¡Perdón por la tardanza! ¡Anduve un tanto distraída estos días, porque me estoy preparando para una materia que debo!
¡Nos vemos al final del capítulo!
¡A leer! ^.^
Capítulo noveno
Las semanas en Hogwarts parecían tranquilas, por lo menos, eso pensaba Kagome.
Al contrario de ella, sus hermanos y Ron Weasley pensaban que parecían que en cualquier momento iban a crucificarlos, al ser los profesores tan estrictos con ellos. Pero a Ron no se le había pasado por la cabeza que ese año no era nada comparado con lo que iban a pasar el año siguiente.
-¡Esto es de locos! – protestó el pelirrojo, echándose en el sillón individual que estaba frente a la chimenea. - ¡Es una tortura! ¡Ya no hay tiempo para darse un respiro, por Merlín! – gimió mientras que se deslizaba por un sillón individual, como si estuviese derritiendo.
Era una escena divertida, la verdad.
-Si quieres logar tus futuros proyectos, vale la pena el no poder dormir durante casi todo el año. – se limitó a decir la Miko. – Además, ¿De qué te quejas este año? – replicó después. - ¿Crees que el año que viene nos dejarán estar en relajación total? ¡Estamos estudiando para los EXTASIS, Ronald! – le recordó ella. – Y eso lleva menos tiempo que los TIMO's. – finalizó, cerrando La Quinta esencia: una búsqueda de un solo golpe.
Estaban ella, el pelirrojo, Harry, Hermione y Neville en una mesa de la sala común, haciendo los deberes que habían dejado esta semana. A su alrededor, habían grupos parecidos al suyo haciendo lo mismo.
-¿Qué haces? – preguntó la chica Granger, levantando su vista de Traducción Avanzada de Runas Antiguas y de su pergamino. - ¿Por qué cierras el libro?
-Ya terminé con todo. – informó ella. Ron, Neville y Harry la miraron sorprendidos. En cambio Hermione, con la cara desencajada. – Ahora, quiero centrarme en otra cosa que me preocupa. – y, de forma incómoda, empezó a mover los omóplatos. Hacía días que sentía pesada toda su espalda. - ¿Me dices dónde está Inuyasha, Harry? – pidió Kagome, con una pequeña sonrisa.
Cinco minutos después, estaba a mitad del vestíbulo, de camino al gran comedor.
Cuando entró al nombrado, varios alumnos, muy pocos, a decir verdad, se encontraban metidos en libros o pergaminos. Y uno solo, con el cabello blanco y con un semblante de aburrimiento total, miraba de forma perezosa de lado a lado, sin percatarse de su presencia.
La sacerdotisa sonrió de lado y caminó hacia él de forma silenciosa.
Cuando llegó detrás de él, le extrañó que no se diera la vuelta o que le hablara, peor se encogió de hombros, y prosiguió a taparle los ojos con sus manos. De un salto, una de las garras de Inuyasha fue a parar a donde estaban las manos de ella. Eso causó que este bufara de forma extraña.
-¿Te sucede algo? – preguntó ella, tomando cada una de sus manos y posando su barbilla en la clavícula de él.
-Hoy no habrá luna. – dijo como única respuesta. Ella suspiró, sentándose a su lado.
-¿Qué tiene eso de malo?
-No tiene nada de malo, pero odio que me sorprendan en este día. – el hanyou hizo una mueca y miró hacia el techo encantado. – Y ya perdí el olfato y el oído fino. – luego, suspiró, cerrando los ojos.
-Falta poco, ¿No? – vaciló ella, acariciándole detrás de las orejas. Inuyasha asintió. Pasaron unos minutos en silencio, tranquilos y cómodos el uno con el otro, hasta que Kagome sintió tenso a su pareja. Este jadeó levemente, y su cabello se oscureció de forma atenuante.
La Miko entrelazó sus dedos con los de él en un segundo, mientras que se dejaba caer contra su hombro.
-¿Qué es lo que te sucede a ti, Kagome? – era turno de Inuyasha de preguntar.
-Hoy he sentido la espalda totalmente pesada. – susurró ella. - ¿Crees que sea normal? No he sentido ni punzadas, ardores u otro tipo de dolor desde que nos volvimos a ver. – informó ella, mirándolo.
Se ve tan bien con el cabello negro. Pensó ella, sonriendo mentalmente.
-Es una lástima que no conozca una Sacerdotisa que no seas tú, o un monje para que analice tu espalda. – se lamentó él. – Si sientes la espalda pesada, ¿cómo es que seguiste con las clases de forma normal? – casi se maravilló él, pero la preocupación lo ganó.
-Lo ignoré todo el día. – sonrió ella.
-¿Señor Taishô? – preguntó la voz de una mujer que parecía sorprendida y extrañada. Tanto el aludido como su compañera, se dieron la vuelta: Minerva McGonagall miraba al pelinegro de cabellos largos con interrogación.
-Señora Directora. – saludaron los dos. - ¿Qué sucede? – preguntó el chico.
-Creo que hay algo de lo que no me informó. – la mujer hizo referencia a su apariencia. - ¿Qué le sucede? – preguntó con un nivel de voz solo para ellos tres.
Inuyasha se removió un tanto incómodo.
-Profesora, - fue Kagome quien habló. – Inuyasha, de cierta manera, tiene parecido con Remus. – explicó, gesticulando con las manos. La mujer mayor enarcó una ceja. – Remus, al ser hombre-lobo, se transforma en días de luna llena, mientras que Inuyasha, deja de ser un hanyou los días de luna nueva, es por su condición de mestizo. – finalizó ella. – por eso es que se ve, "normal". – hizo signos de comillas con sus dedos.
-¿Qué quieres decir con "normal", perra? – gruñó el pelinegro.
-¡No use ese lenguaje, señor Taishô! – reprendió McGonagall al instante, escandalizada.
-No se preocupe, profesora. – le dijo la Miko, riendo por el rostro "ofendido" de su pareja. – lo dice todo el tiempo, y me he cansado de mandarle a comer tierra por eso, así que lo dejo ser como es. – miró el rostro de Inuyasha, quien estaba con los ojos entrecerrados, seguramente rememorando cada "Oswari" por cada "Perra" de hace quinientos años (por lo menos para él).
-Aun así, me gustaría que reprimiera ese tipo de palabras en mi presencia, Señor Taishô. – aseveró ella, con la mirada clavada en el chico. Este hizo una mueca. – No me han dejado agradecerle por la protección extra, señorita Higurashi. – agradeció después, más calmada.
-En realidad, es una barrera que me avisa de las intenciones de cualquiera. – explicó ella con modestia. – en todo caso, con una medida desesperada, bajo ataque o intromisión sin permiso, se formará una segunda barrera pasado los ocho metros de esa, parándole los pies y encerrándolo.
-Impresionante. – alagó ella, sonrojándola. - ¿Por qué está estudiando aquí si es excepcional sin este tipo de magia? Si puedo saber.
-Me gusta tener más de una opción. – confesó ella. – además, a mi padre le hubiese gustado que completara mis estudios aquí. – el labio de la directora, tembló levemente, impresionándola. -Además, - siguió ella, un tanto distraída. – si no completo los estudios, ya sea en Hogwarts como en Mahoutokoro, corro el riesgo de que mi magia no esté cien por ciento controlada.
-Brillantes pensamientos. – concedió ella. – por favor, cuando un problema surja en torno a esa especial barrera, hágamelo saber. – no parecía que lo estuviese consultando, pero tanto Kagome como Inuyasha no replicaron. Total, la chica había hecho esa barrera sin su consentimiento y sobre el colegio donde ella era directora.
-Como usted diga, Señora directora. – aceptó la chica, asintiendo.
