullirse al lado de su amigo rubio.

Al terminar la clase solo pude acercarme a quien, probablemente, era el único que conocía su paradero.

—Naruto —lo llamé cuando nos pusimos en pie. Al voltearse y ver que era yo quien lo llamaba se sorprendió. Me estudió un instante antes de escuchar—, quería preguntarte por Sasuke. ¿Sabes dónde está? Quería hablar con él pero no vino a clases así que supongo…

Naruto cruzó los brazos a la altura del pecho. Demoró tanto su respuesta que creí iba a permanecer callado siempre.

—Bah, la verdad nunca sé dónde se mete ese tipo. Quizás está con alguna mujer o tal vez ebrio. Ayer lo llamé pero no contestó. Igual no hay que preocuparse por él. Se sabe cuidar solo —calló por breves instantes—. Pero no entiendo una cosa —continuó tiempo después, entrecerrando los ojos—: ¿desde cuándo te preocupas por él?

No supe qué responder. Bajé la mirada y luego abrí la boca para intentar formular alguna oración pero no pude. Me mordí los labios mientras me arrepentía por haber actuado tan imprudentemente.

Escuché la voz de Kakashi llamándome y caí en cuenta de que los tres éramos los únicos que todavía permanecían en la sala.

—Me tengo que ir —dije. Sin esperar respuesta bajé las gradas hasta llegar al lado de kakashi. Volteé para percatarme de que Naruto ya se había ido. Así fue. Me sentí más tranquila al no haber contestado aquella pregunta.

Ya afuera, kakashi preguntó:

—¿De qué hablabas con Naruto? No recuerdo haberte visto nunca con él. Pensé que no eran amigos.

—No lo somos. Él me hizo una pregunta sobre la clase y yo la respondí. Solo eso —mi voz se escuchó fría. Kakashi asintió mientras caminábamos juntos por el campus. Ninguno habló. Y, por primera vez, sentí que el silencio entre nosotros se volvía incómodo.

Al llegar al punto en que teníamos que despedirnos, Kakashi agregó:

—¿Te has enterado de la fiesta que organiza Sasori?

Hice un esfuerzo para recordarla.

—Sí. Dijo que iría todo el mundo.

—¿Tú también?

Dudé.

—No estoy segura.

—¿Vamos juntos? Y no pongas esa cara. Sabes que lo bueno de esta Universidad es que sin problemas se pueden omitir las restricciones, al menos la gran mayoría, entre estudiantes y profesores. Por esa razón Sasori me invitó y por eso mismo es que puedo estar contigo.

Una suave sonrisa se posó en mis labios.

—Sasori dijo que los literatos somos aburridos como el infierno. Pero si eso no te molesta, entonces creo que podemos ir juntos.

—Suficiente para mí —sonrió—. ¿Nos vemos luego? —asentí. Se despidió con un roce de su mano sobre mis mejillas. Lo vi alejarse y perderse en una multitud de rostros desconocidos.

Antes de asistir a mis clases de literatura latinoamericana encontré a Ino y a Sai, muy juntos, en uno de los pasillos de la facultad. Cuando me vieron se separaron. Llegaron a mí para decirme si había encontrado algunos libros y les di la lista que Kakashi me había facilitado. Quedamos en encontrarnos luego para seguir armando el trabajo.

En clase permanecí en silencio. Apenas y respondí algunas cosas que la profesora me preguntó directamente. Fui como una sombra de la vieja Sakura. Deseé no haber entrado pues de nada servía ocupar un asiento si no prestaba la atención necesaria.

Salí media hora antes de que terminara y me dirigí a la biblioteca, pensando que tal vez, solo quizás, podría encontrar a Sasuke leyendo en alguna esquina solitaria. No fue el caso. El lugar estaba más o menos lleno y no lo encontré a pesar de no dejar de buscar nunca.

Tracé un nuevo plan y emprendí camino hacia la cafetería. Encontré a un par de profesores charlando y esperando por su pedido. Vi a Kakashi unírseles después y preferí pasar de largo.

Sasuke no estaba por ningún lado. La desesperanza lo envolvía todo.

Esperé encontrarme con él pero los dos días siguientes pareció haberse esfumado por completo. Naruto no me dio razón y todos parecían ya haberlo olvidado. Como si nunca hubiese existido. Como si solo en mi cabeza siguiera vivo.

Me di por vencida el jueves, antes de ingresar a la clase de Kakashi. Pero, para sorpresa mía, lo vi acercarse. Era él; su rostro, sus labios. Otra vez mis ojos podían volver a verlo.

Una muchacha lo interceptó. Se acercó a él y conversaron un momento antes de que él me lanzara una última mirada y se fuera con ella.

Yo solo vi su espalda, ancha, tan familiar antes, y que ahora parecía estar a tantos metros que era imposible alcanzarla.