Cuando la profesora se había dado la vuelta, y había empezado a marcharse, Kagome, dando un salto que preocupó a su compañero, la paró.
-¡Espere, profesora! – la Miko quedó parada, llamando la atención de los que había en el comedor. – Inuyasha, - urgió ella. – saca tu varita. – ordenó mientras sacaba la suya, y desencajando tanto a él como a los demás que estaban en el comedor.
-¿Qué ocurre? – preguntó él, sin cambiar su desconcierto.
-Youkai. – informó en tono tenso.
Confundido, el chico de cabellera larga hasta más allá de la cadera, abrió la boca para hablar, pero Kagome pudo adivinar su pregunta.
-Y no, - exclamó ella. – no es ni Ayame, ni tu hermano.
-Entonces puede ser cualquiera… - susurró él. – Ayame se hubiera defendido con algunos hechizos feudales y llegado hacia nosotros con esa voz de cotorra que tiene. – Kagome frunció el ceño a la vez que suprimía una risa.
-Nunca en mi vida me he enfrentado a una criatura tal como usted explica, señorita Higurashi, - se expresó la Directora. - ¿Sabe qué hacer en una circunstancia como esta? – preguntó con preocupación.
-Por supuesto. – respondió ella. De inmediato, ondeó su varita haciendo que apareciera una gran voluta de humo que tomó la forma de un enorme perro blanco con una línea gris a cada lado de su cabeza. – Creo que con eso bastará. – susurró después, viendo correr al perro escaleras arriba.
-¿Qué fue eso? – Preguntó la profesora, desconcertada por tal magnitud del corpóreo Patronus.
-Un perro. – contestaron Inuyasha y la Miko. Esta última, se volteó hacia él.
-¿Qué te parece? – le preguntó ella.
-Formidable. – aceptó él, con un brillo extraño en los ojos. – Creo que eso mostró más seguridad. – Kagome se sonrojó levemente.
-Creo que te estás dando un aire de inferioridad, Inuyasha. – suspiró ella, negando con la cabeza. – Lo sabes hace más de quinientos años, ¿No te lo había dicho? – preguntó de forma retórica.
-Tú ganas. – bufó él, divertidamente.
-¿Pedias tu arco, Kagome? – preguntó la voz de Sota, arriba de ellos.
Harry acompañaba al niño sobre su escoba.
-¡Señor Potter! – exclamó la Directora. Al instante, el aludido bajó.
-Lo siento profesora, - se disculpó el ojiverde. – pero mandaron un impresionante Patronus que exigía con rapidez que Sota llevara ese arco hacia mi prima.
Sota corrió torpemente hacia su hermana para entregarle su arco y su carcaj.
-¿Está segura de que puede con solo eso? – se preocupó la directora.
-Señora Directora, si me permite… - Naomi se unió a ellos al percatarse de que había problemas. – mi hija está muy capacitada para enfrentarse a ese youkai, ya que, como le expliqué en la última reunión, se ha enfrentado a muchos peores riesgos.
-Pues yo creo que debería encerrarla en un ático y dejarla ahí hasta que pase el peligro. – rezongó Sirius, quien había seguido el paso de su amiga. – cuando pase el peligro, ir y llevarla a un convento hasta… -el animago se interrumpió. Al instante, Sirius se estampó contra en piso junto con una luz violácea. Para risa de Inuyasha, quien reconocía el síntoma, miró hacia su pareja. Esta se encontraba con su mano derecha levantada hasta la altura de la cabeza de Inuyasha y con los dedos índice y medios fuera de un puño y pegados el uno con el otro.
Pronto, Sota y Harry se le unieron a las risas de Inuyasha.
-¡No me hagas hacer un Collar de la Dominación para Marlene! – amenazó la Miko. – Inuyasha. – llamó ella después, y este, se tensó. – ¡No voy a decir la palabra! – se ultrajó la chica con risa.
-Lo siento. – dijo él, bajando las orejas. - ¡No vayas a empezar con eso devuelta! – Se quejó-suplicó él. Kagome suprimió una risa.
-Siempre y cuando no te pases con tus comentarios como antes. – dejó caer ella. – Bueno, bueno… - la Miko se colgó el carcaj con sus flechas nuevas y se cruzó el arco en el pecho. Luego, empezó a buscar con la mirada a algo en particular.
Mhew. El maullido de Kirara resonó detrás de la Profesora McGonagall.
-¡Ven, Kirara! – le llamó Inuyasha, hincándose mientras que alzaba una mano en su dirección.
Esta, saltó alto hasta llegar al hombro de la Directora, donde se ronroneó un poco contra su cuello (para sonrisa de Kagome e Inuyasha al ver la cara sorprendida de ella). Después, saltó hacia la cabeza de Inuyasha.
-Has tu magia, amiga. – pidió mientras la dejaba en el suelo.
Para sorpresa de los que estaban reunidos allí, que era (por curiosidad seguramente de ver a Harry Potter volando por el castillo en su escoba) más de la mitad del colegio, la nekomata se encontró en medio de un torbellino de fuego, para dar paso a su imponente figura en forma de tigresa de sable.
-¡Impresionante! – admiraron los alumnos y la Directora.
Inuyasha se subió a su lomo, para tenderle una mano a su compañera. Esta, sin perder tiempo, la tomó, y él la impulsó hacia el lomo de Kirara, detrás de él.
-Ni una sola palabra, pulgoso. – le apuntó Kagome al animago Black, quien iba a protestar. – porque implementaré más fuerza en mi conjuro. – enseñando su puño hacia él, chispas violáceas salieron de entre los nudillos de ella.
Luego, se dirigió a su primo.
-¿Harry?
-¿Sí? – preguntó mientras alargaba la vocal.
-¿Quieres venir? – ofreció ella, jocosa.
-¡Dalo por hecho! – se entusiasmó él. Luego, cambió su semblante a uno confundido. - ¿A dónde vamos? – interrogó después.
-Al Bosque Prohibido. – contestó Inuyasha.
-Todo bien si no vamos a donde están las Acromántulas. – Harry hizo una mueca.
-No vamos a ir allá. – aseguró Kagome. – Ellas están cerca del Lago Negro, pero nosotros vamos del otro lado, cerca de los Centauros y los unicornios. – tanto a ella como a su pareja, le brillaron los ojos.
-¡Mejor! – miró a la Directora con una pregunta en sus ojos.
-Sí, Harry. – suspiró ella, para sorpresa de los alumnos. ¿Desde cuándo la Directora le llamaba por su nombre? – Puedes salir con la escoba.
-Alerta Permanente. – prometió él, sonriéndole a su profesora favorita.
-¡Lo sabía! – se quejó Sirius. Eso causó que todos lo miraran. - ¡El cachorro es el preferido de Minie! – lloriqueó después, para exasperación de Naomi, Kagome y la misma Minerva.
-¡Black! – reprendió una ceñuda Directora, un tanto abochornada. Pues, era cierto: Harry Potter era uno de su alumno preferido
-¡Eso ni siquiera James lo ha logrado! ¡Es el primero a quien llama por su nombre dentro del colegio! – aseguró él, un tanto "ofendido". – Es más, ¡Puede llamarme Sirius, profesora! ¡No me insulte de esa manera! ¡Recuerde que yo soy un Potter honorario! ¡Mamá Dorea y papá Charlus lo aseguraron cuando tenía dieciséis!
-¿Has tenido dieciséis años, tío Sirius? – preguntó Sota, sorprendido y con inocencia fingida. Eso causó risa entre la multitud de alumnos y profesores.
-¡Naomi! – se quejó el perro. - ¡Controla a tu hijo! – pidió mientras lo señalaba con la mano.
-No puedo,- Sonrió la aludida con una sonrisa. - después de todo, está discutiendo con alguien que tiene, mentalmente, su edad. – ante ese descaro, Sirius puso cara de ofendido e Inuyasha se carcajeo con ganas, junto con Harry y Kagome.
-¿Vamos o no? – preguntó Kagome, apagando las risas de los demás y la suya propia.
-Vamos. – dijeron Harry y el peli largo. El primero se aseguró de tener su varita en su antebrazo izquierdo, como su prima.
Tanto Kirara como Harry (en su escoba), alzaron vuelo, y salieron por una de las ventanas del lado de la mesa de Gryffindor que estaba abierta por la profesora de Transfiguración.
Cuando salieron a la noche fresca, Kirara empezó a trotar por el césped, mientras que el ojiverde vigilaba desde arriba, ya con un Inuyasha tenso y una Kagome ceñuda.
¿Quién iba a creer que en Londres-Escocia se encontraba más de un youkai? Se preguntó Kagome mentalmente. ¿Qué es lo que busca, en todo caso? ¿Qué clase de youkai será?
Cuando salió de su mente, ya habían entrado a un gran tramo del espeso y peligros bosque prohibido.
-¿Ves algo fuera de lo común por el horizonte, Harry? – gritó la Miko, mirando a la escoba que sobrevolaba las copas de los árboles.
-¡Todavía na…! –el ojiverde se auto interrumpió. - ¡Hay un resplandor violeta a casi diez kilómetros al este! – informó de forma rápida y acercándose a ellos.
Kirara gruñó levemente.
-¡A volar! – concedió Inuyasha, mirando hacia delante. La gran nekomata rugió, levantando vuelo y sobrevolando junto con la Saeta de Fuego de Harry. - ¡Mala noche para convertirme en humano! – se quejó mientras entrecerraba los ojos hacia donde estaba el resplandor.
-¡Tranquilo! – le dijo Kagome, apretando su agarre en la cintura de él. - ¡Solo bastará con la varita! ¡La tuya debe ser más fuerte que las demás en el mundo por tener un colmillo de tu padre y el tuyo! – explicó mientras él se volteaba para verla.
-¡Me adelantaré! – decidió el chico de la cicatriz. Y, con un asentimiento de parte de la pareja, aceleró con la varita en su mano derecha y con la izquierda maniobrando la escoba.
Se perdió en tan solo segundos, quedando solo como una mota a la distancia en la que Inuyasha y Kagome se encontraban. Al verlo llegar al lugar, observaron que rodeó por arriba al resplandor, acercándose y alejándose para quedarse quieto a unos cinco o seis metros de alto.
Cuando llegaron, Harry tenía el ceño fruncido hacia el domo violáceo que, por el intenso brillo que cegaba y no dejaba ver qué era lo que había dentro de él.
-Baja, Kirara. – ordenó Inuyasha, acariciándole el lomo. – Lo has hecho perfecto, como siempre. – Felicitó él a la felina, quien le regaló un "pequeño" lametazo en su rostro una vez que el pelilargo y la Sacerdotisa se bajaron de ella. – No hacía falta tanto cariño… - se quejó él, para risa de su Miko.
-¡¿Alguien me puede sacar dentro de esta mierda?! – vociferó una voz en el domo. Harry descendió, y se puso delante de los dos.
-¡Primero tendrás que explicar tu incursión a las protecciones del colegio! – desafió el adolescente.
-¡Humano insolente! – protestó él. Y el aludido enarcó una ceja.
-No estás en posición de pedir algo, idiota. – escupió Inuyasha.
-Vaya, vaya… - comentó la voz. - ¿A quién me recuerda esa voz? – preguntó en tono pensativo.
-Quiero respuestas, youkai. Y ahora antes de que te purifique. – Kagome dio un ultimátum. - ¿Qué es lo que quieres en este lugar?
-¡No les interesa na…! – la voz se cortó, y Kagome dio un paso hacia él. - ¿K-Kagome? – preguntó, desconcertando a los tres. – Kagome, ¿Eres tú?
-¿Cómo sabes su nombre? – cuestionó Inuyasha, poniendo a la chica detrás de él, y casi con rabia.
-¿Quién eres y que haces con mi Kagome? – el domo tembló, pero permaneció firme. De seguro la criatura que se creía dueña de la Miko lo golpeó por dentro. - ¡Responde! – ordenó la voz.
-¿Tú Kagome? – preguntaron los tres, casi con la mandíbula desencajada. - ¡Por favor! – se carcajeó Inuyasha. - ¡No digas idioteces, torpe! – exclamó casi bufando la última palabra.
-¡Idiota! – la voz no se contuvo. - ¡Estúpida bestia! – se quejó después. Y, en eso, Inuyasha cae en cuenta de quién es.
-Sarnosito, mejor cállate. – el hanyou sonrió maliciosamente hacia el domo. - No queras morir purificado, ¿O sí? – el que estaba dentro, le gruñó con fuerza.
-Ya me cansaste Inuyasha… - Kagome negó con renuencia y con diversión. Luego, apuntó con su varita al domo. – ¡Skurge! – exclamó segundos después.
Al instante, el brillo cegador se fue atenuando de a poco, mostrando un transparente domo de vidrio violáceo y quien estaba dentro de él.
-¡¿Qué haces tú aquí?! – rugió Kagome, casi descontrolada y empezándose a sentirse furiosa.
-¿Para qué más? – preguntó él, ceñudo. - ¡Para buscarte y llevarte conmigo! – exclamó después, como si estuviese discutiendo con un amigo.
-¿Para llevarme contigo, dices? – tanto Harry como Inuyasha dieron un paso hacia atrás. Este último, divertido y encantado con la situación.
-Sí, Kagome. – respondió el youkai. - ¡Tú te vas conmigo al Amazonas! – dijo de forma decidida.
-Pues, si quieres llevártela, - habló Inuyasha, de forma burlona. - ¿No tienes que salir primero de la jaula que armó Kagome para ti? – Harry se carcajeó.
-¡Cállate, bestia!
-¡Cállate tú, Koga! – ordenó la Miko, silenciándolo con su varita. - ¿Con qué derecho vienes a reclamarme, cuando ni siquiera hace quinientos años fui nada más que solo tu amiga? – reclamó ella. - ¿Por qué vienes? ¿Qué? ¿Te has vuelto estúpido? ¿Más de lo que eres?
Harry resopló de risa, escuchando los alaridos de su prima por un lado, y los momentos de esta con Koga e Inuyasha en el pasado, contados por este último, por el otro. Por lo menos ya sabía de qué iba la cosa. Los segundos, minutos, pasaban, y Kagome no terminaba con el sermón, a veces siendo interrumpida de forma grosera.
-¡Ya está bien, lobo sarnoso! – la cara desencajada de Koga al escuchar que Kagome lo llamaba igual que Inuyasha, no tenía precio.
Inuyasha, junto con el ojiverde, rompieron a reír, sobresaltando a Kagome y al jefe Ookami.
-Lo siento. – se disculpó la Miko mientras se masajeaba las sienes. Luego, como si se acordara de algo, miró hacia el cielo. - ¡Por todos los cielos! – exclamó ahogadamente, al verlo.
¡Se había pasado toda la noche regañando a Koga! ¡Su madre y sus hermanos debían de estar que chillaban de preocupación! ¡Y la Directora también!
-¡Mi madre me va a matar! ¡Y la Directora me rematará! – gritó mientras se agarraba la cabeza.
-Auch… - comentó Harry, haciendo una mueca.
-Deberíamos ir… - el cuerpo de Inuyasha dio una sacudida, y su cabello se tornó blanco, mientas que sus tiernas orejas caninas aparecían en su cabeza. Como un perro, sacudió la cabeza, y miró con desconfianza en dirección a los árboles. –se acercan los Centauros. – informó.
-Mierda… - susurraron los primos.
-¡Hola! – ironizó Koga, refunfuñado. - ¿Me van a sacar de aquí o no? – Inuyasha sonrió de forma maliciosa.
-Solo si prometes no atacar a nadie y no comportarte como un idiota, porque le sacaré el collar a Inuyasha y se lo regalaré a Ayame. – le dijo Kagome.
-¡Hazlo! – le pidió el hanyou, refiriéndose al collar.
-¿De qué te quejas si no he dicho la palabra mágica desde que nos volvimos a ver? – le preguntó ella de forma retórica.
-No está demás prevenir. – y, siendo como él era, se encogió de hombros.
-Sin remedio… - rio la Sacerdotisa, mientras que hacía desvanecer el domo cristalino que encerraba al jefe Ookami. – Muy bien… Kirara, ve y descansa, nosotros iremos por el bosque. – la nekomata maulló y voló en su forma miniatura por arriba de las copas de los árboles en dirección al castillo. – mis hermanos deben de estar jalándose de los pelos. – rio nerviosamente.
-¿A dónde vamos? – preguntó el youkai, sin percatarse de lo último dicho por la chica.
-Tú, solo síguenos. – indicó Harry, hablando por primera vez mientras que se ponía la Saeta de Fuego en un hombro. Desde unos metros, Koga lo olisqueó mientras lo fulminaba con la mirada. – Lo que no quiero ahora, es que nos topemos con Grawp. – comentó mientras miraba nerviosamente para todos lados. – O peor: Fluffy. – y se estremeció ante el recuerdo del perro de tres cabezas.
-Vamos… - bromeó Kagome. – solo tienes que cantarle una canción de cuna y se dormirá. – le dijo mientras lo "despeluzaba" más de lo que estaba.
-¡Oye! – el ojiverde hizo un movimiento rápido de "espantando moscas". - ¡No me despeines! ¡Por poco y parezco un vagabundo! – Kagome e Inuyasha bufaron. – Además, ¡Yo no canto! ¡Si hay que cantar, puedes hacerlo tú o tu novio! – ante eso, Koga entrecerró los ojos y casi gruñó, de no ser interrumpido.
-¡Paso! – dijo la pareja. - ¿Por qué no te imaginas que le cantas a Susan Bones? – sugirió el oji dorado. Al instante, el Elegido se puso rojo como tomate en insolación y masculló cosas ininteligible por lo bajo, causando las carcajadas de Kagome.
-¡Me hiciste acordar! – con la carcajada todavía en la garganta, la Miko trató de parar, dirigiéndose a su primo. – Tengo que preguntarle a Ayame cuando podemos ir a ver el pub de Hogsmeade.
-¿Has visto a Ayame, Kagome? – se impresionó Koga.
-¿Cómo no haberlo hecho? – bufó ella. - ¡Si tenía más probabilidades de encontrarla a ella que a ti!- espetó después. – Además, la encontré de casualidad porque es amiga de los mellizos. – y se encogió de hombros. – aunque en el pasado no los había conocido. – comentó después, pensativa.
-Creo que estaba más al pendiente a las ordenes e indicaciones de su abuelo que el insistirle al Sarnosito. – comentó el medio-demonio. – Apenas y veía a Hakkaku y Ginta.
Pasaron un gran tramo del bosque en silencio, luego de una charla con informaciones irrelevantes sobre Japón y cosas de hoy en día, hasta que Inuyasha los hizo parar de caminar.
-¿Qué sucede? – preguntó Kagome, analizando un radio de trece metros.
-Centauros, como dije antes. – el hanyou hizo una mueca.
-¿Qué diablos son centauros? – preguntó Koga, fastidiado.
-Criaturas más inteligentes que tú, tenlo seguro que lo son millones de veces. – informó Inuyasha, en el mismo tono.
-Mira, tú...
-¡Koga! – le paró ella. - ¡No es el momento, pero coincido con Inuyasha! – exclamó después.
-¡Pe-ero…! – Kagome lo silenció con un movimiento de varita.
-Mucho mejor… - se burló el peli plateado.
Kagome sacudió la cabeza con renuencia, mientras que ocultaba una sonrisa.
-¿Qué hacen un mago, una Sacerdotisa, un hibrido y un demonio en estos bosques? – una voz gruesa pero con un retintín de molestia y altives, resonó entre los árboles del lado derecho de Kagome.
-El demonio entró sin supervisión, a pesar de conocerlo, Bane. – informó Inuyasha de forma calmada.
-No te reconocí al principio, Taishô. – admitió la voz, sin querer revelar su apariencia, a pesar de que Harry ya lo conocía y que tanto Koga como Inuyasha lo podían ver. – Nos hemos enterado de las protecciones recientemente echas. – concedió después.
-¿No has visto nada inusual, Bane? – Kagome notó molestia leve en los ojos de su compañero cuando este volvió a hablar.
-Marte ha estado con un brillo más intenso que hace seis años. – informó la voz de Bane, con monotonía en ella. Inuyasha cerró los ojos, mientras suspiraba pesadamente.
-Y ahora sé muy bien el porqué. – susurró Harry, siendo escuchado por todos.
-Hoy en día está muy claro, Harry. – Kagome hizo una mueca. – Tenemos que irnos: estoy muy cansada y solo quiero llegar al castillo para desayunar, tomar una poción revitalizante e ir a clases. – se excusó segundos después. - ¿Puede disculparnos por dejarlo así sin más?
-Sigan su camino, jóvenes. – accedió el centauro. Luego de eso, se escucharon los cascos de Bane resonar con rapidez, en dirección contraria.
-No importa lo que diga Firenze, Bane no me sigue cayendo bien y una de las razones es por ser tan críptico respecto a las cosas inusuales que pasen por el bosque. – Dijo Harry, ceñudo. - Pero reconozco que no criticaré ni insultaré nunca a uno de ellos por ser un hibrido: ellos tiene los mismos derechos que los demás. – Inuyasha sonrió levemente, y Koga frunció el ceño, en señal de disconformidad y discrepancia. – No los insultaré a menos de que quiera recibir lo que Umbridge el año pasado. – añadió mientras reía.
-Mira que llamarlos así… - bufó Kagome, molesta. – Bueno, ¿Y si apresuramos el paso? – sugirió ella.
-Sube. – dijo el hanyou de forma inmediata, hincándose para que ella pueda hacer la acción, a la vez que Harry se subía a su escoba.
Una vez los primos acomodados en su medio de transporte, el ojiverde dio una patada al piso, y se elevó inmediatamente, mientras que Inuyasha se erguía, y los dos salían despedidos hacia los límites del bosque, seguidos de Koga, todavía silenciado por la Miko.
-¿Me quieres decir que estuviste toda la noche viendo como tu prima regañaba a un amigo, pensando que un demonio se había acercado al castillo para comernos? – dijo Ron, con la boca abierta. - ¡Genial! – exclamó después, para risa de los mellizos Higurashi.
-¡Ronald! – chilló Hermione, mosqueada. - ¡Eso no está bien! ¡En primer lugar, no debieron ir al bosque prohibido! ¡En segundo lugar…!
-Hermione, por favor. – le interrumpió el ojiverde, masajeándose las sienes (eso es cosa de la familia materna). – No fue irresponsable, yo no iba a enfrentarme al demonio, sino, que mi prima lo iba a hacer.
-¡Por eso también digo que es un acto de irresponsabilidad! – protestó la chica, casi tronando los puños en la mesa.
-¡Me estás dando dolor de cabeza! – gimió Harry, harto. - ¡Tenía permiso de la Directora, además, creo firmemente que mi prima está bien entrenada para luchar con algo que puede ser pero que Voldemort! – le acabó a ella. - ¡Y no repliques si no quieres que termine ignorándote lo que resta de la semana! – advirtió al ver que ella iba a discrepar en el asunto.
El resto del desayuno lo pasaron en silencio, hasta que vinieron Kagome, Inuyasha y el nuevo integrante renuente a dejar a la Miko cerca del hanyou. Este último, berreando sobre la ropa que traía puesta y tratando de convencer a la chica Higurashi de que lo acompañara (más bien le exigía) a la amazona, mientras que el peli plateado tenía cara de mal humor.
-Buenos días. – saludó Kagome, cordialmente y sentándose al lado de Harry, por consiguiente, Inuyasha le siguió y se sentó del otro lado de ella. - ¿Qué tenemos hoy, día jueves? – preguntó hacia su primo. Este se encogió de hombros, con la boca llena de cereal, y señaló con el mentón a su amigo.
-A mí no me mires, - se defendió el pelirrojo. – yo no llevo las mismas clases que ustedes. Pero ahora tenemos Transfiguración con la profesora Inoue y después Herbología. Luego de eso, allá ustedes. – y se volvió a zamparse el desayuno.
-Weasley tenías que ser. – comentó Ginny, su hermana menor, viendo como comía el condenado.
-Buenos días. – una chica de la edad de Kagome se presentó detrás de la Miko y el hanyou.
Era alta como la pelinegra y tenía cierta magia como la de Inuyasha. Su cabello era de un color ceniza y largo hasta la cadera. Sus ojos eran color lila con una línea color negra a su alrededor del iris y mostraban un brillo contagioso y carismático. Llevaba puesta una túnica de Ravenclaw.
Segundos después, Kagome pestañeó e Inuyasha sonrió levemente.
-Un placer volver a verte, Shiori. – saludó el peli plateado. - ¿Dónde has estado antes de entrar a Hogwarts? – preguntó después.
-E-espera… - le paró su compañera, totalmente confundida. - ¿Shiori? ¿Estamos hablando de la misma Shiori de hace cinco siglos para ti y más de año y medio para mí? – le preguntó a su pareja.
Tanto él como la recién nombrada, se encogieron de hombros.
-Kanade tiene razón, – refunfuñó la Miko, volviéndose a sentar (sin saber cuándo se había parado) y cruzarse de brazos como niña de cinco años molesta. – este mundo es muy pequeño. – luego, haciendo que sus amigos se plantearan de que era bipolar, sonrió contenta hacia la hanyou murciélago-vampiro. - ¡Me alegra tanto de verte! ¡Eres hermosa! – alabó ella, causando un sonrojo cuando los mellizos, hermanos de ella, asintieron de forma entusiasta, concordando con la Higurashi.
-Creo que me he tardado lo mío en acercarme, ¡Y eso que estas desde hace casi un mes! –exclamó Shiori, integrándose al grupo y sentándose al frente de la peculiar pareja. – A pesar de algunas cosas que pasaron años atrás, - miró a Harry, que se hizo el inocente y ella rio. – me alegra de que seas familiar de Potter. – el susodicho resopló.
-La verdad, es que como estamos viviendo a unos metros de la casa de los tíos de él, podemos controlar a los Dursley con más añico. Petunia hizo y hace mal el tratarlo así. – Kagome negó con la cabeza. - ¿Tu tía nunca pensó si todo hubiese sido al revés, tía Lily hubiese educado a Dudley de la misma manera que lo hubiera hecho contigo? – preguntó ella a su primo.
-No lo creo, pero no me imagino que todo hubiera sido al revés. – y sonrió entre resignado y cómicamente.
-Estoy seguro que tanto ella como su marido no saben lo que hace su pichoncito cada vez que sale de noche o cada vez que va "A estudiar a casa de Malcom con Piers y Bradley" – comentó Inuyasha con tono sarcástico. Kagome se tapó la boca, tratando de no reírse a carcajadas, pero solo salió un gran bostezo. – Toma. – el oji dorado le tendió a su compañera y a Harry, un frasquito de color lavanda a cada uno.
-¿Esa es la poción que debo tomar? – preguntó el ojiverde. - ¿Quién lo hizo? ¿Slughorn o Snape? – y miró con suma desconfianza al frasquito.
-Slughorn. – eso hizo tranquilizar en mayor medida al chico de la cicatriz, y que, junto a su prima, se empinaran la poción de una.
Al instante, los dos empezaron a toser como si le hubiera dado una enfermedad crónica. La poción tenía un sabor fuerte, como si hubiesen ingerido una gran cantidad de alcohol.
-¿A que sabe? – preguntó Ron, expectante.
-A… – Kagome tosió, golpeándose el pecho. - ¡Rayos! – se quejó, hipando y tosiendo. – Parece como si me hubiera tomado un jarrón entero de sake, y del fuerte. – comentó, respirando intensamente y agarrándose de la mesa.
Una cosa de la que ella no se había dado cuenta, era que sus hermanos mayores se estaban destornillando de risa, en el suelo. Ella agarró dos cucharas de la mesa más pronta a ella (una de las cuales, estaba en manos de Inuyasha), y tiró una a cada uno de sus hermanos, justo en sus cabezas.
-¡Toma ya, que puntería! – exclamó la Miko, más calmada y viendo reírse a Ron y a Harry por lo adoloridos de que estaban Joaco y Bacco. Entre medio del tumulto, Koga pestañeó, confundido y viendo a los mellizos, reconociéndolos y sin saber del porqué estaban ahí y porqué Kagome los trataba como amigos.
-¡Ahome! – se quejaron los dos, al mismo tiempos, sobándose la cabeza y poniendo ojitos de perrito a medio morir. - ¡Le diremos a mamá! – amenazaron de forma patética. Cinco metros a la redonda de donde ellos estaban, los alumnos bufaron de risa y otros se carcajearos. Después de eso, se hicieron los indignados, que parecía más los gestos de Kagome cuando quería reñirle a Inuyasha por hacer alguna que otra tontería donde terminaban en risas.
-Higurashi's tenían que ser. – comentó el hanyou, mientras que fingía un suspiro de resignación, mientras que agarraba una cuchara limpia.
-¡Oye! – Kagome le tiró de un mechón de cabello. - ¿Qué quieres decir con eso? – y le tiró suavemente de una de sus orejas.
-¡Suelta, suelta, sueeeelta! ¡Lo siento, lo siento, lo siento! – habló él, rápidamente, mientras que hacía gestos temerosos.
-Bueno, bueno, - comentó Joaco. – ya sabemos quién tiene los pantalones en la relación, ¿Verdad, hermano, Harry? – esta vez, el mellizo fue callado por una hogaza de pan en su boca, justo cuando se estaba riendo a mandíbula abierta.
-¡Cállate, Jakotsu! – ordenaron Kagome e Inuyasha, rojos de vergüenza y de furia. El nombrado, se escondió debajo de la mesa y tras su hermano menor.
-Qué vergüenza dais como hermanos mayores. – comentó Sota, mientras negaba con la cabeza.
-Yo tengo vergüenza de ellos por haber abandonado su último año en Hogwarts el año pasado. – replicó su hermana, fulminando al par con la mirada. -¡Uy, Lemon pie! – y, cuando lo tomó a medio metro de donde estaba su compañero, le brillaron los ojitos.
Cuando Koga quiso preguntarle algo, dudó, preguntándose a sí mismo si era peligroso preguntar lo que estaba dándole vueltas en la cabeza. Pero, quedándose callado, se limitó a fruncir el ceño y mirar el decorado del gran comedor.
-Tenemos que ver que haremos con el Ookami Jefe. – le dijo la chica Higurashi al Taishô.
-¿Y por qué no se lo das al Dumbledore? – sugirió el aludido, un tanto aburrido. - Puedo ponerme en contacto con Hakkaku y Ginta e informarles. – Añadió mientras clavaba la mirada en Kagome.
-Hablando de Roma… - Kagome levantó la voz, llamando la atención de sus amigos y de Koga. – Buenos días, Dumbledore. – saludó ella, volteándose levemente y terminando su desayuno (si es que se llama desayunar a una porción generosa de Lemon pie).
-Buenos días, jóvenes. – saludó el hombre, haciendo una leve reverencia. – si me permiten… Harry, señoritas Granger, Higurashi, señores Taishô y Weasley, ¿Podrían acompañarme? – tanto Kagome como los demás, se levantaron sin titubear.
-Koga, tú te quedas hasta que volvamos, ¿Entendido? – la Miko miró fijamente al aludido, como diciéndole silenciosamente que si llegaba a desobedecerla lo encerraría en un domo como lo estaba hoy a la madrugada. - ¡Y no quiero que ataques a nadie! ¡Son tiempos muy distintos a los del Sengoku! – el chico hizo una cara de espanto, y asintió. – Ustedes, - miró a sus hermanos mayores. - si hace algo, lo minimizan.
-¡Hecho! – exclamaron con un saludo militar.
-Muy bien. – la pelinegra dio media vuelta, causando una especie de "vuelo" en su cabello corto, y, bajo la curiosa mirada de todo el mundo, tanto Ron, Hermione, Harry, Inuyasha, Kagome y Dumbledore, marcharon fuera del gran comedor, hacia la sala de menesteres.
-No tomará mucho tiempo. – dijo el anciano, sentado y mirando sonriente a su alrededor. – Solo tenemos que esperar a Remus, Sirius y a Severus y estamos. – Harry hizo una mueca, al igual que Ron.
-¿Y por qué esas caras? – preguntó Kagome.
-Snape. – dijo el pelirrojo, escuetamente.
-El profesor Snape, Ron. – corrigió Hermione.
-Sí, él. – dijeron Harry y su amigo, para bufido de Inuyasha.
-Nunca supe del porqué nunca cursó Pociones, señor Taishô. – comentó el anciano ex director, repiqueteando sus dedos en el brazo de su mano lastimada.
Inuyasha se estremeció.
-El olor de las Pociones son muy fuertes para él. – explicó la Miko con amabilidad. – Te ha aturdido el olor, ¿Verdad? – miró a su compañero.
-Tanto como si hubiese olido el aroma de tus esmaltes. – refunfuñó él, y ella sonrió con disculpa.
-Pues todavía yo no me saco el hedor de los dos trolls de primer año. – y, tanto Ron como Hermione, se estremecieron con él.
-Aquí estamos, profesor. – habló una voz conocida para todos.
Tanto el animago como el pocionista, entraban a la sala acompañados por el hombre-lobo. Kagome se paró de un salto, y corrió hacia su padrino.
-¡Lunático! – rio ella, cuando este la levantó del suelo. - ¡Bájame, bájame! – gritó después. Kagome dio una patada hacia atrás, casi pegándole a Sirius.
-¡Lunático, ya deja a tu ahijada en el suelo antes de que me dé una patada! – rezongó el oji gris.
-Ojalá y te pegue en la cabeza, entonces. – comentó Severus, entre dientes. Canuto lo fulminó con la mirada y le gruñó.
-Mejor dejemos las hostilidades de un lado y hablemos de lo que tenemos que hablar. – cortó Lupin, bajando a su ahijada. – Vayamos a sentarnos, y comencemos.
-Muy bien, bien, bien, bien. – Dumbledore se acomodó en su asiento, y sonrió bonachonamente. – Supongo, que ustedes tiene algo que decir sobre este asunto, ¿No es así? – Albus Dumbledore miró a los jóvenes que estaban allí, por arriba de sus anteojos en forma de medialuna.
-En realidad, - Kagome se sentó nuevamente con Inuyasha. – cuando Harry nos explicó sobre lo que habló con usted, profesor, llegamos a la conclusión de que, si Riddle eligió objetos de los fundadores, serían el Relicario de Slytherin, la Copa de Huffelpuff y la Diadema de Ravenclaw. – Kagome jugueteó con sus manos.
-Eso es un dato que no comentaste con nosotros. – casi le reprochó Hermione.
-Lo averigüé hace pocos días, y quise comentarlo en esta reunión. - La Miko le sonrió en disculpa.
-Eso está muy bien de tú parte, Pequeña flor de lirio. – Sirius le habló con el pecho exageradamente inflado de orgullo. La aludida le mandó una mirada fulminante. – Bueno, bueno, - el animago se rezagó un poco. - ¿Y el asunto de la Diadema? ¿No que había desaparecido junto con la muerte de Rowena? – preguntó al fin.
-Una pregunta de vuelta, - dijo Harry, mirando de reojo al hanyou. - ¿Dónde escondes algo que no quieres volver a ver y que no quieres que nadie encuentre? – preguntó de forma retórica, y Sirius pestañeó.
-Es una pregunta más larga que la tuya, Inuyasha. – rio Kagome. Este sonrió, y se encogió de hombros.
-Vaya, -exclamó Dumbledore. – Eso es bueno, muy bueno. – felicitó a los chico. - ¿Y cómo creen que la consiguió? – preguntó después.
-¿Cómo la consiguió? – repitieron Hermione y la Miko, sorprendida y pensativa respectivamente. – Cómo la consiguió… - repitió, nuevamente Kagome. – Interesante… ¿Se sabe algo más que eso? – preguntó ella, finalmente.
-Ningún ser vivo sabe que ocurrió con ella. – habló Severus Snape por primera vez. – Rowena Ravenclaw, si lo ha sabido, se ha guardado el secreto hasta la tumba, hasta aún después de la muerte de su hija. – concluyó.
-¿La muerte de su hija? – exclamó Hermione, abriendo más los ojos.
Harry frunció el ceño, pensando de forma inmediata. ¿Y sí…?
-¿Alguna vez han hablado con el fantasma de Ravenclaw? – preguntó después de un silencio.
-Siempre ha rehuido de los vivos, hasta me ha rehuido a mí. – contestó el anciano. - ¿Por qué lo preguntas, muchacho?
-No sé porque… pero creo que ella tiene que ver con eso. – luego, negó con la cabeza, dudando. – Si le insistiría… si le explicara… -apretó el puño en el aire, un tanto exasperado y frustrado.
-Si mis deducciones no fallan, - comentó Kagome, ganándose la mirada de todos. – Si, hipotéticamente, consiguió la Diadema gracias al fantasma de Ravenclaw, esta debería haber estado escondida en un lugar muy diferente al de la actualidad. –explicó mientras chasqueaba los dedos y salían chispas violáceas por ello. – Riddle, al conseguirla, la manipuló para hacerla un Horrocrux y la debe de haber escondido aquí… ¿Cuándo? – preguntó ceñuda.
Harry pestañeó, y se paró de un salto.
-¡La noche en la que vino a pedir trabajo! – exclamó él, ganándose la mirada de los demás.
-¿Cómo? ¡No me informaste de eso! – dijo Kagome, impresionada.
-Se me olvidó. – Harry sonrió inocentemente. Ron suprimió una risa.
-Bien hecho, Harry. – le felicitó el pelirrojo, burlón. El ojiverde reprimió las ganas de sacarle la lengua, pero no se contuvo a rodar los ojos. Eso hizo que se ganaran unas risas de Remus y Sirius.
-Excelente, muchacho, excelente. – felicitó Dumbledore, con un brillo de diversión en los ojos. – ahora, lo que me preocupó un poco cuando llegué, fue que no reconocí al joven que estaba parado frente a la mesa de Gryffindor. – los adultos miraron al anciano de forma confundida.
-Ese… - Inuyasha gruñó, Kagome bufó y Harry suspiró de forma divertida.
-Sí, ese mismo joven. – luego, Albus Dumbledore se les quedó mirando a los tres chicos, de forma atenta.
-Un viejo conocido. – explicó la Miko. – es un youkai lobo completo, al que nosotros lo definimos como Ookami, que no veía hace mucho.
-Por lo que pude apreciar, el joven lobo tiene cierta vestimenta que no es con la de hoy en día, igualmente para magos o muggles. – apuntó el anciano.
-Porque hace más de trecientos años que no sale a la civilización: ha estado mucho tiempo en una jungla en la amazona desde entonces. – Gruñó Inuyasha, en respuesta.
Kagome le dio un codazo leve en las costillas, para que se calmara.
-Muy bien, - Dumbledore terminó el asunto de Koga, mirando su extraño y excéntrico reloj. – hemos estado lo justo para que tengan sus primeras dos materias, supongo. – se paró de su butaca, y los demás le imitaron. – Aunque les aconsejo que se apuren antes de ir a la clase de la profesora Inoue si no quieren llegar tarde. – los ojos azules del anciano miraron a Harry, Ron, Hermione y Kagome por arriba de sus anteojos de medialuna.
-Siempre podríamos tomar un atajo. – dijo Hermione. – Porque yo me sé de una que puede llegar al gran comedor en menos de cinco minutos. – el pelinegro y su amigo rieron, sabiendo de quien hablaba.
-Envidiosa. – le dijo la Miko, sacándole la lengua y yéndose por la puerta. – Vaya… - comentó una vez afuera. – Se le puede pedir a la sala una puerta cerca del comedor. – comentó mientras daba un paso hacia atrás, para informar.
-¿En serio? – preguntó Ron. - ¡Estuvimos parte del año en esta sala y nunca se ha movido del séptimo piso! – exclamó con sorpresa.
-O nos apuramos, o nos arriesgamos a que mi propia madre nos saque puntos por llegar tarde. – y dejando a los profesores detrás de ellos, junto con Inuyasha.
-¡Ch-chotto matte, Kagome! – trató de pararla él, dando unos pasos, siguiéndolos y bajo la mirada de Sirius en él. - ¿Qué hago con el sarnoso? – preguntó en japonés y con fastidio.
-¿A quién le llamas sarnoso, bestia? – gruñó una voz, sorprendiendo a los adultos y a algunos alumnos que caminaban cerca.
Parece que nadie los entendía.
Inuyasha bufó, aún más fastidiado.
-Eso es muy obvio, - masculló mientras seguía a Kagome. – si tú lo escuchaste y te diste por aludido, es otra cosa. – le dirigió una sonrisa burlona. Había vuelto a hablar en inglés.
Parecía que Koga sabía también de ese idioma.
-¿Y cómo quieres que no me dé por aludido si hace quinientos años que me llamas así, bestia? – exclamó retóricamente.
-¡Si hace esa misma cantidad de tiempo que no nos vemos por tu incompetencia! – devolvió él, armando un escándalo. - ¡Tú te escondiste y te perdiste todo lo que el mundo avanzó! ¡Hasta creería que eres un analfabeto!
-¿Y para que quiero yo vestirme así como un idiota como tú? – replicó el Ookami, despectivamente. - ¡He visto a muchos humanos que vestía aún más ridículamente con esas telas tan feas y débiles, como ellos! ¡No pienso rebajarme nunca al nivel de unos asquerosos humanos! – los humanos aludidos a su alrededor, le fruncieron el ceño.
-Te recuerdo que Kagome es humana, Koga. – Inuyasha, para sorpresa del youkai, lo llamó por su nombre. Su rostro estaba furioso, y sus ojos estaban rojizos. – Y no creo que a ella la consideras "débil", ¿O sí? – indagó con voz helada, que hizo estremecer a más de uno.
-Es una humana. – dijo él en toda respuesta.
-¡Una humana que puede asesinarte de un flechazo, estúpido! – le gritó el hanyou, acercándose a él. - ¡Sigue hablando así de los seres que más habitan en el mundo y te irá mal, idiota! – Inuyasha levantó una de sus garras, que parecía que en cualquier momento iba a despedazar algo.
Los alumnos que se acercaron a la entrada del Gran Comedor, dieron un paso hacia atrás. El rostro de Inuyasha estaba contrariado por la rabia y la molestia de las estupideces que salían de la boca de Koga.
-¿Y quién va a ser tan estúpido de luchar contra mí? – Koga, a pesar de oler que su enemigo olía cada vez más a demonio que a medio demonio, lo ignoró y posó frente a él arrogantemente.
-Ganas no me faltan de matarte, chucho estúpido. – gruñó el peliblanco, ya con las líneas moradas a cada lado de su rostro.
-Señor Taishô. – le paró Dumbledore, ya preocupado de lo que pueda hacer él en estos momentos. – No es necesario que empiece a amenazar, ¿Puede tranquilizarse? – pidió dando pasos hacia los dos seres.
Inuyasha no lo escuchó.
-¿Qué es lo que le pasa? – peguntó un sorprendido Severus Snape. Tanto Remus como Sirius, no eran la excepción.
-Su sangre ha actuado. – informó una vez gruesa, detrás de él. Arashi Inouto había llegado. Y detrás de él, venía Shippo. El pocionista fulminó con la mirada al recién llegado.
-Kagome es la única que puede volverlo a entrar a su verdadera naturaleza. Pero… - Shippo se acercó a hacia los adultos. – Me extraña que tenga su apariencia youkai al tener a Tessaiga con él. – Shippo tembló levemente. – La única vez que sucedió fue cuando Kanna murió, pero estaba consciente de lo que pasaba a su alrededor. – ante eso, Arashi parpadeó.
-Eso no lo sabía. – sopesó la reencarnación de Inu no Taishô. – Cuando le dejé a Myoga el encargo de repartir a Tessaiga y a Tenseiga, jamás se me había ocurrido de que podía pasar algo como esto… - expresó en voz alta. – Quizá… - el rostro de Arashi, siempre afable, alegre y sereno, se contorsionó de forma pensativa.
Koga e Inuyasha, se veían en silencio, esperando por un ataque.
– Habría que llamar a Kagome… o esperar a que se le pase, pero eso es casi imposible. – y después, hizo una mueca.
-¿Cómo que imposible? – preguntó Dumbledore, fascinado y curioso.
-Porque para eso, tendría que matar a todo aquél que estuviera en este castillo y más. – dijo de forma severa. Los ojos de todos, menos de Shippo, se abrieron desmesuradamente.
-¿Qué tiene que ver tu "hijo" con esa espada que presumes que tiene, Taishô? – espetó Snape, casi moviendo la mano de forma violenta.
-Porque Tessaiga sella la sangre demoníaca que en estos momentos domina el cuerpo de Inuyasha. – explicó con entrecejo fruncido. – La espada ha sido deseada por mi hijo mayor, Sesshomarû, porque creía que tenía derecho a ella, está en lo correcto, pero tenía otros planes para él. – comenzó a explicar el ex youkai. – pero no supo entenderlo hasta un punto culminante hace quinientos años.
-Todo esto parece un huracán en mi cabeza, si trato de ordenarlo, ¿Cuántos años tienes realmente, Arashi? – bromeó Sirius, un tanto preocupado.
-Cuarenta. – sonrió él.
-Por tu forma de hablar, - se interpuso Dumbledore, observativamente. – parece que tuvieras más de lo que tienes.
-Ufff… - suspiró él. – súmame los cuatro mil años que tuve como youkai hace más de setecientos años. – dijo como si comentara algo trivial.
-¿Algo más de lo que no nos dijiste, amigo mío? – dijo Remus escuetamente y con voz fina por el asombro.
-Que hay que llamar a tu ahijada. – dijo con toda seriedad. – a menos que quieras morir a manos de mi hijo.
Remus obedeció, y Dumbledore despejó el vestíbulo de forma rápida.
Al cabo de unos minutos, Kagome venía agitada, seguida de sus amigos: Shiori, Kanade, Ayame (no se sabe por dónde entró), Harry, Hermione, Ron, los mellizos y Sota con Kannon y Rin.
-¿Qué hiciste, Koga? – Kagome se puso furiosa.
-¿Yo? – dijo el aludido con escepticismo. - ¡Si fue él quien empezó! – le reclamó después.
-No digas eso. – le contestó la Miko, entre dientes. - ¡Algo debiste decirle para que se enfureciera de esa manera! – le gritó ella. Se giró hacia sus amigos. – Ayúdenme, Ayame, Shiori. – pidió con súplica, mientras sostenía la garra levantada de su compañero.
Luego, se puso cerca de su cara, mientras lo llamaba.
-¿Para qué quieres tranquilizar a la bestia, Kagome? – masculló Koga, enojado. - ¡Estaba a punto de tener una pelea! – En respuesta, Inuyasha gruñó hacia él, mientras apretaba sus garras, haciendo sangrar a la Miko.
-Lo mato… - susurró Sirius, con ojos asesinos por lo que le estaba haciendo a Kagome.
-¿Te das cuenta de que Inuyasha no está en sus cabales? – le dijo Arashi de forma fría. – No estás siendo racional, ni tú ni él.
-uh… bueno… - susurró por lo bajo. Pero nadie lo escuchó.
-Inuyasha… - le llamó la Sacerdotisa, ya casi frente con trente.
Esta alargó su otra mano, dirigiéndola a la mejilla del oji dorado, que ya no tenía nada de dorado sus ojos, y la tocó de forma suave, y sin interesarse en que las garras de su compañero estaban clavadas en su mano.
– No… - siguió susurrándole ella. – Tú no te descontrolas así de esa manera por una estupidez como las de Koga… - le habló con retintín de desesperación. Los ojos de Inuyasha seguían fijos en Koga, no en Kagome. - ¡Por favor! ¡No quiero usar el conjuro! ¡Inuyasha, no eres un monstruo! ¡Contrólate, por favor! – la voz de la Miko se quebró al poder observar a Inuyasha si ningún cambio.
Kagome, desesperada, intentó zafarse de las garras de su pareja, aumentando el tamaño de sus heridas, después de intentar, en vano, tranquilizarlo con un poco de su poder purificador.
Pero no era la única que tenía heridas. Ella no se había dado cuenta, pero mientras que el hanyou agarraba su mano izquierda en la derecha de él, la izquierda de Inuyasha agarraba su propio antebrazo derecho con fuerza, rasgando su piel, haciéndose sangrar, y que esa misma sangre se mezcle con la de ella.
-¿Qué es lo que estás haciendo? – vociferó con enojo, Koga. Además de enojo, estaba descolocado. ¿Esa bestia está tratando de…?
El Ookami se dispuso a ir hacia la pareja, queriendo separarlos, pero una pelirroja ojiverde y furiosa, se interpuso. Ayame, aunque lo amara, no permitiría que se interpusiera entre sus amigos. Si el lobo seguía así, estaba dispuesta a conocer a otro hombre para olvidarse de ese idiota.
-¿Qué es lo que haces? ¿Y quién demonios eres tú? – espetó el lobo, intercalando su mirada furiosa entre el oji dorado y la chica pelirroja.
-Eres un imbécil. – declaró ella, mostrando los dientes. - ¿Y dices ser inteligente? ¡Te llevaría al otro lado de la barrera del castillo para que no vuelvas!
-¿Qué es lo que significa? – preguntó Sirius, refiriéndose a lo que pasaba con las heridas de Kagome e Inuyasha.
-Es una especie de unión. – explicó Arashi, un tanto incómodo. – Puedo entender un poco más a lo que le ocurre a Inuyasha. – Shippo lo miró.
-¿Unión? ¿Algo así como que se estuviesen casando? – preguntó con inocencia.
-¡¿Qué?! - Sirius se asustó y se enojó.
-No es tan así. – Arashi negó con la cabeza. – Es algo relacionado, más parecido a un compromiso que al matrimonio, pero lo están haciendo inconscientemente. – eso pareció tranquilizar al animago, y acrecentar la curiosidad de Dumbledore, Remus y Severus.
-Eso es interesante… - sopesó el hombre-lobo. - ¿Y cómo es el matrimonio para este tipo de seres? – preguntó después.
-Eso, - Arashi movió la boca de un lado a otro. – es mucho más íntimo, es una marca que la proclama como su compañera. – luego, dudó un poco, pero bajó el nivel de voz, para que Shippo no lo escuchara. Porque a pesar de que el kitsune tenía más de quinientos años, su mentalidad y su cuerpo no estaban preparados para esa charla. – No sé si me explico… - cortó él, mirando sinuosamente a los Merodeadores, a Dumbledore y al profesor de pociones.
-Oh… - exclamaron Albus y Remus, entendiendo. En cambio Sirius, frunció la nariz, disgustado. Snape… a Snape no le interesó en absoluto, pero era un buen dato para agregar a los programas de "Criaturas".
-¿Y ahora? -preguntó Harry, que había presenciado la última charla, quedando un tanto sonrojado.
-No debe de tardar en terminar, si es que a Koga no se le ocurre soltar alguna que otra estupidez más. – sopesó Arashi, mirando atentamente a su hijo, a Kagome, Ayame y al Ookami. Este último, estaba gruñendo más fuerte, y con más terror.
Hubo un destello rojizo, cerca de Kagome, que los cegó a todos por un instante. Luego de eso, todo se vio a cámara lenta.
Una barrera poderosa se armó alrededor de la pareja, e Inuyasha, sin cambiar el aspecto de su rostro, volvió a tomar control de sí mismo. Luego, como si se encontrara perdido, miró a Kagome, sorprendido y con un matiz horrorizado al ver las heridas de ella y las de él, las vio con confusión.
-Anata… - susurró ella, aliviada y, sin darse cuenta, liberando su poder, que estaba reteniendo desde hace más de un año por culpa de Magatsuhi.
Hubo otro destello, esta vez de luz violácea, y la vestimenta de Kagome cambió a un traje de dos colores y una armadura.
Al mirar bien, su hakama era color rojo, con cintas blancas en los bordes de las anchas mangas, que parecía que estuviera puesta una falda larguísima muy bonita. Contrastando, su haori era negro con detalles en rojo, llevando puesto unas armaduras rojizas grisáceas con kanjis desconocidos hasta para Inuyasha. Detrás el haori revelaba su espalda en un gran corte en V, mientras que unas cintas en rojo ataban el hakama con el haori como si fuese un corsé muy extraño, sin tapar sus omóplatos.
Lo que impresionó a todos, fueron las tres siluetas traslúcidas de mujer que rodeaban a la Miko.
Nota de la autora:
¡Tadaima! :D
Si adivinan las tres siluetas que aparecieron al fina, quien tenga un perfil en esta web, le adelanto un cachitito del próximo capítulo o de la historia en sí.
Si me esmero un poco con el capítulo décimo, creo que lo tendrán para el fin de semana. (¡Capítulo nuevo de Sailr Moon Crystal! |D )
Por lo demás, tengo que alternar mis quehaceres. Pasar algunos apuntes de esta y dos historias más, pasar unos textos que me encantaron, estudiar ( D: ), etc.
Me tienen que tener PACIENCIA. :3
~Mata ne!
·Serenity94
P.D. : Si quieren a alguien con quien charlar, mi nombre en "fase-b-ook" es María Fernanda (Sessha de gozaru). ¡Tengo más historias en mente, y no solo de Inuyasha!
